top of page

BUSCADOR PARES

Search this site

Resultados encontrados sin ingresar un término de búsqueda

  • Los músicos que se enfrentaron con sus canciones a las más feroces dictaduras

    Por: Iván Gallo - Editor de Contenido Unas horas después de que las bombas cayeran sobre la Casa de la Moneda y quedara instalada en Chile la bota militar, Victor Jara fue detenido, sometido a tortura y asesinado a mansalva en el Estadio Nacional de Chile. Le arrancaron las manos. Una dictadura es tan frágil que un poeta puede ser alguien peligroso. En Chile Neruda se murió de pena moral, arrinconado en su casa en Isla Negra. En Argentina un militar le dijo a León Gieco que la próxima vez que cantara “Sólo le pido a Dios” ese himno que escribió a los 22 años, le pegaría un tiro en la cabeza. Se exiliaron. Algunos se quedaron. Los detenían en la calle por mechudos, por llevar los jeanes sucios, por porreros, por comunistas, por ser jóvenes y vivir y cantar.   El 24 de marzo de 1976 los militares derrocaron a María Estela Martínez de Perón. Empezaba la dictadura. Por los menos 30 mil personas fueron desaparecidas entre ese año y 1984, cuando regresaba la democracia de la mano de Alfonsín. La cultura fue uno de los blancos sobre los que se cebaron los militares. Libros, revistas, películas, pero sobre todo canciones, se censuraron. Se quería reescribir la historia. Sergio Pujol, reconocido escritor, dio esta declaración en su momento al diario Página 12: “No bastaba con secuestrar y desaparecer gente ni con eliminar la vida política argentina,  la dictadura necesitaba un consenso en la sociedad, “En el caso de la música, se creía que  el efecto sobre la subjetividad de los jóvenes argentinos era mayor  porque la vivían intensamente y compartían la escucha en hogares y recitales”.   En esa época empezaban a salir los grandes del rock argentino, Pappo, Spinetta, Charly García, Los abuelos de la nada. Charly García tuvo una gran idea al lanzar una canción sobre la extinción de los dinosaurios que era una clara metáfora de las desapariciones: “Los amigos del parque, van a desaparecer, la persona que amas, puede desaparecer”.   Los militares primero fueron por los cantantes folcloricos, los que se paraban duro como la gran Mercedes Sosa. Pusieron en la lista negra el Movimiento del Nuevo Cancionero del Folclore. En Brasil cantantes poetas como Gilberto Gil, Caetano Veloso y Chico Buarque también dejaron todo y se exiliaron por la dictadura. Los acusaron en 1968 de burlarse del himno nacional. Una estupidez. Así pasó en Uruguay con Alfredo Zitarrosa.   En la Argentina fueron censuradas 200 canciones. Prohibidas para ser escuchada en la radio y el que tuviera alguno de estos discos era considerado un subersivo. Algunas de estas canciones, por si quieren armar una lista en Sporify, fueron: Marcha de la bronca de Pedro y Pablo, Como la cigarra de Mercedes Sosa, La cultura es la sonrisa, de León Gieco, Ayer Nomás de Moris y Pipo Lernoud, Me gusta ese tajo, de Pescado rabioso, Viernes 3AM de Serú Girán, El twist del Mono Liso de María Elena Walsh y Guerrillera de Horacio Guaraní. Ha pasado el tiempo y ya no hay dictaduras militares en A mérica Latina. Y si hubiera no censurarían nada. A los milicos les encanta el reggetón.

  • Las parrandas de Gabriel García Márquez

    Por: Redacción Pares Es difícil decir cuando fue la última parranda de Gabo. Según su hijo Rodrigo la parranda nunca terminó. En su lecho de muerte en la casa de la Calle del Fuego en México, se escuchaba de manera atronadora los vallenatos incluso en su lecho de muerte, cuando ya no podía acordarse de ningún hombre, como si la peste del olvido de Macondo hubiera cruzado las fronteras del libro. Pero públicamente la última gran parranda de Gabo fue en el 2013. Allí su amigo, Leandro Diaz, le cantó La Diosa Coronada, no sin antes decirle que cada vez que él cantaba esa canción se acordaba siempre de su amigo, el escritor. El fervor por el vallenato de Gabo data de una de sus primeras columnas, escrita el 22 de mayo de 1948 y publicada ese mismo día en el Universal de Cartagena en donde afirma lo siguiente: “El vallenato lo vemos en manos de los juglares que van de ribera en ribera llevando su caliente mensaje de poesía”.   Su fervor por este género lo llevó a decir que Cien años de soledad no era más que “un vallenato largo” Allí, en sus más de trescientas páginas, la parranda está siempre presente. Uno de sus personajes más queridos, Aureliano Segundo, le sacaba canas a su esposa, la remilgada y cachaca Fernanda del Carpio, con sus interminables fiestas con acordeón. Incluso Rafael Escalona, íntimo amigo del escritor, aparece como personaje sobre el final de la novela.   Sabemos que parranda se le dice a las fiestas donde interviene un conjunto vallenato pero pensemos en el término parranda como una fiesta, como una reunión íntima de amigos, en esas que empezaron a formar a Gabo como un escritor serio. Porque si es verdad el tópico de William Faulkner de que el mejor lugar para escribir es un prostibulo, porque en el día reina el silencio y en la noche la fiesta, Gabo se formó en La Cueva a punta de lecturas de Virginia Wolf y de conversaciones con amigos como Alvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, Alejandro Obregón, Ramon Vinyes y hasta el mismo Julio Mario Santodomingo quien era el que terminaba pagando las cuentas. Gabo en esa época era recordado como un tipo flaco que fumaba compulsivamente, y hablaba poco. Luego, con la fama, la cercanía con sus viejos amigos quedaría restringida, algunos creen que se le subieron los humos a la cabeza. Así que las parrandas se trasladaron a Europa. Allí con Vargas Llosa y Cortazar armaban furruscas interminables, algunas de ellas incluso pasadas por cannabis.   Gabo afirmaba que había recorrido el mundo entero para visitar y parrandear con sus amigos además de pagar cuentas astronómicas de teléfono para sentirlos cerca. En México siempre tendría a Alvaro Mutis, amo y señor del whisky, y a Guillermo Angulo, el querido y amado maestro Angulo a quien hoy en día aún podemos ver como si fuera una aparición entre su finca de Choachí y su apartamento en las Torres del Parque, en Paris a Regis Debray, en Nueva York a Julio Mario, en Bogotá y París a Plinio quien aún vive muerto del aburrimiento. Gabo fue tan parrandero que cuando le entregaron el Nobel armó fiesta en la antesala del premio Nóbel. Gabo era una especide rock star, politicamente incorrecto y con una llama por dentro que no se apagaba. Independientemente de si la fama o no le cambió, si ya los rones se los tomara con hombres de poder como Fidel, Miterrand o Torrijos, Gabo amó a sus amigos y también a sus fiestas. No importaba donde fueran. No importaba con quien fuera.

  • La disputa del aguardiente, entre el monopolio y el libre mercado: el dilema de la regulación de licor.

