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- Los errores del papá de Iván Duque que costaron miles de vidas en la tragedia de Armero
Por: Redacción Pares La primera quincena de noviembre de 1985 en Colombia tuvo que haber sido la peor para un país en el siglo XX. El seis de noviembre un comando del M-19 entró al Palacio de Justicia. Durante 26 horas sometieron a los once miembros de la Corte Suprema de Justicia y los redujeron en un baño mientras el ejército, en su operación de retoma, decidió no establecer ninguna negociación. El resultado no pudo ser más lamentable: 111 muertos y una docena de desaparecidos. Mientras el país se recuperaba de esto sucedió la peor tragedia natural que se recuerde. La avalancha del volcán Nevado del Ruiz terminó acabando con 22 mil vidas, la gran mayoría de las personas que vivían en Armero. Esto fue la crónica de una tragedia anunciada. Ramón Rodríguez, entonces alcalde de Armero, empezó a alertar al gobierno central de que hiciera algo para trasladar a los armeritas del lugar donde estaban. Los estudios eran contundentes. El nivel de deshielo que presentaba el nevado era alto. Podría generar una avalancha en cualquier momento. Uno de los rios que estarían afectado con la inundación sería el Lagunillas. Un día antes de que ocurriera la tragedia el alcalde intentó en vano realizar una evacuación por los propios medios. Entre otros funcionarios a los que recurrió el alcalde Armero estaba el ministro de minas de Belisario Betancur, Iván Duque Escobar. El ya tenía en carpeta investigaciones de vulcanólogos y científicos que tenían la certeza de que, si no se hacía algo, Armero desaparecería. Un ex representante a la cámara por Caldas, Hernando Arango Montenegro, también le advirtió sobre estos riesgos al ministro de minas y esta fue la respuesta que el propio Arango recuerda: El ministro Duque Escobar me dijo simple y llanamente que yo era ‘apocalíptico’ y ‘dramático’ por decir que podía ocurrir una tragedia. Posteriormente, días antes de la avalancha, yo tuve oportunidad de solicitarle al ministro que pusiera unas alarmas, él me contestó que eran exageradamente costosas porque valían alrededor de US$ 2.000. Yo le sugerí que vendiera algunos de los automóviles del ministerio, pero lo tomó como un buen chiste o un llamado de atención que le estaba haciendo, y las cosas no fueron atendidas hasta que se produjo la catástrofe “. La última vez que se supo del alcalde de Armero fue a través de su hermana. Lo llamó a las 10 de la noche porque ya la irupción del volcán era inminente. La hermana del alcalde se llamaba María Lorenza Escobar y recuerda que su hermano le dio parte de tranquilidad, que todo estaba bien y que ya estaba evacuando a los ciudadanos en el parque, la idea era resguardarlos en Guayabal. Pero no alcanzaron a hacer nada. Fue una transimisión en directo, hecha por un hombre que piloteaba una avioneta, quien avisó a Caracol Radio que, mientras sobrevolaba Armero, se había dado cuenta que el pueblo estaba borrado. ¿A donde se había ido? El pueblo, conocido como La ciudad blanca, ya estaba sepultada por las toneladas de barro que bajaron desde el nevado. El saldo no pudo ser peor: 22 mil personas muertas. Además de la falta de previsión del gobierno de Belisario Betancur, las horas posteriores a la avalancha empeoraron aún más la situación. El caso más representativo fue el de la niña Omayra Sánchez quien duró más de 24 horas agonizando esperando que apareciera una motobomba para drenar el agua y rescatarla. El otro caso aberrante fue el de los niños perdidos de Armero, quienes fueron sacados del país, ofrecidos por el ICBF a extranjeros que los adoptaron sin tener en cuenta los familiares que habían sobrevivido. Treinta y nueve años se cumple una tragedia cuya causa fue mucho más que una tragedia natural: fue por culpa de la ineptitud de funcionarios como el padre de Iván Duque que no se pudo hacer nada para proteger a los armeritas. Armero sigue doliendo.
- Con éxito finaliza Cumbre de Gobernanza para la Transición Energética Justa y la Paz en Santa Marta
Durante la Cumbre se conocieron las experiencias de cuatro comunidades energéticas y su transición al uso de fuentes de energías renovables de la mano con el Ministerio de Minas y Energía. Se entregaron certificaciones a los participantes de la Escuela Transforma TEJ, un grupo de estudiantes que compartieron conocimientos para constituirse como líderes, empoderándose como sujetos políticos para la Transición Energética Justa. Santa Marta, 09 de noviembre de 2024. Con éxito se llevó a cabo la Cumbre de Gobernanza para la Transición Energética Justa y la Paz en la ciudad de Santa Marta, Magdalena. Entre el 7 y el 9 de noviembre participaron en el evento expertos, la empresa privada, representantes de comunidades indígenas, negras y juntas de acción comunal, además de autoridades locales y nacionales. Esta cumbre permitió reunir y socializar las experiencias que impulsan el desarrollo local a partir de diferentes modelos en el marco de la transición energética, con la participación activa de la comunidad, el sector privado, la academia e instituciones oficiales relacionadas con el tema. El ministro de Minas y Energía, Andrés Camacho, quien hizo presencia en la Cumbre, durante la clausura comentó: “Cuando empezamos desde el gobierno nacional a hablar de transición justa de comunidades energéticas, mucha gente creía que estábamos locos. Hoy, un año y medio después, estamos aquí diciendo que no sólo es posible, sino que se está masificando. Aquí tenemos a compañeros y compañeras de las juntas de acción comunal ya ejerciendo la gobernanza de esas comunidades energéticas. Tenemos aquí a la compañera rectora de la institución en Bojayá, donde estuvimos con el presidente por primera vez en la historia, lanzando las comunidades energéticas educativas y ejerciendo una gobernanza sobre la educación también con la energía limpia”. Los asistentes al evento coincidieron en la necesidad de que se aseguré que la transición energética no excluya a nadie y se trabaje en conjunto con el gobierno nacional, la empresa privada, las comunidades y la sociedad civil para encontrar las soluciones justas y equitativas para que el territorio nacional cuente con acceso a la energía. Este encuentro fue posible gracias a la alianza entre la Fundación Paz y Reconciliación, el Ministerio de Minas y Energía, la Gobernación del Magdalena, la Cámara de Comercio Colombo-Alemana y organizaciones internacionales como AHK, WWF, WWB, Trajects, el Fondo Emerger, el SENA (Centro CEET), el Programa de Desarrollo y Paz, Isópolis, la Universidad del Magdalena, La www.minenergia.gov.co Universidad de los Andes, Willamette University, Argensul y la Cátedra Global de la Universidad de Buenos Aires, entre otras. En la clausura de la Cumbre, el director de PARES, León Valencia, subrayó que “La organización de este evento nos ha sorprendido, ha ido más allá de las expectativas que teníamos, creo que aquí ya hay un corpus de reflexiones sobre la transición energética que esperamos difundir todo lo que aquí se ha dicho, desde las transiciones que se están haciendo en Europa, en la India, en Sudáfrica, en América Latina, lo que han traído las comunidades de todos los diversos departamentos de Colombia”. El encuentro logró reconocer la relevancia para la gestión de la gobernanza de la Transición Energética Justa en momentos de cambio climático donde se hace necesario el cuidado de la naturaleza, del agua, pensando en un futuro con energías más limpias y menos contaminantes. Una de las líderes de Robles en Valle del Cauca, María Cruz es testigo de cómo la transición es un reto que se va siendo real en los rincones del país: “Las comunidades del Valle de la Salud están transformando su producción con paneles solares, aprendiendo a crear aceites esenciales, pero el camino ha sido desafiante. Aún queda mucho por aprender y avanzar” afirmó. “Sin temor a equivocarme, les puedo decir que nuestro programa de comunidades energéticas en este momento, desde el gobierno del cambio, es el mejor programa de comunidades energéticas que existe, al menos en el continente. Porque tenemos identificada comunidad por comunidad, dificultad por dificultad, pero potencialidad por potencialidad, lo que significa ese gran plan de electrificación popular que estamos abriendo camino en el transcurso de esta transición, pero por supuesto lo que significa la construcción de esa gobernanza” finalizó el ministro Camacho. Es así como la cumbre reconoció el valor de las comunidades y del territorio ancestral en la transición energética, además de la necesidad del cambio en los modelos de desarrollo, incluidas las maneras como se produce energía. Mayores informes.
