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  • Construir la paz y cuidar la vida

    Por: Luis Eduardo Celis El gobierno tiene la responsabilidad de liderar a la sociedad colombiana y a su Estado en los enormes propósitos de lograr la Paz Total y avanzar en justicia social, económica y ambiental. Esos son los pilares del programa de gobierno que logró el mayor respaldo ciudadano en las pasadas elecciones y que debe concretarse en un plan de desarrollo y unas políticas publicas que hagan realidad que Colombia puede ser una potencia de vida y no de muerte, como lo ha sido en toda su historia republicana. Lograr superar tantas exclusiones, inequidades, ausencia de derechos y falta de garantías democráticas para tramitar de manera civilista los conflictos, no es un desafío menor y el presidente Petro bien lo sabe. Nadie está ofertando milagros, pero en medio de esta tarea monumental, sí es posible hacer un ejercicio de gobierno que le marque otro rumbo a la sociedad colombiana y haga las tareas históricas postergadas por un ejercicio del poder que nos deja la sociedad que tenemos con sus enormes déficits. Solo un dato que salió esta semana: de cuatro adultos mayores, solo uno tiene pensión, una realidad de pobreza y falta de derechos para el último tramo de la vida; y si hablamos de derechos de la niñez, de la juventud, de las mujeres, vamos a encontrar las mismas cifras de ignominia. El gobierno del presidente Petro y la vicepresidenta Francia Márquez debe aterrizar sus ofertas de cambio en el Plan Nacional de Desarrollo, para lo cual han propuesto adelantar cincuenta diálogos territoriales para escuchar la diversidad de voces sociales, gremiales e institucionales, con sus diagnósticos y propuestas de las realidades territoriales. Este ejercicio de diálogo y escucha en el que participará todo el Gobierno Nacional será sin duda el ejercicio más abarcador de la historia, sin antecedentes, pues todos los gobiernos anteriores se han caracterizado por hacer estos ejercicios de planeación de manera tecnocrática, sin desmeritar la tecnocracia. Pero sí hay antecedentes de este tipo de ejercicios masivos de discusión y formulación de propuestas desde las bases sociales, siendo quizás el precursor el que lideró el Consejo Nacional de Planeación durante la presidencia de Clemente Forero y la Secretaría Técnica de Carlos Córdoba, que denominaron “La Trocha Ciudadana”, sin duda un formidable ejercicio de deliberación ciudadana que se ha venido debilitando en los últimos años y que va a volver a florecer durante este cuatrienio en el que hay un gobierno comprometido con la democracia participativa, la deliberación ciudadana y la construcción de políticas públicas, con protagonismo social y ciudadano. Darle un nuevo rumbo al país requiere de fuerza social y ciudadana, capacidad de construir políticas públicas para la vida y no para el enriquecimiento de minorías, recursos que hagan viable esas políticas públicas y allí será clave todo lo que se avance en justicia tributaria –lo cual veremos en la reforma en curso– y una enorme persistencia para asumir que los cambios no vendrán de un día para otro y que se requiere una acción transformadora sostenida de décadas. Construir la paz y cuidar la vid, es el título de un libro que sintetiza un ejercicio académico liderado por el maestro Carlos Mario Perea y la maestra Socorro Ramírez del IEPRI de la Universidad Nacional, en el que se recogen propuestas para el Plan Nacional de Desarrollo. Es un material muy valioso para este momento y que les invito a consultar, allí está la experiencia y el compromiso de un destacado grupo de maestras, maestros y personas comprometidas con una transformación democrática de Colombia, aquí lo pueden consultar: Estamos en modo formulación del Plan Nacional de Desarrollo y será un gran ejercicio de construcción de propuestas para el cambio que requiere Colombia. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

  • Venezuela es socio para una Colombia en paz

    Por: Línea Migración, Región y Frontera Esta semana el presidente Petro reafirmó la importancia de seguir contando con el Gobierno Venezolano para el importante reto de lograr una Colombia en paz: sin Venezuela y su valioso aporte no es posible lograr un acuerdo con el ELN. La participación de los gobiernos venezolanos en este largo esfuerzo de paz es de vieja data: en 1990 el presidente Carlos Andrés Pérez apoyó el paso del M-19 a la competencia política sin armas y como gesto de buena voluntad para animar esa importante decisión de cerrar la rebelión armada les dio unos cuantos miles de bolívares que el M-19 en los primeros días de marzo, luego de firmado el acuerdo con el expresidente Barco, gastó en unos avisos en los principales diarios del país para anunciar su irrestricta voluntad y compromiso de seguir luchando sin armas, por paz, derechos y democracia de calidad, y a fe que han cumplido, hoy uno de los suyos, es presidente de Colombia. En abril de 1991, cuando sesionaba la Asamblea Nacional Constituyente, una delegación de las FARC y el ELN, de civil y sin armas, ingresó a la Embajada de Venezuela en Bogotá. Les acompañaba el Senador de la Unión Patriótica Hernán Motta y el hoy Canciller Álvaro Leyva Durán. Ese hecho desencadenó una mesa de diálogo entre el gobierno Gaviria y las FARC, el ELN y una pequeña fracción del EPL, que se apartó del acuerdo firmado en febrero de ese año. Esa mesa se instaló y funcionó en Caracas, hasta que por el levantamiento popular de febrero del 92, conocido como "El Caracazo", se aconsejó su traslado a Tlaxcala, México. Venezuela igualmente ha sufrido nuestro conflicto armado y no son pocas las acciones militares y de acción de las guerrillas colombianas en su territorio y, al igual que Colombia, el Estado venezolano ha perdido el control sobre partes de su territorio, donde han echado raíces las guerrillas colombianas y hoy se mantiene de manera autónoma el ELN, en un entramado de control de recursos y capacidad de subordinar a unos corruptos funcionarios o de imponerse sutil y efectivamente. A diferencia de quienes piensan que el presidente Hugo Chávez fue patrocinador de atizar el conflicto armado colombiano siendo complaciente con las guerrillas en su territorio, la evidencia muestra que reconociendo que las guerrillas colombianas llevaban por lo menos dos décadas ya instaladas para ese año 99, cuando inicia el primer gobierno del presidente Chávez, la apuesta fue trabajar por acuerdos de paz y no por animar un alzamiento armado sin ninguna perspectiva de triunfo. La evidencia mayor está en la negativa de suministrarle a las FARC misiles tierra-aire, como fue su solicitud. Otra hubiera sido la historia de este conflicto. Ahora Venezuela y Colombia tienen diálogo diplomático y es buena noticia que el presidente Petro establezca con el presidente Maduro un canal estable de comunicación, para que Venezuela siga siendo protagonista de primer orden en el reto de una Colombia en paz.

