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  • Esta es la historia de cómo Uribe quiso demandar a Iván Cepeda y terminó envuelto en el problema de su vida

    Por: Redacción Pares Hay poca claridad sobre las razones por las que Uribe se convirtió en el primer presidente de la historia de Colombia en estar metido en un juicio. Lo que está claro es que todo le resultó como en un efecto boomerang. En el año 2014, Uribe era senador del recién creado partido Centro Democrático. Obtuvo una votación récord y aún tenía cotas de favorabilidad muy altas. Se encontraba en un toma y dame extremadamente duro con Juan Manuel Santos, a quien consideraba un traidor por la decisión que tomó de buscar la paz con las FARC. Uno de sus grandes contradictores era Iván Cepeda, quien ese año decidió hacer un debate público porque tenía testimonios muy fuertes y claros de exparamilitares, como Juan Guillermo Monsalve, que comprobarían que el líder del Centro Democrático estaría, junto con su hermano Santiago, detrás de la creación del Bloque Metro de las AUC. La reacción de Uribe fue denunciar ante la Corte Suprema de Justicia a Iván Cepeda por una supuesta manipulación de testigos en su contra. Uribe sostenía que Monsalve había hablado motivado por la obtención de beneficios prometidos por Cepeda. Monsalve es hijo de quien fue el capataz de la Hacienda Las Guacharacas, finca comprada por Alberto Uribe Sierra, en 1978, y en donde este fue asesinado en 1983. Así que su versión es que, dentro de Las Guacharacas, se formó y entrenó a paramilitares. Durante cuatro años, la Corte guardó silencio sobre la denuncia de Uribe. Mientras tanto investigaban. En 2018, sorprendió el fallo: mientras no encontraban razones para culpar a Cepeda, decidieron absolverlo de cualquier crimen. Lo que no esperaba el expresidente es que se abriera una investigación contra él, precisamente por lo mismo que había acusado a Cepeda: manipulación de testigos. Al entonces senador no le quedó de otra que renunciar a su curul, para no ser investigado por la Corte, sino por la justicia ordinaria ya sin fuero. En ese momento, el presidente era alguien cercano a él, Iván Duque, y el fiscal también era otro de sus pupilos, Francisco Barbosa. Siendo senador, a Uribe se le complicaba el panorama. En 2020, en plena pandemia, el país y el propio expresidente vivieron una situación impensable: Uribe fue arrestado por orden de la Corte Suprema de Justicia. Esto sucedió el 4 de agosto de ese año. El entonces presidente de la Sala Especial de Instrucción, encargada de investigar a congresistas, Héctor Alarcón, explicó ante el país las razones de la histórica decisión: “La providencia fue adoptada con base en un riguroso estudio jurídico sobre la realidad procesal, que indica posibles riesgos de obstrucción a la justicia”. Ahí es donde Uribe decide renunciar a su curul como senador y esperar a que la Fiscalía tomara su caso. En dos ocasiones la defensa del expresidente —comandada por los eternos abogados Jaime Lombana y Jaime Granados— pidió la preclusión para este caso. Pero no lo consiguieron. Lo peor para Uribe fue que en 2022 saliera elegido Gustavo Petro. Con él terminó saliendo de la Fiscalía Francisco Barbosa. La llegada de Luz Adriana Camargo Garzón a la Fiscalía le significó a Uribe que se eligiera a una jueza imparcial, dura, que lo ha puesto en su lugar cuando ha querido dar cátedra. Además, hubo celeridad en la fecha de emisión del fallo que será el próximo 28 de julio. La defensa del expresidente, obviamente, se ha quejado de la jueza Heredia, alegando que no ha sido imparcial. De esta manera, Uribe, quien hace más de una década tenía la certeza de que era el hombre más poderoso del país, terminó enredado en este lío monumental que podría acabar con su carrera política.

  • Energía más barata… ¿a costa de quién?

    Por: John Jairo Correa ¿Se ha preguntado por qué su factura de energía sigue subiendo, a pesar de que el Gobierno promete que bajará? En los últimos meses, el Ministerio de Minas y Energía y los gremios del sector eléctrico están enfrentados por una razón clave: cómo se deben definir las tarifas que pagamos los colombianos por la luz . El Gobierno, liderado por el ministro Edwin Palma, ha dicho que quiere acabar con los “abusos” del sistema eléctrico y lograr que la energía sea un derecho, no un lujo. Para eso, propuso una nueva ley que cambiaría las reglas del juego: las empresas más grandes y los estratos altos asumirían parte de las deudas que hoy tienen los usuarios más pobres. Además, se quiere modificar la forma en que se otorgan subsidios y quién decide las tarifas. A simple vista, parece justo. Pero los gremios energéticos —como ANDI, Asoenergía, Acolgen y otros— han levantado la mano con preocupación. Dicen que estas propuestas, aunque suenan bien, podrían traer más problemas que soluciones . Por ejemplo, el Gobierno propone que los estratos 4, 5 y 6 paguen una deuda que quedó pendiente durante la pandemia, cuando se congelaron las tarifas para los hogares más vulnerables. El problema, según los gremios, es que muchos de esos usuarios ya pagaron su parte. Si les toca volver a pagar, se estaría creando una nueva injusticia . Además, el proyecto quiere cambiar quién toma las decisiones técnicas sobre las tarifas (la CREG), incluyendo representantes de sindicatos y usuarios. La intención es buena —que todos participen—, pero los expertos advierten que eso puede volver las decisiones más políticas que técnicas , y poner en riesgo inversiones clave para que no falte la energía. Y aunque el Gobierno asegura que con estas medidas bajarán las tarifas (de hecho, celebró una reducción reciente en la inflación energética), los gremios creen que intervenir el mercado sin un plan sólido puede hacer todo lo contrario : asustar a los inversionistas, frenar nuevos proyectos y, a la larga, hacer que la luz termine costando más. ¿Qué proponen entonces los gremios? Más inversiones en nuevas plantas, castigar el robo de energía, mejorar los subsidios con mejores datos y promover campañas para usar la energía de forma más eficiente. Es decir, arreglar el sistema sin romperlo . Este debate es importante porque no se trata solo de tarifas. Se trata de cómo queremos que funcione el servicio eléctrico en Colombia: ¿con reglas claras y técnicas o con decisiones que cambian según el gobierno de turno? ¿Queremos pagar menos hoy, aunque eso pueda traer más problemas mañana? Bajar el precio de la luz es un objetivo justo. Pero hacerlo bien requiere diálogo, datos y decisiones pensadas. Lo contrario puede terminar saliendo mucho más caro para todos.

  • Todo lo que cuenta Gabo en ‘Cien años de soledad’ sucedió en Aracataca

    Por: Redacción Pares ¿Qué harían ustedes si tuvieran la posibilidad de entrar en carne y hueso a una obra como Cien años de soledad ? Cada paso que se da por las calles de Aracataca es como si le pasara página a la obra cumbre del realismo mágico. Por eso, es por lo que hay que ir este 2 y 3 de agosto a Aracataca para el primer festival Macondo, para conocer las calles, rostros y narradores que inspiraron la creación del universo de Macondo.   Gabo amaba la imaginación, pero detestaba las historias que no tenían asidero en la realidad. Por eso, todo lo que leemos en Cien años de soledad  no se soporta en la magia, sino en la más cruda realidad. Desde la primera frase: una de las más recordadas de la literatura escrita en español, todo es verdad. A los cinco años, Gabito le dijo a su abuelo Nicolás Ricardo Márquez Mejía que quería conocer el hielo. El viejo general lo llevó a una de las bodegas que quedaban de la compañía bananera, la abrió una nevara donde guardaban los pargos y pudo ver algo que describiría de esta manera tan hermosa en su novela cumbre “Dentro sólo había un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo”. Su abuelo mató a un hombre también cuando era joven, por honor, como le sucedió a José Arcadio Buendía con Prudencio Aguilar. Sin embargo, Aureliano Buendía no está basado en Nicolás Márquez, sino en el general Uribe Uribe, elegante como un cuchillo, héroe de la Guerra de los Mil días.   En Macondo, como en Comala, los muertos caminan por las calles. Su abuela, Tranquilina Iguarán, le contaba estas historias de ánimas en pena cuando era niño. Desde entonces, a Gabo le quedó la angustia de la noche, de la oscuridad. Su amigo, el fotógrafo Guillermo Angulo, vive en un viejo castillo en Choachí que fue propiedad del presidente conservador Miguel Abadía Méndez. Una noche Gabo se quedó a dormir allí. Nunca más repetiría la experiencia, ya que, desde el balcón de su cuarto, vio cómo el fantasma del expresidente cruzaba el jardín lleno de orquídeas para ir al lago de los nenúfares y allí bañarse. A Gabo le daban más miedo los muertos que los vivos.   Otro de sus amigos, Plinio Apuleyo Mendoza, en su mítica entrevista El olor de la guayaba , duda de que todos los elementos que aparecen en Cien años de soledad  sean verdad. “Lo de Remedios la bella es imposible” le dice Plinio, a lo que Gabo responde: “Conocí en Sucre a una quinceañera que se escapó con su novio. Ante la vergüenza pública, su mamá les decía a los conocidos que la muchacha se había ido al cielo en cuerpo y alma”. Incluso, un personaje tan improbable como Mauricio Babilonia, está basado en alguien real: cuando Gabo tenía siete años y aún vivía en la vieja casa de Aracataca, iba cada tanto un electricista que se subía al poste de la luz. Todavía recuerda a su abuela sacando a escobazos las mariposas que ese hombre atraía.   En Aracataca, a comienzos de los años 30, había un dromedario tan parecido como el que llevaban los gitanos a Macondo, había viejos sabios que se quemaban con sus experimentos con lupas puestas al sol y había quien soñaba con convertir la mierda en oro. Pero lo más doloroso es que, como le sucedió a Aureliano Segundo, la United Fruit Company puso sus metralletas contra los trabajadores de la compañía bananera y asesinó a 2.000 trabajadores, él fue testigo y nadie le creyó. Hoy en día, en Colombia, todavía hay senadoras que dicen que eso es una exageración, una falacia histórica.    Así que deje todo lo que esté haciendo y visite Aracataca este 2 y 3 de agosto. Emprenda la ruta que lo llevará a los 100 años de Macondo.

