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- La opinión de León Valencia en la FM: la captura de Santrich
Por: Redacción Pares El acuerdo de paz necesita claridad inmediata ¿Qué significa la captura de Santrich para el proceso de paz? ¿Qué deben hacer las FARC para darle claridad y confrontar el proceso? Cada miércoles en la FM (94.9), León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación-Pares, tendrá un espacio de opinión en el programa matutino.
- El triste final de la candidatura de De la Calle en Colombia
Por: Ariel Ávila, Subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación-Pares El espectro electoral en Colombia a menos de dos meses de la primera vuelta presidencial, es el siguiente: en la extrema derecha está Iván Duque, quien puntea en las encuestas, al otro extremo se ubica Gustavo Petro, el exalcalde de Bogotá y quien es segundo en las preferencias electorales. Ha sido una campaña polarizante, que se ha movido en extremos y en la cual muchos colombianos no están cómodos. Por ello, la opción de una tercería era lo mejor, una tercería de centro. En dicho espectro político se mueven Sergio Fajardo y Humberto de La Calle, este último exjefe negociador de los acuerdos de paz en La Habana por parte del Gobierno. De la Calle apenas marcaba en las últimas encuestas entre 6 y 4 puntos porcentuales. Su candidatura no logró despegar, en gran parte producto de la guerra interna del Partido Liberal y de una errada estrategia publicitaria. Fajardo, por su lado, está entre los 11 y 14 puntos porcentuales, casi 10 puntos por encima de Humberto de La Calle. De tal forma que la unión de ellos permitiría crear una tercería, coherente programáticamente y viable electoralmente. Los acercamientos se hicieron desde hace cuatro semanas y hasta la Semana Santa todo estaba arreglado. La idea era anunciar la coalición en la semana de Pascua. Pero a pesar los avances, al final todo se dañó. Hace unos días De La Calle, en un video, anunció que iría solo a la primera vuelta presidencial y que la alianza era imposible. Argumentó razones jurídicas. Con esto se le daba un importante golpe a la opción en una tercería, y casi que condena al país a una polarización en medio de una transición política como lo es el acuerdo de paz. Días después de este anunció se logró saber el detrás de cámaras de la película. La historia es la siguiente. El expresidente colombiano César Gaviria, actual director del Partido Liberal, se atravesó a la alianza con Fajardo. Básicamente se movió de tres formas. Por un lado, alineó la bancada y a pesar de que muchos congresistas ya habían negociado con Iván Duque o Vargas Lleras, los persuadió para que dijeran que apoyarían a de La Calle y que se iban solos a primera vuelta. Además, logró persuadir al equipo jurídico del partido para bloquear la alianza y enviar una consulta al Consejo Nacional Electoral, para que se pronunciará sobre la viabilidad jurídica de un acuerdo. Por último, se tiene asfixiada la campaña, sin un solo peso, no hay ni para los tiquetes aéreos y según fuentes internas de la campaña, los dineros del anticipo no han llegado. Sobre esta actuación de César Gaviria se han tejido dos hipótesis. Por un lado, fuentes internas del Partido Liberal dicen que la idea es obstaculizar el crecimiento de Fajardo, desfondarlo políticamente, garantizando que el que pase a segunda vuelta o balotaje sea Gustavo Petro. Según estas fuentes el favor es para Iván Duque. Desde el uribismo, se percibe que Iván Duque en segunda vuelta perdería con cualquier candidato, menos con Petro, el de izquierda. Por ello para el uribismo es clave que Petro saque la segunda mayor votación el próximo 27 de mayo. Otras fuentes del partido dicen que el “secuestro político” que le han hecho a Humberto de la Calle no tiene que ver con Duque, sino que de fondo habría motivaciones personales de César Gaviria, ya que, probablemente, personas cercanas a él podrían tener problemas con la justicia en un futuro, por tanto, sacrificar a De la Calle le permitiría negociar en una segunda vuelta algún tipo de salvaguarda política y claro, cuotas ministeriales. Más allá de esta guerra dentro del Partido Liberal, al menos, es claro que han sacrificado a su candidato presidencial y lo han condenado a sacar apenas el 3% o 4% de los votos, muy cerca al umbral establecido por ley. También Humberto de la Calle es consciente de su situación y del papel de “comodín” que juega. Pero el interrogante mayor es para sus votantes, en su mayoría de opinión. Es decir, si le van a hacer el juego a Gaviria o se deslizarán hacia Sergio Fajardo para así potenciar el centro. Publicado en El País
- Al buscar el bienestar de los niños, las mujeres encontraron su camino
Extracto del libro Ustedes están locas, liderazgos que construyen paz en la comuna 18 de Cali, que cuenta la historia de los comedores comunitarios y los espacios protectores para la niñez de cuatro sectores de la comuna 18 de Cali –Alto Nápoles, El Árbol, La Cruz y La Arboleda-, por medio de testimonios de lideresas que estuvieron presentes desde el momento de su creación. Sus historias de vida ponen en evidencia que la intervención social de empresas y entidades públicas puede cambiar vidas y construir paz. El lanzamiento del libro se realizará el 10 de abril en Santiago de Cali. Por: Sara Catalina Guío Q. y Óscar Iván Pérez H, Investigadores de la Línea Conflictos asociados al desarrollo-Pares Los refrigerios que ofrecían a los niños y las niñas que asistían a talleres de derechos, salud e higiene no eran suficientes: muchos llegaban sin desayunar o desnutridos. Bajo la sugerencia de las lideresas, diferentes instituciones decidieron hacer más y pasaron de dar refrigerios a ofrecer almuerzos. Las voluntarias comenzaron cocinando en sus casas, con la ayuda de sus familias y vecinas, y luego gestionaron recursos suficientes para obtener una sede propia. Así surgieron los comedores comunitarios de los sectores El Árbol, La Arboleda y La Cruz. Alto Nápoles continúa funcionando en espacios arrendados o prestados. Aunque iniciaron ofreciendo alimentos, las lideresas terminaron formando, protegiendo y dando amor a los niños. Así fue como los comedores comunitarios se transformaron en espacios protectores para la niñez. Todo comenzó para ayudarlos a ellos, a los niños y las niñas de sus sectores, pero alcanzó para transformarlas a ellas: mujeres, voluntarias, madres putativas, líderes sociales y constructoras de paz. Al buscar el bienestar de los niños, las mujeres encontraron su camino. Tan lejos que ni el agua llega A medida que avanzamos hacia lo alto de la comuna 18, el flujo de taxis y buses del servicio público tradicional disminuye y en su reemplazo aparecen yips viejos y motos con conductores y pasajeros sin casco. Hay subidas tan empinadas que algunos carros se meten por calles alternas para tomar impulso, muchas de ellas sin pavimentar. “¡Hágale! ¡Hágale!”, grita la gente desde sus casas y tiendas para indicarle al conductor atrapado que puede acelerar, que no vienen vehículos en el sentido contrario, que tiene vía libre. En las curvas angostas y cerradas, nos agarramos con firmeza de los tubos de la parrilla para no caernos del yip del que vamos colgados en la parte trasera. Los caleños han adaptado los vehículos tradicionales de carga para el transporte urbano de pasajeros. En su interior, a izquierda y derecha, cuelgan sillas forradas en cuero negro capaces de albergar a cinco o seis personas bien apretadas. Sus luces delanteras son redondas y grandes, abiertas como un par de ojos que nunca descansan, y su trompa estirada termina con un bómper de acero. Las alas laterales de la carpa se enrollan hacia afuera para refrescar el viaje de los pasajeros. Foto de la portada del Libro «Ustedes están locas» Después de cuarenta minutos de subida nos empezamos a preguntar cuánto falta para llegar a La Cruz. Las casas ya no abundan en cemento o ladrillo, sino en esterilla y madera, cuyos techos formados con tejas de zinc son sostenidos por guaduas que salen de la fachada. La mayoría de estos sectores fueron habitados de la noche a la mañana, por medio de invasiones que habían sido anticipadas los días previos con incendios forestales. La comuna 18 tiene veinte barrios con aproximadamente sesenta mil habitantes, muchos de ellos desplazados por la violencia del conflicto armado y provenientes del Cauca, Nariño y el Eje Cafetero. Otros tantos son desplazados por la violencia urbana de otras comunas de Cali. A causa de la mezcla de diferentes culturas y grupos sociales —indígenas, afrodescendientes, mestizos, etc.— no acostumbrados a convivir en un mismo territorio, en la comuna se presentan problemas de discriminación, intolerancia y racismo. En sus calles se ven niños jugando, debido a la carencia de espacios públicos y planificación urbana, lo cual los deja expuestos a dinámicas de criminalidad y abuso. Gran parte de los habitantes de la comuna 18 viven en condiciones de pobreza y sus viviendas y negocios carecen de servicios públicos básicos, como energía eléctrica, acueducto y alcantarillado. Pegados de La Esperanza es un video filmado por Pastoral Social en La Cruz, para evidenciar la falta de suministro continuo de agua. La tubería que fue instalada por integrantes de la misma comunidad está pegada del sistema de La Esperanza, un sector ubicado más arriba de La Cruz. En las noches, los habitantes de La Esperanza cierran el flujo y el agua se represa, lo que da lugar al surgimiento de la figura del fontanero, un señor que recorre la comunidad abriendo y cerrando las llaves para que el agua llegue a todas las casas. A pesar de haberse conformado el Comité del Agua para redignificar este derecho, La Cruz cuenta con agua potable únicamente día de por medio y en época que no es de verano. La misma situación es vivida en otros sectores de la comuna. El yip se estaciona por fin en el paradero que ha sido improvisado en la entrada del sector de La Cruz, justo al frente de la edificación en donde operan la Junta de Acción Comunal, en el primer piso, y el comedor comunitario, en el segundo. Al bajarnos pagamos dos mil pesos cada uno, lo mismo que hubiera costado el pasaje en un bus del MIO, si pasara por aquí. En la cancha junto al comedor comunitario, niños juegan un partido de fútbol, aprovechando que todavía es temprano y el sol no está en lo más alto. En épocas de invierno la escasez de agua se transforma en ríos de lodo y agua que barren con las edificaciones más precarias, sobre todo las de esterilla y las que están en lo más