    Por: Daniel Casallas - voluntario de la Línea de Democracia y Gobernabilidad. La restricción que se le dio al Aguardiente Amarillo de Manzanares  para su comercialización en los departamentos de Cundinamarca y Valle, ha llevado a una nueva disputa jurídica a las empresas licoreras y gobernaciones departamentales sobre los derechos de venta de licor. Este dilema en términos de regulación de sustancias se encuentra en este momento siendo estudiado por la Corte Constitucional, donde confluyen intereses económicos, derechos del consumidor, dineros públicos y la política como medio de disputa en la distribución de licores y el recaudo de impuestos.   Este pleito “aguardientero” evidencia los enredos posibles en la legislación con el caso puntual del manejo del alcohol en su producción y comercialización, muestra como la industria licorera creció y permanece gracias y de la mano del Estado en forma de licoreras departamentales, y que además de garantizar la producción en cada departamento tiene la facultad de regular la comercialización en su territorio, de donde se desprende la capacidad de veto a un producto particular.   El desarrollo histórico de la industria del alcohol de la mano del Estado en Colombia   Desde la llegada del procesamiento industrial de alcohol al país a inicios del siglo XX, se evidencia la marcada tradición de que el Estado tenga el monopolio de producción y venta de licor . Para este entonces se genera como primera medida regulatoria el Decreto Legislativo 41 de 1905 que estipula el monopolio del licor en manos del Estado, situándolo de manera amplia en manos de la institucionalidad a nivel nacional.   Este primer decreto para la regulación se da en medio de un contexto particular, cuando la chicha era la bebida alcohólica predilecta  por la tradición popular ligada a la indígena, el Estado vio necesidad de grabar con impuestos su comercialización, que generaba gran impacto en la capital y la zona del centro del país.   Posteriormente en 1908 el Decreto 1244 cedió la renta nacional a los departamentos y municipios, dando también potestad a las Asambleas Departamentales de administrar la actividad productiva relacionada con los licores, dando así inicio al camino de la industrialización del licor ligado a las gobernaciones departamentales.   Con esta legislación y hasta la década de 1930 la industrialización, la regulación misma y la apertura del mercado a nuevos productos como a la cerveza (con la cual se hizo una guerra mediática), el consumo de chicha bajó significativamente, pasando de ser la bebida más consumida a la más perseguida por las autoridades y juzgada a nivel social.   Este cambio paulatino del mercado de la mano de la cerveza y la nueva normatividad (que trajo consigo los estándares de salubridad), fomentó la consolidación de la industria licorera en el país y las regiones, que dio como resultado para la primera parte del siglo XX la fundación de las principales fabricas que perduran hasta hoy en los departamentos de: Antioquia, Caldas, Valle del Cauca, Meta, Cauca, Tolima y Boyacá, y cuyas licoreras surten de licor nacional a todo el país. Son estas empresas las que configuraron la competencia en el territorio, al menos para productos destilados como el ron y el aguardiente, y fermentados como la cerveza.   Después de la consolidación mercantil del siglo XX, en la constitución de 1991 se reconocieron dos tipos de monopolios a favor de los departamentos: el de licores destilados y el de los juegos de azar. Sin embargo, el monopolio rentístico de la venta de licor en Colombia se establece formalmente con la ley 1816 de 2016 .   Dicha ley faculta a las Gobernaciones para otorgar permisos de distribución a licores de otros departamentos para que sean comercializados en el territorio propio, dichos permisos son temporales y prorrogables, y los tiempos oscilan de 5 a 10 años. Del mismo modo permite revocar dichos permisos cuando se incumplan requisitos o haya inhabilidad por prácticas restrictivas de libre competencia.   Finalmente es bajo esta normatividad que la Industria Licorera de Caldas (ILC) obtuvo el aval para vender sus productos en Cundinamarca por 10 años en 2017 , y posteriormente en 2019 fue adicionado el permiso para la venta del Aguardiente Amarillo de Manzanares. Pero en 2023 la resolución 797 de la Gobernación de Cundinamarca revocó este permiso como medida de protección especial para el producto local. Esta decisión llevó a la demanda de inconstitucionalidad de dos incisos de la ley 1816 de 2016, que este momento es estudiada por la Corte Constitucional , fundamentada en la libre elección de los consumidores y la protección del libre mercado. Imagen de: Licores y algo más El lío de cuidar el monopolio a punta de restricción.   En este lio jurídico se enfrentan mucho más que intereses particulares de las licoreras y de las personas consumidoras. Esta misma Ley 1816 de 2016 regula el gasto y destino de inversión derivado de la renta de estas bebidas alcohólicas en los departamentos, esta estipula que al menos el 51% del total de recaudo por la renta al monopolio de licor destilado se invierta en los sectores de salud y educación.   Con este contexto, en el pleito se involucran intereses públicos representados en inversiones de gasto social de cada departamento, cuestión que se convirtió en el argumento de los que plantean la restricción. Sin embargo, lejos de tratarse de un tema de inversión presupuestal y rentas, este lio tiene que ver con la competencia del mercado y el impacto del guaro Amarillo en el mismo.   De todas formas, el caso está abierto y en lo práctico las medidas de la restricción se evidencian en el mercado. Mientras el gerente de la ILC Elías Borrero afirma que la gobernación de Cundinamarca dejó de recibir 73 mil millones de pesos derivados del permiso de comercialización, las demás licoreras incluyendo la de este departamento, han producido licores similares que pretenden suplir la demanda creada sin lograr generar un impacto similar al de este aguardiente. Así entonces pareciera que esta medida es más una disputa económica con la ILC por el éxito de su producto, en un mediocre intento por incrementar las ventas de la licorera local a discreción.   El dilema de la regulación y de la política que se está implementando, es que a costa del monopolio y de su protección con la medida restrictiva, indirectamente se podría estar fomentando el contrabando y el adultera miento de licor. De hecho, esta medida generaría riesgos al consumidor al fomentar un mercado negro para la distribución de Amarillo en los departamentos donde no se puede vender, sin garantías ni estándares de calidad. En esta vía, se han reportado múltiples incautamientos de licor de contrabando y adulterado en los departamentos de Tolima , Valle del Cauca , Huila  y Cauca  en lo que va corrido de 2024, con una tendencia evidente en los hallazgos y es la presencia de Aguardiente Amarillo. Estos cargamentos se han dado en ciudades como Cali y en vías departamentales con destinos donde la legislación departamental vetó este licor. Estos descubrimientos de las autoridades no eximen a otros lugares donde el contrabando llegue con éxito, y donde la decisión de veto represente consecuencias a la seguridad del consumidor. Además, se resalta que no es evidente que la masa de personas consumidoras de aguardiente en Cundinamarca y Valle, hayan simplemente cambiado su preferencia y optado por un licor producido localmente.   Por ahora, mientras la Corte decide si mantiene el monopolio rentístico de los departamentos, de este tipo de enredos legislativos y luchas jurídicas se pueden aprenden experiencias. Por ejemplo, en la distribución y comercialización de alcohol (al ser una sustancia psicoactiva) no deberían primar los intereses del mercado o incluso el resguardo de la economía local departamental, se plantean metas de la regulación cuando se priorice la salud, la información y la mitigación daños de las personas consumidoras.   Sea cual sea la decisión de la Corte esta es una situación sin precedentes, donde la misma regulación ha metido en apuros al Estado, en el marco de que un departamento podría buscar beneficio a costa de vetar el producto de otro.   A manera de cierre.     De esta forma se puede evidenciar que una de las fallas de este modelo de regulación es que, al estar tan ligado y relacionado con el mercado, se prioriza la competencia entre las Gobernaciones Departamentales buscando incrementar el ingreso en la industria local, sobre la búsqueda de rentas para la inversión social o incluso la seguridad del consumidor.   El monopolio puede dar autonomía en el papel más sin embargo fomenta la competencia y la acrecienta en el mercado. Del mismo modo, facultades como la del veto parecieran funcionar como un desquite económico o un mecanismo de puja comercial en este caso, que en términos razonables excede la responsabilidad del Estado en cualquiera de sus escalas.   En esta medida es válido pensar que las rentas derivadas de la venta deben establecerse como sea necesario para que las inversiones en gasto social no se vean afectadas, sobre todo cuando se trata de sectores como salud y educación. Por otra parte, es menester crear y mantener los mercados de sustancias psicoactivas ligados a la regulación, pero manteniendo principios de información, mitigación de daños y garantizando la seguridad del consumidor al mismo tiempo, no para el fomento del lucro o incremento de las ventas en términos económicos.

