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- Rosa Villavicencio la nueva canciller encargada
Por: Juan Manuel Velandia, investigador de la línea de Democracia y Gobernabilidad Rosa Villavicencio quien, por solo un mes, ocupó el cargo como vicecanciller de Relaciones exteriores, será la nueva canciller (e) tras la renuncia de Laura Sarabia como canciller de Colombia el pasado 3 de julio. Villavicencio asumirá la responsabilidad de liderar las relaciones exteriores del país en un momento complejo para la cartera, especialmente porque se encuentra marcada por los líos jurídicos y contractuales en torno a la licitación por la impresión de los pasaportes, así como también de apaciguar y lograr mantener las relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos que en este momento se encuentran de la mejor manera. ¿Quién es Rosa Villavicencio? Cuenta con doble nacionalidad (colombiana y española), es economista de la Universidad Cooperativa de Colombia, cuenta con una especialización en Cooperación Internacional para el Desarrollo de la Universidad Complutense de Madrid y con una maestría en Migración y Relaciones Intercomunitarias. Su trayectoria profesional se ha caracterizado por su trabajo en favor de los migrantes y la defensa de los derechos humanos, en su pasado, fungió como diputada de la Asamblea de Madrid durante la VIII Legislatura por el Grupo Socialista, en esa corporación se desempeñó como vicepresidenta de la Comisión de Educación, portavoz adjunta en la Comisión de Inmigración y vocal en la Comisión de Mujer. Asimismo, fue coordinadora de “Colombia Nos Une”, programa de la Cancillería que se dedica a impulsar acciones claves que conecten a los colombianos que se encuentran en el exterior. Es importante resaltar que, según La W Radio, Villavicencio fue clave para el triunfo de Gustavo Petro en España, quien logró alrededor de 26.000 votos, ya que era la persona encargada de organizar los encuentros sociales con las asociaciones de colombianos en ese país. Por otro lado, el medio también mencionó que existen denuncias en los Consulados de Valencia y Barcelona en contra de la actual canciller encargada, por presuntos malos manejos de dinero mientras se desempeñaba como coordinadora de “Colombia Nos Une”. Según las acusaciones, el presupuesto del programa, presuntamente, era destinado a personas cercanas a ella y adeptos de Gustavo Petro en campaña. En mayo de 2025, a través del decreto 581, fue nombrada vicecanciller de Relaciones Exteriores, en reemplazo de Daniel Ávila. Su designación, en primer lugar, como vicecanciller de Relaciones Exteriores y ahora como canciller (e) ha estado rodeado de cuestionamientos, si bien Villavicencio posee una amplia trayectoria en temas claves como la defensa de los derechos de los migrantes, no cuenta con una carrera diplomática que respalde su nombramiento para ocupar estos cargos. Rosa Villavicencio asume el cargo, de una vez, con múltiples retos que tendrá que sobrellevar durante su rol como canciller encargada. 1. Uno de los principales retos que tendrá en su camino, será el lío contractual por la licitación para la elaboración e impresión de los pasaportes, una disputa que le ha costado el cargo a los tres anteriores cancilleres (Álvaro Leyva, Luis Gilberto Murillo y Laura Sarabia) y que parece no tener una solución efectiva y rápida, ya que ahora, el tema queda en cabeza del ahora jefe de despacho de Gustavo Petro, Alfredo Saade. En medio de este escenario, y pocas horas después de ser nombrada canciller encargada, Villavicencio participó en su primera mesa técnica con representantes de la embajada de Portugal, la representante general de la Imprenta Nacional y Alfredo Saade como portavoz principal para abordar este tema. ( https://x.com/infopresidencia/status/1942623770952323256 ) 2. Contar con las bases e idoneidad necesaria para afrontar los desafíos existentes que hay en materia de política exterior será fundamental para Villavicencio ya que otro de los retos, con carácter de urgencia que tendrá que asumir es la contribución para la estabilización de las complejas relaciones bilaterales con Estados Unidos. Como nueva canciller encargada, tendrá que convertirse en ese “polo a tierra” del presidente Gustavo Petro, para la toma de decisiones en materia de relaciones internacionales. Un rol que sin duda alguna Laura Sarabia lograba asumir con eficacia. 3. Liderar, como primer encargo por parte del ejecutivo, la conferencia internacional sobre Gaza, que se llevará a cabo en Bogotá el 15 de julio del presente año. El evento, gestionado por el presidente Gustavo Petro y Sudáfrica, con el apoyo del Grupo de La Haya, busca impulsar acciones claras que garanticen la protección del derecho internacional frente al genocidio cometido en Gaza por parte de Israel. El evento que fue anunciado mediante una columna publicada en el periódico “The Guardian” , en la que el mandatario responsabilizó directamente a Benjamín Netanyahu por la “devastación en Gaza, la escalada del conflicto regional", además de denunciar “un abandono imprudente del derecho internacional", allí anunció, como medida, la conferencia que busca “deliberar sobre una defensa multilateral del derecho internacional".
- Contaminación, despojo y violencia: El precio ambiental y humano del extractivismo en Venezuela
Por: Redacción Pares Si existe una organización que sigue denunciando sistemáticamente los atropellos constantes del gobierno de Nicolás Maduro es Provea . En el próximo informe publicado por el Observatorio para la Defensa de la Vida (ODEVIDA) de la Fundación Paz y Reconciliación esta organización de la sociedad civil hace una denuncia sobre la doble moral del régimen con el cuidado del medio ambiente y la protección de los pueblos originarios. Desde los discursos de Chávez la llamada República bolivariana de Venezuela ha señalado los excesos del capitalismo que han llevado inevitablemente a perder buena parte de la fauna y la flora del mundo en su afán de explotación. Lo que no sabíamos es que el socialismo venezolano está permitiendo cosas peores. En el informe titulado Venezuela: Una mezcla explosiva entre la deficiente política de control ambiental y la expansión de la minería en territorios indígenas se muestra como se ha destruido en unos pocos años el Arco minero del Orinoco, como la poca pericia a la hora de manejar la infraestructura petrolera ha provocado continuos derrames de petróleo en el lago de Maracaibo y, lo más grave, como se ha venido persiguiendo a los pueblos indígenas de Venezuela que están en la zona de explotación de recursos naturales. En este informe se hace además otra denuncia en paralelo, por culpa de la explotación indiscriminada de los recursos naturales el acceso al agua potable viene siendo cada vez mas crítico. Un dato dentro del informe pone al descubierto las dimensiones del problema: El 85 % de los encuestados por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice) destaca que el agua que llega a sus casas está cada vez más fétida y sucia que los meses anteriores resaltando que se han incrementado las enfermedades estomacales como consecuencia de la mala calidad el agua. Pero el caso más dramático es el de los pueblos indígenas que están en la zona de influencia del Arco minero del Orinoco y el estado Amazonas, en el informe se hace la siguiente denuncia en donde los datos tienen más fuerza que los mismos adjetivos: “La devastación provocada por la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco, implementada por decreto presidencial 2.248 desde el 24.02.16, que incluye trabajo forzado, prostitución, contaminación, violencia generalizada, trata y tráfico de personas, reclutamiento forzado de menores, militarización de los territorios, asesinato y criminalización a defensores de la naturaleza, por parte de las gobernanzas híbridas criminales, no solo está haciendo desaparecer los territorios ancestrales de los pueblos indígenas, sino su manera de entender y vivir el mundo, sus lugares sagrados, su idioma y su cosmovisión.” Ya la devastación minera ha llegado al amazonas venezolano afectando la fauna, flora y la seguridad que han tenido por siglos los pueblos originarios. Además, estados como Bolívar y Amazonas se han convertido en un refugio para grupos armados como el ELN. La aparición de esta guerrilla y de mineros ilegales han obligado al desplazamiento entero de comunidades indígenas como la Piaora ubicada en San Juan de Puruname, En el municipio Manapiare (Amazonas), los indígenas Ye’kuana del Alto Ventuari desalojaron a mineros ilegales que estaban extrayendo oro en la zona del Alto Parú, cerca del Salto Bocón. La acción, que incluyó la destrucción de cinco máquinas utilizadas para la minería, se ejecutó entre el 20 y el 21 de enero, en colaboración con las organizaciones Kuyunu, Unión Maquiritare de Alto Ventuari (UMAV) y otras asociaciones comunitarias. Cualquier acción que lleve a desaparecer pueblos originarios tal y como está ocurriendo en Venezuela es una acción genocida. El gobierno venezolano ha permitido que mineros ilegales y que el propio ELN permanezcan en sus zonas de influencias llevados por el afán de obtener riqueza, con la misma ambición y violencia que alguna vez tuvieron los primeros españoles que llegaron a esta tierra. Para obtener más información espere nuestro informe completo que saldrá este viernes.
- Uribe lo niega todo, dice ser inocente y pide ser absuelto. Se acerca el final del juicio
Por: Redacción Pares Durante siete años Álvaro Uribe ha enfrentado un juicio que ha sido pobremente cubierto. La indiferencia de los medios no merma la importancia histórica que ha tenido este juicio: es la primera vez que un expresidente colombiano es sometido a un juicio. El pasado lunes, 7 de julio, el líder del Centro Democrático compareció por última vez ante la juez Sandra Liliana Heredia, y pidió ser absuelto, ya que no reconoce culpa alguna. Por el contrario, sostiene que es víctima de un complot perpetrado por el exparamilitar Juan Guillermo Monsalve. Tampoco se quedó callado con respecto a la responsabilidad que podría tener Iván Cepeda de afectar su reputación para beneficio propio. Hay que recordar que, siendo senador, en el año 2014, después de que Iván Cepeda lo acusara en el congreso de ser creador del Bloque Metro, usando los testimonios de Pablo Hernán Sierra, alias Pipintá y de Juan Guillermo Monsalve, Uribe demandó ante la Corte Suprema a Cepeda por manipulación de testigos. Como un boomerang, la acusación se le devolvió. En 2018, la Corte señaló a Uribe como el hombre que, a través de su abogado Diego Cadena, sería quien intentó manipular a los testigos para que cambiaran su versión. Desde entonces, el expresidente incluso ha sido detenido por este presunto delito. Este 7 de julio se presentó ante la juez Sandra Liliana Heredia y le pidió que lo “absolviera”, ya que todo se trató de una trampa para vincularlo a él y a su hermano Santiago en la creación de un grupo paramilitar. En su declaración, Uribe dijo frases como esta “¿Cómo engañó, engatusó al doctor Cadena, que iba a decir la verdad? ¿Con qué terminaron? Diciéndole: ‘La carta está lista, vamos a decir la verdad’. Y diciendo la señora (Deyanira Gómez): ‘Pero me tiene que garantizar que mi marido va a salir libre’. ¡Por Dios! ¿Cómo pide esa señora, que es una profesional, que un marido condenado por secuestro y esos delitos, alguien le pudiera garantizar que iba a salir libre? Eso muestra el ánimo de la trampa”. Iván Cepeda, quien en los últimos días ha sentido el calor de la gente a través de redes sociales, en una campaña de apoyo absoluto a su versión y su lucha por la verdad, volvió a ser objeto de sus señalamientos: “Basta mirar la fecha del inhibitorio al senador Cepeda y de las compulsas a mi persona, ese 16 de febrero de 2018, pocos días antes de la elección al Congreso. Esto demuestra que no es correcto lo que me asigna la señora fiscal. Al contrario, el senador Cepeda hizo sus campañas a Cámara y Senado afectando mi reputación. Me vinculó con el narcotráfico, con Pablo Escobar (...) La campaña del Senado del senador Cepeda fue una campaña de descrédito a mi persona y de anuncio de un debate”. El tiempo para que el juicio prescriba se acorta. Igual, el interés de Uribe es poder demostrar su inocencia y no atenerse a que se rompan los plazos. Este martes, 8 de julio, el expresidente dará su último descargo ante la juez Sandra Liliana Heredia.
