top of page

BUSCADOR PARES

Resultados encontrados sin ingresar un término de búsqueda

  • La tarde en la que fue asesinada la mamá de Miguel Uribe Turbay mientras estaba secuestrada por Pablo Escobar

    Por: Redacción Pares En la madrugada del 11 de agosto se hizo oficial la muerte de Miguel Uribe Turbay después de dos meses de luchar por su vida en la clínica Santa Fe. El país está consternado. Este hecho no se daba desde 1990 cuando asesinaron en un avión a Carlos Pizarro, candidato de la Alianza Democrática M-19. Ese mismo año fue asesinada, después de estar secuestrada por Pablo Escobar, la periodista Diana Turbay, madre de Miguel Uribe. Esta fue la historia de su secuestro y de su madre, Doña Nidia Quintero, quien murió justamente mientras su nieto estaba en coma. Nydia Quintero tenía 95 años y desde hace algún tiempo padece de la enfermedad del olvido antes de morir.  En la mañana del sábado 7 de junio, mientras estaba en su casa en las afueras de Chía, la enfermera que la cuida le escuchó esta enigmática frase: “Hay que ponerle un trapito blanco en la cabeza a Miguel”. A la enfermera la frase la inquietó. En los últimos seis meses quien fuera la primera dama del país entre los años 1978 y 1982, y que además consiguió un brillo propio por su liderazgo en campañas que quedaron estampilladas en la consciencia y en la memoria del país como la Caminata de la solidaridad por Colombia, cada vez habla menos. Solo repite frases cortas como “Hay que hacer lo correcto”, por eso la enfermera le comentó a María Victoria, una de las hijas de Nidya y esta a su vez le contó a Maria Carolina Hoyos, hija de Diana Turbay y hermana de Miguel Uribe. “¿Qué será lo que quiere decir la abuela?” se preguntó. La respuesta llegó en el atardecer del sábado 7 de agosto cuando en el barrio Modelia, mientras daba un discurso, Miguel Uribe Turbay fue víctima de un atentado. La cabeza fue el lugar de su cuerpo que más sufrió. “Mi abuela tuvo una premonición” fue lo que pensó María Carolina. El relato empezó a ser difundido en redes sociales y en tiempos tan duros como estos podría sonar a fake news  pero no, la propia nieta de Nydia confirmó que era cierto, que no era más que otro rasgo de una mujer extraordinaria. En 1983, en la aún anquilosada sociedad colombiana, dio pie a un escándalo: el primer divorcio de una ex primera dama. Al año se casó con Gustavo Belalcázar, congresista, gobernador del Valle y designado presidencial. En 1986 Julio César Turbay buscaría la anulación de su matrimonio apelando el grado de consanguinidad: cuando se casaron, en la década del cuarenta, lo hicieron arropados por el amor, sin medir cercanías, ya que era uno de esos raros casos en los que un tío y una sobrina se enamoran. El expresidente en ese momento tenía una relación con Amparo Canal, viuda de Rodríguez, y buscó ayuda en el Vaticano para anular su primer matrimonio y volver a casarse. Fue un caso que ocupó la primera plana de todos los periódicos y los titulares de los noticieros. La anulación pontificia llegó en 1986. Sobre este tema, Nydia Quintero siempre sostuvo un indeclinable silencio. Sobre otros no. Cuando tuvo que sostener un pulso con un presidente luchando por la vida de su hija, demostró el temple del que estaba hecha. El 30 de agosto de 1990, Nydia Quintero de Belalcázar vivió una de sus premoniciones. Su hija Diana, reconocida periodista, fue citada por un comando del ELN para internarse en la selva y entrevistar a uno de sus líderes máximos, Manuel Pérez, conocido como “el Cura”. No era la primera vez que Diana Turbay entrevistaba a alzados en armas. Un año antes, en el Cauca, le puso el micrófono a Carlos Pizarro, poco antes de que la guerrilla que comandaba, el M-19, dejara sus armas. Diana no iba sola, la acompañaba su inseparable reportera Azucena Liévano, Richard Becerra y Juan Vitta, sus compañeros en el noticiero Criptón, quienes también se sumaron a la aventura. A finales de los ochenta, estaba en Colombia un afilado cronista de guerra que publicaba habitualmente en medios tan prestigiosos como The Guardian o  El New York Times , era el alemán Hero Buss. Fueron recogidos en las afueras de Bogotá por lo que parecía ser una milicia urbana. El discurso subversivo no era nada más que una fachada. Diana empezó a sondear a los supuestos milicianos y descubrió cosas que no debería tener alguien que pertenece al ELN, zapatos de marca, relojes caros. Tres días duró el viaje hasta Copacabana, una zona que no estaba dentro del área de influencia de esa guerrilla. Constantemente Turbay pedía a los milicianos que le dieran noticias sobre el Cura Pérez. Una semana después de darles largas, le contaron la verdad: estaban en poder de los extraditables. Pablo Escobar emprendió una cruzada contra el gobierno Gaviria para presionarlo y si era posible modificar la Constitución, con tal de que tuvieran que pagar sus penas en Colombia y no en los Estados Unidos. Desde 1989 había entrado en guerra con el gobierno colombiano —en ese momento el presidente era Virgilio Barco — desatando el terror, el resultado fue el de tres candidatos presidenciales asesinados, un avión de Avianca estallando en el aire y el atentado al edificio del DAS, que dejó 80 muertos. Después de la posesión de César Gaviria, el 7 de agosto de 1990 cambió de táctica, secuestraría a personajes notables de la vida política del país. Diana Turbay sería la primera, después vendrían Francisco Santos, Maruja Pachón, Marina Montoya y Beatriz Villamizar. La amenaza era clara, si el gobierno no empezaba a dar visos de cambios en sus leyes que favorecieran a los narcos, los extraditables empezarían a ejecutar uno a uno a los rehenes. Ninguna voz, ni la del expresidente Turbay o la de Hernando Santos, papá de Pacho, se alzó más duro contra el gobierno Gaviria que la de Nydia. Cada vez que tenía la oportunidad de hablar a un medio, lo hacía, y apuntaba hacia el presidente a quien le pedía clemencia por los secuestrados. Los que la rodeaban sabían que siempre pensó que todo terminaría en tragedia. Las cartas que le enviaba a Gaviria no tenían respuesta. Presionaba a su exesposo para que, usando su fuerza política, convocara a una manifestación multitudinaria frente al Palacio presidencial, o llamara a un paro cívico, pero Turbay, frío como todo político, tan solo calculaba. El 19 de enero de 1990, preocupado por la depresión cada vez más profunda de su esposa, Gustavo Belalcázar la convenció para que se fueran unos días a su casa de retiro en Tabio. En una noche de insomnio y desesperación, Nydia tomó una máquina y empezó a escribirle una carta a Gaviria. Su mayor temor era el del intento de rescate por medio de la fuerza, por eso le dirigió frases de súplica tan contundentes como esta: “Lo sabe el país y lo saben ustedes, que si en uno de esos allanamientos tropiezan con los secuestrados se podría producir una horrible tragedia”. En la carta también le pedía al presidente que cesaran los ataques contra miembros del Cartel de Medellín, mientras se solucionaba la situación de los secuestrados. Regresó a Bogotá y dejó la carta con la secretaria privada del presidente. Ese mismo día se enteró por las noticias que el bloque de búsqueda había asesinado a la banda de los Priscos, gente cercana a Pablo Escobar, fundamentales para llenar sus arcas con millones de dólares. El capo querría venganza. En ese momento tuvo la certeza de que jamás volvería a ver a su hija con vida. Otra vez, las premoniciones habían resultado ciertas. El 25 de enero, después de un rescate fallido por parte del ejército, una bala que le entró por la espalda mientras intentaba huir de sus captores, destruyó la columna vertebral de Diana Turbay. La acompañaba el camarógrafo Richard Becerra. El ayudó a los soldados a subirla a un helicóptero y, al llegar al hospital, la periodista estaba muerta. Lo primero que se supo fue que la operación había sido exitosa. Incluso el propio Gaviria llamó a Nydia a darle la noticia: “Diana está sana y salva”. Nydia lo contradijo: “No, señor presidente, Diana está muerta”. Imperturbable, Gaviria le preguntó: “¿Y usted cómo sabe eso?” “Porque me lo dice mi corazón de madre”, le respondió. Y sí, Diana Turbay era otra víctima de Pablo Escobar —esto nunca lo puso en duda doña Nydia — y también de la imprudencia y frialdad de Gaviria. Por eso, cuando el presidente fue al velorio de la periodista, Nydia lo dejó con la mano tendida. Pocos días después le solicitó una audiencia privada en donde, en palabras del propio presidente: “Fue a vaciarme”. Efectivamente, allí descargó todo el peso de su dolor frente a Gaviria. Después de la sesión, la ex primera dama le dijo a García Márquez, mientras el escritor hacía la reportería de su libro Noticia de un secuestro, que jamás había conocido a alguien tan “gélido” como el presidente liberal. Casi cuarenta años después, enferma de olvido, demostró con el atentado a su nieto Miguel Uribe Turbay que las premoniciones volvieron a ser ciertas. Nydia, como una de esas matronas de Gabo, tenía el don de ver más allá de lo evidente. Murió mientras esperaba que su nieto se despertara.