  • DE LO DICHO A LO HECHO: EL DOCUMENTO CONPES QUE PROMETE PONERLE FRENTE A LA POBREZA ENERGÉTICA

    Por:  Lizeth Serrato Contreras La imagen de un país soberanamente rico en recursos, pero extremadamente pobre en su realidad social ha sido el calificativo del Colombia durante mucho tiempo. Dentro de estas pobrezas no solo está la educativa, la económica o en temas de salud, sino también la escasez, intermitencia e incluso inexistencia de la energía en los territorios. Frente a este panorama, El Ministerio de Minas y Energía ha avanzado en la elaboración de un documento CONPES que apunta a la mitigación de uno de los problemas más persistentes y profundos del país: la pobreza energética. Esta iniciativa, respaldada por el Departamento Nacional de Planeación y el Banco Interamericano de Desarrollo, contempla una inversión cercana a los 8 billones de pesos para el desarrollo de más de 50 proyectos enfocados en ampliar el acceso a la energía en regiones históricamente excluidas como el Pacífico, la Amazonía, la Orinoquía y el Caribe. Aunque Colombia presume de una cobertura eléctrica superior al 97 %, esa cifra no refleja la desigualdad estructural entre las zonas urbanas y rurales, y el acceso no siempre es equivalente a disponibilidad continua, asequible o limpia. Esta nueva hoja de ruta representa un intento por superar ese desfase, por ello, la propuesta no se limita a llevar cables y postes a zonas aisladas, sino que plantea una visión más amplia, en la que la energía sea un vehículo para la equidad territorial, el desarrollo productivo, la reducción de brechas sociales y el cuidado ambiental, siendo también un propulsor económico para una mejor calidad de vida y la soberanía energética. El enfoque considera soluciones basadas en energías renovables como la solar, la eólica o la biomasa, así como mecanismos complementarios como el acceso a gas o la implementación de tecnologías limpias para cocción y transporte. La pobreza energética, en Colombia, tiene múltiples caras, no solo es no tener electricidad, también es depender de leña para cocinar y exponerse a enfermedades pulmonares por ello, vivir con racionamientos constantes o no poder costear el consumo básico. Por eso, el planteamiento del CONPES es relevante: busca abordar esta problemática desde lo multidimensional, lo territorial y lo cultural. En esta apuesta hay una intención clara de diálogo con los gobiernos locales. Se han realizado mesas de trabajo con gobernadores de departamentos como Chocó, Nariño, Amazonas y Vichada, lo que sugiere que el diseño de los proyectos pretende partir del reconocimiento de las realidades territoriales y no de recetas centralistas. Sin embargo, hay retos importantes que no se deben ignorar: el primero es el de la ejecución: contar con un presupuesto multimillonario no garantiza el impacto si no existen capacidades técnicas, mecanismos de seguimiento y estructuras institucionales que aseguren que los proyectos lleguen a quienes los necesitan. El segundo desafío está en la apropiación comunitaria: no se trata solo de instalar tecnologías, sino de formar capacidades locales para operarlas, mantenerlas y adaptarlas a las dinámicas propias del territorio. Un panel solar no transforma una comunidad si no va acompañado de formación, empoderamiento y modelos de gobernanza adecuados.  El éxito de este CONPES dependerá de su capacidad para traducirse en resultados tangibles y duraderos. No basta con cumplir metas de cobertura, es necesario garantizar calidad, continuidad y pertinencia. En ese sentido, este documento puede marcar un antes y un después si logra articular el conocimiento técnico, el compromiso político y la participación de los territorios; Colombia necesita cerrar sus brechas energéticas y que esto no sea efímero, con criterios de justicia ambiental y con sentido humano. Lo que está en juego no es solo el acceso a la electricidad, sino el derecho a vivir con dignidad.

  • Uribe ya empieza a culpar al gobierno Petro de un posible fallo en su contra

    Por: Redacción Pares A comienzos de febrero de 2024, mientras el juicio apenas empezaba, La Silla Vacía sacó un informe que intentaba dilucidar cómo percibía la opinión pública el juicio de Uribe. Lo que sigue siendo una constante es que la gente todavía no tiene muy claro por qué se está juzgando Uribe. Los medios decidieron no transmitir el día a día y, comparado con juicios anteriores, cargados por el poder mediático, como fue el caso Colmenares. Además, La Silla preguntaba a los colombianos si el juicio le era favorable o no al expresidente y en una amplia mayoría, la gente respondía que el líder del Centro Democrático iba a ser el ganador. El juicio acaba de terminar y queda claro que, difícilmente, se puede decir que Uribe vaya a ganar sin problemas. En las últimas entrevistas con medios cercanos al uribismo, como Semana , el abogado Jaime Granados, líder de la defensa del expresidente, ha empezado a dar claves de que, si el fallo es contra sus intereses, apelarán, y con eso buscarían llegar a la preclusión. El expresidente le ha pedido a la jueza Sandra Liliana Heredia que lo absuelva, que lo declare inocente. En sus últimas declaraciones, Uribe, quien presentó su alegato final la semana pasada, afirmó, sin rodeos, que su juicio ha estado “inducido” por el actual gobierno, ya que es indudable, para él, la cercanía del presidente Petro con el senador Iván Cepeda, perteneciente al Pacto Histórico: “no podemos olvidar que este juicio ha sido inducido por el actual Gobierno, por su más representativo senador”. Este juicio arrancó en el año 2012, cuando Uribe demandó a Cepeda por, supuestamente, manipular a exparas que estaban en las cárceles, para que dieran versiones que lo pudieran incluir, por ejemplo, en la investigación de capítulos tan espinosos para la historia del país como el de la creación del misterioso Bloque Metro de las AUC. La Corte Suprema estudió el caso y, a Uribe, este se le volteó como un boomerang. Pasó de ser una víctima a ser el principal sospechoso, ya que testimonios como el de Pipintá o el de Juan Guillermo Monsalve torcieron la historia y lo señalaron a él como el principal instigador de manipulación de testigos, en este caso específico. Se espera que para el próximo 28 de julio se tenga ya el fallo de este juicio histórico.

