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- Donald Trump regresa al mundo al temor de una guerra nuclear
Por: Redacción Pares Sólo las personas mayores de 45 años saben lo que es vivir en un mundo atemorizado porque en cualquier momento un loco apriete un botón rojo y toda la tierra se convierta en territorio de hongos nucleares. Después de la desmontada del programa nuclear soviético y de la desintegración de la URSS los gobiernos norteamericanos se habían comprometido a rajatabla a no entablar una confrontación con un país que tuviera bombas nucleares. Pues esto lo rompió el presidente de los norteamericanos, Donald Trump, este sábado cuando ordenó el ataque con misiles a tres centrales nucleares iraníes. Esto es apenas una advertencia de lo que vendrá “Si Irán no hace nada al respecto les pesará” Advirtió un envalentonado Trump desde la Casa Blanca mientras el mundo entero teme por una confrontación de la que nadie saldrá bien parado. Sólo su aliado Benjamin Netanyahu, presidente de Israel, lo felicitó por su determinación. Israel e Irán desde la semana pasada vienen en una confrontación que no para de escalar. Desde Teherán han enviado misiles a Tel Aviv que han logrado cruzar el famoso escudo de acero con el que los iraelitas protegían su suelo. Trump llamó a Irán “El mayor acosador de Oriente Medio” y no presentó ninguna prueba de que este país esté listo para mostrarle al mundo el poder de una nueva arma devastadora y nuclear. Se teme la respuesta de Irán. En estos momentos las máximas autoridades de este país planean cómo podrían contestar algo que, seguro, nos devolverá en un solo movimiento al temor de que los hongos nucleares nos arrasen como especie. No es la primera vez que un gobierno norteamericano toma la iniciativa para atacar a otro país y hacerlo sin pruebas, por sólo un rumor de tener supuestamente armas nucleares, así se hizo la invasión a Irak que arrasó con ese país y dejó más de un millón de muertos. La única respuesta que se ha hechos desde Teherán fue la del canciller de ese país Abbas Aragchi quien reaccionó afirmando que los ataques son una grave infracción a los acuerdos establecidos en la ONU y afirmó que vendrán “consecuencias duraderas” Mientras tanto Trump y sus seguidores, carentes de autocrítica, se felicitan mutuamente y no les cabe duda que lo conseguido es un éxito sin precedentes. Es probable que regresemos a los años ochenta, pensando en construir refugios subterráneos, viviendo cada día como si fuera el único, que se desate la islamofobia y el odio a cualquier tipo de diferencia. Lo peor es que Trump está cumpliendo las promesas de campaña: el mundo está ardiendo.
- Y los paisas gritaron “Fuera Fico”: Petro triunfa en la tierra de Álvaro Uribe
Por: Redacción Pares Horas antes de que La Alpujarra se llenara con miles de seguidores del presidente, el Centro Democrático había sacado una campaña para que la gente le quedara mal a Petro. La convocatoria del mandatario apuntaba a cerrar las brechas que últimamente ha tenido el proceso de paz urbana con las oficinas, las bandas criminales que históricamente han azotado el Valle de Aburrá. Por eso el llamado tenía nombre propio: “Un pacto por la paz urbana”. En primera fila se vio a algunos cabecillas de estos grupos que pertenecen a las mesas de negociación lo que generó controversia por parte de la oposición, el alcalde de Medellín y algunos medios. El uribismo en pleno, días atrás, había sacado una campaña pidiendo a la gente no asistir a ese evento. El vocero de la colectividad, Sebastián López, temiendo lo que pasaría, que el presidente cosecharía un triunfo tan contundente en convocatoria como el que vivió la semana pasa en Cali, le pidió a la gente ignorar los ofrecimientos con los que el gobierno quería convencer a los paisas para ir a escucharlo. En un comunicado el vocero afirmó que Petro regalaba tamales e incluso obligaría a funcionarios a asistir a una manifestación que iría desde el Parque de la Resistencia hasta el parque de Aranjuez, terminando en la Alpujarra, el lugar donde se concentra todo el poder en Antioquia. López afirmaba que el sábado se vivirían escenas dantescas, que la ciudad sería quemada por el odio petrista. Pero nada de esto sucedió. A las dos de la tarde La Alpujarra estaba llena. En tarima figuras de este gobierno como Daniel Rojas, ministro de educación, la senadora Isabel Cristina Zuleta, quien está comprometida de lleno con el proceso de paz total con las bandas criminales de Medellín y el ministro del trabajo Antonio Sanguino, contestaron las preguntas de la gente que estaba completamente feliz de la visita del presidente y que incluso apuntaron hacia un medio tradicional de la ciudad al que acusan de haberse sesgado a favor de uno de los espectros ideológicos que hoy en día están en boga en el país. El presidente subió. A tarima en medio de una ovación. Dejó claro que no tiene ningún rincón del país vetado, a pesar de lo que ha querido instalar el Centro Democrático. Recordó los sufrimientos que ha tenido que padecer históricamente Medellín, afirmó que él no es ningún dictador y que, al contrario, hay muchas comunas de la ciudad que han padecido regímenes locales que han sido tan fuertes como las dictaduras y, le dejó claro a su público, que él va por las reformas. Sólo hasta las seis de la tarde Petro subió a tarima. Además de las intervenciones de los funcionarios que lo acompañaban desde Bogotá se realizaron eventos culturales para que la gente estuviera entretenida mientras llegaba el mandatario. Lo más curioso fue un punto de la tarde en donde la multitud empezó a gritar en coro: “Fuera Fico”. En varios lugares del país se había escuchado el coro de “Fuera Petro”, sobre todo en partidos de la selección Colombia en donde una boleta revendida puede costar un millón de pesos, pero jamás en Medellín se había escuchado este coro contra su alcalde quien este domingo amaneció furioso pidiendo explicaciones por la aparición de algunos miembros de las bandas criminales que están en negociación durante la manifestación. El jefe de la oficina de Envigado quien se encuentra negociando desde la cárcel de Itagui, alias “Tom”, le ha recordado al presidente que la negociación se encuentra estancada, una de las razones de la manifestación era justamente ponerle acelerador a este proceso de diálogo que ha logrado bajar, de manera contundente e histórica, los números de violencia en Medellín, así que, con permiso previo del Inpec, algunos de estos cabecillas asistieron a la Alpujarra. Lo del sábado fue un fracaso del Centro Democrático y del alcalde de Medellín quienes habían estigmatizado y satanizado la marcha. El presidente está más vivo que nunca en la tierra de Álvaro Uribe Vélez
- Juan Roa Sierra, el pobre diablo que mató a Gaitán