- La hecatombe ambiental que está generando el gobierno Maduro en Venezuela
Por: ODEVIDA El informe elaborado por ODEVIDA y PROVEA documenta la profunda crisis ambiental y humanitaria que vive Venezuela, agudizada por la expansión de la minería legal e ilegal, especialmente en territorios indígenas. Esta situación ha generado una grave degradación ecológica, vulneración de derechos colectivos y debilitamiento institucional del Estado, que ha incumplido sus obligaciones internacionales en materia ambiental y de protección a los pueblos originarios. Entre los principales problemas ambientales se destacan la contaminación severa del Lago de Maracaibo, los derrames petroleros, la deforestación indiscriminada y la crisis del agua potable. A pesar de la magnitud de estos problemas, el Estado venezolano carece de un plan nacional efectivo para el manejo de residuos, la gestión de recursos hídricos y la mitigación de los efectos del cambio climático. El deterioro ambiental impacta directamente la salud, economía y vida cotidiana de millones de personas. El informe también denuncia violaciones sistemáticas a los derechos de los pueblos indígenas, quienes sufren desplazamientos forzados, destrucción de sitios sagrados, criminalización de sus líderes y aumento de enfermedades prevenibles. La minería ilegal avanza sobre territorios protegidos y parques nacionales, muchas veces con complicidad de sectores militares y grupos armados irregulares como el ELN, generando un escenario de etnocidio. A esto se suma una profunda precarización en las condiciones de vida de las comunidades indígenas: inseguridad alimentaria, falta de acceso a salud, agua potable y educación intercultural. Las enfermedades como la malaria, la desnutrición y el VIH han aumentado drásticamente, mientras que muchos niños deben abandonar la escuela para trabajar en minas o emigrar. La migración forzada y los conflictos intracomunitarios agravan aún más la situación. Finalmente, el informe plantea una serie de exigencias urgentes: paralizar el Arco Minero del Orinoco, garantizar la demarcación de territorios indígenas, implementar programas de salud y alimentación con pertinencia cultural, y detener el avance de la minería en territorios protegidos. Se trata de una alerta clara: Venezuela enfrenta no solo una crisis ambiental, sino un proceso activo de destrucción cultural y humana que requiere atención inmediata.
- Petro le extiende la mano a Trump: ¿Habrá reconciliación?
Por: Redacción Pares Desde los años de Ernesto Samper, un gobierno colombiano no vivía horas tan tensas como las que ha afrontado Petro después del 20 de enero de 2025, fecha en la que tomó posesión de su segundo mandato Donald Trump. Decisiones como el cierre de USAID, la suspensión de ayudas a Colombia y la deportación de miles de nacionales hicieron que surgiera la irritación contra Washington desde la Casa de Nariño. Lo último que terminó por desequilibrar esta relación fueron los audios que filtró el diario El País de España, en los que Álvaro Leyva, supuestamente, estaba conspirando para hacer un golpe de Estado contra Petro, nada menos que en la oficina del congresista republicano Mario Díaz-Balart. Además, la intención de Petro de que Colombia se sume a los Brics es suficiente motivo para que Trump le baje el pulgar al país, y se afirma que la determinación del presidente norteamericano será la de subirle a Colombia hasta un 10% de aranceles. En aras de que la relación no se termine de romper, Petro se acercó a su homólogo norteamericano a través de una carta. Según reveló La W Radio, este es uno de los apartes de la carta: “Deseo aclarar que cualquier expresión mía que haya sido interpretada como una acusación directa sobre la participación en un supuesto golpe de Estado en Colombia, no tenía la intención de señalar a nadie de manera personal ni de cuestionar sin fundamentos el papel de los Estados Unidos . Mi preocupación ha sido siempre advertir sobre dinámicas de desestabilización que afectan a nuestra región, muchas veces impulsadas desde espacios diversos y con intereses cruzados”. A pesar de las evidencias, Leyva negó cualquier participación en un supuesto golpe de Estado. Varias personalidades de la vida nacional, como Francia Márquez o Vicky Dávila, aparecieron también referenciadas en los audios. La carta continúa de la siguiente manera: “en ese contexto, reconozco que es posible que algunas de mis palabras hayan sido percibidas como innecesariamente duras. En aras del diálogo, quiero decir que mi intención no es cerrar puertas, sino abrir caminos para una conversación honesta y respetuosa entre nuestros países”. La diplomacia colombiana afronta momentos complicados después de que la canciller Laura Sarabia renunciara a su cargo, luego de denunciar un supuesto saboteo en la entrega de los pasaportes por parte del actual jefe de despacho Alfredo Saade. Es bastante improbable que Trump, quien se encuentra en una cruzada anti izquierdista y se ha convertido en el paladín de las causas pronorteamericanas, conteste de manera amistosa esta carta. Ya son varios los desencuentros que ambos presidentes han tenido y está claro que se encuentran en las antípodas ideológicas. La semana pasada, varios funcionarios del gobierno colombiano sufrieron de manera repentina la cancelación de sus visas a los Estados Unidos, lo que agravó aún más la crisis diplomática que viven ambos países. Al finalizar la carta, Petro le propone a Trump que Estados Unidos sea la sede de la próxima reunión de la CELAC. En las próximas horas, se espera una reacción por parte del presidente norteamericano. Esperemos que la carta sirva para atemperar los ánimos.
- Un padrastro desalmado: la otra tragedia que tuvieron que sufrir los hermanitos Mucutuy
Por: Redacción Pares El 18 de junio de 2025 los hermanos Mucutuy, dos años después del accidente que les partió la vida, regresaron a su casa. Lesly, Soleiny, Tien y Cristin vivieron un verdadero calvario. La avioneta en la que viajaban con su mamá se estrelló en medio de la selva. De manera milagrosa, se salvaron de morir en el accidente. Cuando apareció la aeronave, las autoridades echaron de menos los cuerpos de los niños. ¿Dónde estaban? ¿Se los habían llevado los animales salvajes? Poco a poco fueron encontrando huellas: un zapato, un biberón, un pañal, un bebé de juguete. El comandante de la operación de búsqueda fue Pedro Sánchez, el actual ministro de Defensa. Cuando quedaban pocas esperanzas, cuarenta días después del siniestro, los niños fueron hallados. El país no cabía de la felicidad. El ICBF fue puntilloso y señaló que los niños están bien en su casa y que no fue un regreso cualquiera: “Desde aquel momento que conmovió al país, el Bienestar Familiar puso en marcha todas sus capacidades humanas y técnicas para rodear a los menores con afecto, contención y atención especializada. Psicólogos, nutricionistas, trabajadores sociales y pedagogos trabajaron con sensibilidad y compromiso, respetando siempre su cultura, su voz y su identidad, para garantizar su recuperación física, emocional y espiritual”. Para la operación consultaron incluso a chamanes que hicieron a los rescatistas a tomar yajé. La que siempre supo que los niños aparecerían con vida, fue la abuela. Ella decía, estaba segura de que los niños se estaban escondiendo. Dos años después, ya tenemos la certeza de que los niños se escondían de su padrastro. Este lunes 7 de julio, en un juzgado en Florencia, Caquetá, fue condenado Manuel Ranoque, padre y padrastro de los niños, por cometer abuso sexual contra su hijastra. De acuerdo con la Fiscalía, “abusó sexualmente de su hijastra (de 13 años) desde 2020, en un resguardo indígena de Solano, Caquetá”. En la acusación de la Fiscalía se dan detalles de lo ocurrido. El hombre, Ranoque, aprovechaba los momentos en los que se quedaba a solas con la niña para abusar de ella en la casa que tenían en Solano, Caquetá. Incluso, el viaje tenía que ver con un intento de huida por parte de la madre de los pequeños, para que no siguieran viviendo el infierno al que los estaba condenando su padrastro. Aún no se sabe la condena que tendrá Manuel Ranoque, pero se asegura que todo el peso de la ley caerá sobre él.