  • Desde la frontera, construyendo paz: El impacto de los jóvenes cucuteños

    Por: Sebastian Solano - Coordinador de la línea Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil En el corazón de la frontera colombo-venezolana, donde los desafíos sociales y económicos suelen ser protagonistas, un grupo de jóvenes ha decidido transformar la narrativa de su ciudad. A través de la Escuela de Liderazgo Juvenil (ELJ), un programa impulsado por la Fundación Paz y Reconciliación (PARES) con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo - AECID, estos jóvenes están demostrando que el cambio es posible desde el liderazgo colectivo y comprometido. La ELJ en Cúcuta no solo ha ofrecido herramientas prácticas a los becarios, sino que les ha permitido redescubrir su capacidad para liderar iniciativas que generan impacto social. En este recorrido, cargado de aprendizajes, creatividad y determinación, se han gestado proyectos que ya están transformando las comunidades más vulnerables de la ciudad. Construyendo bases sólidas Desde abril de 2024, la ELJ ha sido un espacio de aprendizaje constante. A través de módulos diseñados estratégicamente, los participantes han adquirido habilidades en planeación territorial, gestión de proyectos y resolución de conflictos. Estos espacios no solo han sido teóricos; el modelo de aula invertida del programa ha impulsado la autonomía de los jóvenes, desafiándolos a aplicar lo aprendido en escenarios reales. “Cada sesión era un reto, pero también un recordatorio de lo mucho que podemos lograr si trabajamos juntos”, explica Ailen Duque, una de las becarias del programa. Ailen ha liderado proyectos deportivos y de inclusión social, demostrando que la diversidad y el liderazgo juvenil son piezas clave para construir comunidades resilientes. Vea también: Ailen Duque: La apuesta del liderazgo diverso de Cúcuta La formación no se limitó al aula. Los encuentros ciudadanos, organizados como parte integral de la escuela, ofrecieron a los jóvenes la oportunidad de dialogar con líderes locales, empresarios y representantes de la cooperación internacional. Fue en uno de estos espacios donde se consolidaron alianzas estratégicas, como la vinculación de tres becarias al proyecto ambiental de Corpocero Cúcuta, una organización que trabaja por la sostenibilidad en zonas vulnerables. De las ideas a la acción: Iniciativas juveniles que se cumplirán en el 2025 En Cúcuta, una ciudad donde los desafíos sociales, económicos y ambientales son una constante, algo emocionante está en el horizonte. En 2025, tres proyectos diseñados desde la Escuela de Liderazgo Juvenil (ELJ) prometen reconfigurar la narrativa de esta región fronteriza, demostrando que la juventud, con apoyo y visión, tiene el poder de transformar su entorno. Sembrando Conciencia Colectiva Ambiental, Goles por la Juventud y la Vida y Festival Mujeres Emprendiendo Paz son mucho más que iniciativas; son un reflejo del compromiso colectivo por un futuro mejor. 1. Sembrando Conciencia Colectiva Ambiental: Donde la sostenibilidad se convierte en cultura En los barrios Colombia Uno y María Teresa, 2025 será un año de transformación. Sembrando Conciencia Colectiva Ambiental, liderado por la Red Nacional de Jóvenes de Ambiente, el colectivo Sueños de Película y la Fundación Creciendo Unidos, se prepara para abordar de manera integral los problemas ambientales y sociales que afectan a estas comunidades. El programa planea implementar talleres prácticos sobre manejo de residuos, compostaje y reciclaje, junto con la creación de huertos urbanos que mejorarán la seguridad alimentaria de las familias. Además, el componente artístico transformará residuos reciclables en obras comunitarias, usando el arte como herramienta de sensibilización. Los objetivos son ambiciosos, pero alcanzables: capacitar a más de 50 madres cabeza de hogar como líderes ambientales, reducir significativamente los residuos sólidos y convertir estos barrios en referentes de sostenibilidad en la ciudad. Este enfoque holístico combina la educación, el arte y el empoderamiento comunitario para plantar las semillas de una cultura de paz. Vea también: El cuidado del medio ambiente: La apuesta por la paz de dos jóvenes en Cúcuta 2. Goles por la Juventud y la Vida: La cancha como espacio de reconciliación Para muchos jóvenes cucuteños, el fútbol no es solo un deporte, sino un espacio donde se construyen amistades y se superan diferencias. En 2025, el proyecto Goles por la Juventud y la Vida aprovechará este potencial transformador para promover la convivencia pacífica y la resolución de conflictos en las escuelas deportivas de organizaciones barristas. Liderado por la Organización Barrista La Gloriosa Banda Rojinegra, la Corporación Movimiento Analítico para la Transformación Social (MATS) y la Asociación Jóvenes por un Nuevo Norte, el proyecto incluirá talleres sobre comunicación asertiva y transformación de conflictos, así como actividades como cine foros y partidos de fútbol. Los organizadores esperan impactar a más de 110 niños y adolescentes, enseñándoles valores como el respeto, la inclusión y la empatía. Además, se desarrollará una caja de herramientas pedagógica que permitirá replicar esta experiencia en otras comunidades. Vea también: En Cúcuta, el fútbol popular es una alternativa de vida 3. Festival Mujeres Emprendiendo Paz: Tejiendo redes desde el emprendimiento En el centro de Cúcuta, el 2025 creará un espacio de creatividad y resistencia femenina con el Festival Mujeres Emprendiendo Paz. Este evento, liderado por la Fundación Moiras, la Corporación Movimiento Visibles y la Red Nacional de Jóvenes de Ambiente, será un homenaje a las mujeres migrantes, rurales, víctimas del conflicto y con experiencia de vida trans que, pese a las adversidades, están impulsando el cambio en sus comunidades. El festival combinará talleres formativos, presentaciones artísticas y exhibiciones de productos, dando visibilidad a 25 emprendimientos locales. También se producirán piezas audiovisuales que narren las historias de las participantes, resaltando su creatividad y capacidad para superar barreras. El impacto del festival no se limitará al evento en sí. Al fortalecer redes entre emprendedoras, se busca generar oportunidades de colaboración y crecimiento colectivo que perduren más allá de 2025. La juventud como motor de cambio Lo que hace única a la ELJ en Cúcuta es su capacidad para catalizar el liderazgo juvenil en un contexto tan complejo como el de la frontera. Más que un programa, se ha convertido en una comunidad de aprendizaje y acción que continúa creciendo. El impacto no se limita a los proyectos. Los jóvenes becarios han comenzado a ocupar espacios en la agenda pública de la ciudad, influenciando políticas locales y colaborando con actores clave para asegurar la sostenibilidad de sus iniciativas. Vea también: Otros mundos son posibles: Las apuestas desde las Escuelas de Liderazgo Juvenil. Con el cierre de un año lleno de logros y aprendizajes, la ELJ en Cúcuta se prepara para su próxima fase. En 2025, los proyectos comenzarán a expandirse, llevando su impacto a nuevas comunidades y consolidando alianzas estratégicas que aseguren su sostenibilidad. Para los jóvenes, el liderazgo no es un destino, sino un camino. Un camino que están recorriendo con valentía, creatividad y una fe inquebrantable en el poder del cambio colectivo. Porque, como ellos mismos lo han demostrado, Cúcuta no es solo una ciudad en la frontera; es un espacio donde las posibilidades florecen, gracias a quienes deciden liderar con el corazón.

