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  • Mi voto femenino

    Por: María Victoria Ramírez El Acto Legislativo No. 3 del 25 de agosto de 1954 reformó la constitución nacional colombiana y otorgó a las mujeres el derecho activo y pasivo al sufragio. Este año se cumplen 68 años de esa conquista. En contraste, por ejemplo, la Decimonovena Enmienda, como se denomina la reforma constitucional que otorgó el voto a las mujeres en los Estados Unidos, fue adoptada oficialmente el 26 de agosto de 1920, ese fue el colofón de décadas de lucha por el sufragio femenino tanto a nivel estatal como federal. Sólo en 2015, y por primera vez desde la fundación del reino en 1932, las mujeres de Arabia Saudita pudieron participar y ser candidatas en unas elecciones. En el año 1957, cuando se estrenó el voto femenino en Colombia, las mujeres representaban el 50,7% del censo electoral contra el 49,3% de hombres. Luego ese porcentaje se redujo significativamente manteniendo la tendencia hasta las elecciones de 1994, en las cuales el censo electoral siempre fue mayoritariamente masculino. En el año 1999 las cifras se emparejaron y desde entonces en todas las elecciones la mujer ha sido mayoría en el censo electoral. Según el censo electoral de la Registraduría Nacional del Estado Civil, en Colombia y en el exterior hay 39′002.239 de colombianos (20′111.908 son mujeres y 18′890.331 son hombres) habilitados para ejercer su derecho al voto en las próximas elecciones presidenciales. Sin embargo, poder votar no significa un aumento de la representación femenina en las esferas del poder público, bien sea en cargos de elección popular como de designación. Para citar algunos ejemplos: la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 estuvo integrada por 4 mujeres y 68 hombres; en toda la historia política de nuestro país hemos tenido 9 candidatas a la presidencia iniciando en 1974 con María Eugenia Rojas, de la ANAPO, y terminando con Íngrid Betancourt del Partido Verde Oxígeno en 2002 y 2022, quien no pudo presentarse en la primera ocasión a raíz de su secuestro y en la segunda ocasión se ha retirado, aunque aparecerá en el tarjetón. Otras candidatas o precandidatas han sido Nohemí Sanín, Aída Abella, Clara López y Martha Lucía Ramírez. En este momento el porcentaje de participación femenina en los cargos de elección popular es: 12% en las alcaldías, 18% en los concejos municipales, 28,8% en el Congreso y nunca una mujer ha ocupado la presidencia de Colombia. Estas cifras alientan y sustentan todos aquellos esfuerzos por mejorar la participación de la mujer en política y en todos los espacios de decisión. La lucha por la equidad en todos los terrenos, incluido el político, pasa por vencer obstáculos de toda índole que están instalados en la cultura, en el accionar y en el pensamiento de hombres y mujeres. Es importante abrirle espacios a este tema, generar debates y ganar adeptos y adeptas para esta causa. Particularmente en los ámbitos en los que hablar de equidad de género es todavía una cosa exótica y suscita reacciones en contra, tanto de hombres como mujeres. Entrar en serio en la modernidad no pasa solamente por dotar a las ciudades de un equipamiento urbano que se asemeje al de países desarrollados; entrar en la modernidad significa también asumir los debates mundiales en torno a la ampliación de derechos, no sólo para las mujeres, sino también para las minorías étnicas y sexuales. Hablo del voto femenino en esta columna porque, por supuesto, no quiero estar ausente del debate electoral que tiene lugar en este momento en Colombia. Y no lo hago desde la neutralidad. El legado que nos deja Uribe es devastador. Entiendo lo que sienten aquellos que hoy se han quitado la venda y se percatan del horror que representan estos 20 años en los que se han limitado las libertades, se ha señalado a las ONG de derechos humanos como enemigas del gobierno y amigas de la insurgencia, y se han convertido los programas sociales en botín para elegir a los amigos de los gobiernos de turno. Me resulta esclarecedora la afirmación del escritor Sándor Márai en su novela El Último Encuentro, en la que describe las relaciones entre los seres humanos como complejas, frágiles y, a veces, cargadas de fatalidad. Yo diría que cuando se trata de la lucha por el poder, esos rasgos se acentúan. En los últimos días de esta campaña electoral, con los ánimos tan crispados, con las diatribas que siembran temor, con los láseres apuntando a Francia Márquez, en medio de un ambiente espeso y fangoso, agradezco a aquellas mujeres de tantas generaciones que han hecho posible que hoy yo pueda votar y que una mujer como Francia Márquez pueda ser fórmula vicepresidencial. El 29 de mayo de 2022 volveré a votar para que ¡nunca más!, ojalá, un presidente de la República trate de tinterillos e idiotas útiles a miembros de la Rama Judicial ante el silencio o el aplauso de muchos; para que se respete la independencia de poderes, pilar de un Estado democrático; para que la oposición y todos los partidos o movimientos políticos tengan mayores garantías, para que no hayan más Lucas Villa caídos en la protesta social. Quiero contribuir con mi voto femenino a empujar el péndulo de nuestra historia hacia la izquierda.