- Silencios de colores: la población y los liderazgos LGBTIQ+ en medio del conflicto armado colombiano
Por: David Castro-Ortega, pasante línea de Paz, Seguridad y DDHH El conflicto armado en Colombia tiene implicaciones diferenciales para diversas poblaciones, tal es el caso de las personas sexo-género diversas. Así lo han dejado ver diversas investigaciones e incluso el Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, en el que destacan que el conflicto ha derivado en una exacerbación de las violencias a las que se expone la población LGBTIQ+, haciendo un llamado a que la apuesta por la paz se dé en clave de la construcción de un futuro que acepte la diversidad. En este sentido, el “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, firmado en 2016 con las FARC-EP, reconoce la necesaria aplicación de un enfoque diferencial y de género que atienda las complejidades del conflicto y propicie un tratamiento diferencial para la población LGBTIQ+. Aun así, persisten los retos en su implementación, y en este sentido continúa la violencia sistemática hacía este grupo en el marco de la continuidad de la violencia posacuerdo. Este escenario deja el interrogante constante sobre las condiciones que enfrentan estas poblaciones hoy en día y cuáles han de ser los compromisos que asuma con ellas un proyecto de paz. De acuerdo con el Registro Único de Víctimas, a corte del 31 de mayo de 2025 el conflicto armado colombiano ha dejado 6.788 víctimas pertenecientes a la población LGBTIQ+. Aun así, persisten problemas de subregistro e incapacidad institucional para el abordaje de las personas con orientación sexual identidad y/o expresión de género (OSIGEG) diversa, lo que complejiza la posibilidad de generar acciones que reestablezcan plenamente lo derechos de estas poblaciones dentro y fuera del conflicto [1] . Desde el 2017, la Defensoría del Pueblo ha señalado en 68 alertas tempranas a la población LGBTIQ+ como víctimas o potenciales víctimas de las dinámicas del conflicto posacuerdo en diversos territorios del país. Esto pone de manifiesto el hecho de que el escenario actual permite la continuidad de múltiples violencias hacía las personas sexo-género diversas que pueden incluir: destierro, violencias sexuales de “corrección”, tratamientos médicos crueles e inhumanos, torturas físicas y psicológicas, detenciones arbitrarias, asesinato, desaparición, entre otras [2] . El Centro Nacional de Memoria Histórica en su informe “Aniquilar la diferencia”, destaca el hecho de que una de las formas de control más violentas ejercidas sobre las personas con OSIGEG diversas es la limpieza social, pues grupos armados -legales e ilegales- llevaron a cabo esta práctica con el fin de eliminar a quienes se consideran desviados del orden moral o social dominante, basado en una cultura cis-heteronormativa [3] . Esto deja ver que los actores responsables en la erradicación de la violencia contra las personas sexo-género diversas abarca no solo a las instituciones estatales, sino también a la sociedad civil en su conjunto, pues en este proceso es necesario un cambio cultural que reivindique la humanidad y el valor de la vida de estas personas cuya existencia se pone en tela de juicio de forma constante. Aun así, en el escenario actual, este parece todavía un horizonte lejano y difícil de alcanzar. El seguimiento realizado por ODEVIDA muestra que desde 2019 han sido asesinados y asesinadas 23 líderes y líderesas LGBTIQ+ en el marco de la violencia posacuerdo. Se encuentra que a pesar de la reducción en los asesinatos durante 2021 y 2022, los dos últimos años han presentado un aumento que regresa la cifra a algo visto durante 2020. Elaborado con base en información del sistema de monitoreo de ODEVIDA. Las regiones más afectadas por el asesinato de líderes y lideresas LGBTIQ+ son Antioquia, Bogotá D.C y Valle del Cauca. Con respecto a Bogotá y otros entornos urbanos afectados como Cali o Medellín, se destaca que la actividad constante y la mayor cantidad de liderazgos presentes en estas ciudades pueden ser algunos de los factores que explican el hecho de que sea este uno de los espacios con el mayor número de víctimas. A esto se suma la actuación de bandas criminales locales en perjuicio de los liderazgos sociales en general y LGBTIQ+ en particular, pues su presencia amenaza el sostenimiento de estructuras de poder o redes clientelares bajo su control. Por otro lado, la presencia de grupos armados como el EGC, el ELN y las disidencias de las FARC (EMBF y EMC), pueden ser explicativos del número de asesinatos en zonas como Antioquia, Valle del Cauca, Magdalena, Bolívar y Sucre pues las intenciones de concretar un control territorial sobre las zonas han llevado a un recrudecimiento de las acciones violentas llevadas a cabo por parte de estos grupos armados, como lo ha mostrado el seguimiento realizado por PARES. Esto genera estrategias de control social más agresivas que afectan diferencialmente a las poblaciones sexo-género diversas, al desarrollarse en el marco de prejuicios e imposición de una moral dominante basada en la cis-heteronormatividad. Elaborado con base en información del sistema de monitoreo de ODEVIDA. Sumado a lo anterior, resulta preocupante el hecho de que, a pesar de que se puedan identificar algunos componentes que llevan a la focalización de la violencia hacía liderazgos LGBTIQ+ en estas zonas, solo en uno de estos casos se conoce al actor responsable del asesinato, lo que complejiza la posibilidad de determinar a profundidad los factores que derivan en la ocurrencia de estos hechos. Este contexto de desconocimiento sobre los actores impide realizar acciones de reparación sobre las víctimas e implementar acciones de prevención del asesinato de lideres y lideresas LGBTIQ+, lo que contribuye a la continuidad de la exacerbación de las agresiones hacía estas poblaciones en el marco de la violencia posacuerdo. En esta línea es destacable la apertura en 2023 del macrocaso 11 por parte de la Jurisdicción Especial para la Paz, que será el encargado de investigar los hechos de violencia basada en género, sexual y reproductiva, y otros crímenes por prejuicio basados en la orientación sexual, la expresión y/o identidad de género diversa ocurridos en el marco del conflicto armado colombiano hasta 2016. Sin embargo, aunque este hito subsana un espacio de victimización contemplado de forma pionera en el Acuerdo de paz de la Habana, no contribuye a comprender completamente las formas de violencia a las que se pueden ver expuestas las personas sexo-género diversas en el marco de las nuevas dinámicas del conflicto que se desarrollan en el país desde 2016. A todo lo anterior se debe agregar que es necesario contemplar muchos otros factores en el momento de desarrollar acciones para la atención y prevención a violencias dirigidas a personas con OSIGEG diversas en el marco del conflicto actual, como lo pueden ser: los avances en la implementación del enfoque diferencial en las políticas de seguridad regionales y locales y en el sistema de justicia, en aspectos como planes de reparación individuales o colectivos; las posibilidades de acceso a la denuncia pues, ya sea por falta de cobertura institucional en algunas zonas del país o por las estrategias de intimidación de los grupos armados, las personas LGBTIQ+ terminan sin denunciar las violencias de las que son víctimas dentro del conflicto; las reconfiguraciones de los grupos armados en el marco del posacuerdo, pues esto deriva en cambios en las formas de control social y en este sentido en las formas de violencias a las que se ven expuestas estas poblaciones. Así pues, en la actualidad se ha de reconocer el escenario de violencia posacuerdo como un espacio que continúa exacerbando la victimización hacía las diversidades sexo-genéricas en varias regiones del país. Un hecho que requiere, en primer lugar, de una acción estatal efectiva, que las instituciones asuman un compromiso político para con estas poblaciones en la atención y prevención de las violencias a las que se continúan viendo expuestas. En segundo lugar, de un despliegue en la sociedad civil (sin desconocer que es un esfuerzo que ya se ha venido desarrollando) que visibilice estas problemáticas y de paso a un cambio cultural que lleve a la reivindicación de la humanidad y el valor de la vida de las personas LGBTIQ+ en el país, lo que permita romper el ciclo de tolerancia a la violencia hacía estas poblaciones y de paso a, como lo menciona la Comisión de la Verdad, una sociedad de respeto a la diversidad. [1] Ver https://caribeafirmativo.lgbt/que-pasa-con-las-victimas-lgbti-del-conflicto-armado/ [2] Ver https://www.comisiondelaverdad.co/mi-cuerpo-es-la-verdad [3] Ver https://centrodememoriahistorica.gov.co/wp-content/uploads/2020/02/aniquilar-la-diferencia.pdf
- Ecopetrol da un paso adelante: compra de Winpeshi fortalece la energía renovable en el país
Por: Daniela Bernier Pacheco Este proyecto era desarrollado por la Compañía Wind Autogeneración S.A.S., sociedad controlada por Enel Colombia S.A.S. Su construcción se inició en el año 2020, la capacidad instalada es de 205 MW y, de acuerdo con informes de la empresa, el mismo generaría 1.011 GW-hora/año, capaz de suplir la energía que demandan 5000 hogares anualmente. Un proyecto sumamente ambicioso que, sin duda, contribuiría a la diversificación de la matriz energética en el país. Sin embargo, el mismo se ha visto envuelto en conflictividades; la Fundación Pares en el año 2023 realizó "La revolución del viento en la Guajira" en ella se profundiza el conflicto social que se generó en torno a la construcción de este parque eólico. Y es que, de acuerdo con dicho análisis, las obras entre los años 2021-2022 estuvieron detenidas un 50% y en mayo de 2023, la cifra ascendió al 60% y, entre los años 2022-2023, en la vía que comunica al proyecto, hubo alrededor de 33 bloqueos. Respecto a ello, Eugenio Calderón, gerente de Enel Green Power en Colombia y Centroamérica, señaló que los proyectos debían ser sostenibles desde el punto de vista económico y, por eso, la empresa el 20 de mayo del año 2023 anuncia la suspensión indefinida del proyecto, pues no se podían garantizar los ritmos del proyecto, debido a las constantes vías de hecho y altas expectativas que superaban el marco de acción de la empresa. Asimismo, se expresó que los recursos asociados a los compromisos adquiridos por la consulta previa ascendían a inversiones de" $7.100 millones de pesos en proyectos relacionados con educación de calidad, acceso al agua y desarrollo económico". ¿Por qué se llegó a esto? Enel expresó que la consulta previa se realizó a 13 comunidades indígenas wayuu involucradas en la zona de influencia del proyecto. Y, precisamente, este se vio afectado por conflictos internos y disputas entre diferentes sectores de la comunidad. La empresa Enel se vio involucrada en estos conflictos, aunque no fue responsable de su origen. Pues un sector de la comunidad, Julapa, perteneciente a la comunidad de Romana, exigió una consulta previa independiente, lo que no fue posible, y esto generó que se exacerbaran los conflictos, causando impactos negativos al proyecto. Luego de casi dos años de suspensión de operaciones, Ecopetrol anunció, en la mañana del lunes 7 de julio, que realizó la compra del proyecto y planea iniciar actividades a finales de este año e iniciar operaciones en el año 2028. En el aspecto técnico, Ecopetrol se asegurará de que los contratistas sean de primer nivel para cumplir con todos los estándares de calidad que exigen los proyectos de esta envergadura. En cuanto al aspecto social, Ecopetrol trabajará de manera articulada con las diferentes instituciones de nivel nacional, regional y local para promover espacios de diálogo intercultural con las autoridades ancestrales y líderes de las comunidades Wayuu ubicadas en las áreas de influencia del proyecto como parte fundamental del desarrollo de este. En resumen, Ecopetrol enfrenta significativos retos para reactivar el proyecto eólico Windpeshi en La Guajira, incluyendo retrasos en la construcción y conflictos sociales con las comunidades indígenas wayuu. A pesar de estos desafíos, la empresa expresó su deseo de trabajar con las comunidades para asegurar un desarrollo concertado y respetuoso con los territorios, con el objetivo de reactivar las obras antes de fin de año y poner en marcha el proyecto antes de 2028. La reactivación de Windpeshi es crucial para avanzar en la transición energética y alcanzar las metas de energía renovable en Colombia y, después de todo, no fue una columna de humo de Ecopetrol cuando anunció a inicios de año su intención de compra del país, sino un compromiso férreo por impulsar la transición energética en el país. Referencias: Enel Colombia. (2023, 24 de mayo). Enel Colombia suspende indefinidamente la construcción del Parque Eólico Windpeshi en La Guajira [Comunicado de prensa]. Enel Colombia. https://www.enel.com.co/es/prensa/news/d202305-suspension-indefinida-windpeshi.html Unidad de Planeación Minero Energética [UPME]y Fundación Pares. (2024). Monografía sobre el caso de conflictividad social generada por la construcción del parque eólico Windpeshi [Informe]. https://www1.upme.gov.co/Documents/Enfoque-territorial/Resultados_convenios/3_Monografia_sobre_caso_parque_eolico_windpeshi_PARES_v2.pdf Ecopetrol [@ECOPETROL_SA]. (2025, julio 7). [Texto del tuit] [Tweet con imagen]. X. https://x.com/ECOPETROL_SA/status/1942239120509579776
- ¿De dónde salió el pastor Alfredo Saade, el nuevo hombre duro del gobierno Petro?