  • Petro propone “Revivir” “Jóvenes en Paz” a nivel nacional

    Por: Katerin Erazo, Periodista El presidente colombiano Gustavo Petro anunció la implementación del programa “Jóvenes en paz” en zonas con altos índices de criminalidad, cuyo objetivo es alejar a los jóvenes de las bandas criminales mediante la vinculación de estos a los centros educativos. Este programa contará con una inversión de un billón de pesos para el año 2023. “Jóvenes en paz” fue implementado en la capital bogotana cuando el actual mandatario fue alcalde. El programa “revivió” gracias a la actual alcaldesa Claudia López. Para el año 2015, aproximadamente 6.720 jóvenes menores de 28 años, quienes pertenecían a comunidades vulnerables y que estuvieron en riesgo de integrar grupos ilegales o de participar en hechos delictivos, fueron incluidos en este programa. La apuesta fue liderada por el Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (IDIPRON) junto con las secretarías de Integración Social y de Gobierno. La actual iniciativa del primer mandatario es aplicar el programa a nivel nacional, con el fin de que los jóvenes se retiren de las bandas criminales bajo la propuesta de un recurso con la obligación de ir al colegio. Se espera que sea integrado por lo menos por 100 mil adolescentes. Este programa, que según Miguel Ángel Rubio, coordinador de la Línea Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), lo llamó como un “gana y gana”. “Cambio de recursos a cambio de no entrar o dejar de estar en bandas (…) y entrar a estudiar o acabar de estudiar, quizás tendríamos un motor fundamental para disminuir la taza de homicidios, será el indicador, disminuir la violencia en general en las zonas de mapa de calor de los municipios y ciudades mas violentas del país”, mencionó el presidente colombiano. Sin embargo, se han generado críticas frente al programa “Jóvenes en Paz” en sectores de la oposición al gobierno. La senadora del Centro Democrático, María Fernanda Cabal, se preguntó “¿el inicio de los colectivos chavistas?”. El ex precandidato presidencial Enrique Peñalosa advirtió por medio de su cuenta de Twitter, que el programa de Petro son unas “milicias bolivarianas”. No obstante, la Red Nacional de Iniciativas ciudadanas por la Paz y Contra la Guerra (REDEPAZ), dijo que este programa es importante, “entre más jóvenes le quitemos al conflicto armado, a los grupos armados organizados, a las bandas ilegales, a las insurgencias, vamos construyendo un ambiente de paz y vamos realmente avanzando hacia una sociedad reconciliada”, expresó Luis Emil Sanabria, co-presidente de REDEPAZ a Pares Sanabria mencionó que se tienen expectativas que tienen que ver con la sostenibilidad del programa, añadiendo que la inversión que se tiene prevista implica no solamente un compromiso real por superar las situaciones de exclusión y pobreza de miles de jóvenes del país, sino también construir con ellos y para ellos un futuro y un presente mejor, siendo la oportunidad para que se logre construir equidad, justicia social e ir superando las pobrezas que hacen que muchas personas de la población juvenil opten por aceptar la oferta de las bandas criminales. Desde el Observatorio Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia (COALICO) se establece que entre enero y junio del presente año, 255 eventos de conflicto armado se registraron, de los cuales 127 afectaron directamente a los jóvenes y niños. Durante el primer semestre del año, por lo menos 242.241 personas de esta población se vieron afectadas de manera directa por estos hechos. Fuente: Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia (COALICO) Con el programa “Jóvenes en paz” el nuevo reto que asumiría el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) es “barrer de mafias políticas todo el ICBF”, así lo indicó el mandatario del país a la nueva directora, Concepción Baracaldo, “tiene una misión, antes que nada: barrer de mafias políticas todo el ICBF a nivel nacional. Sin eso no podemos hablar de programas serios para la niñez”, dijo Petro. El jefe de Estado también mencionó que se debe empezar a profesionalizar a la madre comunitaria, hablar de guarderías bien atendidas, construir jardines infantiles y construir afectos en los primeros tres años que es donde se genera el afecto al saber. Luis Emil Sanabria consideró que es importante que el ICBF asumiera esta tarea importante junto con el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación, los programas de juventud y, de esta manera, que la atención a la juventud sea un abordaje integrado. También dijo que sería importante que con programas del SENA se vaya promoviendo la generación de ingresos, la instalación de empresas pequeñas o medianas que puedan ayudar a que la juventud genere riquezas para construir un mejor vivir, como la salud, vivienda y, por supuesto, la educación, “no es solamente una tarea del ICBF, sino que debe ser una tarea integral de toda la sociedad, para acompañar a este programa”, dijo Sanabria a Pares. Por su parte, Miguel Ángel Rubio de Pares mencionó que estos programas funcionan si hay continuidad, recalcando que las causas por las que un joven decide vincularse a una banda criminal son múltiples.

  • Inician los “Diálogos regionales”

    Por: Katerin Erazo, Periodista Durante su primera alocución presidencial, el presidente Gustavo Petro invitó al país a hacer parte de los diálogos regionales que tendrán inicio este viernes 16 de septiembre en Turbaco, Bolívar. “El primero de estos diálogos será este viernes 16 de septiembre en Turbaco, Bolívar. Será un espacio exploratorio, con una metodología definida por el Departamento Nacional de Planeación y diseñada para que los funcionarios del Gobierno Nacional escuchen a la ciudadanía y tomen nota de sus propuestas”, dijo el mandatario. Por medio de la cuenta oficial de Twitter de la Presidencia , el Gobierno invitó a los habitantes de las distintas regiones a inscribirse a estos diálogos regionales para la construcción del Plan de Desarrollo. El presidente explicó que estos diálogos se llevarán a cabo en más de 48 territorios del país, en los que se definirán prioridades y propuestas que los funcionarios del Gobierno analizarán en conjunto. Estos son las regiones en las que se realizarán los diálogos regionales: Se espera que el Plan Nacional de Desarrollo se construya de la mano con las comunidades a través de las propuestas recogidas en estos 50 diálogos regionales en 50 territorios priorizados, en los cuales participaran ministros y otros funcionarios públicos de alto nivel, con el fin de tener conversaciones con las comunidades, logrando un diálogo abierto como los que el presidente Gustavo Petro ya ha tenido en algunas regiones del país a las que ha visitado durante este mes. Según Daniela Garzón, investigadora nacional de la Línea Gobernabilidad y Democracia de la Fundación de Paz & Reconciliación (Pares), este Plan Nacional de Desarrollo es la hoja de ruta que el Gobierno se pone y debe diseñarse en los primeros 100 días de mandato, y es una guía que permite saber los objetivos que tiene o tendrá el gobierno, hacia dónde dirigirá sus principales esfuerzos y de qué manera lo realizará. Por esta razón, Daniela Garzón mencionó que hay que observar qué tanto de los temas de negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y acogimiento de la justicia con otros grupos armados ilegales se concentra en este Plan Nacional de Desarrollo. De hecho, Petro dijo en su alocución que este documento servirá para la construcción de la Paz Total. "Una paz total construida sobre fuertes bases de Justicia Social, Justicia Económica y Justicia Ambiental. Sobre estos ejes construiremos un nuevo país para todos", mencionó el jefe de Estado. Walter Aldana, político social alternativo del departamento del Cauca, explicó en su columna semanal en Pares que para el caso del Cauca se ha determinado un diálogo denominado como “Macizo colombiano”, el cual vincula a 37 municipios bajo la conducción del consejero para las regiones, con sede en Popayán. Según la columna “Diálogos regionales vinculantes” de Jorge Iván González, director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), el diálogo es vinculante por cuatro razones: es inclusivo y respeta la diversidad; cubre todo el territorio nacional; potencia la iniciativa al incluirla en un proyecto estratégico; y otorga un valor de cada propuesta. Con estos diálogos regionales, los intereses particulares por parte del Gobierno son escuchar las preocupaciones de las poblaciones en torno al incremento de la energía, el cambio climático, el hambre, la salud y otros temas en los que el mandatario reiteró su compromiso. No obstante, Daniela Garzón mencionó que realizar este plan posiblemente no dejaría a todo el mundo feliz, pues puede ser imposible llegar a una solución unánime. Sin embargo, el Gobierno está demostrando su voluntad de incluir las voces para posiblemente lograr su política de la “Paz Total”.

