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  • Radiografía de la crisis institucional

    Por: Guillermo Segovia Mora Las instituciones colombianas afrontan una grave crisis de legitimidad y credibilidad ahondada por la falta de liderazgo y gobernabilidad del presidente de la República que no logró demostrar capacidad de gestión, fijar un rumbo cierto, manejar satisfactoriamente la crisis social ahondada por la pandemia, denota subordinación a su mentor, persiste en políticas impopulares (la reforma tributaria era la mecha que le faltaba a la bomba), concentra poderes en una muestra de autoritarismo, exhibe sin rubor su inclinación hacia el gran capital y medidas regresivas, encubre realidades, intenta engañar a la opinión nacional e internacional y abusa de la demagogia promesera como paliativo a los sectores empobrecidos. Tres encuestas recientes, partiendo de metodologías y universos diferentes, coinciden en algunos de los aspectos que los colombianos consideran más críticos de la realidad nacional respecto de las instituciones y el ejercicio del poder. De una parte, el Edelman Trust Barometer, un estudio mundial, en su edición 2021, consultó a 1.350 personas sobre los niveles de confianza hacia el Gobierno, las empresas, las ONG’s y los medios de comunicación. El índice de confianza general disminuyó en 5 puntos respecto del año anterior y ninguna de estas organizaciones es considerada competente y ética, siendo las empresas las más próximas a lograrlo, desde la perspectiva empresarial de la firma encuestadora. Colombia ocupa el cuarto lugar como una de las naciones con mayor desconfianza en el gobierno, 20 puntos por debajo del promedio global que se encuentra en 53%. La prevención hacia los medios de comunicación coloca al país en el quinto lugar, con 12 puntos por debajo de la media mundial que es de 51%. La mayor alerta de los consultados es con los funcionarios públicos (24%), los periodistas y líderes religiosos (35%) y los CEO de compañías diferentes a la propia (41%). Sostienen que los líderes son sospechosos de mentir y desinformar “El 72% de los colombianos cree que los líderes gubernamentales y el 66% que los líderes empresariales están tratando de engañar a la gente a propósito, diciendo cosas que saben que son falsas o grandes exageraciones.” Más de la mitad de los encuestados considera que los noticieros están sesgados. El 73% coincide en que los periodistas y reporteros intentan engañar a la gente a propósito diciendo cosas que saben son falsas o grandes exageraciones. El 72% afirma que la mayoría de los espacios de información se preocupan más por apoyar una ideología o posición política que por informar a su público. Por último, un 76% asegura que los medios de comunicación son parcializados y están al servicio del poder. Aparte del plato favorito de medios, audiencias y analistas que constituyen las encuestas sobre favoritismo electoral y evaluación de gobernantes, la más reciente, realizada por Invamer (1.008 encuestados) para los medios del Grupo Santodomingo, muestra importantes cifras sobre realidades nacionales. A ella se suma el estudio Polimétrica, con un módulo aplicado a cultura política (4.867 encuestados), que periódicamente realiza la firma Cifras y Conceptos, la que citaremos en aspectos puntuales por bastante difundida. De acuerdo con la encuesta de Invamer a 1.008 personas en todo el país, la desaprobación del presidente Iván Duque, en ascenso, es del 63.2%, siendo crítico que el 50.3 % de quienes se identifican de derecha, su mayor elector, lo descalifican siendo más notorio en estratos altos (68.1%), parte de su base electoral. El descontento es rotundo en todos los aspectos de la actuación gubernamental y de sus funcionarios. El polémico y cuestionado Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, apenas es reconocido por el 37.5% de los encuestados pero tiene una desaprobación del 26%, el Ministro de Salud, Fernando Ruíz, catapultado al escenario por la pandemia y ahora en la picota por su manejo, apenas es identificado por el 11%, de los cuales el 3.6% lo descalifica. El negativo de la policía es del 41%, a cuyo director identifica el 17% con un desfavorable de 6%, mientras que al comandante del ejército dice conocerlo el 30% pero lo desaprueba uno de cada tres. Entre las instituciones, la opinión desfavorable de la ciudadanía es sintomática: 70.5% para el sistema judicial (60% cortes constitucional y suprema) con un preocupante 58% de la Justicia Especial de Paz, muy bien valorada en instancias internacionales pero, junto con las cortes, objeto de una campaña obsesiva en contra por parte del expresidente Álvaro Uribe y el Centro Democrático, incómodos con el encausamiento de militares y civiles por actuaciones ilegales en el conflicto. El Congreso tiene una imagen negativa del 73% y los partidos políticos que lo alimentan del 78.1%, desprestigio ganado, con excepciones contadas, por clientelismo, inasistencia, salarios exorbitantes, mediocridad, virtualidad amañada y sumisión al ejecutivo. Al Fiscal Francisco Barbosa apenas lo conoce el 14% pero el 8% lo cuestiona y la entidad es rechazada por el 61%, al contralor Felipe Córdoba lo identifica el 8% pero con 4.5 % en contra y la entidad tiene una opinión adversa del 49% y la Procuraduría Margarita Cabello es increpada por el 50%. Junto con la Defensoría del Pueblo, ignorada en la muestra, son cuatro entidades que, a través de hábiles manejos de “mermelada” por el gobierno han sido puestas en manos de alfiles, seguidores de Uribe y que con sus actuaciones están corroborando la sospecha de que actuarían con parcialidad, además de que en la crisis actual no disimulan apetitos burocráticos y ansiedad de poder. El incuestionable liderazgo de Álvaro Uribe en lo corrido del siglo XXI se vino a pique, ahora el 55.7% duda de sus atributos en medio de procesos judiciales en los que su actuación es dudosa, el respaldo a Duque conlleva sanción política, la opinión está agotada de su discurso sectario y afán de subordinar un nuevo gobierno así sea imponiendo a su hijo. El expresidente Santos, con un 56.7% en contra, tampoco recibe los favores de los encuestados, uribistas que persisten en cobrar su deslindamiento en favor de la paz y ciudadanía insatisfecha con la generalidad de su mandato. Consultados por temas nacionales álgidos del momento, con marcado pesimismo, el 87% de los ciudadanos considera que el país va por mal camino, el 52.5% se declara insatisfecho con nivel de vida, para el 63% no existen garantías para ejercer la oposición y el 77% considera que ha empeorado la lucha contra la pobreza. Destacan como los mayores problemas del país la Corrupción, (27.4%) el desempleo (13.8%), la inseguridad (9.4) y la economía (9.0%). En cuanto a percepción de inseguridad el 56% se considera inseguro, 34% víctima de algún delito y el 63% de éstos reconoce no denunciar. El 80% rechaza impuestos para apoyar programas sociales (así fueron consultados). En contradicción con el acento hacia la centroizquierda en intenciones electorales y paz, la posición frente a algunos temas sigue siendo muy conservadora, no obstante la agenda legislativa, la promoción y el debate de aspectos de la modernidad y los derechos por las fuerzas progresistas. Es así como, el 75% desaprueba la legalización de venta y consumo de drogas, el 66% están en contra de la adopción de menores por parejas del mismo sexo y el 56% del matrimonio homosexual. En el caso de Polimétrica, el 72% apoyaría candidatos que voten cadena perpetua, el 52 % a candidatos que penalicen consumo de psicoactivos, el 68% rechaza regularización del uso de marihuana, el 30% respalda acabar con la JEP y 25% con el acuerdo de paz con las Farc. Si bien, el 74% cree que implementación del acuerdo va por mal camino, el 62.3% apoya una salida dialogada aunque el 55.7% considera que las FF.AA están en capacidad de derrotar a la guerrilla  (Polimétrica señala que 55% apoya acuerdos con las Farc y diálogo con ELN y que 58% considera que gobierno ha incumplido, mientras que el 65% señala a las Farc).  El 54% apoya la aspersión aérea de cultivos ilegales -se supone que con glifosato porque la pregunta no es explícita. No obstante, que en un gesto reconocido por organismos internacionales y gobiernos del mundo, Duque estableció el Estatuto de Protección Temporal al Migrante y Colombia acoge una cifra que se estima entre dos y tres millones de venezolanos, el 44% de los encuestados cree, haciendo eco a una insidiosa campaña uribista y equívocas intervenciones de otros gobernantes, que Colombia puede llegar a la situación de Venezuela, el 63% se opone a dar acogida a venezolanos, el 64% tiene una  imagen desfavorable de los  migrantes y el 70% respalda el cierre de fronteras para evitarlos. Frente a la pandemia generada por el Covid19 (con un 57% de trabajadores y 13.8% de desempleados, entre otros, en el total de la encuesta) el 59% considera que los peor está por venir. El 65% a nivel nacional y el 72% en Bogotá no se consideran afectado. El 81% cree que el mayor impacto es económico. Las mayores afectaciones por quienes las reconocen: 60% empleo, 42% salud, 38% educación. Apenas el 1% se considera perjudicado en su libertad por el aislamiento. El 21% ha recibido ayuda (más alta en la Costa Caribe, 30%).  El 69% indican que la causa del contagio es la indisciplina, casi el  60 % cree probable contagiarse, el 28% rechaza la vacuna, 47% de ellos por desconfianza en efectividad y posibles efectos. Si bien el propósito de esta columna no es analizar las proyecciones electorales para presidencia, gobernaciones, alcaldías y Congreso de las encuestas citadas, abordadas por Pares y en medios de comunicación, es relevante mencionar cómo se identifican política e ideológicamente los consultados y son clasificados por las encuestadoras -que divergen de manera notoria en la cuantificación, asunto del que deben dar cuenta sus metodologías-, ya que, en parte, a ese encuadramiento obedecen sus respuestas. Según Invamer el espectro político actual está conformado por: Izquierda 19%, centro 25%, derecha 33% (Polimétrica: registra 21, 64, 15% respectivamente, agregando la centro derecha al centro). Por organización política (entre paréntesis Polimétrica): Liberal 13% (10%), Centro Democrático 12% (5%), Verde 7.8% (5%) Conservador 5.4% (2%), la U 5.8% (2%), Cambio Radical 12,1% (1%), Decentes 2.7% (Colombia Humana 7%). En preferencias presidenciales, la novedad de Invamer es la amplia delantera de Gustavo Petro en todos los escenarios algo más de un año de la primera vuelta.

