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- Los años en los que ganaba una miseria: el duro comienzo de Gabo como periodista
Por: Iván Gallo - Editor de Contenidos Fue por una desgracia que Gabriel García Márquez terminó convertido en periodista. Estudiaba en la Universidad Nacional Derecho, más por complacer a su papá que por ser consecuente con alguna vocación. Entonces, el 9 de abril de 1948, Juan Roa Sierra disparó sobre Jorge Eliecer Gaitán mientras este salía de su oficina de la carrera séptima a la 1:05 de la tarde. Gaitán era el líder máximo del partido liberal y poseía un discurso de pasión incendiaria. Le había dejado claro a sus seguidores que el único camino que quedaba si la oligarquía decidía matarlo era vengarse. Y eso hicieron. Estalló una revuelta en la capital que fue conocida como el Bogotazo. En sus memorias, Vivir para contarla, cuenta como estuvo justamente a esa hora y en ese lugar cuando dispararon sobre Gaitán y la historia de Colombia cambiaría para siempre. García Márquez tenía la suerte del cronista, el universo conspiraba a su favor y pudo ver incluso como un posible segundo atacante se fue huyendo en un auto que lo recogió mientras la turba destrozaba el cuerpo de Roa Sierra. El punto es que los incendios se sucedían en la capital. Bogotá ardía y la casa donde pagaba un cuarto el joven Gabo fue condenada a las cenizas. Allí perdió el futuro premio Nobel no sólo su ropa sino su máquina de escribir. Todo lo que tenía en este mundo. Así que con una mano adelante y otra atrás, el periodista regresa a la Costa derrotado. Por presión de su familia es obligado a matricularse en la universidad en la facultad de Derecho pero ya no tenía ganas de mentir. Quería escribir, dedicarse a eso. En Cartagena se encontró con el escritor Manuel Zapata Olivella quien le presenta a Clemente Manuel Zabala, el primer director que tuvo el diario el Universal y por una miseria -es que no le alcanzaba ni siquiera para pagar un cuarto de hotel- empezó a escribir. Su primera columna se publicó, según lo recuerda Hector Abad Faciolince, se publicó el 21 de mayo de 1948. La columna se llamaba “Punto y aparte”. A pesar de todas las penalidades económicas Gabriel siempre reconoció en Clemente como uno de sus grandes maestros del periodismo. Igual, en el Universal no iba a durar mucho. Se reventó la cuerda económica y el joven periodista tuvo que irse a su casa familiar ubicada en Sucre. Fue la última vez que viviría con sus papás. Tenía 23 años y ganas de cambiar el mundo. Así que aceptó una oferta del Heraldo en donde recaería en 1950. Tendría una columna semanal llamada la Jirafa, en honor a su querida Mercedes y tenía también un seudónimo, el de Septimus, que resultaría siendo un homenaje a una de sus idolatradas novelistas, Virginia Wolff. En Barranquilla, en esos años, los mismos amigos que le decían “Trapoloco” por la manera arrebatada de vestirse, serían los que fundamentarían las lecturas sobre las que construiría la base de su obra: Faulkner, Hemingway, la “vieja” Virginia y Dos Passos. Sus ingresos en el Heraldo aumentarían considerablemente, recibía 3 pesos por columna, 2 pesos por noticia y 4 por editorial. Como recuerda Hector Abad en su artículo El feliz mamagallista desdichado este es un salario que no está nada mal teniendo en cuenta que la botella de whisky en 1950 costaba 15 pesos. Eso si, llegaban de contrabando. Gabo revolucionaría el periodismo en Colombia tanto en el Heraldo como después a su regreso en Bogotá en donde pasaría a formar parte de El Espectador. Una de sus crónicas se convirtió en la pieza maestra de lo que después se llamaría “literatura de no ficción” en Latinoamérica y es el Relato de un Náufrago. Como periodista çonocería la Cortina de Hierro, iría a la URSS, luego se quedaría varado en París mientras era corresponsal en Europa de El Espectador, justo cuando al general Rojas Pinilla, quien mandaba con su puño de hierro en el país, decidió cerrar el periódico. Allí aguantaría hambre, escribiría El coronel no tiene quien le escriba y conocería a uno de los amores de su vida, Tacha Quintanar, regresaría a sudamérica a trabajar con su amigo Plinio Apuleyo Mendoza en la prensa venezolana, presenciaría la huida del dictador Pérez Jiménez -siempre está en los momentos oportunos- y se iría a Cuba, insuflado por los aires de la Revolución, a trabajar en Prensa Latina. Y luego, en México, conocería la gloria gracias a la persistencia que tuvo en terminar La casa, una vieja novela en donde se agolpan sus fantasmas y que después se conocería como Cien años de soledad. El resto es la gloria aunque claro que volvería a ese viejo vicio del periodismo. Pero eso es un tema para una próxima columna.
- La transición y las reformas de Petro
Por: León Valencia* El 4 de febrero el presidente Gustavo Petro decidió mostrarle al país en vivo y en directo las enormes dificultades de su gobierno, las limitaciones de su liderazgo y el poco margen de maniobra con que cuenta para cambiar esta situación en lo que resta de su mandato. En un accidentado consejo de ministros transmitido por televisión le dio cuerda a un debate sobre la gestión de los ministros, las contradicciones del gabinete y se lanzó a una reestructuración de su equipo. Insistió Petro, una y otra vez, que no era un gobierno de izquierdas, o no era exclusivamente de izquierdas, que había ganado al frente de una coalición, que le debía el triunfo a fuerzas y personas que no venían de la izquierda tradicional y con ellas tenía que gobernar, decía estas cosas y miraba a Armando Benedetti, a Laura Sarabia y a otros tantos que no militaron con él en la izquierda, un gobierno multicolor, dijo en algún momento. Es una verdad como un puño. En el 2018 Gustavo Petro intentó ganar con la izquierda y no pudo. En el 2022 se vio forzado a pactar alianzas diversas para llegar a la presidencia. Al inicio de la campaña, cuando se encontraba en Florencia, Italia, reponiéndose del Covid 19, tuve la oportunidad de hablar con él en una reunión virtual que duró más de una hora y me dijo, con entera claridad, que para ganar necesitaba del apoyo de sectores de todos los partidos tradicionales. En ese momento recordé una frase de Felipe Solá, un líder político del peronismo, con el que tuve cierta cercanía en la primera década de este siglo, alguna vez se propuso desafiar a los Kirchner y buscar la presidencia de la república. ¿Le pregunté y cómo vas a hacerlo? ¿Con quién te vas a aliar? Me contestó: “León, voy a llamar a dios y al diablo, pero sé que sólo va a venir el diablo”. Así fueron las cosas. Aun así, le ganó por un estrecho margen a Rodolfo Hernández, un improvisado candidato que se mantuvo hasta el final en la condición de outsider y rechazó el apoyo de la variada gama de fuerzas políticas que habían acompañado a Fico Gutiérrez en la primera vuelta. Así estaba el país. Nada que hacer. Descontento hasta la médula con las élites tradicionales, después de la pandemia, del estallido social, de la decadencia del proyecto político de Álvaro Uribe y de un mal gobierno de Iván Duque, pero apenas inclinado tímidamente a la izquierda. Ganó la presidencia Petro, pero su gobierno ha sido una coalición y en el congreso sólo logro unas mayorías al principio con la habilidosa mano de Roy Barreras. Después, solo acuerdos temporales para sacar adelante alguna iniciativa de interés general, no sin la ayuda de abundante mermelada. Tampoco con las cortes le ha ido bien. Nada extraño. En Colombia, a partir del Frente Nacional, existía un consenso básico sobre el manejo de la “Cosa pública”, el modelo económico, la modulación de las reformas sociales y el