  • Ordenar democráticamente los territorios

    Por: Luis Eduardo Celis Todos los días escuchamos de los conflictos que se viven en los territorios de Colombia. Por ejemplo, recientemente comunidades de Ubalá en Cundinamarca han bloqueado la carretera para impedir el mantenimiento de la hidroeléctrica de Chivor, que produce cerca del 20% de la energía eléctrica del país, una cifra muy importante y que denota que ante los conflictos y su mala gestión se va a la acción directa, que por supuesto está en los derechos de protesta y participación, y que nos reta a resolver democráticamente las demandas legítimas de comunidades que salen a la acción directa porque algo les duele. Todas las sociedades viven el desafío de ordenar sus territorios, es una historia vieja y presente, no hay sociedad humana que no luche por territorios y recursos, el reto es que esta lucha tenga cauces sin violencias, imposiciones, respetando las vidas humanas y de las naturalezas que viven en un espacio, espacio que en interacción con comunidades se torna en territorio. Todas las violencias organizadas que hemos vivido y que persisten han tenido como su principal eje de actuación el territorio, eso es más que evidente en la geografía del horror que nos ha mostrado con rigor y evidencia el capítulo territorial del reciente informe de la Comisión de la Verdad. Si vamos a muchos territorios de Colombia, encontraremos que su configuración ha estado mediada por violencias y autoritarismos: así se construyó la economía cafetera, así se desarrolló el enclave del banano en Urabá, o el petróleo en Arauca, y ni que decir de la coca en Putumayo, Guaviare o el Catatumbo, muchas economías se han implantado y defendido a sangre y fuego. Hoy el presidente Gustavo Petro habla de reparar los territorios que han sufrido largas barbaries y sus comunidades que han sido atropelladas y victimizadas por el Estado, las guerrillas, las mafias y los paramilitares. Esta es una deuda pendiente y por saldar. Este Gobierno tiene entre muchos retos, en medio de los diálogos regionales vinculantes que ha propuesto, el desarrollar una política de ordenamiento democrático de los territorios, lo cual implica contar con normatividad, mecanismos de acción y en últimas de una política pública que dé garantías de que los territorios puedan gestionar su desarrollo con posibilidades reales de llevar adelante el Estado social y democrático de derecho que nos define constitucionalmente y que no ha sido realidad para muchas comunidades y territorios. Por supuesto tenemos experiencia y desarrollos normativos, pero sin duda que falta cualificación y en muchos casos cambiar de rumbo para garantizar que la vida no sea atropellada y los legítimos intereses de comunidades y de actores diversos de la economía puedan convivir sobre criterios muy precisos de lo que es posible hacer y no hacer en un territorio. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