alto. En la comuna 18, sea invierno o verano, nunca se duerme tranquilo. “Coman ensaladita para que el cabello se les vea como a Rapunzel” Los niños empiezan a llegar con cocas y vasos de plástico en sus manos. Las mujeres que están en la cocina piden que hagan fila. “Uno por uno”, les dicen. “Para todos hay”. El almuerzo es arroz blanco, tajadas de plátano, fríjoles rojos, carne de res y ensalada de remolacha. De tomar sirven limonada de panela, con cubos de hielo para mermar el calor del mediodía. El comedor de La Cruz abre sus puertas de lunes a viernes, de doce del día a dos de la tarde. Lo atienden dos grupos de tres voluntarias, cuyos turnos de día de por medio inician a las siete u ocho de la mañana, dependiendo del tiempo que tome preparar el plato que la minuta de Pastoral Social establece para la jornada. No es lo mismo cocinar fríjoles que hacer un sancocho, y menos cuando se atiende a más de cien personas. Los niños se sientan en mesas de plástico de cuatro puestos, según van llegando. Hay sillas infantiles para los más chiquitos y de tamaño tradicional para el resto. Almuerzan con los platos que han traído de sus casas, siguiendo una regla que se impuso para bajar el consumo de agua del comedor y reducir el trabajo en la cocina. Las voluntarias nos llevan otro vaso de limonada a la mesa en donde estamos almorzando. —Cata, ¿le retiro el plato? —pregunta Yorleni Beltrán, lideresa del sector. Catalina lleva un buen rato dándole vueltas a la ensalada, que ha quedado sola en el plato. Óscar ya terminó. Doña Carmen Ordóñez y Martha Mera, las dos cofundadoras del comedor, no han almorzado todavía, esperando a comprobar primero que el almuerzo ha alcanzado para todos. —Mirá que así eran los niños —dice doña Carmen—. No comían ensalada, todita la botaban. ¿Cierto? —Ajá —responde Martha—. Eso nosotros íbamos a recoger y debajo de las mesas estaba cantidad de ensalada. Cuando el comedor empezó a funcionar en la casa de doña Carmen, cerca de nueve años atrás, los menores estaban acostumbrados a almorzar sopa y arroz con huevo, así que por lo general no comían carne ni ensalada. —Los niños ahora ninguno deja ensalada, todos comen —dice doña Carmen. —Nosotros fuimos concientizándolos. Les decíamos que las ensaladas eran buenas, que se ponían bonitos, que el cabello les crecía —agrega Martha—. Yola [Yorleni] por lo menos les decía: “Coman ensaladita para que el cabello se les vea como a Rapunzel”. —¿Si ve Cata? Hágale a la ensaladita, ¡hágale! —dice Yorleni. Hoy, la olla comunitaria que empezó en un planchón al lado de la iglesia y que luego pasó a la casa de doña Carmen se ha convertido en un comedor que cuenta con espacio propio, el cual fue construido con el apoyo de Reckitt Benckiser y la Fundación Construir País. En las paredes blancas del comedor cuelgan juegos para educcar y carteleras hechas por los niños que asisten a los talleres de Save the Children. Entre otros, resalta la “Escalera de la Higiene”, una especie de tapete interactivo que los niños usan para aprender buenas prácticas de higiene, con un juego similar a la escalera. En otra cartelera se puede leer: “Debemos dar gracias a Dios todos los días: Señor, te damos gracias por los alimentos que nos das, permite que sea de nuestro agrado y nos ayude a crecer sanos y fuertes”. Aunque está pensado para alimentar principalmente a menores de edad, el comedor también presta sus servicios a adultos mayores, habitantes de calle y mujeres en embarazo. A decir verdad, el comedor atiende a quien realmente lo necesite. A los niños se les pide una donación de quinientos pesos, y a los adultos, de mil. Yorleni anota en un cuaderno los nombres de quienes hacen la donación y mete en una alcancía de marrano las monedas que recibe. No son muchas: “Mi mamá no tiene” o “Mi papá manda a decir que mañana” son las frases que más se escuchan. Traiga o no traiga, a nadie se le niega el almuerzo. Menos si es un niño. —¿Cómo los dejamos sin almuerzo? —se pregunta doña Carmen—. Unos sí es real que no tienen ni pa’l almuerzo, otros es por lo fácil, porque hay padres que prefieren comprar un cigarrillo que dar los quinientos o dicen que no tienen plata y andan po’ahí borrachos. El dinero recolectado con las donaciones se utiliza para comprar el refuerzo de los almuerzos –tomate, cebolla, salsa, sal, azúcar, etc.–, adquirir los implementos de aseo y pagar los servicios del espacio, incluidas las pipetas de gas, que son el gran dolor de cabeza de las voluntarias. La pipeta más pequeña cuesta cincuenta mil pesos y alcanza para cocinar durante una semana; la más grande cuesta ciento cincuenta mil y alcanza para tres semanas. “Vea, yo he tocado puertas, yo tengo gente y le digo que me apadrinen pa’ ese gas”, dice doña Carmen. Ella ha buscado un padrino que mensualmente le diga: “Ahí tiene pa’l gas”, pero nadie dice que sí. Por su trabajo, las cocineras reciben almuerzos para ellas y sus familias. Las donaciones no alcanzan para darles un reconocimiento monetario. De hecho, ellas algunas veces tienen que poner plata de su propio bolsillo para suplir las necesidades del comedor. —Nosotras todos los días barremos, trapeamos, hacemos aseo, cocinamos, todo —dice Martha Narváez, voluntaria de El Árbol—. Y de las moneditas que dan los niños, si uno saca seis mil o nueve mil pesos es mucho, y de ahí nos toca comprar todo. Y es que uno mira el cuaderno de registro, y eso dice: “Debe, debe, debe, debe, debe…”. Entonces nos toca quedar endeudadas en la tienda para comprar cebolla, tomates, salsas, y cositas que hacen falta. Todos y todas por la vida de los niños y las niñas: la alianza público privada que permitió la realización de un sueño Foto: Gabriel Rojas, Deisy y su nieta en la comuna 18 de Cali, Colombia La articulación de tres instituciones —Save the Children, Fundación Construir País y Reckitt Benckiser (RB)— permitió el desarrollo del proyecto Todos y todas por la vida de los niños y las niñas, que en años recientes ha sido fortalecido con recursos públicos a través de Alimentando Sonrisas, un programa de la Alcaldía de Cali, cuyo operador es Pastoral Social. La génesis del proyecto se encuentra en un programa de asistencia alimentaria con diferentes iglesias como gestoras para organizar a mujeres que a comienzos de la década del 2000 ejercían la iniciativa de Ollas Comunitarias. Las Ollas fueron planteadas como una estrategia de desarrollo que buscaba la dignificación humana por medio de la restitución de los derechos a la alimentación y a la vida, y que propendían por la organización de las comunidades para la autogestión de su desarrollo integral . Save the Children y Fundación Construir País, operadores del programa de responsabilidad social de RB, enfocaron su intervención social en cinco temas prioritarios: educación, protección, participación, reducción de la pobreza y salud. En la comuna 18, las enfermedades que más afectaban a la niñez, como las infecciones repetitivas, estaban agudizadas por la malnutrición, las precarias situaciones de salubridad y la falta de conocimiento sobre prácticas saludables e higiénicas. Por esta razón, en el 2009 Save empezó a dar capacitaciones en temas relacionados con higiene y salubridad, salud y protección de la niñez, y a realizar acciones puntuales como la entrega de filtros de agua para contrarrestar las problemáticas de diarrea y mortalidad de los niños. Al dictar las capacitaciones y los talleres, Save se percató de una realidad generalizada: muchos niños llegaban a las actividades sin haber desayunado o en condiciones de malnutrición. A raíz de esto, algunas lideresas de la comuna propusieron cambiar los refrigerios que daban en los talleres de Save por almuerzos —o refrigerios “reforzados”—, y entre Pastoral y RB se distribuyeron la responsabilidad de proveer los mercados, de tal forma que se lograra la entrega de proteínas, granos, cereales y vegetales. Para financiar estas actividades, RB se ideó un sistema en el cual se captan recursos por medio de diferentes fuentes. Por un lado, la empresa pone dinero y dona productos de salud e higie- ne para ventas de garaje, y por otro lado, los empleados ayudan con donaciones en dinero y entrega de material reciclable para la venta. Con estos recursos se arma una bolsa que va a parar a la comuna 18. Hacia el final de la década del 2000, Pastoral Social se encontraba realizando intervenciones sociales en la comuna 18, con el fin de fortalecer un programa de mitigación y prevención de riesgo y mejoramiento de vivienda. Al ver la convergencia en sus iniciativas, Save y Pastoral se articularon para potenciar el traba- jo realizado en los cuatro comedores comunitarios de los sectores que estaban interviniendo: La Cruz, El Árbol, La Arboleda y Alto Nápoles. En el 2009, en La Cruz se inició un proceso de mejoramiento de vivienda para poder poner en funcionamiento el comedor en la casa de doña Carmen. “Le pusimos una plancha al fondo de la casa para que tuviera la cocina y el comedor, porque doña Carmen inició el comedor en su casa, y ella quería poner la plancha para mejorar la cocina”, cuenta Rafael Aguado, de Pastoral Social. El comedor operó en la casa de doña Carmen hasta que fue inaugurado su espacio propio en el 2012, una construcción que fue apoyada por RB y sus operadores. Las entidades llegaron a El Árbol entre el 2009 y el 2010. En ese entonces el espacio estaba construido en lata y esterilla sobre un barranco por el que los niños corrían el riesgo de caerse. Por ello, entre Pastoral, Save y RB se gestionó la construcción de un muro de contención y el mejoramiento de la infraestructura del lugar. La realización de estas mejoras contó con el apoyo de María Eugenia Núñez y su esposo Jersson Muñoz, quienes de forma voluntaria habían empezado a ofrecer almuerzos y a dictar talleres de arte para los jóvenes del sector. En el 2011, La Arboleda contaba con un nivel de organización mayor que el de los otros sectores y con un reconocimiento por parte de la Alcaldía como barrio legalmente constituido. La caseta comunitaria estaba destinada para el funcionamiento del comedor y los talleres de Save, de manera que las organizaciones entraron a financiar la construcción del segundo piso. Adriana Fandiños fue una de las lideresas que trabajaba en los espacios y ayudó a sacar adelante este proceso. En Alto Nápoles siempre ha habido problemas para la consecución de un lugar fijo que albergue al comedor. Aunque en un principio funcionó en la casa de Sandra Escobar, después de su mudanza a Santa Helena, en la parte baja de la comuna 18, hace cerca de un año, el