Por: Iván Gallo - Coordinador de Comunicaciones Mientras todos se arrodillan ante Juan Gabriel Vásquez porque se sabe todas las calles de París —como quedó evidenciado en su última novela —, pocos conocen a Miguel Torres. Con una paciencia de hormiga, reconstruyó los últimos meses del hombre que supuestamente mató a Gaitán, en la novela más gloriosa que ha dado la literatura colombiana en los últimos 25 años : El crimen del siglo . Consumido en una depresión que rayaba en la locura, este albañil de 26 años en lo único que se parecía a Gaitán era en su memoria fotográfica. Vamos a usar el retrato de Torres para conocer la mente del supuesto asesino de Gaitán. En su casa, en el barrio del Restrepo, se la pasaba encerrado, sudando fiebres y maquinando planes que jamás se realizarían. Tenía una esposa y una hija, por las que estaba lejos de poder responder económicamente. Su mamá, doña Encarnación, le pasaba lo necesario para sobrevivir. Tenía un anillo que lo convertía en uno de los miembros de la secta de los Rosacruces y usaba dos corbatas, ya que creía ser nada menos que la reencarnación de Francisco de Paula Santander. Cuando su esposa, María, le preguntaba qué tenía que hacer el alma del prócer de la independencia reencarnando en el cuerpo de alguien que ni siquiera tenía trabajo, Roa Sierra agachaba la cabeza, tomaba aire y reaccionaba con violencia. Nunca tomó trago, ni fue mujeriego. Le gustaba la música y lo único que tenía de valor era un equipo de sonido y los discos de tango que tanto le gustaban. Pero en sus últimos días ni siquiera se dio esas treguas. Por consejo de un abogado de apellido Urrutia, Roa Sierra fue hasta la oficina de Gaitán a pedirle trabajo. A Gaitán no le gustó su tez de pergamino, su ropa descolorida y, sobre todo, el tono lastimero con el que le pedía un trabajo: “Mi doctor, sé hacer cualquier cosa, celaduría, choferear, mandadero, lo que usted me mande”. Gaitán lo miró de arriba abajo y le dio un consejo: que le redactara una carta al presidente de la república, doctor Mariano Ospina Pérez, y le pidiera trabajo. Desde entonces, Roa Sierra quedó resentido y como si fuera un personaje de Dostoyevski, rumió su asesinato desde el encierro de sus fiebres. Lo empezó a seguir a diario. Lo esperaba en la salida de su oficina de abogado ubicada en el edificio Agustín Nieto, en plena carrera Séptima. Luego iba hasta su casa, en el barrio Santa Teresita, todos los días, sin importar el frío o lo cerradas que fueran las noches. De pronto, podría dejar de ser un don nadie si mataba al hombre que estaba destinado a cambiar a todo un país. Roa estaba cansado de probar fortuna. Con sus amigos se aventuraba, por ejemplo, a buscar tesoros. Un día se llevaron huesos de muertos molidos para tentar al mohán en el bosque que circunda Monserrate. La idea era atrapar al monstruo y quitarle una suerte de tesoro que él siempre llevaba consigo. El mohán nunca apareció. Lo que sí apareció en sus vigilias fueron unos hombres que lo abordaron, le dieron un maletín con una pistola y le encargaron la tarea de matar a Gaitán. Roa aceptó y ni siquiera pidió un adelanto de los 5.000 pesos que le ofrecieron para matar al político más importante del país. Era tan incapaz que perdió la pistola. Casi no ejecuta su plan porque no tenía plata para comprar una. El 8 de abril la consiguió. Se puso un traje confeccionado a su medida. Esperó que fuera la hora de almuerzo y allí salió Gaitán, acompañado de varios amigos, entre ellos Plinio Mendoza; Roa, quien en el fondo no era capaz de matar a alguien, se iba a arrepentir cuando, cuenta Miguel Torres, alguien disparó contra el candidato. La gente que supuestamente iba a proteger a Roa lo señaló entre el tumulto: “Él es el asesino”, y la turba envalentonada, con ganas de cumplir lo que les encomendó el caudillo: “si me matan, vengadme”, lo fue a buscar al lugar donde se había escondido, la droguería Granada, lo sacó de allí y lo despedazó. También acabarían, de paso, con la ciudad. A casi ocho décadas del Bogotazo siguen atentando contra las vidas de candidatos presidenciales. Algo en lo que se parecen los ataques es que, al parecer, no hay responsables. La impunidad es lo que impera.
- Los sufrimientos de Federico Ríos, el mejor fotógrafo de Colombia
Por: Iván Gallo - Coordinador de Comunicaciones Una de las pocas cosas buenas que pueden hacer los congresistas por los colombianos es exaltar las virtudes de algunos de ellos. El pasado 19 de junio, la Cámara de Representantes le entregó un reconocimiento especial a Federico Ríos por su labor como fotógrafo, como una forma de exaltar el poder de su mirada para mostrar los rostros del conflicto, la esperanza en medio del dolor y la dignidad de quienes habitan las orillas del país. No necesitamos, pues, que los padres de la patria reconfirmen la importancia de su trabajo, pero es alentador que un fotógrafo, un artista de sus quilates, navegue, por fin, en aguas tranquilas. Porque pocos son los fotoperiodistas que se han llenado tanto las botas de barro como él. De día, el calor es ardiente; de noche, el frío es helado. Hay trechos donde la luz del sol no entra. La selva es espesa, se ensopa, y es solo pantano. Hay que saber dónde pisar. Después de los pantanos, aparecen las subidas de la sierra. Es un lugar donde se baja, se sube, y el calor no amaina jamás, como lo describieron los cronistas de Indias, pero es el sitio más lluvioso del mundo. Siempre hay barro. Siempre hay barro y vida: serpientes, felinos, mosquitos. Hay un mosquito que te deja una roncha que después se convierte en llaga. Si no se atiende a tiempo, aparece un olor mortecino; la podredumbre llega al hueso y entonces empieza el dolor. Durante ocho días, los migrantes deben caminar por este lugar exuberante y maldito que es el Darién. Desde 2021, el fotógrafo Federico Ríos, los acompaña. Ríos estaba en Haití a mediados de julio de ese año. El país se caía a pedazos: el asesinato del presidente Jovenel Moïse acababa de ocurrir, y las heridas del terremoto de 2010 no se habían restañado. Allí, este fotógrafo paisa supo que muchos haitianos, en su búsqueda de un mejor futuro o solo para huir de la hecatombe social, emprendían su viaje a los Estados Unidos desde Colombia. Para ese momento, Federico Ríos era un fotógrafo reconocido en The New York Times . Sus fotos resumían el fragor y la exigencia que tiene una profesión en desuso: el periodismo en tiempos de redes. En 2010, él mismo decidió ir a las comunas a fotografiar los combos y las pandillas que azotaban cada esquina, como un eco lejano de los tiempos de Pablo Escobar. Sin guía, ni nadie que le abriera paso, se arriesgó: les dio su propia cámara a los niños de la comuna para que ellos tomaran fotos. Bajó a su casa en Medellín, reveló las fotos y se las llevó de vuelta. Los jefes de los combos le preguntaron quién era y él, sin dudarlo, les dijo que era fotógrafo. Por menos han matado a mucha gente en Colombia. Él, valiente, parado, consiguió quedarse y retrató como sólo lo podría hacer uno de sus maestros: Jesús Abad Colorado. La notoriedad internacional la logró desde 2012, cuando, con la cámara en el pecho, y sin ocultar su oficio, Federico Ríos se logró meter en las filas de las Farc y consiguió retratos de guerrilleros que, hasta ese momento, eran uno de los secretos mejor guardados del periodismo nacional. Desde entonces, fue uno de los descubrimientos de Paris Match , Leica, National Geographic y The New York Times. Estuvo la noche del 2 de octubre de 2016 en un campamento de las Farc, en Caquetá. En un televisor donde la imagen se cuarteaba por la dificultad de la señal, vio el descontento de la ‘guerrillerada’ al conocer los resultados del No al Plebiscito. El mundo vio el rostro de la guerra gracias a sus fotos cotidianas y frescas de los guerrilleros siendo, en el fondo, lo que son: muchachos campesinos a los que les tocó escoger un bando en el país de la guerra sin fin. Federico no