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- Es el pueblo que quiere, el pueblo que obra y el pueblo que puede*
*Discurso imaginario del Libertador Simón Bolívar, a partir de sus frases históricas, en el acto de posesión popular del gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez por el Pacto Histórico, el 7 de agosto de 2022 en la Plaza de Bolívar de Bogotá, capital de la República de Colombia Por: Guillermo Segovia Mora Abogado y politólogo Señor presidente de la República, Gustavo Petro, señora vicepresidenta Francia Márquez, desde esta plaza –plaza que lleva mi apellido y exhibe en el centro la estatua que me esculpiera Tenerani, honor que me ha hecho la ciudad de Bogotá en nombre de toda Colombia– al ver al pueblo que se regocija con su posesión, reflexiono sobre los sueños frustrados tras más de dos siglos de Independencia y me pregunto: ¿cómo esto no había sucedido antes? Trépido de emoción al recordar que, tras haber arribado con el ejército libertador en medio de vítores y honores, una semana después de derrotar a las huestes de Barreiro en el Puente del Teatinos, el 7 de agosto de 1819, coloqué Bogotá, y no Santa Fe, como lugar de origen del parte de victoria enviado al presidente del Congreso, Francisco Antonio Zea, en remembranza del poblado de los muiscas para, como bien dijo usted, presidente Petro, cuando retiró la pintura del invasor Jiménez de Quesada durante su alcaldía de esta ciudad, “volver a tender el puente con la historia, volver a construir las raíces”[1]. Era mi afán constituir el símbolo de soberanía que guiaría las batallas que en adelante se darían hasta poner fin a la presencia realista en esta parte de América. “No poco se ha conmovido mi sensibilidad al llegar a esta capital de la Nueva Granada, en donde todavía se ven marcadas la depredación y la crueldad de los déspotas de la Península”[2], dije entonces. Desde las profundas convicciones que me llevaron por años de lucha para cortar las cadenas del yugo español, con la autoridad que me dan las batallas libradas y ganadas para la Independencia de América y la certeza de que “Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos”[3], permítanme decir: ya era hora. Como atinadamente usted afirmó al retirar el óleo aquel, “este es el salón de los libertadores, no de los conquistadores, porque somos una República, aunque a veces se nos olvide”[4], de más está recordarle que “Bogotá ha sido siempre y es el trono de la opinión nacional”[5]. Con ese acto derribó usted un símbolo de la dominación colonial. Por desgracia, ya en lo formal libres, otras son las cadenas que hoy oprimen a los discriminados y empobrecidos. Pero antes de adentrarme en otros temas y para restañar una injusticia del pasado, debo decir también que, en mi sentir, más allá de las virtudes y logros que se me reconozcan, que atesoro y agradezco, Bogotá y Colombia entera están en deuda de reconocimiento público con Antonio Nariño, patriota, precursor, ideólogo, guerrero y mártir de esta patria e hijo de este terruño, a quien los colombianos, en consulta realizada años atrás por una importante gaceta, concedieron el título del compatriota más importante de la historia. En su momento, luego de promover su nombre a la vicepresidencia en el Congreso de Cúcuta, como un gesto de desagravio con él y sus gestas, afirmé: “entre los muchos favores que la fortuna ha concedido últimamente a Colombia, cuento como el más importante el de haber restituido los talentos y virtudes de uno de los más célebres e ilustres hijos. V.S. merece por muchos títulos la estimación de sus conciudadanos, y muy particularmente la mía”[6]. Frente a los males que aún persisten, con hondura y ampliamente ha hablado usted de la necesidad de superar la discriminación, la pobreza y de generar condiciones de equidad. Basta una mirada sensible para “probar el estado de esclavitud en que se halla aún el bajo pueblo colombiano; probar que está bajo el yugo no sólo de los alcaldes y curas de las parroquias, sino también bajo el de los tres o cuatro magnates que hay en cada una de ellas; que en las ciudades es lo mismo, con la diferencia de que los amos son más numerosos, porque se aumentan con muchos clérigos, frailes y doctores; que la libertad y las garantías son sólo para aquellos hombres y para los ricos y nunca para los pueblos, cuya esclavitud es peor que la de los mismos indios; que esclavos eran bajo la Constitución de Cúcuta y esclavos quedarían bajo cualquier otra constitución, así fuese la más democrática”[7]. Usted estará en acuerdo conmigo “que en Colombia hay una aristocracia de rango, de empleos y de riqueza equivalente, por su influjo, pretensiones y peso sobre el pueblo, a la aristocracia de títulos y de nacimiento aun la más despótica de Europa; que en esa aristocracia entran también los clérigos, los frailes, los doctores o abogados, los militares y los ricos, pues aunque hablan de libertad y de garantías es para ellos solos que las quieren y no para el pueblo, que, según ellos debe, continuar bajo su opresión; quieren también la igualdad, para elevarse y aparearse con los más caracterizados, pero no para nivelarse ellos con los individuos de las clases inferiores de la sociedad: a éstos los quieren considerar siempre como sus siervos a pesar de todo su liberalismo”[8]. En varias ocasiones expresé al general Santander, cuando juntos combatíamos por la causa de liberarnos de la opresión española y de construir la República, mi inconformidad con los cabildantes, legisladores y procuradores, que distanciados de sus votantes o a contrapelo de sus funciones, actuando en favor de sus intereses y los de sus patrocinadores, obstruían ayer, y quieren malograr hoy, los proyectos progresistas que nuestra gesta abanderaba y que usted conduce para aminorar la indignante situación de las mayorías. “Esos señores piensan que la voluntad del pueblo es la opinión de ellos, sin saber que en Colombia (…) es el pueblo que quiere, el pueblo que obra y el pueblo que puede; todo lo demás es gente que vegeta con más o menos malignidad, o con más o menos patriotismo, pero todos sin ningún derecho a ser otra cosa que ciudadanos pasivos. Esta política, que ciertamente no es la de Rousseau, al fin será necesario desenvolverla para que no nos vuelvan a perder esos señores. (…) ¿No le parece a usted, mi querido Santander, que esos legisladores, más ignorantes que malos, y más presuntuosos que ambiciosos, nos van a conducir a la anarquía, y después a la tiranía, y siempre a la ruina? Yo lo creo así y estoy cierto de ello”[9]. Para poner fin a esa realidad oprobiosa luché y juré un día: “no envainaré jamás la espada mientras la libertad de mi pueblo no esté totalmente asegurada”[10]. Y fui fiel al compromiso de romper las cadenas que nos ataban a la monarquía para ser formalmente libres. Insistiendo en esa premisa, 155 años después, el 17 de enero de 1974, un comando del Movimiento 19 de Abril, al cual usted perteneció, advertido de una democracia restringida, una realidad social dramática y un país sometido, asaltó mi residencia en Bogotá, la Quinta de Bolívar, y se llevó mi espada, que reposaba en la habitación de mi adorada Manuelita Sáenz. Fui evocado e invocado por ustedes para legitimar su empeño: "Bolívar no ha muerto. Su espada rompe las telarañas del museo y se lanza a los combates del presente. Pasa a nuestras manos. Y apunta ahora contra los explotadores del pueblo". Y, junto a la bandera del M19, la promesa: “Su espada pasa a nuestras manos. A las manos del pueblo en armas. Y unida a las luchas de nuestros pueblos no descansará hasta lograr la segunda independencia”[11]. Lo que Bolívar no ha hecho está por hacerse, había dicho antes el patriota cubano José Martí. Años después, tras episodios dolorosos, luego de un período aciago para la República, abocados a los riesgos de la disolución, los hijos dolidos de esta patria se juntaron para encontrar el camino de la reconciliación y silenciar las armas. En ese anhelo dieron su vida Rafael Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Jaime Bateman Cayón, Bernardo Jaramillo, Luis Carlos Galán y su comandante Carlos Pizarro. Las cosas habían llegado demasiado lejos. Los tratados de paz que su organización y otros agrupamientos rebeldes firmaron con el gobierno prosperaron en la Constitución de 1991, en la que brillan los derechos. Ante este hecho, de manos de los todavía pequeños hijos de muchos de sus compañeros y de Antonio Navarro, el 31 de enero de 1991, el M19, desmovilizado y con sus miembros elegidos como fuerza mayoritaria protagonista en la Asamblea Nacional Constituyente, devolvió mi espada al gobierno de César Gaviria, quien ordenó guarnecerla en una bóveda del Banco de la República. La dicha fue breve, porque a pesar de haber dispuesto una Constitución generosa en derechos y libertades, inédita en la historia nacional, pasó a ser letra muerta ante el tremedal en que se sumió el país por las mafias, el clientelismo politiquero, sus bandas criminales y un ejército que desoyó mi sentencia: “¡Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los ciudadanos!”[12]. Pero el gesto de esos guerreros idealistas que firmaron la paz y persistieron en ella fue un mensaje de esperanza. Sigo convencido, y sé que usted lo comparte conmigo, de que “el sistema de gobierno más perfecto es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”[13]. A lograrlo entregué mi acción pública, que en el fragor de la lucha política y las decisiones de Estado, orientadas por objetivos estratégicos mayores y en bien de los más desprotegidos, fue cuestionada y hasta despreciada, como lo demostró el complot para asesinarme apenas a un par de cuadras de aquí, en aquella nefanda noche septembrina. Curtido en la batalla, fui generoso en la victoria. Tras la guerra a muerte que sentencié contra los españoles y los traidores, no dudé en dar un apretón de manos al sanguinario Morillo, luego de firmado el armisticio, previo al fin de la confrontación armada contra España, sin olvidar que, durante el régimen del terror, entre 1816 y 1817, anegó en sangre esta plaza en venganza por el Grito de Independencia del 20 de Julio de 1810 y la primera república, llevando al patíbulo a próceres como Antonio Baraya, Camilo Torres, Manuel Rodríguez Torices, Alejandro Sabaraín y Policarpa Salavarrieta. Se perdona pero no se olvida. Se trataba de humanizar la guerra y en ello fuimos precursores. La confrontación bélica era entonces el escenario necesario, pero mi enseña es la paz. Sé que en ese anhelo Colombia entera está con nosotros y usted dice conmigo: “la paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo”[14]. Corren tiempos difíciles. Enfrenta usted innobles y poderosos enemigos porque sabe que “la