  • Bertha Quintero, la mujer que hizo salsa en una época donde los machotes mandaban

    Por: Iván Gallo - Editor de Contenido Hoy en día todos conocen a Bertha Quintero como lo que es, una de las gestores culturales más importantes del país, una fuerza de la naturaleza creadora de los Festivales al parque, manifestaciones que cambiaron para siempre la conciencia de Bogotá. Ella es la primera en pasmarse al ver cómo han crecido esos hijos: el primer rock al parque, el de 1994 tuvo 7 mil espectadores, este último, el del 2024, que fue tan criticado al principio, se convirtió en una fiesta en donde más de 700 mil espectadores se sodaron tres días de música. Pero esa parte de Berta es la que me parece más aburrida, yo quiero recordar es el momento en el que se convirtió en una estrella de las congas dentro del underground salsero. Fue alumna por una noche de Ray Barreto quien en París prometió regalarle su conga pero la engañó y a cambio de eso le dio una técnica que aún, a sus setenta y seis años usa para los pequeños toques que da entre amigos. Esto lo contará Berta en un libro que está escribiendo. Pero eso es mucho más allá. Yo me vengo para el más acá.   Una de las cosas buenas que hizo Gustavo Petro como alcalde de Bogotá fue darle vía libre al editor y creador del Malpensante, Mario Jursich, quien quería crear la gran biblia de la salsa en la capital. El resultado fue Fuera zapato viejo! Lamentablemente el libro tuvo poca difusión pero eso no le quita su belleza y su importancia. En uno de esos capítulos Bertha Quintero nos narra su vida como salsera.   Después de su paso por la DIAN dejó un rato la burocracia para darle a las congas. Eran finales de la década del setenta. La noche bogotana se vivía en el recién abierto Goce Pagano y tenía personajes tan fundamentales como el gran Jairo Varela quien en esa época soñaba con montar su propia orquesta. La idea la tenía fija, sería pura gente del Pacífico. Allí se le llamaban Niche a los negros. Así que el nombre ya estaba claro. Berta le propuso que ensayara en su casa en Chapinero. Allí tocó por primera vez el Grupo Niche. Una oferta parecida le hizo a Alexis Lozano. Así que en su casa también nació Guayacán. Pero Berta, más que una gestora, era una creadora.   Lo de la salsa empezó a convertirse en una fiebre en 1969, cuando fue, con un puñado de estudiantes, a un concierto de Richie Ray en Corferias. En ese momento Bogotá seguía siendo el lugar que alguna vez describió como un lugar donde todos los hombres iban de negro, llovía todo el tiempo y no habían mujeres. No había nada más ajeno que la salsa. Pero por gente como Quintero Bogotá, una década después, se transformaría en una de las capitales salseras en el mundo. Entonces apareció Keops, la Teja Corrida, el Goce Pagano y en 1980, a sus 32 años, a Berta le da por crear un grupo de salsa compuesto solamente por mujeres al que bautizó Yemayá. La aventura duró dos años y medio y entre los recuerdos que quedaron está el de haber tocado una noche -en su casa- con el gran Mongo Santamaría.   En 1984, después de desechar nombres tan transgresores como Coñobravas, Coñofuriosas o las camasbravas crean el grupo Cañabrava.Con ellas aparecieron en Espectaculares JES, programa de Julio E Sánchez Vanegas que era la gran tribuna con la que soñaban los artistas en el país. La fama llegó a ser tan grande que en 1987 se fueron a París y allí tocaron durante semanas en la Chapelle des Lombards de la Rue de Lappe, que era el gran templo de la salsa en la Ciudad Luz. Grabaron un disco en París junto al senegalés Manu Dibango, uno de los grandes saxofonistas de la época.   Al llegar a Colombia la fama estalló. Hicieron gira por Nueva York, España, Venezuela y México en donde incluso compartieron tarima con Café Tacuba, Willie Colón y Andy Montañez. Después de 25 años de existencia Cañabrava se desintegró y lo que quedó fue la leyenda.   Ahora, en unos meses, leeremos sus recuerdos pero no como gestora sino como protagonista del movimiento de la salsa, un universo en donde se movieron bohemios revolucionarios y artistas geniales como ella.

  • 40 niños muertos al día deja la venganza de Israel a Palestina

    Por: Redacción Pares Uno de los personajes del año son los niños de Gaza. Cada vez que muestran imágenes de las ciudades palestinas destruidas se ve, entre los escombros, el cuerpo de un niño. La cifra no deja mayores interpretaciones, es simplemente horrorosa: cada día, desde el 8 de octubre del 2023, cuando empezó la venganza israelita, hay en promedio cuarenta niños muertos por día. Israel se encoge de hombros ante la cifra, como si no fuera con ellos, como si fuera  sólo “bajas aceptables”.   En octubre, luego de que se cumpliera un año de la sangrienta venganza, el encargado de dar este dato fue James Elder, portavoz global de la agencia de Naciones Unidas para la infancia, UNICEF. Así se lo contó en su momento a la BBC. Durante ese primer año los muertos superan las 45 mil personas. Las cuentas israelitas afirman que por cada 15 inocentes ellos “neutralizan” a un terrorista palestino. Es como si el mundo les hubiera dado patente de corso a los israelitas para matar impunemente a inocentes. Esta cifra podría ser 15 veces más grandes según cifras de ONG. Cada vez son más comunes los casos de automóviles o camiones pertenecientes a la sociedad civil que están en Palestina ayudando que resultan blanco de las balas israelitas.   Una de las cosas que más preocupa a organismos internacionales es que, desde el primer día, los hospitales han sido blancos de bombardeos, hospitales llenos de madres heridas, con sus hijos en brazos y que son rematados por la brutalidad de las bombas. Debido al bloqueo de la guerra los hospitales que siguen en pie tienen un dominador común: el ambiente viciado de sangre y dolor. Muchos niños heridos deben dormir literalmente en el piso. Así que a las heridas físicas están los traumas. Es que el 85% de Gaza se encuentra en orden de evacuación, eso quiere decir que el 100% de la población debe vivir hacinada en un 15% de un territorio que ya de por si es estrecho debido a la constante invasión israelita.   Elder, en la ya citada entrevista a la BBC, habla concretamente de una niña llamada Qama quien tiene 8 años, a quien los médicos le amputaron la pierna porque no había otro camino para salvarle la vida. En Gaza estamos volviendo a épocas pretéritas de la medicina, en donde se usaban métodos tan extremos como la amputación para salvar una vida. ¿Qué pasará con el futuro de una niña como Qama quien, ademas de sus limitaciones físicas, ha tenido que ver tanto horror? A todo esto dos factores afectan la situación de los niños en Gaza, una de ellas es la falta de ayuda humanitaria ya que Israel cada vez más estrecha los corredores de entrada y salida y la otra es la polio que se expande en cada campamento.   Los niños de Gaza necesitan de nuestra ayuda. No basta con compartir el horror en redes sociales y que vemos cada día sino que hay que presionar a los gobiernos occidentales para que obliguen a Israel a respetar los más elementales tratados internacionales. La humanidad vive sus horas más bajas.