sabe cuándo es el próximo viaje. Desde 2021, ha hecho más de 20 al Darién. Su compañera en la odisea es la periodista Julie Turkewitz, con quien, hace un mes, volvió a ser portada de la edición dominical del periódico más importante del mundo, The New York Times . El negocio que se hace con los migrantes fue el tema principal. Federico, como buen viajero, es hombre de ritos. El más importante de ellos es comprar un par de botas de caucho en el último pueblo donde haya comercio, antes de entrar a la manigua. Una vez termina el recorrido, que puede durar ocho días enteros, se las regala a quien las necesite. “Me gusta pensar que hay algo que yo usé, que le pueda servir a alguien”. Las cosas tienen vida. Duerme en hamaca porque quedarse dormido en el suelo en el Darién, entre su barro perpetuo, es correr el riesgo de que algo vivo se meta en el lugar donde está tendido. El aire da algo de garantía. Su dieta en los días selváticos se compone de pan de semilla untado de mantequilla de maní y bocadillo. El agua en el Darién, si se sabe buscar, no es un problema. Para encontrar agua potable, hay que separarse unos metros del camino principal y buscar nacimientos para llenar las cantimploras. Si lo hace en el lugar donde la serpiente interminable de personas bebe, la disentería es una cosa segura. A Federico lo han picado todo tipo de mosquitos y bichos, pero no le gusta extenderse mucho en sus pequeñas tragedias personales, sobre todo cuando está cubriendo una de las más aterradoras migraciones que hay en este momento en el planeta. Hasta septiembre de 2023, 330.000 personas de 97 nacionalidades habían cruzado esta selva. En una ocasión, Federico Ríos le tomó una foto a un hombre de cejas pobladas y mirada profunda, cuya esposa iba cubierta con un velo. El hombre, al ver al fotógrafo, se acercó y le pidió que por favor no fuera a publicar esa foto. Él era afgano. —Si el talibán llega a ver mi cara, mi familia en Afganistán podría ser asesinada. Por el Darién pasan personas procedentes de Bangladesh, Nepal, Malí, Somalia, Venezuela y Chile. La razón por la que migran tantos chilenos es porque, después del terremoto de 2010, los haitianos que se quedaron sin nada buscaron a Chile como refugio. Allí tuvieron a sus hijos y obtuvieron la nacionalidad. Ahora, rechazados en ese país, viajan a Estados Unidos buscando encontrar soluciones a sus necesidades. Viajan sabiendo que alguna serpiente podría cegar a los niños que llevan a cuestas, viajan sabiendo que muchos no volverán a ver a sus familias, algunos viajan sin piernas, sin brazos, sin un puto peso en el bolsillo. Viajan con el riesgo de que, si no los mata el río o la selva, los pueden matar en algunas de las ciudades por las que pasan. Por eso, Federico Ríos no habla de sufrimiento en su trabajo por más extenuante que sea. Los que sufren son los otros, los que él retrata. En sus fotos, también está contada la esperanza. Lo que más le impresiona a Federico es cómo en esas condiciones extremas, las personas se solidarizan unas con otras, se ayudan, dejan cuerdas para que otros puedan pasar ríos furiosos como el Herminda o ayudan a cargar los ancianos cuyas rodillas se doblegan ante la fatiga. Cuando regresa a la ciudad, tiene un ritual particular: invitar a sus amigos más cercanos a asados pantagruélicos. Todo lo que se privó en las caminatas larguísimas, lo puede saciar en una tarde. Es el que menos habla, pero muchas veces es quien tiene más cosas para contar. Mejor, guarda energía y prefiere escucharles los cuentos a Juan Mosquera o a Simón Posada, narradores excepcionales. Con ellos, ¡pa’qué radio! Si se decidiera, si no tuviera amigos escritores, él haría un libro de crónicas sobre todo lo que ha podido ver y sufrir. Igual, no lo necesita. Sus fotos tienen la potencia de una historia. En sus fotos cabe el mundo.
- ¡Cuidado! No es odio, es verdad
Por: Ghina Castrillón Torres. Politóloga feminista Después del atentado contra el senador Miguel Uribe se ha generado un llamado a la moderación del lenguaje político, frente a esto, el pasado 16 de junio la Iglesia Católica, en un innegable esfuerzo por la reconciliación, convocó un encuentro entre liderazgos políticos para desescalar los discursos que generan polarización. El eufemismo desde varios sectores ha sido “desarmar el lenguaje” pero entre líneas ¿qué se nos está pidiendo callar? En una sociedad tan profundamente desigual y violenta, ciertos personajes políticos, de forma amañada y calculada, “confunden” la crítica con discursos de odio. Y con esto hay que tener mucho cuidado porque señalar al fascismo, al racismo, la xenofobia, al machismo o a la homofobia no es incitar al odio. No podemos aceptar que desde sectores conservadores se etiquete como “discursos de odio” a las manifestaciones que denuncian precisamente las estructuras que reproducen la discriminación y violencias. El discurso de odio no es decir que existe el fascismo; el discurso de odio son las manifestaciones del fascismo mismo. Nombrar lo que está mal no es odio, aunque siempre se nos haya llamado resentidas a quienes denunciamos las injusticias y llamamos a las cosas por su nombre. Los verdaderos discursos de odio se están disfrazando en una preocupación por el orden social, pero son esos discursos los que normalizan la exclusión, que responsabilizan a las víctimas o que justifican la violencia con argumentos basados en moralismos. El problema está en cómo ciertas élites pretenden redefinir el concepto de odio y nombre de la moderación, buscando silenciar a quienes cuestionamos sus privilegios. Pero la democracia no se construye sobre silencios, sino sobre la posibilidad de decir verdades, así sean incómodas. La existencia de reales discursos de odio se traduce, entre otras cosas, en desmovilización política, es decir, menos mujeres, menos personas LGBTIQ+, menos liderazgos afrodescendientes participando del debate público, precisamente por miedo a ser atacados. El discurso de odio es un acto de violencia y un mecanismo de control y poder. Por eso, cuando —especialmente desde sectores de derecha— llaman a “moderar el lenguaje”, debemos preguntarnos con qué intención lo hacen. Y con esto no estoy defendiendo la agresión verbal, lo que quiero es advertir que hay una estrategia discursiva para convertir las denuncias legítimas en amenazas, señalando a quienes incomodan como responsables de la polarización y no podemos permitir que esa narrativa crezca, porque no toda crítica es odio. El debate político no puede vaciarse de contenido, pues hablar de reformas sociales, señalar dificultades materiales, resaltar desigualdades estructurales, denunciar intereses que frenan el cambio, es un ejercicio de responsabilidad y no es un acto de odio. Así entonces, el llamado a “desescalar el lenguaje” debe estar dirigido a los discursos misóginos, racistas, homofóbicos, transfóbicos y xenófobos. Esos sí deben ser erradicados en clave de derechos humanos tal como lo promueve la Estrategia de Naciones Unidas contra el Discurso de Odio. Aquí no podemos suavizar la voz de quienes denuncian, debemos insistir en erradicar de una vez por todas las violencias disfrazadas de opinión. Colombia necesita que llamemos a las cosas por su nombre, pues cada eufemismo impide exponer las injusticias y da más espacio a las posturas autoritarias, por esto no callar es una gran forma de resistencia.