destrucción de la moral pública causa bien pronto la disolución del Estado”[15] y que “la mejor política es la honradez”[16]. En esa lucha ha sido valiente y enfrenta las consecuencias. “El crimen de todos los partidos es igualmente odioso y condenable: hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad”[17]. No se puede desfallecer. Bien sabe usted, señor presidente, que “el hombre de honor no tiene más patria que aquella en que se protegen los derechos de los ciudadanos y se respeta el carácter sagrado de la humanidad. La ley y la justicia están por nosotros; quiero decir, por el bien y por la patria, porque nosotros no tenemos causa sino la República”[18]. Compartí la emoción que usted confesó haber sentido cuando su antecesor le mostró mi espada, que reposa en una vitrina del Palacio de Nariño, advirtió que se encontraba desenvainada y recordó mi consigna como su compromiso –el presidente saliente, como otro de los expresidentes, la sacaron de la bóveda de seguridad para exhibirla junto a su vanidad–. Me regocija su compromiso con esa insignia, transmitido por ese correo mágico que es el Twitter, “ahora la cuidaré y haré que el pueblo colombiano la pueda ver y ser su dueño”[19]. Celebro que la haya traído a este acto histórico, para sellar su compromiso con la nación, sin privilegios ni exclusiones. Luego de esa visita, lo entrevistó el periodista Daniel Coronell, quien 34 años antes, en la clandestinidad, le había indagado por mi espada, en poder del M19, a lo que usted respondió que estaría en manos de su organización hasta que se realizaran mis sueños. Le recordó que en su discurso triunfal, el 19 de junio de 2022, usted dijo, “la paz es que alguien como yo pueda llegar a ser presidente”, y preguntó: “¿señor presidente, qué ha cambiado del Gustavo Petro de entonces al de hoy?”, y no puedo hacer cosa distinta que reconocer la pertinencia de sus respuestas, que podrían ser cercanas a las mías si yo viviera este momento, en la época de la emancipación la derrota por las armas de los ejércitos del rey era imperativa. Contestó usted: “hay un fluir de ideas mayor. Por obvias razones. El tiempo ha pasado. Cuando nosotros nos vimos existía la Unión Soviética. Y el mundo era diferente, nuestras ideas eran un poco más dogmáticas. En ese momento yo sí soñaba en llegar a donde voy a llegar. Pero con un ejército popular y quizás vistiendo de oliva. Y quizás lo que hubiéramos hecho fuera un desastre. Eso habría pasado, porque de ahí no salen transformaciones. Y hubiéramos devuelto la espada ahí donde está hoy”. “Pero digamos, de ahí no hubiera surgido un mundo mejor. Primero, porque habría sido una victoria militar. Eso era lo que nosotros estábamos pretendiendo, una victoria militar. Y entonces de una victoria militar no sale sino un derrotado militar. De ahí hubiera surgido una imposición y una imposición no es democrática. Y de ahí hubieran surgido unos seres humanos que los hubiera cogido el poder y los hubiera vuelto autócratas, porque sobre las armas solo se construye autocracia”. “Lo que vivimos fue mejor, aun con muertos, lo que vino después de esa entrevista, con toda la intensidad de la historia, fue la paz. Yo sigo pensando más o menos en lo mismo, pero los métodos, las formas, la historia real fue diferente. Espero que mi gobierno sea el de la Constitución. Usted me entrevistó como un combatiente clandestino del M19. Creo que me habrían podido desaparecer o matar, porque esa era la historia. Y yo la viví. Esos hechos históricos tienen un peso enorme”[20]. El periodista le preguntó si las cosas habían cambiado y usted afirmó que hay nuevas formas de pensamiento pero también alertó que no se puede fallar, como yo advertí en la Carta de Jamaica: “el velo se ha rasgado, ya hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas, se han roto las cadenas; ya hemos sido libres y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos”[21]. A su manera, “si no lo hacemos bien, pueden venir las tinieblas”[22]. Apreciado señor presidente, a Bogotá llegué en agosto de 1819 triunfante, pleno de gloria y de aquí salí el 8 de mayo de 1830, enfermo, afligido, calumniado y en andrajos. A pesar de lo logrado dije que había arado en el mar; no cesaron los partidos ni se consolidó la unión, como fue mi deseo póstumo. Hoy, desde esta plaza rebosada en la que un pueblo esperanzado lo aclama, solo me queda decir con usted: “seremos para siempre libres, iguales e independientes”[23] y recordarle que “mi espada y mi corazón siempre serán de Colombia; y mis últimos suspiros pedirán al cielo su felicidad”[24]. [1] Gustavo Petro, alcalde mayor de Bogotá, acto inaugural Salón Libertador, junio 6 de 2013. [2] Simón Bolívar, Mensaje a Francisco Antonio Zea, 14 de agosto de 1819. [3] Simón Bolívar, Carta de Jamaica, Kingston, Jamaica, 6 de septiembre de 1815. [4] Gustavo Petro, óp. cit. [5] Simón Bolívar, Palabras pronunciadas al llegar a Bogotá, 24 de junio de 1828. [6] Simón Bolívar, Carta a Antonio Nariño, marzo 24 de 1821. [7] Citado por Perú De Lacroix, Diario de Bucaramanga, 24 de abril de 1828. [8] Perú De Lacroix, óp. cit. [9] Simón Bolívar, Carta a Francisco de Paula, 13 de junio de 1821. [10] Simón Bolívar, Discurso pronunciado en Caracas, 2 de enero de 1814. [11] Movimiento 19 de Abril, boletín “Bolívar, tu espada vuelve a la lucha”, enero 17 de 1974. [12] Simón Bolívar, Mensaje al Congreso de Bolivia, Lima, 25 de mayo de 1826. [13] Simón Bolívar, Discurso de instalación del Congreso de Angostura, 15 de febrero de 1815. [14] Simón Bolívar, Carta a Santander, 23 de junio de 1820. [15] Simón Bolívar, Carta al doctor José María del Castillo Rada, 6 de enero de 1829. [16] Simón Bolívar, Carta a Santander, 17 de agosto de 1820. [17] Simón Bolívar, Carta al Coronel Antonio Morales, 25 de febrero de 1820 [18] Simón Bolívar, Carta al militar español Francisco Doña, 27 de agosto de 1820. [19] Gustavo Petro, Twitter 21 de junio de 2022 [20] Gustavo Petro, Entrevista con la revista Cambio y el portal Los Danieles, con Daniel Coronell y Federico Gómez Lara, 25 de junio de 2022. [21] Simón Bolívar, Carta de Jamaica, 6 de septiembre de 1815. [22] Gustavo Petro, Entrevista Cambio, ibíd. [23] Simón Bolívar, Manifiesto a los caraqueños, 9 de enero de 1817. [24] Simón Bolívar, Carta al Presidente de Colombia, 5 de febrero de 1827.
- La espada fue testigo
Por: Guillermo Segovia Politólogo, abogado y periodista Acaba de publicarse en Puerto Rico “Soy la espada y soy la herida”, una novela histórica del periodista y escritor Josean Ramos que, de forma fascinante, recorre parte de la historia de Colombia y Latinoamérica en los convulsos años 80 del siglo pasado; del insurgente Movimiento 19 de Abril, desde sus inicios hasta su desmovilización, previo acuerdo político que llevaría a la Asamblea Constituyente de 1991; y de una de las espadas -todas enigmáticas- del Libertador Simón Bolívar: la que dio bautizo público al M19 el 17 de enero de 1974, cuando la sustrajo de la quinta que Bolívar habitó, en las estribaciones de Monserrate, como gobernante de la Gran Colombia, y en la que convivió con su amante, “La Libertadora del Libertador”, Manuelita Sáenz. Tal vez no haya en la historia nacional un hecho simbólico de tantas repercusiones como la acción mediante la cual el movimiento subversivo, confluencia de distintas vertientes rebeldes innovadoras, determinó salir a la luz reivindicando la victoria popular de 1970 esquilmada a Rojas Pinilla, pero, en el fondo, una coartada para darle un nuevo cariz a las motivaciones de la insurgencia en el país ante el anquilosamiento y la falta de empatía de la izquierda con las masas a las que pretendía concientizar y conducir. El “operativo” lo narran con detalle sus protagonistas en el libro ya canónico de Olga Behar “Las guerras por la paz”, en particular, Álvaro Fayad, ‘El turco’, hijo y víctima de la violencia, amante de la cultura, al que le correspondió reventar el cristal y sustraer la espada, los espolines y los estribos de la urna en la que, por décadas, posaron para los visitantes del museo y sacarlos de allí a las carreras. El Libertador había jurado: “No daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen”; y había prometido: “No envainaré jamás la espada mientras la Libertad de mi patria no esté completamente asegurada”. El M19 la “recuperaba” para gritar: “Bolívar, tu espada vuelve a la lucha”, frase de un comunicado publicado junto con una fotografía de Carlos Sánchez -conductor del carro del “operativo”- del filo de acero atravesando el mapa de Latinoamérica, precedido de una bandera del grupo, que daría la vuelta al mundo. La espada “recuperada” sirve de excusa a Josean para narrar en paralelo la épica historia del M19 y la tragedia de la simulada democracia colombiana. De la expectativa purgante “Contra los parásitos ya viene…M19” al robo de la espada, el saqueo de la armería del Cantón Norte del Ejército, la toma de la embajada de República Dominicana, el buque Karina hundido en la costa pacífica (espléndidamente contado por Germán castro Caycedo) y el avión de Aereopesca acuatizado en el río Orteguaza, repletos de armas tras recorrido intercontinental y el accidente mortal en las selvas del Darién, de Jaime Bateman, “genio” de toda esa locura. También las “tomas” de periódicos y el reparto de leche y juguetes bajados de camiones capturados y otros “operativos robinhoodescos”, la porfiada firma de la paz con Betancur entre muertos, las fiestas populares con fusiles en alto en El Hobo y Corinto, la batalla de Yarumales para contener a los militares en un último intento por la tregua acordada, las emboscadas mortales contra Iván Marino Ospina, Gustavo Arias y Álvaro Fayad, el atentado contra Antonio Navarro y sus compañeros en Cali, la toma y retoma del Palacio de Justicia con sus cien muertos -incluida parte de la plana mayor del eme- y el dolor nacional, “El batallón América” y la utopía de Carlos Pizarro de revivir al ejército libertador. A la vez, la dictadura disimulada del binomio Turbay-Camacho Leyva, seguidilla de la dominación oligárquica del Frente Nacional en los nuevas esquemas de la doctrina de seguridad nacional para contener la oleada de rebeldía provocada por la miseria y la exclusión en Latinoamérica; la atolondrada represión del “Estatuto de Seguridad” que convirtió en subversivo cualquier reclamo de democracia y patentó la tortura; las tramposas concesiones de amnistía ante una insurgencia con prestigio creciente; los intentos de Belisario Betancur por lograr desarmar a los insurrectos, hechos cenizas en el Palacio de Justicia; y, tras el desconcierto del secuestro de Álvaro Gómez, la luz verde para negociar de Barco y Gaviria que permitió un acuerdo que, al asemejar para el M19 el “sancocho