comedor se ha trasladado a varios hogares, sin que a la fecha cuente con una infraestructura propia. En el 2015, los comedores entraron a ser fortalecidos con recursos públicos por medio del programa Alimentando Sonrisas, de la Alcaldía de Cali. Con esta ayuda, los espacios se dotaron con elementos para permitir la continuidad de su trabajo, como mercados, congeladores, estufas, materiales de cocina, sillas y mesas. Más que comedores: espacios protectores para la niñez Foto: niña del sector La Arboleda, comuna 18, Cali, Colombia -Todos vengan a las escaleras —dice Carolina Paredes, profesional de Save the Children—. Todos sentados aquí. ¡Rápido, rápido! Los niños dejan sus escudos y espadas de cartón sobre la mesas plásticas que han juntado para la actividad y salen corriendo del espacio protector. Todos quieren ser los primeros en llegar a las escaleras y estar cerca de la profesora. Un par de niños se quedan trabados en la puerta, al intentar salir al mismo tiempo. Como pueden, se sientan en los escalones de cemento que descienden al frente del espacio, justo después de cruzar una calle angosta por donde bajan motos y personas. -¿De qué estábamos hablando allá adentro? -pregunta Carolina. -¡Del amor propio! —responde un niño. -¿Alguien sabe qué es el amor propio? -¡Amarse a uno mismo! —dice otro. -¡Muy bien! Y para amarse uno mismo, ¿qué debemos hacer? -Comer bien —dice una niña. -Respetar a los papás. En el taller que acaba de terminar, a los niños se les pidió que pensaran en cuál es su mayor virtud y la pintaran en un escudo de cartón. Las decoraciones dejan ver corazones, familias y manos que para ellos representan el amor, la unión familiar y los lazos de amistad. Con el escudo y la espada que los acompaña, los niños serán por hoy superhéroes capaces de proteger a sus seres queridos y a sí mismos. Son un grupo de cerca de diez niños, entre los cinco y los once años. “Quiero que todos se pongan la mano en el corazón —continúa Carolina— y que repitan conmigo: «Yo» [Yo, dicen los niños] me comprometo [me comprometo] a jamás de los jamases [a jamás de los jamases] decir que no soy bueno en algo [decir que no soy bueno en algo], todos somos valiosos [todos somos valiosos] y nos tenemos que amar [y nos tenemos que amar]. Ahora se van a dar un abrazo a ustedes mismos y van a decir: «¡Cómo te quiero! [¡cómo te quiero!]»”. Algunos cruzan sus brazos para expresar el amor que se tienen y otros le dan un abrazo al amigo de al lado. Los niños ríen, cambian de puesto, el grupo se desordena. -Vengan todos, quiero que se sienten aquí otra vez -dice Carolina-. Les voy a contar una historia rapidísima. Imagínense que Óscar y Catalina -dice bajando la voz— vienen de muy, muy lejos y ¿saben para qué? -los niños se acercan para escuchar lo que ahora es casi es un susurro-. -Yo no sé -dice un niño. -No sé. -Ellos quieren conocer por qué ustedes vienen al espacio protector. Los niños abren sus ojos y se miran entre sí. -Yo vengo porque aquí nos cuidan —dice uno. -Y aprendemos. -¿Qué has aprendido aquí? —pregunta Catalina. -El respeto a los adultos —dice una niña. -El derecho a la vida —dice otro. -¡A la recreación! En los comedores comunitarios no solo se alimenta el cuerpo, sino además el alma. Por eso también se les denomina “espacios protectores para la niñez”. Por medio de juegos y actividades lúdico-pedagógicas, a los menores que asisten a los talleres se les forma en valores como el respeto, la tolerancia y el amor propio, y se les enseñan los derechos que tienen, como el derecho a la vida, a la educación y a no ser discriminados. -Vamos a hacer todos así, muéstrenme el dedo pulgar así –dice Carolina con el dedo hacia arriba, intentando recuperar la atención de los niños—. Todos así. -Ya lo tengo -dice un niño. -Mire profe, mire. -Ahora lo van a esconder detrás de la espalda y cuando yo diga tres, si les gusta mucho venir al espacio, lo van a poner hacia arriba. Si no les gusta, lo ponen hacia abajo y si les gusta más o menos, lo ponen hacia un lado. ¿Listo? -¡Sííí! -A la una, a las dos y a las tres -Carolina observa las respuestas-. ¡Huy! A todos les gusta venir. ¡Qué bien! Otra vez escondámoslo. Ahora cuando yo diga tres, ustedes van a decir qué tanto les gusta la comida del espacio: si mucho -pone el pulgar hacia arriba-, poco -pulgar hacia abajo- o más o menos -pulgar hacia el medio-. ¿Listo? A la una, a las dos y a las tres. Algunos niños muestran el pulgar hacia arriba, otros hacia el medio y otros abren la mano. Todos reímos. Los niños dejan sus puestos de nuevo. Ya están cansados de la actividad y quieren volver a jugar con sus escudos y espadas. A partir del trabajo en la comuna 18, Save the Children ha construido una metodología que estandariza el trabajo en los espacios protectores, con la especificación de temáticas a abordar, objetivos específicos y actividades propias de cada taller. “La metodología es muy lúdica y pedagógica —dice Tatiana Unda—. La estrategia se adecúa para poder llegar a los niños de acuerdo con su edad. No es lo mismo tratar el tema de abuso sexual con un niño de cuatro años que con uno de once”. La metodología incluye mensajes transversales para cada semana, como la promoción del respeto y la escucha. “Encontramos varios niños que al principio del proceso eran muy agresivos -continúa Tatiana-, pero uno ve el cambio que han tenido. Al final redujeron sus conductas agresivas, son más amigables, aprendieron a escuchar”. Actualmente, en Save the Children se tiene la intención de trabajar con la Alcaldía de Cali para realizar una transferencia metodológica que permita convertir a los comedores comunitarios (es decir, espacios en donde se ofrecen alimentos a grupos vulnerables) en espacios protectores para la niñez (es decir, espacios en donde además se forman, se educan y se cuidan a los niños). -Bueno, vamos para adentro —vuelve Carolina—. Pero antes vamos a hacer una campaña de recoger todo lo que tengamos aquí afuera. El que más recoja cartones se lleva un premio. -¡Yo me lo voy a ganar! —dice un niño. “La verdad es que trabajar con la comunidad es demasiado duro” Martha Narváez recién ha terminado de lavar las ollas y las sartenes que utilizó con Dora Grajales para cocinarles a los niños del sector Él Árbol. Ahora, detrás del mesón que separa la cocina de las dos mesas del comedor, afila con piedras los cuchillos que usa para picar. Martha nos mira con el ceño levemente fruncido, como suele tenerlo, hasta que se echa al agua: -La verdad es que trabajar con la comunidad es demasiado duro. El domingo pasado este espacio no estaba así como lo ven ustedes. Las paredes del comedor están recién pintadas de azul y fuc- sia, y de ellas cuelgan dibujos, carteleras y collages hechos por los niños. El piso rojo está húmedo aún, pues lo trapearon tan pronto los niños se fueron. En una de las cuatro esquinas, al lado de la entrada principal, reposa un archivador de plástico que utilizan para guardar los materiales de los talleres. En la parte superior del muro al frente de la cocina, las tejas de zinc son sostenidas por filas de libros y enciclopedias que nadie lee. El comedor comunitario queda sobre la subida angosta que lleva a lo alto del sector, en donde se eleva el árbol que le da su nombre. A menos de 20 metros está el paradero de buses, un rectángulo angosto de polvo amarillo con marcas permanentes de llantas, y un poco más allá está la avenida principal, por donde apenas alcanzan a pasar dos vehículos al mismo tiempo. En el barrio hay casas de esterilla, madera y, para alegría de unos pocos, de material. En los techos abundan las tejas de zinc. -Un domingo, que es para nosotros, para mis hijos y mi familia, nos tocó venirnos a hacer aseo general —retoma Martha-. ¡Un domingo! Y Dora y yo y nuestros hijos acá metidos. Y la gente de la comunidad pasaba y decía: “Ay, ¿qué están haciendo?”, y viendo que uno estaba ahí dele y dele -Martha junta sus manos y hace como si barriera con una escoba invisible-. Es como cuando uno ve que alguien se cae y pregunta: “¿Se cayó?”. Martha es crítica de las dinámicas de los comedores y tiene fama por decir las cosas de frente. Sin rodeos. Las cosas brotan de su boca como son: “No vemos la motivación de la comunidad”, dice. Y es verdad: la gente no ayuda, no se ofrece, no pregunta qué se necesita. Ni siquiera da la donación de quinientos pesos por el almuerzo. -Vea, yo les voy a ser honesta, yo iba a vender todos esos libros de allá arriba, ¡pa’ comprar gas! Porque no hay gas aquí. Yo le decía a Dora que de corazón, yo iba a vender esos libros, porque ahí cae una gotera y ya están cogiendo hongos. Eso se presta es pa’ ratas y eso no es una buena presentación para estar aquí. Dora nos cuenta que hace un par de semanas, para comprar el gas, Camilo, el hijo de Marha de 15 años, les cedió la pipeta que usaba para prender la estufa de un carrito de perros que sacaba por las noches. “Y ahí está parquiado el carro”, agrega. “No ha habido forma de devolverle la plata”. En las voces y las historias de Martha y Dora se siente desánimo, cansancio. “Nosotras muchas veces hemos querido tirar la toalla”, nos dicen. Y no solo ellas lo desean: también sus hijos y esposos, que las extrañan y preguntan en casa. -Ya me tengo que ir —dice Dora—. Tengo una reunión por allá con otra fundación y me tengo que ir a arreglar, bueno, a arreglar no, a vestir, ¡porque ya no tengo arreglo! Nosotros también salimos. Es mejor que no se nos haga tarde para coger el yip que nos bajará al centro de Cali. “¿Y ahora qué vamos a hacer?” Hay una frase que a las lideresas les causa pavor, aunque la han escuchado varias veces: “Este es nuestro último año en la Comuna”. De hecho, el pasado mes de febrero se las volvieron a repetir. “Vamos hasta diciembre de 2018”, dijeron esta vez. Y ahora sí es definitivo, pues la alianza internacional entre Reckitt Benckiser y Save the Children ha llegado a su fin. Con estas organizaciones se irán el apadrinamiento empresarial y el apoyo financiero que los comedores comunitarios y los espacios protectores han recibido desde su creación. ¿Qué hacer entonces? Veintidós lideresas de los barrios en donde operan los espacios –El Árbol, La Arboleda, La Cruz, Alto Nápoles y La Choclona, recientemente–, crearon en el 2016 una cooperativa para sentar las bases de la sostenibilidad del proyecto. “La Cooperativa nació desde la idea de organizarnos legalmente para gestionar recursos, porque siempre estábamos como que: «Ah, Save se va, ¿y ahora qué vamos a hacer?», como con ese temor todo el tiempo”, recuerda Sandra, quien fue la