- Al final, lo único que recordaba Gabo eran las canciones que amaba
Por: Redacción Pares Cuando el mal del olvido le quitó a Gabriel García Márquez el gusto por los libros, su único consuelo eran las canciones y los poemas. Fue lo único que no le quitó la enfermedad. Gabo era un músico. Sus amigos recuerdan que en su juventud amenizaba con su voz las parrandas vallenatas. Incluso pudo haber sido cantante. Si algún día, todo fracasara en la literatura, le quedaba esa balsa. O la de pegarse un tiro en la sien. De esto se trataba todo, de vencer o morir. Rodrigo García en el libro donde cuenta los últimos años del escritor en la casa de la Calle del Fuego en Ciudad de México, recuerda que la música era el vaso comunicante con su familia. Los vallenatos estallaban dentro de la casa, incluso ya agonizante, en esa semana santa del 2014, lo que se escuchaba era a su viejo amigo Escalona, a Leandro Díaz. Toda la belleza del valle. A Gabo le encantaban los boleros. Cuando ya la fama empezó a agobiarlo y en las entrevistas buscaban las respuestas de un erudito Gabo cedía a la tentación de afirmar que su compositor favorito era Bela Bartok. No sabemos si lo hacía por imposición cultural o porque aprendió a amar la música culta. Pero prefiere creerle a él mismo. Su última gran obra, antes de que todo se nublara, fue Vivir para contarla. Es una lástima que este proyecto que le tomaría varios tomos apenas alcanzó a escribir sus primeros años. En ella cuenta lo siguiente: “ Hasta donde recuerdo, mi vocación por la música se reveló en esos años por la fascinación que me causaban los acordeoneros con sus canciones de caminantes [...] Desde que escuché a los primeros acordeoneros de Francisco el Hombre en las fiestas del 20 de julio en Aracataca me empeñé en que mi abuelo me comprara un acordeón, pero mi abuela se nos atravesó con la mojiganga de siempre de que el acordeón era un instrumento de guatacucos”. Entre sus amistades más cercanas estaba Fidel Castro. Siempre le reprochó, sin hacerlo demasiado público, la intolerancia que tenía el dictador con los boleristas y soneros de la isla. A todos los echó. Gabo creía, que cuando nadie veía a Fidel, se deleitaba con las canciones de la Sonora Matancera. Fue un bolerista consumado pero su pasión -esclavo de la nostalgia- era el sonido de su tierra, el vallenato. Incluso algunos críticos han afirmado que Cien años de soledad es un vallenato largo de trescientas cincuenta páginas. Pero igual siempre estuvo abierto a los nuevos sonidos. A finales de los sesenta aseguraba que uno de sus grupos favoritos era The Beatles. Incluso el propio Rodrigo García cuenta que, cuando él tenía 18 años, su padre entró a su cuarto mientras estaba viendo un concierto de Elton John, interesado se sentó en su cama, le preguntó como se llamaba el cantante, su hijo le respondió. Gabo se quedó unos segundos pensando hasta que soltó una de sus frases maravillosa: “¡Qué bolerista tan berraco!” En los últimos años sus amigos, quienes lo visitaron, coinciden en que si bien a veces no recordaba ni su nombre si podía recitar de memoria versos de Góngora. Los compadres de toda la vida coinciden en que los cuatro vallenatos que nunca olvidó Gabriel García Márquez fueron: La casa en el aire, Jaime Molina, la Gota fría, la Diosa coronada y que reaccionaba muy bien ante Help de los Beatles. Inevitablemente, cada vez que leamos una novela o un cuento de Gabo siempre vamos a evocar la música que amamos.
- UN PEGASSUS DE CRIN NARANJA
Por: Guillermo Linero Montes Para esta ocasión y espacio de Pares, tenía presupuestado escribir sobre las expectativas de las relaciones entre Colombia y los Estados Unidos, a propósito del triunfo electoral de Donald Trump. Quería compartir argumentos sobre porqué veo con optimismo -no necesariamente con la objetividad de un politólogo, que no lo soy- cómo entre estos dos mandatarios, antes de ocurrir un distanciamiento, ocurrirá una suerte de simbiosis entre el talante del presidente Gustavo Petro, leal a la causa del pueblo que lo eligió, y la traza de Donald Trump, que de seguro hará lo propio allá en su país. Los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump, en cuanto a sus ideas son de oposición proverbial. Nuestro presidente, a quien se le denomina un hombre de izquierda, porta como bandera la protección del planeta y la búsqueda de soluciones inhibidoras de la desigualdad social; y Donald Trump, a quien se le denomina un hombre de ultraderecha, porta como bandera el supremacismo, que consiste en una exclusión social basada en falsas valoraciones creadas a partir del estatus económico, la raza, el sexo y la ideología. Iba a ampliar mi reflexión, explicando porqué al mundo le iría mejor con la elección de Donald Trump y no con la elección de Kamala Harris, al menos en términos de “parar la guerra” como el presidente Trump lo ha prometido, y yo se lo creo. El capitalismo salvaje de Trump no cuenta como fuente de ingresos con la venta de armas, sino con la utópica construcción en todo el planeta de complejos urbanos habitacionales que lleven su apellido. El presidente Petro, siendo un hombre sagaz en la diplomacia internacional, sabrá enrutarlo, y tal vez hasta le despierte la conciencia acerca de que si bien debemos parar las guerras -ya el presidente colombiano dijo que lo apoyaría en ello- también debemos hacer la paz con el planeta, protegiendo la naturaleza y el medio ambiente; pero, especialmente, desmontando las relaciones de convivencia social inequitativas, abriéndole paso a un humanismo solidario, algo así como “el amor al prójimo”. Un mandamiento religioso que, por católicas y cristianas, ambas naciones comprenden muy bien. Sin embargo, he preferido hacer un cambio de tema, pues desde este 7 de noviembre, empezó a divulgarse una supuesta declaración de un funcionario de la Casa Blanca, donde asegura que el gobierno de los Estados Unidos fue quien compró el software espía denominado Pegassus. Y que lo habían obtenido, con el propósito cumplido de dárselo en regalo a nuestro país, en una maniobra que no tiene sentido, si tenemos en cuenta que este informante anónimo, dice que todo fue a espaldas del expresidente Duque, y en complicidad de militares y altos funcionarios de su gobierno. Al reconocerse, en el supuesto mensaje oficial, que la diligencia la hicieron sin comunicárselo al expresidente Iván Duque, no están relatando un hecho anecdótico, sino confesando una conducta peligrosamente antijurídica. Por mi parte, encuentro en dicha declaración -repito que proveniente de un firmante anónimo que dice ser funcionario oficial del gobierno del presidente Biden-, la demostración de cómo los Estados Unidos, o quienes allí tienen el poder sobre la organización política del estado -esos mismos que han venido moviendo y mueven todavía los hilos del presidente Biden-, cuando se trata de seguridad nacional y de ambiciones geopolíticas, no se relacionan ni trabajan con los gobernantes colombianos de turno, sino lo hacen directamente con los autorizados representantes del régimen. Algunos presidentes, al no hacer parte de este poder supra estatal, sin duda habrán sido víctimas de ocultamientos; y los otros, por hacer parte de él, como lo es el expresidente Juan Manuel Santos, naturalmente habrán aprovechado esa opción directa de comunicación con el poder supra estatal de los Estados Unidos. Esa relación de régimen a régimen, pasándose por alto las leyes y los gobernantes, fue la que permitió al expresidente Juan Manuel Santos -Premio Nobel de la complicidad- conseguir una privadísima gestión, de régimen a régimen, evitándole al expresidente Álvaro Uribe un juicio internacional por algunos de sus múltiples delitos cometidos. Eso mismo debe estar ocurriendo ahora, al pretenderse con dicho mensaje de un supuesto funcionario del gobierno de Biden, exculpar al expresidente Duque del caso Pegassus, y