trámite político. Solo aparecían fisuras importantes en las políticas de seguridad y paz, entre quienes pensaban en la solución militar al conflicto y quienes se la jugaban por una salida negociada que abriera las puertas a la reconciliación nacional. Las izquierdas llegaron con una maleta llena de las reformas sociales, las mismas que durante sesenta años habían proclamado sin éxito alguno. Eran, hasta 2014, fuerzas electorales absolutamente marginales. Solo las guerrillas causaban un estruendo de mil demonios y con eso hacían más difícil el salto de la izquierda legal al protagonismo, hasta que se dio el milagro del acuerdo de paz con las FARC y todo empezó a cambiar. Petro, lo dijo Felipe López, en una columna de la revista Semana, cuando apenas iniciaba su mandato, “Es un lobo con piel de lobo”. Siempre dijo que quería cambiar el país, que quería reformarlo todo, nunca escondió sus propósitos. Así que una vez se instaló en el Palacio de Nariño presentó su gran portafolio de reformas: a las políticas de paz, a la estructura tributaria, a la salud, a la educación, al régimen laboral, a las pensiones, al mundo agrario, a las Fuerzas Armadas, a la política, a la estructura energética del país para enfrentar el cambio climático, a la lucha contra las drogas alucinógenas y sicoactivas con el propósito de abrirle campo a la legalización y al régimen de transferencias de la nación a las regiones. Todas tienen el sesgo de redistribuir la riqueza y fortalecer lo público. Todas apuntan a potenciar la intervención del Estado y a revertir las privatizaciones de todos los servicios. En ese punto están las diferencias. Lo hizo sin anestesia. Diciendo a cuatro vientos que se trataba de sacar el país de la grave desigualdad en que la había hundido doscientos años de gobiernos oligárquicos. Señalando, todos los días, en su cuenta de X , o en los balcones y las tarimas frente a sus seguidores, que somos el segundo país con la mayor concentración de tierra del mundo; que estamos en el club de los países con los más bajos salarios; que el neoliberalismo y las privatizaciones se han llevado de calle la salud, la educación, la seguridad y las conquistas laborales; que las Fuerzas Armadas torcieron en algún momento su misión y se aliaron con para militares para desatar una inenarrable tragedia de violación de los derechos humanos. La oposición hace leña con esto. Los medios de comunicación también. Miren la retórica, dicen, cada día se parece más a Chávez, quiere acabar con el país. Quiere quedarse en el poder, quiere romper el hilo democrático ¡Miren sus ínfulas de caudillo! Así se fue exacerbando la polarización. No obstante, iluso Petro, en reiteradas ocasiones, llamaba a “Un acuerdo nacional” con el propósito de poner a andar el cambio que necesita el país. Incluso buscó afanosamente reuniones nada menos que con el antípoda de todos los años, con Álvaro Uribe Vélez. ¿Pero quién puede estar interesado en un acuerdo con un gobierno que quiere reformarlo todo y no tiene unas mayorías consolidades para intentarlo? ¿A quien le interesa darle la mano a un reformador irredento, en un país hasta ahora adverso a los grandes cambios? El portafolio de grandes reformas que debía pasar, si o si, por el Congreso, se ha ido aplazando en medio de agudas controversias; incluso las reformas que se trasquilaban en complejas negociaciones con las bancadas y los partidos, en algún punto se atrancaban; de puro milagro salió la pensional que ahora está en líos en la Corte Constitucional y la ley de transferencias que todavía no se ha redondeado con otra ley que estipule los compromisos de los mandatarios regionales. La derecha ha bloqueado las reformas. La paz en aprietos Petro, no contento con tenderle la mano a la numerosa delegación del ELN exiliada en la Habana a lo largo de cuatro años para que regresara a la mesa de conversaciones, les ofreció una negociación política a las envalentonadas disidencias de las FARC y un acogimiento a la justicia al Clan del Golfo y a la variedad de grupos del crimen organizado que campean en las ciudades y en los campos de Colombia. Con esta política de paz total instaló diez mesas de negociación ¡Gran ambición! Pero el ELN, hasta el momento, no ha respondido con audacia y generosidad a la oferta de paz, con diversos pretextos rompió el cese bilateral al fuego que se había pactado y se lanzó a una ofensiva militar contra otros grupos ilegales y contra la población civil en el Catatumbo, el Chocó y otros lugares del país. Las conversaciones están suspendidas y apenas le queda escaso año y medio a este gobierno. Sólo una decisión del ELN de suspender la guerra desatada en el Catatumbo, retornar el cese bilateral del fuego y cumplir con unos mínimos humanitarios, puede revivir la mesa de negociaciones con miras a una paz en el próximo gobierno. Tampoco el grueso las disidencias de las FARC caminan con paso firme hacia la desmovilización y el desarme. Queda alguna ilusión con grupos que desertaron de la paz acordada de la mano de Iván Márquez, quizás esta facción entre de verdad en el aro de la reconciliación; también con un pequeño grupo disidente del ELN llamado Comuneros del Sur, hay una luz de esperanza. Las mesas de paz urbana instaladas en Medellín y Buenaventura dan algunas muestras de querer ir hacia algún tipo de negociación en el orden judicial y en la búsqueda de alternativas sociales para el numeroso contingente de jóvenes vinculados a economías ilegales. Pero, son sólo pequeñas muestras, nada definitivo, porque tampoco el gobierno nacional encuentra un proyecto viable de resocialización de estos grupos y una alternativa judicial atractiva para las bandas criminales. Las vicisitudes de la coalición Los tecnócratas moderados de origen liberal que habían sido invitados al gobierno: Cecilia López, Alejandro Gaviria y José Antonio Ocampo, huyeron del gabinete después de haberle aconsejado la famosa fórmula de “Construir sobre la construido”. Nada de reformar a fondo lo construido, eso no suena bien. Se espantaron con las reformas. Se espantaron con las presiones a los terratenientes para que cedieran mediante indemnizaciones sus tierras al Estado para adelantar la reforma agraria, con la propuesta de reformar de fondo a las EPS, en la idea de rescatar la educación de la creciente privatización, con la modificación de las reglas de juego en todos los campos de la actividad social. Así que Petro se fue quedando sin una burocracia experta en el manejo del Estado, con una izquierda sin mayor experiencia en el gobierno nacional, personas inteligentes, carismáticas, como Francia Márquez, pero que ni siquiera habían sido alcaldes en un pequeño municipio, activistas comprometidos. Se quedó también con los operadores políticos que habían sido determinantes en la campaña electoral: Roy Barreras, Armando Benedetti, Juan Fernando Cristo, Luis Fernando Velasco, Laura Sarabia. Así que, cuando la izquierda se fue lanza en ristre contra parte de estos operadores políticos en el consejo de ministros del 4 de febrero, Petro cerró filas con ellos, no quiso o no pudo detenerse a pensar si las razones de la animadversión eran validas, no quería o no podía darse el lujo de ir al último tramo de su gobierno con un exclusivo gabinete de las izquierdas. Tenía que mantener las dos alas de un gobierno asediado y débil. Colombia, creo, no ha tenido gobiernos tranquilos, pero este ha rayado en lo traumático, tiene porque serlo, es el primer presidente de izquierdas, exguerrillero para acabar de ajustar, polémico como el que más, reformista de convicción, hábil para llegar al corazón de sectores populares que le compran sus promesas de