primera Representante Legal. Por el momento el principal cliente de Coomujerp es Save, con la compra de refrigerios para los niños que asisten a talleres dictados en los espacios protectores de la comuna 18. “Hace poco dimos un taller de alimentos, saneamiento básico e higiene saludable en Unimetro, que es uno de los operadores del MIO”, dice Sandra, al hablar de una línea de negocio que están explorando. En la visita que hicimos a la comuna en febrero pasado tuvimos la oportunidad de participar en otra de las actividades que realiza la Cooperativa: los pulgueros o ventas de garaje. En un puesto levantado en el parqueadero de El Árbol, en medio del ajetreo del sector un sábado por la tarde, las lideresas pusieron a la venta ropa de segunda y productos que RB les donó. Entre otras cosas, se encontraban blusas de quinientos pesos, pantalonetas de mil y jeans de dos mil, además de descuentos de más del cincuenta por ciento en productos de aseo como Sampic, Vanish y Dettol. “Nos fue rebién ese día: recogimos como ciento cuarenta mil pesos”, nos cuenta Yorleni al volverla a ver un mes después. El reto más grande que ha afrontado Coomujerp fue el proceso de documentación de la historia de los comedores, encargado por Save. Las lideresas trabajaron durante más de un mes para poder reconstruir y plasmar en el papel todos estos años de historia. A muchas el proceso les sacó canas. Y como si fuera poco tener que escribir informes, después vino lo que para muchas fue el reto mayor: exponer en público los resultados del proceso. “Ahorita nos tocó representar la historia delante de unas compañeras, allá en Comfenalco —dice Martha Mera, de La Cruz— y, ¡Virgen Santísima!, eso nos tocó que aprendernos un folleto más o menos al pie de la letra, porque uno se sabe la historia con las palabras de uno, pero ya ante un público es diferente”. La Cooperativa ha permitido que las lideresas potencien su autoestima y sean conscientes del potencial que tienen. “Por lo menos con las chicas nos veíamos todo el tiempo como las cocineras de los espacios protectores —dice Sandra—. Pero a raíz del proceso con la Cooperativa nos dimos cuenta de que podemos hacer mucho más. O sea, nosotras no somos cocineras, nosotras somos talleristas, nosotras podemos enseñarles a los niños otras cosas, nosotras podemos generar ingresos a través de la Cooperativa”. El trabajo colaborativo no es fácil para nadie y tampoco lo ha sido para ellas. En la Cooperativa falta mayor unidad entre las mujeres de los diferentes barrios y compromiso con la causa común. “Resulta que ya llevamos como dos años en la Cooperativa y no se ha podido hacer nada, porque cada vez que en la reunión se encuentran todas, la una echa pa’llá y la otra echa pa’cá, la una dice esto y la otra dice lo otro, no hay una buena comunicación”, reflexiona María Eugenia, de Él Árbol. En la misma línea, Martha Narváez, del mismo sector, agrega: “La verdad aquí no nos hemos puesto los pantalones ni los zapatos pa’ nosotras decir que estamos luchando por la Cooperativa. Lo hablo por el caso mío, yo no voy a decir que me he puesto las botas para decir que la estoy luchando y que estoy peleando por la Cooperativa”. Algunas de las voluntarias están agotadas y desmotivadas por la escasez con la que trabajan en los comedores. La idea es que la Cooperativa genere el dinero suficiente para cubrir las necesidades de los espacios –pipetas de gas, refuerzo de mercado, materiales para los talleres, etc.– y que alcance para darle un reconocimiento económico a las mujeres. “A mí me gustaría que mensualmente dijeran: «Bueno, les damos así sea un millón de pesos», y ¿cuántos comedores son?, ¡cinco! Listo, pues se reparte entre los cinco. Porque es que así se le puede dar estabilidad al comedor, porque las personas no se van sabiendo que hay un reconocimiento”, afirma doña Carmen. A las lideresas las hace felices servir a los niños y a la comunidad, claro está, pero también tienen familias que atender y necesidades por cubrir. “La verdad es esta: si a mí me pagaran, así fuera poquito, yo me quedaría aquí aquí. Pero no, no dan nada”, confiesa Martha Narváez. En el plan de cierre de Save y RB se contemplan cursos de joyería y pastelería, diseñados para crear otras habilidades en las lideresas y abrirles así oportunidades de generación de ingresos. Aunque algunas de ellas han recibido la propuesta con ilusión, otras se han mostrado críticas. “¿Cocinar todo el día y luego salir a hacer joyas?”, se cuestionan algunas. Quizá la mejor opción al alcance sea la venta de almuerzos a organizaciones de la zona, alimentos que se puedan preparar al mismo tiempo que los servidos en los comedores comunitarios. Así, en la misma jornada, las lideresas harían el trabajo voluntario y el trabajo remunerado. Matarían dos pájaros de un solo tiro. Las mujeres que son no son las mismas que fueron Los comedores comunitarios y los espacios protectores surgieron para mejorar las condiciones de vida de niños, niñas y adolescentes de la comuna 18, pero en su desarrollo las personas involucradas cambiaron, dejaron de ser, se convirtieron en otras. En especial las voluntarias, aquellas mujeres que, además de cocinar, se han transformado en madres putativas, formadoras en valores, promotoras de derechos, reguladoras sociales y, sobre todo, lideresas comunitarias capaces de sacar adelante proyectos de interés público. Los cambios en ellas se observan en diferentes niveles: personal, familiar, laboral. —Yo era muy bruta con los muchachos, les daba con palos o con lo que fuera cuando me sacaban la piedra, en cambio ahora no les pego —confiesa Dora, la misma que nos atendió en la visita a El Árbol—. Uno aprende a compartir más con la familia, que no grite, que no les pegue. No es que yo haya dejado de ser tan gritona —dice, ruborizándose—, pero sí se nota el cambio. Uno escucha, a uno le enseñan a controlar la rabia y a ver que a uno le va mejor escuchando. Hilda Fajardo, una de las lideresas de La Cruz, también se dejaba llevar por la ira y maltrataba a sus hijos. Pero su actitud cambió a partir del trabajo comunitario que ha realizado en el co- medor, junto con doña Carmen y Martha. —A mí me tenían como rabia porque yo era muy pelione- ra, si me trataban era por decencia —recuerda Hilda—. Yo no me sabía expresar, a mí me decían: “Ah, que la galambera, que Hilda alega por todo. Y yo también era una madre maltratadora. Entre risas, doña Carmen cuenta que a Hilda la han puesto a prueba: “A esa muchacha la metimos a la cocina, y qué muchacha oiga, qué líder. Y yo le he puesto unas pruebas durísimas porque esa sí era peliona. Pruebas duras le he puesto. Duras, duras. La he buscado a ver si pelea y ella dice: ‹‹No, yo no quiero problemas››”. —Al ingresar al comedor, mostré la otra Hilda, conocieron el otro lado mío, ya no era solo alegar, sino que empecé a cultivar valores y respetar a los niños. Doña Carmen misma ha vivido cambios importantes en su forma de ser. —Yo no maté a mi esposo porque en realidad Dios es muy grande [risas]. Yo fui una persona… salvaje, hablémoslo así —confiesa doña Carmen—. Uff, yo acabé la pitadora, el sartén, acabé todo con la cabeza de mi marido. Y era una tonta, yo le tira- ba a él pa’ que él me tirara a mí. Y luego agrega: “Hagan de cuenta que yo soy otra persona”. María Eugenia Núñez, de El Árbol, cuenta que antes de trabajar en el comedor y en los espacios, como voluntaria primero y auxiliar de Save the Children después, ha dejado de ser tan tímida. —Yo era una que no hablaba, a mí no me gustaba expresarme, no me gustaba hablar, yo pensaba que si hablaba, hablaba feo, que si me expresaba, me iba a expresar feo, me avergonzaba todo. Yo ahora hablo, me expreso y siento que tengo derecho a decir lo que pienso, a que los demás respeten mi opinión y a hacer respetar mi opinión. Las mujeres se han ido liberando de sus miedos internos y hasta de la opresión de sus esposos. —Vea, en mi casa, mi marido llegaba y yo tenía que estar en la casa porque le tenía que servir el plato de comida y el jugo, porque o si no ya no era mujer —dice Dora—. Y yo ahora con los talleres de Save, que el derecho a la mujer, la salud, la crianza positiva y esas cosas, me enseñó que la vida es propia, y si el marido tiene comida en la casa, ¿por qué no se la sirve? Y si no la sirve, pues ¡que no coma! Las mujeres incluso se han dado la oportunidad de explorar su feminidad. —Yo viví con cuatro o seis hombres en la casa, y yo parecía un hombre, a mí me decían: ‹‹Ponete blusas rosadas, depilate, parecés un macho››, una vez hasta me hicieron chillar cuando me depilaron —recuerda Hilda—. Pero vea que yo ahora me quiero, es que antes eso de ponerme faldas o vestidos, nunca en mi vida, me daba pena, pero ahora hasta me pongo estos shores. También me incentivaron a terminar el estudio, este año terminé por fin el bachillerato. Los procesos desatados en los espacios han llevado, en últimas, a que las mujeres se quieran más a sí mismas y a que traten de hacer más por salir adelante. —Nosotros más que todo hemos aprendido a querernos y valorarnos como lo que somos —dice doña Carmen—, porque es que nosotros tenemos una costumbre de que nos miramos en un espejo y no sabemos quiénes somos. Y yo era una que a mí me decían: “Dibújese ahí en el espejo”, y yo: “¿Qué me voy a dibujar si yo soy lo peor? Yo soy lo peor, yo soy fea”. Y resulta que es al contrario. Yo creo que tengo que escribir lo bonita que soy por- que yo creo que… que soy una reina, ¿no?, una princesa que es muy bonita. Pero ¿qué ha desatado todos estos cambios en ellas? La res- puesta podría resumirse en tres cosas: el trabajo con los niños, las capacitaciones y el trabajo cooperativo. María Fernanda Muriel, antigua voluntaria de La Cruz, dice: —Para mí trabajar con niños ha sido una experiencia muy linda. Es que los niños son el futuro, son lo mejor, los niños son todo. Ellos necesitan quién les dé ejemplo, quién los apoye, quién los acompañe, les ayude, les guíe… Aquí la mayoría de mujeres no hacían sino tener hijos y dejárselos a los abuelos o en la calle, y Save the Children ha logrado cambiar eso en algunos, no en todos, porque no todos tienen la oportunidad de escucharlos. Save fue como una luz para estos niños y para nosotros, nos ha ayudado a crecer. Y termina: —Las charlas nos han servido mucho a nosotros, con las capacitaciones y los talleres uno está aprendiendo algo nuevo, entre más conocimiento tiene uno, es como mejor persona, uno tiene algo mejor que ofrecerle a los demás. Save the Children es uno de los ángeles que tenemos aquí. Ojalá no se vayan.