Por: Iván Gallo Coordinador de Comunicaciones Este lunes 7 de julio, el tema de conversación fue la entrevista que dio Laura Sarabia, en la que señaló, puntualmente, a Alfredo Saade como la principal causa de su abrupta renuncia a la Cancillería. La ex mano derecha de Gustavo Petro no dudó en afirmar que Saade dio la orden de retrasar los pasaportes, que la imprenta en Portugal no está lista, y que los colombianos vamos a sufrir si pretendemos salir del país en los próximos meses y no tenemos pasaporte. La entrevista se la dio en exclusiva a la revista Cambio. La decisión que tomó Sarabia fue sustentada por el miedo a tener que dar la cara ante un posible desabastecimiento, producto de un supuesto saboteo de Saade. “Recibimos una comunicación en la que manifestaban no saber a qué contrato se refería el señor Saade. Afirmaban que no estaban listos para firmar nada y que llevaban tiempo intentando comunicarse con la Imprenta y la Presidencia sin obtener respuesta”. Desde el gobierno afirman que tienen la situación controlada, pero la verdad es que, desde comienzos de 2024, se ha establecido un tira y afloje severo con la empresa Thomas Greg and son, encargados de fabricar los pasaportes en el país. El punto es que vuelve a estar en el ojo del huracán Alfredo Saade, un hombre que, por sus convicciones religiosas, por algunas de sus posturas sobre temas como el feminismo o la homosexualidad, dista mucho de estar en el espectro en el que, se supone, está el presidente. Petro ha decidido rodearse de personas en las cuales pueda confiar enteramente, sin pensar en que vaya a ganarse una puñalada por la espalda. Desde comienzos de 2022, Saade sorprendió por su apoyo a Petro, a pesar de ser un pastor cristiano. Lo curioso es que ninguna de las organizaciones cristianas lo reconocen como pastor. Él se formó de la mano de un superpoderoso pastor en la frontera, el brasileño José Satirio Dos Santos, creador y actual personaje principal del Centro Cristiano de las Asambleas de Dios en Cúcuta. Saade es de Barranquilla, pero empezó su carrera como pastor de almas en Cúcuta, en 1995, en el barrio La Parada, el primero que se encuentran los venezolanos, después de cruzar la frontera con Colombia. El pastor Saade empezó a regresar a Cúcuta desde noviembre de 2022, acaso abonando el terreno para aspirar a la alcaldía en las elecciones de octubre de 2023. En esa fecha escribió este trino y dejó claro que una de sus lealtades a perpetuidad será siempre a José Satirio Dos Santos: “Durante mi visita a Cúcuta, me reuní con mi pastor @PastorSatirio a quien le rindo cuentas en la tierra y de quien escucho consejos sabios. Al despedirnos, después de casi una hora, me dijo: “oídos, ojos y boca tienes. Úsalos”. Saade se mueve bien en Cúcuta, por eso, incluso, sonó para ser alcalde en las elecciones de octubre de 2023. Cuenta con una base social importante, la del Ramirismo. Según fuentes en esa ciudad, Saade fue el puente entre Petro y Ramiro Suárez para poder beber de su caudal electoral en las elecciones de 2022. La candidatura de Saade terminó naufragando. Como es de público conocimiento, Ramiro Suárez, exalcalde de Cúcuta, paga una condena por haber ordenado el asesinato del asesor jurídico de la alcaldía, Alfredo Enrique Flórez Ramírez. El 18 de mayo de 2023 decidió públicamente bajarse de esa aspiración argumentando que toda su energía estaría disponible para sacar adelante el referendo que permitiera cerrar el Congreso de la República, así lo afirmó a través de su cuenta de X :“ Hoy me despido de la intención de ser alcalde de Cúcuta , no abandonando mi tierra, sabiendo que tendremos la obligación de apoyar a alguien igual o mejor que este proceso. El poder popular no se puede dormir, el poder popular debe movilizarse, levantarse y es necesario que quienes acompañamos al presidente Gustavo Petro en todos estos procesos, salgamos a recorrer el país”. Para el pastor Saade, solo la constituyente podría salvar al país de las graves desigualdades sociales que ha padecido. Esta afinidad con Petro fue el principal atributo que encontró el presidente a la hora de elegirlo jefe de gabinete, una decisión que cayó mal en ambos espectros políticos que dominan la polarización en el país. Y, tal y como lo tituló La silla vacía, Saade ha llegado al gabinete como una bomba de tiempo o un kamikaze, provocando la renuncia de la canciller Laura Sarabia y manteniendo su teoría de que lo único que podría salvar a Colombia es una constituyente. Además, es el principal difusor de las versiones de que quieren matar al presidente sin exponer, necesariamente, un plan concreto o alguna prueba. La llegada de Saade a la jefatura de despacho puede ser incluso un candado para gente tan cercana al presidente como Armando Benedetti. Sin duda, no ayudará a que las relaciones con los ministros puedan ser más fluidas. Por ahora, el único rastro que se tiene sobre Saade lo encontramos en su cercanía con el todopoderoso pastor José Satirio Dos Santos. En una carta de la Asociación de Ministerios del Evangelio, ADME, fechada en 2024, dice lo siguiente: “La Asociación Internacional de Ministros del Evangelio en ningún momento reconoce al señor Saade como pastor, en atención a que revisando nuestros archivos de los últimos 15 años en ningún momento ha solicitado su registro o membresía de nuestra asociación. Por lo tanto, el referido señor en ningún momento puede abrogarse nuestra representación”. La organización, además, rechazó que Saade se presentara como un representante de los cristianos en Colombia. Esta figura incómoda ha llegado pisando duro a la jefatura de despacho, y es el anuncio de que el último año del presidente seguirá siendo de confrontación pura.
- Lealtad, control y desconfianza - Así se proyecta el liderazgo del presidente Petro a un año de su cierre
Por: Oscar A. Chala, investigador de la Línea de Democracia y Gobernabilidad Alfredo Saade, recién nombrado jefe del Despacho presidencial, tiene bajo su control la Unidad de Cumplimiento. Esa oficina surgió con el decreto 2647 del 30 de diciembre de 2022, que en su artículo 25 establece que esta dependencia estaría encargada de hacer seguimiento a las macrometas del Gobierno en coordinación con el Departamento Nacional de Planeación (DNP), así como proponer mecanismos de articulación entre entidades, hacer seguimiento a las acciones necesarias para cumplir los pilares de transformación establecidos por el presidente de la República, asesorar a las entidades gubernamentales, junto con el liderazgo de la implementación del Sistema de Información de Cumplimiento, además de presentar informes periódicos al presidente y al secretario general sobre los avances en la gestión pública nacional. No es casualidad. Saade llegó a este cargo con la finalidad de cumplir dos tareas. Por un lado, hacer vigilancia y control a las cifras de cumplimiento de cada ministerio, tal como lo hizo Armando Benedetti en el primer Consejo de Ministros del 4 de febrero pasado. Por el otro, tramitar y catalizar la crisis más profunda que vive el propio presidente: su desconfianza hacia su propio gabinete. Mucho se ha hablado de las razones por las cuales el presidente ha vuelto la lealtad como su moneda de cambio para interpretar las intenciones, acciones e intereses de los diferentes grupos y apuestas disímiles que conforman al progresismo como un todo. No obstante, aunque en una primera observación parecería la obcecación de un presidente en retirada, en realidad hay elementos estructurales que pueden dar luz sobre cómo va a gobernar Gustavo Petro en su último año de gobierno. —La llamada “crisis de confianza”, o de cómo el presidente está consolidando su liderazgo carismático Fuente: El Colombiano Bastante se ha dicho del talante personal de Gustavo Petro. Algunos analistas han señalado que su desconfianza es natural y deviene de una cultura política basada en la sospecha, que fue alimentada por su pasado como miliciano urbano en la guerrilla del M-19, que le llevó a la persecución y a la tortura. Otros, por su parte, hablan de disonancias propias de su ego y de su papel “mesiánico” como líder populista , asumiendo que la culpa de las frecuentes crisis de gobernabilidad que ha vivido el país es solo causa suya. Pese a ello, no es posible reducir las crisis políticas, que se alimentan de muchísimos factores, en un solo carácter personal, ni tampoco se puede explicar este carácter como el resultado voluntarioso y consciente de una figura política nacional. En cierto sentido, que Petro se esté plegando a un modelo de gobierno más centrado en el control y la lealtad de sus funcionarios es resultado coherente del propio modelo de liderazgo que encarnan los proyectos populistas en todas sus manifestaciones , porque estos liderazgos generan dependencias internas muy fuertes donde la interpretación última del jefe de Estado y de Gobierno frente a los problemas y soluciones para el país se convierte en el eje central de la administración desde el Ejecutivo. La dependencia, en este caso, conlleva la consolidación de estructuras de poder altamente centralizadas y jerarquizadas , como lo señalaban algunos autores como Angelo Panebianco en sus modelos de partido y poder organizativo, y que probamos de manera cuantitativa en esta investigación sobre las redes de poder que rodean al presidente Gustavo Petro , que salió el pasado mes de abril. Con esta dependencia y estructuras centralizadas, los aparatos institucionales y administrativos del Estado se instrumentalizan y extienden como forma de poder particulares que en este caso responderían a la voluntad política del proyecto de gobierno del presidente Petro. Si comprendemos que este proyecto (cuya máxima manifestación es el Plan Nacional de Desarrollo) no es un documento solamente técnico, sino que es la expresión del mandato popular e histórico —como lo interpreta el mismo presidente—, cualquier intento de dilatarlo, negociarlo, moderarlo o reducirlo, generará respuestas defensivas, que también responden a la crisis de gobernabilidad y a la falta de ejecución. Es decir, el Plan Nacional de Desarrollo opera no solo como hoja de ruta administrativa, sino que se convierte en la encarnación programática de la voluntad del pueblo en términos casi fundacionales. En esa lógica, el incumplimiento no es leído únicamente como una falla técnica o de gestión, sino como una forma de deslealtad política o incluso de traición ideológica . De ahí que el presidente recurra a mecanismos de control férreos y a la vigilancia directa sobre su gabinete: porque garantizar la ejecución del PND se convierta en una forma de