hacerlo sin considerar siquiera que, a veces, resulta más grave la cura que la enfermedad. De hecho, lo mejor que podría haber pasado en pro de las buenas relaciones entre ambos países, es que el expresidente Duque haya participado del acto delictivo; porque, de lo contrario, todo conduciría indefectiblemente a una específica conclusión: que hubo invasión a nuestra soberanía, lo cual -a la luz de las leyes internacionales y de los entendimientos universales- implica un acto de agresión, algo inadmisible entre dos naciones, máxime si estas se autodenominan fraternas. Es bastante posible y lógico que hayan utilizado nuestro país y nuestro territorio -digamos que a espaldas del entonces presidente Duque-, con la intención de vigilar y perseguir a quienes consideran sus enemigos políticos -esta es mi convicción-, y no para perseguir al narcotráfico como lo aseveran en el documento en cuestión. Si resulta cierta dicha información, sin duda se trataba de obstruir el proyecto político del candidato a la presidencia, Gustavo Petro, pues los americanos -demócratas y republicanos- junto a la derecha colombiana, profesaban de él un perfil pro soviético, pro chino y castrochavista. No obstante, hoy, cuando ya en calidad de presidente les ha demostrado todo lo contrario, con sus realizaciones gubernamentales, estoy seguro que igual como le advirtieron de una celada para asesinarlo, contribuirán a esclarecer este oscuro suceso. De cualquier modo, si los poderosos del régimen norteamericano, le ocultaron la compra de Pegassus al gobierno del expresidente Iván Duque, no solo actuaron de manera salvaje -no importa si con la excusa de perseguir al narcotráfico, que es algo así como perseguirse a sí mismos-, sino que además tendrán que responder ante la justicia de ambos países. Y los militares o funcionarios del gobierno que sirvieron de cómplices en Colombia, tendrían que ser llamados a declarar y, si resulta verdad lo manifestado en la información supuestamente proveniente de la Casa Blanca, deberán ser juzgados por traición a la patria, como lo establecen las leyes colombianas en su artículo 455 del Código Penal: “El que realice actos que tiendan a menoscabar la integridad territorial de Colombia, a someterla en todo o en parte al dominio extranjero, o a afectar su naturaleza de Estado soberano, o a fraccionar la unidad nacional, incurrirá en prisión de veinte a treinta años”. Para el gobierno de Gustavo Petro -esta es mi percepción- el reto de Donald Trump en la presidencia lo conducirá hacia hechos positivos; y con respecto a Pegassus, creo que el gobierno americano debe darnos una explicación oficial a los colombianos, y el funcionario responsable del mensaje en cuestión deberá presentarse ante la Fiscalía, y declarar si se trata de un desagradable fake news, o si en verdad es una confesión de un inexcusable delito.
- PARES organiza la Primera Cumbre de Gobernanza para la Transición Energética y la Paz
Por: Isabela Puyana Ya inició la Primera Cumbre de Gobernanza para la Transición Energética y la Paz, que se celebra del 7 al 9 de noviembre, en colaboración con el Ministerio de Minas y Energía, la Gobernación del Magdalena y la Cámara de Comercio Colombo-Alemana, CERFER y la Universidad del Magdalena en la ciudad de Santa Marta. León Valencia, director de la Fundación Pares, se refirió a la cumbre como: “un encuentro con la empresa privada, con las comunidades, con el Ministerio de Minas y Energía,CERFER, Aris Mining, es un ejercicio de conversación para entender cómo hacer la Transición Energética Justa. Vendrán expertos internacionales que traen sus experiencias, así como la sociedad civil, para continuar la conversación de la COP16 sobre la protección de la biodiversidad, pero pensado en la proyección de producción de energías sostenibles”. Durante tres días, La Fundación Paz y Reconciliación reunirá a expertos de la Transición Energética Justa, a comunidades, a la academia, a empresas privadas y a administraciones a conversar con el fin de impulsar proyectos de energías limpias en el país. Asī mismo, Nicolas Galarza, Embajador para la camara de industria y comercioColomboalemana para temas tej Centro de formacion regional De energias renovables de la expresó: “Estamos convencidos de la necesidad d ela participacion activa de las comunidades Wayuu, comunidades indigenas de las mujeres con el objetivo de que tengamos personal calificado de manera exponencial para que puedan desarrollarse proyectos d etransicion energetica, en proyectos por ejemplo de hidrógeno verde, pero con mano local” . La cumbre, que pone como centro de conversación a las comunidades, busca reunir y socializar experiencias que impulsen el desarrollo local a partir de diferentes modelos en el marco de la transición energética, con la participación activa del sector privado, la academia e instituciones oficiales relacionadas con el tema. En esta alianza para impulsar la Transición Energética Justa (TEJ), también participan organizaciones internacionales como WWF, WWB Colombia, Trajects, el Fondo Emerger, el SENA (Centro CEET), el Programa de Desarrollo y Paz, Isópolis, la Universidad de los Andes, Willamette University, Argensul y la Cátedra Global de la Universidad de Buenos Aires, entre otros. La jornada inaugural inició con un ritual de armonización Arhuaco, seguido de palabras de los representantes de las organizaciones convocantes. Desde el primer momento de la cumbre, hubo presencia Desde el punto de vista pedagógico, con la presencia de los participantes de la Escuela TransformaTEJ, quienes recibieron certificaciones después de ser parte de un grupo de estudiantes que compartieron conocimientos para constituirse como líderes que transformen las ideas de sus comunidades, empoderándose como sujetos políticos para la Transición Energética Justa. A lo largo de estos tres días, la cumbre explorará cómo la TEJ puede fomentar no solo la producción de energía comunitaria, sino también el desarrollo de los territorios, promoviendo la creación de empleos y el empoderamiento social. Este evento es una oportunidad para reflexionar y contribuir a la construcción de sujetos sociales y políticos, con miras a una Transición Energética Justa y en Paz en la región Caribe. Por esto, Mauricio Rey, director de energías del Ministerio de Minas y energīas asegura que: “estamos en el espacio más importante en proyección para la transición energética justa y para la paz porque es la confluencia de actores estratégicos y esta es la trascendencia de uno de los programas de nuestro gobierno, pues una transición energética justa debe ir de la cultural, de las palabras y la mirada de las comunidades y esta justamente es la cumbre de las comunidades” Otros de los eventos que se verán a lo largo de la cumbre son el nuevo modelo de planificación dinámico y jerárquico para comunidades energéticas con Sofía Chacón de la Universidad de Nariño y también se socializarán casos de estudio sobre la TEJ en diferentes partes del mundo, allí se contarán experiencias de Alemania, Chile y Colombia, entre otras. Maria Victoria Ramirez, actual participante de la junta directiva de la Fundación Pares y ex directora de Energīas del Ministerios de Minas y Energīa agregó: “Este espacio es necesario para generar rutas de conversación, para entender por qué la Transición Energética significa que es inclusiva, es basada en las organizaciones de la sociedad civil, étnicas y por supuesto de las organizaciones de las mujeres, porque por supuesto es importantísimo decir que las mujeres no somos el número justo en este gremio, pero estamos jugando un papel fundamental.” Cabe destacar que la Transición Energética Justa también se piensa desde una perspectiva de género, por eso cuatro mujeres debatirán alrededor del Liderazgo femenino en el marco de la implementación y sostenibilidad de las comunidades energéticas.