nacional” que prometió su más visible líder, ‘El flaco’ Bateman, posibilitó un arreglo para el desarme de esa guerrilla y la Constitución de 1991. Entreverada en todo esto, la espada del Libertador “recuperada”, como protagonista y testigo. Lo que la distinguió de las otras que poseyó Bolívar (ellas, tal vez, con mayor recorrido guerrero, mayores lujos e incrustes de piedras preciosas o de más recordación para él por provenir de la gratitud), es que esta fue la de Bomboná, una batalla crucial para la independencia continental, y era la que estaba a mano. La historia de su procedencia y tránsito por varias manos hasta llegar a la quinta y salir de ella debajo de una ruana. De los lugares inimaginables donde se ocultó, Josean no solo rescata los nombres y vidas de sus cuidadores, sino que aprovecha para rendirles un homenaje emocionante como algunos de los principales cultores de las artes y las letras en nuestra patria que nosotros, sus compatriotas, no hemos sido capaces de ofrendarles. La novela devela que los organismos de inteligencia y el ejército no estuvieron desencaminados cuando señalaron, provocaron, allanaron, detuvieron y torturaron a muchos intelectuales y artistas por la sospecha de estar comprometidos con el M19, en particular, luego de la “Operación Ballena Azul” (relatada en libro reportaje por Hollman Morris), en la que por un túnel que atravesaba una avenida en Usaquén, al norte de Bogotá, le sacaron 5 mil armas al depósito más custodiado del Ejército en el país -incluido el fúsil que portaba el cura Camilo Torres al caer acribillado en Patio Cemento- una madrugada de año nuevo. La espada durmió meses en “El cuarto del búho”, la guarida de León De Greiff -del que se creía que era poeta porque tenía barba y fumaba-, embolatada entre miles de libros y discos amontonados, en una casa vieja del barrio Santafé que, después, una prostituta adecuó para ofrecer servicios pero guardó los arrumes del viejo por respeto, hasta que Hernando Cabarcas -reconocido con nombre propio en la novela con sobrados méritos- los recuperó del olvido. “Cambio mi vida, juego mi vida, de todas maneras la llevo perdida”, susurraba el bardo mirando la espada que le habían encomendado los de la eme. Josean nos trae a León para que no se nos olvide el rebelde creador de palabras, de nombres y horizontes, muerto y hoy casi en el olvido. A quien, en voz de uno de sus alter ego, Gaspar Delanuit, describió así la dirigencia de esta provincia apocada: (...) Toda aquésa gentuza verborrágica trujamanes de feria, gansos del capitolio, engibacaires, abderitanos, macuqueros, casta inferior desglandulada de potencia, casta inferior elocuenciada de impotencia-, toda aquésa gentuza verborrágica me causa hastío, bascas me suscita, gelasmo me ocasiona (...) Ante los embates de la represión, el arma guerrera pasó a manos de otro custodio, también poeta, de palabra subversiva, dado a quitar máscaras y a denunciar infamias, miserias e inequidades, comunista desde siempre -pero al contrario de los marxistas dogmáticos, bolivariano- y Premio Lenin de la Paz cuando ese era un reconocimiento de prestigio ante el mundo para los amantes de la paz, la justicia y el progreso. Fue a parar a la casa del maestro Luis Vidales, padre de uno de los fundadores del M19, a quien una noche los militares se llevaron y mantuvieron varios días vendado y en calzoncillos a pesar de su edad para que traicionara su compromiso, y él prefirió el vejamen dándoles lecciones de solidaridad e internacionalismo proletario y declamándoles “Suenan timbres” y pasajes de “La obreriada”, sobre la insurrección por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, ahogada en sangre. Cuenta Josean que de ahí el legendario objeto filoso pasó a manos de la pianista Teresita Gómez, humillada de niña por negra y hoy respetada por negra, quien de manera natural la escondió en el cajón de su piano y gozaba intensa con la vibración especial de las notas de las blancas y negras repercutidas por la vibra de la hoja de acero. Nada pudieron contra la férrea voluntad de esa música de ébano dulce e insumisa, los cercos y presiones castrenses. La espada de Bolívar también llegó a manos de la irreverente y trasgresora Feliza Bursztyn quien la camufló en una escultura de retazos de hierro en homenaje a Macondo, que nunca advirtieron los soldados perdidos buscando el sable entre chatarras enmohecidas en el taller de la escultora, que moriría de tristeza meses después desgonzada en la mesa durante una cena con Gabriel García Márquez y Enrique Santos en París. Según el relato, Feliza compartió tiempos de custodia del símbolo libertario con “El Gabo”, quien en su estudio, cerca al Museo Nacional en la novela, contemplaba la espada intuyendo los momentos finales de desgracia y abandono del Libertador en su viaje sin retorno y final a Santa Marta, que le servirían para ese retrato de desasosiego que es “El general en su laberinto”: “Vámonos, aquí ya nadie nos quiere”. “Gabo” tuvo que salir de su casa en volandas a la embajada mexicana advertido por amigos que los esbirros de Turbay Ayala lo iban a poner preso por lo de las armas del Cantón. Luego Belisario Betancur lo reivindicaría como un hombre clave en las negociaciones de paz y Colombia entera lo venera como se merece por habernos hecho un poquito parte del universo. El periplo de la espada se complica cuando por causa de la represión en Colombia los mandos del M19 deciden que hay que enviarla a Cuba y ponerla bajo custodia de Fidel Castro. En ese trance llega a Panamá en los momentos patrióticos con Omar Torrijos recuperando el canal. Éste la esconde en un paragüero pero un accidente aéreo -nunca bien aclarado- en el que el general patriota pierde la vida, pone el poder en manos del ambiguo general Manuel Noriega quien guarda el emblema libertario en su habitación, refundido en su colección de sapos. A expensas de “care piña", rezos de babalaos tratan de descifrar los misterios de la espada y concitar sus suertes, cuando la invasión estadounidense para sacarlo del poder lo obliga a entregarla a la embajada cubana. De allí sale en valija diplomática para La Habana, donde alguna vez Fidel la acarició. Momento para la imaginación porque no hay testigo. Luego de 15 años de una lucha guerrillera frenética y sui géneris, en 1989, el M19 logró un acuerdo de paz definitivo con el gobierno de Virgilio Barco. Meses después, Carlos Pizarro, el comandante que lo lideró, fue asesinado como es costumbre en Colombia. El M19 siguió firme en su compromiso de reintegrase a la vida civil y logró un tercio de la asamblea constitucional que ofreció ilusiones a un país reventado de dolor. Como parte del acuerdo, se le demandaba devolver la espada compromiso para cuyo cumplimiento se vio en ascuas, hasta que por avisos en clave en la prensa bogotana, ubicaron a sus custodios en Cuba. El 31 de enero de 1991 la espada de Bolívar fue devuelta en un acto solemne de paz y compromiso en la Quinta de Bolívar, entre los cantos esperanzadores de un coro de niños. El gobierno determinó mantenerla en adelante en una bóveda de seguridad del Banco de la República. En enero de 2010 las Farc pretendieron hacer creer que tenían la espada en su poder, lo que resultó un fiasco. Josean no alcanza a contar, a lo mejor no quiso por pudor, que, en julio de 2020, con las pretensiones de un ego subido e injustificado, el presidente Iván Duque se la llevó al Palacio de Nariño y nombró por decreto “Guardianes de la Espada” a los muchachos que prestan el servicio militar en la casa presidencial. La malicia no deja escapar que se trata de una imitación perversa y vana. En su momento, el M19 instituyó “La orden de los guardianes de la espada” en reconocimiento a las luchas por la soberanía, la causa popular y la identidad bolivariana, de varias personalidades latinoamericanas a quienes homenajeó con una réplica en oro del símbolo libertario. Entre otros, según la novela, además de los custodios reales, al General Omar Torrijos de Panamá, los “obispos rojos” Sergio Méndez Arceo, de México, y Helder Cámara, de Brasil, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador, el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua y Fidel Castro de Cuba. El relato de Josean es apasionante y apasionado, es innegable su simpatía por las luchas del pueblo colombiano que destellan en episodios de la novela como las de los indígenas caucanos por su identidad, tierra y cultura y el asesinato canalla del sacerdote nasa Álvaro Ulcué, las recuperaciones de tierras de los campesinos de la costa, la expulsión de la comunidad capuchina por los arhuacos en la Sierra Nevada y los cientos de miles de colombianos pobres y líderes populares asesinados. En medio de la narración de angustias, añoranzas y utopías, el narrador, como buen melómano que es, goza citando trozos de canciones de Daniel Santos, su paisano “portorriqueño-colombiano”, vallenatos de Escalona y la salsa del Grupo Niche de Jairo Varela, describiendo lugares paradisiacos, trazas de nuestras identidades regionales y apartes de nuestra frenética y apabullante historia. La novela de Josean absorbe pero sería injusto no señalar que hace unos años, J. López “S” publicó la novela “Simón Bolívar y el ´Merlín´ 19 El secreto de la espada “una aventura espectacular de ficción basada, en parte, en los mismos hechos y personajes, alojada en la fantasía. Con la espada como motivo, sin relación directa con su recorrido y el robo, Juan Cadavid publicó “Bolívar de Quilichao y el enigma de la espada”, las andanzas locas de un grupo de jóvenes tras un símbolo de poder y los avatares y aspiraciones de su pueblo. Josean escribió antes “Vengo a decirle adiós a los muchachos” un relato para vibrar entre nostalgias, recorrido triste, vívido y bohemio a los últimos años del gran Daniel Santos, de quien fuera periodista, ahora llevada al cine que ojalá no tarde en presentarse en Colombia. Es tanto el amor a lo que hace y le “encarreta” que, diez años después de la primea versión de esa biografía, Josean Ramos editó una nueva enriquecida con los cajones de documentos que la familia del “inquieto anacobero” puso a su disposición como reciprocidad por el retrato. Entre las reliquias encontradas una canción inédita de “El Jefe” a “Camilo, el cura guerrillero”. En “Soy la espada y soy la herida”, una novela en la que trabajó durante un lustro, los sobrevivientes del M19 pusieron en manos de Josean sus secretos -está dedicada a Darío Villamizar, militante e historiador de esa guerrilla, y a la escritora Laura Restrepo, entre otras razones, en gratitud por la sugerencia del título-. Todos ellos y los lectores están compensados con páginas que dignifican las tristezas y alegrías de los que soñaron con la espada.