  • El poder del voto

    Por: Guillermo Segovia Mora Abogado y politólogo Hoy casi nadie discute que el voto o sufragio universal, libre, secreto y directo en elecciones transparentes y legítimas es el más poderosos instrumento ciudadano de participación, entre otros fines, para expresar preferencias políticas, apoyar propuestas acerca del rumbo que debe tomar un país y escoger a quienes deben orientarlo. De acuerdo con la Constitución de 1991, carta rectora de nuestra institucionalidad: “El voto es un derecho y un deber ciudadano. El Estado velará porque se ejerza sin ningún tipo de coacción y en forma secreta por los ciudadanos” (Art. 258). Para garantizar ese mandato, se crearon o adecuaron instituciones y mecanismos, y el Código Penal contempla varias conductas punibles si se incurre en desacato. En la mayoría de las democracias, el sufragio universal ha sido una conquista tras siglos de exclusión de amplios sectores de la sociedad, puesto que en los albores de la democracia liberal ese derecho estuvo sujeto a la posesión de propiedades, niveles de escolaridad, mayoría de edad y otras formas de exclusión de los analfabetos, los pobres y las mujeres. Las luchas de las sufragistas fueron heroicas en Inglaterra, España y Argentina, solo por mencionar algunos países. Colombia hace parte de esa historia. Las constituciones posteriores a la independencia impusieron el voto censitario, solo podían ejercerlo los hombres mayores de edad, casados, que supieran leer y escribir y que poseyeran propiedades. Estaban impedidos esclavos, analfabetas, mujeres y la gente sin bienes materiales. La Constitución de 1853 reconoció el derecho al voto a los mayores 21 años, propietarios y casados, y a los descendientes de esclavos, e impuso la votación directa y secreta para elegir presidente, vicepresidente y otras dignidades. De forma efímera e irrealizada, al parecer por primera vez en el mundo, el Estado de Vélez (hoy Departamento de Santander) reconoció el derecho al voto a la mujer. En 1856 el conservador Mariano Ospina Rodríguez fue el primer presidente de Colombia elegido con el sistema de sufragio universal, reforma de corta duración en medio de las constantes guerras civiles. La Constitución liberal de 1863 facultó a los estados federales para establecer sus leyes electorales, y la de 1886, “La Regeneración” conservadora de Núñez y Caro, impuso la restricción de saber leer y escribir –con la mayor parte de la población analfabeta- y tener ingresos anuales de más de quinientos pesos, o propiedades con valor superior a mil quinientos pesos. Las sangrientas guerras civiles de 1860-62 y de 1899-1902 o “Guerra de los Mil Días”, tuvieron como causa disputas electorales por aquello de que “el que escruta elige”. La elección directa de presidente de la República, restringida a quienes supieran leer y escribir, tuvieran una renta anual de trescientos pesos o propiedad raíz de mil pesos, se estableció en 1910. El sufragio universal masculino se consagró en la reforma constitucional liberal de 1936. En 1954, la Asamblea Constituyente de la dictadura de Rojas Pinilla, tras varios años de acción pública de varias lideresas, y contra el criterio machista predominante acerca de la inferioridad de la mujer y el tradicional estigma de que se trataba de una avanzada izquierdista, reconoció el derecho al voto a la mujer, ejercido por primera vez en el plebiscito de 1957 que, tras el derrocamiento civil de la dictadura, aprobó la creación del acuerdo bipartidista (liberal-conservador) del Frente Nacional. El voto se consolidó como mecanismo de validación electoral de la alternación presidencial entre liberales y conservadores, como forma de apaciguamiento de la Violencia de los años 50. Un pacto de carácter excluyente, al dejar por fuera opciones políticas de otro signo, que influyó en el alzamiento armado y llevó a líderes de izquierda como el padre Camilo Torres a promover el abstencionismo activo. Épocas en que los partidos dominantes impusieron la “dictadura del bolígrafo” mediante la cual los directivos imponían candidatos y dignidades. Como gran paradoja de la democracia colombiana que, no obstante su carácter a veces más formal que real, es considerada una de las más sólidas y estables de América, en las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970 se produjeron anomalías que validan la comisión de un fraude por parte del bipartidismo contra el exdictador y líder populista Gustavo Rojas Pinilla, candidato de la Alianza Nacional Popular. Esos hechos justificaron la creación del insurgente Movimiento 19 de Abril, en el que militó el actual candidato del Pacto Histórico, Gustavo Petro. En 1975 se estableció la mayoría de edad y el derecho al voto a los 18 años. En las elecciones presidenciales de 1990 se utilizó por primera vez la tarjeta electoral, facilitada por la autoridad electoral, en reemplazo de la sesquicentenaria papeleta a cargo de los propios partidos, vigente desde 1853, que facilitaba el fraude electoral y fue causa de varios de los conflictos civiles y la Violencia de los años 50. En 2004 se adoptó el voto electrónico, que como muchas de las innovaciones en la materia sigue siendo parcial, como deficitario y sinuoso es el sistema electoral. En los comicios presidenciales de 2018 se produjo la mayor votación de la centroizquierda en su tortuosa participación electoral, llevando a Gustavo Petro a la segunda vuelta, a pesar de las desventajas implícitas en un sistema electoral adverso y alianzas y apoyos cuestionados de su adversario. En la recta final de las elecciones presidenciales de 2022 se enfrentan, con posibilidades, Federico Gutiérrez, el candidato vergonzante y de forma conveniente distanciado del desprestigiado gobierno Duque y su gestor Álvaro Uribe; Sergio Fajardo, quien quedó atrapado entre ante el desafío de audacia para cambiar y el supremacismo ético; Rodolfo Hernández, incierta novedad de talante autoritario y poco escrupuloso, fabricada en una buena estrategia publicitaria; y Gustavo Petro, quien, consciente de las dificultades de su apuesta ante las resistencias impuestas por el establecimiento, trazó una estrategia electoral osada y ganó la posibilidad de imponerse por interpretar las angustias y la crisis nacional, en una propuesta de cambios orientada por la alianza étnico popular y de izquierdas Pacto Histórico y apoyada por una amplia convergencia política. Sin ser una reacción excepcional en la historia, frente a la erupción de alternativas, la actual andanada desde las fuerzas y figuras del establecimiento y su gobierno contra la candidatura de Gustavo Petro, reflejan la angustia de una república señorial construida sobre la violencia y el privilegio como derecho, sin reparar siquiera en que esas actuaciones contravienen el espíritu democrático y pluralista de la Constitución de 1991 y constituyen flagrantes violaciones al régimen disciplinario, en el caso de los funcionarios, y además, junto con los particulares, al Código Penal, por configurar delitos como constreñimiento al elector, acoso laboral o pánico económico. Voceros de negociantes han calumniado al candidato, distorsionado a interés sus propuestas, ofrecido sabotajes y ultimado a sus empleados. Se denuncian atentados fallidos, compra masiva de votos y la Registraduría es acusada de forma risible de alentar un fraude por quienes la manejan, en contra de ellos mismos. A pocas horas del evento electoral, aún se rumoran intentos de “guerra sucia” para desprestigiar a Gustavo Petro, que parece blindado contra cualquier infamia. Circulan cláusulas contractuales condicionantes y hasta una “Guía para sobrevivir a la extrema izquierda” que induce al temor, tergiversa las propuestas de Petro y orienta el sabotaje económico a través, entre otras fórmulas, del desfinanciamiento del país vía colocación de activos en el exterior, diversificación globalizada del patrimonio, Bitcoin, desvío a paraísos fiscales, migración de empresas y emigración digital y humana. Los principales medios de comunicación guardan las apariencias para, entre líneas, sembrar dudas y resistencia. En ese escenario, surge contundente el poder del voto. En el cierre de su campaña, el domingo 22 de mayo, en una Plaza de Bolívar rebosada como nunca antes, Gustavo Petro y la candidata a la vicepresidencia por el Pacto Histórico, Francia Márquez, por primera vez en la historia de Colombia una mujer afrodescendiente, llamaron a los ciudadanos a liberarse y ejercer su soberanía para respaldar la propuesta de cambio. Petro acudió a la figura del bolígrafo, en ocasiones anteriores símbolo del manejo de los gamonales, para indicarle al electorado que ahora será distinto: frente al tarjetón, la elección estará en sus manos. Y ojalá se respete. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

  • Los Gilinski buscan aprovechar el “riesgo Petro”

    Por: Germán Valencia Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia La familia Gilinski quieren seguir aumentando su participación accionaria en las compañías del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA). Ahora buscan apropiarse hasta de un tercio de las acciones del Grupo Argos S.A. Y lo hacen en un momento de coyuntura electoral, caracterizado por el riesgo político y la incertidumbre, queriendo aprovechar el temor creado en torno a que un candidato progresista llegue a la Presidencia de la República. El grupo de empresarios vallecaucanos lanzó su nueva oferta pública de adquisición (OPA) el pasado 20 de mayo. Con ella acaban de ajustar siete ofertas, contando desde noviembre de 2021, con las que han buscado apropiarse de las acciones de los tres pilares del conglomerado antioqueño: los grupos Nutresa, Sura y Argos. De allí que le hayan pedido a la Superintendencia Financiera que les autorizara realizar esta nueva OPA, esta vez, por las acciones del Grupo Argos S.A en la Bolsa de Valores de Colombia. En esta séptima ocasión, Nugil S.A.S., de propiedad del Grupo Gilinski, está ofreciendo comprar mínimo el 26% y máximo el 32,5% de las acciones de Argos, a un precio de 4.08 dólares por acción –aproximadamente, 16.500 pesos–. Precio que, aunque está un 18% por encima del que se vende la acción actualmente en bolsa, realmente no es muy alto, pues este ha oscilado recientemente entre 14 y 17 mil pesos por acción. Lo novedoso de esta nueva OPA es que la hacen en un contexto de incertidumbre económica y una semana antes de que la ciudadanía acuda a votar en la primera vuelta a las elecciones presidenciales. Lanzan la propuesta en medio de un ambiente electoral caracterizado por la alta probabilidad de que Gustavo Petro sea el presidente y comience a impulsar algunas reformas económicas. Los Gilinski quieren aprovechar el miedo creado, durante casi dos décadas en Colombia, alrededor de la llegada de un candidato progresista a la Presidencia. Ofrecen la posibilidad de compra de acciones en un momento de las elecciones en el que el candidato Petro se presenta como la opción más segura para ganar la Presidencia, tanto en la primera como en la segunda vuelta. Buscan explotar el nicho de mercado de comprar acciones a aquellas personas o empresas, propietarias de las acciones de Argos, temerosas de que otras fuerzas críticas del neoliberalismo lleguen al poder y realicen reformas a los mercados que les resulten contrarias a sus intereses. Los empresarios vallecaucanos quieren aprovechar este momento de incertidumbre y “riesgo político” para tirar el anzuelo y pescar en río revuelto un porcentaje alto de una de las compañías más importantes del GEA. Y con ello tener una posición privilegiada en el mercado, con más de 150 empresas en sus manos. Para los Gilinsky es claro que comprar acciones hoy es un gran negocio. Pues, por un lado, la economía muestra –a pesar del riesgo de estanflación– buenos resultados, con un crecimiento económico del 8.5%. Además, lo hace con un holding en infraestructura que tiene presencia en 18 países, entre ellos Estados Unidos. Y en una empresa que se dedica a variados sectores: cementos –58% de Argos–, energía –el 52,9% de Celsia–, construcciones viales y aeroportuarias –el 99,8% de Odinsa– y además finca raíz. De lograr la adquisición de este importante porcentaje de acciones con la séptima OPA para Argos S.A., este grupo económico caleño quedaría con un poder accionario que hoy supera el 30% del conglomerado paisa –30,8% de la compañía de alimentos Nutresa y 34,5% del holding financiero Grupo Sura–. Por tanto, invertir en estas industrias paisas es para el grupo Gilinski una magnífica oportunidad para elevar dos cometas con el mismo viento: por un lado, aumentaría sus ganancias, pues una compra de acciones del Grupo Argos le permitiría participar de las utilidades de la empresa –la cual, al finalizar el 2021, reportó $52 billones en activos e ingresos por $16,3 billones– y, al mismo tiempo, aumentar valorizaciones, tal como le ocurrió con la compra de las acciones de Nutresa y Sura. Y, por el otro lado, se sacaría la espinita con la mala venta al Banco de Colombia del Banco Industrial Colombiano (BIC) hace un par de décadas. Pues los Grupos Sura, Nutresa y Argos son dueños de buena parte de las acciones de Bancolombia, el banco más grande del país y al que aspiran tener en sus manos el Grupo Gilinski y completar su expansión financiera en el continente y el mundo, acompañados de su socio del emirato de Abu Dhabi. Por supuesto, no faltarán los incautos que caigan en los anzuelos lanzados con carnada por el conglomerado vallecaucano queriendo apropiarse de una parte de esos tentadores US$872 millones de dólares que ofertan. De allí que muchos venderán sus acciones, aprovechando la subida de la tasa representativa de cambio, para tener en sus manos el recurso para, supuestamente, salir corriendo del país cuando gane el candidato que no les conviene. Pero, conociendo las características de los accionistas minoritarios del Grupo Argos, esta estrategia no va a tener los resultados esperados. Los propietarios minoritarios son ávidos empresarios que saben que el “riesgo Petro” no existe, que esta ha sido una estrategia para sembrar miedo y ganar elecciones, como ha ocurrido en los últimos 20 años. Que en Colombia la propiedad privada es sagrada y que las propuestas de Petro serán difíciles de concretar. En conclusión, los Gilinsky no lograrán pescar en río revuelto, no lograrán mucho con la vieja estrategia propagandística de sembrar miedo sobre las propuestas progresistas. Esta artimaña no funciona aplicada a los mismos empresarios. Resultados adversos que, por supuesto, no los desalentarán para seguir intentando invertir en las empresas paisas y con ello aumentar su poder económico en el país y la región.