- Así los atacantes de Miguel Uribe Turbay buscaban asegurar su muerte
Por: Redacción Pares La Fundación Santa Fe se ha convertido en el foco de atención mediático y político del país desde el pasado 7 de junio cuando fue trasladado a este lugar Miguel Uribe Turbay luego de ser atacado de manera inclemente por un joven de 15 años con una pistola. Las indagaciones sobre el intento de magnicidio aún no han avanzado demasiado. Se está rastreando el arma y se encontró que su origen vino de los Estados Unidos. Pero hay detalles que han despertado admiración por la manera como Miguel Uribe ha podido afrontar su batalla para salvar su vida. Este jueves 19 de junio la Fiscalía General de la Nación reveló que los proyectiles que tienen en estado crítico a Uribe Turbay fueron recubiertos con bronce y latón para asegurar su muerte. Fueron balas que salieron desde una pistola Gluck de 9 milímetros. Los expertos en armas han mostrado esta semana la letalidad de este tipo de artefactos. Además, según dijo el ente acusador, el arma fue modificada para que disparara en ráfaga, como si fuera una pequeña metralleta. En este momento hay 260 investigadores encima del caso y se ha descartado la participación de alguna multinacional del crimen. Hasta el momento se han efectuado cuatro capturas. Hace pocos días se detuvo a una mujer en Caquetá señalada de haber entregado el arma. Hasta el momento el principal medio por el que se han efectuado estas detenciones es por las cámaras de seguridad apostadas cerca a el parque El Golfito donde ocurrió el ataque. Se trata de William Fernandez Cruz quien fue detenido en el sector de Hayuelos y se tendría pruebas de que se estuvo movendo por el sector donde se realizó el atentado con gente que estaría implicada en el mismo. En las próximas horas se legalizará su captura. Mientras tanto se siguen sabiendo a diario partes médicos que salen desde la fundación Santa Fe, única fuente directa donde brota la información sobre Uribe Turbay. En el día lunes sus seguidores y buena parte del país que espera su recuperación se alarmó al informarse que había sufrido un sangrado interno por lo que se le practicó una cirugía de urgencia. Afortunadamente logró salir de la intervención y hoy está con pronóstico reservado, estable pero aún permanece en estado crítico. El país entero está en cadena de oración sin importar ideologías esperando su pronta y milagrosa recuperación.
- UNA VIDA ESCRITA EN CLAVE DE MEMORIA
Por: Federico Díaz Granados Hay vidas que se cuentan con la solemne voz de los documentos, con la cronología de una serie de hechos y los datos y cifras de una biografía. Pero hay otras —más hondas, más vívidas y verdaderas— que se escriben con la tinta del corazón y la memoria, con la respiración de las palabras y de las emociones que construyen día a día la experiencia humana. La vida de León Valencia es una de esas: una vida que se ha narrado en clave de rebeldía, amistad y literatura porque desde sus diferentes facetas él ha sabido conjugar todos los sinónimos de la generosidad y eso es, entre tantas otras cosas, lo que celebramos, además de sus setenta años, la publicación de la novela La vida infausta del negro Apolinar , un verdadero homenaje a la amistad, el amor, la lucha y la dignidad, asuntos que han encontrado en este libro sus múltiples formas de definición y que han permitido que el pasado pueda reescribirse desde otra voz y otro cuerpo. El negro Apolinar es el héroe, el alter ego, el espejo herido y a la vez luminoso que permite que León recuerde lo inconfesado y que traiga a nuestro presente aquellos relatos que laten más allá de la anécdota política. Allí, en la novela, encontraremos el país que se ha narrado a medias, que se ha contado poco y donde la voz de Apolinar, en su vejez sin miedos y su encierro pandémico escribe para no desaparecer porque esta novela comienza como un ruego para reanudar la amistad y cumplir una promesa de juventud —escribir una historia de amor— que luego se convierte en una narración que reconstruye las memorias del protagonista: sus orígenes portuarios, su experiencia como sindicalista, cortero de caña, mecánico y migrante, su vínculo con la herencia de la diáspora africana, los orishas, los tambores, el boxeo y las músicas de Héctor Lavoe, Lucho Bermúdez Matilde Díaz y tantos otros que ponen banda sonora a la vida y, como en los poemas épicos hay una oralidad llena de poesía y de calle y de noches de rumba o conspiraciones que se puede leer en voz alta en cualquier tiempo o latitud. Por eso ahora que celebramos los setenta años de León Valencia, habría que decir que Apolinar lo representa más fielmente que cualquier otro héroe literario. Es su reverso y su reflejo porque, al igual que Apolinar, León ha caminado los bordes de la historia: el filo del amor y la pérdida, de la lucha y la escritura, de la vida clandestina y el deseo y sueño permanente de la paz. Como Apolinar, él ha conocido la violencia de cerca, la tentación del olvido, la redención de la palabra. También ambos escriben no solo para que el mundo se entere, sino para no dejar morir lo que alguna vez lo sostuvo. Apolinar, en su “vida infausta”, ha sido un boxeador de los días, un cantor de los suyos, un hombre que carga con su negrura como quien carga con una herencia orgullosa. Y León ha sabido narrar como los grandes juglares del Caribe nuestro destino y nuestro desastre. Es por eso que la novela, como la vida misma de León Valencia, es en el fondo, una historia de amor, de amor total por la literatura, por la vida contada en voz alta, por la memoria que no se resigna a desaparecer. Y en cada línea de esa novela, uno siente que está leyendo al mismo tiempo el corazón de su autor y sus noches de ron con los amigos con sus dolores que aún arden y sus batallas que todavía cantan y la esperanza y entusiasmo que también escriben. Querido León: ¿Cuántos de tus contemporáneos no