  • Petro y los riesgos del populismo y la popularidad

    Por: Guillermo Linero Escritor, pintor, escultor y abogado de la Universidad Sergio Arboleda Trascurrido apenas un mes del inicio de su gobierno, el presidente Gustavo Petro ha conservado el carisma que tuvo como candidato y, como aseguran las últimas noticias, su popularidad incluso se ha maximizado. Según una encuesta contratada por la Revista Semana, hoy ya casi alcanza el 70% de aceptación ciudadana. De hecho, las plazas que visita en calidad de mandatario se llenan tanto o más que las visitadas en sus rondas de candidato. El clamor popular a su favor es profuso y, sin pretender demeritar a sus contradictores –que tienen derecho a ser respetados y protegidos–, este clamor presencial contrasta con la falta de representación popular de la oposición. Los plantones organizados por contados líderes antagónicos al presidente, con la intención de iniciar una campaña de férrea vigilancia a su gobierno, no han trascendido en términos de argumentación crítica y de presencia ciudadana. Incluso, nada sabríamos de ellos de no ser por el poder y las influencias políticas que sus promotores tienen sobre los medios de comunicación privados, o mejor, sobre los “medios oficiales” como fueron nombrados hasta el gobierno de Duque. Tales escaramuzas de indignación social por las transformaciones que empieza a realizar el nuevo gobierno, hablan por sí solas. Durante la administración del expresidente Duque, por ejemplo, las marchas de protesta las organizaba el mismo pueblo y a los líderes de la oposición –que se mantenían al margen– el Gobierno y los gobiernistas los acusaban de esas espontáneas manifestaciones de protesta social. Hoy se ve todo lo contrario, los líderes de la oposición piden a gritos la presencia del pueblo en las calles y la respuesta ya se repite: nadie les obedece y nadie los oye: se les asordinó el megáfono. En tal suerte, no es descabellado concluir que la apatía de la masa electoral de la oposición es muestra de cómo en las elecciones presidenciales contra Petro votaron, por su propia voluntad, muy pocos ciudadanos; y quienes así lo hicieron fue por conminados o aborregados. Recordemos las plazas llenas de gente aburrida e incómoda en las campañas de su oponente Federico Gutiérrez y la decisión de no exponerse a ellas de su rival definitivo Rodolfo Hernández. De ahí que sea difícil señalar que el triunfo de Petro haya sido producto del populismo –que es una tendencia en la que los políticos suman adeptos en campaña –siempre promoviendo con demagogia “la defensa de los intereses y aspiraciones del pueblo”– pero los pierden rápidamente cuando muestran su modo de gobernar. De manera que el efecto contrario, que hoy beneficia al presidente Petro, es signo de inconfundible popularidad, aunque esta esté igualmente fundada en la bandera de los populistas: “la defensa de los intereses y aspiraciones del pueblo”. De hecho, una cosa es la demagogia (el populismo) y otra la exposición de verdades (la popularidad). Dos cosas tan distintas como discriminadas por sociólogos, politólogos, sicólogos y hasta por neuro científicos. Populismo y popularidad, dos conceptos cuasi-valentes en su morfología, pero muy distintos en su trasunto. El papa Francisco –porque nadie como los papas se ha movido parejo en ambos hemisferios– los precisa subrayando que el populismo “expresa la habilidad de alguien para instrumentalizar al pueblo” y que popular “es quien logra interpretar el sentir de un pueblo”. Con todo, indistintamente si se trata de populismo o de popularidad de los gobernantes, muchos entendidos advierten en ambas realidades serios riesgos para la democracia –que paradójicamente se funda en la representación popular–, porque cuando un gobernante “populista” cuenta con el respaldo de su pueblo suele tornarse en dictador e impone con represión sus ideas; y cuando un gobernante cuenta con amplio respaldo “popular”, puede abusar del poder y hacerlo con vastas licencias otorgadas por esa misma gente que le aclama. En tal contexto interpretativo, y sabiendo de su talante forjado frente a los colombianos por más de 20 años, el presidente Petro podría llegar a ser un gobernante de realizaciones gracias al respaldo popular, y si no abusara del poder –que a mi juicio es una opción muy lejana–, pasaría a la historia, efectivamente, como el mejor presidente que hayamos tenido hasta este primer cuarto del siglo XXI. Ese es el único riesgo visualizable en un presidente que ha demostrado en tampoco tiempo de su gobierno que es más dado a interpretar el sentir del pueblo para promoverlo que engañarlo insensiblemente para instrumentalizarlo. En tal suerte, no es descabellado, ni apresurado, apostarle a que el presidente Petro, al terminar su mandato, será reconocido como el mejor gobernante de la historia nuestra. Pienso ahora, por ejemplo, en el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, considerado como el mejor presidente de la historia de los Estados Unidos, pues el presidente Petro parece contar con un contexto político muy semejante al del presidente americano. El presidente Roosevelt alcanzó una alta popularidad desde el comienzo de su gobierno: “En sus 30 primeros días, hizo más por proporcionar libertad a los americanos que cualquier presidente desde que Thomas Jefferson derogó las Leyes de Extranjería y Sedición”. La popularidad del presidente Petro es palmaria, y semejante, a la del presidente americano: tiene también sus bases en la libertad. Luego de una serie de gobiernos en los que el pueblo si bien no tenía las manos amarradas, sí las tenía vacías –que es la peor manera de no ser libres–, hoy, en los primeros 30 días del gobierno del presidente Petro, se avizora también la concreción de una libertad con manos provistas de medios de producción y en contra de la esclavitud de la inequidad, con manos vacías. Si el presidente Roosevelt en la década de 1930 concibió un pacto económico-social, conocido como el "New Deal", y una reforma al sistema bancario, gracias a los cuales logró la recuperación económica de los EE.UU, Petro, gracias al Pacto Histórico, ha soportado su programa de gobierno en una reforma tributaria con la cual espera recuperar la economía del país que recibió del expresidente Duque, valga decirlo, más saqueada que mal administrada. Finalmente, de lo realizado por el presidente Roosevelt sin duda lo más trascendente fue su prudencia militar, al negarse hasta el último momento a que los soldados de su nación combatieran y murieran en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, el presidente Petro ha hecho lo propio, no sólo desmontando el servicio militar obligatorio, no sólo desligando a los policías auxiliares de las zonas y operaciones de riesgo, sino promoviendo la paz total. Si al presidente Roosevelt se le hubiera ocurrido la paz total, hoy no habría en los Estados Unidos colegiales armados, ni persecución a negros y migrantes; tal y como esperamos que en Colombia, al terminar el mandato de Gustavo Petro, no haya bandas criminales, disidencias armadas ni guerrillas; tampoco persecución a negros e indígenas, y mucho menos políticos corruptos o niños y mujeres maltratadas. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

  • La teoría del decrecimiento

    Por: Walter Aldana Político social alternativo Los grandes medios de comunicación, en su papel de desvirtuar lo que hace el nuevo Gobierno (comportamiento entendible por quienes son sus dueños), se han dedicado en estos días a censurar el comportamiento soberbio de la ministra de minas y energía, la doctora Irene Vélez. Y, como siempre, sin ir al centro del asunto, a señalar el mal uso del término “exigirle” para referirse a la cooperación entre naciones, y el regaño a un grupo de periodistas con preguntas poco ordenadas, como si fuesen sus estudiantes. Pero, por obvias razones, no se detuvieron en analizar el concepto lanzado por la ministra en relación con el decrecimiento y, claro, en un país presidencialista como el nuestro, hubo de salir Gustavo Petro a decir que: “la deconstrucción de la teoría del crecimiento es clave en la lucha contra la crisis climática”. Es a Nicholas Georgescu-Roegen, un teórico rumano de la ecología, fallecido en Estados Unidos en 1994, a quien, según la revista Ecología Política, “podríamos atribuir la (paternidad de la) economía ecológica, así como la propuesta del decrecimiento, centrado en la bioeconomía (la vida por encima de la economía)”. Fruto de esta reflexión, en la década de los 70, y con el francés Serge Latouche, hoy al frente del movimiento por el decrecimiento, se determinaron sus 8 pilares, anteponiéndo el prefijo “re” a diversos conceptos, de la siguiente manera: reevaluar, sustituir valores globales individualistas y consumistas, por valores de cooperación y humanistas; reconceptualizar la visión del estilo y calidad de vida, por suficiencia y vivir mejor con menos; restructurar la producción y las relaciones sociales a una nueva escala de valores, combinar ecoeficiencia y simplicidad voluntaria; relocalizar, que es autosuficiencia local para satisfacer necesidades prioritarias y así disminuir el uso de transporte; redistribuir, con respecto al reparto de la riqueza; reducir, cambio del estilo de vida consumista al estilo de vida sencilla; reutilizar, alargar el tiempo de vida de los productos; reciclar, evitar el consumo y el despilfarro. Estas ideas fueron tratadas por parte del grupo Coomeva, en 2014, en la III Cumbre de las Américas, realizada en Cartagena de Indias. Allí se dijo que “el decrecimiento es una megatendencia actual del pensamiento económico, político y social que busca una relación equilibrada entre los seres humanos y la naturaleza, bajo la idea principal de la disminución controlada y progresiva de la producción, propuestas opuestas a las aplicadas por el modelo capitalista”. De todo lo anterior hablaremos durante estos cuatro años, así que las y los profesionales de todas las disciplinas y sobre todo los comunicadores sociales, ahondaremos en el conocimiento de esta teoría. Más interés por el fondo de los asuntos que sólo por las formas. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