- El desempeño y los retos que quedan para el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo
Por: Nataly Triana Guerrero, Asistente de Investigación Línea Democracia y Gobernabilidad El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (Mincomercio) ha sido uno de los pocos que ha demostrado un proceso positivo de recuperación tras el Covid-19, sin embargo, el retorno a indicadores pre-pandemia se encuentra lejano debido a la crisis de los contenedores, la guerra entre Rusia y Ucrania, y especialmente tras los desastrosos resultados del TLC con Estados Unidos. Según el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2018-2022, las tareas fundamentales del sector comercio, industria y turismo se encontraban encaminadas al programa de Colombia Productiva que tenía el propósito de promover la productividad e implementar estrategias público privadas para el aprovechamiento de ventajas comparativas y competitivas. Este programa se circunscribió al interior del “Pacto por el emprendimiento, la formalización y la productividad: una economía dinámica, incluyente y sostenible que potencie todos nuestros talentos”. A pesar de la relevancia de este sector en la economía del país, la asignación presupuestal concedida para este Ministerio no fue superior al 0,21% del Presupuesto General de la Nación (PGN) en promedio durante todo el cuatrienio fiscal. Elaborado por: Línea de Democracia y Gobernabilidad. Fundación Paz & Reconciliación (Pares). Fuentes: Decreto 2467 del 2018, Decreto 2411 del 2019, Decreto 1805 del 2020 y Decreto 1793 de 2021. Comercio, industria y turismo fue uno de los sectores más afectados por la pandemia. De acuerdo al Mincomercio, los efectos de esta crisis derivaron en que la economía colombiana se redujera en un 7% para 2020, así mismo la tasa de desempleo pasó del 10,4% al 15,7% entre 2019 y 2020. En relación a las exportaciones, se evidenció una caída del 21,4% y una reducción del turismo en un 69,2% para 2020. Este fenómeno no fue exclusivo de Colombia, el Banco Mundial (2020) reportó que entre diciembre de 2019 y mayo de 2020 la mayor caída promedio del valor exportado se dio en la Comunidad Andina con un 23%, debido a la reducción de los precios de los productos minero energéticos y mineros en el comercio internacional. Esta crisis también incentivó al interior del sector el fortalecimiento del comercio electrónico, el cual permitió mantener el abastecimiento de algunos hogares. De acuerdo con el Banco de la República (2022), la crisis por la pandemia significó que el 50% de los comercios adoptaran un instrumento o canal electrónico de pago y propiamente el 26,1% de estos lo hiciera como consecuencia de la pandemia. En respuesta a esta dinámica, se creó la Política Nacional de Comercio Electrónico. A diferencia de otros sectores como cultura, el sector comercio, industria y turismo presentó una balanza positiva en la recuperación frente a los estragos de la pandemia, sin embargo, en este proceso no se ha llegado a niveles pre-pandemia. De acuerdo con el DANE, en mayo de 2022 comparado al mismo período de 2021, la producción real de la industria manufacturera aumentó 46,2%, las ventas reales 45,5% y el personal ocupado 5,9%. De igual manera, Colombia se ha posicionado como uno de los países con mayor recuperación en el sector turismo, esto se debe en parte a que el país ha recobrado en su totalidad su capacidad aérea. De acuerdo con El Espectador, al país, para enero de 2022, llegaron 254.819 visitantes no residentes, lo que ha representado un aumento del 174,1% comparado al mismo mes del año anterior. Frente a esto, el DANE para el primer trimestre del 2022, señaló que el sector de hotelería y restaurantes creció en un 31% comparado al mismo periodo del año anterior. En relación al balance de las importaciones y exportaciones, este no es del todo alentador, ya que a la crisis de este sector se le han sumado nuevas condiciones, como la prolongación de la crisis de los contenedores y la guerra Rusia-Ucrania, sin mencionar las dificultades propias del área, como la dependencia excesiva del transporte marítimo y las limitaciones de insumos necesarios para mantener la circulación de mercancías. Según el presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), las exportaciones han venido en recuperación, pero no por los volúmenes, sino por los elevados precios; en cuanto a las importaciones, Colombia está importando lo necesario: materias primas, bienes intermedios, insumos y maquinaria; sin embargo, a falta de mayor crecimiento en exportaciones, se mantiene un déficit en la balanza comercial, es decir, un incremento de las importaciones sobre las exportaciones. De acuerdo con el DANE, en mayo de 2022 se registró un déficit en la balanza comercial colombiana de US$1.732,5 millones, mientras que en mayo de 2021 se presentó un déficit de US$1.011,8 millones. Ahora bien, la balanza comercial de Colombia no será positiva bajo los resultados del TLC con Estados Unidos. Conforme a Cedetrabajo (2022), el aporte del TLC en Colombia es deficiente en generación de empleo, protección de derechos ambientales y transferencia tecnológica. Así mismo, ha sido incapaz de atraer una diversificación del mercado. Por lo pronto Colombia continúa exportando productos primarios y de manufactura que exportaba antes del tratado, mientras Estados Unidos ha sofisticado su producción y sus exportaciones, haciéndolas más costosas, en tanto su inversión en el país se ha reducido del 17% al 29% en comparación a la década anterior. En relación a las exportaciones manufactureras, se puede decir que tras 10 años del TLC el 75% de las exportaciones se han concentrado en 3 grupos: 29% productos alimenticios, 26% productos metalúrgicos básicos y 20% productos derivados del petróleo. A lo mencionado se suma la devaluación de la moneda y el incremento del comercio informal tras el posible aumento de las tasas de interés. Por lo pronto, el próximo Gobierno Nacional en manos de Gustavo Petro ha declarado que se abordará una renegociación de las condiciones del TLC con Estados Unidos, así mismo se evaluará la capacidad de Monómeros para reducir el impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania en términos del abastecimiento de fertilizantes y agroquímicos al país. Según expertos, el manejo de la crisis de los contenedores y la guerra Rusa-Ucrania requerirá también el desarrollo de nuevas capacidades productivas que puedan suplir la oferta de productos internacionales con el propósito de reducir el impacto de estas dificultades. Hitos del sector Crisis de los contenedores: es un fenómeno mundial del mercado marítimo internacional producto de las restricciones por el Covid-19 en las que se detuvo las operaciones de carga y descarga marítima del comercio internacional en algunos puertos, rompiendo la cadena logística de suministro entre todos los continentes, especialmente entre los que tienen mayores niveles de consumo. Esto llevó a que tras la lenta reactivación económica, se diera un aumento de los fletes por el uso de contenedores, es decir, los recipientes de carga que son transportados por las navieras autorizadas, lo que incidió en el abastecimiento de cada país, especialmente en el valor de los bienes de consumo. A esta situación se le suma que se ha dado tráfico marítimo por la temporada de tifones, entre otros, que han hecho que el transporte fluvial sea extremadamente costoso.