  • La vida trágica de Miguel Uribe Turbay

    Por: Redacción Pares Uno de los primeros recuerdos que tuvo Miguel Uribe fue la muerte de su madre. Diana Turbay era una de las periodistas más conocidas del país, directora de uno de los noticieros más vistos en los años ochenta: el Criptón, cuando fue secuestrada por Pablo Escobar. En un rescate fallido, ordenado por el presidente César Gaviria, fue asesinada la periodista en un fuego cruzado entre el ejército y miembros del cartel de Medellín. Tiempo después, la hermana de Miguel, María Carolina Hoyos, relató lo que más le impresionó de ver el cuerpo de su mamá: los pies completamente magullados. Es que, cuando se escuchó el aleteo de los helicópteros, los captores de la periodista la obligaron a salir corriendo por entre el monte para evitar el rescate. Esa fue una de las imágenes que se le quedó marcada en la memoria al joven senador. Nacido en 1986, creció en una familia en donde solo se hablaba de política. Su abuelo fue el expresidente Julio César Turbay Ayala, mandatario entre 1978-1982, cuyo gobierno estuvo marcado por el auge de las guerrillas, sobre todo la del M-19. Como presidente, Turbay soportó dos golpes que pasaron a la historia: el robo de armas del Cantón Norte y la toma de la Embajada de la República Dominicana. Para contrarrestar esta violencia, creó el Estatuto de Seguridad, un paraguas sobre el que su gobierno se amparó para muchos excesos de represión con miras a combatir la guerrilla. Este pasado le costó muchas críticas por parte de sus opositores. Abuelo presidente, mamá periodista y papá senador, era inevitable que Miguel Uribe no navegara en los agrestes océanos políticos colombianos. Por eso, se inició a los 26 años como concejal de Bogotá por el Partido Liberal, el mismo que cobijó a su abuelo. Desde esos años, 2011, fue un férreo opositor de Gustavo Petro, quien ese año ganó las elecciones a la Alcaldía de Bogotá. Una tradición que duró hasta 2025. Disciplinado, en sus 38 años fue secretario de gobierno de Bogotá, bajo la administración de Enrique Peñalosa, quedó cuarto en la carrera hacia la Alcaldía de Bogotá en 2019, consiguiendo 426.982 votos. En esa elección la ganadora fue Claudia López. Fue elegido senador en 2022 y, un año después, lanzó su precandidatura presidencial por el Centro Democrático. Estaba más fuerte en las encuestas que Cabal y el resto de candidatos del Centro Democrático. Picaba en punta en todas las encuestas que se hacían en esa colectividad. Estaba ungido por Uribe, quien confiaba plenamente en él. Pero el pasado sábado 7 de junio, mientras se encontraba dando un discurso en un parque del barrio Modelia de Bogotá, le dispararon en la cabeza y la pierna. Fue llevado de urgencias al Medical Center de Engativá y de ahí llevado a la Fundación Santa Fe, en donde los mejores especialistas del país intentaron devolverle la vida. Todo fue inútil. Los partes médicos no invitaban al optimismo. Como su mamá, Miguel Uribe Turbay terminó siendo un mártir en este país donde el loop  de la violencia nos tiene atrapados. Paz en su tumba. Miguel Uribe luchó mas de dos meses por su vida en la clínica Santa Fe. Su fallecimiento se dio este lunes 11 de agosto a las 1:56 a.m.

  • Iván Cepeda sería la primera víctima de la extrema derecha en ser presidente

    Por: Iván Gallo Coordinador de comunicaciones La primera vez que vi a Iván Cepeda fue en junio de 2018. Sobrellevaba, estoico, un cáncer en un estado que no invitaba a los buenos augurios. La Corte acababa de concluir, después de cuatro años de estudiar la demanda interpuesta por Uribe, que era el expresidente quien habría cometido en el delito de manipulación de testigos. No creo que Cepeda haga meditación. No creo que tenga alguna práctica religiosa derivada al budismo. Creo que su única religión es la paciencia, la espera y esto fue suficiente para derrotar a dos enemigos poderosos: la enfermedad y Álvaro Uribe Vélez. Iván Cepeda es una víctima del conflicto colombiano. Su papá, Manuel Cepeda Vargas, fue asesinado en 1994 mientras salía de su casa. Cepeda ayudó a crear un movimiento, el MOVICE, que sirvió para hacerle justicia a miles de víctimas de una guerra que, entre narcos del cartel de Medellín, el cartel de Cali, grupos de autodefensa y una parte del ejército, les juraron a los líderes de izquierda más destacados del país. Una guerra que tuvo como colofón la entrada al Congreso de los excomandantes paramilitares Ernesto Báez, Salvatore Mancuso y Ramón Isaza. Cepeda entró al recinto con una foto de su padre en el pecho, gritando ante la infamia. El 50 % de ese Congreso, años después, sería juzgado y condenado por haber sido elegido con la ayuda de los paramilitares, quienes buscaban, a pesar de sus crímenes, legitimidad política y económica. Cambiar las leyes para poder quedarse con los millones de hectáreas que habían despojado y, de paso, aspirar a la presidencia. Pero no pudieron. La sociedad civil, en cabeza de investigadores como León Valencia, Laura Bonilla y Claudia López, destaparon lo que se conocería como la parapolítica. Senadores como Gustavo Petro, magistrados como Iván Velásquez, empezaron a tomar esa investigación como la punta de lanza para desmontar el proyecto paramilitar. Y mientras tanto, Cepeda tenía paciencia, la misma que tuvo cuando se entrelazaba en discusiones larguísimas con su padre por lo que él había visto cuando visitó Bulgaria. En uno de los videos que sacó Uribe, horas antes de que la juez Sandra Heredia leyera las 1.110 páginas de las que se compone su sentencia, el expresidente inició en redes sociales una de las tantas campañas de desprestigio contra Cepeda, un loop que ya lleva 14 años. En ese video, Uribe afirmaba que Cepeda era un amigo de las FARC. Una de las pruebas que daba era la afinidad que sentía ese grupo guerrillero por su padre, un comunista de línea dura, a veces inflexible. Tanto fue así que un frente de las FARC le puso su nombre. Lo que no contó Uribe es que, cuando Iván regresó de estudiar en Bulgaria, que, en ese momento, finales de los años ochenta, pertenecía a lo que se conocía como el telón de acero, criticó abiertamente el modelo soviético. Fue una especie de desilusión, una postura con la que terminó chocando repetidas veces con su papá. Desde entonces, Cepeda es más un social demócrata que un comunista. Y el que diga lo contrario miente y no lo conoce. El MOVICE se transformó en un motor de lucha, de búsqueda de reparación de dignidad y justicia para los que habían sido impedidos de recibirla por culpa de un sistema encubridor. Cepeda, en sus correrías por las cárceles del país buscando verdad encontró dos testimonios devastadores contra los hermanos Álvaro y Santiago Uribe Vélez y fueron los de Pablo Hernán Sierra, alias el Tuso y los de Juan Guillermo Monsalve, alias Guacharaco, quienes pertenecieron al Bloque Metro de las AUC y dieron las pruebas suficientes como para que Cepeda pudiera hacerle un debate en el Congreso a Uribe por la participación en la creación de este grupo armado. Uribe, acostumbrado como tanto radical a que no hay mejor defensa que un buen ataque, respondió demandando a Cepeda por supuesta manipulación de testigos, crimen que cometió él como se supo doce años después. Con la condena que cayó sobre Uribe, 12 años por fraude procesal y soborno, Cepeda logró anotarse la victoria más grande de un político contra algún terrateniente en la era moderna. Hasta los que se la pasan hablando de narcopetrismo, respetan a Cepeda. Es un incuestionable, un indiscutido, un verdadero faro moral. Era inevitable que periodistas como Vanessa de la Torre le preguntaran por su futuro, ¿Se ve presidenciable? Cepeda, el modesto y paciente, ya no puede seguir escondiendo sus cartas y ha dejado entrever que puede estar listo para lo único que le falta, lo único que necesitamos para curar las heridas de setenta años de conflicto, y es que una víctima de la extrema derecha pueda ser presidente de Colombia.