- La peor semana de la historia de Colombia
Por: Iván Gallo - Editor Contenido Los que no quieren a Petro creen que el país es un caballo desbocado, rumbo al desbarrancadero. “Todos los días hay un escándalo diferente” dicen. Creen que el país no podrá resistir el mandato de un ex guerrillero. La nostalgia es una trampa y nos lleva a errores clamorosos como eso de creer que todo tiempo pasado fue mejor. En Colombia esto es una falacia. En los ochenta el país estuvo a punto de colapsar. No sólo fue el terror que desplegó Pablo Escobar contra las principales ciudades del país sino la existencia de una cúpula militar con sed de poder y la inoperancia del Estado. En apenas 7 días de noviembre de 1985, el presidente Belisario Betancur se enfrentó a la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 y a la reacción de sus generales que, durante 48 horas, lo sacaron del poder y decidieron responder a sangre, fuego y balas de cañón la toma del Palacio, aún a costa de la vida de 111 personas. Cualquier baja es aceptable con tal de acabar con el enemigo interno, habrán pensado. Y por el otro lado está la tragedia de Armero. Durante meses expertos venían advirtiéndole al presidente Belisario y a su ministro de minas y energía, Iván Duque Escobar, padre de Iván Duque, ex presidente, que Armero estaba al borde de la extinción y que la única manera de salvar a sus 26 mil habitantes era evacuándolos hasta Guayabal. El Estado se quedó paralizado y no movió un dedo. Para el recuerdo quedaron héroes como el último alcalde de Armero, Ramón Antonio Rodríguez, quien murió con el teléfono en la mano, pidiendole ayuda a Bogotá, rogando para que sacaran al menos a un puñado de niños. Pero, al otro lado de la línea, sólo encontró el silencio de la incompetencia. Armero sería borrado del mapa por la avalancha que todos sabían sobrevendría en Armero pero que el presidente Betancur no quizo escuchar. Acaso estaba muy ocupado escribiendo un poema. La imágen que resumen la vergonzosa inutilidad del Estado se dio en el caso de Omaira Sánchez, la niña que duró más de un día agonizando ante los ojos del mundo porque fueron incapaces de encontrar una motobomba para quitar el agua que la estaba aplastando. Y se nos murió frente a nuestra impotencia. Si quedaba alguna duda de que Colombia estaba agonizando estas quedaron reflejados en la mirada de Omaira. En una semana murieron 22 mil personas en Armero y 111 en Bogotá. Dos hechos que no tuvieron nada que ver con la guerra de los carteles de la droga, las guerrillas o los paramilitares sino por la misma estupidez estatal. Y lo que vendría después sería peor. Aún hoy en día, 39 años después, Helena Urán, hija del magistrado Carlos Urán, quien fue ejecutado después de la toma por militares, sigue quitándole la máscara a más de un asesino vestido de uniforme. Hoy en día, Francisco González, uno de los hombres más buenos que he conocido, trabaja incansablemente en su fundación, Armando Armero, en donde no sólo se preocupa por reconstruir la historia de su pueblo arrasado sino que emprendió la cruzada para recuperar a los niños perdidos de Armero. Es que, después de la avalancha, y con la complicidad del ICBF, europeos, norteamericanos y hasta asiáticos se llevaron a los niños que sobrevivieron a la tragedia. Poco a poco Francisco ha podido ayudar a personas que creían que jamás sabrían la verdad sobre su origen. Es difícil que vuelva a existir una semana tan horrenda para Colombia como esa, la que transcurrió entre el 5 y el 13 de noviembre. Difícilmente un gobierno se mostró más incompetente para defender a sus ciudadanos. Así que, aunque le cueste creerlo a los que odian a Petro, con la clase política tradicional y, sobre todo, con los conservadores, estábamos más desamparados.
- Sacrilegio de Netflix a Juan Rulfo, ¿pasará lo mismo con Cien años de soledad?
Por: Iván Gallo - Editor de Contenidos Adaptar obras maestras de la literatura al cine es un oficio harto complicado pero no imposible. Kurosawa lo logró con Macbeth. Situó lo trama en el japón feudal y añadió elementos shakesperianos a su universo. No adaptó, traicionó. Lo mismo sucedió con La muerte en Venecia de Visconti en donde el personaje creado por Thomas Mann pasa a ser un músico y no un escritor. Siempre será más encantador un hombre que juega con las notas a un juntador de palabras. En el caso del boom latinoamericano las adaptaciones han sido, por lo menos, desafortunadas. Ni siquiera cuando el propio Gabo se juntaba con Rulfo para adaptar ideas al cine salía algo bueno. Por eso no existe una sola adaptación decente de la obra de Gabo. Rulfo pudo haberse salvado gracias al Macario de Roberto Gavaldón e incluso a la adaptación que hizo Alberto Isaac de varios cuentos del Llano en llamas juntados en la película Las once mil vírgenes, imposible de conseguir en plataformas. Con bombos y platillos Max y Netflix vienen anunciando adaptaciones de lo que los europeos conocieron como el Realismo mágico, un título que nos ha hecho mucho mal a las generaciones posteriores. El primer mundo sigue esperando que describamos hechiceras, inventores locos, cuando acá lo que hay es hambre y mochadores de cabezas. En forma de miniserie se estrenó, con la producción de Salma Hayek, Como agua para chocolate. No la he visto. La verdad me ha dado pereza. Nunca me gustó Laura Esquivel y detesté la película que fue tan famosa en los ya lejanos años noventa. Dentro de un mes estrenarán Cien años de soledad y desde ya nos late el corazón. Ya sabemos que, en vida, Gabo, quien además fue guionista, estaba en contra de cualquier tipo de adaptación de su novela insignia. Decía, ¿qué actriz puede encarnar a Remedios la bella si su belleza es precisamente inclasificable? O ¿Qué actor puede tener la mirada que hacía mover ollas de Aureliano Buendía? Diez años después de su muerte Rodrigo, uno de los hijos del Nobel, cineasta consumado, que además ha participado en algunos de los mejores proyectos de la historia de la televisión como Los Soprano o Six feet under, le dieron al sí a la propuesta. Pero después de haber visto Petro Páramo, estrenada el pasado 6 de noviembre, debo decir que el miedo me ha vuelto al cuerpo. Rodrigo Prieto es un monstruo de Hollywood. No es relativamente un monstruo, es un maestro. Es el director de Pedro Páramo. Acá debuta como director, a sus 60 años. Experiencia como técnico tiene. Para que me crean les voy a enumerar algunas de las películas en las que ha sido el director de fotografía: Amores Perros, 21 gramos, ambos de su carnal, Alejandro González-Iñarritu, Secreto en la montaña, de Ang Lee, el lobo de Wall Street, Killers of the flowers moon y el Irlandés de Scorsese y la inolvidable Barbie. Nunca había dirigido una película y le dio por debutar con una adaptación de Pedro Páramo. Craso error. Por su estructura, la única novela de Rulfo es revolucionaria. Decía García Márquez que si no hubiera existido esta novela él nunca hubiera sabido como es que hablaban los muertos. El