- Los trinos de León: el pulso de los acuerdos de paz en Twitter
Por: Redacción Pares Nuestro director, León Valencia, está trinando como nunca: ¿Qué significa la captura de Jesús Santrich para el proceso de paz? Las Farc no tienen otro camino que investigar inmediatamente y por cuenta propia las acciones de Santrich o sus allegados y cortar de raíz el problema. Cumplir, cumplir, para conservar la autoridad de reclamarle al Estado lo mismo — León Valencia (@LeonVaLenciaA) 10 de abril de 2018 La sorpresa es enorme, Santrich, el más ideológico, el más radical, metido en una trama de narcotráfico, las Farc tienen la obligación de aclarar el asunto en cuestión de horas o días, la comunidad internacional y todos los que apoyamos el acuerdo necesitamos una explicación — León Valencia (@LeonVaLenciaA) 10 de abril de 2018 Santrich o sus allegados le han dado un mazazo al proceso de paz según las graves acusaciones del Fiscal General y la sala de revisión de la JEP debe examinar inmediatamente los hechos y determinar si sigue el curso de la justicia ordinaria — León Valencia (@LeonVaLenciaA) 10 de abril de 2018 La derecha está feliz con lo de Santrich y las Farc a mi me produce una enorme tristeza pero no pierdo la fe las negociaciones de paz es el único camino para salir de la violencia y forjar una Colombia distinta — León Valencia (@LeonVaLenciaA) 10 de abril de 2018
- Los primeros casos de la JEP
Por: Angélica Gutiérrez y Carlos Montoya Cely, Línea de Conflicto, Paz y Postconflicto- Pares El pasado 22 de marzo de 2018, La Corte Suprema de Justicia entregó a la JEP los primeros 18 expedientes que corresponden a los casos de: los homicidios de integrantes de la familia Turbay Cote y el proceso contra la presunta infiltrada de las FARC en el Ejército Marilú Ramírez Baquero. Foto: Juan Diego Castro-Pares. Edificio de la JEP, Chapinero, Bogotá, Colombia Un año después de iniciada la implementación de los acuerdos de paz, se comienzan a materializar avances de los compromisos adquiridos en el acuerdo de paz. Los primeros meses de la implementación se concentraron en el trámite legislativo para crear las condiciones institucionales necesarias para la adecuada implementación del acuerdo, finalmente el 28 de noviembre de 2017 la Cámara de Representantes aprobó la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la cual ha sido considerada como la columna vertebrar del sistema. Su implementación ya está en marcha y garantizará a las víctimas la aplicación del sistema transicional de justicia. Homicidio de la familia Turbay Cote Uno de los crímenes más recordados y tal vez de los más atroces que haya cometidos la ex organización guerrillera de las FARC, fue la masacre de la familia Turbay Cote el 29 de diciembre el año 2000 en la entonces Zona de Distención. En medio de las fracasadas negociaciones de paz de la época, fueron asesinados a sangre fría en una carretera del Caquetá el congresista Diego Turbay Cote, su mamá, Inés Cote, junto con otras seis personas. La masacre fue cometida por las la columna “Teófilo Forero” de las FARC que siguió ordenes, al parecer, del entonces poderoso congresista del Caquetá Luis Fernando Almario. Almario fue condenado por parapolítica y está siendo procesado por ser el cerebro de la matanza que tenía como fin abatir a sus competidores, la familia Turbay Cote. Se espera que la JEP pueda concluir con la decisión final de este caso. Marilú Ramírez Marilú Ramírez está involucrada en un atentado con carro bomba en la Universidad Militar de Bogotá el 19 de octubre 2006 que dejó 23 personas heridas. Se le acusa del delito de rebelión por infiltrarse en la Escuela Superior de Guerra en el año 2006 y activar un carro bomba. Marilú logró aprobar todos los filtros de la institución para comenzar los estudios en un curso para oficiales de alto grado. Ramírez y otros cinco guerrilleros de las milicias urbanas de las FARC en Bogotá fueron arrestados por miembros del Ejército especializados en combatir a las guerrillas en un barrio popular al suroeste de la capital. La supuesta insurgente, tratando de evadir a las autoridades, presentó un carné que la acreditaba como graduada civil del Curso Integral de Defensa Nacional. La mujer pasó por encima de todos las estrategias de seguridad que existen para este tipo de eventos. Logró incluso visitar y tomar fotografías de bases militares, de un buque de la Armada y de otras instalaciones. Sus actividades fueron descubiertas a raíz del decomiso de un computador portátil que dejó abandonado Carlos Antonio Lozada, jefe guerrillero de las FARC, durante un ataque del Ejército a un campamento insurgente en abril del 2008 en el departamento del Meta. El Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de Bogotá, según fuentes del Instituto Penitenciario y Carcelario (Inpec), le concedió la libertad condicionada a Marilú por la solicitud que hizo su abogado a la Fuerza Pública, a la Justicia Especial para la Paz, el 21 de abril de 2017. Actualmente este caso emblemático también pasó a estudios de la JEP y se espera que Ramírez cuente la verdad de lo sucedido como condición para someterse a esta justicia especial y poder reparar a sus víctimas. Para resolver este tipos de casos se espera que para antes del 16 de abril de 2018 por medio del Auto 001 con referencia “Medidas cautelares anticipadas” expedido el 12 de marzo de 2018 por el Secretario de la JEP Néstor Raúl Correa, la JEP cuenten con todos los archivos de inteligencia del conflicto armado que tiene el DAS para así poder garantizar el derecho de verdad a las víctimas. Los retos de la JEP son innumerables, esto en razón al valor histórico que toma la jurisdicción como mecanismo para garantizar justicia a las víctimas. Uno de los primeros elementos que tendrá que resolver la JEP será el de generar confianza y conceso en la sociedad, desde la selección de sus magistrados, en algunos sectores de la sociedad que se han opuesto al proceso de paz, han alimentado la idea de que será un tribunal de impunidad. Es fundamental que los resultados de la JEP permitan dejar sin piso estas acusaciones y que en virtud de su misión pueda satisfacer las demandas de las víctimas y probar que este mecanismo garantiza, sobre todas las cosas, el restablecimiento de derechos de las víctimas del conflicto armado.
- Adriana Fandiños: ¿Cuándo será que el cuerpo le pide descanso?
Extracto del libro Ustedes están locas, liderazgos que construyen paz en la comuna 18 de Cali, que cuenta la historia de los comedores comunitarios y los espacios protectores para la niñez de cuatro sectores de la comuna 18 de Cali –Alto Nápoles, El Árbol, La Cruz y La Arboleda-, por medio de testimonios de lideresas que estuvieron presentes desde el momento de su creación. Sus historias de vida ponen en evidencia que la intervención social de empresas y entidades públicas puede cambiar vidas y construir paz. El lanzamiento del libro se realizará el 10 de abril en Santiago de Cali. Testimonio de Adriana Fandiños, lideresa del sector La Arboleda, comuna 18, Cali, Colombia Adriana es la guerrera risueña. Expide una energía positiva acompañada de un humor negro y un sutil coqueteo con su sonrisa y su mirada. Su confianza le abre las puertas a una mamadera de gallo sin frenos. Las incontables particularidades en su historia de vida y su juventud, como una ceguera temporal, una hermana paralítica por estornudos contenidos y una pierna llena de gusanos, la han hecho una mujer que, a pesar de las adversidades, sale adelante con sus cinco hijos y sus tres nietas. Su berraquera es sobresaliente ante los ojos de la comunidad, y los frutos de su liderazgo se ven en la consecución de una sede propia para el espacio protector, el reconocimiento de su rol como gestora de apoyos para la comunidad, la regulación de la seguridad del barrio, y la llegada de carrotanques de agua escoltados para asegurar la prestación del servicio, si la escasez y las dinámicas del sector así lo demandan. Subida que lleva a El Filo, sector La Arboleda, Cali, Colombia Ella es Adriana Fandiño «Yo soy de seis meses de nacida. Mi abuela dice que cuando yo nací ella me puso en una caja de tomates, la llenó de algodón y ahí me acostaron con un bombillo, como encubando pollos. El doctor le dijo a mi mamá: “Llévesela que eso ya se le muere en la casa, ya no dura mucho. Esa niña se le muere en la casa”, o sea, el doctor me desahució. Y vea, tengo cuarenta y cinco años, mi mami ya falleció y mis hermanas mantienen enfermas. Ellas me dicen: “¿Adriana cómo hace para hacer tanta cosa? ¿Cuándo será que ese cuerpo le pide descanso?” En el tatuaje de su antebrazo “Mireya” representa el nombre de su madre y “1/4” indica que Adriana es la mayor de sus cuatro hermanos. Adriana en la cocina de su casa en La Arboleda Niños jugando a las afueras del comedor comunitario de La Arboleda donde Adriana es voluntaria La foto es del Archivo familiar de Adriana Fandiños. De izquierda a derecha, Sara, Carlos Mario, Adriana, Juan Esteban y Yuliana. Vista de La Arboleda, des El Filo, comuna 18, Cali, Colombia Adriana sostiene la única foto que tiene de Johnny, su último gran amor que murió después de recuperarse de cáncer de pulmón «Cuando él murió yo le puse la camisa que le había traído de San Andrés por un viaje que me gané, yo quería ir con él pero no se pudo. Después de muerto, yo le tocaba la mano y le decía: “Yo le voy a avisar a tu familia, te vas a enojar conmigo pero yo les tengo que decir”. Cuando estaba vivo él me decía: “Tranquila mami, nos faltan otros ochenta años, ¿pa’ qué casarnos si nos faltan ochenta? Cuando lleguemos a los ochenta y cinco nos casamos”, y yo le decía: “Mentiroso, ni a los ochenta llegaste, me dejaste sola, ¿ahora con quién me caso?”, parecía loca hablando con él ahí sola». Fotografías por: Óscar Iván Pérez y Gabriel Rojas
- #PorElOjoDeLaChapa: Debate presidencial. Encuestas. Movidas políticas
Por: Redacción Pares. Nuestro director León Valencia analiza los hechos políticos más importantes de la semana. El ABC de las polémicas de esta semana. A. El debate presidencial donde participaron Sergio Fajardo, German Vargas Lleras, Iván Duque y Gustavo Petro. B. Encuestas presidenciales de Centro Nacional de Consultoria y Cifras y Conceptos. C. Las movidas presidenciales de la semana.
- La paz se construye con líderes sociales y trabajo comunitario
Prólogo del libro Ustedes están locas, liderazgos que construyen paz en la comuna 18 de Cali, que cuenta la historia de los comedores comunitarios y los espacios protectores para la niñez de cuatro sectores de la comuna 18 de Cali –Alto Nápoles, El Árbol, La Cruz y La Arboleda-, por medio de testimonios de lideresas que estuvieron presentes desde el momento de su creación. Sus historias de vida ponen en evidencia que la intervención social de empresas y entidades públicas puede cambiar vidas y construir paz. El lanzamiento del libro se realizará el 10 de abril en Santiago de Cali. Por: Alexander Riaño, Coordinador de la Línea Conflictos Asociados al Desarrollo-Pares Estimado lector, Para comenzar quisiera presentarle a las protagonistas de esta historia: a Maru (La hormiguita) una cantante y melómana del Cauca que no tiene pelos en la lengua; a Sandra, una trabajadora social en formación, una valiente que ve oportunidades en medio del infortunio y las dificultades; a Doña Carmen, una matrona que inspira respeto y que no tiene miedo a la hora de defender los intereses de su comunidad; y a Adriana (La chupita) oriunda de Quindio, una mujer trabajadora y emprendedora que se ha sobrepuesto al destierro, múltiples violencias y adversidades. Como ellas, miles de mujeres y hombres colombianos hacen su mejor esfuerzo por sobrellevar y transformar unas condiciones de vida marcadas por la violencia, la inequidad, y la exclusión. El escenario es la comuna 18 de Cali, que comprende unos 20 barrios en los que viven cerca de 60 mil habitantes, en su gran mayoría, en condiciones de pobreza y pobreza extrema. Entre 1985 y 2017, en promedio, por cada persona expulsada de Cali, llegaron 10 personas desplazadas provenientes de otras partes del departamento y del país. En general, la mayoría de los desplazados que llegaron provienen del Valle, de Cauca, y de Nariño y Putumayo. De acuerdo con la Red Nacional de Información, en la sucursal del cielo viven cerca de 150 mil víctimas del conflicto armado[1], muchas de ellas en