  • “Presidente, me van a matar los paracos” cuando Álvaro Uribe no hizo nada para salvar al alcalde del Roble

    Por: Iván Gallo Coordinador de Comunicaciones El expresidente Álvaro Uribe Vélez fue condenado a 12 años de prisión por los delitos de fraude procesal y soborno. Como presidente fue bastante popular, pero se ha olvidado de que en su mandato cometió varios excesos, uno de ellos fue no escuchar a víctimas del paramilitarismo, como el alcalde del Roble, Eduardo “Tito” Díaz, quien le suplicó en público, ante millones de televidentes, que salvara su vida de Salvador Arana, el gobernador de Sucre que terminó condenado por paramilitarismo. Esta es la historia de cómo su hijo pudo salvar la honra de su padre, después de muerto. En 2003, Juan David Díaz estudiaba medicina en Barranquilla y solo viajaba tres veces al año al Roble, el pueblo de Sucre donde su papá, Eduardo “Tito” Díaz, era alcalde. Por teléfono, en cada conversación, intentaba atenuar los temores de su hijo. En plena expansión paramilitar y cercado por las amenazas, Díaz había liderado con éxito una consulta popular para convertir el corregimiento El Roble en un municipio, separándose de Corozal, con lo cual lograba mucha mayor autonomía incluso frente al gobernador del departamento, el condenado paramilitar Salvador Arana. La presión de este sobre Díaz era mayúscula para asegurar ingresos para cumplir con la cuota impuesta por los paramilitares del Bloque Montes de María, en cabeza de alias Diego Vecino, y ganar las elecciones regionales del 2001.   Su hijo Juan David Díaz se propuso que esta tragedia no quedara impune. Y más, después de haber encontrado la carta que le había enviado su papá, anticipando lo que le ocurriría en la que le decía: “ Con la ayuda de Dios todo va a salir bien, pero tengo mis dudas de todos modos, si algo me pasa vete inmediatamente para Venezuela con tu mamá, pero antes avísale al resto de la familia que los responsables son los procuradores, Arana y el complot de los politiqueros de El Roble, no confíes absolutamente en nadie (...) ”. El 5 de abril, Tito Díaz fue secuestrado cuando salía de su casa. Cinco días después aparecería muerto en una carretera a tres kilómetros de Sincelejo. Los peritos encontraron la credencial de alcalde en su pecho.   El Roble era un pueblo, como todos los de los Montes de María, cercado por los paramilitares que intentaban controlarlo dentro de la estrategia de control territorial y político de  Salvatore Mancuso, jefe del Bloque Norte de las AUC . Al alcalde lo acusaban, con el fin de volverlo blanco de las AUC, de ser un auxiliador de la guerrilla sólo porque se preocupó de llevar médicos de planta y un puesto de salud en este territorio, según los señalamientos, controlado por las Farc.   A Juan David lo amenazaron el mismo día en que encontraron el cuerpo de su padre, tuvo que permanecer dos años fuera de Sucre. Hizo su año rural en el Hospital de San Jerónimo, en Montería. Allí vio a muchos heridos de bala que dejaban los paramilitares de la región y que no podían ser atendidos por el control incluso de los medicamentos que controlaban los paramilitares. En esas estaba cuando, en 2006, el entonces senador  Gustavo Petro  le propuso hacer el debate de la parapolítica en el Congreso.   No dudó en suministrarle la información que guardaba en los archivos familiares del viacrucis solitario que había vivido su padre. El debate de la parapolítica de 2006 esclareció que varios dirigentes, políticos y funcionarios del Estado se beneficiaron o cooptaron a poblaciones enteras usando el aparato armado y económico de las Autodefensas Unidas de Colombia.   El dirigente del Polo  Iván Cepeda  también tomó el tema en serio y con base a la documentación que le suministró Juan David, aprovechó su condición de presidente del Movimiento Nacional de Víctimas y creó el capítulo de Sucre. A partir de allí, Juan David emprendió una cruzada como líder de víctimas incluso trabajando, desde el 2014, en la gobernación de su departamento estando al frente del tema. En 2006, después de una larga investigación en la que se le dio la razón al alcalde del Roble sobre sus acusaciones días antes de su asesinato, el gobernador de Sucre, Salvador Arana terminó acusado por la Fiscalía, como determinador del crimen. La orden la dio Arana mientras departía en un almuerzo con amigos en el restaurante La Becerra de Sincelejo y uno de los meseros,  Diógenes Mesa Villacob, quien fue asesinado pocos meses después , relató lo que vio y escuchó.   Contó que esa tarde el gobernador le gritaba a el Concha, jefe de sicarios del segundo hombre fuerte del Bloque Montes de María, Rodrigo Mercado Pelufo, alias Cadena: “¿Usted qué hace acá? ¿Por qué no están cuidando al alcalde del Roble?”. La alianza de Arana con las AUC era más que evidente, igual que la de los exparlamentarios Álvaro García Romero y Eric Morris. relacionados por Jairo Castillo Peralta, quien fuera para entonces el chofer de Arana y quien presenció varios encuentros entre Arana, García Romero, Morris y los paramilitares, como determinadores de masacres y asesinatos. Un contubernio venenoso que produjo tantas muertes viles de personas valientes como la de la fiscal Yolanda Paternina, quien se atrevió a quitarle el velo del mapa genético a la fatídica estructura mafiosa y criminal de los políticos en Sucre.   En el entre tanto, Salvador Arana fue nombrado embajador en Chile  y después detenido mientras hacía una visita en Colombia, en ese momento Arana no cumplió pena alguna, se fugó y estuvo escondido durante dos años hasta que lo capturaron, el 29 de mayo de 2008, en un apartamento en Santa Marta. Un año después fue condenado a 40 años de prisión.   Arana se acogió a la JEP, pero Eudalio Díaz, hijo del alcalde del Roble, dijo en abril de 2025: “De él no esperamos nada” y esto ha sido desgarradoramente cierto, a Salvador Arana no se le ha caído la cara de vergüenza ante el país. No ha confesado ni señalado a nadie que permita llegar a la verdad de este crimen atroz.

  • Se cae la acusación que pesaba sobre el ministro de trabajo

    Por: Redacción Pares Uno de los ministros cuya agenda ha estado más apretada en los últimos cuatro meses es Antonio Sanguino. Llegó con la responsabilidad de sacar adelante reformas vitales para este gobierno como la laboral. Reemplazó a Gloria Inés Ramírez y contra todo pronóstico y enfrentado con las limitaciones del tiempo, la pudo sacar adelante contando con un gran respaldo popular. Pero para este ocañero criado en Valledupar nada es fácil. Sobre él pesaba una acusación que fue replicada con saña por parte de algunos medios de comunicación que lo implicaba en lo que se conoce como el escándalo del “carrusel de la contratación”. La acusación era del 2009 y en él se hablaba de su presunta influencia a la hora de designar “a dedo” la construcción del nuevo hospital de Usme en Bogotá. Pero este 8 de agosto la Corte decretó el cierre del proceso por estos hechos y dicta la nulidad del caso. Es decir la acusación que pesaba contra el ministro de trabajo prescribe. Algunos medios como la FM afirmaron al mediodía de este viernes que la Corte llamaba a juicio al ministro de trabajo y le negaba la preclusión, algo que el propio Sanguino negó tajantemente a través de sus redes sociales “Equivocado y mal intencionado titular sobre un fallo de la Corte Suprema que es “reservada” hasta el 14 de agosto fecha de audiencia citada para la lectura del mismo. No es cierto, señores que la corte “haya negado la prescripción por los hechos del 2009. Esa prescripción nunca se pidió ni siquiera. La decisión de la Corte va en total sentido contrario: decreta el cierre del proceso por los hechos del 2009 y dicta otras determinaciones”. Este 14 de agosto se haría oficial la nulidad y prescripción del caso del Ministro del Trabajo.