  • La salsa: la banda sonora de la revolución

    Por: Iván Gallo - Editor de Contenido Fue Bertha Quintero, muchos años antes que lo hiciera Andrés Caicedo, quien descubrió que la salsa podría ser tan revolucionaria como el rock. Fue en un concierto en Corferias, año 68. Pocos parroquianos llegaron a la cita. En la tarima: Richie Ray y Bobby Cruz. Fue un subidón. Un goce pagano. Por esa época ya Senén Mosquera había abierto Mozambique, ahí frente a la iglesia de Lourdes y sus primeros clientes fueron profesores de la Nacional y alumnos de esa universidad que buscaban no sólo bailar sino pensar. Tener un espacio para hablar y gozar. El rock era demasiado sofisticado. Ya los Rolling Stones habían cantado Street fighter man y se había transformado en el himno de los estudiantes en las revueltas de Mayo del 68 pero París quedaba muy lejos. No había tanta sofisticación. El bilinguismo era privilegio de los Lleras y los López.  Los jóvenes necesitaban identificarse con la letra.   Así que a falta de Bob Dylan se tenía a Pablos Gallinasus y a Victor Jara. A falta de Mick Jagger quien mejor que Héctor Lavoe. A Bertha, como a tantos otros muchachos, ese concierto fue un reseteo, un punto de inicio. Si con los Graduados se podía sólo gozar, con Eddie Palmieri se podía estremecerse con un baile sudado y a la vez soñar con irse “Pal Monte”. El feminismo es la última ideología que queda viva a estas alturas del siglo XXI, cuando todos los valores han muerto y un criminal como Donald Trump ha sido elegido presidente de los Estados Unidos. Bertha le entregó su vida a la salsa. Convirtió su casa en Teusaquillo, un refugio de revolucionarios y de músicos como Jairo Varela que querían hacer realidad el sueño de formar un grupo.   A comienzos de los setenta Bogotá era más fría que ahora y el mar parece que quedaba más lejos. La salsa también. Cali y Barranquilla eran los focos de la insurrección. Andrés Caicedo muestra como la salsa, en 1975 en Cali, pasa de ser dominio de prostitutas y ladrones ha convertirse en la banda sonora de los niños bien, los que podían mandar a traer discos de Creedence y los Doors desde Estados Unidos. Descubrió que el rock y la salsa eran el coctel de la revolución. No importaba que las letras ´no fueran explícitas. Pero se creía en el Hacha y también en el Machete. Todo cambió en 1978.   Para esa época Andrés Caicedo ya estaba muerto y las revoluciones también. El último foco de resistencia fue El Goce Pagano. Lo abrieron en 1978. Tres amigos. Voy a hablar acá de Pagano. César Villegas. Le pusieron Pagano por un artículo que escribió en la revista Alternativa. Se tituló La salsa, ese goce pagano. La revista, financiada por García Márquez y por el propio Enrique Santos, fue la respuesta a gobiernos represores como el de Julio César Turbay, que hicieron de la tortura un lugar común. Al Goce fue a parar Bertha Quintero y allí se le ocurrió montar la primera orquesta de mujeres en Colombia, Cañabrava, e iba toda la lista de grandes intelectuales colombianos pero hay una omisión muy grande a la hora de hablar de Pagano y sus virtudes: el Goce fue importante por el factor popular. El obrero, cansado del chucu-chucu iba allí y terminaba hablando con Juan Manuel Roca en la barra, perdido en sus retruécanos. El Goce fue el imperio de la salsa precisamente por eso, por su capacidad de romper cualquier tipo de muralla social.   Entre 1978 y 1982 el M-19 puso de moda ser de izquierda en Colombia. Si voy un poquito más allá incluso llegó a justificar eso que décadas después las FARC y el ELN terminaron de desligitimar: la lucha armada. Alternativa era una revista que justificaba “Todas las formas de lucha” y la banda sonora de Alternativa era la salsa, y la cueva donde se metían eran los dos goces que funcionaban en esa época. Por eso, no es extraño que se cuente que entre los clientes asiduos de El Goce a comienzos de los ochenta estuviera, de encubierto, el gran Jaime Bateman.   Bogotá, la nevera, terminó, a finales de los ochenta, entre los bombazos de un Pablo Escobar desesperado, convertida en la capital de la salsa. Disputándosela palmo a palmo a Nueva York. Mientras tanto, los grupos paramilitares y la extrema derecha iban matando a dirigentes de la Unión Patriótica. Uno a uno hasta llegar a 4.000. Había miedo en el mundo de la salsa. Hubo militantes como César Mora, que llegaron por necesidad de estabilidad a la televisión, que arrancaron como grandes salseros y marxistas. Entre los escombros de los carrosbomba esta gente fue echando paso. Jaime Garzón, quien fue sólo fue de izquierda unos años, sus primeros, fue asesinado por Carlos Castaño y Candela, canción escrita por César Mora, se convirtió en parte de la banda sonora de los muchachos que honraron la memoria de Jaime y que lucharon por un mundo mejor.   César Miguel Rondón, cuando decide historiar la salsa como un fenómeno político-musical-gozoso, ayuda a identificar que la salsa no sólo despertaba alegría sino que despertaba conciencia. Pero es que no se puede abrazar la revolución sino hay alegría. Si eso no es así lo que queda es estalinismo.   Con la llegada del nuevo siglo se instaló en Bogotá, gracias a la gestión de Bertha Quintero y de la fiebre que nos brindó Pagano, la Salsa al parque. Allá han ido todos, aunque el que más recuerdo es a Papo Lucca. Cada año es una fiesta revolucionaria. Dicen que el sonido se apaga, que los animos han bajado, que ya nada es lo mismo, que la salsa está muerta. Pero se equivocan. El que lo dude que vaya a Salsa al parque y vea que todavía hay muchachos a los que no se los ha comido el mosntruo del regetón y de la indiferencia. La salsa es empatía, colaboración, sentimiento. Para bailar salsa se necesitan dos. Si no es malabarismo. En Bogotá, durante los ochenta se vivió el mayor esplendor con lugares como el Goce, la Montaña del Oso, Keops y en el sur un templo: Rumbaland.   Ahora nada importa. Los grupos, por ejemplo, no importa. Es un salvese quien pueda. Es como habernos enterado que la guerra terminó y los que ganaron fueron los nazis. La industria musical o lo que queda de ella ha impuesto un sólo gusto, una tendencia. Los salseros son una logia acorralada, un nicho que resiste en catacumbas y que sigue siendo jodidamente política. Porque toda manifestación de arte lo es. No somos tantos como antes pero resistimos. Bogotá resiste. Y con legados como los de César Pagano seguirá resistiendo. La marcha es lenta pero es marcha. Y desde que nos sigamos moviendo existe la revolución. Tus pasos, los míos, al compás de un montuno, nos mantienen en pie. Primero caerá el imperio cristiano que el Imperio de la salsa.

  • Racismo, estafas, machismo y quiebras: Donald Trump, una vida llena de escándalos

    Por: Redacción Pares El pasado 5 de noviembre del 2024 Estados Unidos vivió un hecho histórico: por primera vez, en sus más de doscientos años de democracia, escogía como presidente a un criminal. Donald Trump está condenado por 34 delitos. La verdad es que Trump no se ha hecho famoso por su supuesta capacidad de hacer plata -en realidad buena parte de su vida ha estado malgastando una cuantiosa fortuna- sino por sus escándalos. En los ochenta era un feroz playboy de vida turbulenta. En los noventa era un celebritie tan cotizado que incluso hacía cameos para la franquicia más taquillera de la época, Mi pobre angelito, en la primera década de este siglo fue olvidado por los grandes medios mientras intentaba capotear las crisis financieras, y en la segunda década del siglo XXI recobró popularidad gracias a un reality, El aprendíz. Hace 20 años sería considerado un tema de ciencia ficción creer que un hombre con el coeficiente intelectual de Trump, su abierto machismo y racismo, podría ser presidente de los Estados Unidos. En el 2008 se estrenó la película Pornocracia, en donde se mostraba a los Estados Unidos en donde el bajo nivel intelectual de sus ciudadanos llevaba, en un futuro lejano, a escoger a un actor porno como presidente. Esta distopía se hizo realidad en el 2016 con Trump.   Y lo peor es que los gringos lo escogieron en parte porque encarna la parte más sucia del sueño americano, la de ser un voraz tiburón de los negocios capaz de convertir todo lo que toca en oro. Y eso no es cierto, este es un mito absolutamente revaluado. En 1991, por ejemplo, su casino, el Taj Mahal, ubicado en Atlanta city, Nueva Jersey, quebró por su mal calculo. Pero antes ya había protagonizado un episodio todavía más vergonzoso, fue acusado y demandado en 1973 por el Departamento de Justicia por discriminación racial ya que se negó a venderle propiedades a familias afroamericana. En 1989 cinco adolescentes negros y latinos fueron acusados injustamente de violar a una joven en el Central Park de Nueva York. Netflix incluso realizó una de sus mejores miniseries basado en este caso. Trump fue una de las pocas figuras públicas que decidió condenar públicamente a los muchachos a pesar de que las pruebas de ADN fueron definitivas en la investigación.   Según un audio del 2005 y revelado durante su primera campaña presidencial, Trump es explícito sobre lo que piensa sobre las mujeres y afirmó en ese momento que es válido, si tienes poder, hacer con ella lo que quieras, incluso “agarrarlas por el coño”. Esto no le costó un sólo voto. Es como si los tiempos postapocalípticos que nos cobijan fueran un chaleco antibalas para este monstruo. Como si fuera poco su cercanía con Putin -Trump es un declarado admirador de los dictadores, por eso es bastante posible que su actitud con Maduro una vez se posesione como presidente- llevaron a investigarlo por una posible injerencia de los rusos en las elecciones del 2016, montando una guerra sucia contra su rival, Hillary Clinton. Todo en él es un bluff, empezando por su supuesta fórmula para hacer millonarios. En el 2010 abrió una universidad en donde lo cobraba a jóvenes estudiantes matrículas de 35 mil dólares para hacerlos negociantes avezados. De más está decir que esto no funcionó y terminó siendo demandado por los propios estudiantes de la Universidad Trump.   Si existió en la historia reciente de la humanidad un festival de noticias falsas fue durante la pandemia del COVID 19. En el 2020 Trump todavía era presidente de los Estados Unidos. Sus enfebrecidos seguidores creyeron a pie juntillas la irresponsabilidad de su verbo. No llevar mascarilla durante los meses que duró el pico de la enfermedad fue un distintivo de ser trumpista, mucho más importante incluso que portar la gorra roja que lleva marcada la leyenda de Vuelva a hacer grande a América. Hay que recordar que llegó a recomendar el uso de un desinfectante que supuestamente “mataría al virus en un minuto”.   Y bueno, están sus condenas por intentar sobornar a la actriz porno Stormy Daniells, el haber divulgado fakes news sobre inmigrantes haitianos que se comieron a 30 mil mascotas en un pueblo en Ohio y la campaña sucia contra Kamala Harris. Todo esto no hizo sino alimentar la campaña de Trump y hacer que en las pasadas elecciones arrasara. No importa lo que haga, el nuevo presidente de los Estados Unidos tiene una popularidad a prueba de balas y es un símbolo peligroso de que algo está cambiando y se está pudiendo en el mundo.