  • Mario y Keiko

    Por: Guillermo Linero “Los electores peruanos se encuentran ante una difícil decisión en la segunda vuelta  presidencial, pero, a pesar de presidencial, pero, a pesar de todo, Keiko Fujimori representa el mal menor”. Mario Vargas Llosa Luego de leer en el diario El País de España la columna Piedra de Toque del escritor Mario Vargas Llosa, publicada el pasado 17 de abril bajo el título de “Asomándose al abismo”, en la que el escritor invita a votar por Keiko Fujimori, y en congruencia con lo expuesto en mi nota anterior acerca de la “función social del arte” y del compromiso de los creadores con dicha función, tuve la necesidad de releerla –la columna de Vargas Llosa- con sentido crítico y compartir mis apreciaciones con los lectores, pues Vargas Llosa –a quien leo y admiro como escritor- constituye una excepción a la generalidad que yo describí en “La Función Social del Arte” como si fuera una conducta natural en cualquier escritor; es decir, actuar y ponerse del lado de las sensateces. Sin la menor de las dudas, el peruano Mario Vargas Llosa, nacido en Arequipa en el año de 1936, es uno de los más importantes escritores de la segunda mitad del siglo XX, y es muy bien conocido por su protagonismo dentro del prestigioso boom latinoamericano, del cual hicieron parte, entre otros escritores, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y José Donoso. Sin embargo, es indudable que a Vargas Llosa se le conoce mejor por el éxito de sus obras literarias como: “La Ciudad y los Perros” (1962), que rompe por fin con el barroco latinoamericano y da paso en nuestro continente a las ocurrencias y maneras de la narrativa moderna; “La Señorita de Tacna” (1981), una pieza teatral donde se advierte que el mundo del narrador, por imaginado o ficticio que sea, siempre es el de su entorno y proximidades; “La Guerra Del Fin del Mundo” (1981) que describe el fracaso de una empresa revolucionaria tan auténtica en sus reclamaciones como posesa en sus tácticas y estrategias; “Pantaléon y las Visitadoras” (1973), una divertida pieza que devela con humor los humanísimos programas secretos de un asentamiento militar en la Amazonía peruana o; “La Fiesta del Chivo” (2000) que es una crítica a los dictadores y a su estirpe malsana en Latinoamérica. En fin, piezas magistrales, entre otras varias suyas, que lo hacen digno merecedor del premio nobel que le fuera otorgado once años atrás. Con todo, Mario Vargas Llosa es también bastante conocido por sus posturas en oposición al comunismo y a los movimientos de izquierda, especialmente por su dura crítica al gobierno de Fidel Castro, durante los sucesos en torno al llamado caso Padilla, que develó las persecuciones y violaciones a los derechos de quienes, aun siendo amigos de la revolución, no aceptaban para su país un modelo político y económico de perfil comunista, basado en el acortamiento de libertades. No en vano las obras de Vargas Llosa fueron vedadas durante la dictadura de Fidel castro en Cuba, y en Latinoamérica desde entonces se le ha tildado de inconsecuente con las causas revolucionarias. En coherencia con ese talante político, no resulta atrevido decir, por ejemplo, que la famosa trompada que le diera a su entrañable amigo Gabriel García Márquez, en 1975, en el aeropuerto de México, no fue ocasionada por líos de faldas ni por reclamos de lealtad afectiva, sino por sus ganas de golpear a un comunista, como suele provocarle a la gente de extrema derecha. Por tales razones, no sorprende a nadie que ahora defienda y promueva en su país la opción política de Keiko Fujimori para que ocupe el cargo de presidente del Perú en el 2021, si consideramos que quien le rivaliza y aventaja es, precisamente, un izquierdista de línea férrea. Es decir, Vargas Llosa, igual que los colombianos que le huyen con espanto a Gustavo Petro, prefiere de presidenta de su país a quien está señalada de corrupta, única y ciegamente por ser de derecha, y sin importarle dejar el país en manos de gente de oscura traza. Aunque el nobel explica que prefiere a Keiko Fujimori porque “representa el mal menor y hay, con ella en el poder, más posibilidades de salvar nuestra democracia”, es más fácil interpretar que la prefiere, sencilla y llanamente, porque su oponente es Pedro Castillo, alguien que a su juicio, por el sólo hecho de ser de izquierda, instauraría una “sociedad comunista” en el Perú. Y lo asevera así, sin contrastar que el izquierdista es un humilde profesor de escuela y un sindicalista entregado a la defensa de los derechos de los trabajadores; mientras que su candidata está señalada como partícipe en el caso de corrupción más grande de la historia de América latina, según lo dicen los mismos peruanos y según lo informa el mismo Vargas Llosa, al contar que Keiko “está acusada por el poder judicial de haberse lucrado con la operación Lava Jato, de la que habría recibido dinero, por lo cual el poder judicial ha pedido para ella treinta años de cárcel”. Y la prefiere también, sin importarle que haya crecido en un ambiente delincuencial -el de su padre Alberto Fujimori- del cual todavía no ha salido; pues, electoralmente nunca ha dejado de encarnar a su padre, como lo demuestra de corriente en sus manifestaciones públicas. En efecto, una de sus promesas gancho o atrapa votos en esta contienda, es otorgarle el indulto a su padre en cuanto se posesione, si llegara a ganar en las elecciones del 6 de junio. Critica ingenuamente, el nobel peruano, que el candidato de la izquierda, Pedro Castillo, prometa en el campo económico cambios propios de la izquierda como la puesta en marcha de una “Economía popular con mercados”. Y le resulta incoherente que en asuntos de moral y religión, se muestre de extrema derecha, porque Castillo reconoce que su pueblo todavía lleva el peso de una tradición tan arraigada en la mente que desmontarla de tajo es improcedente y peligroso. Una decisión política como las obviadas por Vargas Llosa cuando perdió –a mi juicio injustamente- las elecciones presidenciales del año 2000. Con expresa alarma observa el nobel peruano en el programa de gobierno de Pedro Castillo, la firme decisión de acabar con las prácticas tradicionales de explotación minera en las montañas peruanas: “Querer acabar con la minería, que es la riqueza de los Andes peruanos, es una temeridad sin precedentes, hija de la pura ignorancia, que sofocaría una de las fuentes básicas del desarrollo nacional”.  Líneas, de Vargas llosa, que al repasarlas es difícil comprender, si no imposible, si el nobel conoce o no las noticias sobre los impactos que puede originar la minería en la naturaleza y en la vida humana. Lo cierto es que demuestra en sus aseveraciones desconocer cuánto daño le causa la minería a la corteza terrestre, o que no ha escuchado de la contaminación de las aguas, ni de la afectación a la flora y fauna, ni le han dicho tampoco de los efectos negativos en la salud de quienes habitan en las proximidades de las minas, y ni qué decir del paupérrimo trato que le dan los dueños  de las minas a sus mineros. Por otra parte, subraya Vargas Llosa, que tiene “el convencimiento absoluto de que si Castillo, con semejantes ideas, llega a tomar el poder en la segunda vuelta electoral, dentro de un par de meses, no volverá a haber elecciones limpias en el Perú, donde, en el futuro, aquellas serán una parodia, como las que organiza de tanto en tanto Nicolás Maduro en Venezuela para justificar su régimen impopular”. Arguye eso el nobel peruano, olvidando que Alberto Fujimori, con quien perdió sus aspiraciones a la presidencia en el año 2000, fue acusado de fraude electoral en el año 2001, cuando ni Chaves ni Maduro imaginaban que un día llegarían al poder: “El jefe de la misión de observadores en Perú de la Organización de Estados Americanos (OEA), Eduardo Stein, afirmó, casi un año después de la reelección del ex presidente Alberto Fujimori, que en las elecciones del 2000 hubo «fraude». De modo que es más cuerdo pronosticar que Keiko Fujimori (una corrupta de trascendencia latinoamericana) se pliegue a las prácticas sucias de su padre Fujimori (que es un dictador tras las rejas), y no que Pedro Castillo, un humilde profesor de escuela, se adhiera a las de Maduro (que es otro dictador tras las rejas, si consideramos los efectos del bloqueo económico). Finalmente, lo que resulta bastante asombroso y vergonzante, es que de ganar Pedro Castillo, como sin duda ocurrirá, el sensible Mario Vargas Llosa, visualiza “un golpe de Estado militar a corto plazo”. Un peligroso vaticinio en una región cuya población está siempre al borde de explotar, y más que un acto de videncia es un claro acto de violencia; es decir, una expedita manera de aupar actos de facto, que él ha criticado fuertemente a los movimientos comunistas.

  • Tejiendo y destejiendo la reconciliación

    Por: Germán Valencia Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia La reconciliación se construye con hilos y agujas. Se teje a través de sonrisas y saludos; compartiendo, en distintos escenarios, el regalo de la palabra. Este es el mensaje que nos deja el libro (Des) tejiendo miradas. Hilar, bordar y remendar la reconciliación en Colombia de las profesoras Beatriz Arias, Berit Bliesemann y Laura Coral. Un libro fruto del trabajo investigativo y colaborativo entre la Facultad de Enfermería de la Universidad de Antioquia, del Departamento de Política Internacional de la Universidad de Aberystwyth (Reino Unido) y de la Asociación de Víctimas y Sobrevivientes del Nordeste Antioqueño (ASOVISNA). En él se recogen y ordenan una serie de fotografías sublimadas en tela, que presentan la experiencia del proceso de reconciliación de dos comunidades de Antioquia: la de San José de León, en Mutatá, y la de Llano Grande, en Dabeiba. Imágenes que, a pesar de esta particularidad, bien pueden representar las experiencias vividas en todos aquellos lugares donde hoy se lucha, día a día, para enfrentar los retos de la reconciliación. Lo que hace (Des) tejiendo miradas es presentar la imagen que los excombatientes, sus familias y las comunidades tienen sobre la tarea de la construcción de paz. Son historias tejidas por los protagonistas de la reconciliación; un libro textiles, hecho a manos, por los niños y niñas, jóvenes y adultos, hombre y mujeres, excombatientes y comunidades. Las imágenes muestran los detalles de la vida en torno a la guerra y la forma como transitaron, paso a paso, a la vida civil. Son obras de arte que muestran el compromiso y grado de intensidad con que se ha asumido el proceso de reincorporación. Imágenes en las que se relatan historias salidas del sentimiento, que buscan compartir una experiencia, un momento de alegría, una etapa significativa. Allí se usan las palabras como añoranza, recorridos, reencuentro, arraigos, confianzas, transformaciones, compromisos, esperanzas e incertidumbres para unir imágenes y recrear vivencias. Con pequeñas puntadas bordadas por niños y niñas se reconstruye los entramados de la guerra y se teje el cuadro de la reconciliación. Añoranzas de una vida fariana que se dejó atrás, donde, desde muy jóvenes, se les educó para el trabajo cooperativo y el apoyo mutuo. Y que en un entorno económico como el nuestro, donde prima la competencia y el egoísmo, hace recordar lo dejado. Recorridos de los que dejaron las armas para tener hijos, construir familias y trabajar por un mejor país. Esperanza puestas en proyectos productivos como los estanques llenos de peces o los galpones con sus gallinas, con la que se muestra que la reincorporación está hecha de esfuerzos. También simboliza la confianza, cuando se observa el deseo de los excombatientes de no querer volver a la guerra; y que la firma de la paz trajo consecuencias positivas para las comunidades, como la construcción de una vía o el uso de la misma sin el miedo al disparo. Y finalmente, de incertidumbre, sobre todo en un momento donde 264 de sus compañeros han sido asesinados. Donde varios de los espacios que ocupaban y servían para construir su futuro, han tenido que ser abandonados. Un mundo donde hoy muchos de ellos se observan y catalogan de desplazados. En síntesis, cada imagen, cada trozo de tela, tejida con sentimiento, relata una historia de un momento: aquella que se vivió en Colombia desde antes de pensar en la paz negociada hasta la actualidad. Los bordados nos muestran las imágenes cotidianas, que ilustran una vivencia y nos narran un contexto. Nos encontramos frente a un libro que nos entrega imágenes, cargadas de simbolismo, que se pueden leer de múltiples maneras. Un libro que puede ser observado como una obra de cine, a la que puede vérsele en su totalidad. O si se quiere, mirarlo por tramos, por imágenes, cada fotografía cuenta una historia posible, narra un mundo particular. La metáfora de tejer nos invita a unir, atar, poner en diálogo, construir alianzas, a tejer los hilos de la reconciliación y la construcción de una paz. Una manta que esperamos sea duradera y se pueda exponer como obra de arte en los anales de la historia. El libro nos propone tejer la reconciliación con los hilos de la confianza, la solidaridad, el apoyo mutuo y la gratitud por haber dejado las armas atrás. Nos invita a coser las heridas, a reconstruir los hilos rotos, a remendar los vacíos que tenemos como comunidad fruto de la intensa guerra vivida. También nos invitan a destejer. A deshacer los odios acumulados y el estigma que sufren los exguerrilleros; a deconstruir los estereotipos que se fabricaron por décadas en Colombia debido a las malas y tristes noticias de la guerra. Tejer y destejer es un proceso que nos permite olvidar. Como bien lo dijo uno de los artistas “hay quienes se han sentado a bordar sus historias por días enteros”, como queriendo olvidar los incumplimientos del Gobierno o la violencia contra ellos y los líderes sociales. Es una tarea que nos permite construir una idea de futuro y avanzar. Bordar es un proceso creativo, una invitación a pensar el futuro y que, como ocurre con la tela, darle otras formas, llena de dibujos y coloreada de esperanzas. Finalmente es un proceso que nos permite constatar cómo las manos que antes sujetaban con fuerza las armas para la guerra, ahora toman los hilos y agujas, a través del arte del bordado convierten estos artefactos en pinceles con los que expresan sentimientos llenos de colorido y delicadeza. En conclusión, tejer y destejer es un trabajo que debe ser permanente, dando a cada momento puntadas con las que se explora la construcción de la paz. Un camino que no es claro, donde a veces es necesario echar para atrás lo realizado durante el día. En definitiva, la reconciliación en Colombia es un proceso constante, donde todos debemos aportar, así como lo hacen estas dos experiencias compartidas. Nota: el libro puede consultarse en línea, en el repositorio institucional de la Universidad de Antioquia. https://bibliotecadigital.udea.edu.co/handle/10495/19052. #OpiniónPares