preservar la coherencia del proyecto histórico que dice encarnar. Esto genera dos consecuencias. Por un lado, abre una competencia interna entre el gabinete por probar lealtad entre sus funcionarios , lo que genera un ambiente de tensión, presión y bloqueo que alimenta los recelos ya existentes dentro del mismo, con la finalidad de generar un filtro de confianza que impida que elementos externos impidan el cumplimiento de sus objetivos como gobierno del cambio. Por otro lado, genera lógicas de disciplinamiento internas y mecanismos de control para evitar que los disensos (que se interpretan como disidencias y traiciones) frenen el cambio , cuestionen los problemas de ejecución y abra a que otros actores políticos y gremiales moderen su programa, lo que el presidente observa como “hacerles juego a las élites”. Este modelo de liderazgo surge como consecuencia de la fuerte desconfianza que el gobierno ha generado hacia los intermediarios (congresistas, ministros, tecnócratas) y operadores políticos , especialmente, tras las denuncias del uso irregular de cupos indicativos y contratación estatal para mover la agenda legislativa del gobierno (con el caso de corrupción de la UNGRD), pero también tras las acusaciones de usufructo personal de los roles de poder en el gabinete, tanto a nivel económico (como lo explicamos en este artículo con el tema Sarabia), como a nivel político (con las acusaciones hacia Gustavo Bolívar y Susana Muhamad de estar en el gabinete para alimentar sus propios proyectos políticos, en el Consejo de Ministros del 4 de febrero ). —Pero el presidente también se está enfrentando a un Estado que podría no estar respondiendo a su proyecto político Fuente: Semana.com No obstante, y aunque el liderazgo del presidente Petro pueda responder al desarrollo de un modelo de liderazgo más carismático, también es verdad que este tipo de liderazgo surge ante una contradicción material entre su proyecto político y la misma estructura del Estado colombiano , en la que el presidente se ha sentido en cierta manera “preso” y maniatado. El sistema de pesos y contrapesos del país responde a la conservación de un sistema político que, en últimas, debe reproducirse y mantenerse en el tiempo . En esa reproducción, el Estado colombiano genera su propia autonomía relativa , en la que responde también a los intereses de un amplio conglomerado de actores, entre ellos los partidos políticos, los gremios económicos, grupos de interés que representan intereses en común, y ahora mismo, una base social y política de origen popular, y en la que tiene cierto margen de libertad para poder generar decisiones que no se corresponden a los intereses de todos los actores por igual. En ese sentido, el Estado no es un aparato neutral . Por lo que, consecuencia de ello, es que los intentos de reformas profundas (como las que ha propuesto Gustavo Petro y el Pacto Histórico en los últimos tres años) pueden generar tensiones, contradicciones internas y rupturas tanto afuera (con las otras ramas del poder público) como adentro del propio gobierno nacional. Esto ha sido notable con los remezones ministeriales, con la salida de diferentes sectores con los que el progresismo se había venido construyendo en los últimos años, como el sector socioliberal de Cecilia López (MinAgricultura) y José Antonio Ocampo (MinHacienda), la izquierda marxista de Gloria Inés Ramírez (Partido Comunista), los puentes que se intentaron unir con la extinta Centro-Esperanza (Alejandro Gaviria, MinEducación), algunos aliados de los partidos Polo Democrático Alternativo y Unión Patriótica (que hoy se están fundiendo con el Pacto Histórico), así como movimientos sociales y figuras técnicas cercanas a los discursos alternativos con cierta experiencia en lo público (como Luis Carlos Reyes o Jorge Iván González). Con la posibilidad de que surjan situaciones de bloqueo político al interior del Estado, y que el mismo Estado se convierta en un escenario de disputa entre todos los actores políticos y sociales que pertenecen y defienden sus intereses desde el mismo, el gobierno podría estar apelando a una estrategia de reafirmación del poder dentro de las instituciones para evitar que surjan escenarios “posibilistas” , en el sentido de que dentro del mismo progresismo existan moderaciones y adaptaciones a las condiciones impuestas por esta disputa, que lleven a una renuncia progresiva de su programa de transformación. En otras palabras: Petro quiere defender el monopolio de interpretación de lo que considera, es el mandato popular, en un intento por evitar que aquel mandato se pervierta y se distorsione por las mismas presiones dentro de un aparato estatal que no controla completamente y que genera resistencias a varios de sus proyectos . En ese sentido estuvo el llamado a la Consulta Popular, la llamada “radicalización democrática” y ahora mismo la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente. En ese mismo sentido, la desconfianza del presidente también puede leerse como algo estructural, que responde a la lógica de control cuando no puede garantizar que sus decisiones se traduzcan en ejecución administrativa, por lo que, al final, termina privilegiando estrategias de autoconservación y protección de su proyecto político , que llevan al cierre de su propio gobierno, como lo estamos viendo ahora mismo. —A modo de cierre Fuente: Presidencia de la República de Colombia Lejos de tratarse únicamente de una crisis de gobernabilidad asociada al carácter personal del presidente Petro, lo que observamos es la consolidación de una forma específica de ejercicio del poder que articula desconfianza, centralización y control como mecanismos de respuesta a una institucionalidad que el mandatario percibe como hostil, fragmentada o ineficiente frente a su proyecto político. Este patrón de liderazgo no es exclusivo del actual gobierno, sino que se enmarca en una dinámica más amplia que han vivido varios gobiernos progresistas en América Latina en os últimos años: a) la tensión permanente entre la voluntad de transformación y b) los límites impuestos por una estructura estatal históricamente moldeada por intereses establecidos . En este escenario, la figura del presidente asume un rol no solo de jefe de Estado, sino de intérprete autorizado del mandato popular, desplazando las mediaciones tradicionales (ministerios, tecnócratas, partidos) hacia esquemas de lealtad directa y control operativo, como lo ejemplifica la Unidad de Cumplimiento y el rol que Saade ahora mismo va a comenzar a ocupar que, según este análisis de La Silla Vacía , ya estaría generando disensos, disputas y descontento en el gabinete del presidente, que observan en Saade a un “policía”. El último año de gobierno de Petro viene, entonces, como una etapa de cierre político, no solo en términos de su temporalidad constitucional, sino como clausura de las aperturas, ambigüedades y pactos que acompañaron su llegada al poder. Lo que queda por verse es si esta reafirmación del poder presidencial será suficiente para sostener la ejecución del proyecto de cambio, o si, por el contrario, profundizará las fisuras internas y la resistencia externa en un Estado que, por diseño, no responde plenamente a una lógica de transformación abrupta, como la que ha querido impulsar el gobierno Petro, y de la que hablamos en este artículo .
- Ahora el deporte y la energía juegan en la misma cancha
Por: John Correa Fuente:MinEnergias En Barranquilla, dos barrios populares acaban de marcar un gol que no es solo deportivo, sino energético, social y ambiental. Las comunidades de Adelita de Char y Las Malvinas están siendo testigos de una revolución silenciosa: la construcción de las primeras canchas solares del país. Y no se trata solo de una obra de infraestructura, sino de una apuesta política, técnica y comunitaria por cambiar la forma en que generamos y usamos la energía. Imaginemos una cancha de fútbol techada. Ahora pongamos en ese techo decenas de paneles solares. Y pensemos que esa energía no solo sirve para iluminar el escenario deportivo, sino para reducir la factura de energía de más de 300 familias en el barrio. Eso es lo que se está construyendo en Barranquilla. En Las Malvinas, la estructura ya está en un 80% instalada; en Adelita de Char, se han completado las bases y mallas perimetrales. Entre ambas, sumarán más de 500 paneles solares. Pero el valor de estas canchas no está solo en los kilovatios que podrán generar. Su diseño incluye drenajes sostenibles, muros protectores para los niños, zonas de sombra para los espectadores y, lo más importante, fue co-creado con la comunidad. Las mejoras en los bajantes pluviales o las solicitudes de espacio para la sombra no fueron caprichos técnicos: fueron demandas vecinales atendidas. Aquí, la energía se diseña desde el territorio. Un modelo de comunidad energética urbana Este proyecto no es un caso aislado. Forma parte de la estrategia del Gobierno Nacional por promover comunidades energéticas: colectivos organizados que generan, consumen y gestionan su propia energía renovable. En un país donde millones de personas viven al borde de la pobreza energética, iniciativas como estas se convierten en una solución tangible. Que una cancha de fútbol se transforme en una central de energía distribuida es una forma concreta de decir que la transición energética no es sólo para los expertos, ni sólo para las grandes empresas. Es para la gente. Y con la gente. Como dijo recientemente el ministro Edwin Palma, "la transición se hace escuchando a las comunidades". Esta es una muestra de que eso es posible. La iniciativa Colombia Solar busca llevar energía fotovoltaica a un millón de familias. En el Caribe, donde los subsidios no alcanzan a aliviar las tarifas, los proyectos de autogeneración comunitaria pueden ser la diferencia entre pagar el recibo o comer. Las canchas solares son un primer paso. Pero su verdadero poder está en ser replicables. Hoy están en Barranquilla. Mañana podrían estar en Cartagena, en Montería, en cualquier barrio de Colombia donde la energía siga siendo un privilegio y no un derecho. Porque si algo nos está demostrando este proyecto es que la soberanía energética también se puede jugar a ras de cancha. Mientras algunos siguen discutiendo si la transición energética es viable, en Las Malvinas y Adelita de Char ya la están construyendo, panel a panel, gol a gol. Estas canchas solares no solo están cambiando la forma en que se juega el fútbol en los barrios, están cambiando la forma en que se construye la esperanza desde la energía. Y en ese partido, todos deberíamos querer jugar.