  • ABELARDO EL DESTRIPADOR

    Por: Guillermo Linero Montes Había descartado para esta nota el título de Abelardo el Destripador, porque eso significaría acusar sin pruebas al candidato a la presidencia por el Centro Democrático -el señor Abelardo de la Espriella- de estar o haber estado en el ejercicio velado de semejante monstruosidad. Sin embargo, por cuenta de su propia confesión, hoy sabemos que si no ha destripado personas sí ha destripado gaticos, lo cual es igual de bárbaro e inaceptable. Cuando yo era niño y supe de la historia de Jack el Destripador, empecé a darme cuenta que no solo las personas de mi entorno inmediato, sino también las del resto del mundo, le señalaban como uno de los más temibles monstruos de la humanidad. Se trataba de un asesino en serie, cuyo target diabólico eran las prostitutas. En Londres, a finales del siglo XIX -en tiempos de Jack y mucho antes de la revolución rusa y de la consolidación de los partidos comunistas- las prostitutas londinenses ya eran de izquierda. En efecto, los sindicalistas y los trabajadores marginales -todos al servicio del industrialismo británico- se habían concientizado acerca de la posible recuperación de los derechos que el marxismo, ya en boga por entonces, les había hecho ver que tenían, gracias a la resonancia dada a las ideas de Marx por los escritos y las propagandas de anarquistas y reformistas. En aquel contexto, de un despertar social, las respuestas de quienes tenían poder económico o creían tenerlo, temerosos ante la posibilidad de un cambio en el contrato social que les favorecía, empezaron a hostigar a los líderes y seguidores de aquellas tesis políticas revolucionarias. De tal suerte es muy posible, que Jack el Destripador (las recientes investigaciones indican que se trataba de un barbero de apellido Kominsky), más que tener un resentimiento contra las mujeres dedicadas a la prostitución, lo tenía contra las minorías, y contra quienes se resistieran a ser esclavizados; pero, con mayor saña y sentimientos de odio, contra la gente de izquierda. Si el señor barbero Kominsky -como señalan las nuevas conclusiones investigativas- hubiese sido del talante esquizofrénico de la extrema derecha londinense, de pronto habría visto en sus víctimas, la triple condición de inaceptables: ser mujeres, ser trabajadoras sexuales y tener ideas de izquierda. El perfil sicológico de aquel señor barbero, históricamente se ha determinado como el de un asesino en serie. Según la DRAE, un asesino en serie es “alguien que comete reiteradamente el mismo tipo de delito, siguiendo unas pautas de comportamientos similares”, como cuando agentes del estado colombiano asesinaron, uno tras otro, a más de cinco mil militantes de la UP, por promover ideas de izquierda. Por cuenta de su fría crueldad, las noticias sobre los asesinos en serie le erizan la piel a cualquiera, sobre todo a los jóvenes y a los niños. Pero, si observamos nuestra realidad social, encontraremos que los verdaderamente monstruosos son otros sujetos, a quienes la sociedad les ha dado un trato penal muy distinto. Aquí en Colombia, por ejemplo, Garavito que fue doscientas veces peor que Jack el Destripador, no mató más personas ni más cruelmente que los paramilitares, los guerrilleros y el Estado que por su cuenta, según un solo caso investigativo, dio muerte a más de 6,402 jóvenes por ser pobres, por no haber tenido ni siquiera dónde recoger café. Pero lo más grave, es que estos asesinos no rotulados como posesos -que arrojaron a miles de campesinos a los hornos crematorios, que a otros tantos los dieron de comida a sus caimanes, y a otros miles les degollaron delante de sus familiares- en verdad no actuaron poseídos por un padecimiento mental -que generalmente se manifiesta de modo individual- sino por la simple y llana decisión de estripar a quienes consideraban menos o distintos a su clase. Esos paramilitares y los guerrilleros descuadernados, no trabajaban movidos por su propio deseo esquizofrénico, sino respondiendo a unas directrices -ya sabemos que provenientes de empresarios, de industriales, de políticos y hasta de gobernantes- para que hicieran el trabajo sucio en una guerra que el Estado y el régimen -entonces por completo traquetos- veían cada vez más perdida. Esas directrices, cargadas de odio, dieron paso a organizaciones políticas -grupos y partidos- y se sumaron también a los liberales y a los conservadores organizados; siempre bajo los principios y la bandera de Abelardo y Jack: hay que esclavizar a los pobres y destripar a los opositores. Por eso, pasar por alto que uno de los candidatos de la extrema derecha esté ufanándose de amenazar con destripar izquierdistas cuando él sea el jefe supremo de las fuerzas militares y de la policía, es bastante delicado. Y no entiendo porqué, si la apología al genocidio en Colombia es castigable, no se le ha requerido judicialmente a este señor, que sin duda cuenta con un relativo poder para cumplir sus amenazas. No puede desconocerse que cuando De la Espriella habla en calidad de candidato -si lo es de verdad-, lo hace a nombre de quienes le han hecho creer que es presidenciable, lo cual significa que prexisten influenciados -los adeptos que ya le creen- y que existen los influenciables -los afines que pueden creerle-. Si yo fuera conservador, liberal o del centro democrático, o de cualquier otro partido de derecha, igual estaría escribiendo esta nota con las mismas palabras. Pero, como soy de izquierda, me gustaría reafirmar que lo soy desde cuando le tenía miedo a Jack, y lo seguiré siendo -sin despreocuparme de los destripadores-, mientras la izquierda tenga como principal norte la defensa de los pobres. La gente buena y “la gente de bien” que también es buena, así porten credenciales de partidos de derecha, son sin duda personas de izquierda. Por tal razón, no es mentira decir que los colombianos buenos son muchos más. “Ser colombiano -dijo alguna vez Jorge Luis Borges- es un acto de fe”; pero, ser de izquierda -esto lo digo yo- es un acto de objetividad y sensatez, pues serlo implica no tener “ínfulas de poder” y no sufrir de aporofobia.