de Rulfo fue un caso parecido al de Rimbaud: todo su talento lo vertió en tres años, desde 1952 a 1956, los que van desde la publicación de El llano en llamas y Pedro Páramo. Luego vendría el silencio. Por ahí intentó escribir una novela que terminó quemando -eso al menos dice- y escribió un guion fabuloso llamado El gallo de oro, que adaptó Ripstein en los ochenta, misma época en la que hicieron en Colombia una telenovela con Frank Ramírez y Amparo Grisales. Pedro Páramo es una novela de atmósfera en donde se conjugan varios temas: el parricidio, el hambre de los terratenientes, el desplazamiento del campo, los pueblos vacíos de gente y una historia de amor tan vibrante que hace recordar a Cumbres Borrascosas. Todo eso en poco más de 150 páginas. Los diálogos son maravillosos. Cuando Abundio, uno de los hijos de Pedro Páramo, describe a su padre dice que él es “un rencor vivo” eso suena bien en una novela, pero no en el cine. En el cine suena pretencioso, solemne. Y ese es el problema de la película. La maldita solemnidad. Los actores están fallidos porque están pensando en como decir sus frases con la contundencia que Rulfo las escribió. Y no hay voz humana que pueda replicar el murmullo de un ánima en pena. Son tantas las almas en pena que murmuran en la historia que Rulfo le iba a poner a la novela Murmullos. Igual le hubiera funcionado. Hay muertos que no deben resucitarse. Hoy hay que ser un maestro y Rodrigo Prieto esta vez no lo fue. Pedro Páramo es una película sin alma, que se hace eterna porque el guión está mal escrito. Es la prueba de que el cine no es ninguna ingienería, un buen técnico no necesariamente es un gran cineasta. El alma es más importante que la técnica. Todo es muy colorido, muy bonito, muy falso y acartonado. Y me perdonan pero Pedro Páramo es un relato fiel de la México de los años veinte, la de Obregón y la revolución cristista. Si, los muertos salen del infierno a llevar sus cobijas porque en Comala el sol estalla todo el tiempo, pero los muertos no son más que un estado mental de una revolución que empieza a fracasar, a dejar los campos sin gente, las mujeres viudas, los hijos huerfanos. Cuando Pedro Páramo se cruza los brazos para vengarse de Comala por la falta de empatía que han demostrado por la muerte de Susana, la única mujer que él amó, es una metáfora del Estado y la desprotección a sus hijos, los mexicanos. ¿Tanto que dependen de él y tan poco que les da? Pero eso no se siente en esta película que termina siendo más una juntada de escenas, algunas muy bonitas, muy bien fotografiadas, muy coloridas, que seguramente impactarán en Europa y a los gringos pero que acá da físico aburrimiento. Ojalá con Cien años de soledad no vayan a tener esta solemnidad que hace tan insoportable la Pedro Páramo del gran director de fotografía Rodrigo Prieto.
- El Guardián Amazónico que visitó la COP16
Por: Ghina Castrillón Torres. Politóloga feminista. Más de 190 países estuvieron en Cali para diseñar una estrategia global en defensa de la biodiversidad y enfrentar la crisis climática. Pero, entre las grandes declaraciones y los compromisos de alto nivel, desde el corazón del Caquetá, llegó a la COP16 el Guardián Amazónico, con la convicción y resistencia que demuestra lo que significa luchar por la Amazonía. El Guardián Amazónico es un colectivo juvenil que se destaca por su compromiso con la defensa de la Amazonía y el fortalecimiento de las organizaciones comunitarias frente a la crisis climática. Este grupo, que trabaja en estrecha colaboración con comunidades campesinas y otros colectivos juveniles, cruzó las cordilleras y llegó a la capital mundial de la salsa para ser puente y amplificador de las voces de resistencia en los territorios, y ofrecer una lección sobre lo que significa la protección de la manigua, lejos de las prácticas superficiales de "greenwashing" que muchas marcas han adoptado para mejorar su imagen pública. Es precisamente en este contexto que la Ministra de Medio Ambiente, Susana Muhamad, celebró en medios, la COP16 como la mayor campaña de educación ambiental que Colombia ha visto hasta ahora. Pues justamente uno de los logros más significativos de la COP16 ha sido despertar una conciencia colectiva y movilizar a miles de personas y organizaciones en torno a la protección del medio ambiente. Pero esta campaña no puede quedarse solo en palabras; se requiere una acción coordinada que vaya más allá del marketing y las buenas intenciones. La COP16 reunió a numerosas iniciativas y permitió intercambiar experiencias con el anhelo de que el mensaje de protección ambiental se posicione en los debates de ciudad. Como lo plantea George Tapiero, uno de los líderes del Guardián Amazónico, frente a sus expectativas del encuentro: “no hablo de la zona azul porque mis expectativas no son las de la zona azul frente a firmar dos millones de dólares, no. Mis expectativas eran más comunitarias, más sociales y me voy tranquilo porque sé que hay muchas organizaciones que en el territorio lo están haciendo, están haciendo cosas de resistencia y que merecen ser visibilizadas”. En contraste, muchas empresas promueven una imagen de sostenibilidad que no corresponde con sus prácticas internas, engañando y desviando la atención de los esfuerzos que sí contribuyen a un cambio positivo. Por eso, reconocer y visibilizar a organizaciones como Guardián Amazónico es fundamental. A diferencia de las marcas que se pintan de verde cuando les conviene, este colectivo juvenil trabaja en el territorio, no solo resistiendo frente a la crisis climática, sino también creando redes. En la COP16, los miembros de Guardián Amazónico lograron conectar, aprender y compartir experiencias con otros actores de la resistencia ambiental. Ellos representan una de las muchas formas sobre cómo trabajar para visibilizar y enfrentar los desafíos del cambio climático. George insiste en que compartir con organizaciones que enfrentan problemas similares, como la inseguridad alimentaria o la degradación del suelo, fortalece su visión y reafirma la importancia de su trabajo en la Amazonía colombiana. Estas experiencias enriquecen su labor y refuerzan la idea de que el cambio se logra exigiendo a las grandes corporaciones a que se comprometan con políticas ambientales reales, y también fortaleciendo los lazos comunitarios. Estos colectivos deben recibir el respaldo y reconocimiento que merecen. Se trata de financiarlos, darles visibilidad en eventos de gran escala, de apoyarlos en sus luchas diarias y de crear plataformas que amplifiquen sus voces. Guardián Amazónico, con su enfoque de comunicación, es un ejemplo, especialmente para otros jóvenes que desean involucrarse en la defensa ambiental. Sin duda alguna la COP16 en Cali sirvió como un altavoz para los desafíos que enfrentamos como humanidad en términos de biodiversidad y cambio climático. El compromiso ambiental pasa por escuchar, apoyar y respaldar a los guardianes de la tierra como el Guardián Amazónico.