  • DE LA FUNCIÓN SOCIAL DEL ARTE

    Por Guillermo Linero Montes. Para esta nota, quise escribir acerca de los abogados y jueces que hoy están en las noticias por causa de los delitos del expresidente Uribe que todavía no han podido judicializarse debidamente. Y quería hablar especialmente de aquellos específicos doctores de la ley que, en función de ganar sus casos y dinero, descuentan la ética y pervierten la justicia. Sin embargo, en dicha tarea me encontré con un pasaje del libro Los Viajes de Gulliver, que me distrajo del tema previsto y me conminó a escribir sobre la función social del arte, que pareciera muy distante de muchos jueces y abogados. En efecto, una de las valoraciones que tardíamente se le reconoció al arte, es sin duda su función social. Si el arte no la tuviera, si careciera de ella, entonces el ejercicio del artista sería una suerte de confesión en el espejo o una experiencia tan secreta que no podría confiársela ni siquiera al mismo espejo. En tal suerte, los frutos artísticos no tendrían existencia y como los malos pensamientos nadie sabría de ellos. No obstante, la función social del arte –que naturalmente remite a colectividad- significa la exteriorización de una experiencia emotiva y cognitiva de un solo individuo. Pese a ello, la función social del arte se materializa cuando el artista comparte sus creaciones con los otros miembros de su comunidad, con sus seres más cercanos, y hasta con los más lejanos, si consideramos que la comunicación es como una onda que se propaga. Por eso hoy no se escribe para sí mismo, sino para todos, o mejor, ya no se escribe para la aldea, sino para la humanidad. Aun así, el concepto unipersonal del arte, perdura; porque el arte como oficio, como actividad del hacer, no ha podido concretarse con éxito cuando intervienen en ese hacer más de dos manos. El método de la creación colectiva del teatro, los movimientos plásticos de arte comunitario y los conciertos de piano a dos manos, no han dado mejores resultados en eso de visibilizar una situación de injusticia o de inseguridad social. El arte es unipersonal; pero la función del arte traspasa el beneficio individual, traspasa al sujeto que escribe e imagina, y por medio suyo, sus obras cubren también las necesidades existenciales que por estar ligadas a nuestra necesidad de sobrevivencia nos resultan comunes. De ahí que, advertida la función social del arte, los artistas rehuyeran de la mímesis, de la réplica pasiva de la realidad (exceptuando, por supuesto, a los hiperrealistas, que no siendo imitadores son quienes más se les parecen). Aun así, en su función social, el arte puede ser también imitación. Los paisajes, las réplicas de marinas y panorámicas, por ejemplo, nos sirven para llevar emociones de un lugar a otro: para ver la nieve en medio del desierto, para gozar de un paisaje de primavera en el más cerrado y crudo de los inviernos. Con la advertencia de la función social, también entró en declive el arte entendido como representación. La representación es descontar el esfuerzo de imitar la realidad escogiendo el camino más corto, aunque el largo y tradicional simule un regalo de la naturaleza. Ese camino que nos acorta el rumbo es el de la abstracción: la abstracción es descontar sobreentendidos. La representación sirve para restarle monotonía al paisaje imitado y no ver otra vez, y otra y otra, el mismo sol sobre el mismo mar y los mismos barcos. Con la representación, la insinuación de unos triángulos, por ejemplo, sin que estos lleguen a ser siquiera las formas de unas velas, puede percibirse como la figuración de barcos completos. La representación del paisaje elimina lo imitativo y privilegia lo que finalmente termina siendo pura forma e imaginación. La función social, aunque parta de esas elementales experiencias básicas de las artes; es decir, de la sola emoción contemplativa (la imitación) o de la sola emoción plástica (la representación abstracta) siempre refiere los asuntos del hombre y sus preocupaciones en cuanto ser social. Si no hallamos en los cuadros ajenos nuestras propias emociones, si no vemos a nuestros semejantes tallados en las esculturas o descritos en las páginas de las novelas, si no experimentamos realidades que podamos vivenciar, como el ritmo de la música; entonces no habría en esas piezas observadas, leídas o escuchadas, ninguna experiencia artística real. La pieza creada, cumple su cometido artístico cuando devela en su función social las crisis o las bonanzas del tiempo, del lugar y de la cultura, dentro de los cuales la obra ha ocurrido. Por eso desalienta que los artistas esquiven dicha función social, y se prendan religiosamente de la idea acerca de que el arte es una experiencia estrictamente personal o simplemente, mal interpretando eso tan serio, se abstraigan en sus metas de prestigio y caudal. En Colombia, son pocos los autores dados a la crítica social, o más exactamente, a la crítica de nuestros gobiernos de trapo. Pienso, por ejemplo, en la fuerza crítica que sin tregua ha venido ejerciendo desde la década del ochenta el poeta Juan Manuel Roca, y pienso también en el escritor León Valencia, que acaba de publicar una novela donde, con realidad y ficción, ausculta la vida del expresidente Uribe. Con todo, no hay en la historia una sola obra de arte, o cualquier cosa que se le parezca, ajena a un discurso delator de su tiempo. Los ejemplos son tan numerosos, que para no desligarme del comentario de introducción, me conformo a satisfacción compartiéndoles este pasaje de los Viajes de Gulliver, del escritor irlandés Jonathan Swift, que dan cuenta de cómo se materializa la función social del arte; en este caso, a través de una crítica social dirigida a jueces y abogados de la Inglaterra del siglo XVII: “Díjele que entre nosotros existía una sociedad de hombres educados desde su juventud en el arte de probar con palabras multiplicadas al efecto que lo blanco es negro y lo negro es blanco, según para lo que se les paga. El resto de las gentes son esclavas de esta sociedad. Por ejemplo: si mi vecino quiere mi vaca, asalaria un abogado que pruebe que debe quitarme la vaca. Entonces yo tengo que asalariar otro para que defienda mi derecho, pues va contra todas las reglas de la ley que se permita a nadie hablar por sí mismo. Ahora bien; en este caso, yo, que soy el propietario legítimo, tengo dos desventajas. La primera es que, como mi abogado se ha ejercitado casi desde su cuna en defender la falsedad, cuando quiere abogar por la justicia —oficio que no le es natural— lo hace siempre con gran torpeza, si no con mala fe. La segunda desventaja es que mi abogado debe proceder con gran precaución, pues de otro modo le reprenderán los jueces y le aborrecerán sus colegas, como a quien degrada el ejercicio de la ley. No tengo, pues, sino dos medios para defender mi vaca. El primero es ganarme al abogado de mi adversario con un estipendio doble, que le haga traicionar a su cliente insinuando que la justicia está de su parte. El segundo procedimiento es que mi abogado dé a mi causa tanta apariencia de injusticia como le sea posible, reconociendo que la vaca pertenece a mi adversario; y esto, si se hace diestramente, conquistará sin duda, el favor del tribunal. Ahora debe saber su señoría que estos jueces son las personas designadas para decidir en todos los litigios sobre propiedad, así como para entender en todas las acusaciones contra criminales, y que se los saca de entre los abogados más hábiles cuando se han hecho viejos o perezosos; y como durante toda su vida se han inclinado en contra de la verdad y de la equidad, es para ellos tan necesario favorecer el fraude, el perjurio y la vejación, que yo he sabido de varios que prefirieron rechazar un pingüe soborno de la parte a que asistía la justicia a injuriar a la Facultad haciendo cosa impropia de la naturaleza de su oficio. Es máxima entre estos abogados que cualquier cosa que se haya hecho ya antes, puede volver a hacerse legalmente, y, por lo tanto, tienen cuidado especial en guardar memoria de todas las determinaciones anteriormente tomadas contra la justicia común y contra la razón corriente de la Humanidad. Las exhiben, bajo el nombre de precedentes, como autoridades para justificar las opiniones más inicuas, y los jueces no dejan nunca de fallar de conformidad con ellas. Cuando defienden una causa evitan diligentemente todo lo que sea entrar en los fundamentos de ella; pero se detienen, alborotadores, violentos y fatigosos, sobre todas las circunstancias que no hacen al caso. En el antes mencionado, por ejemplo, no procurarán nunca averiguar qué derechos o títulos tiene mi adversario sobre mi vaca; pero discutirán si dicha vaca es colorada o negra, si tiene los cuernos largos o cortos, si el campo donde la llevo a pastar es redondo o cuadrado, si se la ordeña dentro o fuera de casa, a qué enfermedades está sujeta y otros puntos análogos. Después de lo cual consultarán precedentes, aplazarán la causa una vez y otra, y a los diez, o los veinte, o los treinta años, se llegará a la conclusión. Asimismo, debe consignarse que esta sociedad tiene una jerigonza y jerga particular para su uso, que ninguno de los demás mortales puede entender, y en la cual están escritas todas las leyes, que los abogados se cuidan muy especialmente de multiplicar. Con lo que han conseguido confundir totalmente la esencia misma de la verdad y la mentira, la razón y la sinrazón, de tal modo que se tardará treinta años en decidir si el campo que me han dejado mis antecesores de seis generaciones me pertenece a mí o pertenece a un extraño que está a trescientas millas de distancia. En los procesos de personas acusadas de crímenes contra el Estado, el método es mucho más corto y recomendable: el juez manda primero a sondear la disposición de quienes disfrutan el poder, y luego puede con toda comodidad ahorcar o absolver al criminal, cumpliendo rigurosamente todas las debidas formas legales”[1]. [1] http://www.pudh.unam.mx/perseo/los-viajes-de-gulliver/ #OpiniónPares

  • ¡Que vuelvan los viernes culturales!

    Por: Germán Valencia – Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia Este viernes 9 de abril se cumplieron los primeros diez años de celebración del Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado en Colombia. A través de la Ley 1448 de 2011 se quiso hacer un homenaje a Jorge Eliecer Gaitán, uno de los defensores más importantes de las víctimas en la historia política del país. Quien fue asesinado hace 73 años, a la una de la tarde, en las calles bogotanas. Jorge Eliecer fue hijo de un librero, estudió derecho en la Universidad Nacional de Colombia y se doctoró en Jurisprudencia en la Real Universidad de Roma. Ocupó casi todos los cargos públicos: fue diputado, Representante a la Cámara, Senador, alcalde de Bogotá, Ministro de Educación y de Trabajo, candidato a la Presidencia de la República, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia y Rector de la Universidad Libre. La amplia trayectoria en la esfera pública le permitió conocer la realidad del país, y con ella el horror que se estaba gestando y desarrollando en todo el territorio nacional. Desde sus primeros trabajos académicos y políticos pudo ver la manera como la sombra de la muerte se extendía por el país. Cientos de personas fueron asesinadas y masacradas en distintos departamentos, como el Magdalena, Tolima y Cundinamarca. Como fundador de la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR) pudo escuchar de primera mano el lamento de obreros, campesinos y clase popular, sobre la manera como los terratenientes y hacendados –en unión con los gobernantes, la Iglesia Católica y la Fuerza Pública– se organizaron para atacarlos y violentarlos. Entre 1930 y 1940 observó como en diversos lugares se estaba persiguiendo, desplazando, torturando y matando a miles de colombianos. La violencia le estaba sirviendo a los poderosos como instrumento para ampliar el control sobre la tierra y aumentar la desigualdad económica y social. En esta lógica, Gaitán se convirtió en un brillante y comprometido estudioso de la realidad política. Los conocimientos adquiridos los utilizó, entre otros fines, para formular un proyecto político nacional de defensa de la vida, y además, para forjar su idea de formar políticamente a las masas en todos los espacios. Gaitán quería representar un cambio auténtico en la situación que vivía el país en la década de 1940. Para lograrlo, el líder bogotano utilizó la gran elocuencia que dominaba. El 18 de enero de 1947 presentó en el Teatro Colón su programa político. El cual fue reproducido por prensa y radio. Gaitán utilizó los medios de comunicación para difundir sus ideas, las cuales eran entregadas, generalmente, los viernes. Las alocuciones en plazas públicas y teatros se convirtieron en brillantes y sentidas síntesis de lo que era la realidad del país. Desde su programa de radio trabajó en una campaña de alfabetización política y educador de masas. La invitación que hacía siempre era a dialogar, debatir y criticar entorno a la política. Quería formar a la ciudadanía para que se convirtiera en el arma más poderosa contra el sistema opresor. Las ideas que Gaitán exponía durante la semana, servían de insumo para que los viernes, en las horas de la tarde y la noche, fueran debatidas por cientos de personas en tiendas, bares, parques y salas de reuniones privadas. Utilizando como estrategia de encuentro y debate, la invitación a tomar “las onces”; palabra que coincidía con las 11 letras que contiene el “aguardiente”. Las tertulias de los viernes en la tarde se convirtieron en conductas habituales en cualquier rincón del país. Las reuniones se hacían con la intención de debatir ideas y visibilizar la violencia creciente que se observaba. Fue una especie de chispazo que gestó Gaitán, con el que transformó definitivamente la cultura política del país. La sociedad colombiana estaba dejando atrás, en la década de 1940, la cultura política parroquial que había dominado el siglo XIX y principios del veinte. En esos momentos no se escuchaba con tanta atención las palabras de los curas o sacerdotes de la Iglesia Católica en temas políticos. La ciudadanía estaba buscando ampliar su participación en el sistema político e incidir más en las decisiones públicas. De esta forma, la apuesta de Gaitán por alfabetizar desde los escenarios al pueblo estaba dando resultados. Desafortunadamente su muerte causó un gran daño a este proyecto político popular. Sin embargo, el Bogotazo sirvió para mostrar que el país era otro; de allí el dolor de la ciudadanía y el inicio de un período de gran Violencia, una que desde ese momento se escribiría con V mayúscula. En resumen, uno de los grandes méritos de Jorge Eliecer Gaitán fue –además de su faceta de defensor de derechos humanos, de gran protector de los huelguistas, reclamantes de tierras y campesinos perseguidos y asesinados– convertirse en el dinamizador de la cultura política del país. Sus discursos sirvieron para proteger a los humillados y ofendidos, y como detonante de lo que sería a partir de allí la nueva ciudadanía. Por eso la idea ¡Que vuelvan los viernes culturales!, debe considerarse como una invitación a rescatar las ideas de Gaitán de convertir el espacio público en lugar para el encuentro, el habla y formación política. Este es un legado aún necesario para seguir construyendo una cultura política de participación y comprometidos con la crítica y el cambio social. Sobre todo, en un momento con el actual, donde las decisiones públicas se toman de arriba hacia abajo; y donde día a día se incrementan las masacres, el desplazamiento forzado y la muerte de firmantes de paz. Debemos cambiar esta tendencia e involucrar a la ciudadanía en este cambio; debemos trabajar para que vuelva la palabra, se visibilicen las problemáticas y se defienda la vida y la verdad.