  • Atacar las finanzas criminales

    Por: Germán Valencia Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia Es clara la predilección que tienen las organizaciones criminales internacionales por Colombia. Así lo demostraron esta semana cuando, en menos de ocho días –fruto de operaciones conjuntas de la Interpol y Europol– le fueron capturados en el país, por lo menos, 17 de sus integrantes. Según los informes de la Policía, los capturados son ciudadanos de República Dominicana, Perú, Holanda, Italia, Albania y Venezuela –además, por supuesto, de Colombia–. Y hacían parte de varias organizaciones criminales internacionales, entre ellas, la Red Corona de República Dominicana, Los Bruno de Perú, el grupo NL de Países Bajos y la Negrangheta de Italia. Adicionalmente, informaron que las capturas se realizaron en lugares muy dispersos del país: Antioquia, Atlántico, Bogotá, Bolívar, Cundinamarca, Nariño, Risaralda y Valle del Cauca. Territorios donde estas organizaciones tradicionalmente realizan negocios ilícitos como narcotráfico, lavado de activos y financiamiento de otras organizaciones criminales. Esta extraña y casi inédita operación ocurrió luego del asesinato –en una playa privada en la isla de Barú en Cartagena–del fiscal especializado Marcelo Pecci. Acción que, según informes de inteligencia, fue dirigida por la estructura criminal Punto 50, que pertenece al Primer Comando Capital (PCC), y que se ejecutó como retaliación a que el fiscal antimafia de Paraguay los tenía en su mira. Son dos hechos los que llaman la atención de esta situación: el primero, lo atractivo que resulta nuestro país para el crimen organizado internacional. Colombia es un territorio plagado de negocios ilícitos y, en su mayoría, con incidencia en el mercado internacional. De aquí se exporta el 70% de la cocaína del mundo, se tiene una abundante y variada minería ilegal y, además, se comparten con otras organizaciones internacionales el lucrativo negocio de tráfico de migrantes. Además, para las organizaciones criminales resulta muy conveniente tener a sus hombres y mujeres de confianza residiendo en el país. Para los ilegales, resulta muy fácil ingresar a territorio colombiano y mantenerse en la clandestinidad con relativa tranquilidad. De allí que a la mayoría de los capturados se les sorprendió realizando labores cotidianas: desplazándose en una calle en compañía de su familia, en la entrada de un centro comercial o en sus habituales lugares de residencia. El segundo hecho que llama la atención es la efectividad con que actuó la policía internacional para atacar estas estructuras criminales. Quedó ilustrado lo apropiado que resulta para las autoridades el trabajo conjunto y comprometido de sus agencias para atacar a estas organizaciones trasnacionales. Lo que lleva a plantear la necesidad de continuar ejecutando mancomunadamente en la persecución del crimen organizado. Ya se ha visto que si se dejan solas a las autoridades colombianas en esta labor, los avances son y serían pocos. Pero si se trabaja de forma conjunta en temas de uso de nuevas tecnologías y de inteligencia policial –financiera, informática, etc. –, y se comparten conocimientos del recurso humano calificado, entre otros aspectos, podría lograrse mucho. Estamos ante una ventana de oportunidades para combatir a las organizaciones criminales que, como dejó claro en las pasadas semanas el Clan del Golfo, tienen mucho poder en el país. Nuestras organizaciones criminales nos han dicho que el componente económico y financiero pesa, y que golpes en este sector pesan, incluso más que la captura de sus capos. En ese sentido, hay que reconocer que una de las formas más efectivas para luchar contra estas organizaciones es afectando sus finanzas criminales. Hay que avanzar en el combate financiero de los clásicos negocios de producción y comercialización de estupefacientes, minería ilegal y extorsión; igualmente, luchar contra el contrabando, el tráfico de migrantes, el comercio ilegal de armas y el fraude aduanero. En conclusión, es necesario que en una lucha contra el crimen organizado se le de protagonismo al componente económico, para avanzar en un efectivo desmonte de las estructuras criminales. Se necesita realizar acciones concretas y efectivas contra las finanzas ilícitas de estas organizaciones armadas criminales que permitan su bloqueo económico para desincentivar la presencia de estos negocios en el país. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