  • El misterio alrededor del origen del Bloque Metro de las AUC

    Por: Redacción Pares Foto de: el Colombiano Pablo Hernán Sierra, mejor conocido como Alberto Guerrero, o Pipintá, asistió como testigo al día 21 del juicio que se le seguía a Álvaro Uribe Vélez por soborno, soborno en actuación penal y fraude procesal. Después de que Jaime Lombana, cabeza de la defensa del expresidente, lo interrogara, Marlenne Ojeda, la fiscal del caso, lo abordó. Bastaron un puñado de minutos para que Pipintá vinculara a Uribe con la creación del Bloque Metro.   Desde que arrancó el juicio, exparamilitares, en declaraciones a Justicia y Paz, coincidían en un punto: el Bloque Metro había nacido en la hacienda Guacharacas. Todo aquel que se haya interesado por la vida del expresidente conoce la leyenda de Guacharacas. El 14 de junio de 1983, en un helicóptero marca Hugues 500, de color azul y blanco, llegó a su hacienda, ubicada en San Roque, al borde del río Nus, Alberto Uribe Sierra. Lo acompañaban dos de sus hijos, Santiago y María Isabel. Aunque a veces a él le gustaba manejar el helicóptero, esa tarde buscó a uno de sus pilotos de confianza, Bernardo Riberos.   Alberto Uribe llevaba semanas sin visitar su hacienda. La guerrilla lo tenía acosado. El capataz de San Cipriano, una finca panelera vecina a Guacharacas, que también era suya, había sido asesinado por el frente 36 de las Farc, que mandaba en todo el nordeste antioqueño. Uribe Sierra se creía sentenciado. Eran las 11:30 de la mañana, estaba en el comedor junto a su hijo Santiago, cuando le alertaron que, en la entrada de la hacienda lo buscaban catorce hombres armados. Uno de los trabajadores de la finca, Jimmy Adarve, contó su versión de los hechos a El Colombiano . Adarve, junto a Santiago Uribe, fueron los únicos testigos de la muerte del hacendado.  Uribe Sierra, ante el llamado de los hombres, sacó un arma y empezó a disparar. Santiago lo cubría. Los hombres respondieron con fuego. Uribe Sierra cayó en la entrada de la finca, Santiago Uribe logró escapar hasta el río Nus en donde se zambulló. Tenía un balazo en la espalda.   Una hora después, en Medellín, Álvaro Uribe se enteró de la muerte de su padre. Desesperado se subió a un helicóptero que dos años después terminó apareciendo en Tranquilandia, el inmenso laboratorio de cocaína propiedad de Gonzalo Rodríguez Gacha. Nunca pudo aterrizar, el mal tiempo se lo impidió. Se devolvió a Medellín sin poder ayudar a su papá.   Las Guacharacas tenía en 1983 una extensión de 2.000 hectáreas, partidas por la mitad por el cruce del río Nus. Quedaba justo en la frontera entre Yolombó y San Roque. Su actividad principal era la cría de ganado. Uribe Sierra había tenido varios problemas con los trabajadores de la hacienda. En 1979, un año después de haberla comprado, 68 trabajadores crearon un sindicato llamado Sintraagrícola, exigiendo el pago de sueldos que Uribe Sierra se había demorado en pagar. Desde entonces, los Uribe habían quedado por una guerrilla que se expandía en esa parte de Antioquia.   Aunque Uribe haría, muchos años después, una cruzada contra las Farc, vengando el nombre de su padre, es curioso que entre 1983 y 1994, fecha en la que se lanza a la Gobernación de Antioquia, no existan menciones sobre el asesinato de su padre por parte de esa guerrilla. Incluso las Farc negaron ese crimen. En entrevista con el periodista Gonzalo Guillén, Julián Gallo, conocido en su vida guerrillera como el comandante Carlos Antonio Lozada, dijo sobre la muerte de Alberto Uribe: “sería muy importante conocer en qué va esa investigación en la Fiscalía, porque en este país ha sido costumbre atribuir a las Farc-EP la responsabilidad hasta de los desastres naturales, y por eso sería muy importante y muy interesante, conocer el estado de esa investigación, qué se sabe de los posibles responsables, qué pruebas se tienen”.   Los hijos de Alberto Uribe Sierra mantuvieron la finca 13 años después de su asesinato. El 1 de enero de 1995 Álvaro Uribe se posesionó como gobernador de Antioquia. Un día después, guerrilleros del frente Bernardo López Arroyave del ELN entraron a Guacharacas y se robaron seiscientas reses. Además, le prendieron fuego a la casa principal. En 1996, vendieron la propiedad a la familia Gallón Henao, los asesinos del defensa de la selección Colombia Andrés Escobar en una discoteca en Medellín, en 1994, y quienes eran socios de Luis Villegas.   El 2 de abril de 2025, Pablo Hernán Sierra dijo frente a la fiscal Ojeda: “Juan Guillermo Monsalve y yo empezamos a hablar, y sabíamos de los vínculos de Uribe con la organización, cómo inició con Luis Villegas, con todo.  Porque es que lo que terminó llamándose el Bloque Metro surge es por Luis Villegas, sin Luis Villegas no hubiera surgido eso, y sin Uribe tampoco ”.   Sierra habla de Juan Guillermo Monsalve. Monsalve es una pieza clave en esta historia.   Iván Cepeda recibió en 2009 los testimonios de dos exparamilitares: Pablo Hernán Sierra García, que en ese momento estaba recluido en la cárcel de máxima seguridad de Itaguí, y Juan Guillermo Monsalve, que pagaba su condena en Cómbita. A Monsalve le decían Guacharaco porque había crecido justamente allí, en esa hacienda. Su papá, Oscar Antonio, era el capataz de esa finca, que tan malos recuerdos le trae a Uribe.   El testimonio que le dio Monsalve, testigo de excepción, a Iván Cepeda, fue lo que ha desencadenado, 15 años después, que Uribe esté en un juicio. Todos saben que se convirtió en el primer presidente de Colombia en ser llevado a juicio, acusado de haber intentado torcer el testimonio de Monsalve, usando a su abogado, el controvertido Diego Cadena. Pero la almendra de todo este lío podría ser la presunta participación de Uribe en la creación del Bloque Metro de las AUC.   Aunque Monsalve nació en Yarumal, en 1986, con ocho años, llegó a Guacharacas de la mano de su padre. En ese lugar vivieron diez años. Monsalve trabajó varios años para Carlos Mauricio García Fernández, mejor conocido como Doble Cero, máximo jefe del Bloque Metro. García Fernández perteneció al ejército a donde llegó al grado de teniente. Fue miembro de los Pepes, la organización criminal que combatió a Pablo Escobar y era hombre de confianza de Fidel Castaño. Era sanguinario, pero tenía principios. Uno de ellos era evitar que los paras se transformaran en un cartel de la mafia. Por eso, se entrelazó en una disputa con alias Don Berna, en donde terminaría asesinado en Santa Marta. Monsalve, después de trabajar con Doble Cero, le sirvió a los Rastrojos, el grupo que creó Wilber Varela, alias Jabón, capo del cartel del Norte del Valle. En 2008 Monsalve fue condenado a 40 años de cárcel.   En 2018, años después de haber acusado a Uribe de la creación del Bloque Metro de las AUC, Monsalve le contó a Reinaldo Villalba, abogado de Iván Cepeda, que un miembro del Centro Democrático, del departamento del Huila —el excongresista Álvaro Hernán Prada está siendo investigado por estos hechos— lo había buscado para que torciera su versión y afirmara que Iván Cepeda le habría tratado de sobornar para hundir al expresidente.   La Unidad de Justicia Transicional de la Fiscalía, que alguna vez se llamó Justicia y Paz, ha tenido un reto muy grande reconstruyendo la historia del Bloque Metro de las AUC. Existió un canibalismo entre sus propios miembros, un exterminio interno que terminó arrasando con la memoria de esta estructura armada. Tal y como lo marca Verdad Abierta, este grupo jamás se desmovilizó ni llegó a ningún acuerdo con el gobierno. Sus miembros más importantes fueron asesinados, como fue el caso de Doblecero. No existen dolientes para los crímenes que cometió este grupo.   