  • Respuestas al taller de la profe Sandra

    Por: Guillermo Segovia En su afán viejo de cuestionar el papel de los docentes en la formación de los estudiantes en el país, el uribismo, agrupado en el Centro Democrático y sus simpatizantes en general, de manera permanente buscan evidencias de supuesto “adoctrinamiento” y promoción de la “lucha de clases”, en particular en los contenidos que se imparten en el área integrada de ciencias sociales en la educación. Prejuicio que para no caer en la ignorancia debería consultar en primera medida cuáles son los lineamientos que en la materia ha expedido el Ministerio de Educación y los estándares de competencias establecidos, más allá del respeto a la autonomía y libertad de cátedra consagrada constitucionalmente. Si tal revisión se hiciera, se enterarían que la reflexión y el pensamiento crítico son propósitos de fondo de las políticas educativas y la formación para la ciudadanía y la convivencia objetivos fundamentales. De igual manera, que el estudio del conflicto colombiano y la responsabilidad de los distintos actores involucrados, hace parte del currículo. Basta ingresar a la web del ministerio y consultar los documentos. Pues bien, en cumplimiento de sus deberes y obligaciones como docente en ciencias sociales, Sandra Ximena Caicedo, adelantó en una institución educativa pública de Cali, para sus alumnos de noveno grado, un taller sobre uno de los hechos recientes más traumáticos de nuestra historia, los de forma conveniente llamados “falsos positivos”, denominación que por desgracia hizo carrera, no obstante, hay que reconocer, ya nadie se engaña de su realidad. Algún padre de familia desinformado o partidario furibundo del uribismo, o ambos, actuando desde la reacción primaria de rabia, desconocimiento e ignorancia, le hizo llegar a la senadora del Centro Democrático, María del Rosario Guerra, copia del taller a desarrollar por los alumnos y la senadora lo publicitó a través de twitter cuestionando la conveniencia de que se “adentrara” a los estudiantes en el tema de los “falsos positivos”. Le siguieron reacciones grotescas y cavernarias, dirigidas contra Fecode y demás sindicatos de maestros contra quienes el uribismo enfila baterías –además de que son objeto de amenazas, atentados y asesinatos en la mayoría de casos en la impunidad- porque, supuestamente, la visión en contexto y crítica de la historia, distorsiona los hechos con la finalidad de desprestigiar el legado de Álvaro Uribe. Más aún, pretenden el regreso a la historia patria de nombres célebres y exaltación de realizaciones, que elude el cuestionamiento de sus yerros, escándalos y fracasos en la dirección del país y las actuaciones y luchas de los actores de la vida social por sus derechos. Por supuesto, entre más crítico sea el cuestionamiento del pasado más consciente es la visión del futuro. Es lo que buscan evitar. Estas reacciones se dan en momentos en que se trabaja en las recomendaciones para la reintroducción de la materia de historia en el pensum, ley aprobada en 2017, por parte de una comisión plural con peso académico, asesora del Ministerio de Educación, estamos a diez meses de que se entregue el Informe de la Comisión de la Verdad sobre el conflicto y se juzgan en la Justicia Especial de Paz los “falsos positivos”. Estas últimas instancias surgidas de los acuerdos de paz con las Farc, que votó en contra, juró “hacer trizas» y su gobierno inaplica en temas esenciales. Es claro que pretenden deslegitimar los resultados del Sistema de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, el informe de la Comisión, los fallos de la JEP que afecten a militares y civiles partícipes de la violencia, para mantener la polarización y confrontación frente la realidad del conflicto, las políticas regresivas de seguridad y un ambiente de guerra favorables a sus postulados. Según el facsímil reproducido por redes: “PROPÓSITO DE LA GUIA: El estudiante desarrolla componentes delas asignaturas del área de Ciencias Sociales. LINEAMIENTO CURRICULAR CIENCIAS SOCIALES: Participación ciudadana. COMPETENCIAS: Participación y responsabilidad democrática. CONTENIDO: RAMAS DEL PODER PÚBLICO. ESTANDAR: Participo o lidero iniciativas democráticas en mi medio escolar o en mi comunidad, con criterios de justicia, solidaridad y equidad, y en defensa delos derechos civiles y políticos. DESEMPEÑO: Conozco, analizo y uso los mecanismos de participación ciudadana.” El taller sobre «falsos positivos» cumple estándares de competencias y lineamientos de ciencias sociales integradas de secundaria a cabalidad, según lo establecido por las instancias pertinentes en un proceso pedagógico orientado en las últimas décadas a la enseñanza para la formación de ciudadanos proactivos, humanistas y conscientes de sus derechos. La Ministra de Educación debería corroborarlo y exaltar la labor de la docente. A manera de reconocimiento al trabajo de la profesora Caicedo respondimos el cuestionario de su taller en no más de los 140 caracteres que admite twitter, medio por el que se intentó su flagelación, y que son suficientes para expresar verdades hoy incuestionables, rastreadas en los medios, documentos e Internet, como ella lo orientó. 1. En términos generales – y sin entrar aun en el tema del conflicto armado colombiano ¿Qué es un «falso positivo? Dé dos ejemplos. Res. 1. Falso positivo, anomalía o error en el resultado de una medición o cálculo dado en un modelo de clasificación binaria. Ejemplos: en medicina, prueba cuyo resultado indica la presencia de una enfermedad o condición inexistente; en informática, un falso virus (Wikipedia) 2. Ya entrando en el estudio del conflicto armado colombiano ¿A qué se le conoce en el país como los «falsos positivos? Res. 2. Asesinato de civiles por el Ejército para reportarlos como subversivos muertos en combate y ganar compensaciones en dinero, laborales o distinciones, ofrecidos por el Ministerio de Defensa por bajas producidas, en el marco de la política de seguridad democrática de Álvaro Uribe. 3. ¿Quiénes fueron los encargados de planear, ordenar, ejecutar y llevar a cabo los falsos positivos? ¿Cómo funcionaba esta cadena de mando? ¿Cómo lograban que los soldados se sumaran tan fácilmente a cometer estos actos tan macabros? Res. 3. La JEP identificó la ocurrencia de más de 6.402 casos de «falsos positivos» ejecutados por mandos medios y soldados rasos para obtener prebendas, posiblemente motivados por órdenes de guerra de altos mandos en brigadas y batallones en la mayoría de regiones del país. 4. ¿Por qué es especialmente grave que el Ejército y el Gobierno colombianos estén implicados directamente en el tema de los” falsos positivos”? Res. 4. Al gobierno y al Ejército en un Estado Social de Derecho, en democracia y según la Constitución, les corresponde garantizar la vida, la integridad y los derechos fundamentales de los ciudadanos. Los «falsos positivos» son una negación de esas obligaciones, deberes y funciones. 5. ¿Qué es la JEP y para qué fue creada? Res. 5. La Jurisdicción Especial de Paz -JEP- fue creada a instancias del Acuerdo de Paz con las Farc suscrito en 2016. Es el ejemplo más avanzado de justicia transicional restaurativa para juzgar los actores del conflicto armado con prelación de los derechos de las víctimas y su reparación, de acuerdo con la valoración de la comunidad y organismos internacionales. 6. ¿Qué tiene que ver la JEP en el tema delos “falsos positivos”? Res. 6. Al haberse producido en el marco del conflicto armado y considerarse delito de lesa humanidad, la JEP determinó abrir un macro caso para juzgar la comisión de por lo menos 6.402 asesinatos de civiles por militares, conocidos manera eufemística como «falsos positivos». En un insulto a la justicia el hijo de Uribe propone reducir a un 30% de la JEP y dirimir los casos mediante un formulario de confesión. 7. ¿Cuál es la responsabilidad del expresidente Álvaro Uribe Vélez en el tema delos falsos positivos? Res. 7. El Presidente de la República según la Constitución es el jefe de Estado, de gobierno, de la administración y comandante supremo de las Fuerzas Armadas, lo que implica, por lo menos, responsabilidad política respecto de su mandato. Álvaro Uribe gobernó en el período de mayor ocurrencia de los «falsos positivos». 8. Investiga quiénes son las Madres de Soacha y en qué ha consistido su lucha en relación al tema delos falsos positivos. Res. 8. Las Madres de Soacha son un grupo de familiares de jóvenes de ese municipio, víctimas de «falsos positivos», que inició la denuncia y actúa para que esos crímenes no queden en la impunidad y se reconozca la dignidad de sus seres queridos asesinados. 9. ¿Por qué es tan necesario que se sepa la verdad de lo que pasó en el conflicto armado colombiano? Res. 9. El conflicto armado produjo muerte y mucho daño y dolor a las víctimas sobrevivientes y al país. Es necesario que se conozca la verdad para que haya Justicia, Reparación y No repetición. Para que se tenga conciencia del pasado y se busquen la reconciliación, la civilidad y la paz.