cambio, diestro en sorprender a la opinión y controlar la agenda pública, pero poco ordenado, poco organizado, limitado para la gerencia. Estamos entonces en una transición histórica, en una transformación de la vida pública, en el advenimiento de la alternación entre derechas e izquierdas en la conducción del país; estamos en medio de una exacerbación de la polarización política, con un gobierno débil, sin mayor orden y estrategia, con una izquierda aprendiendo a trancazos a gobernar, con una oposición desatada y una prensa que no de tregua. Las derechas no están mejor. Uribe, su líder en los últimos 25 años, acusa un inocultable desgaste, acosado por fantasmas del pasado, crímenes mayores como los falsos positivos o transgresiones a la ley como el soborno a testigos y el fraude procesal, que lo tienen en un grave lio judicial. En la campaña de 2022 se vieron obligadas a improvisar sus candidatos a la presidencia y en el 2026 aún no encuentran un candidato con verdadero arrastre en las encuestas, a no ser que Vicky Dávila se decida a perder su condición de outsider y acepte un acuerdo con fuerzas y partidos de esta corriente política al estilo de Fico Gutiérrez el candidato uribista en la primera vuelta del 2022. Las demandas sociales que llevaron a una movilización de siete millones de personas en seiscientos municipios del país durante el estallido social siguen latentes en todo el país. Un treinta por ciento, o un poco más, de la opinión, según diversas encuestas, sigue acompañando a Petro y a la izquierda en su propósito de reformas. No obstante, las derechas tienen a su favor el saldo en rojo en las realizaciones del primer gobierno de izquierdas y los preocupantes brotes de violencia en once sitios del país. En eso van a insistir en la campaña del 2026. En la frustración. En el incumplimiento de las promesas. Y van a exagerar hasta la saciedad las manifestaciones de violencia a inseguridad. Van a decir, estamos en el peor incendio, no importa que estemos en una tasa de 27 homicidios por cada cien mil habitantes, lejos, muy lejos, de la tasa 65 o más homicidios por cien mil habitantes con que empezamos el siglo; no importa que en este momento tengamos 18.000 ilegales armados, lejos, muy lejos, de los cerca de 70.000 con que empezamos el siglo; no importa que se hayan reducido de manera ostensible los secuestros, las desapariciones forzadas y el desplazamiento de poblaciones, si comparamos las cifras de hoy con las de comienzos de siglo. Van a ofrecer mano dura a la vieja usanza de Uribe o a la actual perspectiva de Bukele, el presidente del Salvador. La receta puede tener éxito dado el ambiente de miedo y de incertidumbre que están creando con imágenes y datos reales de la violencia y el conflicto, adobados, eso sí, con una buena dosis de imágenes y noticias falsas. Aunque tampoco les quedará fácil a los pregoneros de la mano dura apoderarse de un todo y por todo del discurso de la seguridad. La izquierda también ha tomado conciencia de que es obligatorio competir con la derecha en este campo. El mismo Petro, en una medica tan audaz como controversial, nombró a un general como ministro de Defensa; no a un general cualquiera, claro está; nombró a un militar simbólico como quiera que había estado en la famosa operación Esperanza rescatando a los niños indígenas en la selva amazónica. Las frustraciones son del tamaño de los sueños Petro, tanto en el consejo de ministros del 4 de febrero como en una entrevista que le concedió al diario El País el 26 del mismo mes, reconoció sin ambages sus fracasos. Fue realmente dramático verlo regañando a sus ministros señalando que sólo han cumplido 46 de los 195 compromisos planteados al principio del gobierno; y más dramático aun, verlo contestándole al entrevistador de El País que sus dos años y medio han sido de una “Infelicidad absoluta” que ha fallado al creer que podía “hacer una revolución gobernando” cuando en realidad esto sólo puede hacer el pueblo desde abajo con su movilización; que, aun así, continua creyendo que es necesario “hacer una revolución en Colombia”; que el pueblo decidirá cuando se lanza a ella. No hay apelación alguna ante este reconocimiento. La frustración es dolorosa cuando uno sueña mal, es decir, cuando corre tras una ilusión irrealizable; pero también es dolorosa cuando uno gestiona mal su sueño, cuando falla a la hora de conquistarlo, a la hora de hacerlo realidad ¿Eran irrealizables las numerosas y profundas reformas? O, siendo posible llevarlas a cabo ¿Fueron acaso mal planteadas y tramitadas? No es sencillo responder a estas preguntas. Quizás había que escoger unas cuantas reformas, las más urgentes y prioritarias, y aplicarse a sacarlas adelante. Quizás la enorme ambición no correspondía al poder real conquistado en las elecciones. Pero bien dicen que “genio y figura hasta la sepultura”. Petro representa muy bien el espíritu del M19, la guerrilla en la que militó en su juventud, sus ambiciones, sus sueños, siempre estaban muy lejos de sus capacidades militares y políticas; pensaban, eso sí, que, al proclamarlas y acompañarlas con unas impactantes acciones publicitarias, podrían desatar una movilización invencible del pueblo. La izquierda en las elecciones del 2026 He hablado con muchas personas acerca del consejo de ministros del 4 de febrero y la mayoría, o la totalidad de ellas, señalan que allí no había orden ni concierto. Les he dicho, suavemente, sin mayor pretensión, que para mí tenía un hilo conductor: Petro quería mostrar que su equipo de gobierno no había podido o no había querido llevar a cabo el cambio prometido; señalar también, que el tiempo se había acabado, que en el año y medio restante no harían mayor cosa; dejar claro que había llegado la hora de pensar en las elecciones del 2026; mostrar que la idea de reformar el país seguía vigente, pero, para dar otro paso en ese camino, era necesario, quizás, buscar una gran coalición y darle la cabeza de esa coalición a un candidato o candidata por fuera de la izquierda tradicional. Esa idea la repitió de manera sugerente en la entrevista al diario El País. A la pregunta de si confiaba encontrar un candidato progresista para el 2026 respondió: “No un candidato, sino un frente. No hay ninguna fuerza que tenga mayoría. Se necesita un frente amplio. Tengo nombres en mente, pero dejo correr el tiempo”. Este escenario se parecería un poco al que se gestó en el 2014. Santos había roto con el expresidente Uribe y se había comprometido contra viento y marea con un proceso de paz tan ambicioso como las reformas que ahora está buscando la izquierda; la respuesta del uribismo fue dura, continuada, feroz, una batalla sin cuartel en la que se utilizaron tanto armas legitimas como ilegítimas. Las elecciones se convirtieron en una medición de fuerzas definitiva. La izquierda, haciendo a un lado todas sus prevenciones, todas sus desconfianzas, con Juan Manuel Santos, se volcó en su apoyo en la segunda vuelta y logró lo impensable ¡Qué Santos. aventajado en primera vuelta por Oscar Iván Zuluaga, ganará la presidencia en segunda vuelta! Es muy probable que los nombres que tiene mente en Petro para pelear la segunda vuelta de las elecciones de 2026 correspondan a personas del centro del espectro político que, con una apoyo decidido de la izquierda, le den la pelea a la derecha y puedan eventualmente ganar la contienda para darle continuidad a la transición y a la lucha por las reformas sociales por las que clama una parte de la población colombiana. *Publicado originalmente en la Revista Hojeando
- ANDRÉS CAMACHO SALE DEL MINISTERIO DE MINAS Y ENERGÍA ¿AHORA QUIÉN LLEVARÁ LA BATUTA ENERGÉTICA?