llegaron a esta fecha? ¿Cuántos de tus amigos cayeron en la guerra y no alcanzaron a venir a esta fiesta a abrazarte fuerte? Por eso el festejo es también por ellos, por sus vidas y sacrificios y por tu lealtad a sus memorias y sus luchas. Llegas a los setenta años en pleno ejercicio de la dignidad, la lucidez y la resistencia y por eso sigues joven, creyendo en el amor, y la literatura y, sobre todo, porque ha valido la pena la jornada, esta travesía y este periplo vital donde tu arma ha sido la palabra, desde siempre, desde cuando redactabas con Álvaro Fayad los comunicados de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, como bien lo recuerda Lucho Celis, hasta tus columnas de opinión, tus profundos ensayos y las novelas que saben interpretarnos y definirnos a todos. Tus mejores poemas son sin duda la certeza de tu presente: tu compañera María Fernanda y tus hijos Fernando (mi viejo amigo Fercho), Catalina (mi Cata cómplice de tantas aventuras culturales) y Manuela (la posibilidad de un porvenir más claro) y en lo que ha significado para ellos una infancia atravesada por la revolución en distintos momentos y matices. Cada uno de tus hijos ha crecido bajo el influjo de un padre marcado por el compromiso político, la utopía y la reinvención personal. Y, sin embargo, como ocurre con tantos hijos de grandes causas y utopías, también han debido inventar su propia forma de intimidad, de disidencia y de memoria. Por eso hoy brindo por León, por Apolinar y por todos los amigos que apostaron por un país distinto y no llegaron a esta cita y por los que tenemos el privilegio de su afecto. Gracias por seguir escribiendo, en clave de poesía, la paz desde donde la palabra nos duele y, sobre todo, desde donde nos salva.
- Tomás y Jerónimo Uribe, los hijos de expresidente más ricos de la historia del país
Por: Redacción Pares Los delfines siempre han sido un problema. Cualquiera que viva en un país con la desigualdad que campea en Colombia detestará al hijo de un presidente. Andrés Pastrana es un delfín poderosísimo. Siempre fue un privilegiado. Consentido por el Partido Conservador, fue el último presidente que dio esta colectividad. Algunos otros, como los hijos de Ernesto Samper, desaparecieron de la esfera pública. Simón Gaviria tiene poder dentro del Partido Liberal, pero aún estará lejos de aspirar a ser presidente; su hermana, María Paz, se ha dedicado de lleno al arte, pasión que heredó de sus papás. Pero, en ese tinglado, ninguno es tan poderoso como el tándem que constituyen Tomás y Jerónimo Uribe. Durante el juicio que se le lleva a su padre por manipulación de testigos y fraude procesal, el expresidente se ha vendido como un campesino hecho a pulso. Incluso, durante una declaración que dio a finales de abril, afirmó que su oficio consistía en comprar “unas vaquitas flacas, engordarlas y después venderlas”. En realidad, Álvaro Uribe Vélez es, en cierta manera, un delfín. Es hijo de un hombre poderoso dueño de haciendas que se cuentan en miles de hectáreas como Las Guacharacas. Incluso él mismo es dueño de El Ubérrimo en Córdoba, una finca que tiene 1.500 hectáreas y que incluso tiene un pueblo en el medio de la misma. Lo que llama la atención es el poder silencioso que tienen Tomás y Jerónimo Uribe. En su espacio, en La W Radio, Daniel Coronell afirmó el pasado 4 de junio que los hijos del expresidente están lanzando un concurso que premia a quien revele supuestos “torcidos” del reconocido periodista investigador. El ganador obtendrá 100 millones de pesos. Esto es, en lenguaje del Viejo Oeste, ponerle precio a una cabeza. Los Uribe tienen la sangre en el ojo contra Coronell. No solo sus investigaciones contra el expresidente fueron vitales para que el caso que se le sigue por manipulación de testigos -en donde en un principio el acusado era Iván Cepeda- se torciera en su contra, sino que también ha apuntado contra Tomas y Jerónimo. Él no ha sido el único periodista que se ha encargado de seguirles los pasos a Uribe, sus hijos y su fortuna. La revista Vorágine también. En el año 2022 esta revista encontró 72 matrículas inmobiliarias que están a nombre de Uribe, su esposa Lina Moreno y sus hijos Tomás y Jerónimo. Si se sumara cuánto miden los 72 bienes se sumarían 21 millones de metros cuadrados. Esto daría, recuerda la publicación, una extensión más grande que la del municipio de Itaguí. Los 72 bienes están repartidos así: 54 en Córdoba, 11 en Antioquia, seis en Cundinamarca y uno en Bogotá. Una de las grandes jugadas mobiliarias que hicieron Tomás y Jerónimo, como recordó en su momento el portal Las 2 orillas fue la compra de unos lotes en Mosquera, Cundinamarca, por 34 millones de pesos. Entonces ocurrió algo que se puede calificar de “Milagroso”. Es que dos años después de la compra de estos terrenos fueron declarados como Zona Franca, lo que disparó su valorización más de 100 veces. El terreno costaba ahora 3.000 millones de pesos. Pero no solo son terratenientes, sino que son los artesanos más afortunados del país. Mientras tantos artistas intentan salir adelante con sus emprendimientos ellos, cuando crearon la empresa Sapia en 2002, el año en el que fue presidente su papá, jamás imaginaron que la venderían una década después en 6.000 millones de pesos. Un año después, crearon una empresa de reciclaje a la que le pusieron el nombre de Ecoeficiencia. El capital con el que iniciaron fue de 10 millones de pesos. Pero, según información de El Espectador , esta ya costaba 43.000 millones de pesos. Desde 2015 hasta la fecha, han abierto centros comerciales en varias ciudades del país. La fortuna de los hijos de Uribe ya se puede calificar de incalculable. Así que, por supuesto, para ellos, cien millones de pesos, el monto que les darán a los supuestos periodistas que ganen el concurso de embarrar a Coronell, es tan solo el pelo de una cabeza frondosa. ¿Cuándo nos darán el secreto de su magia?