- LEÓN VALENCIA: LA NOVELA DE UNA VIDA Y UNA VIDA DE NOVELA
Por: Federico Diaz Granados A los 70 años. León Valencia no solo celebra una vida llena de intensidades, entusiasmos y compromisos con la historia de Colombia, sino que nos entrega a los lectores la novela La vida infausta del negro Apolinar , un ajuste de cuentas con los sueños de una generación y un acto de lealtad con la memoria y la amistad. A través de ella se reconstruyen los hilos emocionales y políticos de una época marcada por ideales revolucionarios y musicales, exilios y grandes derrotas, porque precisamente, de las grandes derrotas también nacen las epopeyas y relatos de la naciones. En esta conversación Valencia habla sin reservas sobre sus años de clandestinidad, el papel del tambor en su formación espiritual, el misterio del amor, la gratitud por los vínculos afectivos y el alma de un país narrada a través del cuerpo, la música y la memoria de Apolinar, un héroe que permite —como él mismo lo afirma— “decir lo indecible” desde la ficción. De igual forma nos revela cómo desde la herida se puede reescribir la ternura y la dignidad para entregarnos a través de trescientas páginas respuestas conmovedoras y profundamente humanas a aquellas preguntas que todavía palpitan. Federico Díaz-Granados: La vida infausta del negro Apolinar es una historia entrañable, un homenaje a la amistad y a la lealtad, pero también una profunda reflexión sobre los asuntos estructurales de nuestra sociedad. ¿Cuándo sentiste que Apolinar era el héroe que necesitabas para contar esta historia? León Valencia: Necesitaba un interlocutor que reflejara parte de nuestra profunda realidad cultural, y escogí un personaje negro. En él reuní a muchos de mis amigos negros, porque siempre esa raza, esa gente, me ha tocado muy hondo. Me conmueve su belleza, su tristeza enorme, pero también su alegría desbordante. Es un contraste poderoso: esa melancolía profunda conviviendo con una vitalidad inmensa. Pensé en ese interlocutor como un vehículo para contar la historia profunda de Colombia, sus angustias, sus heridas. Y ese camino me llevó también por lo que había leído —crónicas, memorias, testimonios— sobre la experiencia negra, tanto narrada por ellos mismos como por otros. Pero lo que escriben y cuentan los propios protagonistas tiene otro sabor, otro ritmo, otra verdad. Autores como Manuel Zapata Olivella, Candelario Obeso o Jorge Artel transmiten una mirada distinta. Jorge Artel, además, fue alguien a quien conocí. Igual que Juan Guillermo Rúa, un teatrero impresionante de Medellín, con quien compartí en mi juventud, en esa época luminosa de los años 70 y 80. Todos ellos me marcaron profundamente, y de ese afecto, de esas lecturas y memorias, nació la necesidad de escribir este libro. FDG: A veces da la sensación de que Apolinar es un alter ego tuyo. ¿Sentiste que al escribirlo también te estabas escribiendo a ti mismo? LV: Sí, de ahí el epígrafe de Orhan Pamuk. Él dice: “La ficción se trata de escribir sobre uno, la historia de uno, como si fuera la de los otros, y la historia de los otros como si fuera la de uno”. Esa reflexión me impresionó profundamente. Pamuk la hace en el contexto de un libro que escribe sobre su padre y unas valijas escondidas que pertenecieron a él. Eso me tocó, porque, de alguna manera, la tragedia de Apolinar es también mi propia tragedia: una vida marcada más por las derrotas que por los triunfos. Esa es, en el fondo, la vida que muchos hemos vivido. Y contar las derrotas tiene un extraño encanto, sobre todo en un tiempo en que la mayoría narra memorias heroicas. Esta no es una memoria: es una novela. Y eso ofrece una libertad inmensa para hablar de las propias caídas, ya sea encarnadas en otros o en la propia piel. Contar esas derrotas tal como sucedieron, pero a través de la ficción, es más llevadero. La ficción vuelve más habitables las derrotas. Nos permite decirlas con cierta distancia, con un velo poético o narrativo, y así se hacen más soportables. FDG: En ese sentido, siento que esta novela es también un ajuste de cuentas con tu generación: la del entusiasmo, la utopía, el desencanto y las grandes frustraciones. ¿Lo viviste así? LV: Así es. Tuvimos sueños enormes, y las frustraciones fueron del mismo tamaño. Es natural. Las grandes ilusiones siempre traen grandes desilusiones. La gente que no sueña mucho tal vez sufre menos, pero también vive menos intensamente. Nosotros apostamos por la revolución, por el cambio social, por la justicia. Creímos en el socialismo, en la transformación del mundo, y nos estrellamos muchas veces. Y cuando uno llega al poder —o cuando lo ve cerca— descubre que el poder también puede ser banal, frustrante, precario. El poder es de una relatividad, de una precariedad, de una total fragilidad, que no significa mucho Uno oye a Petro, que es el que más lejos ha llegado, decir que el Palacio de Nariño le parece muy aburrido. Eso dice mucho. Al final, lo que queda es esa sensación de haber dado una pelea, con muchas más derrotas que triunfos, pero con dignidad. FDG: A través del cuerpo, la memoria y la imaginación de un hombre negro, cuentas también una historia de la izquierda en Colombia. ¿Fue esa tu intención? LV: Esta historia tiene una temporalidad que va de 1944 a 2022 — cuando termina la pandemia—. Abarca desde el nacimiento de Apolinar hasta su muerte, y comprende un amplio tramo de la historia colombiana, precisamente aquel sobre el cual estamos construyendo nuestra transición actual. Es el tiempo que aún habitamos. Siempre he pensado que Cien años de soledad narra la historia desde finales del siglo XIX hasta los años treinta. El acontecimiento más impactante de esa novela es la Masacre de las Bananeras. Esa temporalidad es reveladora, porque muestra la derrota de los liberales, la suya propia, y el dominio de la Hegemonía Conservadora. Comprender la temporalidad de una historia es esencial. La mía comienza con La Violencia, la liberal-conservadora, cuyos ecos se escuchan en varios pasajes. Luego atraviesa el pacto del Frente Nacional, el nacimiento de las guerrillas y, especialmente, la década de los setenta: una época crucial marcada por el auge de las luchas sociales y sindicales. La novela se detiene en ese momento en que el sindicalismo se convierte en el centro de las transformaciones posibles y en la frustración del Paro Cívico Nacional de 1977. A partir de ahí, narra también el ascenso de las mafias y el endurecimiento del conflicto armado. Todo ese simbolismo histórico está presente. Muchos escritores suelen reservar este tipo de información, la consideran parte del secreto íntimo de una novela. Pero yo no tengo problema en decirlo: hay una estructura temporal clara. Sin embargo, lo más importante no es solo la cronología, sino lo que en ella cambia: el espíritu. Narrar los hechos externos —la política, los conflictos, las coyunturas— es más sencillo. Lo verdaderamente complejo es contar la transformación interior, el estado emocional y espiritual de quienes vivieron ese tiempo: los amores, la música, las pasiones, los dolores. Si logré transmitir algo de ese espíritu —y no lo sé, eso lo dirán los lectores—, ese es mi mayor triunfo. He escrito muchas veces sobre lo externo: análisis políticos, ensayos, crónicas. Pero esta vez quise contar otra cosa. Quise narrar el alma de un hombre negro, el alma de una comunidad, y también el espíritu de una generación que abrazó la revolución. Esa corriente interior que atraviesa la novela es, para mí, su verdadero tema. Si logré eso, entonces escribí una novela. Si no, solo escribí otro texto político —de los muchos que he hecho y que, en algunos casos, han tenido resonancia—, pero ese no era el propósito aquí. Lo que me propuse fue captar el espíritu que ha latido en la vida colombiana durante ese extenso y decisivo período. Pero yo quería contar la historia de un país a través del alma de un hombre. FDG: Hablemos de la estructura. Optaste por una narrativa sin punto aparte, como un gran monólogo vertiginoso, casi oral, al estilo de El otoño del patriarca . ¿Qué buscabas con eso? LV: Quise que fuera muy oral, muy rítmica, que tuviera una sonoridad negra. Que pudiera leerse en voz alta y que quienes la escucharan sintieran cierta musicalidad. Tú, que eres poeta, lo sabes mejor que yo: la rima y la musicalidad se inventaron para fijar las palabras en la memoria. La prosa escrita, en cambio, es más racional. Quería que este texto tuviera esa cadencia, que pudiera oírse, no solo leerse. Es un intento arriesgado, pero me propuse lograr esa musicalidad, recuperar algo de esa antigua costumbre de leer en voz alta, tan común en otros tiempos, cuando muy pocos sabían leer y la transmisión oral era fundamental. La memoria estaba hecha para lo oral. Un amigo me dijo con sinceridad: “eso no va a tener ninguna posibilidad, ¿quién va a leerse treinta páginas sin un punto aparte?”. Pero también encontré lectores que acogieron la propuesta. La editorial confió, y tres o cuatro lectores previos me animaron. Así que decidí apostarle a esa forma: escribir con comas, sin cortes, en doce capítulos. Yo noto que quienes tienen una sensibilidad más poética logran entrar con mayor facilidad en ese flujo narrativo. FDG: También siento que esta novela es un homenaje a la amistad, los amores, las grandes lealtades. ¿Hay ahí una reivindicación personal? LV: Claro. He vivido varios exilios, tres en total, por las circunstancias y el tipo de vida que he llevado. Y en el exterior, lo que más extrañaba era reunirme con mis amigos, compartir unos tragos —un whisky, un vino, un ron— y poder conversar, reír, estar juntos. Eso era lo que más me hacía falta. En la guerrilla también me pesaba mucho la ausencia de los amigos que había dejado en la ciudad, junto al amor por mis hijos, que es, por supuesto, una fuerza enorme, y al de mis parejas. Lo viví intensamente. Por eso, desde hace años, suelo organizar reuniones con amigos. Cada cierto tiempo, los busco. Los recorro por capas, como por generaciones, por momentos de la vida. Porque uno va acumulando amigos según las edades, las actividades, los lugares. Y tengo ese hábito de reencontrarlos. Muchas veces lo que más me impulsa es la necesidad de saldar cuentas: pedir perdón, reconciliarme con aquellos con quienes he tenido diferencias. En Colombia ocurre con frecuencia que las discrepancias políticas levantan muros entre las personas. Y yo siempre he querido derribar esos muros. Porque uno puede cambiar de ideas, pero no debería cambiar de amigos. O al menos no debería dejarlos atrás. Siento, como decía Borges, que los amigos no tiene que