  • Se llama Gustavo Petro

    Por: Guillermo Segovia Mora Abogado y politólogo En los pueblos de América Latina y Colombia, tan parecidos por las raíces y las mixturas, por las alegrías y las desgracias, siempre en las charlas de tarde, en los parques, hay un personaje querido y fastidioso que al final y entre chanzas, soportando los diluvios de palabras necias e infundadas, cultivado en la sapiencia de los viejos, los callos de las andadas y las páginas releídas de los libros, se aparta a abrazar al árbol de la esquina para musitarle con congoja: no puede ser. Los amigos lo miran y sonríen, pero nunca olvidarán lo que ha dicho. Todavía sobreviven compañeros de Gustavo Petro, algunos mayores y en aquél entonces superiores en la jerarquía organizativa, que llevan atado al cuello el pañuelo con la bandera azul, blanca y roja de la guerrilla del M19, celebrando septuagenarios que la lucha no fue en vano. Entregaron los fusiles en los 90, tras los acuerdos de paz, y la orden cerrada de Carlos Pizarro León Gómez, pero la jura esperaba este momento. La democracia en Colombia es un acto revolucionario, dijo Jaime Bateman, el jefe mayor, y, si no hay una nueva piedra en el camino, la victoria de Petro le volverá a dar la razón. Hace treinta años, un recién desmovilizado y delgado representante a la Cámara llamado Gustavo Petro, llegado al Congreso haciendo tejido político en una izquierda imposible, retando altanero al establecimiento —representado por congresistas obesos, babosos y criminales que advertían su esencia señalando con la vista a los matones que los protegían—, denunciaba, controvertía con soberbia y exigía justicia. Desde entonces se ganó desafectos y varias promesas de meterle un tiro, pero también el aprecio y la incondicionalidad de quienes valoran su valentía e inteligencia. Las organizaciones defensoras de derechos humanos saben y reivindican el papel fundamental que ha cumplido Gustavo Petro en develar la trastienda del paramilitarismo. Cómo, apenas pasando su juventud, desde el Congreso, se echó encima la ardua tarea de confrontar la criminal estrategia contrainsurgente, su legitimación en la parapolítica y su legalización en la “seguridad democrática” de Uribe, con efectos monstruosos como los falsos positivos, hasta llevarla a los tribunales. Una hazaña. Hoy militares confiesan ante la justicia transicional asesinatos abominables que hasta hace poco muchos apañaban y disculpaban. Mesándose tímido el cabello, el maldecido Petro le denunció al país la corrupción gobernante en una alianza criminal entre políticos, hampones profesionales ellos mismos o sus aliados, y bandas de sicarios al servicio de narcotraficantes. Denunció la corrupción en los altos niveles del Estado, los favores de los funcionarios por millonarias coimas a los bancos, la masacre oficial en el Palacio de Justicia, los genocidas despojos de tierras, los subsidios a los ricos; los carteles de la cocaína, la heroína, la hemoglobina, la comida escolar, los hospitales, el papel higiénico, la recolección de basuras y los servicios básicos. Político de olfato, robustecido en los fracasos, intentó, una y otra vez, y participó de cuanto intento hizo la izquierda por unirse y crecer, señalando siempre sus limitaciones al no querer dejar de ser una oposición marginal para superarse, por lo cual se aventuró algunas veces en iniciativas solitarias duramente censuradas por sus copartidarios. Finalmente, dejó el Polo Democrático para, en un acto inaudito, descalificado desde las complicidades inmorales, denunciar al alcalde de Bogotá y varios de sus colaboradores, sus excompañeros, por el "carrusel de la contratación". Acto que le dio el prestigio para intentar por tercera vez, y con éxito, llegar a gobernar la capital del país. Se paró duro en Bogotá para mostrar y tratar de remover las estructuras criminales en el control de rentas y algunos servicios, así como para combatir las causas de la desigualdad e inequidad. Casi lo tumban con complicidad de autoridades nacionales. Ganó el pulso y la evidencia de ello es hoy conciencia y gratitud ciudadana. Dicen que no hizo nada, y pareciera que no, si uno se guía por los reportajes del exquisito periodista recién fallecido Mauricio Gómez, que lo dejan por el suelo pero que, contrastados hoy, demuestran una carga de parcialidad poco común en el comunicador: solo le dio la palabra a los empresarios y políticos críticos, algunos de los cuales guardan silencio ante los beneficios del modelo de ciudad que apenas alcanzó a delinear (por ejemplo: los constructores). En su tercer intento por llegar a la Presidencia de la República, hace cuatro años, logró atraer el apoyo de casi toda la izquierda y los movimientos sociales y, al pasar a segunda vuelta, estuvo a punto de ganar sumando buena parte del denominado centro, pero no le alcanzó ante un adversario por el que pusieron todo su capital las estructuras mafiosas, el poder económico en sus distintos negocios y el establecimiento de derecha. Otra vez una disrupción. Sus propuestas, un ideario de un país de avanzada en uno donde la mitad de la población apenas sobrevive: la paz, el agua, la naturaleza, la contención de los efectos del cambio climático, el saber, la transición energética, tributación progresiva, tierra mejor distribuida, derechos de las minorías. Conocedor de los límites de su adversario y con el sin sabor de una derrota que se pudo evitar con más malicia, trabajo y estrategia, la aceptó para inmediatamente arremangarse e iniciar una nueva campaña por pueblos y plazas a lo largo y ancho del país, denunciando el continuismo, el guerrerismo y la corrupción de un gobierno que comenzó como el mandadero de Uribe y ya ni eso le reconoce su propio partido. Consciente de lo logrado, pero también de lo faltante, cultivó y atrajo, además de su base étnica popular y de izquierda, un sector importante del liberalismo y de los cristianos. Así lideró el acuerdo del Pacto Histórico, cuya bancada en el Congreso será la más diversa, pluralista y paritaria de la historia de Colombia. Analistas, comentaristas y embaucadores no logran explicar cómo puede mantenerse con ventaja y crecer un candidato presidencial que, sin tapujos, expone un programa en el que por primera vez en el mundo se compromete a suspender la exploración petrolera y poner fecha límite al extractivismo, que ya hizo irreversible la reforma del régimen pensional, botín intocable de los “cacaos”, que, tras cuatro años de atraso impuesto por los terratenientes, dará plena implementación al capítulo de desarrollo rural y en su totalidad a los Acuerdos de Paz con las Farc y promete agotar la vía de solución negociada a los conflictos y expresiones criminales que desangran al país, que aspira a impulsar la economía dando prioridad al desarrollo agroindustrial tras la tormenta neoliberal y que quiere a todos los niños y niñas, los y las jóvenes en escuelas y universidades. Para que sus acuerdos y alianzas políticas electorales no despisten del sustento de su convergencia auténtica y telúrica, además de la bancada popular que ayudó a llevar al Congreso, su entrañable hermandad con los indígenas caucanos y la reivindicación por lo alto de la población afrocolombiana, negra, raizal y palenquera con la designación de la adalid negra Francia Márquez Mina como compañera en la vicepresidencia; es pertinente repetir que en la raíz de todo está la convergencia del Pacto Histórico como propuesta de cambio que implica, más allá de las reformas puntuales y urgentes, la posibilidad de una era de transformaciones para las que al parecer se abrirá una puerta el próximo 29 de mayo o 19 de junio. Mientras la Jurisdicción Especial de Paz avanza en la comparecencia y reconocimiento de crímenes por parte de los actores en conflicto, en audiencias atravesadas por el dolor y el perdón, mostrando al país los horrores de la guerra, muy a pesar de los indiferentes y los cínicos que aun niegan o descreen. Y, por su parte, la Comisión de la Verdad alista la versión final de su informe que promete ser un espejo estremecedor del rostro bestial que configuraron nuestros odios. En medio de una campaña en la que todo lo que se diga puede ser evidencia en contra, Gustavo Petro se atrevió a hablar de perdón social, pero, hastiado de la ignorancia y la sevicia, aplazó el tema para tiempos mejores. Este país, incendiado por todas partes, solo les sirve a los fogoneros y a los bomberos. Por eso Petro también persistirá en la necesidad de reconciliación. Ya en la noche, en nuestros pueblos, el muchacho aventajado del que sus compañeros se burlan pero aprenden, los deja a sus espaldas celebrando y, camino a casa con la mirada en las estrellas, sonríe pensativo: -Se los dije. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

