El amor que despertaba Al Capone en su ciudad, Chicago
- Redacción Pares

- 2 ago 2025
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Por: Redacción Pares

Veinte años después de su muerte, en1967, se hizo un sondeo en Chicago sobre la imagen que tenía Alphonse Gabriel Capone. Se creía que iban a pesar los 2.000 asesinatos que se le adjudicaban. Crímenes como la masacre de San Valentín habían quedado impregnados en la memoria colectiva, en obras de teatro, novelas y películas como Some like it hot de Billy Wilder o en obras maestras como Enemigo público. Pero sorprendieron los resultados de esta encuesta. El resultado no pudo ser más concluyente: de 100 personas a las que se les preguntó, solo una guardaba un mal recuerdo de la época en la que Capone era el rey de la ciudad. Para el sociólogo Kenneth Alsop la explicación es la siguiente:
No puedo considerar criminales a los gansters de la época de la prohibición. La gente de Chicago quería aguardiente, juegos de azar y mujeres y la organización de Capone no fue más que un establecimiento público suministrador que servía a la clientela. Sin la aquiescencia del público, aquel no hubiese podido funcionar ni una hora. Precisamente “la gente bien” procuró que los gansters tuviesen éxito…yo personalmente siento respeto por Capone. En la gran crisis se preocupó mucho por los parados. Instaló cocinas populares donde se podía comer gratis, una presentación social del sindicato… Y, además, otro punto a favor de los gánsters: hicieron más propaganda del Cadillac, como parte integrante del American way life que todo el trust de la General Motors.
Acá hay que dar un poco de contexto. Entre 1920 y 1934 se cometió un gran error en los Estados Unidos y fue prohibir, para promover las buenas costumbres, el alcohol, los juegos de azar y la producción. ¿Cómo quedaría un inmigrante alemán al llegar a la tierra de las nuevas oportunidades y ver que no podrían mitigar las amarguras de la vida bebiendo una botella de cerveza antes del anochecer? ¿Cómo podría sobrevivir un italiano sin poder acompañar la cena con un vino? Los alambiques caseros se instauraron en cada sótano. Pero las asociaciones de gánsteres se unieron para poder traer de más allá de las fronteras gringas cajas de cerveza, whisky y ginebra.
El líder de todo esto era un italiano, John Torrio. Entre sus matones había uno muy avezado, se llamaba Alphonso Caponi, nacido en Castellamare y quien llegó a los Estados Unidos cuando tenía un año de edad. Era decidido y no le temblaba el pulso a la hora de disparar sus metralletas. Se convirtió en el principal puntal para que Torrio redujera a sus rivales. Capone, quien ya se llamaba en este punto de la historia Al, disparó sobre O’Bannon, el irlandés que manejaba la ilegalidad en Chicago. Lo mató en su floristería. Por cierto, cinismo de mafioso, el más rimbombante de los arreglos florales, lo envió el propio Capone.
Se ha hablado de que Scarface de Brian de Palma, en donde Al Pacino hace uno de sus papeles icónicos, es una adaptación de la vida de Capone y que él mismo fue quien asesinó al hombre que le dio la oportunidad de figurar en el hampa. Esto no es cierto. A Torrio los esbirros de O’Bannon le hicieron un atentado, le dispararon cuatro veces y el capo sobrevivió. Decidió retirarse a “tomar sol en Italia” donde moriría plácidamente diez años después. Capone se quedaría con todo por voluntad de su patrón. Y no solo mantuvo el imperio que heredó, sino que lo multiplicó. En 1930 su fortuna llegaba a los 30 millones de dólares. Era el hombre que manejaba los hilos del poder en Chicago, una ciudad en donde todos los jueces eran corruptos, en donde todos los policías tenían un precio de venta.
En Filadelfia cometió un error. En una visita que hizo a esta ciudad, en 1932, la policía de esa ciudad lo detuvo por tener una pistola sin el permiso especial que necesitaba. Lo condenaron a un año de cárcel. A partir de allí todo fue un camino de bajada y, aunque la ficción nos habla de Los Intocables capitaneados por Elliot Ness, como si fuera un escuadrón del crimen que desató sus perros contra el rey de Chicago, la verdad es que la jugada que acabó con Capone, precisamente por no pagar sus impuestos, vino de unos burócratas de Washington.
Capone estuvo en prisión unos años. Allí fue liberado por las complicaciones mentales derivadas de una sífilis avanzada, pero, ojo, que no murió arruinado. Aunque ya había perdido toda su influencia política, Capone vivió sus últimos años plácidamente en Florida, en una mansión y con una fortuna considerable.
Es increíble cómo, a lo largo de la historia, la figura del matón, del capo, del mafioso, tiene un arraigo popular inmenso. Esa devoción hacia el ilegal, hacia el que delinque, lamentablemente, forma parte de la condición humana.




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