  • Saliendo del absurdo con Venezuela

    Por: León Valencia, para @infobae Vean esto. Hace pocos días Invamer publicó su sondeo de opinión y dijo que el 79% de los encuestados respalda el restablecimiento de relaciones diplomáticas, comerciales y consulares con Venezuela. Por otro lado, no se oye una sola voz de la oposición política o del empresariado colombiano a favor de mantener el reconocimiento de Juan Guaidó como mandatario de los venezolanos. Es una muestra palmaria del absurdo al que habían llevado Iván Duque y el uribismo al país. Bien dijo alguna vez Pepe Mujica que la ideología puede llevar a la estupidez a los seres humanos. Pues bien, la ruptura de relaciones con el vecino país fue una mezcla de ideología e ignorancia imperdonables. Con este coctel se produjo un estropicio que nos demoraremos mucho tiempo en reparar. Por más diferencias ideológicas que el gobierno de Duque y el uribismo tuvieran con Maduro y su gobierno, por más críticas que tuvieran al régimen político venezolano, no estaban a autorizados por el derecho internacional y por el sentido común para meterse en los asuntos de Venezuela y conspirar para derrocar al gobierno de ese país. Lo hicieron, además, desde un total desconocimiento de la realidad venezolana. No tenían ni media idea del control férreo que el chavismo tenía y tiene de las Fuerzas Armadas, del arraigo que aún conserva en algunos sectores de la población y de la grave división y las pocas luces de la oposición venezolana. Esa ignorancia supina produjo esta frase de Duque: “Maduro tiene los días contados”. Con ese “Maduro” es que ahora el presidente Gustavo Petro normaliza unas relaciones que la mayoría del país aplaude y la oposición no se atreve a criticar. Porque la diplomacia es un recurso inventado por la humanidad para las relaciones entre los países, con mayor razón si hay conflictos, y con mayor razón si en algún momento dos países están en polos opuestos. La parte protocolaria va rápida, lo cual es muy bueno. El canciller designado Álvaro Leyva acudió al estado Táchira para reunirse con el canciller venezolano, antes de la posesión de Gustavo Petro. Luego de la posesión se procedió a la apertura de las dos embajadas y los embajadores nombrados –Armando Benedetti en representación de Colombia y Félix Plasencia en representación de Venezuela– son personas con ascendencia en los dos gobiernos. A estas decisiones le seguirán la normalización de los pasos fronterizos, el restablecimiento de los vuelos entre Caracas y Bogotá y la apertura de los 15 consulados de Colombia en Venezuela y de los 9 consulados de Venezuela en Colombia. Este proceso tardará un poco más, pero los dos gobiernos han dejado entrever que hay disposición para acortar los tiempos. Pero el trabajo de fondo será dispendioso. Volver a poner en marcha el vigoroso intercambio comercial que tuvimos implicará un gran esfuerzo de los dos lados. Se calcula que al finalizar este año lleguemos a la cifra de 1200 millones de dólares en ese intercambio, muy lejos de los 8000 millones que tuvimos en el mejor momento de la relación. También es obligatorio reestablecer una sociedad entre los dos países para explotar a Monómeros, una empresa esencial para el desarrollo de nuestra agricultura. Forjar estrategias conjuntas para superar la criminalidad y la violencia en la frontera también tomará tiempo. En este momento el largo corredor fronterizo está bajo el control del ELN, las disidencias de las FARC, el Clan del Golfo, el Cartel de Sinaloa, La Frontera, La Línea, el EPL y El Tren de Aragua. El narcotráfico y una variedad de negocios ilegales que van hasta la esclavitud sexual han crecido manera exponencial ante la falta de control institucional de lado y lado de la frontera. La paz es otro campo de colaboración entre los dos países. No será fácil. El gobierno de Nicolás Maduro tendría que tomar verdadera distancia del ELN para asumir una posición neutral que contribuya a las negociaciones de paz. Se trata de generar incentivos para que la guerrilla avance hacia un cese bilateral de las hostilidades y contribuya a tranquilizar la frontera más caliente del país. Se trata de buscar un acuerdo entre los dos países para desatar un pacto social y un ambicioso plan de desarrollo a lo largo de la frontera que mueva al ELN hacia la paz.