Para conocer sus orígenes hay que regresar a 1983, el año en el que fue asesinado Alberto Uribe Sierra. En San Roque, como en todo el nordeste antioqueño, mandaban el frente 36 de las Farc y el frente Bernardo López Arroyabe del ELN. Este reinado duró hasta 1995. Ese año, el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe firmó la resolución 42378 del 18 de noviembre del 1996 en donde se otorgaba personería jurídica a la asociación de seguridad privada El Cóndor. Su área de operación eran los municipios: Vegachí, Yalí, Cisneros, Yolombó, San Roque, Maceo. Se daba marcha a las Convivir, que habían sido creadas no por Uribe, como quedó en el imaginario colectivo, sino por César Gaviria en el decreto 356 del 11 de febrero de 1994.   La Convivir El Cóndor estaba liderada por Luis Alberto Villegas Uribe, quien fue nombrado en la audiencia del 3 de abril de 2025 por Pablo Hernán Sierra durante el juicio al expresidente. El Cóndor funcionaba gracias a una vaca a la que aportaban reconocidos ganaderos de la región, como Santiago Gallón Henao, quien fue capturado en enero de 2018 por pertenecer a una red de tráfico de cocaína. Un año después, fue dejado en libertad por vencimiento de términos. Esta decisión de la Fiscalía de Francisco Barbosa despertó una ola de críticas y cuestionamientos. Según relatos consignados en Justicia y Paz, Gallón Henao y Villegas fueron los creadores del Bloque Metro.   La fecha de fundación de este grupo es 1996. El elegido por la Casa Castaño para formar este grupo, que contrarrestaría a las guerrillas que pastaban en el nordeste antioqueño, sería Carlos Mario García, un excapitán del ejército, perteneciente a una familia acomodada de Medellín. Era descendiente incluso del general Laureano García, quien fue senador y durante la guerra de los Mil Días fue uno de los héroes de las huestes conservadoras. Pero no solo eso, Laureano García se destacó por ser uno de los fundadores del periódico El Colombiano y sería incluso rector de la Universidad de Antioquia. Los papás de Doblecero —como se terminaría conociendo a Carlos Mario García— eran dos conocidos abogados, Carmenza Fernández y Antonio García, quienes además fueron profesores de la Universidad de Antioquia, una institución que se ha caracterizado por fomentar el libre pensamiento.   Nunca entendieron por qué a su hijo le había dado por ser soldado. García, idealista, cuestionaba la poca efectividad con la que las Fuerzas Armadas combatían, a principios de los años noventa, a los insurgentes. Por eso se unió a la Casa Castaño. Se convirtió en íntimo de Carlos y Vicente. Las AUC tenían urgencia para combatir a las guerrillas que cabalgaban por Antioquia. Entre octubre y diciembre de 1996, el Bloque José María Córdoba derribó 26 torres de energía en el noreste de ese departamento. García fue el encargado de entrenar a lo que se conocería como el Bloque Metro.   Según la declaración de Pablo Hernán Sierra, Doblecero tenía una ayuda invaluable en este entrenamiento, y era el exsoldado profesional John Jairo Mejía Arcila, conocido como el filósofo o “Filo”. Como Monsalve, de niño, Mejía Arcila trabajó como peón en Las Guacharacas. Él fue el encargado de reclutar los primeros treinta y cinco hombres que conformaron el Bloque Metro. El entrenamiento lo habían hecho en el predio de Las Guacharacas, según el testimonio de Sierra. Aunque en testimonios posteriores, otros testigos intentaron descalificar el testimonio de Sierra, durante el juicio, el expara dijo sobre Uribe frases tan contundentes como las siguientes: “ Uribe, quieran o no quieran, es el referente político de las autodefensas. Uribe, sin el Inri del paramilitarismo, no sería nada, sería un político más, y Uribe no es un político más, Uribe es el más ”.   Los hermanos Luis Alberto y Juan Guillermo Villegas Uribe serían los encargados de conseguir las armas y los recursos para mantener la tropa. Los primeros indicios del Bloque Metro los encontramos justamente en la Universidad de Antioquia. Allí aparecieron panfletos en los que se sentenciaba: “fuera terroristas de la Universidad de Antioquia, responsables de ataques en fincas del oriente antioqueño”. A esta labor urbana se combinaba la advertencia a campesinos, quienes recibieron en sus casas mensajes como estos: “Campesinos, aléjense de la guerrilla, guerrillero, ustedes o nosotros. La guerra sin cuartel ha comenzado”.   El Bloque Metro se alimentó con sicarios de la banda La Terraza, algunos de ellos habían sobrevivido a las guerras de Pablo Escobar. En Medellín torturaban, asesinaban y desaparecían. En el campo perpetraban masacres.  Pronto los Villegas ya dejarían de financiar al Bloque Metro y este se alimentaba de la extorsión a comerciantes y a estaciones de gasolina. En Medellín, Doblecero se encontraría a su peor enemigo, el que terminaría matándolo: Diego Murillo Bejarano, el temible Don Berna, quien le declaró la guerra.   Con el apoyo de la policía y el ejército y trabajando conjuntamente con el Bloque Central Bolívar, y con las fuerzas de H.H, que llegaban de Urabá, lo fueron cercando. Eran 2.000 hombres contra cinco acompañantes, que se mantenían junto a Doblecero. Creyó encontrar protección entre las autodefensas de Puerto Boyacá, pero finalmente lo traicionaron y le pusieron un caballo para que fuera solo. Atravesó el cañón del río Nus hasta Puerto Berrío en donde tomó, desarmado y sin hombres, un bus hasta Bogotá, y de allí salió escondido en un bus que lo llevó hasta El Rodadero, en Santa Marta. Cuando llegó al apartamento que tenía en el balneario, llamó a la familia. Vendió lo poco que tenía a la mano, un Montero y un Daihatsu. Se encerraba días leyendo historia de Colombia, una de sus pasiones. Se levantaba temprano, antes del amanecer, a correr por la playa. Estuvo varios días con Mónica su esposa, con su hija Sara y su hermana Beatriz, y mantuvo contacto con el escritor y periodista italiano Aldo Civico, al que le alcanzó a contar toda su historia. El 26 de mayo de 2004, mientras salía de su apartamento en El Rodadero, un sicario se le acercó y le metió cinco tiros en la cabeza. Don Berna se la había cobrado al fundador del Bloque Metro. Pero el Bloque Metro ya había terminado un año antes. Según la Unidad de Justicia Transicional de la Fiscalía, el Bloque Metro terminó el 17 de septiembre de 2003. Es que ya, a esa altura, esa estructura armada era considerada una disidencia de las AUC. Los bloques Mineros, Bananero y Central Bolívar se unieron para atacar a integrantes del Metro que se habían escondido en la finca Las Margaritas, en el municipio de Gómez Plata, nordeste antioqueño. Fue un combate heroico. Los hombres del Bloque Metro, a pesar de su inferioridad numérica y de armamento, resistieron seis horas antes de ser aniquilados. Doblecero, cuando fue asesinado, ya era un guerrero sin tropa. Fueron justamente en las indagaciones de Iván Cepeda sobre el origen del Bloque Metro, que exparamilitares empezaron a soltar los nombres de Santiago y Álvaro Uribe, además de la hacienda Guacharacas en 2011. Los testimonios de Monsalve y de Pablo Hernán Sierra señalaban que los hermanos Uribe, apoyados por los Villegas y los Gallón Henao, ayudaron a crear el Bloque Metro para vengarse por el robo de las 600 cabezas de ganado mencionadas anteriormente. Sierra ha sido demandado por injuria y calumnia y, además, ha sido amenazado de muerte. A pesar de eso, catorce años después de haber señalado a los Uribe, se mantiene en su versión. Estos testimonios fueron los que sustentaron el histórico debate que dio el entonces senador del Polo Democrático Iván Cepeda, el 17 de septiembre de 2014, en el que señalaba al exmandatario y a su hermano como financiadores de grupos paramilitares y socios de narcotraficantes. En ese momento, Uribe era senador del Centro Democrático. Su reacción fue acudir a la Corte Suprema y denunciar a Iván Cepeda por una supuesta manipulación de testigos. Como un boomerang, la acusación, una década después, se volvió contra él.