- Los secuestros con los que Pablo Escobar le puso una pistola en la cabeza a César Gaviria
Por: Redacción Pares El atentado que tiene entre la vida y la muerte a Miguel Uribe Turbay, y la escalada de violencia de los grupos armados en territorio, han hecho a muchos comparar estos tiempos con los que vivió el país en los años ochenta. Sin embargo, hay un océano de tiempo entre ambos mundos. Colombia vivió una oleada de terror entre 1989 y 1991 que incluyó el asesinato de tres candidatos presidenciales: Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, además de la explosión de un avión de Avianca y la destrucción del edificio del DAS, que dejó más de 80 muertos. Esta era la guerra que el Cartel de Medellín le declaró al Estado colombiano buscando liberarse de la extradición y también evitar que la justicia cayera sobre ellos con todo el rigor. A este horror le sumaron el del secuestro. El primero de esos secuestros se dio en agosto de 1990. Diana Turbay, madre de Miguel Uribe —quien en ese momento tenía cinco años—, era una reconocida periodista, además de ser hija del expresidente Julio César Turbay. En el momento de su secuestro, era directora del noticiero Cripton. Le llegó una comunicación en donde el ELN le planteaba la posibilidad de entrevistar al siempre esquivo cura Pérez, máximo comandante de esa organización en ese tiempo. Así que Turbay preparó a su equipo de periodistas, con Azucena Liévano y Hero Buss a la cabeza. Siguieron las coordenadas establecidas, los recogieron por el Magdalena Medio, los llevaron, les dieron vueltas y a los días se dieron cuenta que todo era una trampa, no los tenía el ELN sino el Cartel de Medellín. Turbay se dio cuenta de que ella era la joya de la corona. Al ser hija de expresidente y tener el renombre que poseía, iba a ser negociada por Escobar para hacer que el gobierno Gaviria se arrodillara. Al poco tiempo, secuestraron en plenas calles de Bogotá y después de asesinar a su escolta a Pacho Santos, hijo de Hernando Santos, dueño de El Tiempo, personaje con una alta influencia social y política. Allí no pararían los secuestros: Marina Montoya, hermana del exconsejero del expresidente Virgilio Barco, Germán Montoya, fue secuestrada mientras salía de un restaurante al norte de Bogotá. Asesinada a los pocos meses de su secuestro en respuesta de Escobar al asesinato de muchachos en las comunas de Medellín por parte de la policía. En realidad, el asesinato de la señora Montoya —quien fue encontrada seis días después de su ejecución cuando ya había sido enterrada en una fosa común — fue una venganza personal de Escobar contra el ex consejero presidencial. Como colofón a esto, fue secuestra Maruja Pachón, cuñada de Luis Carlos Galán Sarmiento y esposa de Alberto Villamizar, primer zar antisecuestro del país, junto con Beatriz Villamizar, su cuñada. Las condiciones de cautiverio fueron de extremo sufrimiento. Con este póker de personalidades, Escobar intentaba no solo hacer tumbar la extradición sino doblegar al gobierno de César Gaviria para que pudiera legalizar sus fortunas y aclarar su situación política, pagar pocos años de condena en cárceles-resort y después salir libres como personas decentes. A la ejecución de Montoya se sumó el asesinato de Diana Turbay en cautiverio, después del torpe rescate ordenado por el presidente Gaviria. Todos los días Hernando Santos creía que le iban a matar a Pacho. A través del abogado de Escobar, Guido Parra, se llevaban comunicados al gobierno para poder presionarlos. La última de las secuestradas liberadas fue Maruja Pachón. A Gaviria le tocó bajar la guardia y decidir poner una ley de sometimiento y, por intermedio del padre Rafael Garcia-Herreros quien fue el mediador, lograr que Escobar se “entregara” a la justicia y pasara unos meses en lo que se conoció como La Catedral, una cárcel hecha a las medidas de sus necesidades. Fue una época brutal que el país espera no volver a experimentar jamás.
- Bucaramanga entre la incertidumbre política y la inseguridad
Por: Juan Manuel Velandia y Diego Alejandro Pedraza, Investigadores de la Línea de Democracia y Gobernabilidad Jaime Andrés Beltrán, el alcalde de Bucaramanga que intentó proyectarse como el “Bukele santandereano”, no ha logrado los resultados esperados. Su modelo para contrarrestar la inseguridad ha mostrado ser ineficaz e incluso engañoso ya que sus discursos durante su campaña prometían un modelo de seguridad que consistía en la mano dura contra la delincuencia. A esto se suma que su proceso de nulidad electoral se definirá en las próximas semanas lo que ha agravado la incertidumbre sobre la estabilidad de su administración durante este año y cuatros meses de mandato. Cronología del proceso de su nulidad electoral En diciembre de 2024, el Tribunal Administrativo de Santander en un fallo de primera de instancia, anuló la elección de Jaime Andrés Beltrán por motivo de doble militancia durante las elecciones de 2023. La demanda fue interpuesta por el senador del Partido Alianza Verde, Fabian Diaz y el abogado Juan Nicolas Gómez Herrera, quienes alegaron que Beltrán había respaldado a candidatos al Concejo de Bucaramanga pertenecientes a otros movimientos y partidos distintos al suyo. Entre los supuestos apoyos aparecen Edisson Ferney López Casallas, del partido Centro Democrático; Elkin Bello; Vilma Alexandra Cadena Ardila, Anderson Fabián Pradilla Díaz, Rosa Mabel Román Romero y Juan Pablo Piñeros Nieto, que aspiraban al Concejo de Bucaramanga por el Partido de la U, aunque esta colectividad estaba dentro de la coalición que llevó a Beltrán a la alcaldía, su partido era Colombia Justa Libres, lo que configura el caso de la doble militancia por apoyo. Ante esta decisión, Jaime Andrés Beltrán apeló el fallo del Tribunal Administrativo de Santander, dejando el caso ahora en manos del Consejo de Estado, que en días recientes se encargó de rechazar las pretensiones iniciales de la defensa de Beltrán. Y aunque el proceso parecía estancarse, los “ruidos" en la opinión pública del municipio comienzan a hablar del fallo que pareciera, será emitido en las próximas semanas. Pero... ¿Y qué pasó con la gobernabilidad del municipio? Pues bien, lo más preocupante de todo este proceso que atraviesa la ciudad y el gobierno del “Bukele santandereano”, es sin duda, la ausencia de un verdadero ejercicio de gobierno, pues la incertidumbre del aparato estatal, las divergencias del alcalde y sus asesores y la falta de una estrategia clara han dejado a la ciudad en manos de la criminalidad, la inseguridad y el microtráfico que se expande sin control por sus calles. Según datos de SIEDCO de la Policía Nacional, en 2024 se registraron 131 homicidios, 8 más que en 2023, cuando se reportaron 123 casos. Para 2025 con corte al 31 de abril se registraron 37 homicidios. Si bien las cifras empañan la administración de Beltrán, el caso se torna aún más complicado desde diciembre de 2024 cuando el alcalde Beltrán fue notificado del fallo de primera instancia, a partir de ese momento, él y su equipo