  • La escritura apasionada de León Valencia

    Por: Luis Eduardo Celis El siguiente texto lo escribí en 2004. Han pasado 18 años y León ha mantenido y acrecentado una obra que va de la ficción, el relato autobiográfico, la crónica y el ensayo a una nueva novela: "La Sombra del Presidente", publicada en 2020, y su último libro que se presenta este miércoles 7 de septiembre en el Gimnasio Moderno a las 6 pm, sobre la izquierda y su trasegar hasta llegar al Gobierno Nacional, titulado "La izquierda al Poder en Colombia", en el que articula su vida como hombre de izquierda con el proceso histórico que ha llevado a Gustavo Petro a ser el presidente de Colombia, en una ruptura de enormes repercusiones. León mantiene y enriquece una obra periodística y literaria que siempre me ha convocado, como su amigo y colega de trabajo y de luchas. A propósito de la novela de León Valencia “Con el pucho de la vida” La pasión es definida como una “inclinación o preferencia muy viva”, también como “perturbación o afecto desordenado del ánimo” o “afición vehemente a una cosa”. La pasión es un excelente concepto para hablar de León Valencia, un hombre nacido en Andes, Antioquia, y próximo al medio siglo. Tres grandes pasiones han guiado a León por la vida, las tres íntimamente ligadas, recalco en la expresión íntimamente, porque así ha sido: sus amigos y afectos, la política para producir cambios y la escritura. Escribir ha sido interés de toda su existencia. A esta pasión le ha dedicado sus mejores energías en los últimos años, cuando las circunstancias le han permitido equilibrar de mejor manera la filigrana de la acción política y el diario construir de los afectos. Afortunados nosotros sus amigos y sus amigas, porque siempre encontramos en León la voz cálida, la mano generosa para compartir y una nueva causa a emprender. Escribir ha sido para León una acción de siempre. Escribió en los periódicos estudiantiles y parroquiales de su entrañable suroeste Antioqueño, fundó y dirigió el periódico Pan y Libertad, expresión pública de un movimiento político nacional de finales de los años setenta y principios de los ochenta. Fue redactor seleccionado para escribir las conclusiones y declaraciones de las agrupaciones Marxistas Leninistas en las que participó. Compartió con otra excelsa pluma, la de Álvaro Fayad, la redacción de comunicados y resoluciones de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y fue un escribano de quilates en el ELN a la hora de meterle el diente a una comunicación interna o a esas acostumbradas epístolas que finalizaban con el conocido “desde las montañas de Colombia”. Pero fue su retorno a la vida ciudadana desde abril del 94, luego de esos pactos parciales de paz que significaron las negociaciones con hombres y mujeres que hablaban del cambio empuñando los fusiles, lo que lo empujó de manera más decidida a dedicar energías a la escritura como forma de ejercicio de la política, de acción frente a un país ávido de explicaciones y argumentos para entender y actuar en tiempos de locura y desazón. En su condición de presidente de la Corriente de Renovación Socialista en 1995, agrupación que hoy está en muy buena parte integrada al Polo Democrático Independiente, dirigió una carta a la dirección de El Tiempo, presentando algunas observaciones a un Editorial; la respuesta fue una oferta a escribir sobre los temas de polémica y otros de su interés. Valga la oportunidad para felicitar a una de las instituciones más prestigiosas del país, que muestra día a día apertura y deseo de cambio, no en la magnitud que algunos deseáramos, pero significativa sin lugar a dudas, apertura y voluntad de cambio que le falta a muy buena parte de las instituciones y personas de liderazgo en Colombia. Al día de hoy, luego de nueve años, ha publicado cerca de ochenta columnas en las que analiza de manera juiciosa los acontecimientos de la guerra y de la paz, de la política cotidiana y los asuntos internacionales. León se mueve con soltura y rigor por los temas de actualidad; con equilibrio y sin esconder su condición de hombre de izquierdas, pero con el talante del que piensa y escribe desde la argumentación lúcida, buscando el filón de los acontecimientos, las honduras de los procesos. Por eso se ha consolidado como una columna leída, comentada y respetada. Escribir textos así es un parto en toda la extensión del acontecimiento maravilloso de la vida. Los temas le rondan en la cabeza. León pregunta a los cercanos qué tema tratar, cómo pensarlo, desde dónde enrutarlo, y luego de ires y venires, llamadas y consultas, documentación pertinente, se “clava” frente al computador, en su casa o en donde lo coja el momento (lo he visto escribiendo sus columnas en cafés, oficinas prestadas, estudios de su infinidad de amigos que lo acogen con cariño y alegría) y con una concentración digna de quien asume su oficio con solemnidad, en un estado cercano a la meditación, profundamente concentrado, teclea con ritmo las tres o cuatro cuartillas de su cometido y se para feliz, como la niña que muestra orgullosa sus pinturas, y lee a los presentes, ausculta sus rostros para encontrar la fuerza de sus valoraciones y en algunas muy pocas ocasiones matiza un argumento o incluye un nuevo dato que le da mayor redondez a su obra. Pero una cosa es escribir una columna, un género si se me permite la expresión de “envión corto”, como correr los cien metros, fuerza y habilidad, comprimir en diez segundos el esfuerzo de toda una vida, eso hacen semanalmente los columnistas. Mi respeto y admiración. Pero otra cosa muy diferente es adentrarse en la escritura de un reportaje, el género donde se pueden encontrar la política y el periodismo, y eso fue a lo que se abocó León luego de la ruptura del proceso del Caguán: el diálogo sin frutos aún adelantado por la administración del expresidente Pastrana y las FARC en febrero de 2002. Recuerdo a León cuando diez días después de este insuseso del cual vivimos sus consecuencias hoy, le escuché decir “lo del Caguán es un hecho muy importante que el país tiene que explicarse, y yo voy a arriesgar una explicación” y a renglón seguido nos contaba “acabo de hablar con la Editorial Intermedio, y me comprometí a entregarles un libro para el primero de abril”. Lo que siguió fueron treinta días que viví con la intensidad de acompañar al hombre que, guiado por la fuerza interior del querer comunicar, se sumergió en el frenético proceso de la escritura, el poner sobre el papel la emoción, la intensidad, las complejidades de una historia que había acaparado la atención del país y de la comunidad internacional durante cuarenta y cinco meses. Explicar, comprender, valorar toda esta historia en un afán de síntesis, con soltura, buen estilo, amplia información, ese fue el reto que asumió. Y lo vi acuartelado en su casa, con jornadas de doce y dieciocho horas “clavado” frente al computador, degustando cada capítulo, viviendo el frenesí de la creación, padeciendo los momentos de crisis, en los que se siente que se pierde contacto con la fluidez, que la obra se cae, el ritmo se desvanece, vivir la crisis y afrontarla como ha afrontado las pequeñas y grandes crisis de su existencia; pero como el escribir es un acto de amor, de compromiso, de vitalidad, como lo es la vida, la crisis se repunta y continúa. El primero de abril llegó con su Adiós a la política, bienvenida la guerra, y el editor de Intermedio no lo creía, le parecía un imposible escribir algo serio y profundo en tan corto tiempo, pero la lectura lo desmintió en sus prejuicios, tenía frente así una obra con rigor y calidad, y la mejor prueba de ello fueron los diez mil ejemplares de tres ediciones de Intermedio Editores vendidas en cinco meses y las cuatro ediciones piratas que fueron voceadas en los semáforos de Bogotá, Medellín y Bucaramanga, con el sugestivo “Adiós a la política, bienvenida la guerra, para que vean la plomazera que se nos viene encima”. Claro, una cosa es escribir sobre un tema en el que se ha trajinado toda la existencia, como lo es el de la guerra y la paz para un hombre como León que su vida está totalmente permeada por las Miserias de la guerra y las esperanzas de la paz, título de un libro suyo publicado el año anterior, que recoge ensayos, y otra muy diferente es abocarse al género mayor de la literatura, por lo menos el de mayores filigranas y recovecos, como lo es el de la novela, la ficción, el mundo de los entrecruces y las elucubraciones y agréguele a esto el tema: suicidio. Con el pucho de la vida, su primera novela, publicada por una editorial de gran prestigio como lo es Alfaguara, en buena parte autobiográfica, transcurre en el Medellín de los años setenta, nos muestra el mundo juvenil con sus búsquedas y transgresiones, la salsa, el deseo de cambio, la ruptura con la cultura paisa anclada en el conservadurismo y el statu quo, la cultura de las izquierdas, las armadas y las civilistas, con el punto articulador del acto humano de dejar la existencia por mano propia, el suicidio, estas son las coordenadas de una obra en la que León mezcla ficción y realidad. Cuando la lean encontrarán en ella historias reales entremezcladas con la buena dosis de ficción que requiere la obra literaria. Con el pucho de la vida le rondó en la cabeza a León más de veinte años, la escribió motivado por cartas de suicidas que amigos del Medellín de los setenta le regalaron, el paso de los años y la pasión por la escritura lo empujaron a otra frenética “clavada”, esta vez en casa de su madre en su entrañable Medellín, en las vacaciones de diciembre de 2002, la escribió en tres semanas, nuevamente la escritura febril, las dieciocho horas frente a la máquina, el llorar recordando a sus muertos, el reír con las pilatunas de sus años mozos, todas las emociones revueltas en el maravilloso lodo de la existencia, pero de allí surgió Con el pucho de la vida, léanla, vale la pena. La Soledad, madrugada del miércoles 24 de marzo de 2004