- Buenas noticias para el Catatumbo, Arauca y el Cauca: ELN dispuesto a reanudar diálogos de paz
Por: Redacción Pares Desde el pasado lunes Vera Grave e Iván Cepeda viajaron a Caracas con una misión: reanudar los diálogos de paz con el ELN. Desde el pasado 3 de agosto, cuando no fue renovado el cese al fuego que habían acordado entre el gobierno y esa guerrilla, regiones como Arauca y Catatumbo, además del Cauca, estaban pidiendo porque regresaran a la mesa ambas partes. La buena noticia se dio sobre el mediodía de este jueves 7 de noviembre. El gobierno y el ELN se comprometieron a activar un mecanismo que evite que vuelvan a haber interrupciones o desacuerdos en el proceso de paz. Las complejidades de esta negociación requieren este tipo de compromisos. La propuesta, lanzada por esta guerrilla, se llama “La voluntad de paz del ELN” y consta de trece puntos con los que lo más seguro es que logren superar las contradicciones. El ELN espera que se active un monitoreo para ir verificando que se vaya cumpliendo lo acordado. Eso sí, el Comando Central de esa guerrilla afirmó que el proceso de paz irá a paso lento pero firme, hasta el punto que se aseguró desde Caracas que la firma de los acuerdos no se dará en este gobierno, osea de acá a agosto del 2024. Otra de las dudas que tenía el ELN es la posición del nuevo gobierno de Estados Unidos ya que Donald Trump no podría estar tan abierto, como lo habría estado Kamala Harris, a una salida política al conflicto. En el escrito “La voluntad de paz del ELN” queda blindado este punto: lo que diga Estados Unidos no sería tan relevante a la hora de llegar a un acuerdo. Ambas partes acordaron una nueva reunión. Esta será llevada a cabo entre el 19 y el 25 de noviembre para definir de manera oficial la nueva etapa de negociación. Esto es una muy buena noticia para regiones como el Catatumbo. Desde que se levantó el cese al fuego con el ELN el pasado 3 de agosto 15 uniformados de la policía y el ejército han sido asesinados. En el Carmen y Convención, Norte de Santander, han sido asesinados por francotiradores y emboscadas dos soldados y otros dos policías. Lo que se pide de las regiones donde se desata la guerra es que se le de una oportunidad a la paz. Las noticias en Caracas por fin son buenas.
- Trump: La prueba de que los progresistas estamos perdiendo la batalla cultural
Por: Laura Bonilla No solo la izquierda está perdiendo esta batalla; también lo hace la democracia liberal que conocimos, fundada en el mérito y en la existencia de instituciones que trascienden a los gobiernos. A diferencia de tiempos en los que los contratos sociales eran más claros —no necesariamente mejores—, Donald Trump ganó esta vez prometiendo ser él mismo: deslenguado, agresivo en su discurso, libertario de palabra pero restrictivo en sus decisiones económicas, nacionalistas y proteccionistas. A pesar de sus múltiples condenas judiciales, su admiración por Vladimir Putin, su desprecio por las Naciones Unidas y su falta de respeto por los Derechos Humanos, Trump sigue siendo aclamado. Furibundo antifeminista, reivindica el derecho de todo hombre a tratarnos como se le antoje. Nos ha llamado sin pudor "locas", "gordas", "feas" y "resentidas". En silencio, muchos lo celebran: la victoria del más importante, el más grande de los "cancelados". En los últimos días, los demócratas perdieron una oportunidad tras otra. Sus fracturas internas les pasaron factura, y muchos votantes se quedaron en casa. Incluso Barack Obama, en quien muchos confiaron con el "Yes, We Can" ("Sí, podemos"), admitió a uno de sus copartidarios: no estamos entusiasmando. Kamala Harris no logró distinguirse del fantasma de Joe Biden, quien tampoco tuvo la fuerza en el primer periodo de campaña para contrarrestar la desinformación de la campaña de Trump. Con el respaldo de Elon Musk, para quien el mundo cabe en la pantalla de su teléfono, se consolidó una forma de hacer política sin pudor alguno. Y el algoritmo se llenó de hombres incómodos que fácilmente creyeron que la Agenda 2030 era una campaña de la “ideología woke” para imponer un progreso donde no podamos hacer chistes racistas y misóginos, y donde nos juzguen nuestros pares por ser lo que somos. Algunos votantes que alguna vez apoyaron a los demócratas castigaron el silencio frente a Gaza. Probablemente Gaza no exista en cuatro años. Donald Trump no va a poner ningún límite. Tampoco va a simular que le importa la vida de los niños gazatíes. Muchos de los que se abstuvieron dijeron simplemente: mi moral me impide votar por alguien que justifique esos bombardeos. Muy respetable. Pero la victoria de Trump implica que cada vez habrá menos apoyo al multilateralismo que, con sus fallos y limitaciones, al menos ha puesto freno a la barbarie humana tras dos guerras mundiales. No es perfecto, claro está, pero es mejor que nada. Otros relativizan: "No es para tanto, lo importante es que la economía va bien". La inflación de los precios diarios es el monstruo más temido por todos los gobiernos pospandemia, con resultados variados. La alianza de Musk y el famoso activista y youtuber Charlie Kirk —fundador de Turning Point, quien promovió una lista de vergüenza para profesores que "discriminaban a los conservadores"— resultó eficaz para difundir la narrativa de que la seguridad depende de la mano dura de hombres fuertes (no mujeres) y que Estados Unidos debe ser guiado por los valores de la familia conservadora, blanca y cristiana. Paradójicamente, en esta causa hallaron aliados fabulosos en hombres latinos: dominicanos contra haitianos, asentados contra recién llegados. El mérito de Trump radica en haber recuperado para sí el sueño americano, aunque, en el fondo, todos sepan que no cualquiera puede volverse millonario. Incluyó también la idea de que cada hombre puede sentirse grande, jefe y rey. Ante eso, y frente a los números que muestran la cohesión narrativa de esta campaña republicana, la campaña demócrata no logró despegar. Solo el discurso sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres logró mover un poco el tablero, pero poco más. En este momento, la narrativa de defensa de la democracia, de sus valores, de la solidaridad, la justicia o la equidad social no atraviesa su mejor momento. Esta narrativa, que depende mucho de emociones positivas como el entusiasmo y la esperanza, también necesita un punto en común, y no lo tenemos. Debemos admitirlo. Estamos ante una atomización perjudicial para el futuro. En Colombia y América Latina, muchos perciben con facilidad los discursos de izquierda y centro como narrativas de privilegiados que no hacen más que regañar y alardear de múltiples superioridades intelectuales o educativas, leídas como privilegios. Incluso en temas como la igualdad y la equidad, seguimos con discursos confusos que pocos comprenden, diluyendo la urgencia de una verdadera equidad social en un sinfín de grupúsculos cada vez más pequeños, más individualistas y, por ende, menos generosos. Y, por ese camino, al proletariado de Estados Unidos terminó conquistándolo la derecha.
- ¿Qué pasa con el programa Jóvenes en Paz en Buenaventura?