  • EN LA MIRA

    Por: Guillermo Linero Los llamados “falsos positivos” son sin duda el caso de barbarie más espeluznante de la historia política de Colombia y constituyen a nivel internacional un hecho singular aberrante; por cuanto fueron asesinatos extrajudiciales de jóvenes en extrema indefensión. Civiles, a los que secuestraban con engaños para luego asesinarlos y presentarlos ante los medios de comunicación como guerrilleros caídos en combate; pero sobre todo para cobrar dinero por sus “bajas”. Sin embargo, el mundo entero ha estado advertido de ello y ya la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por ejemplo, falló en el año 2019 en contra de Colombia por este tipo de ejecuciones extrajudiciales. Aun así, lo cierto es que poco se ha dicho desde tales estrados acerca de las responsabilidades de los altos mandos militares y del expresidente Álvaro Uribe Vélez, excepto lo expresado por la Corte Penal Internacional (CPI) que no traspasa esta explicación escueta: “Se encuentran en estudio”. Tal vez, eso imagino, los investigadores judiciales de la comunidad internacional piensan que lo ocurrido en nuestro país fue un típico caso de excesos militares, que suelen ser corrientes y aislados, y no la actuación de una empresa criminal aupada e infiltrada por las políticas non sancta de los gobiernos de Álvaro Uribe y, por su puesto, desprendida de la institución castrense que tradicionalmente ha sido leal a sus compromisos constitucionales. De cualquier modo, la justicia colombiana en este caso ha mostrado tanta lentitud y negligencia que ya se accionaron los resortes de las cortes internacionales, pues cuando nuestra justicia ha trabajado al respecto lo ha hecho sin vendarse los ojos -es decir, predeterminando a qué parte favorecerá- y de no ser por la presión de las fuerzas civiles, por el movimiento de las madres de Soacha; por las investigaciones de organizaciones internacionales o por los informes de Human Rights Wacht, no se hubieran llevado a cabo las mínimas investigaciones que ahora, en el contexto de la JEP, empiezan a dar resultados. En efecto, se elevó el número de ejecuciones de dos mil cuatrocientos –cifra establecida por la Fiscalía en sus investigaciones- a más de seis mil cuatrocientas, plenamente comprobadas por la JEP al día de hoy. Valga decir que este tribunal especial ha manifestado en distintos medios que sus cifras e informes están soportadas en investigaciones de instituciones tan autorizadas como la Fiscalía, el Centro Nacional de Memoria Histórica, y especialmente en las investigaciones de particulares; es decir, en manos de casi trescientas organizaciones de derechos humanos. Así las cuentas, la expectativa razonable y triste es que el número de jóvenes asesinados extrajudicialmente será sorprendentemente mayor a diez mil, cuando lleguen a sumarse las confesiones de la totalidad de militares y particulares acogidos por la JEP en relación con este específico caso, denominado caso 03 que investiga las “Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado”. En tal panorama, no dejar de llamar la atención el rotundo éxito de la JEP, por cuanto dos años atrás difícilmente podría visualizarse el esclarecimiento de estos hechos con la precisión y celeridad que este tribunal lo está haciendo. Con el tiempo, y porque se fueron ampliado las informaciones a cambio de los beneficios ofrecidos por la JEP, hasta el general Montoya fue a dar allá, y aunque al principio se negó a reconocer que dichos asesinatos extrajudiciales hubieran ocurrido, ahora que los está reconociendo –creo que sin advertirlo- suscita mayor atención; pues ha dicho, tal vez inocentemente, o tal vez con una consciente actitud malévola, que: “… los muchachos que van al Ejército son los de abajo, estrato uno. Ya no va el estrato dos, ni tres ni cuatro. Voy a hablar con el corazón, como comandante: nos toca enseñarles a cómo se utiliza el baño, cómo se utilizan los cubiertos. Esa es la calidad”. En efecto, el general ha dado a entender que los falsos positivos fueron gestados, organizados y ejecutados, por soldados de estrato uno -nunca de estrato dos, tres o cuatro- y que este estrato se caracteriza, precisamente, por una total falta de calidad. Lo que significa explícitamente que a su juicio carecen de educación y de cultura, tanta que lo primero que hace el Ejército cuando ingresaban, era enseñarles a ir al baño y enseñarles a manejar los cubiertos para que comieran de una manera mínimamente civilizada. Y pretende convencernos el general Mario Montoya, o convencer a los jueces de la JEP, que de esa ignorancia rasa, surgiría el impulso cognitivo de engañar a la inteligencia del Ejército Nacional, en cabeza suya; y engañar a la Presidencia de la República, en cabeza de Álvaro Uribe Vélez; y más insólitamente engañar a la máxima inteligencia de nuestro hemisferio, a la inteligencia de los Estados Unidos que finalmente recibía los informes y giraba los cheques con los que Uribe le giraba al Ejército y éste a sus coroneles y estos a los intermediarios que cazaban jóvenes para secuestrarlos, para engañarlos, para someterlos a una tortura psicológica de ilusión laboral, para asesinarlos cobardemente por la espalda, y para hacer pública sus muertes en una campaña propagandística de desprestigio contra las víctimas y contra sus familiares. Y por qué no decirlo, también contra los pobres soldados de estrato uno, usados como lobos de sí mismos. De manera que, siendo así las cosas, surge esta simple pregunta: ¿Cómo un soldado, que difícilmente puede escribir su nombre, que no conoce el mundo civilizado ni siquiera en sus elementalidades como usar una cuchara para tomar sopa, pueda elaborar una estrategia delincuencial tan compleja que pone al honorable Ejército Nacional colombiano en la mira de la comunidad internacional al nivel de un ejército paria, y a sus generales, a sus coroneles y a quienes participaron de los falsos positivos, los deja como los más sanguinarios personajes de la historia reciente?

  • Un enfoque sistémico para la Covid-19

    Por: Germán Valencia. Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia. Columnista Pares. Estamos en la tercera ola de la pandemia de la Covid-19 en Colombia. La primera se presentó en agosto de 2020, justo seis meses después de que la Organización Mundial de la Salud –OMS– decretara la emergencia planetaria. La segunda ola se dio entre diciembre de 2020 y enero de 2021. Y ahora estamos en el pico más alto de toda la trayectoria del virus. Son tres momentos distintos que nos han mostrado una dinámica del virus muy diferente. Entre el inicio de la pandemia y la primera ola se evidenció el relacionamiento que tiene el virus con los otros sistemas biológicos y la necesidad del distanciamiento social para evitar su expansión. Con la segunda ola nos dimos cuenta de que no estamos ante una tradicional pandemia —similar al del sarampión o la tosferina—, sino que hacemos frente a un virus que se alimenta y enriquece con otras enfermedades preexistentes, como el sobrepeso, la diabetes y la hipertensión. Estamos en presencia de una sinergia de enfermedades que se retroalimentan, potencian y afectan de forma más grave a la población –sindemia–. Con esto se reconoce el relacionamiento de la Covid-19 con otras enfermedades no transmisibles como el cáncer o la obesidad, que hacen que el virus perjudique de manera más fuerte la salud. Finalmente con esta tercera ola se confirma el relacionamiento de la crisis de la salud con otros sistemas sociales. Las condiciones de pobreza e inequidad social y económica hacen que la pandemia sea más fuerte en unos territorios que otros, por ejemplo, los rurales frente a los urbanos. Frente a esta dinámica de cambio los gobiernos han adoptado casi todos las mismas medidas: aislamiento preventivo, cierre total o parcial del comercio y suspensión de clases en las escuelas y universidades. Son medidas de bioseguridad tradicionales, apoyadas por modelos matemáticos que predicen el crecimiento del virus y que sugieren medidas epidemiológicas para romper la propagación. Los gobernantes no aprovechan las enseñanzas que dejan este primer año de la pandemia para cambiar también su forma de ver y atender la problemática. Esta mutación debería servir para que ellos replanteen el enfoque. Las enseñanzas que deja el desenvolvimiento del virus debería incidir en la forma de tratar la pandemia. Las medidas tomadas para enfrentar la Covid-19 no se deberían limitar al ámbito clínico o epidemiológico. No basta con estudiar la enfermedad infecciosa y poner vacunas a un amplio porcentaje de la población. Y no basta con entregar ayudas monetarias a grupos de personas con problemas de ingreso, tal como ocurre con el programa de Ingreso Solidario. El primer año de la pandemia nos ha dejado grandes enseñanzas para un tratamiento eficaz del virus. En enero de este sabíamos que la Covid-19 ataca de manera desigual a la población: es más fuerte con las personas que tienen enfermedades preexistentes como las cardiovasculares y respiratorias. Hoy sabemos también que existe una interconexión entre los diversos sistemas sociales y ambientales. Que las zonas más pobres, donde los ingresos son bajos y las condiciones de las viviendas son precarias, la enfermedad pega más duro. Y que enfermedades como la obesidad o la diabetes agravan la situación. De allí que si se quiere afrontar la pandemia de forma efectiva es necesario tener un enfoque sistémico, una visión amplia de la problemática, a fin de ser eficaz. La mirada sistémica se ofrece como un enfoque que ayuda a pronosticar y tratar la situación. Esta mirada sugiere estudiar el contexto social y cambiar la estructura social que posibilita el origen de la enfermedad y su dinamización. El enfoque sistémico propone un tratamiento más amplio, que vaya a las causas, la naturaleza, la dinámicas y consecuencias de la pandemia. Para corregir este mal sugiere combinar la estrategia de vacunación con programas de alimentación para evitar la desnutrición. Invita a que se luche contra otras enfermedades preexistentes y al mismo tiempo avanzar en reformas sociales que permitan mejorar las condiciones de vida. Nos dice que es posible, mientras se aplica la vacuna a la población, hacer inversiones focalizadas en los municipios con alta población rural para reducir la desigualdad económica. Insiste en que hay que trabajar de forma paralela para que se pueda acceder a sistemas de salud, políticas de empleo para aumentar ingresos y programas sociales para resolver disparidades. Labor que debe realizarse de forma concertada y en diálogo con las comunidades. La teoría de sistemas defiende los gobiernos que administran horizontalmente, no de arriba hacia abajo. Una gobernanza territorial que permita construir diagnósticos compartidos y proponer acciones colectivas. Que consulte a las comunidades e involucre a todos los actores para que estos no sean simples receptores de políticas estatales. La mirada sistémica propone desarrollar políticas sociales más audaces e innovadoras, que tengan en cuenta las condiciones desiguales de los territorios. Políticas diferenciadas que consideren las particularidades territoriales y poblacionales –así, por ejemplo, las diferencia en las tasas de obesidad, diabetes o hipertensión, o las distintas tasas de ocupación y pobreza–. En síntesis, el enfoque sistémico propone trabajar en la eliminación de las disparidades de fondo. Pues, se puede aplicar la vacuna a todos los colombianos, pero desde que la infraestructura sanitaria siga igual en los territorios la cura estará lejos de hallarla. De allí que sugiere incluir en el recetario de lucha contra la pandemia cuestiones sociales, económicas, políticas y ecológicas. Incluir políticas de educación, empleo, vivienda, alimentación y cuidado del medio ambiente. Estas son acciones que atacan un mal menor: la Covid-19, y ayudan a mantener viva la esperanza de que es posible construir otra realidad. Una vacuna social que nos inmuniza frente a un pasado traumático y violento, y un futuro incierto y desalentador.

  • Melancolía del puerto

    Por: María Victoria Ramírez. Columnista Pares. Danza Penélope, danza Teje la luna en tus pies Y con tus manos al viento Espera a Ulises desnuda Danza Penélope, danza Tu cabello hilar blanco En tu vientre musical Un canto mediterráneo Danza Penélope, danza Que Sísifo aún está en su piedra La paciencia no es virtud Siempre con ella a cuestas Danza Penélope, canta Haz el amor con mi sombra Que en mi barco en alta mar Es tu canción una alondra Danza Penélope, danza Como el mar con el viento Con el pelo en tu cintura Y tu desnudez al cielo Danza Penélope. Poema del libro Melancolía del puerto de Miguel Ángel Rubio O. En medio de la Semana Santa, tiempo en el que algunos descansan, reflexionan, pasean o asisten a los rituales religiosos, yo he estado leyendo el libro Melancolía del puerto, obra ganadora del premio Risaralda, territorio de letras, patrocinado por los profesores Hernán Tena y Dina García, hoy radicados en Irlanda, pero que mantienen su corazón en estas tierras. Esta es una idea que busca dar a conocer los talentos de la región y que tendrá tres convocatorias por año. La segunda está en curso en este momento, el premio incluye la publicación de 200 copias y todos los trámites legales del mismo, además de garantizar la distribución en las librerías de la ciudad. La primera obra galardonada por Risaralda, territorio de letras es el producto de 10 años de trabajo del poeta Miguel Ángel Rubio Ospina, nacido en Manizales, pero que se ha hecho en la ciudad de Pereira como Licenciado en español y literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira, como docente en instituciones públicas y privadas, como gestor cultural y coordinador del proyecto Contagio Poesía, que obtuvo una beca de la Secretaría de Cultura de Pereira en la convocatoria Cultura en Casa 2020, que logró la realización y divulgación en formato digital de la Antología de poesía pereirana, voces Inéditas, que recoge poemas de 40 autores inéditos de la ciudad. Melancolía del puerto fue publicada por la editorial El Editor de la ciudad de Pereira, de bellísima factura y buen gusto en el diseño. Además de ser una obra poética en todo el sentido de la palabra, trae dos regalos maravillosos: la portada, una fotografía de Juliana Rubio Casas, artista caldense y cuatro ilustraciones del artista plástico vallecaucano James Llanos, curador de la Sala de Exposiciones Carlos Drews Castro del Teatro Santiago Londoño de Pereira. Tengo el honor de poseer uno de los originales de la serie Tótem que cedió el maestro para el libro, y quiero hacer pública mi gratitud y admiración por su obra, por su amistad y por el trabajo artístico que ha realizado a lo largo de 30 años en el Eje Cafetero. Con su autorización, publico una fotografía de la obra elaborada en la técnica tinta sobre papel. La obra Melancolía del puerto está dividida en cuatro capítulos: I. Noche de pájaros, II. Para partir de Ítaca nuevamente, III. Este verso es mi trinchera y IV. Islas del amor. Con prólogo del poeta y ensayista colombiano Hernando Guerra Tovar (premio Dámaso Alonso, Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid, 2017) y epílogo del también poeta, autor de numerosos libros, el venezolano Williams Alberto Hernández. Invito a leer este libro como una pieza delicada que evoca, sacude y enternece como en el poema del capítulo II: La lección de Zorba Danzaremos desnudos sobre lo que fue, una risa, un fracaso, tres amores, la fortuna. Hubo un tiempo, muerte, en que tenías ojos y veías, tenías oídos y escuchabas, tenías boca y decías, tenías mente y sentenciabas. Sobre ese mundo danzaremos desnudos… Una risa, un fracaso, tres amores, la fortuna.