- La Economía Naranja y el Ministerio de Cultura 2018-2022
Por: Nataly Triana Guerrero, Asistente de Investigación Línea Democracia y Gobernabilidad Según el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, las tareas fundamentales del sector cultura para este cuatrienio se encontraban vinculadas a la promoción y el desarrollo de la economía naranja, bandera del gobierno de Iván Duque que tenía el propósito de lograr una transformación social a partir de la creación, producción y presentación de contenidos culturales y no propiamente culturales que pudieran estar protegidos por leyes de derechos de autor. De acuerdo con el DANE, esta política involucra alrededor de 103 actividades económicas, entre las que se encuentran 34 de inclusión total y 69 de inclusión parcial que pertenecen a las tres áreas de la economía naranja. Esta apuesta no obtuvo mayor visibilidad y relevancia por varios factores. En primera instancia, la definición de economía naranja incluye un sin fin de actividades económicas que aún no son claras en términos de delimitación y simplicidad. En segundo lugar, el Ministerio de Cultura fue una entidad que se caracterizó por la alternancia de ministros, lo que representó una discontinuidad para el debido cumplimiento de los planes, programas y proyectos, y en especial un reto para funcionarios públicos que no registran experiencia y/o conocimientos técnicos en arte, cultura y patrimonio. Así mismo, fue un ministerio que estuvo destinado a la marginalidad en comparación con otros, debido a sus asignaciones en el Presupuesto General de la Nación (PGN). De acuerdo con la Ley del Presupuesto General de 2022, al Ministerio de Cultura solamente le fue asignado el 0,14% del PGN. Esta asignación no varía a la presentada en años anteriores, por lo menos para el caso de 2020 la asignación del sector representó solamente el 0,13% del PGN. Elaborado por: Fundación Paz & Reconciliación (Pares). Fuentes: Decreto 2467 del 2018, Decreto 2411 del 2019, Decreto 1805 del 2020 y Decreto 1793 de 2021. También hay que decir que cultura fue de los sectores más afectados por la pandemia del Covid-19. De acuerdo con el DANE (2020), las industrias culturales, las artes y el patrimonio, fueron los campos más golpeados de la economía naranja, al registrar caídas del -25,5% y -15,2% respectivamente, a comparación del año anterior. Esta misma entidad señaló que hubo una reducción del 44,7% en exportación de actividades de inclusión de la economía naranja, comparada con el mismo año. Aunque este fenómeno no se dio exclusivamente en Colombia, sí evidenció la fragilidad, precariedad e informalidad socioeconómica de los artistas. De acuerdo con el DANE en su sexto reporte sobre la economía naranja, las tasas de crecimiento de personas ocupadas en los sectores de la economía naranja en el primer trimestre de 2021, comparado al mismo periodo del año anterior en las áreas de artes y patrimonio, industrias culturales y creaciones funcionales, fueron del -10,3%, 7,1% y -14,2%, respectivamente. Entre las acciones para mitigar el impacto de la pandemia que hicieron parte del portafolio de Mincultura. se encuentra el Decreto 475 de 2020 mediante el cual se destinaron recursos transitorios para el sector de espectáculos públicos de artes escénicas y a través del que se ampliaron los plazos para el pago de obligaciones parafiscales y tributarias. Esta medida fue percibida como limitada, debido a que invisibilizó otros agentes del sector cultural, ya que este decreto benefició diferencialmente al sector de las artes escénicas que se dedica a la creación de contenido virtual. En otras palabras, este decreto dejó de lado la cadena productiva de los eventos y espectáculos, así como a otras áreas no dedicadas a la producción audiovisual. Al respecto, el DANE (2022) señaló que la composición del valor agregado de la economía naranja es del 47% en creaciones funcionales, 28,6% en artes y patrimonio y 24,4% en industrias culturales. Lo que demuestra que el sector que tiene mayor peso es el área de creaciones culturales, el cual está compuesto por tres segmentos: medios digitales, software y publicidad. Otros programas incentivados por este ministerio fueron la plataforma latinoamericana de streaming Retina Latina y la plataforma de primera infancia Maguaré, también se impulsaron las estrategias de #MuseosEnCasa y #TuCasaEsColombia, entre otros. A pesar de que el contenido de cada uno de estos programas es relevante y significativo para el país, se evidencia que las acciones producidas en la emergencia sanitaria tuvieron un componente mayoritario de virtualidad. De esta manera, tras lo presentado por el propio Ministerio, se observa que no hubo apuestas diferenciales para los municipios y zonas rurales del país donde no hay acceso a internet. De acuerdo con el DANE (2021), únicamente el 56% de los hogares tiene acceso a internet, esto sin mencionar que se cuenta con que 1.710 poblados rurales que solo tienen acceso a electricidad entre cuatro y doce horas al día (Ministerio de Minas y Energía, 2019). Posteriormente, el Ministerio de Cultura implementó la “Ley Reactivarte”, medida legal que tiene el objetivo de reactivar y fortalecer el sector cultura a través de la inversión privada en incentivos fiscales y oportunidades de crédito. Por medio de esta ley, se han gestionado convocatorias como “ReactivArte”, que han presentado estímulos especiales a salas de teatro y espacios no convencionales destinados a las artes escénicas. A la fecha, se desconoce el impacto en la reactivación económica a partir de este mecanismo y sus distintos programas. A pesar de todo esto, es importante reconocer que, de acuerdo con el DANE, para el periodo enero-septiembre del 2021, comparado el año 2022, hubo una recuperación de personas ocupadas en la economía naranja en las áreas de artes y patrimonio, industrias culturales y creaciones funcionales, estas presentaron un crecimiento del 7,7%, 13,9% y 5,6%, respectivamente. Esta misma entidad, en su séptimo reporte, ha determinado que el nivel de recuperación de las personas ocupadas en la economía naranja es mínimo, de hecho, de 2020 a 2021 se pasó de 2,72% al 2,85%. Sin embargo, el hecho que haya más personas ocupadas no significa que estén en condición de asalariados, por lo menos de las 600.918 personas ocupadas en los tres sectores de la economía naranja, el 49% lo hace en condición de independientes. Esta cifra no varía con respecto al año anterior, que se ubicaba en el 48% del total de personas ocupadas y que esencialmente están compuestas por artistas dedicados al sector de artes y patrimonio. El sector cultura sigue en recuperación de la pandemia y de fondo no ha podido resolver los problemas asociados a la inestabilidad e informalidad de los artistas en Colombia, lo cual será el reto para el próximo gobierno de Gustavo Petro y su ministra, Patricia Ariza, quien conoce en carne propia las carencias de quienes conforman las artes, el patrimonio y la cultura. Por lo pronto, este nuevo gobierno anunció que la Política de la Economía Naranja no seguirá, ya que no logró presentar un avance o aporte a la inversión cultural y económica del país. Hitos del sector En junio de 2022 el Tribunal superior de Magdalena profirió una orden de arresto domiciliario al presidente Iván Duque y la ministra de cultura, Angélica María Mayolo, debido al desacato de una orden judicial emitida por el mismo despacho en junio del año pasado, en la cual se estipulaba la expedición del decreto a través del cual se adoptara el Plan Maestro Quinto Centenario de Santa Marta, de conformidad con lo discurrido en la Ley 2058 de 2020. Frente a esto, la ministra de cultura señaló que apelará el fallo debido a que desde el sector se había dado cumplimiento. En julio de 2022 el Ministerio de Cultura declaró desierta la licitación que pretendía el rescate del galeón San José, de esta manera se rechazó los acuerdos con la empresa Maritime Archaeology Consultants Switzerland AG (MAC), que pretendía entregar parte del galeón San José como pago de rescate, de esta manera la totalidad del Galeón es considerada patrimonio cultural y por ello se encuentra prohibida la venta o entrega de cualquier pieza. De acuerdo con la canciller, Marta Lucia Ramírez, se llevará a cabo una nueva convocatoria para la extracción del galeón y su carga.
- Informe: Balance de Convivencia y Seguridad Ciudadana – Primer semestre 2021 vs. 2022
Por: Línea de Convivencia y Seguridad Ciudadana La Línea de Investigación en Convivencia y Seguridad Ciudadana de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), presenta su balance comparativo sobre convivencia y seguridad ciudadana del primer semestre de 2022 contra el primer semestre de 2021, analizando los principales hechos que incidieron en la seguridad de las principales ciudades y municipios colombianos. Los datos utilizados para el análisis provienen del Sistema de Información Estadístico, Delincuencial, Contravencional y Operativo de la Policía Nacional (SIEDCO). En general, se puede afirmar que hubo un aumento significativo en los delitos de alto impacto en el país, a pesar de que se registra una reducción en los homicidios, pues a comparación del primer semestre de 2021, estos redujeron un 2,6% en 2022, se han presentado 66.08 casos en 2022. Por su parte, las amenazas crecieron 73,52%, registrando en lo que va del año 43.612 casos; las lesiones personales también aumentaron, en razón de un 14,75%, 55.778 casos en 2022; finalmente, los hurtos también aumentaron en 10,25%, esto es, 259.918 casos en lo que va de 2022. Las ciudades que registran más delitos de alto impacto son: Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Villavicencio y Soacha. Estos indicadores demuestran el deterioro de la seguridad en lo que va del año, pues aunque se observe un aumento de la operatividad de la Policía Nacional con un aumento en capturas del 7% en lo corrido de 2022 (107.234 capturados), no se ve una reducción en los delitos de alto impacto, por el contrario se percibe un aumento. Es importante mencionar también que, comparando el primer semestre de 2021 con el primero de 2022, los homicidios contra ciudadanos venezolanos aumentaron un 4%, registrando 388 homicidios en 2022; también aumentaron las capturas contra la población migrante en 20,04%, 10135 personas capturadas en lo corrido de este año. Conozca toda la información y lea el análisis completo sobre el balance de convivencia y seguridad ciudadana con el comparativo entre el primer semestre de 2021 y el primer semestre de 2022 aquí:
- Las relaciones entre Colombia y Venezuela no se pueden agotar entre Bogotá y Caracas