  • Una Ley para la Paz Total

    Por: Luis Eduardo Celis En el gobierno del expresidente Ernesto Samper, las FARC crearon la ilusión de triunfo, fue su mejor época de desempeño militar, y también fue en ese cuatrienio que los paramilitares crecieron y se amplió la violencia en territorios y en sufrimiento. Cuando se habla de política de Estado para la paz, hay que decir que fue el expresidente Ernesto Samper y el alto comisionado de paz, Daniel García Peña, quienes sentaron las bases para lo que vendría en el futuro con la formulación de dos leyes que han sido claves. La Ley 418, que fue formulada en buena medida por el hoy magistrado de la JEP Gustavo Salazar, en su momento asesor de la Oficina del Alto Comisionado de Paz, para dar todos los instrumentos legales que hicieron viables las negociaciones con las AUC entre 2002 y 2006, y con las FARC entre 2010 y 2016. La otra ley es la Ley 448, que creo el Sistema Nacional para la Participación, en este esfuerzo de construir territorios y una nación en paz. La Ley 418 luego asumió la denominación de Ley 782 de 2002 y en su presentación dice: "Disposiciones para facilitar el diálogo y la suscripción de acuerdos con grupos armados organizados al margen de la ley para su desmovilización, reconciliación entre los colombianos y la convivencia pacífica", en las sucesivas prórrogas no sufrió modificaciones sustanciales. El gobierno del expresidente Juan Manuel Santos promovió su renovación en 2011 y asumió el número de 1448. Luego, en 2016, Santos promovió una modificación de esta ley para poder establecer las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), donde se ubicó la fuerza combatiente de las FARC, espacios que luego se transformaron en los Espacios Territoriales de Convivencia y Reconciliación (ETCR). El expresidente Duque igualmente promovió la prórroga de la Ley 418 y en 2018 promovió la inclusión de dos artículos para hacer inviable cualquier proceso de paz: ni secuestro ni narcotráfico serían considerados como delitos ligados a la rebelión armada. Claro que bien sabemos que Duque no quería ningún proceso de paz con el ELN, la única negociación política pendiente. Esta semana el Gobierno del presidente Gustavo Petro ha presentado un proyecto de ley que no se trata de ampliar la vigencia de la Ley, como ha sido la tradición, o adicionar esto o aquello. Ahora se trata de un diseño que recoge todo lo bueno de la Ley 418 y con la experiencia de diálogos y negociaciones de los últimos veintidós años, crea todo un diseño para hacer viable la política de paz total que lidera este gobierno. El proyecto de ley para dar soporte a la política de paz total fue trabajado en buena medida por el senador Iván Cepeda y su equipo de trabajo, con el concurso de docenas de personas con amplia experiencia en este largo esfuerzo de construcción de paz, y con seguridad que es una ley con mucho detalle y rigor para avanzar en el cierre de todas las violencias organizadas.

  • The turn in drug policy

    By: León Valencia, for @infobae Translation by: María Victoria Ramírez President Gustavo Petro announced a shift in anti-drug policy. It's not a surprise. It is what he had said in his campaign. What is surprising is the attitude of the United States. The declarations of Dr. Rahul Gupta, White House Office of National Drug Control Policy (ONDCP) Director, generated the hope that the turn will be concerted and without major traumatisms for relations with the North American government. Dr. Gupta said at the end of the meeting with the Colombian government: “I think it is important that there is an opportunity for both nations to discuss what the plan is. We know that with the agreement with the FARC there were limitations that were addressed with mutual respect. This gives us an opportunity to have conversations again. It's important to make sure the Justice Department and other entities are included." The twist is not negligible. Petro talks about limiting extradition; abolish aerial spraying with glyphosate; revive the Comprehensive National Program for the Substitution of Crops for Illicit Use (PNIS) with its policy of voluntary substitution and concerted with the peasants; and generate an ambitious agrarian development program for coca leaf growers with real social solutions to the anguish of the farmers. The underlying argument is that the persecution of drugs, as conceived and accomplished by the United States with the open collaboration of successive Colombian governments for forty years, has failed. A clear demonstration are the results of the government of Iván Duque. Despite Duque's high-sounding proclamations against drugs, the production and export of cocaine took a leap in his government. Duque went on a rampage against Juan Manuel Santos and told him that the Peace Agreement with the FARC had fostered the growth of coca crops and cocaine production. Point by point he attacked the Havana agreements that contained several of the ideas that Petro is now outlining. He went to Washington and, without being asked, offered to throw out the agreement with the guerrillas. It was to throw a stone in the air so that it fell on his head. Cocaine grew, despite the fact that coca crops decreased slightly due to a brutal persecution of coca farmers. The White House hit the slap in the face in June 2021 with the announcement that the export of cocaine from Colombia to the United States had grown by 15%. The idea of ​​offering a policy of submission or shelter to justice for drug trafficking mafias with judicial incentives that include non-extradition for those who turn themselves in and truly stop participating in illicit business is a good idea and it is even more if it is done in concert with the United States. But Gustavo Petro and his government know that this generous measure is not enough. It is mandatory to complement this policy with two strategies: relentless persecution of drug traffickers who stay in business, including those who take the bulk of the profits in North American territory by disseminating drugs in the cities of that country; and a frontal attack on the relationship of the mafias with politicians, businessmen and sectors of the Public Force. And there begin the enormous difficulties in the fight against the mafias. The US authorities are not very efficient in persecuting their own nationals who participate in the final links of the drug trafficking chain. And powerful forces in our country always get in the way of the struggle to undo the links between upstart members of the national elites and the mafias. Former President Álvaro Uribe Vélez, to defend the parapoliticians, including his cousin Mario Uribe, unleashed an unprecedented persecution against the courts and the silence that accompanies the recurrent pacts between generals and colonels with powerful drug traffickers or the pressures that arise when an entrepreneur is discovered in dealings with illegals. In any case, while a path is found for the legalization of drugs through an international pact that includes the powerful consumer countries, the policy of stopping the advance of drug trafficking by resorting to submission to justice and an ambitious program of crop substitution, is a wonderful idea.