  • Sur de Bolívar: Vacío de poder y guerra por la Serranía de San Lucas

    Por: Paola Andrea Marín Molano De nuevo el sur de Bolívar se encuentra en medio de las confrontaciones entre grupos armados. Desde comienzos de 2025, diferentes organizaciones sociales, autoridades locales e incluso la Defensoría del Pueblo, han advertido sobre la agudización del conflicto armado en esta subregión. Aunque la confrontación entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Clan del Golfo y el Estado Mayor de los Bloques y Frentes (EMBF) no es un fenómeno nuevo. Continúan los enfrentamientos entre estos grupos armados, junto con una serie de homicidios selectivos y restricciones de movilidad que han generado un escenario de crisis humanitaria sostenida, dejando en el medio del conflicto a comunidades mineras y campesinas de municipios como Santa Rosa del Sur, Montecristo, Morales y Arenal. Cifras oficiales hablan de 5.000 personas confinadas. Sin embargo, la cifra podría ser mucho más alta, pues hay varias zonas rurales que llevan más de un mes con toques de queda y múltiples restricciones a la movilidad. El pasado 6 de agosto, al menos 2.000 personas se desplazaron desde la Serranía de San Lucas, debido a la severa escases de alimentos. A esta situación se suman casos de desapariciones forzadas y asesinatos selectivos que son constantes en la región. Según fuentes locales, varios habitantes han sido vistos por última vez en retenes ilegales o durante incursiones armadas. Tan solo el pasado 22 de julio, fue secuestrado Luis Eduardo Bohórquez , líder y presidente de la Junta de Acción Comunal de La Marizosa, en Santa Rosa del Sur, Bolívar. Y aunque aún no se sabe cuál es el actor responsable del secuestro, ni se tiene información de su paradero. El líder, que fue llevado a la fuerza de su hogar, ha sido un referente en la defensa de los derechos de las comunidades agro-mineras, y ha sido un actor clave en los diálogos comunitarios con Parques Nacionales para la protección de la Serranía de San Lucas. Vacío de poder y pugna por el poder en la Serranía de San Lucas De acuerdo con el monitoreo realizado por Pares, las confrontaciones en la zona han estado marcadas por la tregua entre el EMBF y el ELN para enfrentar al Clan del Golfo. Sin embargo, desde el mes de mayo, la dinámica reciente del conflicto en la Serranía de San Lucas ha estado marcada por un factor determinante: la aparente retirada de las estructuras del EMBF en varios municipios del sur de Bolívar. De acuerdo con el experto de la Universidad de Cartagena, “no sabemos dónde está el Estado Mayor [...] salvo por acciones aisladas en Morales. En el resto de los municipios donde operaban los frentes del Bloque Magdalena Medio, parece haberse producido un cese unilateral o una concentración fuera de la región” (Experto UDC, 2025). Algunas hipótesis apuntan a que las tropas del Frente 37 podrían estarse concentrando en las llamadas Zonas de Ubicación Temporal, en el marco de la negociación con el Frente 33 en cabeza de Calarcá, o que podrían estarse replegando en zonas de la Gabarra. En todo caso, este repliegue ha generado un vacío de poder que, en términos militares y políticos, ha sido aprovechado por el Clan del Golfo para expandir sus áreas de influencia. En este escenario, el Clan del Golfo ha lanzado una ofensiva estratégica desde sus bastiones en el nordeste antioqueño y el Bajo Cauca, buscando ocupar enclaves mineros. Su avance ha sido especialmente notorio en el corredor Guamocó-La Marizosa, en Santa Rosa del Sur, y en las zonas de Mina Nueva, que abarcan territorios colindantes con Remedios y Segovia. Además, de acuerdo con fuentes locales, se ha identificado movimientos de tropas del Clan del Golfo desde Simití, en los sectores conocidos como Buenavista y San Joaquín.  Así, el objetivo es doble: desplazar al ELN de áreas de tributación minera y asegurar el control de rutas para el transporte de oro y otros recursos estratégicos. Es importante señalar que, históricamente, el ELN ha controlado parte de esta economía extractiva, cobrando impuestos a los mineros legales e ilegales y regulando la explotación del recurso. Sin embargo, desde 2019, el Clan del Golfo ha intensificado su expansión en la región con el objetivo de tomar el control de las minas. (Fundación Paz & Reconciliación, 2025) En esta región, la minería representa una economía informal e ilegal de grandes proporciones. Se estima una producción de cerca de cuatro toneladas de oro anuales, con un valor superior a 1.6 billones de pesos. El ELN, mediante el Frente de Guerra Darío Ramírez Castro, cobra un 10 % de tributación sobre la producción minera, consolidando un control financiero importante sobre la economía local (Cardozo, 2025). No obstante, el Clan del Golfo ha buscado disputarle este dominio, imponiendo paros armados y bloqueos para asfixiar económicamente a las poblaciones. (Cambio, 2025) A pesar del repliegue del EMBF, el ELN continua en la disputa contra el Clan del Golfo. Aparentemente, el Frente de Guerra Darío Ramírez Castro, estaría recibiendo refuerzos provenientes del Frente de Guerra Nororiental, con base en el Catatumbo, lo que ha fortalecido su capacidad operativa para frenar el avance del Clan del Golfo. Es así como el resultado de esta combinación de factores —retiro del EMBF, ofensiva del Clan del Golfo y refuerzos al ELN— es una reconfiguración acelerada del mapa de control territorial en la Serranía de San Lucas. La disputa ya no se desarrolla únicamente en torno al dominio económico de las minas, sino que implica la imposición de nuevas reglas de orden social, el establecimiento de rutas seguras para el movimiento de armas y tropas, y la búsqueda de legitimidad frente a las comunidades.    Finalmente, de no contenerse la actual disputa armada, el Clan del Golfo podría consolidar un corredor estratégico desde el Darién hasta el Catatumbo y la frontera con Venezuela, replicando la expansión territorial que en su momento lograron las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Este corredor podría tener como eje el tránsito en municipios como Tiquisio, Norosí, Barranco de Loba y Altos del Rosario, que, además de ser grandes productores de oro, cuentan con rutas naturales de movilidad que facilitan la conexión con Norte de Santander, Cesar, Sucre y Córdoba. Referencias Cambio. (2025). La disputa por el oro en el sur de Bolívar tiene a más de 5.000 personas confinadas.  Obtenido de https://cambiocolombia.com/conflicto-armado-en-colombia/la-disputa-por-el-oro-en-el-sur-de-bolivar-tiene-mas-de-5000-personas Fundación Paz & Reconciliación. (2025). Sur de Bolívar: Entre coca, oro y guerra. Obtenido de https://www.pares.com.co/post/sur-de-bol%C3%ADvar-entre-coca-oro-y-guerra La Vanguardia . (2025). Paro armado en el sur del Bolívar: Campesinos huyen del fuego cruzado ondeando banderas blancas.  Obtenido de https://www.vanguardia.com/santander/barrancabermeja/2025/08/07/paro-armado-en-el-sur-del-bolivar-campesinos-huyen-del-fuego-cruzado-ondeando-banderas-blancas/ Experto UDC. (2025). Entrevista a experto en conflicto armado de la Universidad de Cartagena  [Transcripción de entrevista no publicada]. Archivo personal

  • El chicote, el sonido de la Sierra Nevada, se hizo sentir en el Festival Aracataca

    Por: Iván Gallo Coordinador de Comunicaciones El sábado 2 de agosto, sobre las siete y treinta de la noche, Dugunawin Torres y su agrupación Duna se subieron al escenario principal de la concha acústica de Aracataca. Él es hijo del Mamo Zarwawiko Torres, uno de los personajes más respetados en la misteriosa Sierra Nevada de Santa Marta. Las gradas estuvieron desbordadas. Fue el gran clímax que tuvo el Festival cultura Aracataca, el primero de esta envergadura que se tiene en uno de los municipios más injustamente olvidados del país. Llegamos sobre la hora del concierto. Me acompañaba Edson Velandia. Nunca había escuchado hablar de la agrupación Duna, pero apenas sonaron unos acordes me contó la historia del chicote. Kankuamos y Arhuacos, dos de las etnias que conviven en la Sierra Nevada, comparten muchas cosas, entre ellas el chicote. Antes de que los españoles llegaran en sus barcos esta era la música que se escuchaba en su territorio. Al principio se utilizaban dos carrizos, que vienen a ser instrumentos parecidos a las flautas, y unas maracas. Los carrizos pueden ser hembras o machos. Las primeras se distinguen porque tiene cinco huecos u orificios, el macho tiene uno. El carrizo es hecho de una caña muy fina que nace solo en la sierra. Por ese sonido, es único. Es como un son, un lamento. Con el paso del tiempo y de la tecnología, las cosas van cambiando. Al carrizo se agregaron otros instrumentos como la caja, y algo muy importante sucedió a finales del siglo XIX y es la incorporación del acordeón. Jhovanny Izquierdo, uno de los músicos representativos de este ritmo dice que el primer acordeón que fue incorporado al chicote fue uno de marca Khorner. Otro exponente de este ritmo y uno de sus cultores, Benito Villazón, dice sobre los acordeones: “la historia de los abuelos indígenas kankuamos apunta que el acordeón nos lo traen aquí por primera vez los alemanes. Ellos no sabían qué hacer y acá nos lo trajeron con la idea de acabar nuestras tradiciones culturales al escuchar nuestra música con carrizo. Lo trajeron, le sacaron nota, le sacaron melodía pero no quedó acá porque siempre hemos sido guiados por los superiores de los pueblos indígenas, nuestros mamos vieron que eso estaba acabando con la tradición y dejaron que el acordeón saliera y quien le dio vida fue Valledupar”.   Horas antes de subirse a la tarima los Duna, liderados por Dugunawin Torres y Zarawin Suárez, un acordeonero de primer nivel, me expresaron las preocupaciones que ha traído la incorporación del acordeón al chicote. El miedo de la aculturación está allí siempre. Aunque son amantes de maestros más populares en Colombia, como Diomedes Díaz, saben que lo más importante y que la responsabilidad suprema que tienen es preservar su cultura. Dugunawin lo ha hecho, a pesar de que conoce medio mundo. Se educó en la ciudad, pero, después de los 17 años, regresó a la montaña y a su pueblo. En el momento en el que tocó en el festival Aracataca con su agrupación, un productor inglés le seguía sus pasos. Quieren grabar un disco, internacionalizarlo, propagar su mensaje sanador. “Esto no es vallenato, esto es chicote y el mundo lo debe saber”. Y el mundo lo supo. Cuarenta minutos duró su presentación. Esa noche compartió en escenario con otros maestros ya consagrados en el país como Adriana Lucía, Sistema Solar, Edson Velandia, un pequeño Woodstock con la música nuestra, la de nuestros ancestros. Pero ver brillar a Dugunawin hizo que esta noche fuera distinta a todos. Era sentir cómo un sonido puede ser más fuerte que el ruido de cualquier espada, el dolor de cualquier conquista. Esa música tiene más de quinientos años y yo la estaba escuchando. ¿Acaso eso no es un milagro?