Por: Oficina Pares Pacífico Nueve meses después de su implementación en Buenaventura, uno de los programas emblemáticos del Gobierno del cambio dirigido a las juventudes, enfrenta serios inconvenientes operativos en uno de los territorios donde la Paz es un anhelo. Las dificultades incluyen desde la no entrega de transferencias monetarias condicionadas a algunos beneficiarios, hasta la baja participación de organizaciones comunitarias en el proceso de corresponsabilidad o trabajo comunitario, esto último constituye la principal estrategia para acercar a los jóvenes a iniciativas de paz y alejarlos del conflicto armado. Contexto El pasado 7 de julio de 2023, durante el lanzamiento del programa "Universidad en tu Territorio" en Buenaventura, el presidente Gustavo Petro pronunció la polémica frase "les vamos a pagar por no matar", que generó revuelo en medios de comunicación. Sin embargo, la frase se refería al programa nacional "Jóvenes en Paz", una iniciativa originada durante la administración de la "Bogotá Humana" que benefició a 10.000 jóvenes de zonas vulnerables de Bogotá. Petro prometió expandir este programa a 100.000 jóvenes en el país, especialmente en territorios de alta vulnerabilidad y violencia. ¿Después de nueve meses qué pasa con el programa en Buenaventura? La implementación en el territorio de Buenaventura. En Buenaventura, el Programa Nacional Jóvenes en Paz comenzó en febrero de 2024 con el propósito de implementar una ruta de atención integral para las y los beneficiarios que brinde nuevas oportunidades a los jóvenes y así prevenir su vinculación en la criminalidad. En términos generales, la ruta integral comprende varios componentes: Educativo, Psicosocial, Jurídico y de Corresponsabilidad. El programa ofrece un proceso pedagógico y de construcción individual que permite a los jóvenes construir planes individuales y colectivos; a la vez que brinda un incentivo de transferencia monetaria condicionada mensual, de acuerdo con su nivel de participación. Los beneficiarios son jóvenes en condición de vulnerabilidad y víctimas. No obstante, aunque el programa en su componente jurídico busca acompañar a quienes se encuentren en procesos judiciales, los jóvenes con órdenes de captura vigente no pueden ser beneficiarios. Principales logros De acuerdo con Reinaldo Areiza, funcionario del Ministerio de Igualdad y Equidad, y líder del componente educativo a nivel nacional, la iniciativa presenta importantes logros en materia de implementación. A la fecha, un total de 823 jóvenes han firmado el acuerdo de participación que los acredita como miembros del programa; y en materia de articulación, la ARN ha brindado 335 cupos para corresponsabilidad que ha permitido la vinculación de jóvenes a este escenario. Se han habilitado espacios con participación de los jóvenes, estos van desde sumarse a actividades de limpieza y jornadas de biotruque en el territorio, hasta incidir en la cumbre global de Niñez y Juventud por la biodiversidad, un espacio en el marco de la COP16, en donde los jóvenes vinculados al programa pudieron contar su experiencia, y aportar a la construcción un manifiesto por la diversidad. Además, se ha logrado que alrededor de 50 jóvenes logren vincularse a ofertas de educación, y que otros quieran retomar sus estudios. Estos son sin duda logros importantes en un territorio como Buenaventura, pero a casi diez meses de la implementación del programa no dan cuenta de avances significativos. Retos y desafíos La iniciativa aún no ha logrado el posicionamiento que se proyectó, a pesar de estar en 7 puntos de la ciudad, en la actualidad ha alcanzado el 68,5 % de los beneficiarios, es decir, de los 1.200 cupos para el Distrito, 823 jóvenes han firmado acuerdo de participación y corresponsabilidad. De los 823 jóvenes activos, 335 se encuentran realizando trabajo comunitario con la Agencia para la Reincorporación y Normalización, pese a que esto es visto como un gran logro, significa que solo el 40,7% de los beneficiarios están en el proceso de corresponsabilidad, más de la mitad de los jóvenes no han logrado ser vinculados. Aunque de acuerdo con el articulo 27 del decreto 1649 de 2023, las entidades nacionales deben acompañar y brindar garantías en el ejercicio de corresponsabilidad de los jóvenes, la articulación con otras instituciones gubernamentales sigue siendo un gran reto, y según Angie Moreno funcionaria del programa, conscientes de esta dificultad, se ha resuelto destinar una persona especifica en los territorios que se encargue de este componente. Las implicaciones de este resultado pueden verse reflejadas a futuro en la implementación, ya que, si un joven no lograr cumplir el ciclo de formación y trabajo comunitario no puede obtener el incentivo monetario, lo que ocasionalmente podría generar frustración, desestimar la participación y aumentar la deserción. Para Reinaldo Areiza, la transferencia monetaria condicionada ha permitido que los participantes no solo mejoren sus condiciones de vida, sino que también fortalezcan la economía local. Pero para algunos jóvenes esta transferencia sigue siendo solo una ilusión. De acuerdo con testimonios de lideres y beneficiarios, muchos no han recibido ni siquiera el primer desembolso y no existe claridad con relación a qué va a pasar, o cuándo van a recibir realmente. Las respuestas a estas denuncias se reducen a explicaciones sobre retrasos en los reportes, falta de documentación de los beneficiarios, o lentitud en el proceso. Reflexiones finales y Recomendaciones Jóvenes en paz es una gran apuesta de transformación integral, y tal como lo señala Angie Moreno “el programa significa mucho más que la transferencia monetaria, implica una articulación y un trabajo institucional robusto”, lo que sigue siendo una necesidad imperante. Aunque mucho se ha dicho con relación a que jóvenes en paz ofrece una ruta de atención integral, en la praxis esta integralidad no se ha visto materializada, y con la reciente salida de Gareth Sella viceministro de las juventudes, crecen los interrogantes sobre el futuro del programa. Desde la fundación Paz y Reconciliación, oficina Regional Pacifico, planteamos recomendaciones que permitan mejorar la implementación del programa en Buenaventura, destacando la importancia de una articulación sólida y la participación activa de organizaciones sociales y comunidades que permitan fortalecer el impacto en la juventud del territorio. 1. Implementar un mecanismo de seguimiento y evaluación: Establecer un mecanismo eficiente que permita garantizar el reporte de información de manera rápida y eficaz, y con ello la transferencia monetaria de manera oportuna. 2. Crear un comité interinstitucional para el proceso de corresponsabilidad que promueva espacios donde confluyan diversos actores en el territorio, como la Alcaldía Distrital, organizaciones de base comunitaria, Juntas de Acción, cooperación internacional, sector académico, y las distintas entidades que operan en la ciudad, esto con el fin de que las juventudes beneficiarias puedan tener mayores ofertas para el trabajo comunitario. 3. Promover una estrategia de comunicaciones que permita diversificar los canales de comunicación internos y externos, y así llegar a todos los sectores de la ciudad, esta iniciativa le permitirá al programa visibilizar los avances, y generar mayores impactos en materia de articulación. 4. Acercar el programa al espacio de conversación socio-jurídica implementado por el gobierno nacional para poner fin a la guerra entre Shottas y Spartanos. Este acercamiento que permita seguir vinculando jóvenes de entornos violentos al programa Jóvenes en Paz y desarrollar de manera equilibrada el plan de acción para cada territorio. Para la paz, todo.