Por: Lizeth Serrato Contreras Me despido de esta etapa como ministro con un inmenso sentimiento de gratitud con las comunidades, con los territorios, con el equipo que me acompañó́ por su compromiso inquebrantable y por demostrar que, trabajando juntos/as, es posible avanzar hacia un país más sostenible y con energía para la vida. ¡Somos Energía del Cambio! Andrés Camacho Morales, vía canal de WhatsApp. El pasado 25 de febrero del año en curso Omar Andrés Camacho entregó la batuta que por más de un año había llevado liderando al renombrado Ministerio de Minas y Energía, lugar en el que se desempeñó como ministro y se caracterizó, entre otras cosas, por ser un funcionario cercano a los territorios y comprometido con las acciones sociales, proponiendo grandes oportunidades de aprendizaje desde la academia y el trabajo con las comunidades. Pero, ¿en qué estado deja al sector minero-energético? el panorama en el país en tema de energías ahora está en el ojo público, y desde las comunidades se hace ruido por el futuro energético de Colombia y la mitigación al cambio climático. Resulta que la decisión del saliente ministro desató una avalancha de comentarios que además de resaltar su labor también cuestionan su proceder. Dentro de las más resonantes está su excelsa labor en la transición energética del país, la apuesta en hacer de la matriz una más limpia y los hitos que evidencian el avance, pero también mencionan la crítica situación del gas y la continua exposición que tuvieron las empresas del sector minero a vivir una crisis financiera y operativa, lo que implicaba intervenciones, seguimiento y auditorias que ponían en tela de juicio el accionar de estos. Sin duda, uno de los avances más sobresalientes que logró Camacho en su gestión fue la de superar los principales desafíos, con el respaldo de su equipo, del Fenómeno del Niño y la emergencia climática que se desató posterior. Pese a que ya culminó su periodo de trabajo el hoy ex ministro sigue manifestando su compromiso con la diversificación de la matriz energética de Colombia y la iniciativa de impulsar a las comunidades a hacer uso consciente y responsable de las fuentes no convencionales de energías renovable. Entre otras cosas, en su gestión el país logró avanzar en la transformación energética y en la diversificación de la misma por medio de estrategias asertivas como las comunidades energéticas y Colombia solar. En definitiva, el remezón ministerial dejó envuelto al país en una constante expectativa, pues no se sabe de que sector vendrá el próximo movimiento. Aunque no se puede negar el buen periodo del ex ministro, es importante aclarar que el entrante tendrá una tarea puntual: continuar el ascenso de las estrategias como Comunidades Energéticas y Colombia Solar; pero también la de corregir las falencias cometidas por Andrés y pensarse nuevas iniciativas que contribuyan a lo propuesto desde la presidencia para el sector minero–energético y de hidrocarburos. Se sabe que Edwin Palma será el nuevo ministro de Minas y Energía, es abogado de la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC) y es especialista en derecho laboral y magister en derecho del trabajo. Dentro de la experiencia que contribuye a su nuevo cargo se encuentra el rol de agente interventor de la empresa de energía Aire-e, además de pertenecer a la junta directiva de Ecopetrol desde inicios del 2024. Palma es ahora la persona encargada de tomar con fuerza y seguridad una de las banderas del gobierno Petro: la Transición Energética.
- Con la fuerza del odio, Hitler estuvo a punto de convertir al mundo en un Campo de Concentración
Por: Iván Gallo - Editor de Contenidos En 1918 Alemania recibió su peor derrota. La I Guerra Mundial se había cerrado con el Tratado de Versalles. Alemania perdía parte de su territorio, Alsacia y Lorena, su ejército quedaría reducido a cien mil efectivos y se le imponía, por parte de Francia, una multa impagable que acabó económicamente con su moneda, el marco alemán. Uno de los soldados que rumiaron su amargura fue el joven cabo Adolfo Hitler. Ese momento fue decisivo para iniciar su carrera política. Se sumó a un grupo de borrachos que se reunía en una taberna en Munich. Empezaron a llamarlos nazis. En 1921, después de una intentona de golpe de estado, detienen a Hitler y sus entusiastas seguidores. En ese momento Alemania vive un efecto burbuja. Se empiezan a mejorar las condiciones de vida. Se inicia una fiesta colectiva. La novela más vendida en esa década se llamaba Cocaína. Las albercas se llenaban con champaña. Mientras tanto Hitler aprovechó su detención para escribir su manifiesto, Mi lucha. A comienzos de 1928 Hitler era un personaje de folletín. Nadie podría tomarselo en serio. Pero en octubre de ese año la bolsa de Nueva York sufrió una caída espectacular. Alemania se vio afectado con lo que se conocería como el crash de Nueva York. El desempleo y la moneda en Alemania caería estrepitosamente. Hitler, justamente, fue indultado. Empezó a hablar en tabernas, luego en plazas llenas. Consiguió millones de seguidores. Personas que no tenían nada que perder. Estaban dispuestos a creer todo lo que les prometieran. Hitler dijo que el Tratado de Versalles era una traición de los judíos a Alemania. El famoso cuchillo por la espalda. Hitler afirmó que los judíos cooptaban los trabajos, los recursos. Promovió el odio y ganó. En 1933 ganó democráticamente el derecho de ser canciller. Unos meses después se proclamó Fuhrer, osea, emperador, de un Reich, de un imperio alemán. El III Reich. Nunca ocultó su odio a la diferencia, a occidente, a los judíos, a los comunistas, a los negros, a los eslavos. Habló en sus concurridos discursos sobre todos estos hechos y fue aplaudido y adorado. Destilar odio era una buena fórmula para obtener popularidad en la Alemania de los años treinta. Habían pocas voces que se pronunciaban en contra de Hitler. Era visto como un salvador del país, el hombre que los rescató del desempleo, de la pobreza. Con ese discurso convenció incautos de que Alemania era tan grande que necesitaba el desquite y fue anexando territorios. Primero fue Austria, luego los Sudetes de Checoslovaquia, después el pasillo de Danzig en Polonia. Cuando las grandes potencias se dieron cuenta de lo que sucedía, Hitler tenía a media Europa en el bolsillo. La guerra arrancó en 1939 en un gesto de dignidad y resistencia de Inglaterra. Un año después el Reich alemán había sumado a Francia a su territorio. El fervor por Hitler dentro de Alemania duró hasta diciembre de 1942, cuando ya se sabía que, con Estados Unidos en el mapa, el Reich caería. La ofensiva a Rusia se había estancado a 90 kilómetros de Moscú. Jamás podrían derrotar a Stalin. Sólo cuando empezó a escasear el alimento, cuando los bombardeos cayeron sobre las principales ciudades de ese país, el apoyo popular se diluyó. Hubo una doble moral en el pueblo alemán cuando se descubrieron las montañas de cadáveres en los campos de concentración: todos fingieron sorpresa cuando, una de las razones por las que Hitler fue tan popular, se debe a ese odio que promulgó contra los judíos. Alemania, después de 1945, sintió una verguenza que sólo duró 80 años. Que la extrema derecha sacara el 20% de la votación en las elecciones en Alemania, constituyendose en la segunda fuerza política, queda claro que la historia no es suficiente para alertar a un pueblo sobre los peligros que corre. La última vez que Alemania le dio las llaves del país a un nazi el país quedó en ruinas. La extrema derecha alemana ha ganado su puesto gracias al odio, al odio hacia la migración y la diferencia, el mismo odio que destila Donald Trump. Claro que hay que tener miedo porque no está ganando la extrema derecha, la que gana es el odio.