  • Así llega la cuarta y última legislatura del Congreso. Capítulo 4: Con una moneda definieron la presidencia de una de las comisiones

    Por: Diego Alejandro Pedraza y Oscar A. Chala, investigadores de la Línea de Democracia y Gobernabilidad Se definieron las presidencias de las comisiones de Senado y Cámara para el último año del periodo legislativo. El panorama presenta un equilibrio de fuerzas entre sectores aliados y sectores opositores, lo que anticipa un nuevo escenario de confrontación entre un poder legislativo con margen de acción propio y un poder ejecutivo, enfocado en impulsar las reformas que restan para el final del mandato. El gobierno no obtuvo presidencias en comisiones donde existían acuerdos previos, debido a la conformación de bloques opositores. En comisiones como la Séptima de Senado, no se han alcanzado consensos para debatir en conjunto con el gobierno las reformas sociales. El panorama en Senado: El gobierno sin mayoría En el Senado, el gobierno ha quedado en una posición intermedia, con un equilibrio de fuerzas entre apoyos y opositores (siendo más numerosos los opositores). En esta oportunidad logró mantener la presidencia de la Comisión Primera con la designación de Julio Elías Chagüi. Chagüi ha respaldado iniciativas del gobierno y ha tenido un papel activo en el trámite de varios proyectos en esta comisión. El senador ha sido mencionado en varias investigaciones relacionadas con presuntos casos de corrupción, clientelismo y manejo de burocracia durante el actual gobierno, entre ellas, el sonado caso de la UNGRD. A pesar de ello, fue designado como presidente de la Comisión Primera, una de las comisiones con mayor incidencia en el trámite legislativo. Hasta ahí llega la representación del gobierno en el Senado, ya que las demás comisiones quedaron en manos de senadores de bancadas opositoras: Jairo Castellanos (Partido En Marcha) asumió la presidencia de la Comisión Tercera. Aunque inicialmente se declaró independiente, desde la salida de Juan Fernando Cristo ha tomado distancia del gobierno. En la Comisión Cuarta fue designado Enrique Cabrales, del Centro Democrático, y en la Quinta, Édgar Díaz, de Cambio Radical. Ambos han manifestado su postura opositora frente al gobierno del presidente Petro. Con esta configuración, el balance se ubicaba en dos comisiones presididas por aliados del gobierno, una por un senador con distancia del Ejecutivo y dos por opositores. La definición de la presidencia de la Comisión Séptima era clave, dado que por esta debe tramitarse la reforma a la salud. El acuerdo de 2022 establecía que la presidencia correspondía a Omar Restrepo, del partido Comunes. Sin embargo, en el contexto actual de la Comisión Séptima, en la que predominan sectores contrarios al gobierno, las fuerzas políticas impulsaron la elección de Miguel Ángel Pinto, del Partido Liberal, quien ha tomado distancia del Ejecutivo. Pinto asumirá la presidencia de esta comisión durante el último año del actual periodo legislativo. Con esta distribución, el gobierno no logró mayoría en las comisiones del Senado y deberá enfrentar un nuevo periodo legislativo con menor representación en estos espacios. Además, deberá interactuar con figuras como Lidio García, senador con influencia en el Congreso. El panorama en Cámara: el gobierno mantiene su poder En la Cámara de Representantes, el gobierno mantuvo su representación, como ha sido la constante durante este cuatrienio. La oposición no ha logrado obtener mayorías frente al Ejecutivo, que ha consolidado apoyos a través de acuerdos con congresistas pertenecientes a sectores disidentes de los partidos Liberal y Conservador. Esto ha permitido al gobierno contar con respaldo en la Cámara, facilitando la construcción de consensos para el trámite de sus iniciativas. Para este periodo, la configuración se mantuvo: Gabriel Becerra asumió la presidencia de la Comisión Primera; Mauricio Londoño, del Partido de la U, en la Segunda; Wilmer Castellanos, del Partido Verde, en la Tercera; Liliana Rodríguez, también del Partido Verde, en la Cuarta; y Erick Velasco en la Quinta. Por otro lado, en la Comisión Sexta fue designado Haiver Rincón, de la circunscripción especial de paz, y en la Séptima, Camilo Ávila, del Partido de la U. Ambos han mostrado posturas independientes con acercamientos al gobierno. De esta manera, el gobierno conserva una presencia mayoritaria en la Cámara de Representantes, en un contexto en el que esta corporación será clave durante el último año del periodo legislativo, especialmente para el trámite de las reformas sociales y otras iniciativas del Ejecutivo que requieran respaldo en el Congreso. La moneda que definió la Comisión Primera de Cámara Fuente: Agencia de Periodismo Independiente (API) El representante Gabriel Becerra, de la UP – Pacto Histórico, fue designado como presidente de la Comisión Primera de la Cámara de Representantes, una de las comisiones con mayor incidencia en el trámite legislativo y por la cual se espera que pase el proyecto de ley de sometimiento. La elección se resolvió mediante el mecanismo previsto en la Ley 5, que establece que, en caso de empate entre dos candidatos, se debe recurrir al azar mediante el lanzamiento de una moneda para definir quién ocupará la presidencia de la mesa directiva. En un empate de ocho votos entre Gabriel Becerra, del Pacto Histórico, y Carlos Ardila, del Partido Liberal, se recurrió al mecanismo establecido en la Ley 5, que indica que, en caso de empate, la elección debe resolverse mediante la suerte —en este caso, la comisión eligió que se lanzara una moneda para definir al ganador—. El resultado determinó que la presidencia de la Comisión Primera fuera asumida por el representante Becerra, por Bogotá. La Comisión Primera del Congreso, encargada del tratamiento de asuntos constitucionales, será importante, porque allí se tramitará la nueva Ley de Sometimiento, con la que el gobierno busca darle oxígeno a la paz total, que agoniza lentamente tras el fracaso de las grandes mesas de paz con grupos armados y el estancamiento de la paz urbana. Sobre esto, ya hablamos en esta historia . Lo que nos dicen cuatro diferentes legislaturas sobre la relación de Petro con el Congreso Aunque es claro que la mayoría de las presidencias a las comisiones de Senado y Cámara de Representantes dependieron de acuerdos pactados previamente al inicio de este Congreso (2022-2026), es posible observar cómo han variado la mayoría a partir de la ruptura de la coalición de gobierno a finales de abril de 2023, y como este escenario reconfiguró la correlación de fuerzas en el Senado de la República, y afianzó el mismo en la Cámara de Representantes. En parte, estos acuerdos pactados responden a un ejercicio de gobernabilidad preventiva, en la que los partidos buscan garantizar escenarios de control y veto frente a las variaciones de un gobierno a lo largo de su gestión. En este caso, los acuerdos sirvieron para que, en un potencial escenario de independencia, los partidos pudieran evitar que el gobierno tuviera el control de las comisiones importantes para su agenda legislativa, y llegar a escenarios de negociación política. En parte, esa es la tendencia que terminó sucediendo hasta ahora. En Senado, la ruptura de la coalición tras el fracaso del trámite de la reforma a la salud en esa corporación y el escándalo entre Laura Sarabia y Armando Benedetti, el Partido de la U y el Partido Conservador se plegaron a la independencia, quitándole una fuerte presencia al gobierno en la mayoría de las presidencias desde 2023 hasta hoy. Aunque el Partido Liberal se mantuvo en esa coalición hasta finales de 2024, la mayor parte de los senadores de ese partido tendieron a votar en contra de las iniciativas del gobierno, de acuerdo con el ponderador de votos de El Espectador. En este caso, el gobierno ha tenido solo el control de la Comisión Primera durante los últimos 3 años, pero ha perdido el control de la mayoría de las comisiones importantes para sus reformas, tanto las Comisiones Tercera y Cuarta (que le aprueban el presupuesto), como la Comisión Séptima, donde han pasado sus reformas sociales y, en su mayoría, se han terminado hundiendo (Reforma Laboral, Reforma a la Salud). Tabla No. 1.  Presidencias de las Comisiones de Senado en las 4 legislaturas del período 2022 – 2026. SENADO COMISIONES LEGISLATURAS I II III IV Primera Fabio Raúl Amín (Partido Liberal) Alexander López(Pacto Histórico) Ariel Ávila(P. Alianza Verde) Julio Elías Chagüi(P. de la U) Segunda Gloria Inés Flores (Pacto Histórico) Lidio García(Partido Liberal) José Luis Pérez(Cambio Radical) —Pendiente— Tercera Gustavo Bolívar (Pacto Histórico) Efraín Cepeda(P. Conservador) Juan Pablo Gallo(Partido Liberal) Jairo Alberto Castellanos(En Marcha) Cuarta Paulino Riascos (Pacto Histórico) Juan Felipe Lemos(P. de la U) Angélica Lozano (P. Alianza Verde) Enrique Cabrales(Centro Democrático) Quinta Inti Asprilla (Alianza Verde) Jaime Enrique Durán(Partido Liberal) Marcos Daniel Pinedo (P. Conservador) Edgar Díaz(Cambio Radical) Sexta Carlos Andrés Trujillo (P. Conservador) Gustavo Moreno(P. Alianza Verde) Pedro Flórez(Pacto Histórico) —Pendiente— Séptima Norma Hurtado (P. de la U) Martha Peralta (Pacto Histórico) Nadya Blel (P. Conservador Miguel Ángel Pinto(Partido Liberal) Fuente: Elaboración propia. Por su parte, en Cámara de Representantes, por el contrario, la ruptura de la coalición de gobierno en abril de 2023 transformó las dinámicas de negociación interna con los partidos y permitió que la estrategia de fragmentación que había impulsado el gobierno se consolidara en nuevos bloques que ya no respondían a las directrices de los directorios. De aquí surgieron, por ejemplo, las llamadas “sin piedad”, que representa a un grupo de mujeres liberales cercanas al gobierno Petro, así como un bloque fuerte de congresistas del Partido de la U y del Partido Conservador que siguen votando o permitiendo el quórum para que las iniciativas del gobierno sigan su curso. Para esta última legislatura, el gobierno asegura el control completo de todas las comisiones, haciendo que, al menos durante la primera mitad del trámite, la mayoría de las agendas de reforma pendientes (Ley de Financiamiento, Ley de Sometimiento, Reforma a la ley de competencias del SGP) puedan pasar cómodamente por esta corporación. Tabla No. 2.  Presidencias de las Comisiones de Cámara de Representantes en las cuatro legislaturas del período 2022 – 2026. CÁMARA DE REPRESENTANTES COMISIONES LEGISLATURAS I II III IV Primera Juan Carlos Wills (P. Conservador) Oscar Hernán Sánchez(Partido Liberal) Ana Paola García Soto (P. de la U) Gabriel Becerra(Pacto Histórico) Segunda Juana Londoño (P. Conservador) Mónica Bocanegra(Partido Liberal) Alejandro Toro (Pacto Histórico) Mauricio Londoño(P. de la U) Tercera Katherine Miranda(P. Alianza Verde) Carlos Cuenca(Cambio Radical) Kelyn González(Partido Liberal) Wilmer Castellanos(P. Alianza Verde) Cuarta Jezmi Barraza (Partido Liberal) Juan Loreto Gómez(P. Conservador) José Eliécer Salazar (P. de la U) Liliana Rodríguez(P. Alianza Verde) Quinta Jaime Rodríguez(Cambio Radical) Luis Ramiro Ricardo(CITREP) Octavio Cardona (Partido Liberal) Erick Velasco(Pacto Histórico) Sexta Jaime Raúl Salamanca(P. Alianza Verde) Julián David López(P. de la U) Hernando González (Cambio Radical) Haiver Rincón(CITREP) Séptima Agmeth Escaff(Pacto Histórico) María Eugenia Lopera(Partido Liberal) Gerardo Yepes (P. Conservador) Camilo Ávila(P. Alianza Verde) Fuente: Elaboración propia. A modo de cierre: Aún no se han terminado de elegir las presidencias de las Comisiones Segunda y Sexta del Senado. En ambas existe el riesgo de que no se respeten los acuerdos pactados (como ocurrió en la Comisión Séptima), por lo que desde la Línea de Democracia y Gobernabilidad estaremos pendientes de cómo se termina de configurar la correlación de fuerzas en el Senado para el último año del gobierno Petro.