  • La muerte y el más allá

    Por: Guillermo Linero Montes. Columnista Pares. Este texto acerca de “la vida después de la muerte” o sobre “el más allá”, no tiene ningún soporte científico, como no lo tienen tampoco los que, siéndolos, tratan sobre este mismo tema. La importancia de los estudios científicos sobre la muerte es mucha y valiosa; sin embargo, ninguno de esos estudios ha llegado a conclusiones más sólidas que las de los otros. Creo que la única opción de la ciencia para que se le atienda y construya una teoría acerca de cómo es la muerte después de la vida, es demostrándonosla, y a primera mano el medio infalible para lograrlo es que los muertos regresen o, lo que es lo mismo, que los vivos podamos ir al reino de las sombras -como quien va a la luna- y volver para contarlo. Eso es además un precepto de las ciencias: la demostración. Mientras esta no ocurra, todas las teorías son posibles, o al menos necesarias mientras estas pregunten. La formulación de la interrogante ¿qué es la muerte? ya valida la empresa de buscar la respuesta. Se trata de una pregunta singularísima, pues muchas son las respuestas que podemos darle sin temor a ser tildados de equivocados. Pienso, por ejemplo, que un niño puede responderla diciendo que “la muerte es a donde se van los abuelos a prepararse mejor”, mientras que un adulto puede responderla connotando de la muerte su condición de celestial. Y hasta vale la tácita definición del filósofo rumano Elemire Ciorán, “Vivir es ir perdiendo terreno”, de la cual se desprende esta otra especular: La muerte es la usurpación de la vida. Esto permite una conclusión tajante: excepto una, todas las respuestas, cualquiera que estas sean, remiten a un imaginado ámbito. Pero, ¿cuál es esa excepción y cuál ese imaginado ámbito? La excepción es afirmar que con la muerte todo se acaba. Y es una insólita postura, porque significa que de todas las infinitas posibilidades de que eso que llamamos “vida después de la muerte” sea la continuidad de algo, nos aferramos a una sola de ellas, a la que sostiene que con la muerte todo se acaba. Esa elección es tan definitiva que tal vez hasta sea eso la muerte: el pensar en fórmulas de interrupción irremediable. Quien comienza el debate sobre “la vida después de la muerte” o “acerca del más allá” aduciendo que con la muerte todo se acaba, fulmina al instante la vida del discurso, obstaculiza lo dialéctico. Los otros, los que imaginan un ámbito para la muerte, o quienes definen situaciones para su existencia prendidas a un espacio, por el contrario abren la puerta a la disertación. A veces, en muy pocas ocasiones, la alusión a la muerte me pone frente a una galería de retratos de amigos y familiares muertos. No es una experiencia desagradable, pero acongoja el alma. Sin embargo, el tiempo en su función de producir olvido, produce también alivio. De esa emotiva suma de rostros los que más me duelen son los muertos recientes, como la muerte de mi madre que ha suscitado estas líneas bizarras. Soy consciente de que las muertes pasadas, habiendo sido las más desconsoladoras en el momento de su ocurrencia, hoy el tiempo las ha aliviado. Me duelen los muertos que recién estuvieron vivos, los otros ya son de allá. A veces, mis familiares y amigos ausentes, parecieran mirarme desde su secreta dimensión, y en seguida percibo aquella realidad como posible. No obstante, su mundo es de nieblas. En torno a cada imagen hay un vacío denso, no es la nada, hay allí algo de movimiento y presencia. En cambio para quienes niegan la trascendencia de la vida, la muerte es la inercia. De hecho, la muerte es también sinónimo de quietud inútil: las flores muertas son estructuras de quietud inútil. Pero esa es la muerte de las cosas. La muerte de los humanos es otra, ni siquiera alcanza a ser “naturaleza muerta”, sencillamente porque desaparece el cuerpo. Los huesos o sus cenizas quedan, pero ellos no hacen parte del proyecto esperanzador de viajar o de trasladarnos a otra dimensión. Los huesos sólo son depositarios del respeto a los muertos. Respeto soportado sobre el convencimiento de que el alma de los muertos está lejos o muy cerca; pero no en los restos, ni pendientes de ellos. Cuando pensamos en la vida después de su último momento, el denominado “instante muerte”, lo hacemos generalmente con el pre-conocimiento de que lo otro, el ámbito “del más allá”, no incluye más que el alma. Ni siquiera los pensamientos tienen boleto asegurado para el viaje final. Las ideas tampoco caben en el lugar de la no-vida. Aun así, existe la creencia de que hay que preparar a los muertos para que su alma viaje, y para ello es sagrado e indispensable tener el cuerpo. En las prácticas y rituales de creencias humanas, por muchas diferencias de clase, de raza, de nivel de civilización, cultura, desarrollo, condición social o creencia que haya, siempre se celebra el misterio de la muerte con la misma esperanza: viajar a un lugar mejor. De modo que la experiencia de la secuencia de los retratos de mis amigos y familiares muertos, me afirma una opción: sí, hay algo allí; de pronto una realidad paralela, tal vez esté muy cerca y los clarividentes, los médiums y los espiritistas, hasta tengan razón: los fantasmas y los espíritus existen. Sin embargo, hay una noción dramática de la muerte o, más precisamente, triste: la muerte de los seres queridos. Cuando en nuestras reflexiones la asociamos con tan desafortunada opción, palidecemos. Nadie quiere la muerte para sus seres queridos, así la naturaleza o Dios nos estén evidenciando que no hay otra manera de vivir plenamente la vida que no sea viviéndola hasta su último momento; es decir, hasta la muerte. Tal vez, esta sea la peor forma de abordar dicho tema. Ni siquiera la muerte de uno mismo es tan preocupante. No sé si así sea para todos; pero, por ejemplo, una amiga enferma de cáncer y madre de tres niños, me dijo que no temía morir por lo que ella se perdiera de la vida, sino porque no era capaz de desearle a nadie el dolor que significa la muerte de un ser querido, y sus hijos, de ocurrir la suya, serían los inmediatos afectados. Pienso, en efecto lógico, que de tratarse de una persona a la que ninguno quiere, ni nadie extrañaría, entonces la muerte puede ser la solución a todos sus problemas, y con mayor razón si estamos poseídos por el convencimiento de que tras ella nos espera el Edén. Vale advertir, que no estoy proponiendo la práctica del suicidio como la vía expedita para acceder al Paraíso, y no lo haría, porque mi incredulidad y también mi credulidad, me impiden dar el valor de factible a la opción del Edén, aunque he escuchado numerosas versiones de gente que estando en trance de muerte han visitado los suburbios del paraíso , también una vez escuché la experiencia de un fallido suicida hablando sobre su contrario, el infierno, y le vi la verdad en los ojos y le creí; porque, les aseguro, no parecía estar mintiendo. En esencia, esto fue lo que dijo: “Cuando la soga me apretó el cuello sentí que empecé a caer, debajo había lo más parecido a un estadio y yo estaba cayendo sobre él. Las graderías eran cúmulos de gente gimiendo y sufriendo. Entendí que era el infierno y fue cuando, no sé cómo, estiré mi brazo derecho y me alcé para aflojarme la cuerda”. Aun así, nada es convincente. Un experto siquiatra o un médico general, quizás dirían que esas imágenes fueron producidas por un estado mental explicable, y que no son más raras que los sueños que producen una mala digestión mientras se duerme. El neurólogo colombiano Rodolfo Llinás, considera que la vida se acaba con la muerte y que luego de ello ni una ni otra se desarrollan. El poeta Mario Rivero, no hablaba de la vida, porque era grande el presentimiento que lo agobiaba: “Si hablo de la vida –me dijo alguna vez- voy a hablar mal de ella, y si hablo mal, al morir es posible que me castiguen devolviéndome otra vez a vivirla”. Hace ya unos cuantos años, el papa Benedicto XVI, dijo que el lugar del infierno estaba aquí en la tierra, en la vida. Yo me pregunto: ¿Y si no fuera así? De no ser así, no hay ni que pensarlo, tácitamente el infierno sería un lugar peor que la Tierra. Con todo, en la premisa del papa, su intención era comunicar que lo peor ya lo conocemos y que solo nos falta lo bueno por conocer. En mi experiencia de vida, no recuerdo que me hayan enseñado “la muerte”. Sí, “la muerte”, así -tal un tema del pensum académico o como el estudio de la biología- nunca me la enseñaron. Cuando uno hace conciencia de la muerte, inevitablemente encuentra que ya sabía de su existencia, o mejor, de su preexistencia. De ahí la inquietud acerca de la vida y la muerte; porque ni la ciencias ni la iglesia y las religiones han podido explicarla a satisfacción, de modo que esa respuesta la elabora cada quien desde su albedrío, en una suerte de torre de Babel. El escritor Camilo José Cela, observaba que nos preocupamos mucho por saber para dónde vamos, pero no se nos ocurría preguntarnos de dónde venimos. Decía el nobel español, en conversación con un periodista de la RTV española, que nadie había regresado de la muerte para decirnos si en esta se existía o no, pero que tampoco ninguno recuerda de dónde viene y aún menos cómo era ese mundo microscópico del cual hizo parte antes de nacer. Una inversión del tema, la de Cela, que da paso a esta interrogante, ¿cómo es la vida vista desde la muerte? Una vez tuve un sueño, donde entendí que moría: una ola gigante nos había cubierto a varios muchachos del barrio. Hubo un instante de angustiosa y absoluta oscuridad y cuando volvió la luz, vi cómo la ola se devolvía; pero, en seguida, noté que allí, en la orilla de la playa, donde ya no quedaba sino arena, no estaba ninguno de mis amigos. Entendí que la ola los había arrastrado consigo, y me disponía a buscar ayuda cuando, de pronto, la angustia y la desesperación fueron arrasadas por una envidiable placidez. El mundo se iluminó casi frívolamente, y ahí, en medio de un aura de encantos, apareció mi abuela paterna en actitud de recibimiento: al verla comprendí que estaba muerto, y sin decir palabras me fui feliz con ella, como no lo habría hecho de estar vivo. En esa realidad paralela yo no tenía ninguna nostalgia por persona alguna, ni interés alguno por algo que se llamara vida. En ese sosegado sueño, como en otros donde ocurre mi muerte, la experiencia traumática está del lado de la vida, la vida es la hostil. De este lado nos persiguen, nos acosan, nos violentan, hasta cuando, de pronto, traspasamos la línea de frontera y al instante somos blindados, inmunes, no pesamos y, lo más importante, no hay nada de qué preocuparse y ni siquiera sabemos lo que ello significa. Esta es otra diferencia importante: allá no existen las preguntas -recuerden que estoy infiriendo sobre la ficción de un sueño- y en consecuencia tampoco las preocupaciones ligadas a preguntas primarias de esta traza: ¿Qué hago para alimentarme? ¿Cómo me protejo de la intemperie y de los peligros? ¿Por qué existo? Ahora bien, la muerte, desde nuestra consideración personalísima no es más que eso: una consideración personalísima. No involucra el entendimiento ni la comprensión de los otros. A no ser que la realidad sea la imaginada por Borges, o quizás provenga de Swedenborg, y cada quien sueñe la noción de su esquema de vida y muerte, con lo cual sólo existiría ese único sueño, el sueño de la vida. La ambigüedad del tema es tan riesgosa que hace de las imaginaciones de un intelectual como Borges, o de las elucubraciones de un filósofo como lo fue Swenderborg, posiciones parejas a las ocurrencias de cualquier vecino; pues tanto unas como otras son provenientes de una apuesta imaginativa. Llama la atención, que siendo el tema de la muerte un discurso abierto al debate; pues en todo momento de la existencia humana no hemos hecho sino dar vueltas en torno suyo, todavía no hayamos avanzado un solo segundo hacia una posible respuesta incuestionable. A los científicos que estudian el origen del universo, les ha ido mejor en tal empresa. Hoy pueden vanagloriarse diciendo que matemáticamente están a un segundo de la gran explosión (del Big Bang), ocurrida hace miles de millones de años. Pero ¿cuándo se ha dicho que estamos, aunque fuera a un millón de horas, de saber qué hay después de la vida? Empero, y siendo justos, debemos considerar que el objeto de estudio de los astrónomos es tangible, y el de quienes estudian o reflexionan sobre la muerte es etéreo. De cualquier forma, ambas situaciones -el universo y la existencia de “la vida y la muerte”- siendo extrañas entre sí, podrían ser parte de un mismo ente y tal vez las aplicaciones y logros de una, análogamente sirvan para esclarecer las incógnitas de la otra. Una de las leyes más importantes de las ciencias naturales dice que “la energía no muere ni se destruye, sólo se transforma”, lo cual es un hecho demostrado. Esa ley, precisada por la comunidad científica (Lavoisier y Lamonósov) del siglo XIX, todavía hoy constituye el más importante de los argumentos de quienes defienden la idea de “la vida después de la muerte”. No es tan claro que la mente, es decir, aquello de mayor interés para conservar como humanos, al morir se disperse o transforme en algo semejante o más elaborado que lo conocido en forma de vida; o si por el contrario cada partícula de su energía, al ocurrir la muerte toma su rumbo y nada lleva en su memoria -si hubiera memoria- acerca de lo que fue o de aquello de lo cual hizo parte. El universo, la materia en su transformación, y cuanto existe, parece encontrarse en un continuo viaje. Y tal vez el itinerario de la energía de la vida después de la muerte, también sea el mismo que siguen el polvo estelar y las estrellas desde la gran explosión. A los ojos de los científicos, los exámenes de los hechos que involucran la evolución de lo existente, no suscitan preocupación existencial, aun tratándose de la muerte y, por el contrario, producen alivio. Es algo singular, pero es así. Cuando se adquiere información acerca de lo grande y misterioso que es el universo, y cuando tenemos noción más o menos precisa del concepto de lo infinito; cuando comprendemos que el universo es un montón de escombro encendido, viajando por causa de una enorme explosión, entonces, en ese momento, descansaremos un poco de la gravidez de la existencia y veremos innecesario tanto esfuerzo por lo vital, si lo que rige es lo inerte. Los profesionales del oficio de cazar fantasmas, por lo general dicen captar luces, sonidos, campos de energía, y situaciones del mundo material invisible. Los médiums que viven de ello, no sólo los ven de carne y hueso, sino incluso vestidos. Alguna vez, debatiéndole a un amigo su versión de un fantasma vestido, le dije que la ropa me parecía la principal prueba de que su historia era una farsa. En seguida me contestó que los fantasmas, de cualquier manera superiores a nosotros, no sólo no usaban ropa, sino que carecían de cuerpo, de volumen, y que estos adoptaban esas formas con el propósito de facilitarnos la percepción de su presencia. No hallé cómo responderle, excepto con una evasiva tergiversación como esta: “¿Ellos te lo dijeron? De hecho, aquí me he referido a lo ambiguo del tema; y a cómo cualquier opinión puede considerarse válida, hasta que no se demuestre lo contrario. El sentido común ha fallado muchas veces. Los conflictos históricos dan razón de las rivalidades y confrontaciones en defensa de específicas creencias. La idea acerca de la estructura y el funcionamiento del Sistema Solar, por ejemplo, marcó la política, la economía, la religión, y la totalidad de los asuntos sociales, hasta que por fin pudo demostrarse, científicamente, que el sistema solar funciona dentro de unas leyes físicas inequívocas, reguladoras del movimiento de los cuerpos. Así, un día, quizás haya que aceptar la verdad de un hecho ya pronosticado, pero sujeto de rechazos y malquerencias a cuenta de su insólita condición de irreal, como cuando en el pasado hicieron mofa del astrónomo y filósofo Giordano Bruno (1548-1600) y hasta lo quemaron en una hoguera por atreverse a disentir de lo anunciado por la iglesia acerca del funcionamiento del sistema solar y de la existencia de infinitos planetas habitados por otros seres. O como cuando, años después, confinaron a Galileo Galilei (1564-1642) a prisión perpetua y a la abjuración de sus ideas, por haberse atrevido a decir que el sol, distinto a como reza la Biblia, permanece quieto, mientras la tierra gira a su alrededor. La dificultad de atender versiones sobre asuntos que no se han resuelto, deriva generalmente de su existencia por fuera del contexto lógico –el determinado por la comunidad científica- y por fuera de los procesos racionalmente indicados para una adecuada consecución y posible demostración de una verdad oculta. No obstante, incluso a muchos de estos adelantados no les fueron aceptadas las demostraciones, por contundentes que estas fueran, temiendo que afectaran intereses de poder político o, lo que es más normal, por decisiones demoniacas de la Santa Iglesia. Vale decir de esto último, que la iglesia ya ha pedido perdón por la mayoría de los “errores humanos” cometidos por ella. De cualquier manera, afortunada o desafortunadamente, la Iglesia aparece cuando se habla de la muerte, y eso es normal, ya que una de sus funciones consiste precisamente en la asistencia espiritual. Precisamente, el ritual de la unción de los santos óleos y la confesión, en el caso de la religión católica, significa la creencia en un más allá, la certeza de un Reino celestial aguardándonos y el reconocimiento de que sólo hasta la última exhalación de vida, puede asistirnos la Iglesia. Dichos rituales, son muestra del total desconocimiento de la Iglesia acerca de ese ámbito al que justamente denomina “misterio”, y del cual no ha podido construir entendimientos demostrables. De modo que la Iglesia, al no existir racionalidad en sus especulaciones, se apoya en la Fe; la Fe, que es una respuesta tajante del tipo: “¡No preguntes!”. En efecto, para que la Fe funcione, no debe haber preguntas. Los cuestionamientos sobre las dudas trascendentales son necedades ante la Fe. Creer o no creer. Los que creen, lo hacen porque tienen fe. Los que no creen, también la tienen, pero no la usan para suplir la falta de respuestas ante las grandes preguntas que delimitan la filosofía: ¿de dónde venimos?, ¿quiénes somos?, y ¿para dónde vamos? La muerte exige, en su condición de concepto, definiciones de ambos horizontes –religiosos y filosóficos-. Se me ocurre que tal vez no haya otra forma de bosquejarla que bajo esa simbiótica conexión entre materia y no materia. No obstante, como ya lo he mencionado, entre tantas infinitas posibilidades no es potestad de ninguno excluir opciones como que la muerte ocupe un espacio sin materia y sin energía; tal vez, el sueño del que hablara Borges. No obstante, yo prefiero, ese es mi impulso intuitivo, creer en la versión celestial, porque implica un sosiego advertido y absoluto.