- El poeta Helí Ramírez, la voz de las comunas de Medellín
Por: Iván Gallo - Editor de Contenido En Medellín, a finales de los noventa, los jóvenes leían a un poeta. Se llamaba Helí Ramírez. Era difícil conseguir uno de sus libros. Iba en contra de todo, hasta del viento. Era un poeta de barrio. En realidad era el poeta de un barrio, Castilla, Comuna Cinco de Medellín, azotado por la violencia, por la salsa, por la vida. Vivió en una de sus calles escarpadas. La llamaban El Picacho. La conexión con los muchachos fue su manera de escribir. Oralidad absoluta. Escribir como se habla es de las cosas más difíciles de la literatura. Al Picacho llegó que en 1952, cuando tenía cuatro años y el monstruo de Pablo Escobar estaba lejos de volverse real. Había nacido en el occidente antioqueño, en el corregimiento de Sevilla, en Ebéjico. Le molestaba que lo llamaran poeta. Detestaba todo ese tufillo intelectual. Lo de él era recoger el habla popular, observar como hablaba la gente. Le gustaba dar sus charlas más en tabernas de su barrio que en museos lugares sagrados. Es que ese era su ambiente, el de las cantinas y no el de las bibliotecas. Ahí escribía, mientras la rocola cantaba boleros de Bienvenido Granda, de Pete Rodríguez. Igual los críticos lo adoraron. Les pareció que en sus poemas estaba contenido la vida y la tragedia de la Medellín en los años ochenta. A pesar del incendio la gente seguía levantándose, seguía dando amor. Pero, para algunos de sus amigos, como el artista Fredy Serna, “su vida fue su mejor poema”. Escritores como Juan José Hoyos recuerdan su ausencia de vanidad. Lo conoció en 1975, justo cuando frisaba los 25 años. Helí ya había llenado mamotretos con sus versos pero no se los mostraba a nadie. Escribir era sólo una interrupción de la observación. A Helí no le gustaban las entrevistas, se aburría en los simposios literarios. Era libre como el río. Sin embargo, en el 2018, accedió a estar en la feria del libro de Medellín. Allí habló de los jóvenes que lo leían, de los muchachos sobre los que él escribía: “¿Por qué creo en la juventud? Y más en una juventud popular que veo por aquí muchos exponentes de ella, ¿por qué creo en una lucha por una subsistencia digna? Porque veo gente de mi barrio que, con hambre, hasta sin pasajes bajan a la universidad, se graduaron, lograron superar un poco y mejorar su calidad de vida, sus condiciones de vida. Y esto que acabo de decir es para reconocer una cantidad de jóvenes populares y de clase media que ni son de arriba que ni son de abajo, pero son necesarios ahí en la mitad, por cuestiones económicas de desarrollo social; frente a todos los obstáculos, luchan, perseveran”. Uno de sus libros más queridos es En la parte alta abajo, y sobre estos versos Helí afirmaba que habían surgido porque de donde él viene “estamos arriba, en las montañas que rodean la ciudad, pero en realidad estamos abajo, abajo, abajo” En los versos que mostraremos a continuación queda reflejada la cotidianidad del barrio: Por aquí no tenemos carro de basura ni árboles en las esquinas ni lámparas en la frente de las casas no hay nomenclatura, no hay agua la sed hace de las suyas cuando recibe un beso porque por aquí nos reunimos en las esquinas fumamos mariguana canción traje oscuro niño sin cabeza disparo en la esquina baja como un cohete se detiene la respiración cuando se carcajea la noche desnudándose cuando amanece trastabillea el corazón Este poema se llama De la ausencia del descanso y demuestra toda su fuerza, su originalidad. El 26 de febrero del 2019, con la misma discreción con la que vivió, murió de un infarto en Medellín Helí Ramírez. Tenía 71 años. Pasó y quedaron sus versos.
- “¿Quién manda en Buenaventura?”
Por: Ghina Castrillón Torres. Politóloga feminista. Ayer se llevó a cabo el conversatorio "Los medios locales en la ruta de la paz", donde se discutió abiertamente la crisis de seguridad en Buenaventura. Durante el encuentro, el periodista Elver Rengifo, director de Voces del Pacífico, preguntó: "¿Quién manda en Buenaventura?" los más demagogos, respondieron que manda dios o la comunidad, pero Monseñor Rubén Darío Jaramillo, sin dudarlo y con una fuerte dosis de realidad, dijo que quienes mandan son las “fuerzas oscuras". Pensar en cuáles son las “fuerzas oscuras” que mandan en Buenaventura, me hace reflexionar en el contraste que implica la respuesta de la alcaldesa Ligia del Carmen Córdoba, quien, desde hace unas semanas, ha intentado desviar la atención diciendo públicamente que las denuncias por el incremento de la violencia corresponde a una “campaña de desprestigio” en su contra, con un claro intento por ocultar la realidad que viven cientos de familias, siendo profundamente negligente evadiendo un problema central que afecta a la población. Esto ocurre en medio de la creciente incertidumbre que vive Buenaventura, que profundiza los desafíos que enfrenta la ciudad en materia de seguridad. Los homicidios, balaceras y desapariciones tienen confinadas a comunidades rurales y urbanas, se habla de “barrios fantasmas” donde no se encuentra transporte público después de las siete de la noche, el comercio en los barrios cierra sus puertas al caer la tarde, las calles quedan desoladas desde que empieza la noche y son los grupos armados los que controlan la movilidad, la economía y hasta las fiestas. La Defensoría del Pueblo, en múltiples informes, ha advertido sobre la compleja situación de seguridad en Buenaventura, donde los enfrentamientos armados han transformado las calles en escenarios de terror, con algunos momentos de tensa calma por la tregua en zona urbana desde el 2022. Los reportes de la entidad muestran un deterioro notable en la calidad de vida de los y las habitantes y la falta de una respuesta adecuada por parte del gobierno local no solo pone en riesgo la integridad de las personas, sino que también ratifica la percepción que tiene la ciudadanía, y que bien lo plantea monseñor, sobre las “fuerzas oscuras” que mandan en Buenaventura. A esto se le suma el temor y la incertidumbre por la posibilidad de una ruptura total de la mesa de diálogo sociojurídico entre los Shottas y los Espartanos. Por esto, es de reconocer y valorar enormemente iniciativas como el conversatorio realizado por los líderes periodistas de Buenaventura, dado que están promoviendo de manera excepcional la discusión sobre temas de ciudad. Pero, si bien la situación actual exige un compromiso colectivo donde ciudadanía, medios de comunicación y organizaciones sociales y que insistamos en respuestas efectivas, es clave recordar que la seguridad de Buenaventura no puede depender de la suerte y, en la lucha por una Buenaventura segura, las autoridades locales, encabezadas por la alcaldesa, tienen la obligación de implementar mecanismos efectivos de atención y acompañamiento a la ciudadanía. La alcaldesa debe demostrar que son las instituciones legales las que mandan en Buenaventura y no las fuerzas oscuras. Para lograr esto, es muy importante que empiece reconociendo las situaciones de violencia y no las minimice. Mediante acciones concretas, ella puede enviar un mensaje claro de que el poder reside en la legalidad y no en la intimidación y el crimen. Yo mejor le hago la pregunta a la alcaldesa: Ligia del Carmen, cuéntenos ¿Quién manda en Buenaventura?". Porque cuando se les plantea la pregunta a las gentes, la respuesta común es un secreto a voces, todo mundo sabe, pero nadie se atreve a decirlo. Por esto cierro como cerró Elver el conversatorio: “gracias por sus respuestas sinceras monseñor”, pero también gracias a este grupo de periodistas porque, a pesar de los riesgos que esto representa, movilizaron una discusión que no está terminada en Buenaventura.