los barrios informales y de invasión que se consolidan como cordones de miseria alrededor de grandes urbes. Se trata en gran medida de población afro, indígenas y campesinos que fueron obligados a ubicarse en la ciudad. El conflicto armado se concentró en ciertas regiones del país, pero los efectos de la violencia se viven en todo el territorio nacional. Aunque con trayectorias personales, culturales y sociales distintas, estas mujeres comparten una historia de transformación individual, comunitaria y social que consideramos digna de contar, en tanto muestra que la paz se construye en el día a día, con los líderes y en los territorios. La migración obligada por la violencia; la pobreza y la vulnerabilidad como condiciones que parecen inevitables; el machismo; la falta de garantía de derechos fundamentales como la alimentación, el agua potable, la electrificación. Estos y muchos otros elementos son transversales al leer la historia de vida de estas mujeres. Sin embargo, encontramos en ellas un relato esperanzador, un relato que permite concluir que la clave de la paz se encuentra en la posibilidad de fomentar nuevos liderazgos y de fortalecer el tejido social como base de la acción colectiva. Maru, Sandra, Doña Carmen y Adriana han liderado la construcción de comedores comunitarios y espacios protectores en los barrios El Árbol, Alto Nápoles, Alto de la Cruz y la Arboleda de la comuna 18, respectivamente. A partir de su iniciativa y con el apoyo de diversos actores, durante los últimos años han construído una alternativa comunitaria para superar problemas estructurales de su comunidad como el acceso a alimentación de niños y personas vulnerables, y la falta de entornos que protejan a los niños y en los cuales se transmitan valores escenciales para consolidar una sociedad pacífica como los derechos humanos, el autocuidado y el respeto por la diversidad. En últimas, el trabajo comunitario de estas increíbles mujeres termina siendo un mecanismo social para mitigar y superar condiciones de vulnerabilidad. Martín Caparrós, un licenciado en historia y gran cronista argentino, escribió en 2014 un libro entero dedicado al hambre, señalando que se trata de un concepto con implicaciones profundas dependiendo del lugar social desde el cual se lee. Cuando se concibe desde el privilegio, el hambre es una condición fácilmente corregible por nuestros propios medios, una anécdota más de la cotidianidad. Cuando se lee desde la exclusión, el hambre es una condición estructural, permanente, que parece insuperable. De acuerdo con Caparrós, “[N]ada ha influido más en la historia de la humanidad. Ninguna enfermedad, ninguna guerra ha matado más gente. Todavía, ninguna plaga es tan letal y, al mismo tiempo, tan evitable como el hambre”. Así mismo, el autor aborda a través de la crónica y el ensayo personal otro concepto fundamental en el estudio de la pobreza, la idea de vulnerabilidad. Veamos: Una lluvia que cae o no cae, unas langostas que pasan en mandada, un comerciante que acapara y aumenta son la diferencia entre la vida y la muerte. La riqueza es tener opciones, un cierto respaldo: no vivir siempre a punto del desastre. Moverse en un terreno ancho, donde hay incluso un lugar para caerse, donde incluso caído estas en algún lado; la miseria es vivir en un filo: cualquier caída es despeñarse. (Caparrós, 2014. Pág. 57) Cómo veremos en las historias de vida que e las tareas urgentes que tenemos como sociedad es disminuir la vulnerabilidad entendida como la vida al filo de la navaja, es decir, una situación en la cual la más pequeña eventualidad se puede convertir en una tragedia por falta de alternativas: un accidente doméstico, la pérdida del trabajo, una enfermedad perfectamente tratable. Liderazgos como los que acá relatamos, son una de las claves para mitigar dicha condición de vulnerabilidad de millones de colombianos. Hacer, construir y mantener: el liderazgo y el tejido social en el centro del cambio En la prolífica y diversa literatura existente sobre conflictos armados y construcción de paz, se suele distinguir tres alcances que se le dan al concepto y que tienen implicaciones distintas. Por hacer la paz se entienden todos aquellos acuerdos mínimos necesarios entre el Estado, la sociedad y actores alzados en armas para terminar una confrontación armada y sus nefastas consecuencias. De otro lado, construir paz se entiende como un proceso amplio de transformación social y política orientado a superar las condiciones de exclusión y desigualdad, consolidar la presencia y capacidades del Estado, promover la participación y la apertura democrática, todo esto con el fin de superar en el proceso las causas estructurales y consecuencias que perpetuan ciclos de violencia. Finalmente, por mantener la paz, se entienden aquellas transformaciones culturales de largo aliento que promueven y aseguran una tramitación no violenta de los conflictos sociales. Sobre lo primero, Colombia tiene una abultada hoja de vida y experiencia haciendo la paz. Hemos firmado acuerdos de desmovilización con múltiples guerrilas (Guerrillas liberales, el Quintín Lame, el M-19, el EPL, facciones del ELN, las FARC, las AUC). Con respecto a lo segundo, el país y las élites que lo han conducido durante toda su historia tienen una gran deuda. Sobre lo último, tenemos un gran camino por recorrer para reconciliarnos y voltear la página de la violencia en nuestra historia. Sin embargo, en una oportunidad sin precedentes (abierta por el Nobel de paz), la agenda de construcción de paz se ha instaurado en el imaginario colectivo como un imperativo social y como una prioridad de los territorios. La violencia, como circulo vicioso, ha dejado en la sociedad colombiana múltiples consecuencias que a su vez se han convertido en causas que alimentan el conflicto colombiano. Quisiera referirme a tres de estas, que considero como retos fundamentales para el posconflicto: la primera es el resquebrajamiento del tejido social y las posibilidades de acción colectiva; la segunda ruptura del tejido económico y su traducción en una estructura de desigualdad, de exclusión social y territorial; la tercera es la exclusión política ha impedido un cambio en las élites nacionales y regionales que gobiernan el país. La ruptura del tejido social ha sido una estrategia y una consecuencia de la guerra. Una estrategia porque la violencia (ejercida de manera indiscriminada o selectiva) permite desestructurar la resistencia social. A su vez, ha sido una consecuencia directa de la guerra pues cada asesinato, cada enfrentamiento, cada masacre, cada desplazamiento implica, por ejemplo, la desestructuración de unidades familiares, la ruptura procesos comunitarios y sociales construidos a través del tiempo, la destrucción de redes de trabajo comunitarias que apuntan a objetivos colectivos como la garantía de seguridad alimentaria, la participación social en el gobierno local, el cuidado y conservación de los territorios. A su vez, la guerra ha sido una excusa y un mecanismo para exacerbar y mantener inmensas e injustificables brechas sociales y territoriales. En particular, para la ruralidad del país y los entornos urbanos vulnerables la exclusión ha sido sistemática. La infraestructura vial y sanitaria, el acceso a bienes públicos, el acceso a derechos fundamentales, las posibilidades de empleo e ingreso, el cuidado de los niños y jóvenes son apenas una aspiración para los colombianos que viven en estas condiciones sociales inaceptables. Se trata de una realidad palpable en Cali, una de las 5 ciudadades más grandes del país en uno de los departamentos con mayor actividad empresarial y generación de riqueza en Colombia. Al dirigirse hacia la comuna 18, entiende uno que aun existen barreras invisibles que segregan a los más vulnerables: allí el transporte público de calidad sigue siendo un “privilegio” para la clase media, y en pleno siglo XXI, el acceso a agua potable sigue siendo un dolor de cabeza. Tal como señalan Óscar y Catalina en el ensayo que sigue a esta introducción: “En la comuna 18, sea invierno o verano, a causa del agua nunca se duerme tranquilo”. Finalmente, la exclusión política ha sido otra de las causas y consecuencias de la guerra vivida en Colombia. En la democracia más estable de latinoamerica (que en palabras de Gutierrez Sanín es un Orangután con sacoleva) hemos sido testigos de magnicidios y genocidios políticos, aniquilamiento de líderes campesinos y una represión de la protesta social que se equipara con la establecida por las dictaduras del siglo XX en nuestro continente. Todo esto, sumado a la corrupción, el clientelismo y captura del Estado por parte de clanes políticos en las regiones, ha llevado a que la participación ciudadana se restrinja al ejercicio del voto en cada ciclo electoral. Así, hemos olvidado que la participación es un proceso activo en el cual los líderes sociales tienen la posibilidad de manifestar su voz a la hora de construir e implementar las políticas públicas o para hacer seguimiento y veeduría a las acciones del Estado en sus distintos niveles. Bajo este contexto, y a partir de las historias de vida de las lideresas de la comuna 18 de Cali, queremos mostrar por qué la promoción y fortalecimiento de liderazgos, junto con la reconstrucción del tejido social en los territorios, son condiciones necesarias para construir una sociedad más justa en Colombia, es decir, para construir paz. Ser lider, una profesión de alto riesgo En una sociedad con grandes inequidades sociales y regionales, con una democracia precarizada y mediada por el clientelismo y la corrupción (que genera clanes políticos perpetuados en el poder), con presencia y capacidad diferenciada del Estado en los territorios, y con la violencia como mecanismo de control social por parte de élites aliadas con la criminalidad, ser un líder social en colombia es una actividad con altísimos riesgos. En una de esas paradojas constantes en las cuales se mueve la sociedad colombiana, el país vive uno de los momentos con menor violencia homicida en su historia. La tasa de homicidios hoy, es la más baja en las últimas tres décadas. Vamos desmostando la violencia estructural. Sin embargo, desde que se iniciaron las negociaciones de paz con las FARC, han aumentado los asesinatos de líderes sociales en el país. De acuerdo con la información de Paz & Reconciliación, mientras que en 2012 las organizaciones sociales advertían del asesinato de 69 líderes, para 2017 la cifra alcanzó los 102 casos de homicidio. Desde que se firmaron los acuerdos de paz con la guerrilla, la Fundación ha documentado más de 400 agresiones, de las cuales 137 fueron homicidios, 200 fueron amenazas y cerca de 50 atentados[2]. Se trata del peor atentado que puede cometerse contra nuestra democracia. Son los líderes en los territorios los que asumen como propias las luchas de toda una comunidad, que reivindican los derechos humanos como principio ético y como mecanismo de defensa ante los abusos. Están asesinando a quienes promueven valores y respeto por el medio ambiente, a quienes reclaman la restitución de tierras luego de una guerra organizada alrededor del despojo, a quienes se atreven a desafiar a la ilegalidad, están asesinando a quienes logran organizar y coordinar los territorios y las comunidades en torno a la defensa de sus intereses y derechos. Sin ellos, no podemos aspirar a un país más equitativo, a una democracia verdaderamente incluyente, ellos son los paladines del cambio social. En este libro, hemos querido cambiar el centro de atención. Entendiendo y denunciando la compleja realidad de violencia sistemática contra los líderes sociales en el país, decidimos concentrarnos en mostrar una situación más relevante: ¿qué es lo que hacen los líderes para transformar sus vidas, sus entornos y su comunidad?. A partir de las historias de Sandra, Maru, Adriana y Doña Carmen, esperamos mostrar la manera en que los entornos vulnerables se transforman a partir del trabajo en equipo de líderes que piensan y actuan en función de sus comunidades y las problemáticas que enfrentan. En sus relatos de vida, estas mujeres nos cuentan una parte de la historia del país y las características de nuestra sociedad. Historias de violencia por el conflicto armado, de violencia sexual, de exclusión social, de jóvenes sin experiencias de juventud, de migraciones forzadas (por la violencia o por la