  • La masculinidad en el ámbito familiar

    Por: María Victoria Ramírez Navegando en internet buscando información sobre el tema de la masculinidad, me encontré con un artículo publicado por Mireya Ospina Botero de la Universidad Católica de Pereira, Colombia, publicado en 2007, titulado Representaciones sociales de masculinidad y su expresión en el ámbito familiar. Este estudio es muy especial porque es quizás el único en su modalidad en la región cafetera colombiana. El artículo está basado en una investigación que se llevó a cabo en esa universidad en 2004 sobre las representaciones sociales de masculinidad de hombres entre los 17 y 19 años. El objetivo principal del estudio fue “comprender los sentidos de la masculinidad y sus referentes identitarios”. El marco teórico para el análisis e interpretación de los resultados se resume en tres categorías: ‘representaciones sociales’, ‘socialización e identidad’, y ‘género y masculinidad’. Asimismo, la metodología de investigación adoptada fue la conformación de un grupo de discusión de 15 hombres de diferentes programas académicos de la universidad, que de manera voluntaria participaron en 12 talleres y cinco entrevistas a profundidad a personas que hicieron parte de tal grupo. Es pertinente presentar la definición que el artículo adopta de ‘representación social’, la expuesta por Serge Moscovici en su libro Psicoanálisis, su imagen y su público: “conjunto de conceptos, declaraciones y explicaciones originadas en la vida cotidiana, en el curso de las comunicaciones interindividuales. Equivalen, en nuestra sociedad, a los sistemas de creencias de las sociedades tradicionales; puede incluso afirmarse que son la versión contemporánea del sentido común”. De acuerdo con el marco de referencia adoptado por el artículo, hay consenso entre diversos autores que se han ocupado del género y han investigado el tema, en que existe un modelo “hegemónico” de la masculinidad, que está incorporado en la subjetividad de los hombres y que se constituye en parte de su identidad. Sin embargo, y a pesar de que existe un modelo hegemónico de masculinidad, plantea también el artículo que este concepto es variable según el tiempo y el lugar, citando a Rubio Jociles: “La virilidad no es estática ni atemporal, es histórica; no es la manifestación de una esencia interior, es construida socialmente; no sube a la conciencia desde nuestros componentes biológicos; es creada en la cultura. La virilidad significa cosas diferentes en diferentes épocas para diferentes personas”. Aquí me aparto del artículo para decir que, en similar sentido, ese concepto no permanente y no predeterminado por la biología puede equipararse a lo que Simone de Beauvoir dice en la primera línea del segundo sexo: “La mujer no nace, se hace”. Dentro de los resultados que arroja la investigación de la psicóloga Ospina, se encuentra que las principales características en el núcleo central de la representación social de masculinidad en el grupo estudiado son: fuerza, fortaleza, liderazgo, responsabilidad, autoridad, dominio e inexpresividad emocional. Menciona el artículo que es muy duro ser hombre. Es innegable, como lo menciona la investigación, que a los hombres se les han castrado facetas como la participación más activa en la crianza de los hijos, la expresión de sus emociones, entre otras. “Se entiende así que la adquisición de la masculinidad implica suprimir toda una gama de emociones, necesidades y posibilidades en el ámbito familiar, tales como: la receptividad, empatía, compasión, miedo y en general todas aquellas que se asumen como propias de lo femenino”, pero es claro que la mayoría de hombres no ha abogado por ese derecho. En contraste, a la mujer tradicionalmente se le ha confinado a la esfera doméstica y ese rol está tan menospreciado que hoy vemos a hombres (muy pocos entre otras cosas) que lo han asumido por situaciones económicas adversas como falta de empleo, y no se les aplaude, sino que son blanco de burla y menosprecio. ¿Por qué? Porque se supone que ellos están “destinados” a reinar en los dominios donde se toman las decisiones, es decir, en las esferas del poder, de la guerra, en el manejo de la economía, mientras que las mujeres están “destinadas” a la protección y la crianza. La diferencia radica en que la mujer se ha ido despertando poco a poco y ha empezado a reclamar nuevos derechos desde hace décadas, mientras que no se ha visto hasta ahora un movimiento de los hombres reclamando por el derecho a realizar las labores domésticas, a criar los hijos, a llorar, etc. Las mujeres han incursionado poco a poco en escenarios masculinos y deberemos estar preparadas y saludar, y desear, que los hombres se apropien de territorios otrora femeninos. Por la fuerza de los cambios económicos y sociales, los géneros han ido incursionando en nuevos roles, es innegable. Veamos algunas cifras de la más reciente Encuesta de Demografía y Salud de Profamilia (ENDS), 2015. La tasa de fecundidad pasó de 2,5 a 1,8 entre 1987 y 2015. Alrededor del 50% de mujeres en edad fértil (13 a 49 años) trabaja y en lo que más se desempeñan es en ventas y servicios. Entre 2005 y 2015 se pasó de 31 % de los hogares con jefatura femenina a 36,4%, es decir, que en ellos la mujer, además del rol doméstico tradicional, está asumiendo el de proveedora, de este 36,7%, el 28,7% son mujeres urbanas y el 7,3% son mujeres rurales. De los nacimientos y embarazos al momento de la encuesta, el 49,5% fueron deseados Más del 80% de las mujeres acceden a algún método de planificación familiar, cosa impensable hace 50 años y que muestra cierto grado de autonomía sobre su cuerpo y ejercicio del derecho a decidir el número de hijos. Esta cifra nos deja entre ver también que en Colombia, al igual que en el resto de países, la planificación familiar sigue siendo una responsabilidad de la mujer. Los hombres no han empezado a asumir que el control de la natalidad es una decisión que también les compete y que pueden tomarla en sus manos. Pero hay otras cifras que siguen preocupando porque muestran el nivel de inequidad al que las mujeres se enfrentan cuando salen a trabajar fuera del hogar. Al 32,5% de las mujeres que han trabajado alguna vez le exigieron prueba de embarazo, al 2,2% le solicitaron prueba de esterilización, al 7,6% le pidieron prueba de SIDA y al 3,1% la despidieron cuando estaba embarazada. La ENDS también muestra que: “Es mayor el porcentaje de hombres que de mujeres que aporta todos o más de la mitad de sus ingresos a los gastos del hogar. Aunque la división sexual del trabajo que ha asignado a los hombres el papel de proveedor se mantiene, el porcentaje mayor de las mujeres frente a los hombres que aportan la mitad de su salario a los gastos del hogar, no coincide con una mayor presencia de los hombres en el ámbito de lo doméstico y del cuidado, lo que evidencia la existencia de la doble jornada laboral femenina con las implicaciones que ello trae para la vida y la salud de las mujeres.”. Lo anterior agravado por el hecho de que las mujeres para trabajo igualmente calificado siguen percibiendo salarios inferiores en un 25% al de los hombres. Según estas y otras cifras como las de violencia intrafamiliar, y en general las violencias basadas en género que no menciono, los efectos prácticos de las representaciones sociales de la masculinidad en Colombia tienen aún una gran carga del contenido tradicional, puesto que el prestigio viril reposa sobre bases económicas y sociales muy sólidas que no son inamovibles, pero que toma tiempo transformar. El estudio hace también una reflexión llamando a los seres humanos de todas las edades y condiciones a cuestionar los referentes socioculturales de género, para avanzar en su propio desarrollo humano más integral y en el ejercicio de los diferentes roles al interior de la familia, que no las y los encasillen en mandatos preestablecidos. Considero que esa mirada haría de las nuevas familias lugares con mayor capacidad de adaptación y respuesta a situaciones adversas, pero igualmente un espacio más feliz. En mi opinión, hoy hay en el mundo un contingente de mujeres y hombres cuestionándose los fundamentos de la masculinidad y de la feminidad. Entiendo que para cualquier ser humano es difícil despojarse de algunos privilegios, pero también siento que hay algo esperanzador en el hecho de que nos estemos preguntando por esas relaciones. Y es allí, en la intimidad, en lo cotidiano, en el ámbito familiar, en donde podemos empezar a hacer la diferencia. Y en eso somos tan responsables hombres como mujeres.

  • –¿Usted trabaja?– No, soy ama de casa

    Abrió los ojos Se echó un vestido Se fue despacio a la cocina Estaba oscuro Sin hacer ruido Prendió la estufa y a la rutina Sintió el silencio como un apuro Todo empezaba en el desayuno Dobló su espalda Gozó un suspiro Sintió ridícula la esperanza Al más pequeño le ardió la panza Rompió el silencio, soltó un llorido … Se va la vida Se va ligero Como la mugre en el lavadero De la canción Mujer interpretada por Amparo Ochoa Por: María Victoria Ramírez El fragmento de la canción con la que abro este texto ilustra la rutina diaria de una mujer pobre, con una pareja y con hijos. Me acordé de esas estrofas porque tuve una conversación que me impactó. Una mujer joven, de unos 36 años, de clase media, esposa y madre de dos hijos, al preguntarle si trabaja me responde que no, que ella es ama de casa. Cuando le pregunto por sus actividades diarias me contesta que se levanta a las cuatro de la mañana, prepara el desayuno, deja el almuerzo adelantado, despacha a los niños al colegio, se va “feíta” (según sus propias palabras, porque no tiene tiempo de maquillarse o arreglarse mucho) al negocio de su marido donde cumple todo tipo de labores: hace la limpieza, prepara tinto, reemplaza a algún trabajador, hace compras, hace pagos, reparte correspondencia. Un poco antes de las doce se va a la casa para terminar de preparar el almuerzo y servirlo. Los niños llegan del colegio, el almuerzo está caliente. Mientras va monitoreando las tareas, recoge el desorden que los niños dejan a su paso y va metiendo la ropa a la lavadora y planeando lo que será la comida. Al llegar la noche se pone a tejer; hace un esfuerzo por terminar una parte de la manualidad y en ocasiones se queda dormida en el sofá mientras teje, frente al televisor. Antes de acostarse da otra vuelta por la cocina para limpiar los residuos de pan, papitas, etc., que dejan todos al asaltar la cocina. La mugre siempre le toca a ella. Sólo en contadas ocasiones recibe alguna ayuda de sus hijos o del esposo. A lo largo de 19 años de matrimonio, dice que le han preparado algunas limonadas cuando tiene gripa, ella lo agradece inmensamente diciendo: “al menos no se enoja cuando estoy enferma, como hacía mi papá con mi mamá”. Me confiesa que su gran sueño es poder validar el bachillerato porque se casó muy joven, quedó embarazada muy pronto y no pudo graduarse. Sin embargo, su esposo no la apoya porque “descuidaría la casa, los hijos y, lo que es peor, lo descuidaría a él”. Ella tiene miedo porque si él tiene quejas de ella va a tener la excusa perfecta para buscarse otra. Pocos años después de esa conversación, su mayor miedo, el de quedarse sola, se concretó. Su marido se enamoró de una de sus empleadas. Quienes lean esta columna dirán que no hay nada nuevo en ella, que “descubrí el agua tibia”. Lo malo es eso, que es tan generalizado que nos parece normal que las mujeres vivan así, posponiendo sus sueños de educarse, de desarrollar sus potencialidades y sólo limpiando el mundo para otros, adaptándose a ese ropaje estrecho que les asignan y creyendo que viven. Esto me hace recordar el siguiente cuento, del libro de Clarissa Pinkola titulado Mujeres que corren con los lobos: “Un hombre fue a la casa del sastre Szabó y se probó un traje. Mientras permanecía de pie delante del espejo se dio cuenta de que la parte inferior del chaleco era un poco desigual. –Bueno, no se preocupe por eso –le dijo el sastre–. Sujete el extremo más corto con la mano izquierda y nadie se dará cuenta. Mientras así lo hacía, el cliente se dio cuenta de que la solapa de la chaqueta se curvaba en lugar de estar plana. –Ah, ¿eso? –dijo el sastre–. Eso no es nada. Doble un poco la cabeza y alísela con la barbilla. El cliente así lo hizo y entonces vio que la costura interior de los pantalones era un poco corta y notó que la entrepierna le apretaba demasiado. –Ah, no se preocupe por eso –dijo el sastre–. Tire la costura hacia abajo con la mano derecha y todo le quedará perfecto. El cliente accedió a hacerlo y se compró el traje. Al día siguiente se puso el nuevo traje, «modificándolo» con ayuda de la mano y la barbilla. Mientras cruzaba el parque aplanándose la solapa con la barbilla, tirando con una mano del chaleco y sujetándose la entrepierna con la otra, dos ancianos que estaban jugando a las damas interrumpieron la partida al verle pasar renqueando por delante de ellos. –¡M'Isten, Oh Dios mío¡ –exclamó el primer hombre. ¡Fíjate en este pobre tullido! El segundo hombre reflexionó un instante y después dijo en un susurro: –Igen, sí, lástima que esté tan lisiado, pero lo que yo quisiera saber… es de dónde habrá sacado un traje tan bonito”.