- Los ecosistemas colombianos: víctimas invisibles del conflicto armado y el reto de la justicia ambiental
Por: Katerin Erazo, Periodista La historia de Colombia ha estado marcada por décadas de conflicto armado que no solo han afectado a su población, sino también al territorio y a los ecosistemas que sostienen la biodiversidad del país. En los últimos años, el impacto ambiental de las actividades de grupos armados ha llegado a niveles críticos: bosques enteros arrasados, especies al borde de la extinción, ríos contaminados y suelo deteriorado de manera irreversible. Con retroexcavadoras, motosierras, dragas y explosivos, estas organizaciones han dejado cicatrices profundas en la naturaleza, que exigen respuestas contundentes y urgentes. En la actualidad, algunos de los grupos que han causado los mayores estragos ambientales, guerrillas, disidencias y estructuras criminales, se encuentran en procesos de paz con el Gobierno de Gustavo Petro. Este contexto abre una oportunidad histórica para no solo avanzar hacia una paz duradera, sino también para enfrentar la deuda ambiental que el conflicto ha dejado. Sin embargo, surge una pregunta clave: ¿cómo se hará justicia a la naturaleza, que también ha sido víctima de esta guerra prolongada? Nashry Zahgui Ibn, Coordinador de la Línea de Transición Energética y Paz de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), enfatiza la importancia de reconocer el territorio como víctima, lo cual lo convierte en sujeto de reparación. Según él, esto implica garantizar su protección frente a actividades como la explotación, la defaunación y la contaminación. Además, Zahgui Ibn subraya que la justicia ambiental debe ser equitativa, no solo en cuanto a grupos, sino también hacia las empresas, de modo que las cargas ambientales sobre los ecosistemas no se intensifiquen en respuesta a situaciones conflictivas. Como estrategia, el pago por servicios ambientales, bien administrado, se presenta como una alternativa efectiva para alcanzar estos objetivos. La reciente Conferencia de las Partes sobre Biodiversidad, COP16, celebrada en Cali bajo el lema “Paz con la naturaleza”, puso sobre la mesa la necesidad de incluir el tema ambiental como una prioridad en las negociaciones de paz. Este evento resaltó el imperativo de que las mesas de diálogo no solo aborden temas de seguridad y reconciliación social, sino también establezcan mecanismos de rendición de cuentas para los daños causados a los ecosistemas. Es una oportunidad única para Colombia de convertir los procesos de paz en un modelo de “justicia ambiental restaurativa”, que podría ser una referencia mundial en términos de justicia ecológica en contextos de conflicto armado. Un informe de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) reveló la magnitud de los crímenes ambientales cometidos durante el proceso de “Paz Total” del actual Gobierno. Desde agosto de 2022 hasta septiembre de 2024, se documentaron 233 incidentes graves de daño ambiental, lo que significa que cada tres días se registró una afectación significativa a la naturaleza. Estos crímenes incluyen la deforestación, la minería ilegal y el vertido de residuos tóxicos en ríos y suelos, actividades que comprometen la sostenibilidad de los ecosistemas y la calidad de vida de las comunidades locales. Esta cifra, sin embargo, solo representa un segmento del daño histórico; en las últimas dos décadas, se han perdido más de cuatro millones de hectáreas de bosque debido a actividades ilegales, principalmente en zonas bajo control armado. El daño ambiental se extiende también a la contaminación por petróleo en áreas de alta biodiversidad. El Ejército de Liberación Nacional (ELN), con más de 1,600 atentados contra el oleoducto Caño Limón-Coveñas en los últimos 40 años, ha vertido cerca de seis millones de barriles de petróleo en ríos, selvas y zonas protegidas. Este tipo de crímenes tiene efectos devastadores para las especies de flora y fauna y agrava la ya crítica situación de la Amazonía y otras áreas de biodiversidad. En cuanto a las negociaciones en curso, tres de los nueve procesos de diálogo incluyen la cuestión ambiental en sus agendas. Por ejemplo, en las mesas con el ELN, el frente Comuneros del Sur y la disidencia de Calarcá Córdoba, se han discutido algunos acuerdos preliminares para la protección de los recursos naturales y la promoción de prácticas de conservación en territorios donde operan estos grupos. En la mesa con el ELN, se ha planteado la necesidad de políticas de ordenamiento ambiental y territorial, con el propósito de “restaurar la Madre Tierra”. Asimismo, los diálogos con la disidencia de Calarcá Córdoba han incluido acuerdos para la creación de Zonas de Reserva Campesina, la protección de humedales y planes de reforestación. A pesar de estos avances, los expertos señalan que el reto de implementar una justicia ambiental en el contexto colombiano es enorme. Nashry Zahgui Ibn, Coordinador de la Línea de Transición Energética y Paz de la Fundación Pares, destaca la necesidad de que los acuerdos sobre justicia ambiental se revisen y sean integrados por las autoridades locales, especialmente las corporaciones ambientales. Señala que estas estrategias deben contar con presupuestos adecuados y fortalecer las áreas de reserva, incluyendo las campesinas y de restauración. Asimismo, Zahgui Ibn subraya la importancia de poner al territorio en el centro como sujeto de derechos y eje de gobernanza. En su visión, es fundamental que todos los actores trabajen conjuntamente para construir modelos de desarrollo con un enfoque ambiental, priorizando el bienestar del territorio en cada iniciativa. Además, el enfoque de justicia ambiental debe enfrentar las dificultades que implica la aceptación de responsabilidades por parte de los grupos armados. Estos actores suelen financiarse a través de economías ilegales, como la minería y la tala, y aceptar sus crímenes ambientales implicaría poner en riesgo una de sus fuentes de ingresos más importantes. La justicia ambiental cobra especial relevancia en un contexto donde Colombia continúa siendo uno de los países más peligrosos para quienes defienden los derechos ambientales y sociales. Un informe presentado por la Fundación Pares en la COP16, titulado “Situación de violencia contra liderazgos ambientales en Colombia”, señala que los líderes ambientales enfrentan múltiples formas de victimización: amenazas, atentados, intimidación a sus familiares, desplazamientos forzados y secuestros. Ver: ( Situación de violencia contra liderazgos ambientales en Colombia ) Estas agresiones, que inicialmente buscan infundir miedo para frenar el activismo, pueden evolucionar hacia la violencia homicida cuando los atacantes no logran silenciar sus voces de otra manera. Datos del Observatorio para la Defensa de la Vida (ODEVIDA) y de la ONG Global Witness revelan que, entre 2018 y agosto de 2024, se registraron 361 asesinatos de líderes ambientales en el país. Estos homicidios se distribuyeron de la siguiente manera: 27 en 2018, 65 en 2019, 66 en 2020, 40 en 2021, 62 en 2022 y 81 en 2023, el año más violento para estos defensores. En los primeros ocho meses de 2024, se observó una reducción significativa, con 20 homicidios reportados, en contraste con los 54 casos ocurridos en el mismo periodo de 2023. Entre los años de gobierno de Iván Duque y los primeros dos años del mandato de Gustavo Petro, el 53% de estos asesinatos (192 casos) se concentraron en Cauca, Nariño y Antioquia, siendo Cauca el departamento más afectado, con un tercio del total (114 casos). Estos territorios enfrentan una fuerte presión de economías ilícitas y grupos armados que surgieron o persistieron tras la firma del Acuerdo de Paz en 2016 con las FARC-EP. Según la Fundación Paz & Reconciliación, en estas regiones operan actores como el Estado Mayor Central, el ELN, la Segunda Marquetalia, el Clan del Golfo y las Autodefensas Unidas de Nariño, entre otros. Además, el 37% de los líderes ambientales asesinados entre 2018 y 2024 pertenecían a comunidades indígenas, un grupo especialmente vulnerable. En Cauca y Nariño, donde se concentra el 57% de estos homicidios (89 casos), los etnoterritorios han sido particularmente afectados debido a su rol en la defensa de los recursos naturales y culturales, exponiendo a sus líderes a altos niveles de violencia. Ante este panorama, el gobierno de Petro enfrenta la tarea de consolidar una política de paz que incluya mecanismos de justicia ambiental eficaces. La adopción de un modelo de justicia transicional para los crímenes ambientales, similar al de la JEP, podría ser un primer paso para que la naturaleza, como víctima del conflicto, encuentre un camino hacia la reparación. Este enfoque, basado en el reconocimiento de los ecosistemas como sujetos de derechos, debería priorizar el fortalecimiento de la gobernanza ambiental en los territorios y reducir la presencia de grupos armados en las áreas de mayor biodiversidad. En última instancia, la paz en Colombia no podrá considerarse completa si no se logra una reconciliación con la naturaleza. Este compromiso implica reconocer que la biodiversidad y los ecosistemas del país han sido víctimas silenciosas del conflicto y que su restauración es fundamental para el bienestar y la sostenibilidad a largo plazo de las generaciones futuras. La justicia ambiental es un tema fundamental, y en la Fundación Pares estamos comprometidos con la transición energética y la construcción de paz. Este año, lanzamos una nueva línea de trabajo enfocada en la Gobernanza para la Transición Energética y la Paz. En este marco, del 7 al 9 de noviembre, realizaremos en nuestra oficina de Santa Marta la Primera Cumbre sobre Transición Energética Justa, un espacio clave para avanzar en estos objetivos.