  • La tarde en la que los curas dispararon, desde la Catedral, contra los bogotanos

    Por: Redacción Pares Hay momentos en la historia en donde todo se detiene, hasta los segunderos de los relojes. A la 1:05 de la tarde del 9 de abril, de 1948, Jorge Eliécer Gaitán salía del edificio Agustín Nieto, donde tenía su oficina, acompañado de cuatro amigos. Plinio Mendoza los había invitado a almorzar para celebrar el sonoro triunfo que Gaitán había tenido en la madrugada de ese día, había demostrado la inocencia del teniente Cortéz, a pesar de que se pensaba que era un juicio perdido. Las incidencias del pleito fueron transmitidas por radio a todo el país. El teniente Cortéz había asesinado a un periodista, y Gaitán, sin cobrar un peso —solo pidió que el ejército asumiera la transmisión del juicio— logró ganar, demostrando que era el mejor penalista y orador del país. Esta jugada le sirvió para ganarse la confianza de los militares. Era casi seguro que ganaría la consulta liberal —su gran rival, Gabriel Turbay, había muerto de una enfermedad— y con toda certeza, sería presidente de Colombia en 1950. La violencia política exacerbada en el gobierno de Mariano Ospina Pérez se había cebado contra los liberales. Marchas como la de las antorchas o la del silencio habían demostrado el poder que tenía Gaitán con las masas. Pero tal y como le dijo Roa Sierra a un policía que intentó defenderlo en vano del linchamiento, en las que fueron sus últimas palabras “fuerzas oscuras que usted no puede entender” se interpusieron en lo que parecía el destino inamovible de la nación. Plino Mendoza Neira le dijo a Jorge Eliécer que se adelantaran un momento al grupo que los acompañaba, que quería decirle algo en privado. Nunca pudo tener esa conversación. Justo cuando salió del edificio, se escucharon los tres disparos que acabaron con la vida de Gaitán. Sus amigos intentaron reanimarlo. Incluso con ellos estaba el doctor Del Vechio, quien afirma que a pesar de que escucharon a Gaitán quejarse y que lograron arrastrarlo a un taxi y conducirlo a la clínica, es casi seguro que los tres disparos acabaron con la vida del caudillo en el mismo lugar donde le dispararon. La gente que acudió al lugar, en la desesperación, empapaba sus camisas con la sangre de Gaitán, como si quisieran llevarse algo de eso que era tan parecido a una pócima mágica. Entonces la turba señaló a Roa Sierra, aunque él no fue el único que disparó, como lo cuenta Arturo Alape en sus memorias del Bogotazo, el mejor libro que se ha escrito jamás sobre este estallido social. Es posible que los mismos hombres que participaron en el asesinato de Gaitán fueron los que señalaron a Roa Sierra, que efectivamente tenía un revólver, que fue detenido por dos policías, que fue metido en la droguería Granada, que quedaba justo frente al edificio Agustín Nieto, que ahí duró dos minutos ya que eran tantos los que, enfurecidos, querían matarlo, que destruyeron la reja de hierro que protegía a la droguería, lo sacaron de ahí y lo mataron dándole patadas, puños, ensartándole lapiceros, apuñalándolo, tirándole una zorra encima y cajones para embolar. Uno de los testigos afirma que lo elevaban a los aires como si fuera el Pelele de Goya. Aunque algunos líderes liberales intetaron infructuosamente organizar el estallido, entre los que estaban Darío Echandía —que dio un discurso que no escuchó nadie — o Julio César Turbay, quien se subió a un tranvía en la Jiménez con séptima pero nadie lo vio, que desde la radio nacional Jorge Zalamea intentaba dar un poquito de luces sobre lo que se tenía que hacer, esta fue una revuelta anárquica y sangrienta en donde la indignación y la rabia fue lo que movió a una turba que llegó hasta las puertas del Palacio de Nariño y estaban dispuesto a sacar a empellones a Mariano Ospina, a su esposa Bertha y al canciller Laureano Gómez, odiado por buena parte de los liberales. Pero no pasó. Fidel Castro, quien era un joven estudiante de la FEU que llegó a Colombia atraído por la Conferencia Panamericana que se llevaba a cabo en Bogotá en el momento de los hechos, afirma que nunca hubo organización, que se contó con el apoyo de la policía y que se estimaba que el ejército, insuflado por la victoria de Gaitán en el caso del teniente Cortés, ayudaría al pueblo en su revuelta popular. Pero nada de esto ocurrió. Los tres tanques con los que se contaba en Bogotá empezaron a desfilar por toda la carrera Séptima y justo cuando llegaron a la Plaza de Bolívar, apuntaron sus cañones contra la multitud y, entonces, entendieron que el ejército estaba a favor del gobierno conservador. Sin embargo, lo más traumático que recuerdan los testigos, los que estuvieron esa tarde, fue ver desde las cúpulas de la catedral a sacerdotes, vestidos con sotana, apostados desde ahí con sus rifles disparándoles a la multitud. Incluso, uno de esos testigos recuerda a un hombre caminar zigzagueante por la Séptima, tenia una herida de machete en el vientre y que venía diciéndole a todo el que lo viera: “Miren, esta herida es bendita, me la hizo un sacerdote”. Sobre las tres de la tarde, un aguacero demencial cayó sobre Bogotá. En la noche, el infierno siguió. Quemaron el tranvía, el edificio de El Siglo , propiedad de Laureano Gómez, y buena parte de la ciudad ardió. Se estima que esa tarde murieron 2.900 colombianos. Empezaba una nueva etapa de nuestra violencia. Una etapa que aún no ha terminado.

  • La oportunidad de ver la película más experimental del cine colombiano en Aracataca

    Por: Iván Gallo Coordinador de comunicaciones Al final, nunca se sabrá la verdad. Eran diez, doce amigos, todos artistas y avocados por esa necesidad de crear a la mentira. Entonces en La Cueva, en Barranquilla, aparecen las huellas de una elefanta sobre la que cabalgó el pintor Alejandro Obregón, y que destruyó buena parte de la entrada. Hay un disparo en la pared, rezagos de una borrachera de uno de los amigos de Alfonso Fuenmayor. El tiempo ha pasado y gracias a la labor de Heriberto Fiorillo, quien murió a finales de 2023 después de una larga enfermedad, La Cueva es uno de esos lugares infaltables en los nuevos recorridos barranquilleros, que tiene una historia atrayente y única por su alto contenido literario. No sabemos cuántas veces dos amigos íntimos se encontraron allí, desde la década del cincuenta, a tomar ron y elucubrar ideas. En una de esas noches salió el argumento de la película más rara que se ha hecho jamás en Colombia: La langosta azul. El amigo se llamaba Álvaro Cepeda Samudio. Era un niño bien de Barranquilla que pasaba la mitad del tiempo en Nueva York y la otra mitad en Curramba. En sus regresos a Colombia, sus maletas llegaban repletas de libros con lo que era en ese momento la vanguardia. Es decir, todo Faulkner, a quien el grupo de Barranquilla llamaba El viejo; todo Virginia Wolf, mucho cine, mucho nuevo periodismo. Hablaban a los gritos sobre literatura, cine y fútbol. En La Cueva hubo una noche en donde no se los aguantaron más, entonces Cepeda se fue unas cuadras más abajo, ahí en el barrio El Prado y puso un lugar nuevo donde vendían chicharrón, cerveza y se podían escuchar los partidos del Junior. El lugar se llama La Tiendecita. Cuando entras al sitio, sesenta años después de los hechos, ves que hay fotos de Cepeda consintiendo a buena parte de políticos y farándula local. Porque hubo un momento en el que, dentro de lo que se llamó el Grupo de Barranquilla, él era el más popular. Cepeda murió antes de cumplir cuarenta años, producto de un cáncer, justo cuando su amigo García Márquez explotó en el mundo, a raíz de la publicación de su novela Cien años de soledad.  Pero vamos varios años atrás y démosle la palabra a Gabo quien, en sus memorias, Vivir para contarlo , recuerda cómo al Nene Cepeda se le ocurrió la idea de hacer la película más rara que tiene el cine nacional: “...Un viaje ocasional de Álvaro Cepeda a Bogotá me distrajo por unos días de la galera de las noticias diarias, llegó con la idea de hacer una película de la cual solo tenía el título: La langosta azul. Fue un error certero porque Vicens, Grau y Nereo se lo tomaron en serio. Algo puse yo, que hoy no recuerdo, pero la historia me pareció divertida y con la dosis suficiente de locura para que pareciera nuestra. La langosta azul es una obra elemental, cuyo mérito mayor es el dominio de la intuición, que era tal vez el ángel tutelar de Álvaro Cepeda” .   Así que la hicieron. Era 1954. No saben lo difícil que era hacer una película independiente en 1954. Eso no existía. Tenían talento, pero no financiación. Igual arrancaron. El argumento, cocinado entre Gabo y el Nene, correspondía a uno de los temas de moda en el momento, debido a la tensión entre Estados Unidos y la URSS, se disparó el programa nuclear en ambos países. El mundo estaba obsesionado con lo que sería una guerra nuclear y el hongo atómico que la humanidad vio en Hiroshima estaba demasiado fresco. Así que, hija de su época, La langosta  trata sobre dos detectives que llegan a un remoto pueblo del Caribe a investigar la existencia de unas langostas radioactivas. Cuando ya tienen las langostas en su poder, los detectives cometen el error de dejárselas robar de un gato. Durante los 29 minutos que dura este cortometraje, vemos cómo los detectives van entrando a diferentes situaciones, como la aparición de un brujo o de una mujer de la noche, todo contado desde el ritmo pesado, asfixiante, onírico del sueño. Fue filmada en el corregimiento de Barranquilla llamado La Playa, como no se contaba con presupuesto, se optó por hacer la película sin sonido. No tuvo exhibición en Colombia. Por iniciativa de los artistas que trabajaron en ella: Enrique Grau, Nereo López, Gabo, Cepeda, se pudo terminar e incluir en varios festivales internacionales. Nunca ganó un premio ni se pasó en cines. Incluso su existencia se ponía en duda en la década del noventa, cuando por fin pudo ser salvada y restaurada. Si ustedes hoy en día van a La Cueva, encontrarán en sus paredes unas ventanas y al lado una lupa, la toman, ven lo que hay en la pared y descubrirán fragmentos de la langosta. Sentirán que están viviendo un sueño proyectado en imágenes, como si el cine no fuera un invento tecnológico hecho por los hermanos Lumiere, sino una de esas invenciones que traían los gitanos a Macondo. Será una experiencia única poder ver esta película en Aracataca el próximo 2 de agosto, ya que será una de las atracciones que tendrá el festival Macondo, gracias a la ayuda del Ministerio de Cultura y de la Gobernación del Magdalena podremos hacer este sueño realidad.