  • En Cúcuta transforman el conflicto en pedagogías para la paz

    Por: Anderson Salinas Enlace Norte de Santander de la Línea de Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil La Corporación Movimiento Analítico para la Transformación Social (MATS) nació en Cúcuta en el año 2017, la integran 16 personas voluntarias, entre ellas: Emily León y Alejandra Correal, becarias de la Escuela de Liderazgo Juvenil en Cúcuta que lidera la Fundación Paz y Reconciliación con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). La Corporación surgió de la necesidad de intervenir directamente en las comunidades para comprender y atender sus realidades y necesidades. Con la mirada en llevar la construcción de paz a las periferias de departamento decidieron organizarse para actuar con un enfoque social y comunitario, promoviendo la defensa y la exigibilidad de los derechos humanos (DDHH). Emily León, becaria de la Escuela e integrante de la corporación precisa a Pares que: “inciden en el territorio por medio de procesos sociales, comunitarios, en defensa y exigibilidad de los derechos humanos, así mismo aportamos a la sociedad en temas de acompañamiento jurídico, psicosocial, intervención pedagógica en las comunidades para el fortalecimiento de la incidencia y participación política en asuntos públicos, que afectan su vida de manera directa o indirecta en el territorio”. Emily cuenta que, en el año 2017, mientras estudiaba la carrera de enfermería, conoció la corporación y decidió unirse como voluntaria para aportar sus conocimientos al servicio de las comunidades más vulnerables, “ya que al ir a estas comunidades y trabajar con los NNAJ, mujeres y población mixta, era gratificante el poder ver una sonrisa, un agradecimiento sincero y un abrazo, con lo poco o mucho que aportábamos como jóvenes para transformar esas realidades”, indica León.

  • El médico que convirtió a Adolf Hitler en un drogadicto

    Por: Iván Gallo-Editor de Contenido En los últimos días que vivió en el búnker ubicado debajo de la cancillería del Reich Hitler daba asco. El cuerpo se le había inflamado por culpa de los gases, la piel era amarilla y agrietada como un pergamino, uno de sus párpados se hinchó hasta tal punto que uno de sus ojos se cerró completamente, babeaba y arrastraba los pies. Parecía un hombre de ochenta años mal cuidados. Según Joseph Goebbels, su ministro de propaganda y más fanático seguidor, la culpa de esto la tenía el médico de cabecera del Fuhrer, Theo Morell.   La historia de ambos se remonta a 1936. Hitler está en la cuesta de la popularidad. Acababa de mostrarle al mundo que los relatos que hablaban de una feroz dictadura no era más que una calumnia sionista. Alemania era el país del futuro. Así lo demostró con la fantástica y eficiente organización mostrada en los Juegos Olímpicos de Berlín. Morell llega a las puertas de Hitler recomendado por su fotógrafo personal, Hoffman, quien afirmaba que el médico le había suministrado unas inyecciones que le habían curado sus dolencias gástricas, una enfermedad que compartía con Hitler. Así que el sumo emperador alemán quiere conocer al tal Morell. En aras de la búsqueda de la supuesta perfección aria el doctor está muy lejos de serlo: era la viva personificación del autodesprecio. Pelo graso, cuerpo deformado por la grasa, ropa sucia, Morell olía mal. Sin embargo pasó la prueba con el exigente Hitler: las inyecciones no sólo le habían curado sus dolencias estomacales sino que le había dado energía.   Hitler le dijo que tendría de ahora en adelante un sólo cliente: él. Le dio una mansión, un sueldo astronómico y desde entonces sería su sombra. En ese momento la industria farmacéutica alemana estallaba. Laboratorios como Merk creaban cocaína y habían descubierto la metanfetamina. Necesitaban soldados y trabajadores incansables. Así que, por ejemplo, y con el visto bueno del Reich, distribuyen unas tabletas llamadas pervitina -que eran meta pura- entre las familias y los soldados. Alemania entra en guerra en 1939 y un año después, en tiempo record y liderados por el general Rommel, consquitan toda Europa. La velocidad con la que estas tropas actuaron tenía una explicación: oficiales y soldados iban hasta las cejas de Metanfetamina. Hitler se sentia pletórico de energía. Para esto también había una razón. Los comprimidos que le daba su médico era una mezcla de Eukodal -un opioide poderoso que tiene efectos y contraindicaciones tan devastadores como la oxicodona en los Estados Unidos- y cocaína pura.   Con los soldados en un subidón de Metanfetamina arrancaron la guerra relámpago contra Rusia. En 1941, además de ese error, Alemania abre un frente con los Estados Unidos. Creían que podrían tener la fuerza suficiente para llegar a Moscú antes del invierno de ese año. Pero en octubre están varados a doscientos kilómetros de la capital soviética. A partir de allí todo fue cuesta abajo. El contragolpe de Stalin terminaría cuatro años después. Sofocando las ciudades alemanas a punta de bombardeos. Y Hitler jamás volvió a hacer uno de sus encendidos discursos. Las amas de casa y los trabajadores alemanes también fueron evenenados con Pervitina para alargar las horas de productividad. El resultado es que tres años después de uso intenso de la Metanfetamina, los soldados y el pueblo aleman estaban quemados.   Su líder también. Después del 20 de julio de 1944, cuando los generales alemanes intentaron matarlo, todo para Hitler fue cuestabajo. El uso de drogas, debido a las dolencias que le habían quedado tras el atentado, subieron hasta el paroxismo. Se estima que Hitler recibía 8 inyecciones al día y media docena de tabletas. Ya no dormía, deliraba. Se reunía con su arquitecto Albert Speer para soñar ciudades que jamás se construirían. La guerra estaba perdida. Cuando se enterró con su circulo más cercano en el búnker de la cancillería, la primera persona en la que pensó fue en su médico. Morell había acumulado una fortuna a costa de la salud del Fuhrer que a quien había convertido en un drogadicto. En el búnker a Morell le pasó lo peor que puede sucederle a un dealer, se quedó sin suministros. Los aliados habían bombardeado los laboratorios alemanes. No había coca, morfina ni eukodal. Hitler, en un ataque de rabia, despidió a su médico. Se quedó sólo, mascando el desprecio que ya empezaban a sentir por él sus asesores más cercanos. El 30 de abril de 1945, después de casarse con Eva Braun, se tomó su último veneno, una pastilla de cianuro, en el viaje lo acompañó Goebbels, sus cinco hijos y su esposa. También su perrito Blondi.   Morrel fue capturado en mayo de 1945. Dos años después moriría en la miseria. Su historia apenas empieza a conocerse. Es importante decir que ninguna de las funestas decisiones que tomó Hitler contra la humanidad fueron alteradas por las drogas. Era plenamente consciente y responsable cuando lo hizo.