exclusión y la precariedad de las condiciones de vida), de acceso a derechos, de presencia y acompañamiento del Estado. Sobre las imágenes que construyen sus narrativas, aprendemos que los liderazgos no son innatos sino que se construyen a partir de la generación de capacidades en los individuos. Detrás de cada individuo que asume un papel protagónico en su comunidad, hay una historia que vale la pena ser contada y que deja muchas lecciones al transformar la sociedad. Esperamos que al conocer las historias de estas cuatro mujeres, el lector entienda con mayor detalle el por qué son tan importantes los líderes para nuestra sociedad. Una apuesta por la interdisciplinariedad y por otras narrativas El camino que lleva a esta publicación es largo y quiero pensarlo como el resultado de numerosas y afortunadas coincidencias. Primero, la conformación de un gran equipo de profesionales de las ciencias sociales y económicas interesado en explorar nuevas formas de investigar y de contar a través de la narrativa y la fotografía. Sin duda alguna, el libro es resultado de un esfuerzo colectivo que combinó los saberes y habilidades de un grupo diverso de personas –y personalidades– para poder realizar la investigación, establecer alianzas y construir confianza entre los actores que han hecho parte de este proceso. Nada de esto habría sido posible sin el financiamiento y apoyo de la embajada del Reino Unido en Colombia, quienes han creído en la Fundación Paz & Reconciliación, y en la capacidad de su equipo para construir, visibilizar y movilizar una agenda de construcción de paz para el sector empresarial colombiano. Con este objetivo elaboramos una guía que se posicionó como referente importante; construimos alianzas con organizaciones sociales, empresas, universidades e instituciones del gobierno nacional; construimos suplementos específicos para sector minero-energético y sector turismo; diseñamos rutas de implementación en temas socio-económicos y de tejido social; y también logramos conocer, acompañar y visibilizar la experiencia de la comuna 18 de Cali a través de sus lideresas. Para la publicación de este libro, habrán transcurrido 20 meses en los que pasamos de una idea y una convicción, a una agenda de investigación/intervención establecida y respaldada por aliados en distintos sectores de la sociedad, el gobierno y las empresas. Durante este tiempo, tuvimos la oportunidad de innovar nuestras técnicas de investigación y escritura, y apostamos por la reconstrucción de historias de vida para mostrar lo que empezó como una idea: que la paz se evidencia en grandes transformaciones estructurales y en pequeños cambios individuales; que el tejido social y comunitario es fundamental para un mejor ejercicio de gobierno, y como red protectora de diversas fuentes de vulnerabilidad; que los líderes sociales son fundamentales para la construcción de la paz; que para avanzar hacia una sociedad más equitativa se requiere de un aparato productivo fuerte y qué, por eso, las empresas –como actores sociales– pueden aportar a la construcción de paz en distintas dimensiones. En una de esas afortunadas casualidades, durante la construcción de Invirtiendo en el Futuro, conocimos de la experiencia de las lideresas de la comuna 18 de Cali quienes –apoyadas por Reckitt Benckiser– en adelante RB–, La Alcaldía de Santiago de Cali (Pastoral Social) y Save The Children– trabajan incansablemente en los comedores comunitarios sin recibir una remuneración más allá de las sonrisas de los niños, la comida para sus familias y una que otra vez, el reconocimiento por parte de la comunidad. Encontramos en sus relatos aprendizajes sobre la forma en que las acciones más pequeñas y concretas tienen efectos definitivos en la vida de las personas. Es por ello que decidimos reconstruir y contar sus historias. Son las historias de mujeres resilientes, generosas, creativas, sensibles, que en medio de la vulnerabilidad económica, la violencia, complejas condiciones de vida y la falta de acompañamiento del Estado, logran organizarse para trabajar no solamente por su propio bien, sino por el de toda su comunidad ayudando a construir entornos protectores en los cuales los niños puedan recibir una alimentación adecuada, un acompañamiento durante su crecimiento e incluso, el amor, cuidado y valores que no encuentran en sus hogares. Realidades complejas, diversas formas de investigar Esta publicación se enmarca en lo que, de manera muy general, podemos denominar como una agenda de investigación sobre desarrollo y construcción de paz territorial en Colombia. En julio de 2018 se cumplirán tres años desde que la Fundación Paz & Reconciliación inició esta línea de trabajo. Durante este tiempo, como centro de investigación hemos optado por la utilización de distintos enfoques metodológicos y conceptuales para abordar las perspectivas del desarrollo y generar conocimiento sobre tres ejes temáticos: i) la conflictividad social como centro de la discusión del desarrollo; ii) el diálogo social como mecanismo de transformación social y gestión de conflictos; y iii) el rol del sector empresarial en la construcción de paz. Leída de manera transversal, nuestra agenda de investigación se concentra en estudiar el cambio social –el desarrollo– como un proceso dialéctico en el cual entran en juego no solo distintos intereses, sino diversas visiones del mundo que deben dialogar. Así, partimos del entendimiento del desarrollo como proceso económico, pero inevitablemente político. Este punto de partida nos obliga a realizar una aproximación interdisciplinaria en la cual hemos retomado enfoques, metodologías y conceptos de múltiples ramas de las ciencias sociales –en particular de la economía, la ciencia política, la sociología y la antropología– y de las ciencias de la gestión empresarial y la responsabilidad social. En nuestras distintas investigaciones y publicaciones, hemos usado las herramientas que nos brindan los metodos cuantitativos, de manera complementaria con herramientas del paradigma cualitativo. En ese sentido, hemos explicado realidades a partir del uso de las estadísticas, hemos profundizado nuestro conocimiento territorial a partir de la realización de estudios de caso con el fin de reconstruir una panorámica menos segmentada de la realidad social como fenómeno complejo. En este libro, agregamos una nueva apuesta metodológica y comunicativa: por un lado, la reconstrucción de historias de vida como mecanismo de aprendizaje en la investigación/acción participativa, y del otro, el testimonio y la fotografía como estrategias narrativas que se complementan y que aportan nuevas perspectivas al análisis social[3]. Cinco ideas sobre construcción de paz en estos relatos La paz se evidencia en los cambios estructurales, pero también en las transformaciones cotidianas. Cuando hablamos de paz, por lo general pensamos en los grandes cambios que requiere una sociedad: la distribución de la tierra, las reformas al sistema político, presencia y capacidad del estado, el acceso a la verdad, la justicia y la reparación, etc. Sin embargo, conocer las historias de vida de las lideresas de Cali me lleva a pensar que la paz también se resume en pequeños detalles: contar con pequeñas infraestructuras sociales que faciliten la organización comunitaria, acceder a alimentos suficientes para alimentar a niños en condición de vulnerabilidad, garantizar el acceso al agua en áreas rurales o entornos urbanos segregados, construir entornos protectores que garanticen el cuidado de niños y jóvenes, alejándolos de factores de riesgo y promoviendo valores ciudadanos básicos para la convivencia pacífica. El liderazgo y el trabajo comunitario son un mecanismo fundamental para combatir la exclusión social, mitigar la vulnerabilidad y cerrar brechas sociales y territoriales. El trabajo de las lideresas en los comedores comunitarios muestra como con pocos recursos económicos, pero con mucha coordinación, alianzas y trabajo en equipo, se pueden lograr objetivos sociales trascendentales como garantizar la alimentación de centenares de niños desprotegidos. Por esta y muchas otras razones, reconstruir el tejido social es una tarea primordial en el posconflicto. Ser líder es una experiencia de vida que transforma a nivel individual, comunitario y social. En los relatos de Doña Carmen, Maru, Sandra y Adriana, encontramos que el ejercicio mismo del liderazgo les permitió transformar no solo sus entornos, sino sus trayectorias de vida: ganaron autoestima, reconocieron sus derechos como mujeres, aprendieron a trabajar en red y establecer alianzas con distintos actores; transformaron sus prácticas parentales, transformaron la vida de cientos de personas y familias en su entorno. La potencialidad de los actores empresariales para aportar en la construcción de paz en Colombia es enorme. De manera confusa, el gobierno nacional ha señalado que la paz es, ante todo, una deuda histórica con la Colombia profunda, entendiéndola como aquellos territorios que a causa de la violencia han sido excluidos del Estado y sus garantías, así como de las dinámicas de desarrollo[4]. Sin negar la validez de dicha afirmación, hay que decir que, aunque la violencia se localizó en la periferia del país, sus efectos se sienten en todo el territorio nacional. Lugares como la comuna 18 de Cali (y en general los entornos urbanos excluidos) muestran que hay que hacer la tarea en todo el país. En Invirtiendo en el futuro exhortamos a las empresas de todos los tamaños, en todos los rincones del país a identificar acciones que pueden adelantar en el marco de sus operaciones y que son estratégicas para avanzar hacia una sociedad más justa. Además de esto, indicamos que el aporte del sector empresarial va más allá de lo económico y pasa también por la dimensión de reconstrucción del tejido social. En las historias de vida observarán como el apoyo de RB, Save the Children y la Alcaldía de Santiago de Cali mediante Pastoral Social a los comedores comunitarios promueve y sustenta un proceso de transformación social profundo a partir de la reconstrucción del tejido social. El Estado es el líder, pero no el único responsable de la construcción de la paz. Si algo ha quedado claro tras el fin de la guerra con las FARC, es que el Estado Colombiano puede hacer la paz por la vía del diálogo, pero construir paz es una tarea que excede sus capacidades. En alguien tiene que llevar la contraria, Alejandro Gaviria enfatiza de manera constante que usualmente le conferimos al Estado más músculo del que realmente tiene. Una lección fundamental que nos deja la reconstrucción de las historias de vida es que el sueño de la paz requiere de un mayor protagonismo de los líderes y las organizaciones de base, así como de las empresas y del trabajo en alianza entre comunidades, empresas y Estado. Este libro se divide en tres partes: la primera es esta introducción. La segunda parte corresponde a una crónica que relata el proceso de trabajo con las lideresas y los aprendizajes que resultaron de allí, dando una lectura panorámica del desarrollo de los comedores comunitarios en el contexto de la comuna 18. La tercera parte está compuesta por las cuatro historias de vida, en la cual los autores asumieron el rol de relatores pues la narrativa básica se construyó sobre la voz de cada una de las mujeres que inspiran este trabajo. * Este libro es un trabajo de equipo. Sin embargo, quisiera agradecer de manera especial a Oscar Iván Pérez y a Catalina Guio, quienes fueron los líderes de este proceso, y quienes concibieron y materializaron la idea de reconstruir las historias de vida. La calidad de su trabajo y el compromiso que adquieren con cada reto que asumimos nunca para de sorprenderme. [1] Es importante que el lector entienda que el número de desplazados que llegaron a Cali bien podrían equivaler a la población total de tres o más municipios pequeños, o a la población entera de una ciudad intermedia en Colombia. [2] Ver: https://pares.com.co/paz-y-posconflicto/nosestanmatando-el-perfil-de-los-lideres-asesinados/ [3] Aquellos lectores que provienen del mundo de la academia no podrán evitar llegar a la conclusión de que nuestra apuesta académica comparte y se alimenta de los aportes de la teoría fundamentada en los datos (grounded theory) como estrategia metodológica. [4] Las llamadas Zonas más afectadas por el conflicto armado, ZOMAC.