  • Cuentos chinos

    Por: Guillermo Segovia Mora. Columnista Pares. Sorpresa han causado las declaraciones de la embajadora de Colombia ante Naciones Unidas, en una sesión de derechos humanos el pasado 15 de marzo, en donde alabó los avances de China comunista en materia de Derechos Humanos, en contravía de lo que denuncian organizaciones defensoras en todo el mundo. Más contradictorio aún, semejante condescendencia cuando el propio presidente Duque demandó -cuando era congresista- a Venezuela por violaciones a los Derechos Humanos y ha mantenido una política internacional basada en el liderazgo de la denuncia y la búsqueda del derrocamiento del régimen de Nicolás Maduro por desconocerlos. Queda en evidencia en este, como en otros temas, el manejo oportunista, pragmático dirán sus admiradores, y la hipocresía que impera en las relaciones internacionales del país, caracterizadas, en el gobierno Duque, además de la incoherencia, por el clientelismo para la provisión de los cargos diplomáticos, muchos de los cuales por la impreparación o descaro de los funcionaros nos han hecho pasar vergüenzas continuas, de lo que dan cuenta a diario los medios, el última de las cuales una valija con droga para un funcionario de una embajada. Haciendo eco de la política y retórica china en escenarios internacionales -que al uso de Estados Unidos decidió juzgar sin mirar sus culpas- , la embajadora de Colombia en la ONU afirmó ante el Consejo de Derechos Humanos que «Alcanzar los altos estándares de promoción, protección y garantía de todos los derechos humanos es un desafío que enfrentamos todos. Es por esto que encontramos mérito en las intervenciones sobre los avances en materia de derechos humanos, económicos y sociales en la República Popular de China». Declaración que contrasta de manera deshonrosa con los informes periódicos de organizaciones no gubernamentales del peso de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, entre otras, que advierten del sistemático desconocimiento de los derechos a la vida e integridad personal, debido proceso, información y comunicación, privacidad, habeas data y habeas corpus, libertad de pensamiento y religión, sexuales y reproductivos, opción sexual y de género, libre desarrollo de la personalidad en el país asiático. En enero de 2020, al presentar el capítulo correspondiente a China del Informe Mundial de Human Rights Watch, frente a la política del gigante asiático de reinterpretar y limitar los derechos humanos a la realización de avances socioeconómicos y respeto a la soberanía –restricción que aplaude ahora Colombia- señaló que están en riesgo décadas de avances que han posibilitado que personas de todo el mundo hablen con libertad, vivan sin temor al encarcelamiento arbitrario y la tortura, y ejerzan otros derechos humanos. “El gobierno chino ha creado un estado de vigilancia omnipresente con el fin de lograr un control social absoluto dentro del país. En la actualidad usa su influencia económica y diplomática para evadir acciones internacionales fuera de sus fronteras que reclaman que rinda cuentas por la represión. A fin de preservar el sistema internacional de derechos humanos como mecanismo efectivo para contrarrestar la represión, los gobiernos deberían cerrar filas ante los ataques de Pekín”. “Las autoridades han clausurado organizaciones cívicas, silenciado al periodismo independiente y cercenado gravemente el diálogo en línea. Están avasallando significativamente las libertades limitadas de Hong Kong en el marco del concepto “un país, dos sistemas”. Y en Xinjiang, las autoridades han construido un sistema nefasto de vigilancia para controlar a millones de uigures y otros musulmanes túrquicos, incluida la detención de más de un millón de personas con fines de adoctrinamiento político forzoso”. “Pekín ha empleado la tecnología como elemento central para la represión y lleva a cabo intromisiones masivas en la privacidad de las personas mediante herramientas como la obtención forzosa de muestras de ADN, para luego recurrir al análisis de megadatos y la inteligencia artificial para perfeccionar sus mecanismos de control. El objetivo es diseñar una sociedad en la que no haya disenso”. “La situación de los derechos humanos siguió caracterizándose por la represión sistemática de la disidencia. El sistema de justicia seguía plagado de juicios injustos y casos de tortura y otros malos tratos bajo custodia. China continuó tratando como secreto de Estado toda información referente al uso generalizado de la pena de muerte en el país”. “Siguieron aplicándose medidas de represión particularmente duras, disfrazadas de lucha “contra el separatismo” o “contra el terrorismo”, en la Región Autónoma Uigur de Sinkiang (Sinkiang) y en las zonas de población tibetana (Tíbet). Las autoridades sometieron a vigilancia invasiva, detención arbitraria y adoctrinamiento obligatorio a la población uigur, kazaja y de otros grupos étnicos predominantemente musulmanes”. “Las personas LGBTI sufrían una discriminación y una estigmatización social generalizadas. Al no existir servicios médicos adecuados, se exponían a graves peligros cuando buscaban tratamientos de afirmación de género, que ni estaban regulados ni eran apropiados. Asimismo, eran víctimas de abusos en forma de “terapias de conversión”. “El gobierno continuó intimidando, hostigando y enjuiciando a defensores y defensoras de los derechos humanos y a ONG independientes, irrumpiendo incluso en sus domicilios y oficinas. Además, la policía vigilaba, acosaba y detenía a familiares de defensores y defensoras, y también restringía su libertad de circulación”. Por su parte, Amnistía Internacional denuncia que “el presidente Xi Jinping incidió en que el sistema jurídico debía estar bajo el mando absoluto del Partido Comunista Chino”, algo parecido a lo que pretende el uribismo. “Tanto los organismos encargados de hacer cumplir la ley como el sistema judicial seguían en gran medida bajo el control del partido. China legalizó la detención arbitraria y secreta -como la llamada “vigilancia domiciliaria en un lugar designado”-, y autorizó también por ley el sistema extrajudicial de detención denominado liuzhi. Estos procedimientos permitían la detención en régimen de incomunicación durante periodos prolongados, y entrañaban mayor peligro de tortura. “El gobierno restringió aún más el derecho a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica. Las autoridades sometieron a estricta censura a todos los medios y publicaciones, desde los medios de comunicación impresos hasta los juegos online. Con ayuda de empresas privadas de tecnología e Internet, el funcionariado dominaba técnicas de reconocimiento facial, sistemas de registro con nombre real y macrodatos para someter a la población a vigilancia y control masivos e indiscriminados”. A finales del año pasado, una coalición mundial de 321 grupos de la sociedad civil, incluida Amnistía Internacional solicitó a las Naciones Unidas crear con urgencia un mecanismo internacional independiente para abordar las violaciones de derechos humanos del gobierno chino. La petición de estos grupos se hace eco de una declaración realizada por más de 50 expertos y expertas de la ONU que en junio de 2020 expusieron con detalle las graves violaciones de los derechos humanos perpetradas por las autoridades chinas y pidieron que se tomaran “medidas decisivas para proteger las libertades fundamentales en China”. La República Popular China -Sina en griego y para efectos de estudios culturales (v.g.: el sinismo que estudian los sinólogos) a diferencia del cinismo de nuestra diplomacia- es un país autodeclarado comunista -el espanto del uribismo- , orientado por el marxismo leninismo maoísmo actualizado y reformado en lo político y por la economía de mercado en lo económico, simbiosis que ha dado como resultado su elevación a segunda potencia económica mundial -según proyecciones será la primera en un lustro- saltando del feudalismo al capitalismo de alta tecnología, poder industrial y cuantiosas inversiones en menos de un siglo. En medio de esa pujanza sus expectativas de crecimiento, aparte del desarrollo interno centrado en poderosas urbes industriales, se basa en una agresiva política de expansión en la que en los últimos años América Latina ha sido objetivo de la inversión en sectores estratégicos como la infraestructura, los recursos naturales, la minería, los hidrocarburos, la alta tecnología y la adquisición de propiedades, tierras y marcas. En ese interés viene figurando Colombia desde que en gobierno Santos suscribió con el gigante asiático, en 2012, el Acuerdo Bilateral para la Promoción y Protección de Inversiones entre China y Colombia -Appri- que en términos de los críticos es una alianza de un desbalance grotesco, como poner a competir un tigre con ratón, entregando sectores estratégicos de la economía sin contraprestación ni salvaguarda y con un acatamiento de las normas internas como la consulta previa y los derechos de las comunidades, muy favorable al inversionista extranjero. El Grupo Regional sobre Financiamiento e Infraestructura (GREFI), insiste por ello en revisar los marcos regulatorios en materia de derechos humanos y laborales de las empresas chinas en América Latina. Con la mira puesta en los yuanes a cualquier precio, el gobierno Duque se montó en ese “tigre salvador”. Muestra de esa nueva era de las relaciones sino-colombianas fue la visita presidencial a Pekín, con homenaje al inclemente líder comunista Mao Tse Tung incluido, y el relanzamiento de las mismas con motivo de los 40 años de establecidas en el retardatario gobierno de Turbay Ayala. Los gestos de simpatía van y vienen. La potencia no se ha hecho esperar para proveernos de la vacuna Sinovac contra el Covid 19 y Colombia agradecida elogiando la totalitaria política de Pekín en materia de Derechos Humanos, en tanto enfrenta airada por lo mismo países vecinos. La inversión directa de China en Colombia pasó de US$9,3 millones en 2019 a US$43,3 millones, hacia octubre 2020, según el Banco de la República, con inversiones clave como la construcción del Metro de Bogotá e importantes carreteras, US$400 millones en la vía estratégica que unirá a Medellín con Urabá, el tren de cercanías de la Sabana de Bogotá (Regiotram), la mina de oro más grande del país en Antioquia, el fondo de pensiones Old Mutual y el suministro por BYD de buses eléctricos a Bogotá y Medellín. Además de la participación que las firmas Sinuchen, China National Petroleum Company y Emerald Energy -cuestionada por temas ambientales, humanitarios y represión en el Caquetá- tienen en el sector de hidrocarburos. Entre 2002 y 2019, China invirtió un total de US$240 millones en Colombia, mientras que ahora se tienen confirmados US$1.000 millones solo en proyectos energéticos. En la vía contraria Colombia envía aguacate Hass y comenzó a exportar banano, entre otros productos agropecuarios. La comparación es risible, nos avasallan. Para compensar la avalancha inversionista china, que de alguna manera hace menos destroza su gestión en números, el gobierno colombiano, ávido de recursos, no repara ni en derechos ni en soberanía ni en vergüenza. Aplaude la política de derechos humanos de China. Como dijo el líder comunista reformista Zhou Enlai y repitió años después Deng Xiaoping, “No importa el color del gato con tal de que cace ratones”. Y tenga plata.