  • ¿Cómo ser Mujeres y “jefas”?

    Por: Ghina Castrillón Torres. Politóloga feminista. Los recientes escándalos por acoso laboral en algunos ministerios han desatado discusiones que considero necesarias. Más allá de los hechos particulares, a los cuales no me voy a referir en este momento, creo que debemos reflexionar sobre cómo las mujeres podemos ejercer el poder de manera distinta. Históricamente los que han mandado han sido los hombres, consolidando una forma autoritaria de ejercer el poder. En ese sentido, el acoso laboral muchas veces no se reconoce, porque se han integrado como parte del paisaje, reforzando la idea de que el liderazgo se impone desde el miedo. Cuando una figura masculina grita o descalifica, se relaciona con demostración de autoridad, pero cuando lo hace una mujer se convierte en tema de debate. Esto no significa que las mujeres líderes deban reproducir esas lógicas, ni mucho menos que avalemos el acoso laboral si es ejercido por mujeres. Por el contrario, se trata de entender que las mujeres llegan a escenarios de poder desde procesos muy diferentes. No hemos sido educadas para mandar o aspirarlo. Por eso muchas veces no tenemos referentes distintos a los del poder masculino autoritario que observamos desde pequeñas, y sin quererlo, se terminan reproduciendo esas formas autoritarias. Según ONU Mujeres, a 1 de junio de 2025, solo 18 países tienen una mujer como Jefa de Estado y 20 como Jefa de Gobierno. El panorama global es profundamente desigual, con el ritmo actual, la paridad en las más altas esferas de poder se alcanzará dentro de 130 años. Además, la presencia de ministras tiende a concentrarse en carteras tradicionalmente feminizadas, como Mujer e Igualdad de Género, Familia e Infancia, Inclusión Social y Desarrollo, Protección Social y Seguridad Social, y Cultura, lo que evidencia una persistente segmentación de género en el ejercicio del poder político. En este panorama tan desigual, nuestro tono es constantemente fiscalizado y en el espacio público se nos exige moderación. Si somos firmes, nos acusan de histéricas y altaneras o si somos conciliadoras, nos llaman débiles, cosa que no se hace con los hombres. Pero entonces la pregunta debe ser cómo liderar en un sistema que no fue diseñado para nosotras. No creo que debamos salir al mundo a “maternar” en las entidades, pues eso también refuerza estereotipos que nos ha relegado siempre ámbito doméstico. Recordemos que, además, en el sistema capitalista todo se valora por la productividad y los vínculos están mediados por la competencia. Sin embargo, sí creo urgente que pensemos en nuevas formas de ejercer el poder que no estén basadas en la violencia. No tengo la respuesta correcta, pero sí creo que debemos avanzar hacia modelos de liderazgo donde lo colectivo y el reconocimiento mutuo sean centrales. Sin intentar evitar el conflicto, se deben gestionar las diferencias sin aplastar a la otra. “Mandar” no debe ser un sinónimo de violentar. Las mujeres no deben llegar al poder para replicar las peores formas masculinizadas. Seguramente no sabemos todavía con exactitud cómo hacerlo, pero pensemos y construyamos otras formas. Y como lo he dicho en otras columnas transformar el mandato de la competencia entre mujeres es una práctica política feminista. La revolución feminista está en cosas como disputar y cambiar el ejercicio del poder.

  • La violenta conmemoración de los 61 años del ELN

    Por:Paola Andrea Marín Han pasado 61 años, desde que inicio la marcha por San Vicente de Chucurí, que más adelante terminaría en la Toma de Simacota con la creación de la que hoy conocemos como la guerrilla más antigua del continente. El ELN (Ejército de Liberación Nacional), en el marco de la conmemoración de sus 61 años, desplegó un amplio repertorio de acciones simbólicas, armadas y de control territorial, que abarcaron múltiples regiones del país. Con un aproximado de 40 acciones, desde el 4 de julio hasta el 9 de julio, el ELN realizó un conjunto de acciones simbólicas y militares que van desde la instalación y creación de banderas y grafitis, hasta ataques a la fuerza pública con explosivos y un burro bomba. Este último hecho pone nuevamente en el ojo público, la degradación de la guerra y el uso de estrategias de terror que, en la historia del país, habían sido atribuidas al paramilitarismo [1] . Aunque el cumpleaños de este grupo fue el 4 de julio, estas acciones, se realizaron durante toda la semana y fueron particularmente visibles en departamentos como Norte de Santander, Cauca, Valle del Cauca y Chocó, donde mantienen estructuras activas. Dentro de las acciones monitoreadas desde Pares, se encontraron acciones como la instalación de grafitis, banderas y vallas propagandísticas; la detonación de cilindros explosivos; la quema de vehículos; ataques armados contra la Fuerza Pública; y retenciones. Uno de los hechos más alarmantes fue el uso de un "burro bomba" en el municipio de Valdivia, Antioquia. Este atentado realizado por la compañía “Héroes de Tarazá” en la vereda Las Alemanias, dejo un saldo de un soldado muerto y varios militares heridos. Esta acción no solo viola los principios del Derecho Internacional Humanitario, sino que deterioran aún más las posibilidades de construcción de confianza en escenarios de diálogo. Es importante recordar que esta no es la única vez que el ELN utiliza animales como objetos de guerra. Ya dentro de las duras imágenes de las afectaciones humanitarias en el Catatumbo en enero de este año, pudimos ver la imagen de otro animal con las orejas cortadas y marcado con el nombre del ELN. (Caracol Radio, 2025)   Burro con orejas cortadas en el Catatumbo. Foto Tomada de redes sociales. El municipio de Valdivia, en lo corrido de este año se ha visto golpeado por una serie de acciones en contra de la fuerza pública. El 6 de junio, en medio de un ataque a una estación de policía, murió la patrullera María Alejandra Vieda Almario, de 23 años. (El Colombiano , 2025) Y de acuerdo con información territorial, se han identificado varias zonas con minas antipersonas. Por su parte tras el atentado, el gobernador de Antioquia, afirmo desde su cuenta de X, en este año ya van al menos 19 policías y soldados asesinados en el departamento. Aunque la mayoría de las acciones fueron simbólicas, el ELN, sigue demostrando su capacidad operativa, con un conjunto de acciones disipadas que desafían la presencia estatal. Acciones como los lanzamientos de explosivos y la quema de vehículos, a pesar de no requerir un despliegue logístico amplio, se consolida como una estrategia de intimidación y control del territorio, causando terror en la población civil. La mayoría de estos hechos se concentraron en corredores estratégicos como las vías principales del suroccidente colombiano, como la vía Panamericana, y zonas fronterizas del nororiente del país. Este repertorio de violencia coincide con el patrón histórico del grupo, que mezcla acciones propagandísticas con operaciones de hostigamiento militar, especialmente en fechas conmemorativas. El mensaje del ELN sigue siendo el mismo. Y la reivindicación de la lucha armada como forma de resistencia frente a lo que consideran un Estado opresor, que solo responde a los llamados intereses de la “oligarquía y las transnacionales”, se ha convertido en una narrativa recalcitrante en sus comunicados. A pesar de que el ELN se posiciona como una “alternativa de poder” en varios territorios del país. Y plantea su permanencia como necesaria mientras persistan las desigualdades. Sus acciones van a en contravía a sus llamados a la paz y la justicia social, y perpetúan aún más la violencia en los territorios más necesitados del país. Una conmemoración, que en otros contextos podría haber sido una oportunidad para reafirmar compromisos con las comunidades, se transformó en una escalada violenta que pone en evidencia los límites y las falacias ideológicas de esta organización. Finalmente, es importante resaltar que la mesa de negociación entre el Gobierno Nacional y el ELN se encuentra suspendida. De acuerdo con nuestro último informe, titulado La Paz ¿Como vamos? Radiografía de los procesos de diálogo en Colombia entre 2022-2025. En el monitoreo de seguimiento a la mesa de negociación, se identificaron 393 posibles violaciones al cese al fuego bilateral, la reanudación de retenciones ilegales con fines económicos, y un incremento de acciones armadas contra la población civil, con un total de 460 eventos violentos registrados. Todo esto a pesar de haberse desarrollado seis ciclos de negociación, la firma de 28 acuerdos y nueve protocolos, y la participación de más de 3.000 organizaciones sociales a través de 78 espacios habilitados para el diálogo. (Fundación Paz y Reconciliación y Vivamos Humanos, 2025). La estrategia del ELN en esta conmemoración tan solo confirma su intención de mantenerse como un actor beligerante activo, con capacidad de alterar el orden público, en un contexto de incertidumbre sobre la continuidad de los diálogos de paz con el Gobierno Nacional. Este balance deja en evidencia que, pese a los esfuerzos de negociación, el ELN sigue recurriendo a métodos armados para proyectar fuerza, controlar territorios y al parecer, replantear la idea de Paz Total, por Guerra Total.   Referencias [1]  Así lo reporto el CNMH en su archivo sobre paramilitarismo en informes como el de “Lugares del horror y la memoria: claves del informe sobre el Bloque Catatumbo”. Caracol Radio. (2025). Reaparece el horror del “burro bomba”: ocho atentados con animales sacuden la memoria de Colombia. Obtenido de https://caracol.com.co/2025/07/09/reaparece-el-horror-del-burro-bomba-ocho-atentados-con-animales-sacuden-la-memoria-de-colombia/ El Colombiano . (2025). Una policía muerta dejó atentado del ELN en el municipio de Valdivia, Antioquia.  Obtenido de https://www.elcolombiano.com/antioquia/eln-asesina-a-policia-en-valdivia-antioquia-ataque-armado-OE27675308 Fundación Paz y Reconciliación y Vivamos Humanos. (2025). La Paz ¿Como vamos? .