  • Victor Gaviria, el incomprendido

    Por: Iván Gallo - Editor de Contenido Volví a ver a Victor Gaviria en el 2024, en septiembre, durante la Feria del Libro de Cúcuta. Iba a presentar su libro de poesía. Victor es un poeta que hace cine. Estaba preocupado, necesitaba financiación para sus proyectos. Es increíble que un hombre de su trayectoria tenga que seguir tocando puertas. ¿Hasta cuando?   En el año 2003 Víctor Gaviria, trabajador incansable, se movía por Colombia dando charlas en pequeñas ciudades buscando público para el evento que lo absorbía en ese momento, la cuarta edición del Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia. Paralelo a esto ya había terminado de rodar la película de acción que siempre había querido hacer.   Una historia basada en la vida de un arquitecto llamado Hugo Restrepo -que incluso también colabora con el guion- que se deja tentar por un capo menor del narcotráfico que lo convierte en su arquitecto de cabecera. Al igual que Albert Speer, antes de construir las obras soñadas por su jefe, la guerra lo termina arrasando y a él mismo en su caída. En ese momento de la postproducción estaba buscando inversores, distribuidores. Era complicado para Víctor porque Erwin Goggel, talentosísimo empresario y documentalista, quién sacó adelante la producción de La vendedora de rosas, hacía comentarios sobre lo complicado que supuestamente era trabajar con Víctor, que los rodajes se alargaban demasiado y Goggel creía que el problema no lo generaba tanto poner a actuar a niños de la calle que jamás lo habían hecho, sino los espacio que debería dedicarle a los muchachos para mantener el ánimo arriba. Imaginen no más esperar al Zarco, con sus bruscos cambios de humor, a un ensayo. Había que hacer algo parecido a un santo.   Y creo que Víctor lo es. Además es un santo punketo. En sus correrías por Colombia en el año 2003, los jóvenes se le acercaban con el respeto que se le tiene a un tótem, a pesar del desparpajo, la alegría con la que Víctor trata a quien se le acerque. Esa especie de éxtasis lo llevaba a invitar a cuánto desconocido le pidiera un autógrafo al Festival de cine de Santa Fe de Antioquia, que en esa edición estaría centrado en el cine Latinoamericano. La mayoría eran pelados y no tenían un peso y llegaban a la cita a comienzos de diciembre a ese lugar del Bajo Cauca que, a comienzos del siglo pasado, sentía la influencia de la arremetida paramilitar que ya entraba en negociaciones con el gobierno de Uribe. Así que había que escoger bien el lugar para acampar. Saber si era pertinente prender un porro mientras se veía, en copia restaurada, esa alucinación llamada Araya, de Margot Benacerraf, proyectada gratis en la plaza de la iglesia de Jesús de Nazareno. Ese año el pueblo se llenó de un muchachos que llegaban de todas partes del país siguiéndole los pasos a un andariego tan sabio y divertido como lo fue en los sesenta Fernando González.   Hace 20 años no había un director en el país más reconocido. Sus dos largometrajes habían sido seleccionados en la competencia oficial por la Palma de Oro en Cannes. Esta hazaña no la consiguió ni la conseguiría jamás otro realizador colombiano. Rodrigo D produjo un impacto mundial al que ninguno de nuestros filmes estaba acostumbrado cuando se estrenó en 1990 también después de una larga postproducción. El maestro italiano Bernardo Bertolucci afirmó en varias entrevistas que era una de las películas latinoamericanas más desgarradoras jamás hechas. Víctor rodó en la Comuna del barrio El Diamante en Medellín, que era en 1988 una zona de guerra y mostrar la vida de un muchacho al que le gustaba el punk y sólo quería tener una batería. Estaba sumido en una profunda depresión, acababa de perder a su mamá y en la calle los amigos no ayudaban. Muchachos condenados al No Futuro. Personajes que, a los intereses hegemónicos, que controlan la narrativa en este país, como me dice Pedro Adrián Zuluaga, les parecen monstruosos, desechables. Víctor fue capaz de mirarlos con ternura, con amor. Son personajes reales. Y tienen miedo. Tienen más miedo del que nosotros podemos tenerles. Tienen miedo de que un jeep con los logos de las EPM, sin placas, se parquee al frente de sus casas y los saque y se los lleve y los torturen durante días y los dejen por ahí tirados.   Lo máximo a lo que pueden esperar es a un velorio en casa de Mamá, que los amigos lo lloren mientras suena Whish your we here de Pink Floyd. Ese miedo que sentían esos pelados de las comunas se refleja muy bien en una película llamada El Paseo, que, creo, está desaparecida. Es el único intento de Gaviria por hacer cine de terror. Dos ladrones amigos son asesinados por grupos de limpieza en el cerro El Voladero. Sus almas quedan vagando por ahí, espantando a las parejitas que iban a besarse en las noches. En una de esas ven a unos novios comiéndose a besos dentro de un Renault 4, el par de espectros se van acercando con sigilo cuando en la carretera ven una camioneta blanca con hombres de gafas negras adentro. Los fantasmas son los que terminan asustados. Salen corriendo y se desvanecen. El peligro nunca fueron esos pelados.   “Eso es lo que a Gaviria le interesa, demostrar que esos niños, esos jóvenes, esos sicarios, esos vendedores, son parte de esa cultura y tienen un mundo simbólico poderosísimo y que esa pérdida del arraigo cultural la expresan en el lenguaje como el lugar creador por excelencia y para llegar a ser ese creador necesitaba ser un poeta” Y eso es lo que siempre ha sido Víctor, un poeta.   Nunca estuvo una persona menos dispuesta a la Academia. Empezó a estudiar sicología porque a mediados de los setenta ahí estaba la movida cultural. Le gustaba la poesía y publicó su primer libro, La luna y la ducha fría, a los 23 años. Por esa época acababa de llegar a Medellín un sacerdote claretiano que había pasado un largo trecho de su vida en Alemania. Llegó con la maleta llena de rollos de cine. Entonces hizo un ciclo larguísimo de nuevo cine alemán. Resultó captando la atención de un público universitario que estaba mamado del monopolio de Hollywood en las carteleras locales. Gaviria recuerda esos años “Ese cine, hecho por jóvenes, nos sacó del prejuicio que teníamos de que las películas la hacían solo los viejos… nos puso a pensar que también estaba a nuestro alcance” Durante todas las semanas en la sala del Colombo-Americano (el famoso Palo con Guayaquil) se presentaba un estreno de Fassbinder, de Herzog, de Win Wenders y, después de la película se armaba un debate. Ir a cine era mucho más que ver una película.   Víctor nunca ha sido un cinéfilo encarnizado como su amigo Carlos Henao, con quien escribió el guion de La vendedora de rosas. Pero recuerda momentos en donde descubrió que el cine era una forma de hacer poesía. Había un cine club en 1975 en Medellín que se llamaba Mundo Universal y que funcionaba en las mañanas del domingo en el Teatro Avenida. Ahí vio una película que cambió su vida, Andrei Rubliov  de Tarkovsky. Cuando tres años después ganara su primer festival de cine con una peliculita de siete minutos echa en super 8 llamada Buscando tréboles, el camino ya estaba hecho. Ese primer cine de Victor me lo describe Zuluaga en una conversación “El hace un cine de realidad, que la investiga, la entiende, reconoce sus fuerzas, es un cine que le permite a uno orientarse en lo real, esto no es una tarea fácil, porque lo real es caos, y lo organiza a través de un proceso costoso, complejo. En esas crónicas, en esas peliculitas, se dan señales de lo que vendrá, los niños que son los protagonistas de la primera parte de la obra ven la realidad con mucha lucidez. Es una mirada anterior a la caída y a la culpa sin contaminaciones”.   A mediados de los ochenta se funda Teleantioquia y Víctor Gaviria nos regala las que pueden ser consideradas, sin asomo de exageración, las obras más bellas hechas para canales regionales en la historia del país. En Simón el mago es capaz de trasladar a la pantalla toda la oralidad de Carrasquilla, en Los habitantes de la noche muestra a los proscritos que viven en las calles de la ciudad mientras todos duermen. Y luego vinieron unas películas que creo, están perdidas y que los que las alcanzaron a ver hablan de su belleza: La lupa del fin del mundo, sueños de un mantel vacío, la jirafa del parque. Víctor no debe saber donde están. Archivar nunca fue su fuerte.   En ese festival de cine del 2003 Víctor hizo lo que más le gusta, ver a sus amigos para hablar de cine y de la vida. Rever películas que no veía desde que era un niño, Enamorada y La Perla del Indio Fernández, la venezolana El pez que fuma que antecede todo ese universo atrevido, kitch, de Almodóvar, las siete horas de La hora de los hornos  que vimos con Augusto Bernal bajo un calor infernal. En esa época la rumba y el cine era lo más importante. Lo único que importaba. Y Víctor encarnaba eso. Y por eso lo queremos tanto. Él tiene tantos amigos que ya no puede contar ni acordarse de cuántos son.    Es una lástima que Víctor haya tenido que salir por cuestiones personales de la organización de ese festival. Dos años después estrena Sumas y restras  una película incomprendida por el público y la crítica, que jamás ha tenido el reconocimiento que se merece. Tiene varios proyectos que no puede concretar porque no encuentra productor que se le mida, un sobre un polizonte de un barco, otra sobre la emparedada del edificio Coltejer. La generación de lo políticamente correcto tampoco lo entiende. Acostumbrados a hablar sin saber ni ver, les parece que Rodrigo D y la Vendedora de Rosas dan una imagen del país con tanto niño diciendo “hombe gonorrea hombe” y, hay que decirlo, en los últimos años se le han cerrado las puertas. La mujer del animal, el último estreno de un largometraje suyo fue su primer fracaso de taquilla y también de crítica. Nadie entendió nada.   Qué falta de respeto, que atropello a la razón. A Víctor lo acusan de no salvar a los actores de sus películas. Ya sabemos que pasó con los pistolocos de Rodrigo D, el drama y final del Zarco y la ordalía de Lady Tavares. Víctor es de esos amigos que escuchan, pero no dan consejo. Así es su modestia y su amor a la amistad. Es injusto pedirle a Víctor, quien se la pasa ocupado buscando financiación para sus proyectos, que también ponga una ONG para cuidar a estos muchachos después de que dejan de trabajar con él.   La última vez que vi a Víctor Gaviria fue en el 2017, en una función doble que hicieron en el teatro del Externado en Bogotá. Se presentaba el documental Poner a cantar pájaros, que filmó Erwin Goggel mientras rodaban la Vendedora y luego proyectaron la película. Fue incómodo ver a Goggel hablando mal en público de la manera de rodar de Víctor y fue gratificante salir y conversar un rato con Gaviria, siempre riéndose, con su voz suave, abrazando a Natalia Reyes, protagonista de Lady, la novela que causaba impacto por esos años. Le comenté lo que estaba diciendo Erwin y él se rio. Le causó gracia. No hizo mayor comentario.   Sé que sigue, a sus 69 años, enfrascado en sus proyectos. En el 2019 arrancó el rodaje de una película que se le está convirtiendo en una maldición, se titula Sosiego. En un principio el productor sería Gustavo Pazmín. Tenían todo listo para empezar a rodar en marzo del 2020 en la comuna nororiental cuando apareció la pandemia. Según una publicación de Semana del 2019 sobre esto trataría la historia: “Gaviria contará la historia de Bernardita, una madre cabeza de una familia humilde en la Comuna Nororiental de Medellín, quien se enfrenta a la realidad que viven sus tres hijos (cuyo padre desapareció quince años atrás). Edilberto, el mayor, de 21 años, hace parte de un “ejército” paramilitar que disputa el poder del barrio contra un grupo armado de milicianos; la del medio es una prostituta, con dos niñas pequeñas, que viven al borde de la desnutrición y la menor es una adolescente que no ha vuelto al colegio y se ha “tirado” a la calle con algunas amigas, “emborrachándose y consiguiendo novios para disipar el hambre físico y el otro más profundo de no ser nadie”. A sus ojos, según el guion, los tres representan su fracaso como madre”.   Se tenía el respaldo económico de Dago García y Caracol Televisión pero el proyecto ha tenido una serie de reveses que no sólo debería preocupar a Víctor sino a todo el país. El proyecto está estancado. Víctor se sigue moviendo y, a veces, tiene como malla protectora la poesía. En la FILBO vino a Bogotá a leer algunos de sus poemas. Necesitamos más películas de Víctor. Cierro este artículo citando a Pedro Zuluaga, quien conoce como nadie su obra, explicando la importancia de Víctor.  “Cualquier persona del futuro, si es que hay futuro, si quiere entender cómo éramos, debe leer sus poemas, ver sus películas”.