  • Llegó la hora del cambio

    Por: Guillermo Segovia Mora Abogado y politólogo “Nos van a robar las elecciones”, se afirma en la sesión plenaria del Senado de la República del 11 de mayo de 2022, en medio del debate por la destitución exprés del alcalde de Medellín, Daniel Quintero a manos de la Procuradora General de la Nación, en una actuación que, a pesar de los esfuerzos por revestirla de legalidad, refleja la parcialidad de una funcionaria oportunamente promovida por el gobierno en la estrategia de copamiento de los poderes y controles del Estado para impedir el triunfo electoral de la oposición. Más significativo aún, la posible victoria por primera vez en la historia de una coalición popular que asumirá el manejo del Estado, truncada en un golpe contra Melo, con los hachazos contra Uribe Uribe, con los balazos a Gaitán, con el fraude contra la Anapo, con los sicarios contra Galán, Pardo Leal, Jaramillo y Carlos Pizarro y, tal vez, a punta de compra de votos y alianzas criminales, hace cuatro años contra Gustavo Petro, para implantar el peor gobierno de la historia. Pero la queja no proviene precisamente de la fuerza en desventaja, la minoritaria en el Congreso, la que no tiene participación en el Gobierno, la inexistente, al menos a título de adscripción política —que no de coincidencias éticas e ideológicas progresistas— en las cortes, la ausente en los organismos de control regidos por amigos del gobierno gracias al mercadeo puestero, la que hace oír una voz solitaria en el Consejo Nacional Electoral controlada por la coalición que apoya a Duque. No. La queja proviene de una senadora del partido de gobierno, la inconmovible, mezquina e impúdica María Fernanda Cabal, que advierte, en medio de suspensos histriónicos, que Gustavo Petro les va a robar las elecciones en contubernio con las instituciones que ellos controlan y la empresa que también manejó los procesos electorales que llevaron dos veces al poder al hoy debilitado, imputado y repudiado Álvaro Uribe Vélez y el plebiscito que deshonró la paz. Advertido de la coartada del uribismo, evidente a leguas, de criminalizar su persona y su campaña como estrategia fascista ente la imposibilidad de detener su cada vez más inevitable triunfo, pero consecuente con su postura de siempre —implacable en la denuncia, pero generoso para extender la mano—, el hoy senador Petro, en la misma sesión, en una expresión de ética política, reverencia ante la paz y respeto por la Constitución y la democracia, le propone un pacto a la oposición uribista: “Si ganan los aplaudimos; si ganamos, respeten la democracia”. Le reclamaban, a través de sus tertulianos y columnistas, que respondiera si aceptaba una derrota. En el Capitolio Nacional, monumento de la democracia colombiana, les acaba de proponer un pacto histórico: la acepto pero a cambio respetan el triunfo popular. Desde luego, de poco servirá. O son ellos o no es nadie. A menos que otra cosa decidan los poderes reales, hastiados de los mayordomos incapaces. Contra Petro se han empleado todas las formas de lucha, para no hablar sino desde que se avino a la institucionalidad. Cuando era congresista y desnudó la corrupción en el gobierno de Pastrana con el Banco del Pacífico, intentaron sobornarlo. En el gobierno de Uribe, frente a sus demoledoras denuncias sobre narco-paramilitarismo y complicidad del gobierno, lo siguieron, amenazaron y exiliaron. En el de Santos, a pesar de que tuvo la grandeza de dejar atrás diferencias para unirse por la paz, lo traicionaron dos veces: una cuando le prometieron respaldarlo frente a la destitución arbitraria del procurador Ordóñez y le nombraron remplazo. La otra, cuando, no obstante un compromiso público, le “faltonearon” el acuerdo para realizar el metro subterráneo de Bogotá para complacer el orgullo de Peñalosa y, supuestamente, restarle alas a este “levantado”, sometiendo a la ciudad al tormento de una movilidad colonial y al hazmerreír del mundo. Ahora, previendo la catástrofe, muchos están a su lado y les da la bienvenida, hay que avanzar en un frente amplio por la paz. En la actual campaña, contra Petro se ha intentado todo. El presidente, irrespetando su investidura constitucional, se convirtió en su contradictor en apoyo de Uribe, su jefe, y de Federico Gutiérrez, el nuevo ungido por el patrón del Ubérrimo. Si Petro propone revisar el régimen pensional, Duque aplaude que las administradoras jueguen ruleta rusa a su favor con la plata de los que no tendremos pensión y aplaude que metan nuestro dinero en bonos del Estado y vías para ganar a dos carriles. Si Petro plantea suspender el fracking y revisar la política de hidrocarburos para garantizar la transición hacia energías limpias, Duque manda a su capataz a alterar la composición directiva de Ecopetrol. Si Petro propone paz para todos, Duque atiza la guerra, su ministro de defensa habla de “blancos fijos”, su comandante del ejército dice que matar embarazadas y menores es rutina y ataca al candidato favorito en elecciones —su posible comandante en jefe— con beneplácito del ocupante de la Casa de Nariño. Si Petro dice que la educación es la salida y apoya a los jóvenes en sus protestas, Duque simula apoyo y por interpuesta Fiscalía los castiga. Como tanta inmundicia no funciona, los socios oscuros del poder afilan los cuchillos y esperan el momento. No pudieron en Cúcuta hace cuatro años, fracasaron en el Chocó hace unos meses y por eso, al tiempo que aplauden, dicen que es fantasía que lo iban a volar en mil pedazos en Pereira, en acuerdo con los narcos, como hicieron el día que mataron a Galán, en los alrededores de Medellín. También desatan su podrida lengua viperina: que la heroína Francia Márquez, su fórmula a la vicepresidencia, es consueta del ELN, que se beneficia de subsidios como pobre que ha sido —no como miles de malparidos que se los roban sin necesitarlos y los gobiernos se los dan a cambio de votos—. Una cantante llena de odio por el fracaso de su amor a las charreteras no la pasa porque no le llega a los tobillos. Y no faltará otro video espurio como el de las bolsas para afectar su integridad. Pero Petro, imparable. Llevan un año anunciándole que llegó al techo estadístico, y el hombre sigue rompiendo. Entonces, los montajes. Que las labores humanitarias de su hermano son compra de votos de unos corruptos y narcos condenados echados al olvido. La credibilidad de los protagonistas mandó al diablo los infundios. Que Piedad Córdoba hizo o deshizo, allá ella, pero muchos liberados del secuestro le deben haberlos sacado de esa infamia de las FARC. Que en España hay un venezolano que lo quiere enlodar: se sabe de dónde viene y para dónde va. Que Gustavo Bolívar replicó una alegoría de entierro para significar la derrota de Gutiérrez y eso es criminal, entonces que condenen el Carnaval de Barranquilla. Que Isabel Zuleta dijo en una reunión que habían “quemado” a Fajardo, cuál es el pecado, ella como líder lleva media vida denunciando las tropelías y detrimentos de HidroItuango. ¿De dónde vendrá la bala?, me preguntaban el otro día en el Tercer Canal repitiendo la preocupación de los cercanos a Petro. Ojalá no llegue. Que esa mano negra, esa triple A, esa Tradición, Familia y Propiedad, esas Autodefensas Unidas de Colombia, esos uribeños, esas Águilas Negras, entiendan el mensaje profundo, humanista, espiritual de Gustavo Petro. Llegó la hora de un Pacto Histórico para sacar a Colombia del tremedal en el que la metieron los que se lucran de esta situación. Las épocas del privilegio a látigo y bala son vergüenza, el reto hoy es reconstruir y sacar adelante este país entre todos con justicia, equidad y dignidad. En medio de conmovedores llantos, en Ocaña y Soacha, las madres de cientos de muchachos asesinados en los “falsos positivos”, a la vez que reclamaron verdad real, abrazaron a sus verdugos en un mensaje retador y trascendental de perdón. A pesar de la cizaña y cobardía de Uribe, que lloriquea por su “buen nombre” mientras sus subalternos reconocían sus crímenes, una enseñanza de que el país puede sobreponerse a ese pasado infame. Voto por usted, Gustavo Petro. Confío que honrará el voto de su pueblo. Cambiemos esta historia. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