Por: Luis Eduardo Celis, para El Espectador Entrevista con Socorro Ramírez, doctora en ciencia política, posdoctorado en relaciones internacionales, experta académica en la relación Colombia-Venezuela Socorro Ramírez es una de las personas que más ha trabajado desde la academia la relación Colombia-Venezuela, tiene una amplia obra y experiencia sobre el tema. En esta entrevista nos comparte una mirada histórica de los múltiples procesos vividos entre ambas naciones y lanza un conjunto de propuestas, ahora que se abre un diálogo político y diplomático entre Bogotá y Caracas. **** Luis Eduardo Celis, Fundación Paz & Reconciliación (Pares): ¿cómo podríamos resumir la relación entre Colombia y Venezuela? Socorro Ramírez: la relación entre Colombia y Venezuela ha sido la de dos países con una articulada frontera, una amplia población binacional pues cada uno ha sido el mayor destino migratorio del otro, así como con gran dinamismo comercial y muy buena integración económica. Hace años hubo un incidente delicado, el de la Corbeta Caldas en 1987, que puso en tensión la relación entre ambos países por la delimitación del Golfo de Venezuela. Esa crisis se superó y a eso ayudó a que en aquel momento los presidentes eran de la zona fronteriza, Virgilio Barco, que había nacido en Cúcuta, y Carlos Andrés Pérez, que había nacido en Táchira. La coincidencia de ambos en el poder ayudó muchísimo a volver a generar instancias de diálogo y negociación, a rehacer la negociación limítrofe sin que fuera traumática, a que el comercio bilateral pudiera desarrollarse. La integración económica binacional ayudó a que los intercambios informales en la frontera se formalizaran, se generaran empleos, impuestos, regulaciones, desarrollos de empresas a ambos lados; y a eso contribuyó el que ambos países hicieran parte de la comunidad Andina. Hubo un predominio desde los años 60 de una relación bastante integrada en lo económico y articulada también con muchos mecanismos de diálogo y negociación. Pares: ¿cuáles fueron esos mecanismos, esas instancias, para construir esa relación binacional en medio del tema fronterizo? Socorro Ramírez: además de las reuniones periódicas entre los presidentes, fueron tres los mecanismos más significativos. Al primero se le conoce como la Comisión Negociadora (Coneg), que se encargaba básicamente de la negociación del diferendo limítrofe velando por tener un espacio de trámite que no paralizara el resto de dinámicas de la relación. El segundo muy importante fue la Comisión Binacional Fronteriza (Combifron), que básicamente permitía que las fuerzas militares y de policía de ambos lados pudieran coordinar de manera permanente tanto el examen de lo que sucedía en temas de seguridad ciudadana y delincuencia en la frontera, como los mecanismos de control conjunto. La Combifron sesionó regularmente permitiendo coordinaciones para la seguridad, y la evaluación conjunta de esas problemáticas transfronterizas así como de la estrategia articulada. El tercer mecanismo fue la Comisión Presidencial de Fronteras e Integración (Copiaf). Tuve la oportunidad de ser miembro de esa Comisión conocida como de Vecindad desde que comenzó hasta que se paralizó en las tensiones entre los gobiernos de Nicolás Maduro y Juan Manuel Santos; fue una experiencia muy rica en la que pude participar. Pares: quisiera que hicieras un balance de los conflictos más relevantes que hubo entre Colombia y Venezuela desde los 70 hasta finales del siglo XX. ¿Cómo los analizas, cómo se trataron estos conflictos? Socorro Ramírez: los conflictos más significativos fueron los que estaban relacionados con la delimitación. Luego del acuerdo para delimitar la línea limítrofe terrestre de 2219 km, la negociación de áreas marinas y submarinas, que aún no se ha podido definir, generó tensión, en particular en torno al episodio de la Corbeta Caldas en 1987 que marcó mucho la relación. El otro gran tema fue lo comercial, lo que puso a los dos países frente a la posibilidad de asumirse como socios y de generarse mutuamente alternativas y posibilidades muy positivas para ambos. Esa dinámica de integración fue muy interesante. Me parece que el que hubieran podido tener coordinación las fuerzas de ambos países encargadas de los temas de seguridad a través de la Combifron y que pudieran estar permanentemente haciendo un examen conjunto de todas las problemáticas, permitió controlar muchos fenómenos que afectan especialmente a las poblaciones en la frontera y que se han agudizado con los cierres de los pasos fronterizos formales. Creo que fueron unas décadas en las que primó la percepción de un país como el socio necesario y productivo del otro y la necesidad de ir negociando e ir resolviendo temas pendientes como el de la delimitación. Creo que la experiencia de la Copiaf fue muy interesante porque acordamos que no nos reducíamos a reuniones en Bogotá y en Caracas, si no que cada vez hacíamos la reunión en un punto de la frontera a uno y otro lado. El primer día de la sesión oíamos a las autoridades locales, a los sectores sociales que estaban organizados. Y era una forma de fortalecer esos nexos positivos antes de entrar a trabajar conjuntamente como comisión. Eso fue muy positivo y arrancamos desde la Amazonía para arriba, hasta la Guajira. Siempre nos reuníamos a uno u otro lado en uno de los puntos fronterizos y ese diálogo con las autoridades y la población local fue sumamente interesante. Pares: ¿cómo se manejaba la presencia de la guerrilla colombiana en Venezuela y el tema del narcotráfico?, ¿no fueron estos también elementos de perturbación de las relaciones en los años 80 y 90? Socorro Ramírez: no tanto como después, y como decía, porque había mecanismos para tramitar y coordinar y para construir respuestas de manera conjunta. Luego vinieron desfases aumentados por las tensiones entre los gobiernos, que dificultaron hacerle frente de manera conjunta a esas problemáticas. De hecho, la tensión entre los gobiernos fue aprovechada por esos grupos armados ilegales y por el narcotráfico. Pares: Ubicándonos ya en la época de la llegada del expresidente Chávez, en 1999, ¿cómo crees que se asumió ese cambio de régimen político en ambos países? Socorro Ramírez: en ambos lados se vio como un hecho propio de la evolución interna de la sociedad y política venezolanas. Pero comenzó en la relación binacional una dinámica diferente a la que venía, porque empezaron a contrastarse los dos sistemas políticos, sobre todo cuando ya se acentuaron mucho más las dinámicas de estatización que más adelante hizo Chávez. Me parece, por ejemplo, que con los gobiernos de Pastrana y el primero de Uribe, primaron más las coincidencias y siguió de alguna manera esta relación de integración que venía de antes. De hecho, aunque hubo momentos de tensión, nunca hubo ruptura de relaciones. Me tocó estar en muchas reuniones, por ejemplo, con los presidentes Chávez y Uribe, y ver cómo se entendían, se parecían mucho, y tenían una relación fluida. Sin embargo, me parece que de todas formas los momentos de tensión que hubo fueron paralizando muchos mecanismos para tramitar asuntos conjuntos y eso fue teniendo efectos complicados para la relación, y aprovechado por grupos armados ilegales y por el narcotráfico para ir aumentando el control en áreas fronterizas. Nunca se llegó con el expresidente Chávez a los niveles de tensión que se han vivido con Maduro. Pares: entrando a estos últimos años del deterioro de la relación, digámoslo del gobierno Santos para acá, ¿qué se hubiera podido hacer mejor del lado colombiano para no llegar a tal deterioro?, ¿o era una cosa inevitable? Socorro Ramírez: la relación del gobierno Santos, en el periodo en que coincidió con el gobierno de Chávez, fue bastante fluida. Las mayores tensiones comenzaron con Maduro cuando fue canciller de Chávez y sobre todo después de 2013 cuando murió Chávez y Maduro asumió la presidencia. Luego hubo un momento en 2015 muy traumático: la expulsión que hizo Maduro de colombianos que no habían podido obtener el permiso de residencia, la quema de sus viviendas y la ordenen de “cierre de fronteras”. Pero la frontera no es como una cremallera que con el grito de Bogotá o de Caracas se cierra. Se cierran los siete pasos, ¿qué pasa con los 2219 km llenos de desiertos, ríos, montañas, ecosistemas compartidos? La gente tiene que verse obligada a pasar por ahí, porque son muchas las poblaciones binacionales y más con el éxodo desde Venezuela de migrantes, de quienes piden asilo, comunidades indígenas transfronterizas compartidas, retornos de personas con familia binacional pues cada país ha sido el destino migratorio del otro. Y está el flujo pendular de personas que deben pasar a Colombia a buscar servicios, a abastecerse, a hacer gestiones; hay tal cantidad de interacciones económicas que ese comercio se ve presionado a pasar por trochas donde -como las poblaciones- también es extorsionado. El deterioro mayor se ha visto con esas medidas de expulsión de colombianos, del cierre de pasos fronterizos fronterizos y la peligrosa fase que ha sido esta de coincidencia de Maduro y Duque en el poder. Se volvió una especie de querella entre los dos jefes de estado, con mutuos señalamientos, insultos, medidas. Duque en enero de 2019 reconoció y apoyó a Juan Guaidó como presidente interino y asumió la estrategia de Donald Trump de hacer un cerco diplomático para provocar la caída de Maduro. Todas las medidas y sanciones generaron una radicalización mayor por parte de Maduro, quien respondió bloqueando los pasos fronterizos, cerrando el sistema consular y rompiendo las relaciones diplomáticas con Colombia, acusando tanto a Colombia como a Estados Unidos de causar todas las crisis de Venezuela. Las sanciones distanciaron aún más a Venezuela de occidente y el país empezó a acercarse mucho más a Rusia, a China a Irán. De alguna manera todo eso generó no solo una tensión, sino una distancia y una perspectiva diametralmente distinta entre los dos países. Pares: un tema que ha sido muy álgido entre los gobiernos ha sido la presencia del ELN en Venezuela... Socorro Ramírez: eso ha tenido dos grandes etapas. Una tiene que ver con el momento en el que el ELN se consolida en la frontera en Arauca y usa a Venezuela de alguna manera para buscar algún tipo de servicios, abastecerse, evadir la persecución militar del lado colombiano. Eso de alguna forma podría decirse que marcó desde los años 80 la presencia del ELN primero en Arauca y después en el Catatumbo. Hay un segundo periodo en el que el ELN fue consolidando su presión, acción y presencia al otro lado de la frontera, en Táchira, en Zulia, en Apure, y de alguna manera fue jugando un papel más parecido al que jugaba en Colombia, de control de poblaciones, de regulación de dinámicas territoriales. Después entró al arco minero del Orinoco, en los estados de Bolívar y Amazonas en Venezuela, el gobierno de Maduro ha tenido mucho interés en la explotación de oro, coltán, tierras raras ante la reducción de la producción petrolera por la crisis en las empresas venezolanas y por las sanciones de Estados Unidos. Lo que se saca de esa zona del arco minero del Orinoco es muy significativo en términos económicos y ahí el ELN entró a explotar esos recursos junto a otros grupos irregulares, intentando mantener un cierto dominio territorial, de imponer una regulación en favor de que los recursos entren al Estado y no que se queden en los grupos criminales que dominaban la explotación de esos recursos mineros. De alguna manera el ELN empezó a actuar como guerrilla binacional. A cada lado fue consolidando su base social, su control territorial y de alguna manera en algunas zonas en Venezuela juega unos papeles que lo hacen ver como aliado del gobierno. ELN podría ser, en cualquier momento de conflicto entre Colombia y Venezuela, un factor complejo. Ya se vio en 2021, en las tensiones en Apure y Arauca, y aumentó las tensiones entre los presidentes Maduro y Duque. Pares: ¿cuál es la perspectiva con respecto a reconstruir la relación binacional de acuerdo al gobierno entrante en Colombia? Socorro Ramírez: Gustavo Petro ha dicho que va a rehacer las relaciones. Me parece que no se puede reducir la estrategia simplemente a las relaciones diplomáticas entre los gobiernos centrales que es importante, pero no suficiente. Pienso que el nuevo gobierno tendría que comenzar por garantizar de forma coordinada con su par venezolano que todos los pasos fronterizos formales estén abiertos y que su regulación sea acordada entre los dos países. Las distintas modalidades en las que circula ese éxodo poblacional desde Venezuela hacia Colombia requieren que no sigan pasando por trochas o por pasos informales. Se requiere que esos puentes internacionales estén plenamente funcionando paras que fluya el comercio legal y se reconstruyan las interacciones