  • Los oligarcas colombianos que traicionaron a Bolívar

    Por: Iván Gallo Coordinador de Comunicaciones Es en la novela donde muchas veces encontramos las verdades que los mamotretos historiográficos no nos dan. No hay retrato más preciso de los días finales de Simón Bolívar que el que da Gabriel García Márquez en El general en su laberinto. La idea de escribir sobre el Libertador la tenía estampillada en el alma Gabo desde sus años como periodista en Caracas. Pero, cuando se fue a vivir a México, su amigo Álvaro Mutis ya escribía una novela que terminó abandonando: El último rostro se llamaba, y abordaba el último viaje de Bolívar por el Magdalena. El nobel le pidió permiso a Mutis para retomar la trama. En los estudios historiográficos, Bolívar se parece más a una de esas estatuas de bronce cagadas por palomas que a una persona real. Bolívar no canta, no bebe, no baila, no fornica. No sufre. El Bolívar de Gabo sí. El Bolívar que nos muestra Gabo es una extensión del coronel Aureliano Buendía: un hombre atormentado por una vejez prematura, exacerbada por las enfermedades, las traiciones de los oligarcas colombianos y la ingratitud del pueblo raso. El 8 de mayo de 1930, Bolívar ya había sido blanco de atentados y de desprecio por parte del pueblo que ayudó a liberar. En una ocasión, logró escapar de su escolta, la que lo vigilaba constantemente y se fue a caminar por las calles llenas de lodo de Santa Fe de Bogotá. Mientras se perdía en sus pensamientos, sintió un golpe en la espalda. Un hombre había formado una bola con estiercol de caballo y se la había pegado en la espalda. “¡Longanizo!” le gritó. Era la señal definitiva de que Colombia estaba perdida para él, que lo mejor era irse a las islas del Caribe o a Inglaterra, tomar fuerza, regresar victorioso. Una y otra vez. Así que, con su breve escolta, y sin Manuela Sáenz, emprendió un viaje por el Magdalena, donde, en cada islote se veían aún a los caimanes con sus fauces abiertas, tan inmóviles que las mariposas los confundían con las piedras. Ese viaje termina en Santa Marta con su muerte, arrimado en la casa de unos admiradores: en la casa de San Pedro Alejandrino. Tenía 47 años, muy poca vida para tanta gloria. Nunca se había mostrado la amarga derrota de Bolívar como en esta novela tan colosal como breve. A Bolívar, sus contemporáneos le negaron muchas de sus victorias. No reconocieron, por ejemplo, que fue su victoria, el 7 de agosto de 1819, contra Barreiro, el que terminó sacando por fin a los españoles de este suelo, después de las complicaciones que nos trajo la Reconquista y que fue él quien sentó las bases para crear la Gran Colombia: un compendio de países integrado por Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá, que sería la punta de lanza para convertir a Latinoamérica en un solo pueblo. Pero estaba “Casandro”, apodo con el que bautizó Bolívar a Santander, y su rigidez. Después del Congreso de Cúcuta, en 1821, Bolívar es nombrado presidente y Santander, el segundo a bordo. Empezaron entonces los desacuerdos. Bolívar necesitaba garantizar que los españoles no regresaran, como sucedió después de que Napoleón y su aventura se hundieran en Europa, estaba convencido en que había que sacar hasta el último español del territorio. Por eso, muchos historiadores catalogan a Bolívar como “Genocida de españoles”, toda una exageración. Al Libertador, eso de estar sentado en un solio le incomodaba, así que, mientras arrancaba campañas para consolidar la independencia, Santander expedía decretos. José Antonio Páez veía con malos ojos a Santander, un abogado que no había luchado un solo minuto en los campos de batalla ahora quería ser más importante que los generales. Pidió salirse de la Gran Colombia, Bolívar le dio la razón a Páez, regresó a Santa Fe de Bogotá y eliminó la figura de vicepresidente, pero Santander contestó con un ataque rastrero del que Bolívar se salvó por su intuición. En vez de matar a Santander, lo condenó al destierro. Se chocaban dos maneras de hacer país, la bolivariana, que abocaba por la unión de los pueblos y la santanderista, un compendio de leyes que fortalecía la burocracia. Para economistas como Dustin Tahisin Gómez, el proyecto de Bolívar no era viable porque “estaba la Gran Colombia quebrada por la guerra de independencia y aunque era rica en productos, específicamente de la agricultura, no había carreteras ni medios para llevarlos a centros de acopio o para promocionarlas”. Desde entonces, el legado de Santander quedó. Para muchos, esto ha sido la garantía de mantener estable la institucionalidad. Para otros, es simplemente la batalla que se perdió y que se sigue perdiendo contra los oligarcas. Que el 7 de  agosto, al menos, nos sirva para pensar en eso.