de trabajo, se metieron de lleno en la política, como si supieran en el fondo que su tiempo comenzaba a correr en contra. Por eso, en medio de “peroratas pastorales” en la plaza pública, Beltrán intentó aglomerar a sus feligreses para que lo rodearan y rodearan ese gobierno que había sido dado por el designio divino. Aprovechó el fin de año, la festividad y la efusividad que dejaban el 2024 en la ciudad para empezar a cimentar las nuevas movidas en medio del proceso judicial. Fuente: Alcaldía de Bucaramanga, Imágenes rendición de cuentas 15 de diciembre de 2024 Estructuró un plan económico para endeudar nuevamente a la ciudad, según él, para garantizar una inversión que iría dirigida a obras de infraestructura, pero sin planeación y sin proyectos concisos. Así mismo, buscó reforzar la inversión en seguridad, robusteciendo los cuadrantes móviles, la estructuración de un nuevo plan de vigilancia y el fortalecimiento de la seguridad en las comunas de la ciudad. De la misma manera, buscó dinero para solucionar el problema de la red semafórica de la ciudad, un pendiente que tiene la capital santandereana desde la época de Rodolfo Hernández, que fue promesa de Beltrán y que hoy en día sigue en medio del caos y la destrucción total. Porque no es ni lógico, ni coherente, ni mucho menos desarrollado el hecho de que una ciudad de la importancia de Bucaramanga se quedé sin semáforos en las noches en medio del aumento de la accidentalidad vial reportada en el último año. El Concejo no le ha aprobado nada hasta el momento, y lo hace por el simple y llano hecho de que desde enero la ciudad entró en “modo electoral" con la aparición de candidatos a granel, movidas políticas y la mirada de los partidos que, desde Bogotá, comenzaron a ver en Bucaramanga una de las primeras pruebas del mapa electoral que se completa en 2026. El primero en salir al ruedo fue el concejal del Partido Alianza Verde, Carlos Parra (coequipero del senador Fabian Díaz, quien demandó la elección de Beltrán), el concejal fue segundo en la elección de 2023 y se ha erigido como una de las figuras fuertes de la política bumanguesa. Pero a Parra y su discurso le salieron al paso otra andanada de candidatos de diferentes orillas, ahí salió a relucir el nombre del exconcejal y excandidato a la alcaldía, Fabián Oviedo, cercano a Cambio Radical y partidos de derecha. Siguieron los liberales que añoran retomar el poder de antaño y ahí apareció el nombre del cuestionado Edgar Gómez, exrepresentante a la Cámara y cuestionado por sus formas de hacer política, esa política antigua y anquilosada en el clientelismo y en el oportunismo, oportunismo al cual, según dicen, se quiere sumar Juan Manuel Galán y su Nuevoliberalismo. Los empresarios no faltaron a la movida y desde ahí han aparecido nombres valiosos como el de Juan Pablo Remolina, director de Prosantander y quien hasta el momento figura como el precandidato más técnico y menos político de todos. Y así, muchísimos nombres más que van desde Juan Manuel González, un reconocido narrador de futbol, hasta cuenteros y motociclistas que consideran que a Bucaramanga la puede mandar cualquiera, porque desde hace años lo importante es llegar, figurar un poco y salir de la peor manera posible y todo en medio de una ciudad abandonada. ¿Y Beltrán? Pues en medio de todo ese ruido Beltrán se prepara para ungir un candidato de su corriente política, aunque en los últimos días va cogiendo fuerza el rumor de que él mismo está pensando en volver a aspirar, como ha venido ocurriendo con muchos alcaldes destituidos en diferentes partes del país. Un lío más en medio de un sistema electoral que deja muchas dudas y que no permite clarificar el límite de la famosa doble militancia. El caso cierto es que estos 6 meses la ciudad ha entrado en el abandono absoluto, desordenes en vía pública, la inseguridad y criminalidad desmedida, las obras inconclusas (o sin obras), la inflación disparada (se reporta que Bucaramanga es la ciudad con mayor inflación de Colombia), el Metrolínea quebrado y sin soluciones y la malla vial dejada a un lado en medio de una ciudad que todavía carga los lastres de 8 años de “gobiernos ausentes”. Al final la apuesta del “Bukele santandereano” está saliendo mal, porque no ha hecho nada de lo que prometió, porque se metió en campaña, porque está señalado de corrupción en medio de un proceso contra su esposa y su cuñado por un negocio de chatarra, en el cual están mencionados por la desaparición de 32 mil luminarias y 330 postes metálicos avaluados en más de mil millones de pesos y porque no supo capitalizar la popularidad con la que contaba hacia finales de 2023. Una apuesta que está saliendo mal mientras la ciudad se mantiene en el “bucle temporal” en el que se metió cuando Rodolfo les dijo a los bumangueses que venía a "jubilar a la clase política".
- Una firma que pone al sol en el centro del debate energético
Por: Centro de Pensamiento para la Transición Energética Apenas veinticuatro horas después de que el presidente estampara su rúbrica sobre el decreto “Colombia Solar”, los efectos de esta decisión ya recorren el país. La norma, que añade una sección entera al Decreto 1073 de 2015, autoriza a los hogares de estratos 1, 2 y 3 y a los micronegocios de la economía popular a producir hasta el 100 % de su consumo básico con paneles solares, financiados en buena parte con recursos del Fondo de Energías No Convencionales (FENOGE). En la práctica, el decreto transforma un subsidio permanente en una inversión que genera flujo de caja y ahorra al Estado cerca de un billón de pesos anuales a partir de 2028. Del Caribe al Pacífico: cómo cambia el mapa En la región Caribe, donde la factura eléctrica se ha convertido en un dilema social, el programa arrancó hace meses con ochenta tiendas de barrio que ya reportan rebajas de hasta 50 % respecto al recibo de 2024. Ahora, gracias al nuevo decreto, Minenergía y la comercializadora Air-e ampliarán la iniciativa a cerca de mil establecimientos en Atlántico, Magdalena y La Guajira. La expectativa oficial es que el alivio tarifario—54 $ por kilovatio hora en el caso de Air-e—empiece a sentirse en los bolsillos familiares antes de que termine el año. Al otro extremo del país, en Bahía Málaga, Valle del Cauca, las comunidades negras celebran la primera semana con energía continua las 24 horas gracias a un sistema híbrido solar-diésel instalado por FENOGE. El decreto asegura recursos recurrentes para que la expansión llegue a los últimos caseríos costeros que aún dependen de plantas diésel obsoletas. Unos kilómetros tierra adentro, en Jamundí , 115 familias del Consejo Comunitario de Bocas del Palo cultivan hortalizas bajo paneles fotovoltaicos: la combinación de sombra selectiva y generación eléctrica ya disparó la productividad de la tierra y permitió que los excedentes de energía se vendan a la red. Los gestores del proyecto reconocen que la formalidad regulatoria que aporta “Colombia Solar” les abre la puerta a créditos de banca pública con tasas preferenciales. En los