estar siempre presente, no hay que verlos todo el tiempo, pero sí hay que recordarlos. Y, cada tanto, volver a buscarlos. Esa es mi forma de entender la amistad. FDG: Y el amor, ¿cómo lo has vivido? LV: En cuanto al amor, tengo una postura muy clara, aunque a veces la discuto con amigos y amigas. Hay quienes viven sus desengaños amorosos con un dramatismo que los arrastra durante años. Yo, en cambio, tengo una gratitud inmensa por quien me ha amado, así haya sido solo una hora, dos horas, un año, medio año. Siempre conservo un recuerdo hermoso de esas personas. Tiendo a quedarme con lo bueno. Incluso en situaciones dolorosas —como cuando te traicionan, que es una de las cosas que más puede doler a un hombre—, no busco perdonar, sino entender por qué ocurrió. No prolongo el desengaño más allá de lo necesario. Siempre vuelvo a esos amores desde el agradecimiento. Porque que lo amen a uno es de las cosas más hermosas que pueden pasarle. Pero aún más grande es amar. Dar amor, ofrecerlo, sostenerlo. Amar a alguien y poder compartir ese amor es más poderoso que recibirlo. Siempre cito una frase de Marvel Moreno que me parece bellísima: “el amor es una amistad en llamas”. Cuando se unen esas dos cosas —la compañía, el entendimiento, la complicidad de la amistad con la pasión, el deseo, el erotismo— se da algo realmente maravilloso. Siento, sin embargo, que entiendo más la amistad que el amor. El amor, o más bien la pasión, tiene algo de misterio, de irracionalidad. La amistad, en cambio, me resulta más comprensible. Pienso, por ejemplo, en la novela El túne l, de Ernesto Sábato. Esa historia de amor oscuro entre María Iribarne y Juan Pablo Castel comienza con una mirada sobre un cuadro, una mujer absorta en el horizonte. Y de ahí nace una pasión extraña que termina en un crimen. La pasión es así: a veces incomprensible, desconcertante. Cuando uno logra combinar el entendimiento de la amistad con el misterio de la pasión, ocurre algo fabuloso. FDG: En la novela también hay una banda sonora muy fuerte. Me conmovió lo que tu hija Catalina recuerda que durante tu época en la clandestinidad se comunicaban con casetes que incluían muchas canciones. LV: La comunicación con mis hijos, con Cata y con su hermano Fercho, fue posible porque era nuestra única manera de mantener el vínculo. Yo estaba en el monte, muy lejos, y para entonces el ELN era una guerrilla poderosa, estable, con sólidas redes de comunicación con la ciudad, tanto humanas como técnicas: ya contábamos con importantes redes de radio. Utilizábamos, sobre todo, las redes humanas. En condiciones normales, nos comunicábamos semanalmente; cuando había tropiezos o enfrentamientos, lo hacíamos cada quince días. Yo enviaba un casete a la ciudad, lo que para mí era el gran regalo de la semana o de la quincena. Grababa mi voz hablando de lo que vivíamos —con ciertas limitaciones, claro— y les ponía la música que se escuchaba allá, las canciones que se cantaban e interpretaban en la guerrilla. Les pedía que hicieran lo mismo: que me enviaran sus historias, su música, su mundo. Grabábamos por ambos lados y así logramos mantener una comunicación constante que alivió mucho aquellos días duros. Para ellos esa rutina se volvió algo natural. Para mí era extraordinaria. Recuerdo una anécdota de Catalina, que tenía unos seis o siete años. En el colegio estaban pidiendo a los niños que contaran en qué trabajaban sus padres. Cuando le tocó el turno, levantó la mano y dijo: “Mi papá trabaja en el Ejército de Liberación Nacional, ELN”. Todos soltaron la carcajada, como si hubiera dicho algo disparatado. Pero ella lo dijo con total naturalidad. La profesora, preocupada, llamó a su mamá: “Oiga, mire lo que dice su hija”. No le creyeron, pero quedó la inquietud de que alguien empezara a indagar, lo cual era muy delicado. Esa mezcla de música y conversación nos unía a la distancia. Durante mi primer año en la guerrilla no pude verlos. Al cabo de un año salí por un permiso especial —tenía ese privilegio por ser parte del Comando Central—, y entonces pude visitarlos y luego regresar al monte. Creo que esa relación, el amor y el cariño familiar, fue lo que me sostuvo en los momentos más difíciles, más traumáticos, en los tiempos de derrota. Fue lo que me mantuvo en pie. Más adelante, en mi casa de campo, la música siguió ocupando un lugar central. Se cantaba y se tocaba en las noches, alrededor de una guitarra, y también en las tardes. Mi padre solía escuchar una emisora muy local de un pueblo pequeño, donde transmitían un programa llamado Tardecitas de Buenos Aires , dedicado al folclor argentino. Ahí oía tangos, milongas… Recuerdo especialmente a Los Chalchaleros. Esa fue de las primeras músicas que escuché en ese mundo campesino. Al comienzo fue la música paisa, muy de guitarras y tiples. Descubrí el tambor y la percusión ya siendo joven, y luego vinieron las guitarras y los bajos del rock, y más adelante las trompetas de la salsa. Fue como un crescendo musical en mi vida. Pero siendo antioqueño, lo que realmente produjo una conmoción profunda en mí fue la percusión. No entendía —y todavía me sigue fascinando— esa relación tan visceral entre las vibraciones del cuerpo humano y el tambor, esa forma tan misteriosa de comunicación que se establece. Ahora que he leído más sobre música, sobre todo de la tradición europea, me impresiona el contraste tan marcado entre esa tradición y las nuestras, entre el universo sonoro del tambor y la fuerza del ritmo, y lo que representan los grandes instrumentos melódicos, como el piano y otros aires clásicos. Son lenguajes distintos del alma, y yo me he sentido más cercano a la percusión, a ese latido primitivo que también es memoria y emoción. Desde mi infancia en una casa campesina donde se escuchaban tangos y milongas, hasta la adolescencia con guitarras, y luego la revelación de la percusión, del tambor, del ritmo negro. Eso me cambió. Me hizo vibrar de otro modo. FDG: Y la banda sonora del libro, que uno va percibiendo como una evolución —en la salsa, el bolero, el boogaloo— funciona también como una cronología de la música y de su papel en el entusiasmo, las luchas, las utopías y los sueños revolucionarios de ese tiempo, ¿no? LV: Claro. Nosotros somos profundamente musicales. Toda la música antillana —el boogaloo, el son, la guaracha— entró a Colombia, paradójicamente, por el Pacífico. Se asentó con fuerza en Cali, sobre todo. La guaracha y el boogaloo fueron antecedentes de la salsa en nuestro contexto. Siento que ese tipo de música llegó primero por allá, por el Valle, y luego se fue irradiando. Yo estaba en Antioquia, y allá, siendo joven, lo único que empecé a oír de esa música fue por una razón muy simple: en Medellín estaban Discos Fuentes y Discos Victoria. Es decir, aunque esa música no se escuchaba mucho en la ciudad, sí se grababa. Gracias a eso, algunos más curiosos empezamos a tener acceso a ella. Aun así, se veía con cierto desdén. Andrés Caicedo, por ejemplo, se burlaba bastante en sus escritos de lo que escuchábamos en Antioquia. Decía que era puro “chucu chucu”. Y tenía razón: era una música muy distinta. Pero quienes estábamos más atentos a lo que sonaba en los bajos fondos empezamos a descubrir otras cosas, a oír algo diferente. Luego viví un año en una zona cañera del Valle del Cauca, y allí escuché por primera vez guaracha, boogaloo y los primeros sonidos de la salsa. Me impactaron profundamente. A partir de ese presente musical ya siendo joven, empecé a comprender mejor también las músicas del pasado: los boleros, la música antillana antigua, todo ese universo sonoro que viene de Cuba y del Caribe. Ese fue mi punto de arranque. Siempre quise rendir un homenaje a esa música, sobre todo a su etapa inicial. Ya había hecho una novela antes, Con el pucho de la vida , ambientada íntegramente en un bar de salsa de Medellín — El Suave — durante el período más impresionante de la gran salsa: desde el concierto del Cheetah en Nueva York, en 1971, hasta finales de los setenta, cuando se da esa década fabulosa de la Sonora Ponceña, la Fania y toda la salsa neoyorquina que irradia América Latina. Pero la banda sonora de La vida infausta del Negro Apolinar va más atrás: a los orígenes de la salsa, a su entrada por el Pacífico colombiano. Y creo que es un momento oportuno para recordarlo. En los últimos años hemos visto un renacimiento de la música del Pacífico: nuevas propuestas, fusiones poderosas, trabajos sonoros impresionantes. Estoy convencido de que la salsa colombiana le debe muchísimo al Pacífico. Así como la salsa neoyorquina le debe al Caribe, la nuestra —y digo esto con toda humildad, aunque suene atrevido—, le debe profundamente a ese otro litoral. Nuestros grandes salseros —Grupo Niche, Guayacán, entre otros— han bebido de esa fuente, y lo han hecho con conciencia. Han incorporado los sonidos del Pacífico: sus instrumentos, sus texturas, su espiritualidad. Es algo distinto al origen cubano, aunque emparentado. Yo quise recoger eso en la novela. No con pretensión de hacer un tratado, ni mucho menos. Simplemente, empíricamente, desde la experiencia y la emoción, mostrarlo. Pongo, por ejemplo, a Niche a cantar en un matrimonio. Y eso tiene un valor simbólico y afectivo muy bonito. Porque esta gente —los músicos del Pacífico— ha logrado algo notable: hacer ese tránsito musical, desde sus tradiciones hasta la salsa, con una elaboración muy sofisticada. A veces incluso más elaborada que muchas de las músicas del Caribe. Y lo han hecho con una belleza y una contundencia que me parecen admirables. FDG: Otra de las cosas que mencionas —lo antillano, lo cubano, que por supuesto está muy presente en la novela— es la cosmovisión del mundo afro: lo orisha, la santería... ¿Cómo fue para ti incorporar esa dimensión en la historia? LV: En Colombia hay una profunda tradición orisha, una fuerte tradición santera que rara vez se menciona. A diferencia de otros lugares de América Latina, especialmente Cuba, o del mismo Brasil, e incluso de algunas zonas de Estados Unidos, donde la santería se exhibe, se reconoce socialmente y se legitima dentro de las dinámicas religiosas —aunque esté camuflada o fusionada con el catolicismo—, en Colombia ocurre lo contrario. Aquí, la palabra “santería” ha sido casi prohibida. Existen todos los rituales santeros, pero rara vez se los nombra como tales. Yo solía preguntar por eso. Una vez le pregunté a un hombre afro del Pacífico, y me dijo: “Es que nosotros, los santeros, nos comunicamos por señas”. Yo le respondí: “¿Cómo así, por señas?”