económicas positivas entre ambos países, que se generen empleos, que se ayuden a superar problemas de contrabando, de economías ilegales y de criminalidad que aprovecha ese cierre de pasos fronterizos formales. Me parece que ese primer punto de manera explícita lo tiene que abordar el nuevo gobierno con mucha urgencia. La apertura inmediata de los consulados en ambos países es crucial. Eso implica que cada país tenga capacidad para atender a sus nacionales en el otro país. Me parece que ese ha sido un daño terrible, la cantidad de venezolanos en Colombia o en América Latina que han tenido que salir sin documentación porque no hay consulados, o de colombianos que no han podido documentar su situación de que nacieron allá, que son hijos de colombianos o que son colombianos que se radicaron allá en Venezuela. Esos consulados tiene que ser abiertos de manera inmediata para que todas esas poblaciones compartidas puedan regularizar su situación, ejercer derechos fundamentales y tener oportunidades. Es importantísimo volver a reactivar el comercio binacional. De hecho, ya en 2021 se generaron muchos acercamientos entre los gremios económicos de ambos lados, que no solo permitieron el aumento del uso de los procesos aduaneros en Maicao y Paraguachón, que son los únicos que están permitidos, sino que de alguna manera aumentó la carga y el comercio, la inversión de muchos colombianos estimulando la producción económica del lado venezolano. El nuevo gobierno tiene que partir de las dinámicas para la reapertura de los pasos fronterizos generadas por las Cámaras de Comercio y los gremios económicos, que han propuesto una hoja de ruta para revivir buena parte de esa positiva reintegración económica. Ese es un punto al que el nuevo gobierno tiene que hacerle frente pronto, y ojalá con estas organizaciones empresariales y comerciales que han preparado ya el camino. Me parece que es clave el envío de las representaciones diplomáticas de un país al otro. Pero como decía, no se puede quedar en eso. Tienen que entender que las relaciones no se agotan entre Bogotá y Caracas. Implica todo un esfuerzo de reconstrucción de la relación interinstitucional que ha sido rota en un momento complicado de aumento de ese éxodo poblacional. A eso hay que ayudar a que se le haga frente y un nuevo gobierno tiene que profundizar las medidas de regularización de toda esa población venezolana que ha venido a pedir refugio o que ha migrado acá, a las personas que retornan colombianas, con familia que por falta de documentos no es de aquí ni es de allá. Además, hay comunidades indígenas compartidas, cuyo territorio es claramente transfronterizo. Y la representación diplomática tiene que entender la complejidad de la relación, ayudar a que se aplique una política integral. Y hay que institucionalizar la relación para hacerle frente a todas las problemáticas en las zonas fronterizas. El tema ambiental es decisivo, de hecho, en medio de la tensión hubo emergencias ambientales en ecosistemas compartidos, como por ejemplo en el Perijá. Por fortuna la gobernación del Táchira y la del Norte de Santander pusieron una mesa de trabajo conjunta para poder atender esos asuntos, dado que se presentaron en un momento de gran tensión entre Maduro y Duque. Hay que revivir la Comisión Negociadora, la Comisión en que dialogan militares y policías para asuntos binacionales y fronterizos, la Combifron. Hay que revivir la Copiaf. Todo eso ayuda a construir la relación para que no se quede simplemente en un intercambio entre los dos presidentes. Finalmente decir que hay que fortalecer todos los nexos positivos para que todos estos procesos sean profundos y pronto existan perspectivas conjuntas. Creo que en ese sentido las autoridades locales, alcaldes y gobernadores de municipios y regiones fronterizas deben estar en comunicación. Los gremios económicos y las cámaras de comercio deben coordinar sus actividades, y la sociedad civil y las universidades deben multiplicar nexos para fortalecer la comunicación y el seguimiento de la situación.
- El gobierno de la esperanza
Por: Walter Aldana Político social alternativo El próximo 7 de agosto, y luego de más de 200 años de vida republicana, Colombia verá la posesión de su primer gobierno de izquierda. En la responsabilidad de timonear el barco, está un hombre que logró con su sapiencia salir avante de la más grande persecución que viejos partidos políticos, instituciones de control e instituciones en general hiciera. Gustavo Petro Urrego logró, con la ayuda de Dios y el amor de una parte mayoritaria del pueblo, encarnar en su persona los anhelos y sueños de más de once millones de sufragantes. Este caudillo está precedido de gigantes lideresas y líderes, como María Cano, Galán el comunero, Galán Luis Carlos, el negro Jorge Eliécer Gaitán, Pardo, Pizarro, el padre Camilo Torres, etc. Es justo reconocer todos estos esfuerzos individuales, pero es la lucha colectiva de procesos organizativos populares que con sacrificios, incluso con pérdida física de sus miembros, aportaron para llegar a la meta, a la casa de los presidentes. Gracias a todos ellos estamos hoy más cerca de vivir en la Colombia soñada, una Colombia por fin, en paz. Este gobierno entiende la paz como un tratamiento dual, por un lado la esperanza de negociaciones, unas de carácter político y otras jurídicas con los grupos armados que hacen presencia en nuestros territorios; y por el otro la convocatoria a las comunidades y sociedad civil en general a impulsar y desarrollar "diálogos regionales", cuyo resultado será de carácter vinculante para el nuevo gobierno, asumiendo entonces la metodología de construir desde la periferia al centro, de abajo hacia arriba, algo así como: "mandar obedeciendo". Este 7 de agosto inicia también el mandato de la "justicia social", que es, ni más ni menos, implementar lo conquistado en materia de derechos en la Constitución Política de 1991. Recordemos que tenemos una carta magna que identifica a Colombia como un Estado de Derecho, la gran conquista de la década del noventa, que garantiza el acceso a ingresos económicos, salud, educación, vivienda, afecto, respeto, etc. La “justicia social” es en últimas implementar desde el gobierno y para todos, las conquistas de la Asamblea Nacional Constituyente. Y el otro gran pilar de este gobierno del cambio que se posesiona el 7 de agosto es la justicia climática: liderar la lucha contra el cambio climático, defender la Amazonía y dar el tránsito poco a poco hacia la utilización de las energías limpias. Es el compromiso por salvar el planeta, muestra de ello es la aprobación en el legislativo del Acuerdo de Escazú, negado en tres oportunidades por el desgobierno de Duque, pero ya aprobado como muestra de la sólida coalición en el Congreso que se dirigirá eventualmente hacia las reformas estructurales prometidas. Cada día me convenzo más que este no es el gobierno de Petro y Francia, es la llegada al poder de las mujeres ultrajadas de palabra por Rodolfo Hernández, de la barrendera hostigada en campaña por tener un afiche del Pacto Histórico pegado a su carro de recolección, de la campesina que casa a casa, y con el rigor de quien lleva la palabra a otra persona, recorría veredas enteras buscando convencer y aumentar la votación entre primera y segunda vuelta, de las y los jóvenes que rompieron su apatía y se comprometieron, es el esfuerzo de mayores y mayoras que venciendo las dificultades de salud, salieron a votar; es, en fin, la alegría de ver en los ojos de mi compañera Eli Ruby, en los de mis hijas Ana María y Valentina, la esperanza vestida de cambio...para vivir sabroso. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.
- Población migrante: víctima de los delitos de alto impacto
Por: Laura Prieto, Investigadora Nacional Brayan Guzmán, Asistente de Investigación Línea Convivencia y Seguridad Ciudadana La vulnerabilidad socioeconómica convierte a la población migrante venezolana en blanco fácil para las organizaciones delincuenciales en Colombia. De acuerdo con el seguimiento realizado desde la Línea Convivencia y Seguridad Ciudadana de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), una parte importante de los homicidios a ciudadanos venezolanos pueden ser entendidos a partir de la instrumentalización de estos por parte de organizaciones de delincuencia organizada, ya que al pertenecer a la cadena jerárquica más baja del crimen, son los que están a merced de los enfrentamientos entre dichas organizaciones. Lo mismo podría decirse de otros delitos de alto impacto, como las amenazas o los delitos sexuales: las complicadas condiciones en que se encuentra esta población de aproximadamente 2’200.000 personas en Colombia, hacen que pueda aumentar su victimización. Un agravante: un alto porcentaje de la población migrante venezolana se encuentra en situación migratoria irregular, lo que hace complicado el seguimiento y registro de los delitos cometidos en contra de esta. A pesar de que existen organizaciones delincuenciales venezolanas en el país y que hay registro de crímenes cometidos por venezolanos, el porcentaje es mínimo en comparación a los colombianos, apenas el 1,79% del total de personas capturadas por comisión de delitos en Colombia. Sin embargo, circulan discursos de estigmatización en contra de los venezolanos y venezolanas, discursos que provienen incluso de algunos mandatarios y medios de comunicación. Por lo anterior, la Línea de Convivencia y Seguridad Ciudadana hace un llamado a los medios de comunicación, las autoridades nacionales, territoriales y a la ciudadanía en general, para trabajar mancomunadamente en la construcción de estrategias de protección de los migrantes y el rechazo a los discursos de estigmatización. Lea el análisis completo sobre la población migrante venezolana y su relación con delitos de alto impacto aquí:
- El líder sindicalista que sigue luchando a pesar de ser perseguido por el Estado
Por: Línea Paz, Posconflicto y Derechos Humanos Esta semana Pares Destaca nuevamente la actividad de un líder sindical en Venezuela, Rubén González. Líder sindical y defensor de los trabajadores y trabajadoras venezolanas, realiza su activismo principalmente en el estado de Guayana. Ha sido arrestado dos veces por fuerzas del Estado. Rubén ha organizado huelgas pacíficas y protestas reclamando el cumplimiento de lo que está establecido en la Constitución para las personas trabajadoras y por esto ha sido perseguido por el Estado. Rubén es además un líder religioso cristiano evangélico, lo que según él ha sido fundamental para su carrera como sindicalista. Sueña con que la democracia en Venezuela pueda ser cada vez más participativa y que se lleven a cabo elecciones “libres y transparentes de la Asamblea Nacional y la presidencia, con un CNE confiable”
- La organización armada ilegal que ha asesinado 15 integrantes de la Fuerza Pública en 2022
Por: Línea Democracia y Gobernabilidad Esta semana Pares Cuestiona al Clan del Golfo, organización armada al margen de la ley que nació luego de la desmovilización paramilitar en 2006. Según investigaciones de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), el Clan del Golfo actualmente hace presencia en 241 municipios del país, cuenta con aproximadamente 3260 integrantes, de los cuales 1461 estarían armados y 1799 harían parte de estructuras criminales focalizadas. El Clan del Golfo hace presencia especialmente en Chocó, Córdoba y Antioquia. Actualmente este grupo criminal está llevando a cabo un “plan pistola”, asesinando de manera indiscriminada a integrantes del Ejército y la Policía Nacional. En lo corrido de 2022 se han presentado 36 asesinatos contra miembros de la Fuerza Pública, 15 atribuidos específicamente al Clan del Golfo.