- La toma de la embajada de la República Dominicana o como el M-19 se convirtió en un show televisivo
Por: Iván Gallo - Editor de Contenido El 7 de agosto del 2022 fue un día histórico. Por primera vez un hombre que perteneció a una organización guerrillera se posesionaba como presidente de la República. María José, la hija mayor del comandante Carlos Pizarro, le ponía la banda tricolor a Gustavo Petro Urrego. El M-19 había logrado su objetivo por medio de las urnas. Si, esto puede ser una exageración. Habían pasado 32 años desde su desmovilización y Petro hizo una carrera política muy solida bajo las banderas del Polo y luego con la Colombia Humana. Pero es inevitable no pensarlo así. El sueño de Jaime Bateman se había hecho realidad. A diferencia de otras guerrillas de origen campesino, como son las FARC, o de origen rural y estudiantil como el ELN, el ELN surgió de un descontento que tuvo su epicentro en las ciudades: el 19 de abril de 1970 al general Rojas Pinilla, quien intentó llegar a la presidencia usando la vía democrática, le robaron las elecciones. La ANAPO se llamaba su partido y fruto de esa inconformidad jóvenes como Jaime Bateman o Alvaro Fayad, decidieron crear su propio grupo. El M-19 empezó a promocionarse a través de los anuncios clasificados de El Tiempo, lanzó su propuesta con una acción que parecía más una performance artística: el robo de la espada de Bolívar. Luego se robaron las armas del Cantón Norte el 31 de diciembre de 1978 y desataron sobre ellos la ira santa del entonces presidente Julio César Turbay quien hizo cumplir su temible y represivo Estatuto de Seguridad. Las caballerizas de la policía se llenaron de personas que eran sistemáticamente torturadas. Mientras la imágen de la Fuerza Pública, se enlodaba, el M-19 sacaba partido de su sentido estratégico en las comunicaciones y de su intuición en la propaganda. Por eso su tercer gran golpe es aún 45 años después de lo ocurrido, de temas de debates, argumentos de películas, documentales y libros. Sobre el mediodía del 27 de febrero de 1980 la embajada de la República Dominicana estaba en medio de una fiesta. Se había invitado a diplomáticos de diferentes países porque ese es el día de la fiesta nacional. Entonces Rosemberg Pabón, miembro del M-19 y conocido con el alias de “Comandante Uno” se había camuflado entre los invitados, no lo registraron y por eso sacó una nueve milímetros de su pantalón y disparó al techo. Pabón era la cabeza de los 15 guerrilleros que se tomaron la embajada. Los minutos iniciales eran de terror. Los guerrilleros amenazaron con matar a un rehén cada diez minutos si el gobierno de Turbay no les cumplía las siguientes exigencias: liberar a 300 prisioneros políticos, y un pago de 5 millones de dólares por parte del gobierno como reparación por los daños causados por la represión. La portavoz del M-19 con el gobierno era una mujer llamada Carmenza Cardona Londoño, mejor conocida como La Chiqui. Los mayores de sesenta años aún recuerdan el remoquete. Durante dos meses, hasta el 28 de abril de 1980, La Chiqui salió en todos los noticieros. El M-19 supo venderle a los medios esa toma como una especie de reality dos décadas antes de que este formato televisivo se inventara. Fue un capítulo más de sus happening. Por demostraciones de fuerza y poder como estas el M-19 empezó siendo una obsesión para los jóvenes en las universidades que idealizaron lo que tampoco no dejaba de ser un grupo de fanáticos capaces de empuñar un arma para desafiar un estado. Las negociaciones, que en un principio iban a durar una semana, se alargaron hasta el 28 de abril. Ese día partieron a Cuba con los diplomáticos secuestrados. Allí cumplieron su palabras y los soltaron. El M-19 no pudo convencer al gobierno Turbay de sus exigencias: recibieron 3 millones de dólares y no lograron que los 300 presos políticos recuperaran su libertad. Lo que si consiguieron fue un “posicionamiento de marca”. El M-19 se hizo famoso en todo el continente y encarnaba los ideales románticos que alguna vez despertaban las organizaciones de extrema izquierda. Ese romanticismo sufriría un golpe muy profundo después de la demencial operación donde se tomaron el Palacio de Justicia. Pero eso es otra historia.
- Jesús María Valle, el líder que mataron y cuyas súplicas no escuchó Alvaro Uribe Vélez
Por: Redacción Pares El pasado jueves 27 de febrero se cumplieron 27 años del asesinato del líder social Jesús María Valle. Se dio mientras Alvaro Uribe Vélez era gobernador de Antioquia. En reiteradsa ocasiones Valle le advirtió al entonces gobernador el peligro que corría su vida. Nadie lo escuchó. Al contrario, la calumnia y la mentira lo persiguieron hasta que el cerco se estrechó. Dos días antes de que fuera asesinado este abogado nacido en La Granja cumpliría 55 años. Lo mataron el 27 de febrero de 1998 en su oficina, al lado de su hermana Nelly y su colega Carlos Fernando Jaramillo. Los últimos días habían sido muy duros para él. Un año antes de que los paramilitares y las fuerzas oscuras del Estado lo mataran, el 25 de agosto de 1997, durante la conmemoración de los diez años del asesinato de Héctor Abad Gómez, dijo un discurso que terminó siendo su sentencia de muerte: “Paramilitares y las Convivir se confunden en los uniformes, en las sedes, en los vehículos que utilizan”. En ese momento era el presidente del Comité por la Defensa de los Derechos Humanos en Antioquia, un oficio de alto riesgo. En ese momento la arremetida paramilitar en Ituango era absoluta, brutal. Jesús María, cada vez podía, le advertía que los paramilitares planeaban una incursión armada contra La Granja. Históricamente allí se habían movido los frentes 5,36 y 18 de las FARC y los hombres de las AUC metían en un mismo saco a población civil y guerrilla. Todos eran culpables, todos tendrían que pagar. La incursión podría ocurrir en cualquier momento. En febrero de 1996 Valle le advirtió al entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, que estaban documentados los acuerdos entre paras y Fuerza Pública para entrar con todo en la Granja. Uribe no sólo se hincó de hombres ante la advertencia de Valle sino que lo llamó públicamente un especialista en criticar a las Fuerzas Armadas. El 11 de junio de 1996 30 integrantes de las Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá mataron a cinco personas del corregimiento de La Granja, municipio de Ituango, Antioquia. Según el relato del portal Rutas del Conflicto, la acción armada se dio de esta forma: “Los paramilitares recorrieron el casco urbano del caserío, cerraron los establecimientos, sacaron a los habitantes a las calles, los acusaron de ser supuestos auxiliadores de la guerrilla y los torturaron y asesinaron delante de sus vecinos y familiares”. Después de los hechos la Fiscalía investigó y descubrió que todos los asesinados no tenían nada que ver con las FARC. A finales