  • Hablar desde la ricatología

    Por: Germán Valencia Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia El ministro de hacienda y crédito público, José Antonio Ocampo, le ha propuesto a la sociedad hablar de riqueza y de concentración del ingreso, un asunto impopular que no ha sido de gran interés ni entre los académicos, ni entre los políticos. De un tema en el que todas y todos callamos, al cual se le interroga poco y para el que solo se han presentado algunos modelos econométricos que la mayoría de la gente no entiende. El ministro, a través de una reforma tributaria llamada para la Igualdad y la Justicia Social, nos está invitando a que abordemos el asunto desde la ricatología y no desde la pobretología. Es decir, que nos enfoquemos en estudiar las grandes riquezas que tiene el país y en lo mal distribuida que se encuentran. Que pongamos la mira en lo mucho que les sobra a unos cuantos –menos del 1% de la población– y lo poco que tiene la mayoría de habitantes de Colombia –alrededor del 40%–. Esta es una propuesta de cambio de mentalidad y de la agenda pública, pues históricamente los académicos y hacedores de política se han enfocado en pensar la pobreza, la miseria y la escasez. De allí que las decisiones que toman las hacen con base en indicadores como la línea de pobreza, de marginalidad o de indigencia, los cuales cuantifican los límites bajo los que las personas y hogares no tienen los recursos para satisfacer los mínimos de calidad de vida. Ahora la propuesta del Gobierno es mirar hacia arriba, a la punta de la pirámide social, donde se concentra la mayoría de la riqueza en una pequeña proporción de la población que la acumula y concentra casi toda. Nos propone que pongamos el ojo en esa privilegiada población y que pensemos en cómo hacer una reforma fiscal que beneficie a la mayoría. Es por esto que propone una reforma tributaria que, precisamente, está centrada en los más ricos. En aquellas personas que reciben ingresos superiores a los 10 millones de pesos. A partir de este límite inferior de la riqueza, la gente adinerada debe comenzar a tributar. Eso sí, los que ganan esa cifra no tienen que pagar más –pues esto es suficiente para una vida digna–, pero los que tienen unos ingresos monetarios por encima deben comenzar a tributar de forma proporcional, soportando la mayor carga los ricos extremos, los que ganan más de 500 salarios mínimos en el mes y que son menos del 0.03% de la población. Esta sencilla y sensata propuesta –de fijar una línea base para medir la riqueza– tiene y tendrá para el país muchos efectos positivos. El primero es, por supuesto, un cambio en la mentalidad, no mirarnos a través del lente de la pobreza, que nos condena a permanecer allí, sino con el cristal de la riqueza, que nos pone metas: es momento de pensar en la abundancia y la forma de trabajar para llegar a esa deseada posición. En este sentido, nos muestra que el país tiene un enorme cúmulo de riqueza, que bien aprovechado, como lo proponen los estudios sobre la línea de riqueza, puede servir para que con una pequeña proporción de dinero de los que más tienen se pueda acabar con la pobreza en un país. Que con un 10%, por ejemplo, de los excesos de ingresos de los más ricos, se puede sacar a toda una población de la línea de pobreza. El segundo efecto es reconocer que el país es tremendamente desigual. En 2018 la OCDE reconoció que Colombia es la sociedad peor situada en términos de ascenso social en el continente. Pues, mientras que en otros países, como Argentina o Chile, se requiere de seis generaciones para alcanzar el ingreso promedio de su sociedad, en el nuestro son once. Nuestro país es tan desigual que tan solo el 0,94 % del total de los ocupados ganan más de diez salarios mínimos –una cifra no muy alta, pero que resulta suficiente para comprar los bienes y servicios para una familia promedio–. Tan desigual que tan solo 188.651 personas, de los cerca de 20 millones de empleados que tiene el país, ganan más de esta cifra. El tercer alcance está en proponer el fomento de valores como la solidaridad, el altruismo y el compromiso social como aporte al desarrollo colectivo. La propuesta de reforma le está diciendo a los más ricos lo afortunados que son, que cuentan con ingresos más que suficientes para comprar los bienes y servicios de su familia. Y que con un porcentaje bajo de sus excesos de riqueza, podrían ser suficientes para que mucha gente pobre cuente con ese mínimo para sobrevivir. Lo que significa que nuestra sociedad cuenta con suficiente riqueza como para eliminar la pobreza, pero que requiere de una conciencia redistributiva para dar este importante paso. Que se requiere un acuerdo social en el que los más ricos se comprometan con tributar para eliminar la pobreza, que una parte de su exceso de riqueza se vaya financiar los bienes y servicios que requieren otras personas que hacen parte de la territorialidad. Una propuesta que busca atender en primera instanciaa los 6,1 millones de personas que se encuentran en pobreza monetaria extrema –es decir, el 12,2% de la población–, según el DANE. Luego a los 19,6 millones que tienen pobreza monetaria –el 39,3%–. Y, por último, a los más de 20 millones de personas que corren el riesgo de volver a la condición de pobreza y que identificamos como clase media. Finalmente, como se dijo, la invitación de Ocampo es a ponernos un horizonte para subsanar las desigualdades de ingreso tan marcadas que hay en el país. En trabajar para que en el país ese pequeño porcentaje de ricos cambie. ¡Qué bueno sería que los porcentajes poblacionales de riqueza y pobreza en el país se inviertan! Que la proporción de pobreza se redujera y que por debajo de esa línea de pobreza no estuviera nadie. En conclusión, la propuesta del Gobierno es asumir una postura de botar menos tinta y papel en el tema de la pobreza y ponernos a trabajar para redistribuir la riqueza y producir más. A que pensemos en los niveles de desigualdad material que, como sociedad, soportamos. A que esas 200 mil personas que ganan más se comprometan, con una parte de sus sagrados ingresos, a caminar hacia el buen vivir o el vivir sabroso de la mayoría de la población. En avanzar mentalmente, tal como lo hizo el economista indio, Amartya Sen, quien al inicio de su trabajo intelectual –tal como nos lo dice en su autobiografía Un lugar en el mundo–propuso formas de medir la pobreza que fueron aceptadas por organismos internacionales en la década de 1980, pero luego, con la sabiduría que le dio la vida, pudo pasar a proponer formas de impulsar el desarrollo de las capacidades humanas y así plantear escenarios en los que las personas puedan construir una vida digna. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

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