- Las preferencias electorales de la corrupción
Por: Ariel Ávila, Subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación-Pares Dos datos para tener en cuenta. La firma Cifras & Conceptos hace algunas horas lanzó un modelo de pronóstico basado en encuestas y en lo que se denominan aparatos políticos o maquinarias. Lo que se establece en este estudio es que las maquinarias podrán mover hasta 7 millones de votos, dejando, más o menos, 11 millones en lo que se denomina votos de opinión. Lo interesante del estudio es que clarifica a quién están apoyando los clanes políticos, la corrupción y la clientela. El segundo dato de la semana es que se desarrolló el primer debate presidencial, en el cual se leen entre líneas las posturas ideológicas y propuestas de fondo de los candidatos, obviamente maquilladas por los expertos en marketing político. Pero entremos en materia. Sobre el primer tema queda claro que Duque y Vargas Lleras se disputan los políticos corruptos y clientelistas, pero ya la gran mayoría ha tomado partido. El balance es el siguiente. Opción Ciudadana, el partido criminalizado más grande de Colombia, está con Duque. Allí está el heredero de Kiko Gómez, el exgobernador de La Guajira, quien está condenado por múltiples homicidios y que además fue financiado en su campaña política a la gobernación por el narcotraficante Marcos Figueroa. Kiko Gómez lanzó a su hijo al Senado, sacó más de 30.000 votos. También en este partido está el famoso político Tuerto Gil, quien fue condenado por relaciones con grupos criminales y su esposa, Doris Vega, es actual senadora. Y hasta uno de los herederos de la Gata está en este partido. También, según Cifras & Conceptos, se confirma que los ñoños, los mismos del cartel de Odebrecht, del cartel de la hemofilia y del cartel del sida, están con Duque. Es decir, los políticos que desangraron el sistema de salud a través de un carrusel que incluye hasta tutelas, apoyan a Duque. No debe olvidarse que el actual senador Uribe fue el ponente de la famosa Ley 100, que es tal vez la raíz del actual desastre del sistema de salud. Además no debe olvidarse que durante el gobierno de Uribe se privatizó el Seguro Social y permitió que varias filiales regionales terminaran en manos de paramilitares y parapolíticos. En fin, Dios los cría y ellos se juntan.También el candidato Duque aceptó el apoyo del exsenador Gerlein, quien se retiró de la política y deja como heredera a la cuestionada Aída Merlano, quien como ya se sabe, está en medio de un escándalo por comprar votos a 40.000 pesos, además en su sede de campaña había armas y documentos de la Registraduría Nacional, y así sigue la lista larga. Los demás políticos de La U, el Partido Conservador y algunos liberales están con Vargas Lleras. En segundo lugar, en el debate de ayer confirmé lo que había dicho en columnas pasadas. El gobierno de Iván Duque será un verdadero castrochavismo. Sobre el tema de justicia ratificó que suprimirá las altas cortes y creará un único tribunal, donde ellos nombrarían los nuevos magistrados, es decir, magistrados de bolsillo. Esto dijo el candidato: “… ya llegó el momento de abrir el debate de cómo se debe manejar las altas cortes y pensar en un gran tribunal puede ser una alternativa para Colombia”. Ratifica una reforma que sería un gran golpe a la independencia de la justicia. Luego el candidato Duque afirmó lo siguiente: “Abrir el debate de reducir el tamaño del Congreso colombiano porque nos sobran 100 congresistas”. Inicialmente la idea parece buena, y como casi toda Colombia odia al Congreso y sus sueldos pues qué bien reducirlo. Pero como casi todo en la vida, la realidad es más compleja. Esto es una vieja idea Uribista, muy a la Venezolana, de cambiar un congreso bicamenral –cámara y senado- a un gobierno Unicameral. La idea de Duque con sus 100 congresistas que sobran es eliminar el Senado y aprovechar una constituyente para cambiar todo. Obviamente, si gana Duque, el presidente del congreso será Uribe, el Ministro de Agricultura será Lafaurie y el de justicia será Rafael Nieto, con este equipo garantizarán una gran reforma institucional que nos pondrá al nivel de los gobiernos populistas. Publicado en Revista Semana
- La (in)utilidad de las encuestas
Por: Jorge Andrés Hernández, Coordinador de la Línea Democracia y Gobernabilidad-Pares Pese a que existe un debate mundial en las ciencias sociales sobre la (in)utilidad de las encuestas como instrumento fiable para medir las preferencias políticas de los votantes, la dinámica mediática (dependencia de la noticia diaria coyuntural) impide que tal debate se presente más allá de las aulas, los foros y las revistas académicas. El fracaso de las encuestas en la campaña presidencial de los Estados Unidos, en el Brexit y en el plebiscito colombiano por la paz generaron una discusión que continúa hasta hoy. A nivel colombiano, unos pocos medios se han resistido a discutir los resultados de cada encuesta, pues existen evidencias de que ni el 5% de las encuestas realizadas en las últimas campañas electorales han predicho de manera correcta los resultados de una competencia electoral. ¿Pueden las encuestas predecir los resultados electorales? Depende. La premisa de fondo en el surgimiento de las encuestas como mecanismos de medición de la denominada “opinión pública” es que las ciencias sociales podrían (y deberían) predecir hechos, como ocurre en las ciencias exactas. Si la meteorología puede predecir con exactitud la ocurrencia de un huracán tropical o la astronomía el paso de un cometa por la Tierra, las ciencias sociales deberían poder hacer algo similar para poder denominarse “ciencias”. Sin embargo, los fenómenos humanos no pueden medirse de la misma manera que los hechos naturales. Ni siquiera la ciencia económica (la más “exacta” de las ciencias sociales) pudo prever la crisis financiera de 2008. Aún así, las encuestas se han convertido en un producto apetitoso para los medios de comunicación, que mueve fortunas, genera consumo y permite poner a discutir a la gente. Y, si hay demanda y consumo de un producto, habrá quién lo oferte y quién lo venda. Las evidencias apuntan a que el fracaso de las encuestas en los eventos mencionados (victoria de Trump, del Brexit y del NO en el plebiscito colombiano por la paz) tiene que ver con que, en momentos de gran polarización política, muchos encuestados prefieren omitir su opinión sincera y muchos otros deciden su voto días antes de la elección o incluso el día mismo en que depositan su voto. De este modo, los votantes de Trump, a favor del Brexit y del NO eran conscientes de que su opinión era estigmatizada por los medios más influyentes y prefirieron mentir. En últimas, los fracasos en las encuestas desarrolladas en ambientes polarizados políticamente nos han recordado un hecho humano esencial: los seres humanos mienten a menudo para adaptarse a una situación o para eludir una respuesta incómoda del entorno. Y, aunque existen mecanismos relativamente sofisticados para filtrar algunas respuestas, no existen mecanismos certeros que puedan medir o evitar la tendencia humana a mentir. En los últimos meses, los medios de comunicación han programado de nuevo la música para que “la opinión pública” baile al ritmo de los resultados de las encuestas. Como en una competencia deportiva, durante un tiempo encabezó Sergio Fajardo, luego Gustavo Petro y ahora parece encabezar Iván Duque. Sin embargo, carecemos de estudios sólidos que nos indiquen que, en efecto, esas encuestas medían la preferencia política de los votantes. Tampoco sabemos si los cambios en los resultados indican cambios en las decisiones de los votantes. Y eso sin señalar que las cuatro o cinco firmas encuestadoras desarrollan metodologías diversas, con construcciones de muestras radicalmente distintas, lo que impide compararlas entre sí. Aunque muchos dicen que la división izquierda-derecha ya no existe, la campaña presidencial de 2018 parece atravesada por esa lógica ideológica. Incluso el hecho de que Iván Duque se presente a sí mismo de modo sistemático como candidato de “centro” y que Gustavo Petro ahora insista en que es “progresista” sólo revela que la polarización existe, pero que es necesario superarla para conquistar otros votos de diferentes espacios ideológicos. Un escenario polarizado como ese (el candidato de Uribe contra el candidato de la izquierda) es perfecto para que muchos encuestados se oculten y respondan conforme se espera de ellos, esto es, se comporten de modo “políticamente correcto”: los unos evitarán ser calificados de “simpatizantes del paraco”, los otros del “guerrillero”. Sin embargo, el debate sobre la in(utilidad) de las encuestas es racional y solo importa a algunos. Seguiremos sin saber cuáles son fiables y cuáles no. Pasarán las elecciones y a nadie importará quién se equivocó y quién no. Pues lo que moviliza son las emociones. Es más divertida una competencia electoral con embalajes, ascensos y caídas. En últimas, el votante promedio decide conforme a sus emociones, no con razones…
- La opinión de León Valencia en La FM: Matador y la libertad de prensa
Por: Redacción Pares Los seguidores del ex presidente Uribe y partidarios del Centro Democrático amenazan de muerte al caricaturista Matador, lo que llevo a que se retirara de las redes sociales. Esta no es la primera vez que este sector político atenta contra la libertad de opinión. Hace pocas semanas el mismo expresidente Uribe lanzo la amenaza contra Daniel Coronell donde anunciaba que si Iván Duque llega a la presidencia se revisaría la concesión de Noticias Uno. Igualmente se lanzo contra la periodista Yolanda Ruíz. ¿Qué le espera a la prensa y a los opinadores en un gobierno de Iván Duque y Álvaro Uribe? Cada miércoles en la FM (94.9), León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación-Pares, tendrá un espacio de opinión en el programa matutino.https://pares.com.co/wp-content/uploads/2018/04/Leon-Opinion-FM.mp3
- Carmen Ordoñez: Soy una perlita pero tengo mi carácter
Extracto del libro Ustedes están locas, liderazgos que construyen paz en la comuna 18 de Cali, que cuenta la historia de los comedores comunitarios y los espacios protectores para la niñez de cuatro sectores de la comuna 18 de Cali –Alto Nápoles, El Árbol, La Cruz y La Arboleda-, por medio de testimonios de lideresas que estuvieron presentes desde el momento de su creación. Sus historias de vida ponen en evidencia que la intervención social de empresas y entidades públicas puede cambiar vidas y construir paz. El lanzamiento del libro se realizará el 10 de abril en Santiago de Cali. Testimonio Carmen Ordoñez, Lideresa sector La Cruz, comuna 18, Cali, Colombia Doña Carmen es feliz entre plantas y animales. Todos los días pasa por el jardín de su hija Yola para rosear las matas y alimentar a las gallinas negras y a Juliana, su pata blanca. Estar en la naturaleza le recuerda su niñez en los campos del Cauca, pero eso es pasado. Ahora tiene su vida y su familia en el Valle del Cauca y allí quiere ser enterrada. Fue fundadora del barrio y del comedor comunitario. La particularidad de su carácter hace que la gente la identifique como “doña”. Es líder del comité del agua, mediadora de conflictos y guardiana de los niños. Tiene claras las claves de su liderazgo: ser dura y a la vez suave, porque solo así la gente se mueve. Tiene dos sueños que espera ver cumplidos pronto: conseguir los recursos para el techo de la cancha y lograr que llegue agua permanente a su barrio. Doña Carmen, originaria del Cauca, señala el lugar en donde inicialmente su familia llegó a vivir Carmen Ordoñez dice sobre su trabajo en La Cruz «Imagínese que yo recibí como tres amenazas por la gestión acá. Es que yo soy muy conchuda, y no me da miedo la muerte, yo creo que el día que muera… solamente es Dios el dueño de mi vida, y el día que toque, pues… toca. Yo no le estoy haciendo el mal a nadie, yo estoy haciendo una lucha de un bien para la comunidad». Doña Carmen alistando los ingredientes para hacer un sancocho en la cocina de su casa en el sector la Cruz, comuna 18, Cali, Colombia Doña Carmen en el comedor comunitario de La Cruz, comuna 18, Cali, Colombia «Siempre me gustó estar metida, oiga. Pero sí es una enfermedad que yo tengo, ¿oyó? Les digo que… no sé, no sé si es que… dicen que un líder no nace, sino que se hace, y yo sí creo que es que se hace.», dice Carmen sobre s vida en la comunidad. En la foto, ella caminando por la comuna. Los dos grandes logros de Doña Carmen el La Cruz: el comedor comunitario y la cancha. Ella dice «Es que mire, es la realidad, este espacio no es mío, esto es para la niñez. Es para toda la comunidad, la lucha no fue por mí, fue por todos. Yo no tengo hijos pequeñitos, el hijo menor mío ya tiene 21 años, y cuando ve que ando por acá viene y almuerza, lo mismo mis nietos, pero yo lo hago por todos los niños, lo que no queremos es que el barrio se llene de delincuencia». La vista nocturna de Cali desde La Cruz Fotografías por: Óscar Iván Pérez y Gabriel Rojas