de 1996 le volvió a advertir al gobernador de Antioquia sobre otra masacre que se perpetraría, esta vez en el Aro. No lo escuchó y la masacre ocurrió. El 22 de octubre de 1997 el Bloque Mineros de las AUC asesinaron a 17 campesinos en la vereda de el Aro. Un paramilitar llamado Francisco Villalba, quien después fue asesinado, acusó directamente a Uribe como autor intelectual de la masacre. Mancuso dijo, en versión dada desde una celda en los Estados Unidos en el 2008, que Carlos Castaño se había reunido previamente con Pedro Juan Moreno -mano derecha de Uribe en la gobernación- para contarle los detalles de la masacre. Incluso se habló en su momento que dos helicópteros de la gobernación se habrían prestado para apoyar a los paras. Esto nunca pudo ser confirmado. Mancuso en sus primeras declaraciones ante la justicia incriminó también en la masacre al general del ejército Alfonso Manosalva. Ante los dos avisos al gobernador sobre las masacres una investigadora norteamericana llamada María McFarland, llamó a Jesús María Valle “El Profeta” en su libro There Are No Dead Here: A Story of Murder and Denial in Colombia. En su intervención durante el homenaje a Abad Gómez, Jesús María mostró que no le temblaba la voz ante ningún poder y señaló directamente al gobernador de Antioquia: "Yo siempre vi y así lo reflexioné que había como un acuerdo tácito o como un ostensible comportamiento omisivo, hábilmente urdido entre el comandante de la IV Brigada, el comandante de la Policía de Antioquia, el Gobernador Álvaro Uribe Vélez, el doctor Pedro Juan Moreno y Carlos Castaño. Todo el poder de los grupos de autodefensa se ha consolidado por el apoyo que ese grupo ha tenido con personas vinculadas al gobierno, al estamento castrense, al estamento policivo y a prestantes ganaderos y banqueros del departamento de Antioquia y del país”. Tenía los días contados. Jesús María empezó a denunciar no sólo a la gobernación sino a la Fuerza Pública por el evidente desgano con el que actuaba ante las masacres y los atropellos. La Cuarta Brigada del Ejército, con sede en Ituango, permanecía de brazos cruzados. En otra de sus denuncias volvió a irse contra Uribe y su desgano a la hora de actuar “Por ello yo considero que el gobernador de Antioquia (Álvaro Uribe Vélez) ha incurrido en un comportamiento omisivo, y lo mismo el doctor Pedro Juan Moreno, en un comportamiento omisivo que raya en lo delictual”. Quería demandar a Uribe ante la Corte Suprema pero, en esa pelea, se ganó a enemigos poderosos como la Federación de Ganaderos de Antioquia, Fadegan, quienes vivían agradecidos con el gobernador porque gracias a las Convivir se habían quitado de encima, según ellos, la presión de las guerrillas. Lo cierto es que en 1997 fueron asesinadas 150 personas en Antioquia. El cerco se fue cerrando sobre Jesús María Valle hasta que un sicario de la banda La Terraza, siguiendo órdenes de Carlos Castaño, lo asesinó tres días antes de su cumpleaños. El Estado en el 2018 declaró el Crimen de “Lesa humanidad” sin embargo la impunidad sobre este crimen impera. Las declaraciones de Mancuso en la JEP podrían revivir este caso en donde hay evidencia de que Álvaro Uribe pudo, en su potestad como gobernador, escuchar a un hombre que tenía información, documentos y pruebas que podrían haber evitado dos de las más terribles masacres paramilitares en Antioquia.
- La investigación de Iván Cepeda que señaló a la finca de los Uribe Vélez como cuna de grupo paramilitar
Por: Redacción Pares El pasado 27 de febrero fue otro día clave en el juicio que se le sigue a Alvaro Uribe por presunta manipulación de testigos. Juan Guillermo Monsalve, testigo estrella, compareció y contó el verdadero suplicio que le ha constituido testificar contra este personaje. En su declaración volvió a señalar que efectivamente las Guacharacas, la mítica finca de la familia Uribe Vélez, fue cuna del Bloque Metro de las AUC. Afirmó que él, cuando regresó a esa hacienda, ya se había formado un grupo de hasta cincuenta personas armadas que habían llegado desde Urabá. Iván Cepeda hace dos décadas, cuando Alvaro Uribe era presidente y tenía más del 70% de la favorabilidad, tuvo la valentía de hacer una investigación en donde señalaba que la hacienda de Las Guacharacas fue la cuna del Bloque Metro. La investigación se realizó gracias al testimonio de dos paramilitares que estaban ya pagando sus condenas, se trata de Pablo Hernán Sierra García, alias Alberto Guerrero, ex comandante del Bloque Cacique Pipintá, quien estaba recluido en la cárcel de Itagui cuando conoció al hoy senador y Juan Guillermo Monsalve, alias Guacharaco, quien estaba preso en la cárcel de Cómbita. Debido a las graves acusaciones que en su momento hicieron, en donde señalaban que los hermanos Alvaro y Santiago Uribe Vélez, junto al ganadero Santiago Gallón -quien fue condenado por narcotráfico y por haber ordenado el asesinato del futbolista Andrés Escobar- crearon el Bloque Metro de las AUC en el municipio de San Roque en Antioquia, Iván Cepeda grabó los testimonios y los remitió directamente a la Fiscalía. Esto generaría en Uribe la determinación de hacerle cambiar la versión a los testigos y demandar a Cepeda quien, como un boomerang, le devolvió la acusación. Ese supuesto intento de hacer cambiar la versión es lo que generó el juicio que hoy se le lleva a Uribe Vélez. Según el exparamilitar Sierra el grupo paramilitar se habría creado supuestamente para combatir el bloque Bernardo López Arroyabe del ELN que operaba en esa zona. Pero desde ahí se habría perpetrado dos masacres. La victoria de Uribe en las elecciones a gobernador en 1995 fueron vitales para lograr consolidar la creación de las CONVIVIR, cooperativas de vigilancia privada que ayudaron a fortalecer el paramilitarismo. El testimonio de Monsalve es todavía más completo y profundo. Inspiró un gran libro periodistico llamado Los doce apóstoles de Olga Behar. Es que Monsalve, hijo del capataz de la finca, trabajó en las Guacharacas y escuchó la rabia contenida de los hermanos después de que un supuesto ataque de las FARC asesinara al patriarca Alberto Uribe Sierra. Las Farc han desmentido su participación en ese atentado. Monsalve afirmó que desde Las Guacharacas se emitieron ordenes para asesinar a carniceros que le compraban el ganado robado por el frente del ELN que operaba en la zona a los grandes hacendados. Que, junto con Luis Alberto Villegas, los Uribe conformaron un cartel de la gasolina y que, durante los años en los que Alvaro Uribe fue gobernador, lograron conformar sus lazos con el narcotráfico desde Las Guacharacas. Cepeda lanzó en el 2008 un libro llamado “A las puertas del Ubérrimo” que se convirtió en un éxito de ventas por sus revelaciones. Uribe ha negado, en este juicio y en casi veinte años, esta versión del senador Cepeda. La siempre renqueante justicia colombiana tendrá la última palabra.