Andes, FENOGE prepara una ventanilla de cofinanciación—60 % a fondo perdido—para instalar techos solares en barrios populares de Medellín, Bogotá y Cali. El piloto “ Hogares Energéticamente Sostenibles ”, que ya beneficia a dos mil familias del oriente de Cali, servirá de modelo. El ministerio calcula que la cadena de valor creará al menos 4 500 empleos directos en instalación y mantenimiento durante los próximos dos años. La Orinoquía y la Amazonía, cuyas redes aisladas encarecen el kilovatio hasta en 2 000 $, ven en el decreto un salvavidas. En Puerto Carreño (Vichada) ya se levanta una granja solar de 5 MW que suplirá a diez mil familias; y la central híbrida inaugurada el año pasado en Casuarito adelantó el debate social sobre propiedad comunitaria de la energía. Al reconocer la figura de “micro-utility”, la nueva norma libera a estas localidades de depender exclusivamente del diésel subsidiado. En el archipiélago de San Andrés y Providencia, donde los generadores fósiles mastican el 15 % del presupuesto territorial, las autoridades insulares ultiman los pliegos de una planta solar–baterías de 736 kWp como antesala de un parque mayor. Voceros de la gobernación confirman que, con la certeza jurídica del decreto, buscarán financiación climática para escalar el proyecto hasta siete megavatios antes de 2027. ¿Qué gana la gente? — Facturas más livianas. A partir de los primeros pilotos en la costa Caribe, los comercios populares reportan ahorros de entre 40 % y 70 %. Hogares de Bahía Málaga redujeron su gasto energético mensual casi a la mitad. — Servicio confiable. En zonas donde la luz se iba todas las noches, los estudiantes pueden hoy conectarse y las pescaderías conservar su producto sin hielo importado.— Ingresos nuevos. Las comunidades que produzcan excedentes podrán venderlos al Sistema Interconectado Nacional; la CREG dispone de tres meses para definir la remuneración. — Empleo local. Cada instalación exige técnicos de montaje, electricistas y gestores de energía comunitaria; el ministerio exige que al menos 40 % de la mano de obra sea del municipio beneficiado. — Menos presión fiscal y climática. El Estado destinará el dinero que hoy subsidia kilovatios a crear activos que reducen 3,5 millones de toneladas de CO₂ al 2030, acercando el objetivo de 6 GW solares instalados. Las sombras que aún persisten No todo esta dicho, el mayor riesgo es regulatorio, dado que si la CREG no emite la nueva fórmula de subsidios antes del 17 de septiembre, los operadores de red no tendrán cómo liquidar la factura al usuario prosumidor. Los trámites de conexión, que en algunas zonas tardan ocho meses, deben comprimirse a treinta días para no ahogar la ola de solicitudes que se avecina. Y, como recuerdan los líderes wayúu en La Guajira, la transición sólo será justa si incorpora consulta previa, transparencia y equipos de calidad que no se vuelvan chatarra en cinco años. Sin embargo, es una victoria que “Colombia Solar” convierta al beneficiario de subsidios en propietario de su propia central eléctrica. Si la regulación secundaria llega a tiempo y el crédito blando acompaña a los estratos populares, el país podría reemplazar la asistencialidad energética por verdadera autonomía comunitaria. La firma del decreto es apenas la chispa; el despliegue en los territorios dirá si la llama de la transición ilumina a todos, o si se queda a la sombra de los techos más vulnerables.
- ¿Energía o alimento? Lo que nos jugamos con los paneles solares en el campo
Por: John Jairo Correa En los últimos años, hemos oído hablar cada vez más de una idea que suena muy prometedora: instalar paneles solares en campos secos o pastizales afectados por la sequía. Según algunas investigaciones y medios como Tiempo.com , esto no solo generaría energía limpia, sino que también ayudaría a recuperar los suelos y mejorar la vegetación. ¿Pero es tan buena esta propuesta como parece? Miremos más de cerca. ¿Sombra que ayuda... o que quita vida? Los estudios muestran que los paneles pueden dar sombra que protege el suelo del sol directo, ayudando a que conserve humedad. En zonas muy secas, esto puede ser útil para que algunas plantas sigan creciendo. Incluso se ha observado que en años de poca lluvia, el pasto crece más bajo los paneles que a cielo abierto. Sin embargo, esto no siempre es así. No todas las plantas necesitan sombra, y si se instalan demasiados paneles o muy juntos, puede faltar luz para que las plantas crezcan bien. También hay animales que viven en pastizales abiertos que podrían verse afectados. Además, si no se tiene cuidado durante la instalación, las máquinas pueden compactar la tierra y dañar el ecosistema. En resumen: sí, los paneles pueden ayudar, pero también pueden causar problemas si no se usan bien. Uno de los grandes argumentos a favor de esta idea es que puede ayudar económicamente a los campesinos. Por ejemplo, pueden usar la energía solar para su propia finca o vender la electricidad que producen. También pueden alquilar sus tierras a empresas de energía solar y recibir un ingreso extra. Pero hay que preguntarse: ¿quién gana realmente? En muchos casos, los proyectos grandes son de empresas que se quedan con la mayor parte de las ganancias, mientras que los agricultores solo reciben una pequeña parte. Además, hay un riesgo de que se deje de producir comida en esas tierras, lo que podría afectar la seguridad alimentaria si se hace a gran escala. Y hay otro detalle: aunque se diga que se puede seguir criando ganado o cultivando en las tierras con paneles, en la práctica no siempre es tan fácil. A veces se necesita maquinaria especial, o los animales pueden dañar los equipos. Esto requiere más dinero, trabajo y conocimientos técnicos. Es cierto que necesitamos dejar de depender de los combustibles fósiles y producir energía limpia. Pero no podemos olvidar que muchos de los problemas que enfrentan los pastizales hoy vienen de malas decisiones anteriores: sobrepastoreo, monocultivos, falta de apoyo al campo y políticas que no cuidan el agua ni el suelo. Poner paneles solares sobre un pastizal seco no arregla el problema de fondo. Es como poner una curita en una herida profunda sin tratar la causa real. La agrovoltaica (así se llama esta combinación de agricultura y energía solar) puede ser parte de la solución, pero no debe ser vista como la única ni como la más importante. En lugar de usar la agrovoltaica para que grandes empresas hagan negocio con tierras baratas, deberíamos pensar cómo usarla para fortalecer a las comunidades rurales. Eso implica que los campesinos tengan voz en los proyectos, que haya normas claras que protejan el uso agrícola del suelo, y que la energía generada beneficie de verdad a quienes viven en esas zonas. Porque al final, el problema no es la tecnología en sí. El problema es cómo se usa, quién decide, y para qué. La energía solar es muy valiosa, pero no podemos permitir que se convierta en una nueva forma de acaparar tierras o desplazar a quienes siempre han cuidado esos territorios.