- Álvaro Leyva: un canciller para la paz
Por: Luis Eduardo Celis El presidente Gustavo Petro está conformando un equipo de gobierno de gran experticia y compromiso con la agenda de cambio que obtuvo el mayor respaldo ciudadano el pasado 19 de junio y que asumirá desde el próximo 7 de agosto. Álvaro Leyva Durán es el decano de los constructores de paz, es la persona que más ha dedicado tiempo, trabajo y compromiso al logro de una Colombia pacificada, desde que el presidente Belisario Betancur lo vinculó a la Comisión de Paz para los diálogos con las FARC en 1984. Ya son casi cuatro décadas de una acción de compromiso y persistencia para lograr este apreciado bien, en el cual hemos avanzado mucho, pero que aún es una tarea por concluir, entendida la paz como una democracia de calidad, sin grupos ni mafias ejerciendo de manera sistemática violencia y afectando la vida y múltiples derechos de comunidades y organizaciones. Petro ofertó paz total y volver a Colombia una potencia mundial de la vida. No es demagogia ni una frase efectista, es un firme compromiso en el cual va a empeñar todo su liderazgo y acción transformadora, y para ello tiene como coequipero a Álvaro Leyva, quien, con su experiencia y compromiso, será fundamental para el logro de esta Colombia en paz. Ya ejerciendo como canciller designado, Álvaro Leyva ha mostrado su liderazgo al afianzar el diálogo con la Organización de las Naciones Unidas, Noruega y Cuba, para seguir contando con su participación en este esfuerzo de paz, y hace pocas horas tuvimos la buena noticia de su reunión con el canciller de Venezuela, Carlos Faria, en la que se anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela, una extraordinaria noticia para volver al cauce del diálogo y la cooperación. Álvaro Leyva tiene la experiencia, compromiso y pasión para liderar, junto al Alto Comisionado de Paz, Danilo Rueda, el trabajo de mantener el compromiso de la comunidad internacional para lograr la paz en el país, tramitar los difíciles temas que ligan esta paz por construir con Venezuela y el concurso del gobierno de los Estados Unidos, que puede ganar mucho con las necesarias modificaciones a la política antidrogas que debe venir, tema central para lograr economías legales y presencia efectiva del Estado de derecho legítimo en los doscientos municipios donde persiste el narcotráfico y están las organizaciones que hacen violencia sistemática, lo que el presidente Gustavo Petro ha denominado “multicrimen”. El gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez tienen en Álvaro Leyva al más experimentado hombre en asuntos de Estado para trabajar por esta agenda, y al Alto Comisionado de Paz, Danilo Rueda como gran coequipero de probado compromiso y juicio por lograr la anhelada paz total para una Colombia que ha optado por hacer las transformaciones largamente postergadas. *Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.
- Fútbol femenino: lo que se esconde tras el triunfo de la selección profesional de mujeres
Por: Miguel Ángel Rubio, Coordinador Escuelas de Liderazgo Juvenil Línea Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil “Siendo mujer, hablamos de igualdad de remuneración todo el tiempo. No estamos hablando de si eres negra o latina” Megan Rapinoe, capitana de la selección estadounidense de fútbol femenino En el año 2020 en el portal La Cola de la Rata, escribí una columna titulada Autogol acerca de la descalificación de Colombia a su candidatura para ser sede del mundial de fútbol femenino en 2023. De esta, excusándome por la auto citación y abusando de los lectores, retomaré algunas ideas que siguen teniendo vigencia sobre el debate y la defensa en la igualdad de género para el fútbol colombiano. La discusión de fondo de esa columna no fue propiamente la defensa en la igualdad de género en el fútbol colombiano, era apenas un pretexto para mostrar las inequidades salariales, el machismo que aún impera en sus rangos directivos y la concepción de juego que sigue siendo bajo las normas dictadas por una asociación eminentemente de mayorías masculinas, esto para decir que ni una sola mujer conforma el consejo directivo de la Federación Colombiana de Fútbol, apenas 6 de entre 36 miembros del consejo de la FIFA, organismo rector mundial del llamado deporte rey, son mujeres, y tan solo una mujer hace presencia en el consejo de la CONMEBOL. Esta poca presencia de las mujeres en los organismos rectores del fútbol, tanto a nivel mundial como local, es lo que impide que sus decisiones o criterios se direccionen a fortalecer y equiparar las condiciones de juego, salariales, y de infraestructura logística del fútbol entre hombres y mujeres; eso sin contar con las pocas entrenadoras de equipos femeninos, pues en su mayoría los equipos de fútbol femeninos son entrenados por hombres y apenas un 27,94% de los equipos femeninos son dirigidos por mujeres. Este porcentaje se da en países con ligas futboleras fuertes como Alemania, España, Inglaterra, y Estados Unidos, este último que, además, tiene en su selección la que es considerada la mejor jugadora del mundo, Megan Rapinoe, no solo excelente en el campo de juego, sino aguerrida en temas polémicos como la defensa por el derecho al aborto en su país, la diversidad sexual y la igualdad de género. Un referente deportivo para las feministas de todo el mundo. La ocasión vuelve a ser propicia para tocar el tema. El pasado lunes 25 de julio la tricolor femenina ganó 1-0 a la selección argentina en el marco de la Copa América Conmebol Femenina, realizada en Colombia, resultado que le permitió clasificar a la final y que, de ganar, le dará un cupo directo al mundial de fútbol femenino a jugarse el próximo año en Australia y Nueva Zelanda. Mucha alegría en redes y en los informativos deportivos de los noticieros por este triunfo, que esconden más de lo dicen, que blanquea un problema latente en el balompié femenino y que sirve como cortina de humo para suavizar una vez más el fracaso de los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol respecto a sus posturas sobre las mujeres en el fútbol. El primer problema que queda escondido en el olvido de los seguidores de la categoría femenina, es el del veto a jugadoras como Natalia Gaitán, Vanessa Córdoba, Daniela Montoya, Isabela Echeverry y Yoreli Rincón, quizá nuestra mejor jugadora en la historia, quienes años atrás tuvieron la valentía de denunciar el trato inequitativo que salarialmente se les da a las futbolistas profesionales. Según la excapitana y hoy jugadora del Sampdoria de Italia, a una jugadora profesional de fútbol se le paga apenas el 1% de lo que se le paga un jugador hombre profesional de un equipo de la liga nacional, cuando incluso sus desempeños son mucho más cuestionables que los de las aguerridas futbolistas, quienes dejan todo en la cancha para que apenas un canal regional de televisión cerrada transmita los partidos. Los partidos de la selección de varones son transmitidos en horarios prime time por los canales de televisión abierta, con todo el despliegue publicitario del caso. Adicionalmente, las denuncias sobre acoso sexual de parte de miembros del cuerpo técnico a las jugadoras, también lideradas por Rincón y las demás mencionadas, generaron un vórtice de reacciones sexistas que llevaron a la atrabiliaria y conservadora élite masculina, en cabeza de Ramón Jesurún, a vetar con su poder omnímodo a estas valientes y talentosas jugadoras que han pagado un precio alto por decir lo que piensan, reclamar derechos justos y pedir cabezas ante los abusos de los directivos. El problema es también estructural. La liga futbolística de mujeres en el país ha sido incipiente, se han realizado apenas unas cinco versiones, con poco patrocinio por parte de la FEDEFUTBOL, salarios exponencialmente más bajos, cuando no inexistentes, y poco despliegue mediático. Al respecto, la Dimayor, organismo rector del fútbol en el país, anunció que no habrá liga femenina de fútbol en el segundo semestre, que, si acaso, se organizará un torneo amateur, además aduce dificultades económicas de gran número de equipos para presentar plantel profesional femenino, lo que pone en riesgo la posibilidad de profesionalizar cada vez más a las jugadoras mujeres, de generar patrocinios económicos fuertes que permitan pagar salarios dignos para que podamos ver estadios a reventar con jugadoras siendo tan adoradas como Falcao o James en todo el país. La Copa América Femenina debe ser entonces, no solo el escenario para ver triunfar a nuestras jugadoras y disfrutar de su buen nivel futbolístico, sino además la ocasión para que los aficionados al fútbol, tanto el fútbol estandarizado de varones como el de mujeres, se vuelquen en una presión creativa y apoyo irrestricto para que las directivas desde sus decisiones mejoren los salarios, paren los abusos y acosos sexuales a las jugadoras, garanticen viáticos y condiciones dignas, transmitan los partidos por televisión abierta y, sobre todo, levantar el veto a las grandiosas jugadoras que han quedado por fuera tan solo por pararse duro y no dejarse hacer goles indignos de la dirigencia.