- “La teoría de la defensa de Uribe es la expresión más acabada de negacionismo de crímenes de lesa humanidad” Iván Cepeda
Por: Redacción Pares El testigo clave en el juicio que se le sigue por manipulación de testigos a Alvaro Uribe, el ex paramilitar Juan Guillermo Monsalve, compareció este 27 de febrero y dio su declaración. Aseguró que el Bloque Metro de las Autodefensas Unidas de Colombia nació en las Guacharacas, finca propiedad de la familia Uribe Vélez, donde en un misterioso ataque -que durante años fue atribuido a las FARC- fue asesinado Alberto Uribe Sierra, padre del expresidente. Monsalve, quien pasó en esa hacienda su niñez, ya que era el hijo del capataz, contó que regresó en 1996 a la hacienda, justo cuando era gobernador Alvaro Uribe Vélez y allí encontró a “30 personas de Urabá” que habían conformado un grupo de seguridad. “Llevaban brazaletes, estaban organizados, no eran vigilantes” dijo durante el juicio. Uribe y su defensa han negado esto una y otra vez y han intentado descalificar a Monsalve como testigo. Tanto él como su ex esposa, Deyanira Gómez, afirmaron que la vida cambió desde que decidideron testificar contra Uribe, ya que, desde ese momento, “Hubo una cacería en mi contra”. Ante estas revelaciones la estrategia de la defensa del expresidente sigue siendo la misma: Negarlo todo hasta la saciedad. Ya hemos expresado desde esta página la preocupación que asalta a tantos colombianos sobre la táctica de demorar lo más que se pueda el juicio hasta que este prescriba. Sobre esto trinó Iván Cepeda. El senador fue una de las voces que se dejó escuchar esta semana. Rindió su declaración el pasado martes de manera presencial mientras que su contraparte, Alvaro Uribe, lo hizo de manera virtual. Después de escuchar el alegato y los argumentos del abogado Jaime Granados esto dijo Cepeda sobre la estrategia de la defensa del expresidente: “Ahora la teoría de la defensa de Uribe por sus copartidarios del Centro Democrático es la siguiente: la hacienda Guacharacas no existió, tampoco el Bloque Metro, los Monsalve nunca trabajaron para los Uribe, estos no conocieron a los Gallón Henao ni a los Villegas Uribe. Esta es la expresión más acabada de negacionismo de crímenes de lesa humanidad. Esto funcionó para la impunidad de su jefe en el pasado. Pero ya hoy es imposible”. En su comparecencia Monsale desmintió los rumores de que había sido asaltado por guardias del Inpec dentro de su celda y había sido golpeado, versión que dejó circular el abogado Miguel Angel del Río. En un documento suministrado por el INPEC se lee esta declaración de Monsalve: El día de hoy hubo un operativo como a las 8:30 a. m. Escucho que golpean la puerta y, al momento que voy a abrir, la empujaron reventando la chapa y me pega en la mano. El cabo Peña, a los 5 minutos ingresa el resto de funcionarios y hacen el operativo, como revolcaron la habitación, yo no encontraba los medicamentos que me tengo que tomar a las 9:00 a. m., pero al arreglar la habitación, los encontré”. Hay que recordar que Uribe está acusado de tres delitos: soborno, fraude procesal y soborno en actuación penal. Tal y como lo explica la Silla Vacía: ”A Uribe lo investigan en calidad de “determinador”, es decir, lo que se tiene que definir es si él instigó a otros a cometer esos delitos con el propósito de beneficiarse y engañar a la justicia”. El juicio continuará a pesar de que la defensa pretenda enlodar con tutelas la continuidad del mismo. Si antes del 8 de octubre del 2025 no se tiene un fallo el juicio prescribirá.
- Morir sin sufrimiento: la gran lección que Tatiana Andia le dejó a Colombia
Por: Redacción Pares Durante dos meses un dolor de espalda atormentaba a la profesora de los andes Tatiana Andia. Creía que, a sus 43 años, sería una más de las docentes con algún tipo de hernia, sufrimiento inevitable, gajes del oficio. Cada año, con un grupo de amigos, hacían caminatas por el continente. Esa vez el destino era Brasil. Pero el dolor era tan intenso que decidió ir al médico. Su mundo, entonces, se rompió en mil pedazos. Tenía un cáncer de pulmón que fue dictaminado por los especialistas como incurable. Ante el diagnóstico Tatiana lanzó una débil inquietud “Tiene que ser entonces un cáncer muy agresivo, porque el dolor me arrancó hace apenas dos meses” Y la doctora que la vio dijo que si y que lo peor es que el tumor estaba entre la vena cava y el esófago y que si el tumor empezaba a irrigar líquido ella moriría ahogada. Todos sabemos que vamos a morir, la angustia es que nos digan cuando, que nos marquen una fecha en el calendario. Le explicaron como sería el tratamiento para alargar su vida. Intentó sumergirse en los laberintos burocráticos de la salud en Colombia. La pesadilla de la tramitología, vio el reloj y comprendió que las horas le quedaban contadas así que con la energía que le quedaba eligió vivir. Tenía dos opciones, o le dedicaba cada atómo suyo al tratamiento o disfrutaba hasta que el rigor de la enfermedad lo permitiera. Eligió esto último.
- En Yopal entró en funcionamiento la primera termoeléctrica que funciona con biomasa
Por: Daniela Bernier Pacheco Fuente: Forbes Colombia El Grupo Diana puso en marcha su proyecto de autogeneración de energía renovable a partir de biomasa, teniendo como fuente de la misma la cascarilla de arroz de su Planta de Producción de Arroz en Yopal, Casanare. Surge entonces la pregunta: ¿qué es la biomasa? Existen diferentes fuentes de energía renovable, dentro de las cuales se encuentra la biomasa; este tipo de fuente usa los desechos orgánicos, en este caso se usa la cascarilla de arroz que, mediante la tecnología de tratamiento térmico, es decir, la termoeléctrica, produce la energía. Este proyecto es una muestra de que se puede generar energía a partir de elementos como la cascarilla de arroz comúnmente usada para abono, abriéndole puertas a la revolución de la agroindustria colombiana que contribuya a la disminución del CO2 y a la sostenibilidad de los proyectos de generación, impulsándose la economía circular a partir del aprovechamiento de desechos como materia prima. La planta industrial puede autogenerar el 100% de su consumo energético e inyectar excedentes a la red local, contribuyendo a la diversificación de la matriz energética y al desarrollo sostenible del territorio. Esta termoeléctrica de quinta generación posee una capacidad instalada de 7,1 megavatios, siendo la más moderna del territorio nacional respecto a la utilización de la biomasa, además de que se encargará de eliminar más de 18.000 toneladas de CO2 al año. Con la puesta en marcha de este proyecto se contribuye al desarrollo socioeconómico de la región debido a los más de 1.200 empleos durante sus tres años de construcción, aportando al desarrollo sostenible y a la Transición Energética del país. Respecto a esto, el CEO del Grupo Diana, Andrés Murra, expresó: “Este es un logro de gran impacto para el Casanare, sus agricultores y su agroindustria. Con esta termoeléctrica, seguimos apostando por el crecimiento sostenible de la región y del país, y la transición hacia energías limpias. Este proyecto es el resultado de un gran trabajo en equipo de centenares de personas con quienes hoy debo compartir el crédito”. Los proyectos de generación de energía a través de la biomasa son una buena opción para trabajar de manera combinada con otras tecnologías como la solar, permitiendo compensar en los momentos en los que no haya radiación solar. Se espera que se continúen ejecutando este tipo de proyectos para el desarrollo local, regional y nacional.