  • “La guerra la ganó la derecha, pero la izquierda está ganando el postconflicto” León Valencia

    Por: Redacción Pares Se cumplen tres años de la presidencia de Petro y el país sigue en pie, el Producto Bruto crece a un 2.7%, la inflación está por debajo del 5%, el desempleo cayó a un dígito y el dólar nunca rozó los cinco mil pesos; la fábula de la debacle económica inventada y divulgada por el uribismo jamás se hizo realidad. Estamos lejos de volvernos como Venezuela. La subida del café, debido a la caída en las cosechas en Brasil y Asia, lo mismo que el alza en los precios de petróleo y Carbón por la invasión de Ucrania, han sido un golpe de suerte para la economía; Pero, hay que decirlo, Petro, a diferencia de Nicolás Maduro, no se le ha atravesado a las dinámicas económicas macroeconómicas.   Colombia pasa por una transición, un postconflicto traumático, pero al fin y la cabo, un postconflicto. La guerra de sesenta años terminó y la ganó la derecha con acciones legítimas, pero también con acciones ilegítimas e ilegales. Amparada en la victoria la derecha se niega a aceptar la grave desviación en sus actuaciones. En cambio, los guerrilleros que incurrieron también en enorme número de acciones por fuera del Derecho Internacional humanitario han ido a los tribunales de paz y han agachado la cabeza y confesado sus crímenes.   Entre tanto la izquierda ha dado un salto electoral y ha conquistado una gran bancada parlamentaria y por primera vez ha llegado a la presidencia de la república.   De otro lado los tribunales han empezado a vencer en juicio a encumbrados dirigentes de la derecha y a empresarios.  El hecho más notorio ha sido la condena en primera instancia del expresidente Uribe -quien llegó a tener más del 75% de favorabilidad hace veinte años-   a 12 años de prisión domiciliaria después de haber sido encontrado culpable de los delitos de soborno y fraude procesal.   Falta un año para que termine el gobierno Petro y por eso son tan importantes los balances. Este 7 de agosto se lanzará un informe presentando las altas y bajas de un gobierno que la subdirectora de la fundación Paz y Reconciliación, Laura Bonilla, define de esta manera: “Desde la Fundación Paz y Reconciliación entendemos que la palabra que mejor define al primer gobierno de izquierda en Colombia es transición. Para muchos, una transición caótica; para otros, profundamente disruptiva. Con un estilo político altamente semiótico, señalado por sus rezagos en ejecución y cumplimiento, el gobierno Petro ha impuesto una presencia constante en el debate público. Difícilmente transcurre una semana sin que la agenda política esté marcada por sus decisiones, anuncios o controversias”.   Para el director de Pares, León Valencia, hay dos hechos que impactan de manera transitoria la actual situación del país y que le dan color al momento político “Uno de ello es el atentado a Miguel Uribe Turbay y otro la condena al expresidente Uribe”. Estos hechos impactan y cambian temporalmente el escenario político, de hecho, han afectado el ascenso de la izquierda, pero no alcanzan a cambiar el rumbo de la transición.   “Pero la sentencia contra Uribe es un acto de justicia que marcará el camino a la transición. Es el signo de que la izquierda le está ganando la batalla jurídica y política a la derecha, es la gran paradoja de esta transición: derecha ganó la guerra con acciones legales e ilegales pero está perdiendo el postconflicto”.   León Valencia va más allá y recuerda a los oficiales y militares que han tenido que pasar por la JEP para reconocer crímenes como los falsos positivos y trae a colación otro reciente hecho de justicia histórica: la condena a siete empresarios de Chiquita Brands por recurrir a grupos paramilitares para doblegar a los trabajadores del banano y a la población de Urabá. “La derecha está pasando por los tribunales de justicia y no quiere aceptar que cometió hechos ilegales en el conflicto, la guerrilla si lo aceptó”.     Con dificultades y con errores la izquierda está tramitando su proyecto político de cara al 2026, mientras tanto se ve a la derecha, en palabras de León Valencia “sin encontrar el camino para las próximas elecciones”.   Con respecto a las relaciones con Estados Unidos ha sido más ruido, especulación que realidad. Los aranceles que ha anunciado Trump para países como Brasil no han golpeado a Colombia y están lejos de producir la anunciada gran debacle. La economía fluye, el dólar está tranquilo y “no hay acciones del gobierno para desbaratar esas realidades”.   El tercer carril que abordará nuestro informe de balance de los tres años de Petro es la seguridad. Hace treinta años el país vivía un verdadero incendio. A la guerra que le declaró Pablo Escobar al Estado y que se traducía en carros bomba en horas pico en plena zona rosa de Bogotá estaba el cartel de Cali, los paras, el EPL, las FARC y el ELN. Ahora las organizaciones armadas actuales son un remedo si se comparan con el poder que tienen estas estructuras de los años noventa. Para León Valencia “Hay un ambiente político distinto que se nota en la libertad que la gente tiene para expresarse, para manifestarse. La JEP va operando, la comisión de la verdad va andando. Ese es el espíritu de la transición”.   Espere en las próximas horas nuestro balance sobre los tres años del gobierno de Gustavo Petro.

  • La vida criminal del Zarco Aldinever, el líder de la Segunda Marquetalia que estaría detrás del atentado a Uribe Turbay

    Por: Redacción Pares Unos días después del intento de asesinato al precandidato presidencial por el Centro Democrático Miguel Uribe Turbay, se vino barajando la hipótesis que el grupo que estuvo detrás de este hecho era la Segunda Marquetalia. Creado en el 2019 por ex comandantes de las FARC que abjuraron de la firma del acuerdo de paz con Juan Manuel Santos como Jesús Santrich, Iván Márquez, alias “El paisa” y alias “Romaña”, este grupo cruzó la frontera con Venezuela para hacerse fuerte allí. Después, durante el gobierno Duque y al poco tiempo de haberse regresado al monte, esta agrupación sufrió duros golpes como la emboscada en donde perdió la vida Santrich, los seguidos asesinatos de “El Paisa” y “Romaña”, el atentado en donde quedó mermado Iván Márquez y que propició una división dentro de la estructura hasta el punto que hoy una parte de ella es dirigida por otro viejo comandante de las FARC, Walter Mendoza y había otro poder emergente, José Aldinever Sierra. El poder de la Segunda Marquetalia estaba dirigido a la desestabilización. Por eso no resultaba descabellado apuntar hacia esta estructura a la hora de buscar sospechosos detrás de un hecho tan atroz como el intento de asesinato al precandidato del Centro Democrático. Aldinever habría sido quien dio la orden por eso desde finales de junio la búsqueda de su caída por parte del ejército se había intensificado. Pero también una lucha con el ELN venía persiguiéndolo. El ejército llevaba días intentando confirmar la información de su muerte en una emboscada con esa guerrilla. Sólo hasta en la noche del pasado 5 de agosto esto se confirmó. En un comunicado bastante largo La Segunda Marquetalia confirmó la muerte de José Manuel Sierra Sabogal, así era su verdadero nombre. En el comunicado se habla de una posible traición ya que el hombre se dirigía a una reunión pactada con el ELN cuando sobrevino la emboscada. El Zarco fue el jefe máximo del temible frente 33 de las FARC y enfrentaba cargos por desaparición forzada, homicidio agravado y rebelión. Uno de los crímenes más significativos por los que tenía que responder era el de la desaparición del funcionario de la fiscalía en Villavicencio James Silva Duque ocurrida en el año 2000. Desde muy pequeño entró a las FARC, a los 14 años. Se había quedado completamente solo después de que le mataran a las personas que lo cuidaban, su papá y su abuelo. Después de la muerte del Mono Jojoy en el 2010 fue ascendido. Se afirma que el golpe más duro que dio en esta organización guerrillera fue la muerte en 1999 de 40 soldados. En el comunicado donde la Segunda Marquetalia confirma su muerte se afirma lo siguiente: “Fuimos traicionados por una organización que considerábamos hermana en la lucha por una nueva Colombia en paz. El ELN actuó con alevosía y traición. Nunca pensamos que esto fuera a ocurrir, por eso íbamos con la esperanza de encontrar coincidencias para impulsar la lucha por la paz”. La Fiscalía afirma que el territorio por donde se movía Aldinever eran el oriente de Cundinamarca y Meta. Según información que es de público conocimiento el Zarco coordinó el ataque a Uribe Turbay a comienzos de junio del 2025. El objetivo con el que se habría tomado la decisión de hacer este hecho era buscar desestabilización en el país. Aún se deben juntar todas las piezas para tener la claridad absoluta sobre quién estuvo detrás del intento de asesinato del precandidato del Centro Democrático.

bottom of page