  • Un escenario electoral incierto y enrarecido

    Por: León Valencia No es solo el grave atentado a Miguel Uribe Turbay y los fantasmas de un ignominioso pasado que empezaron a deambular por el país con esta acción. Es que en estos meses se han presentado 47 hechos de violencia directamente relacionados con la campaña electoral que han dejado 53 víctimas, entre ellas cuatro personas asesinadas.   Entre tanto la otra violencia, la consuetudinaria del ELN y la dispersa y letal de las disidencias de las extintas FARC y la muy extendida del Clan del Golfo y sus aliados, no descansa.     Todas las violencias se están dando cita para perturbar unas elecciones ya bastante crispadas por la polarización política.   Pero lo más extraño es que hay, a la vez, una irritante polarización y una enorme dispersión y fragmentación del mapa electoral. Al momento están en campaña 75 precandidatos, pertenecientes a 32 partidos o dispuestos a buscar firmas entre la ciudadanía para acreditar sus aspiraciones.  Ninguno de estos candidatos alcanza el 15 por ciento en las encuestas y la distancia entre los primeros está en el margen de error de la medición.   Otros ingredientes, no menores, oscurecen el ambiente electoral. La confrontación entre las mayorías parlamentarias y el gobierno; una conspiración fallida para tumbar a Petro; una tensión inédita en las relaciones con Estados Unidos; la polémica que se ha desatado a raíz de la proposición  de incluir  en las elecciones parlamentarias de 2026 una octava papeleta para citar a una Asamblea Nacional Constituyente; la inestabilidad del gabinete ministerial y la llegada de altos funcionarios que despiertan muchas inquietudes en la oposición y  también en sectores de la coalición gobernante; y, por último, el juicio penal que se adelanta contra el principal líder de la oposición, el expresidente Álvaro Uribe Vélez.   La primera encuesta después del atentado a Miguel Uribe Turbay, la de Guarumo y Eco Analítica, trae  estos datos de preferencia por candidatos que puntean en la lucha por la presidencia: aparece por primera vez como ganador Miguel Uribe con una intención de voto del 13.7%; le siguen Vicky Dávila (11.5%), Gustavo Bolívar (10.5%), Sergio Fajardo (8.7%), Daniel Quintero (8.1%) y Claudia López (5.3%).   El efecto del atentado es notorio. Uribe Turbay estaba lejos del primer lugar y marcaba un escaso cuatro por ciento antes de la agresión; en cambio Gustavo Bolívar que encabezaba las encuestas y en algunas mediciones tenía más del 15 por ciento de favorabilidad ahora pasa al tercer lugar con un 10.5%. También la medición favorece a Vicky Dávila que se ubica en el segundo lugar y obtiene un nuevo aire después de un declive en sus aspiraciones. Es un repunte de la derecha y un golpe a la izquierda y al centro del espectro político.    Si Uribe Turbay triunfa sobre la muerte tendrá también una importante satisfacción política en medio del dolor y la tragedia y si el destino y la medicina no le ayudan en este momento crucial seguramente su esposa Claudia Tarazona jugará un papel importante en las elecciones de 2026.   La campaña apenas está empezando y muchas cosas cambiarán con el paso de los meses, pero resultará difícil superar el miedo y la incertidumbre de estos primeros meses.   Ayudaría mucho, en todo caso, un cierre esclarecedor y rápido de la investigación sobre el atentado al candidato Uribe Turbay. Saber por fin de donde vinieron los tiros y cuál era el propósito de esta muy oscura trama.   Pero los partidos políticos y los medios de comunicación  tendrán que poner mucho de su parte para aliviar el momento que vive el país. Quizás este 20 de julio cuando arranca la última legislatura y empieza el conteo regresivo para la finalización del primer gobierno de izquierdas sea el momento para tranquilizar los ánimos. El Congreso puede ser el escenario para un compromiso entre el gobierno y la oposición en función de las garantías políticas y de la condena a las conspiraciones y la violencia.   Por otro lado, las tres corrientes que disputan el favor de la opinión -La derecha, el centro y la izquierda- están llamados que ponerse en la urgente tarea de agrupar sus fuerzas a través de alianzas y consultas que disminuyan de manera drástica el número de candidatos y faciliten el debate de ideas sobre el futuro del país.   Defender la institucionalidad democrática asegurando que Colombia entra por fin en una alternación política tranquila donde las distintas vertientes  cuentan con garantías y posibilidades de ganar elecciones y llevar a cabo sus iniciativas y programas; cerrar el ciclo de violencia política y de protagonismo de las guerrillas mediante negociaciones de paz y estrategias de seguridad contra el crimen organizado; atender la demanda de reformas sociales y de modernización de la economía; adelantar una gran batalla contra la corrupción; son discusiones que le darían otro color a la campaña electoral en curso.