  • Los mensajes del Clan del Golfo

    Por: Germán Valencia Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia De nuevo, uno de los grupos armados organizados más grande del país demostró su poder. El Clan del Golfo, en esta cuarta oportunidad –si hacemos un balance del pasado reciente–, logró paralizar más de 120 municipios en seis departamentos del país. Le exigió a la ciudadanía que no abriera el comercio ni se movilizara; recordándole el lema de la pandemia en su peor momento: todos en casa y sin salir de ella. Y lo hizo en una fecha especial: justo cuando se  extraditó a Estados Unidos a alias “Otoniel” y en los días en que el país acostumbra a festejar el día de la madre. Logrando configurar un fin de semana que recordaremos como el más extenso, aburrido y tensionante del 2022 –al menos en lo que va del año–; un largo paro armado que se ejecutó entre el jueves 5 y el martes 10 de mayo. Dado que muchos no hicieron caso –ya que confiaron ingenuamente que la Fuerza Pública los protegería y que los armados respetarían sus bienes y vidas–, las consecuencias fueron nefastas. Además de incrementar de forma alarmante la sensación de miedo, de inseguridad y de falta de autoridad estatal entre la ciudadanía, se generó la destrucción de centenares de bienes civiles, el cierre de miles de establecimientos comerciales y, lo peor, varios civiles y miembros de la Policía y el Ejército fueron asesinados. El mensaje que dejó el Clan del Golfo fue claro. Le habló al menos a tres públicos: primero a la comunidad internacional –su principal cliente en los mercados ilegales de la cocaína–, a quien le dio a entender que, a pesar de la extradición de su máximo jefe, la organización criminal está intacta, que incluso sin contar con una estructura piramidal, el Clan está unificado como organización ilegal para actuar en más de 230 municipios donde tiene presencia. Que como clientes no se estresen por la producción y comercialización de cocaína en Colombia, que la cuota del mercado mundial –que está entre un 20 y un 30%– se mantendrá. Que la estabilidad de su negocio no está en riesgo y que seguirán manteniendo el poder en las diversas subregiones y mercados ilegales que administran: en el tráfico de armas, en la venta de insumos para la producción de drogas, en la minería ilegal y en la venta de servicios a las personas que quieren llegar ilegalmente a Estados Unidos. Segundo, le habló al Estado colombiano. Le dijo que su organización criminal crece y se mantiene firme en la idea de continuar lucrándose de las rentas ilícitas. Que es una gran organización que tiene más de 3.804 hombres y mujeres –según datos de inteligencia–, entre estos una gran red de apoyo. Que son un grupo armado organizado criminal que tienen el poder para golpear y hacer temblar a la ciudadanía y también a las autoridades. Que un enfrentamiento directo con ellos le traería al país, necesariamente, una afectación del orden público. Que al igual que ocurrió este fin de semana, su poder criminal podría activarse con paros armados sistemáticos y golpear territorios desde la Guajira hasta Nariño y afectar seriamente la economía de departamentos como Antioquia, Atlántico, Bolívar, Córdoba, Chocó Santander, Magdalena, Sucre… incidiendo en la labor constitucional del Estado de mantener la seguridad interna del país. Y tercero, le dijo a la sociedad civil que, como organización armada, tienen el poder de causar mucho daño, tanto físico como económico. El físico, por supuesto, es evidente con el asesinato de civiles y miembros de la Fuerza Pública. Y el económico, con los centenares de vuelos regionales cancelados, los establecimientos comerciales cerrados, las rutas terrestres suspendidas y los eventos cancelados. El Clan del Golfo quiso enviar la señal a la economía de lo importante que es su organización ilegal. Les dijo a empresarios y comerciantes que una eventual guerra contra ellos traería como consecuencia calles vacías, comercio y empresas de transporte cerradas y actividades escolares paralizadas, entre otras. En pocas palabras, como lo hicieron saber en los mensajes por redes, el Clan no quiere ver a “nadie moviéndose ni trabajando” cuando ellos lo indiquen. En síntesis, el Clan del Golfo le informó a la comunidad internacional –justo el día en que extraditaron a su exjefe a Estados Unidos– que su organización es sólida y que confíen en su capacidad para seguir operando sus negocios ilegales. Al Estado colombiano –en el contexto de unas elecciones para el cambio de poder– que su política de seguridad no funciona y tiene pocos efectos negativos sobre ellos; y que su poder armado en los territorios sigue intacto y creciendo. Finalmente, a la sociedad civil y a los empresarios –justo el fin de semana donde se festeja el día de las madres– que como empresa armada tienen el poder para afectar sus celebraciones y negocios. Que el largo fin de semana evidenció el alto costo que puede tener para empresarios y comerciantes sus actuaciones. Efectos negativos que se dan en un momento como este, en el que se tiene una presión inflacionaria y una decidida política de enfriamiento de la economía. Lo único bueno de lo ocurrido este fin de semana es que estos tres mensajes permiten leer también los puntos críticos de la organización armada ilegal. Al menos le dijeron al mundo y a las autoridades lo estratégico que es para ellos el relacionamiento con el mercado mundial y la importancia de mantener sus negocios ilícitos activos y ganancias a salvo, en territorios donde el Estado y la ciudadanía no los moleste. Mensajes o señales relacionadas esencialmente con lo económico y financiero, que bien leídas pueden servir para diseñar políticas efectivas para la lucha contra estas organizaciones armadas criminales. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

  • El círculo de los afectos

    Nada comparable a tus manos, ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días. Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio. Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos, tus ojos, espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos. Solo tú en el espacio lleno de sonidos. En la sombra y en la luz; tú te llamarás auxocromo, el que capta el color. Yo cromóforo, la que da el color. Tú eres todas las combinaciones de números. La vida. Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz. Carta de Frida Kahlo a Diego Rivera Por: María Victoria Ramírez Tomé el título de esta columna del subtítulo de un libro de fotos y documentos inéditos de Luis-Martín Lozano sobre Frida Kahlo. Es un regalo que llegó a mis manos, por casualidad, por los días en que el Museo Nacional de Colombia presentaba la exposición “Diego, Frida y otros revolucionarios”. En la portada del libro, de fondo amarillo, aparece una fotografía de Frida en blanco y negro, tomada en 1937, de autor desconocido. En ella, Frida está sentada en una especie de cama sol rayado, bajo un árbol; viste una falda larga de calado laborioso, un huipil mejicano, lleva el cabello recogido en una trenza que se enreda alrededor de la cabeza como en una corona. El libro abre con la siguiente frase de Frida: “Lo único que quiero en la vida son tres cosas: vivir con Diego, seguir pintando y pertenecer al Partido Comunista”, pronunciada pocos días antes de su muerte, expresaba sus tremendas ganas de vivir. Una vida por demás difícil debido a grandes limitaciones de salud, pero cargada de proyectos artísticos, políticos y personales. Me resulta un poco extraño adentrarme en la intimidad de alguien a quien siempre he admirado por haber inspirado a muchas feministas. Los retratos, 133 en total, de Frida desde su infancia, su familia, sus amigos, y por supuesto Diego Rivera, su esposo, me revelaron unas profundas relaciones entre ella y su familia, especialmente con sus hermanas. La imagen que tenía hasta el momento, era la de una mujer cuya obra pictórica estuvo aguzada por el dolor físico permanente que le dejó un accidente a los 14 años y por un amor indestructible a Diego Rivera; nunca la había percibido en su papel de tía preocupada y amorosa. Muchas de las fotografías de este libro son de autor desconocido y expresan melancolía, a pesar del aspecto festivo de los trajes mejicanos y los accesorios llamativos con que se vestía, que le dieron un sello único a Frida. Frida haciendo la primera comunión, Frida en Nueva York, Frida recostada en un sillón, Frida con una muñeca en la Casa Azul de Coyoacán, Frida con su sobrina Isolda, Frida recostada en el pecho de su hermana Cristina, Frida fumando, Frida con la mirada perdida en el claustro del Instituto de Artes de Detroit, Frida junto a sus obras, Frida en silla de ruedas, Frida acostada pintando en su icónica cama. Nada podría llamarse tan humano y más ‘femenino’ que la obra de una mujer que fue parida y hecha en el dolor y, sin embargo, Frida fue también testimonio de rebeldía contra el eterno femenino. Yo me regodeo hojeando el libro e imaginando los últimos minutos de la vida de Frida, pues se especula sobre las verdaderas causas de su muerte, ya que nunca se realizó una autopsia. Sin embargo, se adivina en las últimas palabras que consignó en su diario: "Espero alegre la salida y espero no volver jamás", que el dolor que padeció toda su vida pudo haberle hecho percibir la muerte como su único rescate y haber encontrado ayuda para cruzar ese umbral en el círculo de sus afectos.