  • Colombia: entre los polos del estoicismo

    Por: Guillermo Linero Montes. Columnista Pares. Luego de repasar en entrevista al doctor en filosofía Massimo Pigliucci1 hablando sobre el estoicismo y su vigencia en el tiempo, me vino a la mente que tal vez a los colombianos nos haga falta un poco, o quizás todo lo que los antiguos filósofos fundadores de dicha escuela de pensamiento (me refiero a Zenón de Citio y a Crisipo, en el siglo III a. C.) consideraban esencial para disfrutar buenamente la vida y hacerlo siguiendo las pautas o el devenir de la naturaleza. En efecto, la sabiduría era para los estoicos, para sus fundadores y para quienes ampliaron el estoicismo como modelo de aplicación filosófica (primero en el siglo I a.C. con Panecio de Rodas y Posidonio; y después en el siglo I d.C. Séneca y Epícteto) no más que el arte de saber vivir, y para ello apenas había que obedecer a la razón como quien escucha la voz de la naturaleza. Según estos pensadores, al igual que los planetas –y esto constituye el trasunto del estoicismo- debemos seguir el curso que el azar de la naturaleza nos haya determinado o vaya determinándonos. De su premisa: “dejar que la naturaleza nos hable por intermedio de la razón”, surgiría la percepción equivocada acerca de que los estoicos son desenfadados y dejan que las cosas, negativas o positivas trascurran sin que ellos hagan nada para cambiarlas. Y esto lo concluyen así, siguiendo el estereotipo de que los estoicos al privilegiar la libertad no siguen las reglas y ni siquiera les importan. Pese a ello, el presupuesto filosófico mayor de los estoicos es la ética, y esta no podría existir sin el denominado sentido de la justicia y sin el deseo o el propósito de alcanzar un orden. No en vano –aunque en el presente entendemos mínimamente cómo funciona el universo conocido- los antiguos veían en el funcionamiento del cosmos la concreción de lo armónico; pues, mientras que las estrellas seguían leyes que las ataban al todo, los planetas, que parecían errantes, eran también partícipes de ese cosmos; algo así como la expresión de las libertades individuales en medio de un todo reglado: las sociedades. El estoicismo es una filosofía de vida en cuanto posee dos componentes básicos propios de toda idea, religiosa o de pensamiento filosófico: La ética y la metafísica. La Metafísica, que es el entendimiento de cómo funciona el mundo (si de manera idealista o materialista, si bajo un ideal de izquierda comunista o si uno bajo la extrema derecha nazi, si bajo el capitalismo salvaje o si bajo un modelo de economía solidaria). La ética, por su parte dicta cómo debemos comportarnos en el mundo, o en medio de ese modelo económico político elegido. Por estas razones la metafísica y la ética, en calidad de componentes básicos han de ir de la mano (es decir, debe existir coherencia entre lo que se piensa y cree y aquello que profesamos y hacemos). Los colombianos, que cuando no somos católicos somos cristianos, por ejemplo, desobedecemos a cada tanto los mandamientos o principios de ambas doctrinas, como lo son “no robar y no matar”. El estoicismo es la manera de orientarnos coherentemente de acuerdo a nuestros principios de vida. Las sociedades que viven en contravía con la coherencia de su filosofía de vida –como Venezuela o Colombia- caen bajo el imperio de la barbarie; y las sociedades que juegan a entrar y salir de esos principios, como la de los Estados Unidos de América, son señaladas de poseer doble moral. El estoicismo, sin embargo se diferencia de los conceptos de vida de las otras ideologías o religiones corrientes; porque propone, justamente, vivir conforme a la naturaleza; mientras que los otros modelos de vida filosóficos reclaman a sus adeptos vivir conforme a lo establecido en sus estrictos principios y moralidades. Así, los colombianos inclinados hacia el estoicismo negativo, promueven en su doble moral el “No al aborto” como bandera del derecho a la vida y a la vez promueven el “porte de armas” como bandera del derecho a dar muerte. Si los colombianos reparáramos en lo anterior, diferenciaríamos entre seguir ciegamente preceptos impuestos, que estancan la evolución social (como la explotación minera o el detrimento del salario mínimo) o si mejor le son fieles a la naturaleza, siguiendo las advertencias y sugerencias de la comunidad científica especializada en la conservación del medio ambiente y a la simbiosis hombre-naturaleza, que refiere la inclusión, la protección del medio ambiente, la defensa de los derechos civiles, y la participación ciudadana, entre otros. El profesor y filósofo Massimo Pigliucci, lo describe muy bien: “Todos los seres vivos intentan vivir conforme a su naturaleza: si eres una planta intentas que te dé el sol, porque es tu naturaleza como planta. Si eres un león te comportas de cierta manera, porque es la naturaleza de un león. De acuerdo con los estoicos la naturaleza de los seres humanos es, fundamentalmente, que somos seres sociales y que tenemos la capacidad de razonar. Somos sociales, es decir, podemos sobrevivir por nuestra cuenta si es necesario; pero solo progresamos en sociedad, y razonamos, aunque no siempre lo hagamos bien”. De modo que los colombianos, de seguir los preceptos del estoicismo, sabríamos que la vía expedita para mejorar nuestra sociedad es razonar. Razonar para mejorar la vida en comunidad. Para el estoicismo, una vida humana que vale la pena es aquella en la cual usamos la razón, para ayudarnos a nosotros mismos, pero siempre sobre la base de ayudar a los demás; porque para los estoicos no hay sino un solo ser conformado por cada quien y por la sociedad. Por eso las sociedades que realmente progresan, son aquellas donde progresa también cada asociado. Y pienso en el estoicismo en relación con Colombia, porque precisamente los colombianos no hemos determinado cuál es nuestra filosofía de vida, y en consecuencia nos debatimos sin criterio en medio de dos categorías o conductas: las negativas (que refieren un amplio abanico que va desde la inequidad social hasta la violencia) y las positivas (que implican la paz y la equidad social). Los colombianos que alimentan lo negativo, tienen como herramienta política la rabia y aunque haya suficientes motivos para despertarla con verdad (como la carga de impuestos o el asesinato de líderes sociales) la usan también desde las fake news, creando angustias y monstruos donde no los hay (Petro guerrillero o el castrochavismo). Quiénes alimentan lo negativo propagan el miedo (inventando por ejemplo que Colombia en manos de un gobierno de izquierda quedaría igual o peor que la Venezuela de Maduro). Quienes alimentan lo negativo propagan el odio, no el de los pueblos cansados de masacres, que sería fundado, sino el infundado contra opositores a quienes no pueden llevar a los estrados judiciales exitosamente. Los colombianos que alimentan lo positivo, tienen como herramientas políticas la alegría y aunque pareciera no haber suficientes motivos para despertarla con verdad, la convocan con sus modos y maneras (“socialbacanería” le llaman los pacatos). Quiénes alimentan lo positivo propagan el amor (invitando a practicar al menos el ejercicio universal de respetar a los otros, empezando por el respeto a los DDHH). Quienes alimentan lo positivo propagan el sentido de justicia, no permiten los carteles de la toga, y en sus modelos de moral ciudadana no prosperan los jueces cobardes ni los vendidos. No obstante, y pese a que estas dos ambivalentes categorías importan a los estoicos como objeto de estudio, el estoicismo existe es para alentar las acciones positivas y para espantar las negativas. Y su propuesta de solución a ello, es tan elemental como de Perogrullo: alejarnos de lo negativo y acercarnos a lo positivo. Igual de elemental es comprender que debemos cancelar aquello cuanto nos impide disfrutar de la vida, por ejemplo, elegir mal a nuestros gobernantes o promover la guerra. En tal sentido, tampoco debemos enfadarnos todo el tiempo, sino buscar remedios como alentar los acuerdos de paz y, lo que resulta muy importante, debemos eliminar los miedos (el miedo a la denuncia o a la delación de…) y no odiar a todo el mundo (a Uribe, por ejemplo, hay que encarcelarlo con argumentos legales y buenos modales y a Petro, de acusarlo de algo, que sea con verdades demostradas plenamente). A la luz del estoicismo todas las conductas negativas nos impiden disfrutar de la vida; de manera que en oposición, sentir amor, alegría y tener un buen sentido de la justicia, mejoraría nuestras vidas.

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