  • CorpoCatatumbo: la resistencia de los liderazgos juveniles en Norte de Santander

    Por: línea Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil La Corporación Catatumbo: jóvenes para la paz y el desarrollo social nace en 2014 en medio de las amenazas de los grupos armados ilegales y hoy se transforma en un escenario que construye nuevas alternativas de vida para las juventudes del municipio de Tibú. Cuando decidieron organizarse eran nueve jóvenes, que con toda la fuerza le apostaron a la generación de acciones que abrieran las puertas a los jóvenes en los espacios de incidencia. Actualmente son cinco quienes pertenecen a la junta directiva, nueve que complementan el grupo y veinte allegados, entre conocidos y amigos, que apoyan las diversas actividades que desarrollan. Edith Hernández, lidera CorpoCatatumbo y es becaria de la Escuela de Liderazgo Juvenil que adelanta la Fundación Paz y Reconciliación (PARES) con apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el municipio de Tibú que vieron la necesidad de conocer cuáles eran los mecanismos de participación para la toma de decisiones en el municipio frente a las dinámicas del conflicto armado que se viven en la región. “Aquí en Tibú había un colectivo que se llamaba Asociación de Lideres Juvenil y decidimos organizarnos y crear CorpoCatatumbo porque a ellos los amenazaron por desarrollar procesos de liderazgo juvenil en el municipio y después de eso no había un colectivo de jóvenes que desarrollará acciones para nuestro beneficio”, indica Edith. Fue así, que la Corporación emprendió la titánica tarea de adelantar jornadas pedagógicas en las zonas urbanas y rurales para generar conciencia frente a la salud mental y la prevención de las Violencias Basadas en Género (VBG). Dos panoramas, no tan alentadores por la situación actual del departamento donde ser mujer es un riesgo (en el seguimiento que lleva PARES, de acuerdo con cifras entregadas por las autoridades departamentales, entre enero y octubre de 2024 treinta y nueve mujeres fueron asesinadas en Norte de Santander). “Llegamos a zonas donde muchas veces las autoridades no llegan, nos ha servido mucho trabajar en red con otras organizaciones, participar de los diferentes espacios de formación que llegan al municipio para poder tener más herramientas y así entregar mejores resultados a la comunidad a donde llegamos”, explica Edith. Frente a estas realidades de la región del Catatumbo los y las jóvenes continúan con la participación en diversos escenarios, uno de ellos es la Escuela de Liderazgo Juvenil, que, para Abner Hernández, becario de la Escuela en Tibú e integrante de CorpoCatatumbo, se convirtió en un proceso que le permite fortalecer los conocimientos que tiene y le entrega herramientas para desarrollar acciones en el territorio. “Muchas veces no sabemos por dónde iniciar, ni siquiera sabíamos formular proyectos y la Escuela nos ha permitido eso, adquirir nuevos conocimientos para poder postularnos a convocatorias, pero también para saber identificar las diferentes necesidades del territorio, pero también de las falencias que tenemos como Corporación, en este camino vamos a implementar el proyecto con la Fundación Pares que nos permitirá tener un mayor impacto en nuestras acciones”, precisa Abner. Para Abner y Edith, ellos y todos los jóvenes son el futuro del país, quienes tienen ese puente con los adultos y con los niños y niñas, para poder analizar un panorama claro de lo que necesitan para seguir generando acciones para la construcción de una paz, que vincule a toda la sociedad, y en especial a los y las jóvenes toda la región del Catatumbo.

bottom of page