  • Juan Fernández Carrasquilla y su Derecho Penal de la Liberación

    Por Juan Guillermo Sepúlveda Arroyave [1] “ La necesidad del derecho penal puede fungir como pretexto para la reflexión. Pero el carácter necesariamente liberal del derecho penal opera como barrera de contención porque promete, nada menos, la posibilidad de un derecho penal de la liberación.” [2]   Juan Fernández Carrasquilla (1984)   Con este mensaje inauguró Juan Fernández Carrasquilla, el I Congreso Mundial de Criminología Crítica en la Universidad de Medellín en agosto de 1984 [3] . La importancia del evento fue sin precedentes, porque se realizaron los siguientes encuentros: “El séptimo congreso internacional de delitos de Cuello Blanco”, “El Segundo Encuentro del Grupo de Criminología Crítica de América Latina y “El I S eminario de Criminología Crítica ”.   En el evento, se dieron cita los más progresistas penalistas y criminólogos críticos de la época, como Alessandro Baratta, Massimo Pavarini, L.H.C. Hulsman, Roberto Bergalli, Juan Bustos, Rosa del Olmo, Lola Aniyar, Emiro Sandoval Huertas, Emilio García Méndez, Eugenio Raúl Zaffaroni y Argenis Riera, entre otros.   El evento sin precedentes en la historia jurídico-criminológica del país, partió en dos el pensamiento criminológico de Colombia y América Latina. Puso a pensar fuera de la caja  a más de 600 abogados participantes, estudiantes y profesores venidos de todo Colombia, que durante una semana siguieron las teorías: clásica, positivista, de la reacción social, el pensamiento crítico y el abolicionismo, las teorías del Etiquetamiento (Labelling Theory), el proceso de criminalización, de la reacción social, los estereotipos, entre otros.   Al final del evento todos tenían el libro las ponencias que habían escuchado durante la semana que duró el evento, bajo el título “Criminología Crítica. I Seminario” ; además, tomaron contacto con los pensamientos vanguardistas de autores de la talla de Taylor, Walton y Young, Radbruch, Chapman, Merton, Rusch y Kirchheimer, entre otros.   Todo lo anterior fue posible con el apoyo incondicional que Juan Fernández Carrasquilla , que como Presidente de la Consiliatura de la Universidad de Medellín, le dio a las ideas criminológicas que traje en esos años a Colombia, luego de estudiar en Europa criminología crítica. Todo lo anterior, bajo la mentoría, como lo es hasta hoy, de Nódier Agudelo Betancourt.                                                EL DERECHO PENAL DE LA LIBERACIÓN.   Juan Fernández, impulsado por esa corriente crítica criminológica, irrumpió el día de la inauguración del Congreso Mundial de Criminología, con la ponencia del DERECHO PENAL DE LA LIBERACIÓN , que nos puso al nivel de las teorías más vanguardistas traídas de otros países y continentes.   Juan Fernández, abogó por un Derecho Penal liberal:   “Así como la criminología, en cuanto ciencia es necesariamente crítica (crítica social y política, jurídica, criminológica y penitenciaria), el derecho penal tiene que ser, científica, social, política y jurídicamente liberal.” [4]     Juan Fernández, enfrentó los dogmas penales:   “La actitud del saber//no es la soberbia sino la admiración del ánimo y la humildad del conocimiento. La verdad absoluta y el dogma son incompatibles con la Universidad, con la libertad y con la ciencia y han producido en la historia más de una catástrofe y más de un eclipse del conocimiento. [5]   Juan Fernández, era realista frente al derecho penal liberador que proponía, y ese realismo era marcado por la condición humana:   “El derecho penal no es una panacea, pero desventuradamente no puede ser eliminado, el abolicionismo penal es y será una utopía y nada más que una bella utopía, al menos mientras la condición humana sea lo que es: imperfecta, incompleta, siempre en peligro y siempre rescatada. La pretensión de erradicar completamente el delito de la sociedad envuelve, como Carrara lo advertía, la inminencia de la tiranía y en su nombre se han perpetrado no pocos abusos ominosos”. [6]   Juan Fernández, habló de un derecho penal libertario, sinónimo de lucha que invoca  los derechos individuales de la Revolución Francesa:   “El derecho penal liberal, mejor sería decir tal vez libertario (si esto fuera entendido como lucha y no como remedio), es sin duda el que establece, desarrolla y respeta efectivamente las garantías individuales que la revolución francesa y la Dogmática Penal han convertido en patrimonio de la humanidad, poniendo así límites al ejercicio y a la misma legitimidad del poder punitivo de unos estados casi omnipotentes frente a unos individuos casi derelictos” [7]   Al final de los eventos, a cada uno de los asistentes, se les entregó el libro del Congreso editado por la Universidad de Medellín, con una pintura en la portada, realizada por   un estudiante de la Universidad donde se reflejaba una imagen de la justicia en versión crítica, representada en “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, y en vez de una mujer representando la justicia, con los ojos vendados, era un hombre mestizo quitándosela y viendo las injusticias de la justicia. Fuente Universidad de Medellín Juan Fernández abrió  e l  evento con las siguientes palabras: “Señores profesores visitantes, señores funcionarios e invitados especiales, señores delegados universitarios, visitantes y estudiantes: Este congreso mundial de criminología ha quedado instalado y la polémica ha empezado ya. Mil gracias” [8]   Hasta aquí una pequeña reseña de la propuesta del derecho penal de la liberación presentado en la Universidad de Medellín en agosto de 1984. [9]   Dejo a los expertos en temas del Derecho Penal, los análisis y comentarios valiosísimos que vendrán en relación con la prolífera obra del Maestro Fernández Carrasquilla.     EL LEÓN SORDO   Con Juan Fernández, desde esa época surgió una amistad que duró hasta sus últimos días. Con muchas anécdotas e historias para recordar, pero quiero hacer mención de una en particular relacionada con el “León sordo”.   “Los juanes”  como nos decían en la Universidad de Medellín, nos habíamos propuesto regar la semilla del Derecho Penal de la Liberación y de la Criminología Crítica en todo el País. En ese recorrido fuimos invitados a la Universidad de Manizales, a dictar sendas conferencias, con el ánimo de abrir la “polémica” como lo propuso Juan Fernández. Decir que la polémica que producía en ese entonces la Criminología Crítica era muy dura y 40 años después, sigue vigente, por lo punitivo de nuestra sociedad.   En la Universidad de Manizales me tocó hablar de primero pues el vuelo de Juan estaba retrasado. El auditorio estaba lleno de abogados, magistrados, jueces, fiscales y estudiantes, muy bien puestos, trajeados impecables, como no podía ser de otra manera tratándose de Manizales.   El conferencista que era yo, de tirantas y pelo largo, empieza la conferencia y a medida que iba avanzando en el tema, y que decía cosas como: el derecho penal era un instrumento de dominación, el sistema penal es un proceso de criminalización , el auditorio con los asistentes se movía hacia atrás. Yo, el conferencista que estaba hablando de Criminología Crítica apuraba un sorbo de agua, y avanzaba con frases como las cárceles son la escuela del crimen y por ello nadie sale resocializado de ellas , el derecho penal es un instrumento de dominación  y el piso más se movía hacia atrás, perdiendo toda conexión con los asistentes, pero, de repente se produjo algo inesperado, empezaron a aplaudir, y pensé, ¡lo logré, me creyeron! y sonreí casi con ganas de soltar la carcajada, pero ésta me la tuve que tragar cuando vi que estaban aplaudiendo y mirando hacia el lado izquierdo donde estaba la entrada principal del auditorio, los juristas seguían aplaudiendo, yo agudicé la vista y vi aparecer en el umbral de la puerta a JUAN FERNÁNDEZ CARRASQUILLA, para el que eran los aplausos…no era para la criminología crítica y menos para mí.   Juan entró, como cuando “Pambelé” iba a subir al ring, victoreado por las tribunas, mientras yo invisibilizado, me escurría de la mesa principal por la parte opuesta del escenario por donde subía Pambelé, perdón Juan, el otro Juan, y sin que nadie me viera me senté en la última fila del auditorio, agazapado y sudoroso.   Bien, el Dr. Juan Fernández Carrasquilla fue presentado ante los juristas del evento, con todo su currículo y perfil profesional y humano, como no podía ser de otra manera.   Inicia Juan, con su carisma que siempre lo caracterizó, pero haciendo una larga pausa, los asistentes casi que cortaban la respiración, Juan dijo: antes de iniciar quiero contarles una historia, y todos asintieron, pues sabían de las formas cercanas del expositor.   Juan dijo, dentro de un silencio total en el auditorio:   Una vez en un lugar perdido de la selva, cayó un avión, todos perdieron la vida por desgracia, sólo una persona se salvó.  El sobreviviente al caminar por la selva buscando salir a algún sitio seguro, de repente se encontró rodeado por un grupo de leones, que lo rodearon con intención de atacar. El sobreviviente amenazado por los leones, de manera instintiva empezó a tocar el violín, que había logrado rescatar entre los escombros del avión. De repente los leones quedaron sumidos en una calma y poco a poco se iban adormeciendo. Pero volvían a ponerse tensos y agresivos cuando el violinista dejaba de tocar, pues los leones se despertaban. Así durante mucho tiempo el violinista tuvo los leones dormidos, en medio del concierto, hasta que de repente llegó un león y saltó encima del violinista y se lo comió, y los demás leones exclamaron: lo que faltaba, llegó el león sordo y se tiró en el concierto.   Los magistrados, jueces, fiscales y abogados asistentes en la Universidad de Manizales, se miraron y miraron a Juan, asintiendo, pero por respeto, pues no sabía muy bien que tenía que ver un león sordo con la Criminología Crítica y con el Derecho Penal de la Liberación.   Para tranquilidad de todos, Juan continuó la historia: queridos amigos, eso pasaba en Antioquia. Todos los abogados penalistas, profesores, estábamos metido de lleno en la Dogmática Penal, hablando entre nosotros de la tipicidad, la antijuricidad, la culpabilidad y temas afines, poco nos contradecíamos, había una armonía jurídica… y de repente llegó el león sordo de la criminología crítica y nos despertó y por eso yo vengo hoy a  hablarles del Derecho Penal de la Liberación, y ese león sordo está allí,  atrás, y me señaló, por encima de los cientos de asistentes, el auditorio giró 180 grados y aplaudió.   Fue así, con este gesto empático y generoso y mucho otros en espacios diferentes, que Juan Fernández facilitó para que la Criminología Critica se empezara a conocer en Colombia en la década de los 80ª.   Con esta anécdota quiero reconocer a Juan, el amigo, el empático solidario y visionario.     ¡Hasta siempre Juan!     El león sordo     [1]  I Seminario Criminología Crítica. Universidad de Medellín. Agosto   de 1984. [2]  Ibidem [3]  Ibidem [4]  Ibidem [5]   Ibidem [6]  Ibidem [7]  Ibidem [8]  Criminología Crítica, I Seminario [9] Los interesados en el articulo sobre El Derecho Penal de la Liberación  del profesor Juan Fernández Carrasquilla, favor solicitarlo al correo juanguiillermo.sepulveda@gmail.com

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