  • Plan de transformación para la Cámara de Representantes

    Por: Katerin Erazo, Periodista El pasado 12 de septiembre el presidente de la Cámara de Representantes, David Racero, anunció que dicha corporación va a tener una transformación que busca que se haga más transparente la gestión en el legislativo. Según Racero, este plan de transformación cuenta con cuatro ejes fundamentales: comunicación, formación, participación ciudadana y transparencia. Dentro de estas iniciativas se espera que haya innovación legislativa, que se cuente con nuevos contenidos digitales por parte de la Cámara de Representantes y asimismo que los ciudadanos participen de las dinámicas de la coporación en espacios digitales por medio de las redes sociales. Una de las propuestas más llamaticas es que los resultados de las votaciones de los proyectos que se discutan en la Cámara de Representantes serán abiertos, en tiempo real, al público, por medio de la siguiente página web . Cabe añadir, que el presidente de la Cámara aclaró que hay cierto tipo de decisiones y cambios que no dependen de la Cámara, haciendo referencia a la reducción de los salarios de los parlamentarios o la ampliación en la agenda legislativa. “Es un cambio que se hace por medio de modificación legal, no se puede hacer por medio, en este caso, de una mesa técnica, por muy buena intención que tengamos”, explicó Racero. Este proyecto de transformación fue construido de la mano de cuatro organizaciones de la sociedad civil: el Instituto Nacional Demócrata, el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria de Colombia, Congreso Visible y el Extituto de Política Abierta. Según Esteban Salazar, coordinador de la Línea Democracia y Gobernabilidad de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), todas estas reformas son necesarias según la opinión pública y la ciudadanía. Sin embargo, destaca que son insuficientes y además no resuelven los problemas de corrupción. Frente a estas iniciativas, Racero mencionó que cinco proyectos de ley de diferentes partidos políticos y bancadas se están tramitando. Para Racero, este plan es un paso importante para cumplir lo prometido desde las campañas por varios miembros del nuevo Congreso, “la ciudadanía demanda cambios y ellos como personas electas popularmente deben empezar a dar ejemplo”, dijo el congresista. Reviva aquí la rueda de prensa con todos los detalles que mencionó el presidente de la Cámara de Representantes:

  • Venezuela será país garante del proceso de paz con ELN

    Por: Katerin Erazo, periodista Gustavo Petro pidió a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, ser garante de las negociaciones de paz que su gobierno prevé reiniciar en las próximas semanas con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). El presidente Nicolás Maduro, por su parte, respondió a la solicitud, aceptando la petición, además aseguró que el 12 de septiembre recibió la formalización por medio de una carta que su homólogo colombiano le habría enviado. Esta confirmación se da pocos días después de que ambos países anunciaran el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas. Se espera que los delegados de la guerrilla lleguen a Caracas en las próximas horas, con el fin de evaluar las condiciones en que se retomarían los diálogos y entablar reunión con los cabecillas alias “Antonio García” y “Pablito”, líderes del Comando Central (Coce) de esta estructura armada. Según Luis Eduardo Celis, coordinador de la Línea Migración, Región y Frontera de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), Venezuela durante mucho tiempo ha ayudado a este esfuerzo de paz, recordando que las primeras conversaciones en las que participó el ELN fueron en Caracas. Celis mencionó que lo que se está observando actualmente es una continuidad de un esfuerzo de décadas de Venezuela y sus gobiernos por una Colombia en paz. Sin embargo, esta petición por parte del gobierno colombiano generó algunos desacuerdos. Uno de ellos fue el de Hernán Darío Cadavid Márquez, miembro de la Cámara de Representantes de Colombia por el Centro Democrático, quien expresó por medio de su cuenta de Twitter su inconformidad con que Venezuela sea país garante de las negociaciones. Sin embargo, se han visto más lo comentarios positivos que negativos con esta decisión. El senador Humberto de la Calle, exnegociador del acuerdo con las extintas FARC, calificó como positiva la petición del jefe de Estado colombiano al vecino país: “Venezuela en nuestro caso fue país acompañante, no garante, pero su papel fue definitivo y tuvo incidencia en el logro y el éxito de las conversaciones”. El exsenador cucuteño y víctima de conflicto, Andrés Cristo, le dijo a Pares que una petición que le hace al presidente Gustavo Petro es que el tema de las conversaciones sea complemento de una consolidación de relaciones con el país vecino. Es decir, en el tema comercial, seguridad, infraestructura y en el proceso de paz, expresando también su apoyo por la decisión tomada por Petro, teniendo en cuenta la influencia que tiene Nicolás Maduro en algunos sectores políticos. Por su parte, Ligia Bolívar, coordinadora general de Alerta Venezuela, equipo de análisis e incidencia internacional en derechos humanos, destacó varios puntos al respecto: primero, que esto abre una oportunidad importante desde una perspectiva venezolana, en el sentido de que el presidente Nicolás Maduro podría retomar a través de sus representantes las negociaciones con la oposición venezolana en México; segundo, que la negociación con el ELN debe pasar por la determinación de su presencia en Venezuela , debido a que es un factor que afecta a la población venezolana en diferentes ámbitos; y tercero, que estas negociaciones no solo deben ser en función de un cese del conflicto en la relación con el Estado colombiano, sino también de las consecuencias que ha tenido la presencia del ELN en Venezuela. Dentro de los apoyos internacionales, países como Chile, España, Cuba y Noruega, se han ofrecido para apoyar este proceso de paz que ha venido trabajando el nuevo mandatario colombiano, Gustavo Petro. El exsenador Andrés Cristo también mencionó que el apoyo por parte de estos países no significa un inicio, sino una segunda etapa de unas conversaciones que fueron frustradas por anteriores gobiernos. Cristo añadió que, como víctima del conflicto con el ELN, espera que se lleven con tranquilidad estas negociaciones y se corrijan los errores que se cometieron en el pasado. El que Venezuela sea garante de negociaciones abre algunas incógnitas debido a la situación de conflicto armado que se sigue presentando en la frontera colombo-venezolana, la cual se encuentra aún bajo el control del ELN y otras estructuras armadas ilegales. Según el último informe de la Línea Paz, Posconflicto y Derechos Humanos sobre la situación que se vive en la frontera colombo-venezolana, las comunidades que la habitan y la transitan viven un peligro latente por cuenta de los enfrentamientos entre distintas estructuras armadas ilegales. Por esta razón, se cuestiona si la decisión de Maduro de ser garante de negociaciones puede ayudar a una disminución del conflicto en esta zona. Según Alejandro Restrepo, coordinador de la Línea Paz, Posconflicto y Derechos Humanos de Pares, el ELN no es el único grupo armado organizado que tiene presencia en la frontera. Hay por lo menos 17 grupos armados a lo largo de toda la frontera, con alta capacidad de violencia transfronteriza. Es por esto que Restrepo mencionó que la disminución de la violencia organizada en esta zona tiene muchos otros factores que inciden, se puede decir que difícilmente exista una relación entre la participación como garante del presidente Nicolas Maduro y la disminución de la violencia. Finalmente, la declaración oficial de Venezuela como país garante, es la afirmación formal del compromiso del vecino país con la Paz Completa en Colombia. Se espera que la reactivación de relaciones diplomáticas entre ambos países, más allá de los elementos comerciales, los cuales son importantes, traigan consigo también una articulación de acciones humanitarias que estén dirigidas a las garantías de derechos de las poblaciones que habitan y transitan la frontera.

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