. Y él insistía: “Sí, por señas”. Al principio me costaba creerlo. Pero me explicaba que para ellos los ríos hablan, los montes hablan, los espíritus se manifiestan en la naturaleza. “Es que se burlaban de nosotros”, me decía. O simplemente era un anatema decir que uno escuchaba al río, que sentía la muerte de alguien en el agua, o que acudía al monte a oír a los antepasados. Hablando con varios de ellos, solía preguntar: “¿Y por qué no lo dicen abiertamente?”. Y la respuesta era: “No es por falta de valentía. Es que no queremos diferenciarnos”. Aun así, reconocían figuras importantes. Mencionaban, por ejemplo, a un obispo en Buenaventura que les permitió expresar sus creencias dentro del mundo católico. Porque, en general, en Colombia este universo ha sido denostado, y muy poca gente con poder religioso se la ha jugado por ellos. Ese mundo que vi, ese universo espiritual, es muy fuerte. Está ligado a experiencias médicas, a la partería, a rituales de nacimiento y de muerte. Todo eso cumple un papel fundamental en la vida cotidiana. Y si bien hoy se empieza a vivir mejor, a expresarse con más libertad, durante mucho tiempo estuvo silenciado. En Colombia, por ejemplo, el término “costeño” ha estado reservado para quienes venimos del Caribe. Pero los del Pacífico no eran considerados “costeños”. No se los nombraba así. Eran los “otros”. Eso está empezando a cambiar. El Pacífico colombiano ha emergido como una fuerza cultural enorme. Y es muy curioso también cómo, históricamente, los negros llegaron por el Caribe —por Cartagena, principalmente—, pero luego se desplazaron por los ríos Atrato y San Juan y se asentaron en el Pacífico. Fue así como Cali terminó convertida en la gran capital negra del país. Más que Quibdó, que, si bien es una capital mayoritariamente afro, sigue siendo una ciudad menor. Cali, en cambio, es hoy ese epicentro. Y en ese contexto, las mujeres negras han jugado un papel muy importante. Muchas de ellas fueron nanas, institutrices. Cuidaron y educaron a los hijos de los grandes hacendados de la caña, de los dueños de las minas. Y a través de esa cercanía, fueron transmitiendo, de forma silenciosa, toda esa herencia espiritual y cultural. Yo quise reflejar todo eso en la novela. Y también quise mostrar ambas costas, el Caribe y el Pacífico, de una manera que las hermanara. Porque muchas veces están muy distantes, incluso enfrentadas. Y, perdóname que te lo diga así, pero a veces los afrocaribeños son más presuntuosos. Los negros del Caribe dicen: “Nosotros somos de mejor familia que esos negros del Pacífico”. Yo quise tender un puente. Hermanarlos. No sé si lo logré, ¡pero al menos lo intenté! (risas). FDG: Los personajes femeninos construyen y ayudan a configurar la identidad y la memoria y también son clave en la transformación del propio Apolinar. ¿Cómo fuiste creando estos personajes y ese universo femenino? LV: Yo creo que en el universo que se retrata en la novela, las mujeres negras tienen una fuerza enorme. Son quienes, en buena medida, dirigen el mundo que se describe. Y lo hacen, además, con una gran dignidad. En el amor, por ejemplo, son airosas, firmes, poderosas. Triunfan. Las derrotas amorosas, en cambio, recaen sobre los hombres. Pensemos en Sara. Ella es una mujer que camina por el mundo con decisión, conquista a Apolinar, pero no desde la pasividad o el deseo romántico tradicional, sino desde una voluntad activa. Es ella quien toma las decisiones: se le acerca, lo llama después del baile, lo invita al restaurante. Es también quien lidera las negociaciones de la huelga. Domina tanto el ámbito público como el privado. Apolinar termina profundamente influido por ella, y también el otro narrador, el interlocutor Valencia, queda bajo su ascendencia. Sara es una mujer que encarna el liderazgo natural, sin ostentación, desde la acción. Luego está Isabel, que es distinta pero no menos fuerte. No es una mujer que se desborde o se pierda emocionalmente. Es quien mantiene el equilibrio, quien lleva las riendas. Ella representa esa fuerza serena, contenida, pero firme. Los hombres, en contraste, aparecen más frágiles, más extraviados, incluso cuando intentan ejercer poder. Y hay un personaje que resume muchas de estas tensiones: Damiana. Ella es el punto de llegada, la nieta, y es quien encarna una síntesis racial y simbólica. En ella confluyen lo blanco y lo negro, la herencia instintiva y la formación académica. Es el resultado de todas esas mezclas de sangre, pensamiento y aspiraciones. Damiana no solo representa el cruce de razas, sino también el cruce de caminos, de posibilidades. Es el futuro. Las hermanas Rivera son otro ejemplo potente: ellas protagonizan la gran revolución musical de la región. Son quienes ofrecen el placer, el amor, el baile. Se presentan como dueñas del deseo, de la sensualidad, y también de la cultura. En su universo no hay figura paterna; ellas lo ocupan todo. En ese mundo, la autoridad, la fiesta y el poder de seducción tienen rostro de mujer. En cambio, los hombres en la novela —como el gerente del ingenio, por ejemplo— suelen encarnar la parte más oscura: el poder opresor, la violencia, la complejidad moral. Digamos que, en esta historia, la maldad tiene un rostro más masculino. FDG: Uno de los grandes temas del libro es el del perdón. Ese perdón que Apolinar le pide a su hija Isabel, a su amigo Valencia, a sí mismo... Yo siento que hay allí una gran metáfora del perdón en Colombia. ¿Fue una decisión intencional o algo que surgió más bien de manera orgánica? LV: Es que la literatura tiene ese otro rasgo tan especial. Cuando uno escribe ensayo o desarrolla tesis académicas, hay un plan, una interpretación, una estructura racional. En esos géneros, uno parte de la memoria racional y lanza sus ideas adornadas con metáforas o figuras, pero todo está pensado. En cambio, en la ficción lo que atrapa, lo que le roba a uno el corazón, es la posibilidad de entregarse. Uno empieza a escribir y son los personajes los que terminan guiándolo, sacando de uno cosas que ni siquiera sabía que tenía. Ese es el verdadero disfrute de la literatura: dejarse llevar, sorprenderse. Luego, cuando llegan los críticos con sus interpretaciones, uno a veces queda desconcertado. Me pasó con Con el pucho de la vida , por ejemplo. El lector externo de Alfaguara escribió que allí se cifraba la adolescencia de América Latina. ¡La adolescencia de América Latina! Nunca se me ocurrió semejante cosa. Y con esta nueva novela, otro lector dijo que es como la historia del sindicalismo colombiano. ¡Tampoco! Yo simplemente narré una huelga, en la que los personajes se jugaron la vida, en la que se transformaron. Pero no fue con la intención de escribir la historia sindical del país. A lo que voy es que uno se entrega a la trama, a los personajes, y ellos se imponen, se desarrollan y mutan. Milan Kundera decía que escribió una novela a partir de una imagen en una piscina. Me gusta creerle, porque muchas veces una novela nace de una mirada, una anécdota, algo muy pequeño. El problema es cuando uno, como yo, viene de un mundo tan contaminado por la investigación, por la academia. Ahí el esfuerzo es más grande: hay que pelear con la necesidad de control, de racionalidad, para entregarse a la intuición, a la memoria más emocional, a lo instintivo. Y creo que eso es lo más difícil. Cuando uno logra escribir una página desde ese lugar, desde el corazón, es una conquista. Me imagino que para un poeta eso debe ser aún más complejo: escapar del concepto, evadir la tesis, saltar por encima del dato, e ir directo a la emoción, a la sensibilidad. De eso se trata escribir literatura. Y ese es mi reto: dejar a un lado mi formación ensayística para lograr algo que conmueva desde lo más humano. FDG: ¿Qué significa lo “infausto” del título? ¿Es una idea de destino trágico, una estructura de condena, o qué representa eso en la historia? LV: Apolinar, como personaje, es profundamente vital. Tiene fuerza en el trabajo, en la música, en el amor, en el goce. Pero su tragedia es amorosa. En casi todo lo demás, él triunfa, pero en el amor tiene desengaños que lo marcan. Su primera novia le es arrebatada por la familia. Luego, el destino le quita a su segundo gran amor, Sara. Y con el tercero vive también un momento profundamente doloroso. Entonces, si hay algo infausto en su vida, son esas afrentas del amor. Ese fue el punto de partida del título: los golpes sentimentales, los desgarros afectivos. Pero claro, luego la novela se fue poblando de otras capas y tramas, y en muchas de ellas Apolinar sale adelante, se sobrepone, construye. Entonces, alguien podría leerla y preguntarse: “¿pero ¿cómo así que vida infausta, si este tipo más bien ha vivido con intensidad?”. Y tendría razón. Lo infausto está concentrado en lo amoroso, en ese destino afectivo tan quebrado, tan lleno de pérdidas. Por eso el título, aunque parezca desmentido por el resto, conserva su sentido profundo. FDG: ¿Y qué crees que le dice Apolinar a la Colombia de hoy, a los lectores de este siglo XXI? LV: Apolinar es, sobre todo, un canto al amor, a la amistad, a la dignidad. Un himno a la identidad negra y a la defensa de esa identidad. Hay un momento en la novela que para mí es clave: cuando le proponen un trasplante de corazón y él dice que no, que no acepta que le cambien su corazón negro. “¿Qué tal yo con un corazón de blanco?”, dice. “Eso no puede ser”. Es un pasaje muy escondido, pero profundamente simbólico. Después de publicada la novela, pensé que quizás ese momento debió estar más destacado. Pero bueno, así son las cosas de la escritura: algunas revelaciones se nos escapan, o llegan tarde. FDG: ¿Qué significó para ti publicar esta novela al cumplir 70 años? LV: Para mí fue una de las mayores alegrías de estos 70 años. Luché mucho para que el libro saliera justo ese día. La editorial no lo sabe, pero yo fui postergando entregas, ajustando fechas, empujando la publicación para que coincidiera con ese momento tan simbólico: mi cumpleaños número 70. Era importante para mí. Era como cerrar un ciclo y empezar otro. Es llegar a esa edad en la que te dicen “a su edad”, “ese señor ya está viejo”, y uno lo siente también en el cuerpo. Entonces pensé: voy a inaugurar la vejez con esta novela. Y claro, uno se pregunta: “¿será que en esta etapa llega también una madurez en la escritura?”. Si algún lector dijera que sí, que aquí hay una voz más asentada, una narrativa más madura, yo sentiría que he alcanzado algo muy valioso. Que no solo llegué a los 70, sino que llegué con una obra que dice algo, que representa algo, que habla con honestidad y belleza de una vida —de muchas vidas— que merecen ser contadas.












